Hola de nuevo! No, no me morí. Creo que respondí muchas preguntas con eso. Sí, ya sé, soy una muy mala persona por tardar tanto en actualizar, pero mejor tarde que nunca. A pedido de muchos, hice más largo este capítulo, pero no prometo que todos van a ser así de largos porque sino se me van a dormir.

Glee no me pertenece y bla bla bla.

Espero que les guste.


No era común que Santana se golpease contra todo lo que estaba a su paso ni que no se percatase de los objetos que estaban justo enfrente de ella. Ella se consideraba una persona muy atenta... y lo era, pero ese día en especial su mente tenía mejores cosas que hacer que concentrarse en el camino desde el living hasta la habitación de la morena.

Santana había ingresado a su cuarto con el simple objetivo de recostarse en su cama luego de un día tan lleno de emociones. A todas horas sus capacidades neuronales y emotivas habían sido puestas a pruebas en una especie de competencia entre dos personas. Por un lado estaba la calidez y la ternura a la que se enfrentaba al estar junto a Brittany que era experta en no incomodar a la gente. Y por el otro, estaba ese nerviosismo agradable y esa adrenalina desenfrenada que sólo Noah podía crear en ella. No sabía bien porqué se detenía a pensar en ello, no entendía por qué la mitad de su tiempo estaba ocupado en pensar en Brittany y la otra mitad, en Noah.

Antes de que la morena pudiese cerrar la puerta de su recamara, una mano se interpuso con determinación y dominio.

-¿Qué hacías allí afuera con ese mecánico?-preguntó una voz entre indignada y molesta. Era Shelby Sylvester, su madre. Esa mujer de una extraña, pero llamativa belleza la cual había heredado notablemente su hermana Rachel mientras que Santana siempre había sido una interrogante a quién le debía su belleza, ya que no se parecía ni a su rubio y ojiazul padre ni a su castaña madre. Era toda una incógnita realmente. Aunque muchos decían que tenía cierto parentesco con su abuela materna.

-Se cayó y lo ayudé a levantarse-dijo Santana con fastidio, ya que sabía que se aproximaba un sermón de su madre y su típica diferenciación entre los "de arriba" y los "de abajo". La sangre de la morena hervía considerablemente cada vez que su madre usaba esas clasificaciones, ya que lo hacía con un gran desprecio al referirse a la gente más humilde.

-Que yo sepa, para ayudar a alguien a levantarse hay que estar de pie y no tirado encima de él-indagó Shelby con tono de reproche mientras Santana se había sentado en su cama colocando su espalda contra la cabecera de la misma y estirando las piernas.

-Mamá...-dijo la morena calmadamente, pero con un dejo de furia en sus ojos. La castaña la miraba incrédula a su hija.

-¿Qué?¿Acaso está mal que ayude a mi hija a ir por la senda correcta?-espetó Shelby como diciendo lo más coherente del mundo. Santana rodó los ojos con molestia-¿Qué ha pasado con Matt? Ese sí es un buen muchacho-finalizó con una sonrisa.

Santana no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa y fuerza. Sabía que este día llegaría tarde o temprano. Sabía que su madre en el algún momento preguntaría por ese hombre que llegó a considerar como su único e inmutable futuro, pero que al final resultó ser una gran decepción que conllevó a una gran angustia.

-Las cosas simplemente no funcionaron-dijo Santana soltando un suspiro de frustración-Y creo que fue lo mejor-terminó desviando su mirada hacia la el exterior que se veía a través de la ventana de su habitación mientras mantenía una mueca de fastidio en su rostro. Quería que su madre diera por finalizada la conversación.

-Pero ¿por qué?-dijo Shelby con un tono bastante infantil como si de una niña caprichosa se tratase-Se veían tan enamorados.

-A veces las cosas no son lo que parecen-parecía que Santana estaba perdiendo la paciencia-¿podemos hablar de esto luego? Ahora tengo demasiado sueño-dijo la morena mientras se reacomodaba en la cama para poder recostar su cuerpo por completo.

Shelby decidió dar por finalizada la conversación a regañadientes. Esto no se quedaría así, pero conocía demasiado bien a su hija como para saber que si seguía insistiendo, ésta se enojaría y eso era lo último que quería, ya que su hija había regresado a casa luego de tanto tiempo fuera y lo que menos necesitaba era que su hija no le hablase. Así que se fue como vino: sin pedir permiso.

Una vez que Santana escuchó la puerta cerrarse, automáticamente cerró sus ojos, pero no tardó mucho en volver a abrirlos. No podía dormir, su mente estaba más ocupada debatiéndose entre una cabellera rubia destellante y una al estilo mohicano.


Al parecer, la morena no fue la única que pasó una ¿mala noche? Podría considerarse como mala, ya que no había podido dormirse hasta que los primeros rayos del Sol matutino se hicieran presentes, sin embargo la había ocupado en algo bastante interesante como lo era rememorar cada uno de los momentos que pasó con los hermanos Evans más pequeños.

Al igual que Santana, Brittany había amanecido con un poco de ojeras que no podían disimularse muy bien debido a su nívea piel ¿La razón de esa noche para olvidar? El continuo pensamiento de que Noah y Santana pudiesen llegar a tener algo más que una simple relación de vecinos o, incluso, de amigos. La rubia aún no podía olvidar la interacción que tuvieron su hermano y su vecina la tarde del día anterior y esa escena se repitió una y otra vez durante la noche.

Esa idea la hacía querer romper todo, literalmente. La hacía querer desaparecer del mundo e, incluso, la hacía querer volver a la granja de Steven sólo para no tener que volver a ver algún tipo de contacto entre su hermano que adoraba y su vecina por la cual, supuestamente, no tenía derecho a sentir nada, ya que esa era una de las condiciones del plan: no involucrar sentimientos. Eso se lo había dejado bien en claro Sam y ella estaba segura que jamás tendría algún tipo de sentimientos hacia algún integrante de la familia del hombre que destruyó la suya. Eso era imposible, pero ahora no lo tenía muy claro. Ahora, una neblina llamada Santana Sylvester le abrumaba los pensamientos y era la dueña de una gran parte de las ideas de Brittany.

La rubia se sentía un tanto inestable por la escena que presenció y no tenía ganas de levantarse de la cama y, mucho menos, de trabajar. Sin embrago, su hermano mayor no le dejó muchas opciones, ya que quería discutir algunas cosas del plan. Así que, a regañadientes, la ojiazul terminó por levantarse y dirigirse hacia la cocina dónde estaban Sam y Noah esperandola en la mesa para comenzar la charla. Una vez que Brittany se ubicó en una silla de la gran mesa, Sam se dispuso a hablar.

-Quiero saber cómo les está yendo con eso de relacionarse con los Sylvester-dijo el rubio mientras apoyaba los brazos sobre la mesa y unía sus manos entrecruzando sus dedos-Yo he avanzado un poco con Rachel, pero es una chica bastante difícil. Creo que es muy nena de papá.

-Pues, yo con Santana he tenido algunos avances, pero la chica ha estado bastante ocupada-dijo Noah mirando hacia Brittany como tratando de culparla con la mirada. La rubia, obviamente, ignoró esto, ya que todavía no comprendía ni el sarcasmo ni las doble intenciones.

Un gran silencio se apoderó del momento hasta que alguien decidió romperlo.

-Creo que es buena-dijo Brittany haciendo que sus hermanos dirigieran su completa atención hacia ella mientras la miraban con asombro-Creo que no es cómo su padre, es diferente-finalizó ante la atónita mirada de sus hermanos.

Noah y Sam se miraron entre ellos tratando de encontrar porqué su hermana menor se había atrevido a decir semejante cosa.

-Britt...-dijo Sam dejando escapar un suspiro de preocupación y tomando la mano de su hermana-...entiendo que creas que es buena porque te está ayudando a leer, pero...-suspiró fuertemente de nuevo-...la realidad es que ninguno de esa familia puede ser bueno, ninguno que tenga la sangre de Sylvester puede ser bueno-dijo mientras la miraba a los ojos.

-Pero Santana...

-Britt, apenas la conoces y sé que es un poco complicado de entender ahora, pero con el tiempo verás que Santana no es lo que parece-dijo Sam tratando de convencer a su hermana quién se dio por vencida porque lo que su hermano decía, en algún punto, tenía más lógica que lo que ella misma decía y no quería luchar por algo sin fundamentos porque, al fin y al cabo, era verdad que su relación con Santana era muy reciente, era verdad que no podía tacharla de buena por un simple buen gesto que había tenido hacia ella, pero también era verdad que, sin conocerla del todo, se había ofrecido a ayudarla a leer y escribir.

Era la primera vez que alguien la había ayudado sin tener ningún tipo de obligación. Es verdad, Sam también la había ayudado sin necesidad de, pero la rubia tenía en claro que las familias siempre hacían eso. Sin embargo, era poco usual que una persona que recién conoces ofrezca un poco de su tiempo para algo tan simple y corriente como lo era enseñar a alguien a leer y escribir.

Era un hecho, Brittany Pierce estaba completamente segura de la bondad de la morena y nadie podría cambiar su pensamiento hacia ella. Nunca.


Luego de esa charla matutina, Noah y Brittany se dirigieron hacia el taller. Debían cambiarle unas bujías a un par de autos y Sam ya los había retado por relegar la tarea para el otro día, así que optaron por trabajar antes de escuchar otro grito de su rubio hermano.

-Entonces...¿hoy también verás a Santana?-preguntó Noah haciendo que Brittany lo mirase. La rubia asintió-¿a qué hora?

-A la tarde. Ella vendrá a buscarme.-dijo la rubia mientras tomaba una llave inglesa. Estaba tan despistada que ni siquiera sabía por qué había tomado esa herramienta. Lo que ocurría era que, al mencionarle el nombre de Santana, sus sentidos perdían control, ya que su funcionamiento neuronal no era el más adecuado.

-Ya veo...-dijo Noah dejando escapar un suspiro-¿podrías decirle que luego tengo que decirle algo?-dijo el mohicano logrando que Brittany clavara sus ojos azules con los pardos de él.

La rubia, obviamente, no podía decirle que no porque eso despertaría sospechas, pero tampoco quería decirle que sí porque eso significaría que Noah y Santana volverían a intercambiar palabras y lo que menos quería era eso.

-Claro-dijo la ojiazul con resignación que pasó desapercibida por Noah que estaba yendo hacia el capot de un auto azul-pero ¿por qué?¿necesitas algo?-dijo con cierta impaciencia Brittany.

-En realidad, quiero invitarla a salir-dijo el moreno mientras adentraba su cabeza en el motor de aquel auto. No tuvo conciencia de lo fuertes que habían sido esas palabras para su hermana. La rubia tenía cierta idea de que cuando te quieres acercarte a una chica, por lo general, la invitas a salir a una cita, pero debía cerciorarse de a lo que Noah se refería-Es decir, Sam me ha estado presionando un poco con este tema de Santana y bueno...

-¿Como una cita quieres decir?-interrumpió Brittany casi inconscientemente y por impulso mientras su hermano levantaba su cabeza del capot para mirarla con un gesto de obviedad.

-Pues claro. No tengo intenciones de ser su amigo, eso te lo dejo a ti.-concluyó el moreno riendose un poco y mostrando su típica sonrisa. Brittany le correspondió con una sonrisa forzada con cierto dejo de tristeza. La rubia sintió una pequeña punzada en el pecho y tenía la necesidad de salir de allí, ya que le estaba faltando un poco de aire lo cual era extraño, ya que el gran portón del frente se encontraba abierto.

La ojiazul se dirigió hacia el baño dejando a un Noah confundido por su inexplicable reacción. Al entrar al baño, cerró la puerta apoyando su espalda contra ella y golpeó levemente la misma con su parte trasera de la cabeza para luego deslizarse lentamente hacia abajo con los ojos cerrados. Necesitaba estar lejos de Noah porque, cuando esas palabras atravesaron sus oídos, se sintió débil y con una gran ira interior. La simple idea de que Santana aceptase la invitación de su hermano le provocaba ganas de no haber conocido nunca ni a Noah ni a Santana.

Colocó su cabeza sobre sus flexionadas rodillas haciendo una postura bastante infantil que podría describirse como "hacerse bolita". Esas palabras la molestaban una y otra vez, pero lo que más le molestaba era el tono de seguridad con el que Noah las había pronunciado. Era como que estaba completamente seguro de que Santana no lo rechazaría, como que era imposible negarse a sus encantos. Esa idea la hacía querer gritar y apartarse de ese lugar dónde, al parecer, no la estaba pasando muy bien.


Sam se había cruzado con Brittany en el camino y había notado que la rubia andaba con la mirada perdida y podía adivinar que su mente estaba muy ida, pero decidió no indagar sobre el tema. Ya habría tiempo después, así que se conformó con solo darle una mirada de extrañeza mientras caminaba hacia el taller.

Al llegar al taller vio a Noah concentrado en el motor de un auto, sin embargo, segundos después, observó cómo Noah vacilaba haciendo una clara mueca de confusión.

-¿Necesitas ayuda?-dijo Sam acercandose al auto posicionandose al otro lado del vehículo y así tener de frente a Noah.

-No, gracias. Puedo solo.-dijo Noah con molestia. Al mohicano le molestaba sobremanera que le ofrecieran ayuda. No porqué sea un desagradecido, sino porqué le costaba mucho aceptar que había cosas que simplemente no podía hacer por sí solo.

-Como quieras-finalizó Sam con una sonrisa al ver el gesto de fastidio y frustración de su hermano-¿Sabes qué le pasa a Brittany?-preguntó el rubio.

-¿Tendría que saberlo?-dijo el moreno con ironía.

-Creí que tu lo sabías todo...-contraatacó Sam quién se vio frenado al oír una voz femenina.

-Buenos días, muchachos.-era Rachel que se encontraba en el umbral del gran portón-¿cómo están?

-Hola Rachel. Muy bien ¿y tú?-dijo Sam olvidando todo el malestar que estaba creciendo en su interior por la insolencia de Noah quién al ver a Rachel decidió marcharse dejandola con cierta tristeza, ya que era obvio que se marchaba porque ella había llegado. No entendió muy bien la actitud del moreno debido a que jamás había tenido algún tipo de contacto con él.

-Excelente-dijo la diva con cierta euforia-¿me preguntaba si te gustaría desayunar conmigo?

Sam dudó un segundo, pero rápidamente tuvo la respuesta en su mente. Si quería que el plan funcionase debía hacer sentir a Rachel lo más cómoda y protegida posible. Sinceramente, Rachel no le interesaba...bueno, nadie de esa familia le interesaba, sin embargo debía admitir que la castaña tenía sus atributos, pero le asustaba un poco la idea de que Rachel pudiese emitir tantas palabras en menos de diez segundos.

-Seguro-dijo Sam con seguridad y esbozando una sonrisa de conformismo. Estaba avanzando rápidamente con el plan. Jamás pensó que Rachel estaría tan interesada en él con tal rapidez.-¿dónde quieres ir?

-Bueno, me encantaría que vayamos a mi casa y yo hago el desayuno para ambos-decía la castaña con una gran sonrisa mientras daba unas pequeñas palmadas rápidas y parecía contener su gran alegría, pero fallando en el intento.

Sam asintió y, acto seguido, la diva lo tomó de la mano. Literalmente, estaba arrastrando al rubio por la calle, era sorprendente que esa pequeña mujer tuviese la fuerza para mover a ese fornido muchacho de cabellos dorados.

Rachel sabía que tendría problemas con su madre y su, carente de lógica, "división" de clases sociales. Sabía que, tal vez, se estaba apresurando con Sam, pero no podía evitar sentirse atraída hacia el rubio y, la verdad, no pretendía disimular sus deseos.


Brittany había logrado recomponerse de esa fastidiosa conversación con Noah. Estando en el baño, se había mojado la cara y había estado preguntándose constantemente porqué se sentía así, porqué Santana, o la simple mención de la latina, lograba crear una revolución en su interior. No entendía porqué se ahogaba cada vez que veía a la morena mantener contacto con otra persona o porqué tomaba a Noah como una amenaza. No tenía derecho a sentirse así. No podía sentirse así. Debía mantenerse firme por el plan, así que decidió catalogar el tema como algo pasajero, como algo que siempre ocurría cada vez que se posaba en frente una chica con una belleza tan despampanante como la de Santana Sylvester.

La rubia se encontraba sentada en la mesa del comedor tratando de extinguir de su mente todo pensamiento relacionado a una morena mujer, pero fallando terriblemente. Sin embargo, sus esfuerzos por olvidar se vieron interrumpidos por la presencia de Josh Ben Israel que acababa de ingresar a la habitación.

-¿Necesitas alguna antena o conexión satelital?-dijo el muchacho de pelo afro provocando que Brittany frunza el ceño-Para entrar en sintonía con tus pensamientos digo-finalizó con una sonrisa, pero Brittany mantuvo su misma expresión de confusión.

-¿Qué lo qué é' una antena?-dijo la rubia con su clara mueca de duda.

-Olvídalo-se resignó el excéntrico hombre, ya que recordó que Brittany no era la persona más conocedora del mundo-¿en qué pensabas?-preguntó captando la completa atención de la rubia.

La ojiazul dudó por un momento, no sabía si era apropiado preguntar eso o simplemente dejarlo como un tema al que no había que darle demasiada relevancia. Pero, realmente, quería aclarar su mente.

-Josh...-el hombre asintió sentándose frente a la rubia posando su mirada en la de ella-¿recuerdas lo que hablamos el otro día? Eso de...las libanesas-dijo Brittany acercándose más al hombre y susurrando lo último como si de un secreto se tratase.

Josh la miró confundido. No recordaba haber hablado en ningún momento con Brittany sobre las mujeres provenientes del medio oriente.

-¿Libanesas? Nunca hablamos de eso-dijo el hombre aún más confundido.

-Claro que sí. Tú estabas viendo esa película sobre dos libanesas-en ese momento, el interior de Josh se encendió y comprendió de lo que la rubia hablaba.

-Lesbianas...-dijo Josh riendo ante la ocurrencia de Brittany-...se dice lesbianas, Brittany.

-Oh...-dijo la ojiazul ruborizándose por la vergüenza-Bueno, sobre esa mujeres que les gusta besar a otras mujeres.

-Sí, lo recuerdo-dijo Josh volviendo a soltar una risita, ya que se estaba conteniendo.

-Tu...¿cómo sabes cuándo eres...-la rubia tragó saliva, le estaba resultando incómoda toda esa conversación y eso era raro en Brittany, ya que no sabía medir las consecuencias de ese tipo de preguntas, simplemente las hacía cómo si fuese lo más común del mundo-...así?-dijo desviando la mirada.

-Así ¿cómo? ¿lesbiana?-Brittany asintió y Josh notó que cierto rubor crecía en el blanco rostro de la rubia-Pues, no estoy muy seguro, ya que, como habrás notado, no soy mujer ni homosexual-dijo el hombre de peinado afro con sarcasmo-Supongo que te tiene que gustar una mujer, pero ¿a qué viene la pregunta?-cuestionó el muchacho entrecerrando los ojos.

Brittany dudó en responder ¿debía decirle cómo se sentía respecto a Santana? Desde que conoció a Josh, el hombre se había ganado la confianza de la rubia. Sobre todo porque era como "su maestro" de la vida: le aconsejaba cómo debía comportarse frente a distintas situaciones de la vida y era quién más atención le ponía a sus descarriadas ideas y/o ocurrencias. Brittany lo sentía como un hermano más, de verdad apreciaba a Josh. Sin embargo, no estaba segura de "confesarle" todas esas revoluciones que generaba la morena en su interior, ya que la rubia sabía que lo que le ocurría no podía ser, Sam se lo había aclarado bien y eso era lo que temía: que Sam se enterase de sus verdaderas intenciones, pero ¿cuáles intenciones? No podía tener intenciones de ningún tipo y menos con la hija del asesino de su padre.

-Quería saber nomás-la ojiazul no sabía mentir y Josh lo notó de inmediato, pero decidió dejar pasarla por esta vez. Él, al instante, supo que Brittany no era la mujer más heterosexual del mundo y que no se esforzaba en disimular su atracción hacia Santana, principalmente porque la rubia parecía contar cada segundo que pasaba para volver a ver a la morena, además hablaba constantemente de lo bien que le caía la vecina de enfrente. Una parte de Josh le decía que debía tratar de frenar todo lo que Santana estaba generando en Brittany, ya que sabía que Sam no lo vería con buenos ojos, pero sobre todo porque sabía que la rubia estaba frente a una situación de la que ella muy probablemente no saldría ganadora, ya que no era la única que tenía intenciones con Santana. Y, si vamos al caso en el que la morena tuviese que elegir, Brittany no sería la escogida. Josh había pasado suficiente tiempo en el barrio y tenía pleno conocimiento de los amoríos que mantenían todos los habitantes de la casa de enfrente (incluso los amoríos clandestinos) y sabía que Santana Sylvester tenía entre sus gustos al par de cromosomas XY. Desafortunadamente, Brittany pertenecía al XX.

La rubia se despidió de Josh argumentando que tenía que terminar de colocar unas bujías. Faltaba poco para reencontrarse con Santana y la ojiazul quería dejar de pensar por un minuto en todo lo que relacionase a una tal morena de ojos cafés.


Sam había ingresado muy cuidadosamente a la cocina de la familia Sylvester. Estaba analizando cada rincón de la gran habitación tan elegantemente decorada. Era una cocina común y corriente, pero con estilo victoriano y una gran isla en el medio de la habitación. Rachel se dirigió hacia la isla y Sam observó que había una torta muy delicadamente decorada con merengue y trocitos de cáscara de limón.

-La hice yo-dijo la castaña tomando la torta entre sus manos y haciendo un movimiento con la cabeza como invitando a Sam a tomar asiento sobre algunas de las sillas de la isla-Es lemon pie ¿te gusta?-dijo la diva mientras comenzaba a partir el delicioso postre.

-Nunca lo he probado-dijo Sam observando cómo Rachel cortaba la torta en porciones y tomaba asiento enfrente de la castaña.

-¿En serio?-dijo Rachel captando la total atención de Sam que, al instante, desvió su mirada y observó una cartera de cuero apoyada sobre una de las sillas de la isla. Divisó cómo una especie de pequeña libretita sobresalía del costoso bolso, era algún tipo de documento, pero ¿de quién? Sam vio la oportunidad de tomar la libretita al momento en el que Rachel se dirigió hacia la alacena para buscar platos dandole la espalda al rubio, así que de un rápido movimiento escondió el documento en su bolsillo. No sabía porqué lo había hecho ¿qué información podría aportarle esa libreta que no supiera sobre la familia Sylvester? Sin embargo, nunca se sabe.

-¿Café o té?-preguntó la pequeña castaña.

-Café, por favor.


Una vez terminado el desayuno, Sam se despidió amablemente de Rachel diciendole que aún tenía demasiado trabajo en el taller. Mentira, pero necesitaba saber que había dentro de esa libreta.

Cruzó la calle, ingresó por el taller y se dirigió a la cocina. Una vez dentro de su casa se dispuso a indagar el documento

No podía creer lo que sus ojos veían, era algo de lo que no tenía conocimiento y que lo sorprendió notoriamente. El documento era un pasaporte, el pasaporte de Santana, pero eso no era lo que lo había anonadado. Un sello rojo y notablemente grande ubicado en el medio del pasaporte lo dejó sin aliento. Un sello que decía claramente "DEPORTED" recorría de arriba a abajo el documento, atravesando desde los datos hasta a foto de Santana. La morena había sido deportada de algún país de habla inglesa, pero ¿por qué?

-¡NOAH!¡BRITTANY!-gritó Sam sin despegar la vista del pequeño documento.

-¿Qué demonios te ocurre?¿por qué gritas?-dijo Noah saliendo de la habitación dónde dormían mientras Brittany ingresaba por la puerta principal de la cocina.

-Miren esto-dijo alzando el pasaporte colocandolo a la altura de la mirada de Noah y luego de la de Brittany. Noah tenía la misma expresión que tuvo Sam unos minutos atrás mientras que Brittany mostraba una expresión de indiferencia, ya que no entendía a qué se refería Sam mostrando ese "librito".

-¿Qué é' lo qué é' eso?-preguntó la rubia sin inmutarse.

-Esto significa que tu amiguita de enfrente fue deportada de algún país-ahora la expresión que tenía Brittany era de confusión y Sam se dio cuenta de que se tuvo que explicar mejor-Significa que la echaron de algún país y que no puede volver a entrar porque hizo algo muy malo.-dijo con simpleza el rubio.

-No puede ser. Santana es buena-sentenció la rubia ganándose miradas de desaprobación por parte de Sam. Noah seguía inmóvil y aún no salía de su asombro.

-No, Brittany, no es buena. A las personas buenas no las deportan-dijo Sam un tanto desesperado por la tozudez de su hermana-No quiero que ninguno de los dos se acerque más a Santana.

-¿Qué? No, no puedes hacer eso, Sam-Al parecer Noah había escuchado las últimas palabras de su hermano y cierta desesperación le inundó el cuerpo-¿Qué hay del plan?

-Cambiaremos la táctica, pero no quiero arriesgarlos a nada. Los perdí una vez y no quiero que se repita-dijo el rubio firme.

-Al comenzar con este plan ya nos estás arriesgando-dijo Noah acercándose más al rostro de Sam y mirándolo fijamente-Ya estamos en el baile, así que bailemos-finalizó con una media sonrisa arrogante.

-Haremos esto, tú...-dijo Sam refieriendose a Noah-...como tienes experiencia en criminales, continuarás manteniendo contacto con Santana, pero tú, Britt...-dijo el rubio desviando su mirada hacia su hermana-...tendrás que dejar de tomar clases. Tengo miedo de que te haga algo-finalizó el rubio haciendo que Brittany abriera los ojos como platos. Ahora no sólo no podía mantener una relación con Santana, sino que le dejaba el camino libre a su hermano Noah para que hiciese lo que quisiera.

-Pero Sam...

-Sin "peros". Santana puede ser muy peligrosa y tú la sigues considerando buena, así que no quiero que continúes tomando clases con ella.

-Es lo mejor para ti, Britt-reapareció Noah en la conversación. En serio creía que era lo mejor para su hermana. El moreno no tenía el mismo concepto de Santana que Brittany, ya que aún no había conocido a fondo a su vecina de enfrente. De todos modos, le resultaba extraño que Santana haya sido deportada de algún sitio, ya que las veces que había mantenido una conversación con su vecina no le veía rasgos de maldad, pero nunca se sabe.

Ahora, Noah tenía el camino libre. Aunque tratara de negárselo a él mismo, sentía a Brittany como una amenaza, pero ¿amenaza hacia qué si supuestamente no debía sentir nada por Santana? Eso ya era imposible. Desde el momento en el que observó a la morena, su infinita belleza lo había cautivado, pero no fue hasta que la conoció que sintió una gran atracción hacia ella. Sin embargo, algo le molestaba: la relación entre su vecina y su hermana, pero ¿por qué le molestaba? No había una razón lógica. Para empezar, ambas eran chicas y eso ya era mucho decir, además de que Santana le había confirmado de que era heterosexual. A pesar de eso, no estaba muy seguro si Brittany jugaba para el equipo "indicado" y eso era lo que le aterraba. Pero mientras Santana no se lo permitiese, la relación de la rubia y la morena no iba a ir mucho más allá de una simple amistad, pero...nunca se sabe.


Ya eran casi las cuatro de la tarde, horario en el que Santana prometió pasar a buscar a Brittany para ir al parque y continuar con sus clases.

La morena cruzó la calle para ir en busca de su rubia vecina y, como ya era costumbre, estaban los tres hermanos en el taller alrededor de un auto focalizando toda su atención en el motor del mismo.

-Hola-dijo la morena dirigiendose a Brittany-Hola, Sam. Hola, Noah.-saludó a los dos hermanos faltantes. Sam la inspeccionó de arriba a abajo, algo que no pasó desapercibido por Santana-Brittany ¿quieres que vayamos yendo?-dijo mirandola fijamente a la rubia y pasando por alto la presencia de los otros dos.

La mirada de Brittany fue desde Santana hasta Sam. No sabía que hacer en ese preciso momento y, al parecer, sus hermanos tampoco. Creyó que no sería justo para la morena que sólo cortase las clases así como así sin darle siquiera alguna explicación. Después de todo, Santana se había tomado su tiempo para dedicarle una porción de su día a enseñarle a leer y escribir. Decidió que esa sería la última clase, pero debía hacercelo saber a la morena. Sin embargo, no lo haría con Sam y Noah estando allí, se lo diría en privado, cuando estuvieran a solas en el parque.

-Claro-dijo Brittany tratando de no mirar a Sam, ya que sabía que le esperaba una mirada fulminante. Caminó hacia Santana y se dispusieron a marcharse.

-Recuerda lo que hablamos, Britt-atinó a gritar Sam antes de que las dos chicas desaparecieran de vista. Brittany, con tristeza, asintió mientras que Santana expresaba una cara de clara confusión, pero simplemente lo dejó pasar y se limitó a continuar caminando.


Ambas chicas ya habían llegado al parque y se acomodaron en el mismo banco del otro día. Brittany tenía tantas cosas que preguntarle y que decirle a Santana. Cosas que iban desde Noah hasta el pasaporte de la morena.

-Has estado un poco callada. No sonreíste ni una vez en todo el camino-dijo Santana con cierta preocupación, pero con una sonrisa.

-Santana...-la latina asintió-...yo...quería decirte algo-dijo un tanto nerviosa Brittany, no podía mantenerle la mirada a la morena-¿tu...alguna vez haz hecho algo malo?-dijo como un susurro. Santana se sorprendió al oír esa pregunta.

-Pues sí, todos hemos hecho algo malo alguna vez.-dijo tratando se adivinar el porqué de esa pregunta. Brittany levantó la vista y enganchó su mirada celeste con la café.

-Pero tú eres buena. Yo sé que eres buena-afirmó Brittany con seguridad como tratando de convencer a alguien. Santana no pudo más que sonreír, la rubia sí que sabía cómo hacer feliz a alguien aunque sea por un lapso de segundos.

-Gracias, Britt-dijo Santana tomando la mano de la rubia que se encontraba apoyada sobre la banca. Eso hizo estremecer por un instante a la ojiazul que nunca había podido tener tanto contacto físico con la morena.-Tú también eres buena-y con eso dicho retiró su mano.

Brittany soltó un suspiro de resignación y desvió su mirada hacia el suelo como buscando las palabras justas, pero era una situación que no quería enfrentar, no quería dejar de tomar clases con la morena, pero debía-San...-dijo dubitativamente-...no nos podemos ver más-dijo la rubia dejando anonadada a la morena.

-Pero...-la latina había entrecerrado sus ojos tratando de comprender ¿había sido tan mala maestra? ¿había dicho algo que, tal vez, le había molestado a Brittany?-¿por qué? ¿pasó algo?

La rubia no sabía si responder o no. No tenía en claro si había sido una buena idea haber traído el pasaporte de la latina a escondidas de sus hermanos para devolverselo a su respectiva dueña. Se negaba a creer que Santana hubiese hecho algo malo, no era posible y, aunque el pasaporte decía mucho, Brittany sabía que era un error. Sin embargo, no estaba segura de si era el momento indicado para devolverselo, sus hermanos se enojarían o... tal vez, la morena se enojaría, ya que si le preguntaba cómo había llegado ese documento a manos de la ojiazul, Brittany simplemente no sabría que responderle.

-Mis hermanos.-dijo la rubia manteniendo su cabeza gacha y mirando de reojo a Santana-Mis hermanos no quieren que nos sigamos viendo.-Santana la miraba absorta- Dicen que has hecho algo muy malo.

La morena estaba en un mar de confusiones, ella no había hecho nada malo, de eso estaba segura. Pero...¿por qué los hermanos Evans creían eso? Tal vez, le habían hablado mal de ella.

Las dudas de Santana aumentaron y en su cabeza, golpeó la conversación que había tenido unas horas antes con Noah. Esa conversación en la que el mohicano la había invitado a salir y una seducida morena le había respondido con un "tal vez" y una sonrisa, algo que Noah interpretó como "sí". La pelinegra estaba segura de que Noah tenía "permiso" de hablar con ella.

-No rige para todos lo mismo-dijo Santana como si hubiese dicho lo más normal del mundo y como si tuviese algún tipo de coherencia con lo que le decía la rubia-Noah sí puede seguir manteniendo contacto con migo-añadió haciendo que la rubia levantara su confundida mirada.

-¿Qué?¿Có...

-Me invitó a salir hoy-dijo la pelinegra manteniendo fijamente sus ojos chocolate en los celestes-¿por qué tu no puedes tomar clases conmigo y él me puede invitar a salir?

-Y tú ¿qué le dijiste?-dijo la rubia como ignorando la pregunta que la había hecho Santana. Desde que escuchó el "me invitó a salir" sus capacidades neuronales se vieron afectadas y lo único que su cerebro hacía era lograr hacer que la boca articule palabras que no eran previamente pensadas, sino que salían por puro impulso.

Era una conversación incómoda y carente de toda coherencia y sentido. Nada se relacionaba con lo dicho anteriormente, era como si dos locas estuvieran hablando, ya que de la nada cambiaban de tema. Santana se olvidó por un segundo de la pregunta que le había hecho a Brittany y se dedicó a responderle a la rubia, sin embargo no sabía porqué lo hacía, no tenía porqué hacerlo. Era su vida privada y no tenía que responder ese tipo de preguntas, pero era Brittany, la persona con menos filtro que conocía.

-Le dije que no sabía-aún mantenían sus miradas fijas una en la otra como si no les pesasen los ojos ajenos. Santana no podía percibir todas las emociones que estaba provocando en Brittany, emociones que la rubia no quería sentir. Mientras que Brittany podía percibir cómo se le iluminaban los ojos a la morena, ya que parecía que estaba recordando el momento exacto en el que Noah la había invitado a salir.

-Te gusta-dijo firmemente Brittany. Lo dijo como una afirmación, una afirmación que no distaba mucho de la realidad.

A Santana le molestó el modo en que la rubia había dicho eso, aún mantenían sus miradas y en la de la morena se podía ver el degrado que le produjo esa aseveración. Tenía miedo. Tenía mucho miedo de que lo que estaba diciendo la rubia sea una irrefutable verdad principalmente porque la ojiazul estaba desenmascarando sus sentimientos, sin embargo eran sentimientos muy tormentosos y muy nublados no sólo por Noah, sino también por otra persona que tenía muy cerca. A pesar de eso, no podía permitir que Brittany la hiciese sentir así, la rubia no tenía derecho de hacerla sentir vulnerable, pero tampoco quería huir a todo eso que estaba sintiendo.

-Y si me gustase ¿qué?-dijo tajantemente Santana-¿te molestaría que fuese la novia de tu hermano?-La pelinegra no tenía conciencia de lo que acababa de decir ni en su idea más abstracta podría entender lo que pasó por todo el cuerpo de la rubia una vez que esas palabras fueron liberadas de su boca.

Como si su vida dependiese de ello, Brittany se levantó de la banca, tomó su cuaderno y caminó rápidamente en dirección a su casa dejando a una aturdida Santana sentada en la banca. Sin embargo, sin perder tiempo, la morena se levantó y corrió hacia la rubia mientras gritaba su nombre. Cuando al fin la alcanzó, la tomó del hombro y la volteó.

-Brittany ¿qué demonios te pasa?-dijo la latina con cierta desesperación.

-Lo siento, Santana. Me tengo que ir, nos vemos luego-dijo la rubia manteniendo todo el tiempo su mirada en el suelo. Acto seguido, siguió caminando-mejor dicho, trotando-hasta su casa. Todo lo que la morena había dicho había calado profundamente en el cuerpo de la rubia logrando que ésta sintiera nauseas y deseos de romper todo. No quería llorar, pero sabía que si sus sentimientos por Santana seguían creciendo, no encontraría otro desahogo que las lágrimas.


Eran alrededor de las seis de la tarde y a esas horas, por lo general, se cerraba el taller hasta el día siguiente. Hoy era el turno de Brittany de bajar el gran portón quién había llegado con muy malos ánimos del parque, Sam creyó que era porque tuvo que cortar su relación con Santana. Era obvio que la rubia, en su inocencia, había llegado apreciar a la morena, sin embargo Sam no tenía idea de lo grande que era el cariño que le tenía la ojiazul a su vecina.

Brittany estaba acomodando un par de herramientas que Noah había dejado tiradas, cosa que a la rubia le molestaba. De un momento a otro, la ojiazul dirigió su mirada hacia la casa de enfrente, recordando lo que había sucedido hacía un par de horas con una habitante de esa gran mansión. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando divisó una figura humana en frente del gran portón tocando timbre. Observó mejor y vio que era un muchacho joven bastante apuesto que llevaba un buen vestir y parecía que le dedicaba tiempo a su apariencia. Vestía una camisa desabrochada hasta el pecho bien formado que tenía, unos jeans impecables, unas botas que parecían bastante caras y unos anteojos de sol que lo hacían tener toda la apariencia de un galán de televisión.

De repente, vio como el portón se abría y de él salía una sorprendida Santana.

-¿Matt?-dijo la morena abriendo sus ojos como platos-¿Qué estás haciendo aquí?

-¿No es obvio? Vengo a ver al amor de mi vida-dijo de manera sobradora y acto seguido tomó a la pelinegra de la nuca y la acercó hacia su rostro para besarla con total libertad y sin pudor. Como si nada de lo que había pasado entre ellos, hubiera sucedido realmente.

La mirada celeste de Brittany miraba con atención toda la interacción y cualquiera podría llamarla masoquista, ya que un gran dolor crecía en ella, pero se mantenía firme viendo esa escena, quería convencerse de que eso realmente estaba pasando. En un momento, no aguantó y se dirigió hacia el interior de su casa dejando todo el taller abierto, la falta de aire se hizo presente y la necesidad de desaparecer de la faz de la tierra se hizo vital.

Llegó hasta la cocina y se apoyó sobre la mesada tratando de mantenerse en pie. Su respiración cada segundo se agitaba más y más y sus ojos estaban rojos de tanta impotencia. Impulsivamente, Brittany tomó una cuchara que se encontraba apoyada sobre la mesada y la arrojó con todas sus fuerzas hacia una pared dejando una marca. Luego, sacó con furia el cajón dónde se colocaban los cubiertos y lo revoleó hacia ningún lugar en particular. Golpeó un vaso de vidrio con su palma abierta, tanta furia se apoderó de su cuerpo que la fuerza con la que su mano impactó el vaso logró que el objeto de vidrio se rompiese sobre la palma de la rubia provocandoles una gran herida, sin embargo ninguna herida física podría alcanzar todo el dolor del que su corazón y su alma estaban siendo víctimas.

Las lágrimas se apoderaron de su rostro y aún no encontraba el autocontrol, no podía detenerse, seguía revoleando y rompiendo cualquier cosa que se posara en su camino hasta que sintió que unos brazos la envolvían de atrás encerrando sus brazos para imposibilitarle a la rubia que siguiera destruyendo todo.

Era Noah.

Al principio, la rubia forcejeó para librarse de esos fornidos brazos, pero luego tranquilizó su cuerpo, pero no sus lágrimas. Sus sollozos eran destrozadores, estaban tan cargados de dolor que podrían romperle el corazón a cualquiera. Lentamente, Brittany fue descendiendo hasta quedar de rodillas en el suelo mientras Noah se arrodillaba junto con ella aún sosteniendola por detrás, pero ahora su hermano no la estaba sujetando, la estaba abrazando para tratar de aminorar un poco el llanto de su hermana.

Eso era imposible. Eso sería imposible.

A partir de ese momento, el dolor sería cosa de todos los días en la vida de Brittany.


Bueno, como ya se habrán dado cuenta, no soy la mejor escritora del mundo. Pero sus reviews me ayudan a saber si sigo escribiendo o me retiro para siempre :D

Gracias por leer.