-¡Hola! Bueno, primero que nada, gracias a todos por seguir esta historia y, principalmente, lamento la tardansa [u-u] había planeado terminar esta colección antes de año nuevo pero no se pudo. Lamento eso.

Hikari: Se presentaron inconvenientes, esperamos su comprensión.

-El último, como les prometí, es ByaHisa. El cual me costó como algo de trabajo hacerlo porque no tenía NI IDEA de como hacerlo. Pero me bastó como una hora y pico hacerlo mientras escuchaba "Amor Clandestino" [xD] Así que de aquí salió. Espero y les guste.

Hikari: Ahora vamos a mi sección *aprieta el control y sale un sonido tipo comercial*

Darisu-chan: ¡He aquí el ByaHisa! [xD] Si, es que es muy obvio que la entrevista esa hubiese sido falsa, todo porque a Tite no le convendría ponerse de ningún bando, perdería fans de ambos lados. Será medio troll, pero no stupid [xD] Jeje…Lamento lo de tu amigo [u-u] Lamentablemente yo también sentí cosas por mi mejor amigo (estábamos en primaria, pero weno) y se enteró. Lastimosamente, nuestra relación ya no ha vuelto a ser igual, pero sigo teniendo contacto con él, aunque no tanto debido a la escuela, falta de tiempo, etc. ¡Pero bueno, a sonreír! ¡Aquí la conti pa' ti!

Etterna Fanel: Muchas Gracias por el comentario. Si, y es que…¡Es imposible no amar el IchiRuki! ¡Y claro que así deberían de quedar! Sobre todo Ichigo con Rukia y Uryuu con Orihime. Recemos porque Tite haga las cosas bien [xD] Aquí el capi ¡que lo disfrutes!

Claw13: Jeje…Si, opino lo mismo. Uryuu encaja bien con Orihime desde muchas perspectivas. Orihime lo ablanda y lo hace entrar en razón, aparte de que le causa un sentimiento de protección como los que suceden entre Ichigo con Rukia y viceversa; y si mencionamos a Uryuu, concuerdo contigo en que él puede hacer madurar a Orihime. Y con eso de que Hime con Ichi…¡Es un horror! No por ofender, tampoco, pero…En lo personal ¡Creo que son hermanos perdidos! ¡OMFG! [o.o] Y si, sería muy aburrido, entonces Bleach si sería Shoujo y no Shounen [¬¬] Jeje…Y con eso de tu hermano, pues cada quien, te repito: la idea fue sólo por el fic y porque mucha gente comentaba que Momo era como más hermana de Toushiro. Y si, las civilizaciones antiguas son muy locas [=|] Recuerdo eso de Cleopatra por un libro que leí hace años…Además que sería un caos. Pero bueno ¡Lo que sea de cada quien! Como siempre he dicho [xD] Gracias por tu comentario que siempre me saca una sonrisota! ¡Besos y abrazos!

McCormick Girl (antes Snow Girl): Gracias por tus comentarios en cada capitulo. Me alegra que te haya gustado este Shot. ¡Y claro que esa canción es genial! ¡Maná es la ley! [xD] Bueno, eso digo, no sé tu. Aquí la conti, que la disfrutes. ¡Saludos!

_: No ps ¡Que ondas! [xD] Gracias por tu review que me dio otro año más de vida (si es que la profecía de 2012 no se cumple jaja…) Es juego. En fin, de nuevo gracias por comentar, además de agregar la historia a favoritos y sobre todo ¡Leer los comentarios! A veces me pregunto si de verdad los leen o algo. Creo que a veces enfado con mis loqueras [^^U] Pero 'X'. ¡Y es que con un hermano como Hitsugaya quien no comete insesto! [XD] Ok, tenquiris…Espero que la continuación te guste. ¡Bye!


AMOR CLANDESTINO

SHOT 6: EL NOBLE Y LA PLEBEYA

Ese era uno de los días más importantes en su vida, por fin había ingresado a su escuadrón con honores y ya había recibido un buen puesto, como todo digno futuro líder del noble clan de la casa Kuchiki. Si, Byakuya Kuchiki estaba contento aunque lo disimulara.

Pero para su infortunio, no todo es miel sobre hojuelas. Ese día todo el escuadrón seis tendría que ir a los diferentes distritos del Rukongai para asegurarse de que no ocurriera nada fuera de lo normal; eso abarca desde señoras con problemas con los alimentos, campesinos con problemas en sus cosechas, niños ladrones de dulces hasta bandidos desalmados que no tenían siquiera algo de moral, o por lo menos decencia, para atacar a la gente. Y para su mala suerte, si es que se podía aun más, le tocó uno de los peores: Inuzuri.

El distrito número 78 de 80 en toda la región de la Sociedad de Almas. Todo el mundo sabía que los distritos dependían de calidad de vida según la numeración y era obvio que Inuzuri era lo más bajo de lo bajo, lo peor de lo peor. A muy mala gana tenía que ir a cumplir su deber si algún día tendría que volverse capitán de la sexta escuadra y seguir honrando el nombre de su clan, así que, como dicen por ahí, "al mal tiempo buena cara".

Llegó y todo parecía, como decía que se requería en aquel informe, muy normal. Niños yendo de aquí para allá, pero muy pocos, aunque sobraban borrachos tirados por las callejuelas y hasta afuera de las chozas. Degradante, pensó Byakuya con asco. Pero pronto, cuando estaba a punto de partir, la tranquilidad de ese pequeño distrito se vio interrumpida por un borlote; un grupo de indecentes atacando a una muchacha.

-¡Oh, vamos, linda! – decía uno de los sujetos mientras aprisionaba la muñeca de la joven – Sólo será por unos minutos, verás que te vas a divertir con nosotros.

-¡Olvídelo! – espetó ella, pero al negarse, se quejó de dolor al sentir como apretaban su brazo con más fuerza.

-¡Harás lo que yo te diga, chiquilla! – habló el otro sujeto de aspecto ruin. Era obvio que las intenciones de tener ahí a esa muchacha no eran muy sanas y para Byakuya algo tan grotesco no merecía pasar desapercibido, por lo menos no frente a sus ojos.

A paso rápido pero que no requería de gran esfuerzo como el Shumpo, llegó y, así de pronto como lo hiso, también acabó con el grupo de rufianes que estaban atosigando a la jovencita, sin necesidad de desenvainar su espada.

-¡Un Shinigami!

-Si saben lo que les conviene – decía serio el jove noble con un aura negra sobre él – Aléjense de aquí y jamás vuelvan a tocar a ninguna mujer en sus miserables existencias.

Mostrando el brillo de la hoja de la Zanpacktou, más su mirada llena de rabia, logró ahuyentar a los criminales que corrían como zorros despavoridos tras ser amenazados por el dueño del gallinero.

Giró sobre sí mismo y miró a la chica que yacía en el piso tras ser soltada por los maleantes. Estiró su mano para que ella pudiese levantarse y sin darse cuenta, comenzó a examinarla detalladamente mientras sus ojos parecían estar apreciando una verdadera obra de arte; cabello negro azabache y desmechado hasta los hombros, un mechón rebelde que atravesaba su cara, cuyos rasgos finos eran resaltados por ese mechón y su nívea piel, así mismo sus ojos de un extraño color amatista. Parecía una pobre muñeca de porcelana así de asustada, así de frágil, como el papel. Una muñeca que quería cuidar. De pronto en él se despertó un raro sentimiento de protección a ella y una muy ilógica fascinación.

-Anda, no te asustes – dijo sereno ya habiendo recobrado su actual postura. No porque la chica le causara tanta expectación perdería el protocolo.

-Lo siento… - musitó la joven apenada, tomando gentilmente la mano del hombre que le ayudaba a pararse y soltándose rápidamente. Se sentía extraña – Pero…. Gracias.

-No tienes por qué darlas – expresó neutralmente Byakuya con esa mirada gélida frente a ella, quien no dejaba de mirarle esos ojos grises que, a pesar de su frialdad, no le daban intranquilidad sino todo lo contrario – Es mi deber…Tengo que irme.

Se dio media vuelta y empezó a dar pasos calmados, algo dentro de ella pedía que por lo menos lo detuviera para agradecerle de una mejor manera o siquiera saber el nombre de quien le rescató. No tardó mucho en hacérselo saber.

-¡Espere! – ante la petición Byakuya se giró levemente para ver la cara de esa muchachita, quien suplicante parecía decirle que se quedara, pero sabía no era así, él solo se estaba haciendo ideas – Necesito saber su nombre…

-¿Y cómo de qué te serviría? – inquirió el noble.

-No puedo… No puedo esta en paz sin saber el nombre de quien me salvó – dijo ella muy suavemente, quedito pero sólo él pudo oírlo. Como si fuese una orden dada por el mismo Comandante, no pudo negarse. Sólo se limitó a decirlo cuando los ojos de la chica parecían hacerse cristal.

-Byakuya…- y dicho eso, siguió su camino y se marchó de los ojos de aquella joven.

Pareciera que ese nombre fuera una hermosa melodía para sus oídos, aunque fuera un nombre común como el de muchas otras personas en el Rukongai, en el mundo entero. Pero para ella era importante e incluso estaba tomando vida propia. Sin duda alguna, no lo olvidaría por nada del mundo.

-Gracias, Byakuya-sama…

Pasó rápido el tiempo desde que vio a esa muchachita de cabellos negros y ojos violetas en las calles de Inuzuri. Nunca más volvió a verla. Ni siquiera en otro distrito. Y ya no había ido más a Rukongai. Noches después de aquel encuentro no dejaba de pensarla en contra de su voluntad sabiendo que no debía. Pero era inevitable no pensar en ella, es inevitable incluso sentir ese hormigueo en el estómago cuando recuerda su voz y su rostro, aquel rostro de muñeca de porcelana manchado con tierra y rasguñado. Algo dentro de él hirvió y no supo qué.

Pronto sus meditaciones se vieron interrumpidas al recibir la noticia de que una nueva sirvienta llegaría a la casa Kuchiki y que tendría que recibirla para darle indicaciones. Llegó al vestíbulo de la servidumbre y ahí la vio, con el kimono que usaban las demás sirvientas de la casa y reconociendo al instante ese mechón negro sobre su cara y sus ojos enigmáticos. Ahí estaba esa chica de Rukongai.

Se quedó helado, como si hubiese visto un fantasma. Pronto pensó que ella lo estaría buscando y que había sido un error decirle siquiera su nombre de pila, pero sus pensamientos cambiaron al escuchar de sus consejeros que la chica había sido encontrada por el escuadrón en muy mal estado, casi moribunda, por el distrito 47. ¿Cómo es que del 78 pasó tan pronto al 47? Peor aun, ella estaba entre la espada y la pared. No entendía por qué se sentía apenada ni por qué las mejillas se le colorearon a rojo, bajó la mirada dando una reverencia por lo menos para que nadie lo notara. Sentía temblar sus manos sólo en su presencia y se maldecía que eso pasara sin saber la razón.

-Dime cuál es tu nombre – más que pregunta, fue una orden del joven noble, quien miraba serio a la joven que recién había levantado su vista luego de su enrojecimiento.

-H-Hisana – habló finalmente – Mi nombre es Hisana y estaré a sus servicios, Byakuya-sama.

Hiso de nuevo otra reverencia y siendo franca consigo misma no sabía como expresar la inquietud y la paz que traía. Por otro lado, Byakuya no pudo evitar sentir de nuevo ese hormigueo en su estómago al escuchar su nombre dicho por esos labios. No fue repetido, ni muy lento ni muy rápido. Sin tapujos. Aun con el sufijo sonó angelical para él. Pero lo calló.

Hisana pasó mucho tiempo trabajando para los Kuchiki en la mansión, era muy eficiente y pronto se fue ganando la confianza de casi todo el mundo, incluso la del próximo líder del clan a pesar le trataba con indiferencia. Sin embargo, algo que no le gustaba mucho a Byakuya era que saliera todas las noches de la casa o en sus ratos libres y regresara muy tarde, sobre todo a escondidas y sin permiso. Pensó muchas veces que tal vez estaría planeando un complot contra él, pero de serlo ya lo hubiera sabido. Pensó también que Hisana era alguna clase de espía, pero no; muy ridícula era la idea de que una muchacha de Inuzuri fuera enemiga en su estado de salud tan enfermiza. Pensó en que tal vez iba a verse a escondidas con alguien y que por eso tardaba tanto. Eso si no se lo sacó de la cabeza. Incluso pensar que esa persona podría ser pareja de Hisana o algo le provocaba malestar. Y se reprendía de ello mentalmente.

¿Y es que qué tenía él que entrometerse en la vida de la servidumbre? ¡Ella podía hacer lo que se le diera la gana mientras no pusiera en peligro su honor o su vida! Y mientras no le comprometiera si es que salía con algún inconveniente, si saben a lo que me refiero con esto. Pero aun así, pronto notó como es que una muchachita, alguien tan simple y tan diferente a él fue causándole cosas que no había sentido ni en su adolescencia tan hormonal. Poco a poco se dio cuenta que ese hormigueo eran mariposas en el estómago que le daban alegría, que ese sonido de su voz le causaba calor en las mejillas y también mucha pena. Y que ese malestar al verla salir cada noche pensando que estaría en brazos de alguien no era más que el sentimiento que la gente llama celos.

Una noche en que ella iba saliendo por los jardines traseros de la mansión, él ya se le había adelantado. Sabía muy bien ya de memoria los horarios de Hisana y qué tanto y qué tan bien hacía sus quehaceres, por eso ella siempre era puntual para hacerlos y terminarlos. Hisana atravesaba los jardines mientras pasaba por los pastizales, el estanque y los árboles de cerezo para cruzar la puerta de las carretas, pero algo le detuvo. O mejor dicho alguien que le. Estaba tomando del brazo.

-¿A dónde vas a estas horas? – esa voz, tan fría y serena que la hacía desarmarse y al mismo tiempo podía ponerla nerviosa y tranquila.

-Byakuya-sama… - susurró al ver a su amo sosteniéndole de dicha forma – A ningún lado. Pero tampoco tengo que darle explicaciones de mi vida privada – espetó ella. En todos los años que trabajó ahí jamás había hablado de esa manera, cosa que sorprendió a Byakuya.

-Pues tendrás que decirme. No tienes alternativa – dijo severo el pelinegro de ojos grises. Hisana se soltó de su agarre – No permitiré que denigres esta casa con tus inmoralidades.

-¿Cuáles inmoralidades? – expreso ella indignada - ¡No estoy haciendo nada! ¡Salir de noche no es malo, no le hago nada a nadie!

-¡No permitiré tal desfachatez!

-¡Por qué usted no entiende! – vociferó molesta ante la intransigencia de Kuchiki – No sé que tiene usted en su cabeza, pero tenga por seguro que no es lo que se imagina. Yo soy una mujer que se da a respetar y no dejaré que usted ni nadie me trate de esta forma ¡Aun si es un noble!

-Entonces – habló más suave el pelinegro – Dime por qué sales todas las noches.

De nuevo ese tono que no era de pregunta, no interrogaba, sino que ordenaba, pedía y suplicaba alguna razón o causa. Ella no podía caer pero siempre lo hacía. Detestaba hacerlo pero algo no le dejaba decirle que no a él. Mucho menos a él, a cualquiera menos a él.

-Estoy buscando a alguien – fueron las palabras de Hisana, quien bajó la mirada y vio como los ojos grises de Byakuya pedían una explicación más clara. Él quería algo concreto, quería saber que ella no estaba con alguien más, fuera lo que fuera lo que hacía, sólo deseaba saber que ella no estaba con otro – …A mi hermana pequeña – dijo en un sollozo que pronto fue hecho un mar de lagrimas llenas de tristeza, las cuales ablandaron el duro corazón de Kuchiki – La abandoné cuando llegué aquí a la Sociedad de Almas cuando era bebé. Llegamos juntas porque morimos juntas, pero en mi estado no pude cuidarla…Y ahora…Ahora ¡No la encuentro! ¡Me siento tan mal tan arrepentida de haber dejado a mi hermanita! ¡No sabe lo que he sentido durante todos estos años de abandono! Sólo…¡Sólo quiero encontrarla con bien!

Se echó a llorar mientras se apretaba el pecho que comenzaba a dolerle por el remordimiento. Byakuya se sintió débil ante su dolor y al verla caer al pasto lleno de rocío, él se arrodilló a su lado y la abrazó, estrechándola para que parara su llanto. Y así resultó.

-Byakuya…-sama – susurró Hisana al sentir el cuerpo de su amo rodearle el suyo tan pequeño. Sintiendo un calor que emanaba él y así mismo el aroma que comenzaba a alterarle los sentidos.

-Ya, Hisana – pedía el pelinegro acariciándole el cabello enmarañado – Por favor, ya no llores. No me gusta verte así. Te prometo que yo te ayudaré a encontrarla…Lo haré.

Y así se estuvo un rato en sus brazos, sin importar que tan corto o largo fuese, pero algo decía en el pecho de ambos que no debían apartarse del otro, aun si sus vidas dependían de ello. Las lágrimas de Hisana se detuvieron y se apartó ligeramente para ver al hombre que le había salvado ese día y ahora le causaba mil y un emociones. Lo contempló con la poca luz que había esa noche de luna menguante, perdiéndose en esos orbes grises tan gélidos pero que ahora, parecían cobrar vida. Asimismo Byakuya veía fascinado la belleza de tan linda joven, toda ella era perfecta. Sus ojos, su pelo, su piel, sus labios, todo.

Un impulso lo hiso acercarse más de lo debido y rosó sus labios con los de ella en un fino y casto beso. Un beso que fue el primero, un beso que no fue ni rechazado ni tampoco sobrellevado. Sus labios parecían conectarse y daban a ambos una descarga eléctrica que hacía estremecerles el cuerpo. Sus manos acariciaban cada parte de la persona deseada y así fue como ambos terminaron hundidos en el deseo que había iniciado sólo con ese puro sentimiento de inocencia y cariño. Su secreto estaría escondido al pie de aquel árbol de cerezo.

No necesitaron palabras, sólo muestras. Y fue así como se entregaron a quien amaban por primera vez, y así también fue la primera vez en que se dejaron llevar sin tener que engañarse.

-Byakuya-sa…ma – decía la joven entre jadeos al sentir el contacto de su amado noble sobre su fría piel.

-Hisana… - musitaba Byakuya – cásate conmigo.

De nuevo más que una pregunta, fue una petición hecha súplica. Y así ella aceptó.

Ni siquiera las normas de la Sociedad de Almas, ni las del clan Kuchiki lo hicieron cambiar de opinión; él se casaría con Hisana aun si era proveniente del Rukongai. Sin importar que dañara su imagen, sin remordimiento y pidiendo perdón a sus difuntos padres, fue feliz siquiera en poco tiempo, pero con ella. Aun cuando ella dijo que lamentaba no haberle dado el amor necesario y el que deseaba, aun así fue feliz porque ella estaba ahí. Y aunque su conciencia fuera un mar de contradicciones, sabía que hacía bien al cumplir la promesa de su amada de encontrar a su hermana y protegerla. Porque por más indebido que pudo ser su amor con Hisana, no se arrepentía y había dejado de engañarse hace ya años. Siempre tendría como recuerdo de su querida Hisana sus caricias, sus besos, los pétalos de cerezo que florecen cada que se acerca la fecha de su fallecimiento y, claro, a su hermana, Rukia.

Ahora sólo frente al altar con la foto de ella, tan hermosa como siempre, puede decir:

-Gracias por todo, Hisana…


~FiN~

-Ya sabe que cualquier comentario es valido mientras sigan guardándole respeto a mi madrecita [xD] Ok, pues los veré la próxima que traiga el extra que será IchiRuki [:3]

Hikari: Nos leemos luego ¡Cuídense! ¡Los amamos! ¡Bye!