Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Alice Morgan y se titula "Mascarada de amor", en lo personal amo esta historia por eso quise adaptarla a mi pareja favorita. Claro que para ello tuve que cambiarle algunos pequeños detalles.
3-La narración esta de Sakura, al igual que sus pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "M".
UA, LENGUAJE UN POCO VULGAR.
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Capitulo diez:
Sakura apenas si podía contener los desgarrados sollozos esa mañana, mientras buscaba el número de telefónico del ginecólogo que había consultado Sasuke. Ella se había rehusado a acudir a la cita, pero ahora la necesitaba con desesperación.
Al encontrar el papel, se apresuró a marcar el número con dedos temblorosos y esperó con impaciencia la respuesta de la recepcionista.
-¿Con el doctor Sabaku no, por favor? –le pidió con voz nerviosa.
-La doctora ahora está con un paciente. ¿Me podría decir quién la llama, por favor? –respondió la secretaria con calma.
"¿Doctora?", pensó Sakura. "Sasuke se puso en contacto con una ginecóloga para hablarle de mi problema".
-La señora Hatake. Tenía una cita hace dos semanas, pero… eh… no pude cumplirla. Ahora la necesito.
La joven secretaria confirmó una cancelación imprevista y le informó que, si podía llegar al consultorio en treinta minutos, la doctora estaría encantada de atenderla.
Cinco minutos más tarde, Sakura se encontraba en el vestíbulo esperando su taxi. No había pasado por la habitación de su padrino, ya que se negaba a verlo hasta después de su examen médico. De hecho, no quería ver a nadie, en especial a Sasuke, hasta que se confirmaran sus sospechas.
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Una hora después, ya había terminado su revisación y se acercó al escritorio de la médica, con el rostro pálido por el impacto.
-Tome asiento, señora Hatake. Me gustaría hablar un minuto con usted. Obviamente, se debe sentir algo aturdida por la noticia de que no está embarazada.
Sakura observó el bello rostro de la doctora. Era una mujer de más de treinta y pocos años, de cabellos rubios, con encantadores modales, una voz suave y mirada penetrante.
-Me siento bastante ridícula, doctora. No tenía dudas de que estaba embarazada. Mis períodos son siempre muy regulares, y como éste se me atrasó más de cinco semanas… bueno… -La voz de Sakura se desvaneció.
-El cuerpo humano funciona de maneras muy extrañas, Sakura. Usted ha estado bajo una terrible presión en estos últimos meses. El doble funeral, el abandono brusco de su hogar, la preocupación por su padrino, todo eso podría provocar un retraso temporal. Usted es una joven muy saludable, pero la posibilidad de quedar embarazada en sólo un encuentro con el señor Uchiha era bastante remota.
-¿El le contó sobre eso? –preguntó Sakura, azorada ante la idea de que Sasuke pudiera haber sido tan fresco con una mujer.
-Mi querida, el señor Uchiha me contó toda la historia. Me detalló cómo había logrado seducirla a pesar de todas sus objeciones –le aclaró la doctora Sabaku no con una voz profesional, para luego agregar con un tono más íntimo: -El la ama muchísimo.
Sakura esbozó una sonrisa, y la voz le tembló levemente cuando habló.
-Estas últimas dos semanas han sido bastante platónicas para un hombre enamorado.
-¿No le contó nada acerca de nuestra charla?
-No.
-Señora Hatake, su prometido entró violentamente en mi consultorio hace dos semanas para concertar la fecha de su examen prenatal. A propósito, podría haberles ahorrado tensiones a ambos si hubiera podido examinarla antes. Pero, continúo; el señor Uchiha me preguntó directamente su unas relaciones sexuales muy activas podían poner en peligro la vida de su bebé.
Sakura se ruborizó instantáneamente.
-No se avergüence, mi querida. Tiene suerte de haber encontrado un hombre que está ansioso por brindarle felicidad física. Muchas de mis pacientes solucionarían sus problemas si pudieran satisfacer sus propias necesidades sexuales. No muchos hombres serían capaces de sacrificar sus propias necesidades para asegurar el bienestar de su mujer.
-¿Y usted qué le aconsejó? –tartamudeó Sakura con incertidumbre.
-Le dije que no la tocara hasta que yo la hubiera examinado.
-Pero, ¿por qué? ¿Acaso la mayoría de la gente no continúa con sus relaciones íntimas? –peguntó la joven con expresión confundida.
-Por supuesto. Pero el señor Uchiha no pertenece a la mayoría. El mismo me confesó que le sería imposible hacerle el amor en forma moderna. Me dijo que ambos eran fogosos en la cama, y que no estaba muy seguro de poder permitirle a usted que abandonara la habitación en esas tres semanas anteriores al casamiento.
-Ese hombre es increíble –dijo Sakura con los ojos bajos y las mejillas enrojecidas.
-No se avergüence, Sakura. Usted es digna de envidia. El señor Uchiha es un hombre generoso y, ante todo, honesto. Me dijo que le sería más fácil mantenerse alejado, que reprimir sus necesidades. –La doctora esbozó una sonrisa amigable, y sus ojos revelaron un sutil sentido del humor. –Usted es una joven muy afortunada.
Sakura se echó a reír con dulzura.
-Lo se, doctora Sabaku no. Entonces eso explica sus fluctuantes estados de ánimo en estos últimos días. –"Especialmente ayer", pensó Sakura al recordar la categórica negativa de Sasuke frente a su proposición.
-Ahora, si me disculpa, tengo que atender a otra paciente –dijo la doctora Sabaku no, poniéndose de pie para acompañar a Sakura hasta la puerta-. Ha sido un placer conocerla, Sakura. Imagino que, después de su casamiento, me visitará más a menudo.
Sakura le agradeció, pasó por la recepción para abonar la visita y luego comenzó a caminar el corto trayecto hacia la ciudad. Era un día muy caluroso y la idea de tomar algo fresco le resultó tentadora.
Eligió un pequeño y acogedor restaurante y se sentó a una mesa para dos. Bebió un refrescante vaso de té helado, mientras esperaba la ensalada y decidía qué iba a hacer.
Su vida había vuelto a complicarse. Sin lugar a dudas, entristecería a su padrino cuando le contara la noticia. Por otra parte, el hecho de no estar embarazada cambiaría todo entre ella y Sasuke. Ni siquiera tendrían la obligación de casarse; aunque la fecha de la boda no había sido fijada en vista del pronto nacimiento del niño, sino a causa de la necesidad que él sentía de revelar el secreto de la relación a Taro y al coronel.
Sakura comenzó a comer la ensalada con desgano. El lugar era agradable y la comida muy buena, pero no pudo finalizar su plato. Llamó a la camarera, pagó la cuenta y salió, en busca de un taxi.
De regreso en su cuarto, tomó una ducha fría y se puso unos pantalones cómodos y una blusa de mangas cortas. Ya más fresca y relajada, decidió deleitarse con un buen libro hasta que se hiciera la hora de cenar. Necesitaba estar sola y, tras haber dejado un mensaje anunciando que se iría de compras, nadie cuestionaría su ausencia durante todo el día.
Unas horas más tarde, le telefoneó el coronel para preguntarle si no le importaba cenar sin compañía esa noche. El y Taro habían sido invitados a participar de un torneo de tejo que finalizaría con una barbacoa al aire libre.
Sakura estaba encantada. Desde su llegada a Palm Springs, su padrino parecía otra persona. Los baños diarios de aguas termales les habían sentado muy bien, tanto a él como a Taro. Se los veía muy saludables, y ella incluso los había sorprendido conversando con algunas de las viudas más insistentes. Esa era una actitud poco común en el coronel, ya que, al ser tan introvertido, no le agradaba tratar con extraños.
En un descuido, Sakura había olvidado preguntar por Sasuke al anciano, y decidió telefonearle.
-Padrino –inquirió sin más preámbulo-, ¿pudiste comunicarte con Sasuke hoy?
-Sí, Sakura. Me telefoneó esta mañana, justo antes de partir –respondió el coronel con voz áspera, dando muestras de su impaciencia por salir hacia el torneo.
-¿Partir hacia dónde? –indagó ella con cierta inquietud.
-No lo sé, pequeña, y no quise preguntarle. Dijo algo acerca de un asunto importante que lo mantendrá alejado durante varios días.
-¿Te… te dijo cuándo regresaría? –preguntó Sakura con voz vacilante, mientras trataba de imaginar las razones de ese repentino viaje.
-Me aseguró que estaría de vuelta en la mañana del sexto día. De todos modos, ¿qué puede importarte? No has hablado dos palabras seguidas con el hombre en estas últimas dos semanas. La última vez que estuvimos juntos, te levantaste de la mesa en medio de un berrinche bien típico de mujeres.
-Tenía un terrible dolor de cabeza –mintió ella. Su dolor de cabeza había sido provocado por la indiferencia de Sasuke.
-Antes no solías sufrir tantas jaquecas. De todas maneras, no entiendo por qué me estás haciendo todas estas preguntas. Estuviste con él todo el día de ayer.
-No mencionó nada acerca de un viaje –murmuró Sakura.
-Bueno, se marchó, y eso mismo haremos Taro y yo si tú cuelgas el auricular. No quiero perderme nada, pequeña. Incluso puede que me decida a retomar la práctica de ese juego. Solía ser un campeón hace un par de años –fanfarroneó el anciano.
-¡Dos años! Según tengo entendido, hace por lo menos diez años que no juegas al tejo. –Sakura se echó a reír. Para su padrino, la noción del tiempo estaba directamente relacionada con su edad: siempre abreviaba para sí mismo y lo prolongaba para sus pocos amigos.
-Deja de reírte, muchachita. Sólo me dedicaré al deporte para que Taro pueda practicar algún ejercicio. Anda un poco achacoso.
-No estoy de acuerdo, padrino. Cuidar de ti es un incesante ejercicio para cualquier persona, no importa su edad –bromeó Sakura con afecto.
-Te estás volviendo una niña muy atrevida. El único que puede controlar tus insolencias es Sasuke. –De inmediato, el coronel suavizó el tono de voz cuando comentó: -Caramba, hoy extrañé mucho a ese muchacho. Perteneció a los marines, ¿sabes?
-Adiós, padrino –lo despidió ella respetuosamente, mientras pensaba: "¡Caramba! Yo también extrañé mucho a ese muchacho."
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Los siguientes cuatro días transcurrieron en forma similar. Cada mañana, Sakura se asoleaba en la piscina, y su sedosa piel iba tomando un leve tono dorado que destacaba aún más su belleza.
Todos los días se subía a la camioneta del hotel rumbo a los establos, para entregar a So Chico y Molestia Gris sus raciones diarias de zanahorias y manzanas. Los caballos ya habían llegado a reconocerla y relinchaban al verla arribar con los deliciosos manjares.
La salud de su padrino mejoraba día a día. El y Sakura mantenían largas charlas todas las tardes, antes de la siesta, y a la noche, durante la cena, en el resto del día, el anciano se dedicaba a entretenerse con su cada vez más numeroso grupo de amigos. Solía pasar horas con cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar sus múltiples hazañas durante la Segunda Guerra Mundial. A Sakura le divertía ver que la mayor parte de su audiencia pertenecía al sexo femenino, ya que, al parecer, los demás hombres tenían sus propias historias que relatar.
Sin embargo, a pesar de su placentera existencia, la muchacha sabía que estaba dilatando una difícil situación. Solía pasearse por la antecámara de su suite, imaginando las posibles consecuencias de su revelación.
¿Sufriría su padrino una severa crisis al enterarse? Nunca podría perdonarse si su amor por Sasuke provocaba un serio retroceso en la frágil salud del anciano. Le debía la vida a ese hombre severo y exageradamente franco. Los ojos y la voz del coronel se suavizaban cada vez que hablaba con su ahijada. Y ella amaba cada porción irascible y rezongona de su personalidad.
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Al mediodía del día siguiente, Sakura sabía que ya no podía seguir posponiendo el enfrentamiento. Sasuke regresaría en la mañana y, tres semanas atrás, le había anticipado que se casarían en esa fecha. Si, para entonces, Sakura no le había explicado todo al coronel, él mismo se lo revelaría. Y esa amenaza era de temer.
Sakura respiró hondo y abandonó su habitación para dirigirse al cuarto de su padrino. Taro se había marchado a la ciudad para hacer revisar el Cadillac y estaría ausente durante toda la tarde. Esa era la oportunidad que la muchacha tanto había esperado y temido.
Luego de besar a su padrino en la mejilla, comenzó a caminar de un extremo a otro de la habitación. El anciano se hallaba sentado en la cama y seguía con la mirada los pasos nerviosos de su ahijada.
-Dime que te preocupa, pequeña. He notado tu expresión perturbada en estas últimas tres semanas. Y también advertí la forma en que observas a Sasuke y, al mismo tiempo, evitabas quedarte sola con él, excepto aquel día que te llevó de paseo.
Sakura se estremeció ante el sagaz comentario de su padrino, y se sentó en el borde de la cama. Con la cabeza gacha y unas lágrimas cayéndole por las mejillas, sollozó en silencio, incapaz de pronunciar una sola palabra.
-Amas al muchacho, ¿no es cierto, pequeña?
La joven levantó el rostro y, con los ojos llenos de lágrimas, asintió con la cabeza.
El coronel extendió un brazo para sujetar los temblorosos dedos de su ahijada.
-Escúchame, Sakura. Nunca mencioné esto a nadie. Amé durante años a la madre de Sai. Ella estaba casada con mi mejor amigo y, por supuesto, jamás osé interferir en su matrimonio.
Sakura se llevó la mano de su padrino a la mejilla para luego depositarla en su regazo, mientras escuchaba absorta las palabras del anciano.
-Cuando él fue muerto en la guerra, yo fui a consolarla. Era la primera vez que la tomaba entre mis brazos. Para mí, fue una verdadera tortura. La quería con pasión, pero un poderoso sentimiento de culpa me desgarraba por dentro. Poco después, ella se sintió atraída por mí. Con toda franqueza, reconoció que su largo matrimonio había sido desgraciado desde un principio. Cuando le confesé que la había amado durante años, ambos nos echamos a llorar amargamente. Me propuso casarnos de inmediato; su amor era lo suficientemente intenso como para hacer frente a cualquier deshonra o a los comentarios soeces de nuestros amigos. Yo me negué. Mi culpa y mi sentido de dignidad nos mantuvo apartados durante seis meses. –Se le llenaron los ojos de lágrimas y la voz comenzó a flaquear cuando pensó en la joven que había amado con tanta desesperación. –Murió un año después de nuestra boda. Esos seis meses podrían haber estado llenos de amor y de entrañables recuerdos para después de su muerte; fueron, en cambio, largos meses de frustración para ambos.
Sakura apoyó la cabeza sobre el regazo de su padrino, al tiempo que sollozaba con el corazón henchido de cariño hacia el anciano.
-Ay, padrino… te amo. Yo también me he sentido desgarrada por la culpa. Mi amor por Sasuke y el que sentí por Sai son tan diferentes como el día y la noche.
Se incorporó, sin poder reprimir las lágrimas que rodaban por sus mejillas. La historia del coronel le había destrozado el corazón. Se compadeció de la joven esposa, sabía cuánto daño podía causar un matrimonio conflictivo.
Imaginó la constante pena que debía de haber provocado en Sasuke la necesidad de enfrentar al mundo abiertamente y compartir su pasión en interminables noches de amor. Sakura estaba dispuesta a recompensarlo por las largas semanas de agitación… Una agitación que ella misma, aun sin proponérselo, había suscitado.
Besó la mano de su padrino antes de volver a apoyarla sobre la cama.
-¿No te importará, padrino? –le preguntó con voz suave.
-No, Sakura. Me sentiré orgulloso. En la guerra, un hombre adquiere una actitud filosófica frente a la muerte. La vida está para vivirla, pequeña. Sasuke es un muchacho impaciente. Si te ama, no estará dispuesto a esperar.
-Lo sé, padrino. La noche siguiente a nuestra llegada, me dijo que hoy sería el último plazo que me daba para explicarte lo de nuestro amor. Si yo no lo hacía, él mismo te contaría todo.
-Bien hecho. Un digno ex combatiente de los marines no se intimida ante nada, ¡aunque yo lo excedía en rango!
-El día siguiente al que llegamos, él… él le contó a Taro que iba a casarse conmigo.
-Así que el moscamuerta de Taro lo sabía. Nunca me dijo una palabra.
Sakura se rió al oír la graciosa expresión del coronel. De pronto, una sombra de preocupación atravesó su rostro cuando pensó en la siguiente confesión que le quedaba por hacer.
-¿Qué otra cosa te preocupa, Sakura? No dudes en confiar en mí, pequeña.
-No estoy embarazada –confesó ella, incapaz de pensar en una mejor forma de revelar la noticia.
El anciano observó la profunda pena que se reflejaba en los ojos de su ahijada.
-¿Perdiste al bebé?
-No. Nunca estuve embarazada.
-Es lo mejor, Sakura. Sasuke es un hombre generoso y estoy seguro de que amaría a tu hijo tanto como tú, pero es mejor comenzar sin vestigios del pasado. Y Sai pertenece a tu pasado. Sin el bebé de mi hijo, podrás iniciar tu matrimonio como se debe. Sin ninguna clase de enredos.
-¿Estás seguro de que no te importa?
-No, pequeña, no me importa. Tengo el presentimiento de que no pasarán muchas semanas antes de que Sasuke te embarace. ¡Es probable que hasta llegue a darme un nieto de ojos y cabello negros!
-Te echaré de menos, padrino, cuando tú y Taro regresen a casa. Me ha hecho muy feliz estar con los hombres que más amo en el mundo.
-En realidad, pequeña, puede que no te deshagas tan fácilmente de mí. Me he divertido mucho aquí, y nunca me sentí mejor. Taro y yo hemos entablado amistad con unas cuantas personas que, sin duda, extrañaríamos. Además, no tiene sentido que siga viviendo n una casa de trece habitaciones.
-¿Piensas venderla?
-Puede ser, pero primero, quiero que Sasuke me dé su consejo. El me dirá qué es mejor. ¿De acuerdo?
-De acuerdo, padrino. Es una suerte que Sasuke tenga hombros tan anchos, porque parece que, de ahora en más, tendrá que cargar con tres personitas. Tú, Taro y yo.
El anciano se rió entre dientes, con la seguridad de que Sasuke podría encargarse de todos sin dificultades.
-Perteneció a los marines, ¿sabes? –agregó Sakura con picardía.
-Vete de aquí, pequeña, y déjame dormir la siesta. Considero que ese último comentario fue una réplica insolente.
La joven besó la arrugada mejilla de su padrino y luego, caminó hacia la puerta. Al llegar, se volvió, con una sonrisa en los labios y una mirada límpida en los ojos. Todas esas largas semanas de preocupación habían sido en vano.
Unas horas más tarde, esa misma noche, se encontraba dando vueltas en la gigantesca cama de su dormitorio. Toda la alegría de la tarde se había disipado cuando comenzó a preguntarse cuál sería la reacción de Sasuke al enterarse de que no estaba embarazada.
¿Podría eso alterar los sentimientos de su prometido? Unas lágrimas comenzaron a brotar en sus ojos cerrados cuando se quedó dormida.
…¿CONTINUARA?...
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N/A: Hola! =)
Lamento la tardanza pero estuve enferma y además hoy empecé las clases T_T GOMEN…
Bueno en cuanto al capi: ha estado cortito pero fue muy importante, por lo menos ahora el coronel sabe la verdad y todo salió bien :D
Ahora falta lo más importante, el casamiento, el misterio del matrimonio de Sakura y Sai, y el nacimiento de Sora o_O¿? Y también la reacción de Sasuke al saber que no será padre.
No escribí adelantos porque el próximo es el último capitulo final (aunque no quiera T_T) … ;) De todas formas muchos de ustedes se han acercado mucho a lo que va a suceder con sus sospechas =)
Cuídense y nos leemos pronto, SAYO!... xD
P.D.: A que la historia del coronel estuvo muy linda¿? A mí me gustó mucho :)
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Muchísimas gracias a aquellos que dejaron sus comentarios, a los que leyeron y también a los que consideraron que esta historia se merecía estar entre sus favoritas y alertas =) "GRACIAS"
*yiyu-saiyan*
*MistukoAyame*
*ellie*
*Hatoko Nara*
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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.
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"…SaKu-14…"
