Personajes en este capítulo: Francia, España, Prusia y Rumanía.

Nota: perdón por la tardanza. Este capítulo lleva MESES escrito, pero como no me gustaba nunca lo llegué a subir... Pero bueno, quiero finiquitar este fic cuanto antes posible, así que lo subo de todos modos.


Dado que ya habían pasado dos semanas desde que le habían regalado aquel dichoso ordenador portátil, Francia y España decidieron obsequiar a Prusia con una visita. Ellos, inocentes y optimistas, dieron por hecho que su buen amigo estaría entretenido visitando redes sociales y viendo vídeos tal y como lo haría un adolescente cualquiera del siglo XXI.

Lo que no se esperaban era que Prusia estuviera incluso peor que antes. Había adelgazado hasta tal punto que parecía que le hubieran extirpado toda la grasa del cuerpo y unas ojeras horrendas permanecían plasmadas en aquel rostro pálido. La cerveza con la que había llorado sus penas dos lunas atrás fue reemplazada por una caja de galletitas saladas. La habitación, oscura y revuelta, tenía más semejanza con una cueva que con el cuarto de un hombre adulto.

Prusia había pasado de ser un perro a un murciélago.

España y Francia aún no daban crédito de lo que veían. Ni de lo que olían, puesto que podrían jurar que el olor nauseabundo de antaño se había mezclado con colonia para «disimular» el tufo ocasionado por la falta de higiene. Lo peor, sin duda, fue que Prusia ni siquiera se dignó a saludarlos. Estaba demasiado ocupado con la mirada fija en la pantalla del ordenador.

—¿Prusia…? — España extendió una mano y dio un paso hacia adelante.

—Puerta —contestó él en un susurro.

—¿Qué?

—Puerta. Cerrada. Entra luz —dijo como malamente pudo, entrecerrando los ojos.

Obedecieron y cerraron la puerta tras de sí. Lo único que podían vislumbrar era el brillo de la pantalla reflejado en la cara de su amigo. Tragaron saliva, nerviosos por lo que pudiera suceder.

Ante la sorpresa de las dos naciones, Prusia se levantó despacio de su asiento y se acercó con parsimonia a ellos, tal cual haría un zombi en busca de un cerebro que devorar.

—Tíos… —murmuró con la vista clavada en el suelo.

—¿Sí…? —preguntaron al unísono, expectantes.

—¡Me habéis dado el mejor regalo del mundo! —se echó a sus brazos, casi llorando de la emoción— ¡El Shinatty Explorer me enseñó que Internet no sólo son blogs sosos y pornografía! ¡Existen las redes sociales, como el Feisbu y el Twatter! ¡Y el YoTuve! ¡Y Tutulr! ¡Y el puto DeadJournal!

Francia estaba tan estupefacto ante aquella muestra tan gratuita de cariño por parte de Prusia que ni siquiera aprovechó la situación para manosear a su gusto las nalgas de España o las deliciosas regiones vitales de Prusia.

—¡Y hay foros! ¡Yo mismo me he creado uno y…! —soltó una carcajada nerviosa— ¡Y soy el único usuario! ¡¿No es asombroso?

Mon Dieu

—¡Y he comprado mayonesa en ePay! —sonrió orgulloso— La mejor inversión de mi vida. ¡La mejor!

Mon Dieu…

—¡Y no sabéis qué suerte tengo! —carcajeó con energía mientras regresaba a su asiento— ¡Siempre soy el visitante un millón! ¡Hasta los ordenadores reconocen lo maravilloso que soy!

Mon Dieu…

—¡Y un montón de chicas preciosas me han agregado al MNS para charlar! ¡Soy el imán de las nenas!

Mon Dieu…

—¡¿Qué «mon Dieu» ni qué niño muerto? —Prusia hizo un puchero ante la falta de brío de sus amigos.

Los observó acusadoramente y, mientras que Francia simplemente parecía que se iba a echar a llorar de un momento a otro, España lo miraba con pena mal contenida.

Casi podría asegurar que aquellos penosos no se alegraban por él.

—Esto… Prusia —España se acercó a él lentamente. Acababa de ver algo en la pantalla que le había desconcertado y quería cerciorarse de que su amigo no se había vuelto del todo loco—. ¿Se puede saber qué estás escuchando…?

Al percibir el tono casi aterrado de España, Francia decidió también acercarse para ver cuál era el vídeo que estaba observando Prusia. Casi se desmayó al ver que Prusia, el amante del heavy metal y el rock, estaba escuchando… estaba escuchando…

¡Aquello!

My loneliness is killing me —canturreó Prusia, viviendo su interpretación— ¡Baby, baby, ooh! — estiró las notas e intentó mantener un tono más agudo que el anterior.

Ante el horror de sus mejores amigos, continuó cantando aquella canción como si estuviera ante el jurado de Pop Idol. Había comprendido que todos los placeres de la vida estaban concentrados en aquel monitor que en tan poco tiempo había logrado cambiarle la vida. Ya no se sentía poco asombroso —el término patético era excesivo— por tener que estar conviviendo con su hermano pequeño cual parásito. Tampoco le atormentaba el hecho de que su vida era todo calamidades desde que había dejado de ser una nación. Y, desde luego, ya no se sentía solo cada vez que sus amigos se marchaban o cuando Alemania quedaba con Italia.

¡En Internet todo era más fácil! La gente era simpática y sabía a ciencia cierta que no le abandonarían jamás.

Give me a sign —volvió a sentirse la mayor estrella del universo—. Hit me baby one more time. ¡Baby, baby, baby, ooh!

—¿Britney Spears y Justin Bieber cantando One more time? ¿En serio, Prusia? —el semblante de Francia se tornó tan serio que España pensó seriamente si aquella nación se había ofendido— ¿Has abandonado a Wagner y a todos esos grupos raros que tú escuchas para convertirte en un niño pop?

—Qué bajo has caído… —añadió España, notablemente melancólico.

—¡¿Pero de qué habláis? ¡Tú, España, eres fan de Abba y Francia tiene la discografía completa de Cher! —los señaló furioso. ¡No se podía creer que aquellos dos le estuvieran intentando humillar!

—¡No es cierto, yo no soy ni fan de Los Chunguitos ni de Camela! —España protestó— ¡Lo que viste aquel día en mi casa fue…!

—España, cielo, dijo Abba, no todo eso que tú mencionas —Francia pasó un brazo por el hombro de su amigo con una sonrisa incómoda—. No metas la pata, anda.

—Ah… —los miró avergonzado. Prusia parecía estar disfrutando de aquel momento— De todas formas, a todo el mundo le gusta Abba.

Ni Prusia ni Francia intentaron que la otra nación entrase en razón, puesto que sabían que era una tarea absolutamente imposible. España continuó argumentando por qué Abba era uno de los mejores grupo pop de la historia, mientras que Francia pensaba en lo bonito que sería desaparecer de la faz de la tierra y Prusia seguía con sus vicios.

—Oye, Prusia, ya que vinimos desde los Pirineos a verte, ¿por qué no nos llevas a un bar que haya por aquí? Ya sabes, podríamos tomar algo para rememorar viejos tiempos —propuso Francia, interrumpiendo la explicación de España.

—¡Eso! ¡Así podríamos olvidarnos un rato de la presión de la Bolsa y todo eso! —España secundó la propuesta con una de sus sonrisas vigorosas.

—¡A mí la única bolsa que me importa es la de las patatas fritas! —Prusia miró a las esquinas, pero sólo se topó con basura— Que por cierto, ya no me quedan. Bah, paso de ir a la cocina a cogerlas. ¿Vais vosotros?

—¡Pero bueno, Prusia, no somos tus criados!—Francia cruzó los brazos, ofendido ante aquella conducta tan egoísta— ¡Además, deberías airear esto y salir un rato! ¡Apuesto a que no has salido ni una sola vez de…!

Un alarido interrumpió a Francia, quien no se esperó en absoluto que España de pronto se le abrazase como un condenado suplicando clemencia. Prusia, en cambio, continuó silbando la melodía de su nueva canción favorita mientras escribía en su foro —donde era miembro único— lo asombroso que era él y lo pesados que eran sus amigos.

—¡Francia, mira ahí! —señaló España, presa de los nervios y el pavor.

Los ojos de Francia se abrieron por completo al ver semejante escena. En una de las esquinas de la habitación de Prusia, las paredes parecían estar mojadas. Teniendo en cuenta el olor tan extraño proveniente de ellas, sólo había una conclusión lógica a la que tanto Francia como España llegaron.

—¡Se meó en la pared! —chilló Francia, abrazándose también a España.

—¡Callad ya, que no puedo oír a Rebeca Black! —refunfuñó Prusia mientras subía el volumen—. Joder, menos mal que todavía no sabéis dónde echo todo lo demás…

Dado que el tufo de la habitación no era tan insoportable como para dar por hecho que Prusia había defecado ahí, las naciones se aproximaron a la ventana y la abrieron. España tragó saliva y se asomó. Misteriosamente, el ver un montón de excrementos sobre las petunias de Alemania no le sorprendió tanto como debería.

—¿Qué ves? —preguntó Francia, inseguro sobre si asomarse también o no.

—Zurullos —contestó su amigo con un deje de estupefacción impregnado en su voz—. Zurullos por todas partes.

—¿Zurullos…? —Francia, al no comprender aquella palabra, se asomó a la ventana. Craso error— ¡Excrementos!

—Por todas partes —agregó.

Prusia, sin embargo, permanecía sumergido en su mundo virtual, completamente ajeno a la conversación de sus dos amigos. Ellos, con la esperanza ya perdida casi por completo, continuaron indagando en busca de objetos y marcas sospechosas que hubiera en aquella habitación y que pudieran resultar dañinas para la salud del prusiano. ¡Sólo Dios sabía la cantidad de papel higiénico usado que había por allí! Francia se acercó a un montoncito de pañuelos de papel y percibió que algo se movía. Tragó saliva. ¿Era posible que la basura de Prusia hubiera creado vida? Con el corazón en un puño, fue apartando los papeles hasta encontrarse con lo que menos se esperaba.

Gilbird.

Allí, sucio y desprotegido, se hallaba la amada mascota de Prusia. España, al ver que Francia estaba agachado viendo algo, se acercó a él para comprobar qué sucedía. Sus ojos aceituna se abrieron como platos nada más ver a aquel pajarillo, el que se suponía que era el inseparable compañero de desventuras del que un día fue Prusia. Porque en aquel momento, al menos, el hombre que viciaba sin descanso ante una pantalla no era Prusia, sino un desconocido.

El Prusia que ellos conocían jamás permitiría que Gilbird estuviera bajo una montaña de pañuelos de papel —a saber qué era esa misteriosa sustancia blanca que los manchaba—. España apretó los puños en un mero intento por controlarse y no romper el ordenador allí mismo. Francia, por su parte, limpió al pajarillo con su saliva y lo posó en su hombro.

—¡¿Cómo le has hecho esto a Gilbird, Prusia? —Francia frunció el ceño, asqueado y furioso.

No obtuvieron respuesta alguna. Prusia sonreía, embobado por lo que veía en el monitor. Sabían que podrían gritarle e incluso darle la paliza que se merecía, pero que Prusia no se despegaría de su ordenador ni un solo momento.

Cuando Prusia miró hacia los lados para pedirle a alguien que le trajera algo de beber, se dio cuenta de que sus amigos ya no estaban allí con él. Se habían ido.


España miró una vez más el edificio que tenía ante sí con asombro. Por muchos años que pasaran, la residencia de Austria siempre contaría con aquel aspecto magnánimo y lujoso, en contraste con el estilo de vida de su propietario. Francia sonrió.

—Y aquí estamos —dijo tras acariciar los cabellos revueltos de su amigo.

—Tenemos que aprovechar este momento —España sonrió decidido—. A estas horas Austria toca el piano y Hungría lo observa.

—Desde luego. Sangría estará tan absorta con la música de Austria que ni se dará cuenta de que os colasteis en casa —explicó una tercera voz con una sonrisa enigmática—. Os aconsejo que os metáis por la ventana de la cocina, que suele estar abierta.

Permanecieron estáticos al percatarse de que un individuo les estaba hablando con un tono algo perverso en medio de un jardín que sólo contaba con la escasa iluminación de la luna. Giraron la cabeza lentamente hasta encontrarse con el rostro sonriente de Rumanía, el sempiterno enemigo de Hungría —a quien él llamaba Sangría por motivos que sólo España y el propio rumano sabían—.

—¿Rumanía? —preguntó España, completamente estupefacto— ¿Qué haces tú aquí?

—Lo mismo que vosotros —contestó con aquella sonrisilla taimada—. Me dijo un pajarito que vinisteis para ayudar a Prusia.

Los ojos molestos de Francia se clavaron en Gilbird, quien se había asentado en la cabeza de España. ¡Le contaban un secreto a aquel animalillo y él ya lo iba gorjeando a los cuatro vientos!

—¿Entonces quieres colaborar con nosotros?

—¡Por supuesto, España! —asintió con vigor— Yo os protegeré desde fuera. Eso sí, tendréis que contarme vuestro plan para poder apoyaros sin hacerme un lío. ¿Qué vais a hacer, exactamente?

Satisfecho por contar con un aliado, Francia comenzó a detallarle el plan trazado a Rumanía, quien asentía entusiasmado cada cinco segundos. Sus ojos fulgían maravillados y una sonrisa de oreja a oreja no tardó en instalarse en su rostro.

—¡Parece interesante! —proclamó nada más escuchar la última palabra del francés— ¡Contad con mi apoyo!

—¡Gracias, Rumanía! —España se despidió de él, tan risueño como de costumbre. Francia lo siguió.

—¡Y mucha suerte, chicos! —sonrió con picardía— La vais a necesitar.


Notas II: no sé por qué, pero cuando digo que serán dos capítulos, acaban siendo tres. Mmm. En fin, Pruprú se aísla en el mundo de Internet para huir de los problemas y complejos que torturan su existencia y blablablá. Es triste que una persona acabe olvidándose de todo por estar viciando con el ordenata :/

Por cierto, para el siguiente capítulo que habrá piano y sartén. Y Prusia cuerdo, claro. Palabra de boy scout (?)

En fin, ¡muchísimas gracias por todos los reviews! Me hacéis feliz~

Nyanko1827: Me alegra que te haya hecho reír :D

Ariadonechan: Porque entre palabra y palabra hay un mensaje subliminal (?) Es que los amigos están para ayudarse, ya sabes; un día te presto mi boli azul y al siguiente tú me sacas de la crisis. Quizás Gil sea ciclotímico (?) Yo me imagino a Toño y a Shinatty traficando con portátiles xD

LA-JOO: Hungría saldrá en el próximo capítulo, lo prometo ;w; ¿Más genial que el popó de Gilbird? Creo que no me merezco un halago tan majestuoso~

Kokoro-koko: Perdóname, pero soy una tardona ;_; Pero me alegro de que te haya gustado.

Kurai_Ikari: ¿Sin cerveza y sin amigos? ¿Entonces cuando te deprimes simplemente te quedas tirada en una habitación que huele a carajo? xD Hungría saldrá en el próximo capítulo, sí~

Artemisav: Prusia antes molaba~ Me complace que te haya parecido divertido ;)

Jackce: En efecto, habrá que verlo~

Loto de Origami: *lanza la primera piedra* Es que España quiere que la crisis se solucione por arte de magia, pero obviamente no puede ser así u_u Es que esos dos hermanos son encantadores~ Mi genialidad no llega a tanto, ¡estoy lejos de ser tan genial como una pluma de Gilbird! D:

¡Nos vemos!