Capítulo 2

Camino por la calle a primeras horas de la mañana, no se ve nadie por los alrededores así que no necesito fingir, puedo caminar sin rumbo y sin expresión, ya ni siquiera puedo recordar como sonreír. No es necesario que lo recuerde.

Suelo levantarme antes de que amanezca y evitar a mi abuela y a Vanessa, me deslizo silenciosamente por los pasillos, los antiguos pasillos que mi madre solía recorrer, y me escabullo por la puerta principal. No puedo permanecer mucho en casa sin sentirme atrapada, todo lo que miro y todo lo que toco me recuerda a mamá, ni siquiera puedo estar cerca de mi hermana por lo mucho que ella luce como nuestra madre. No puedo mirar a mi abuela a los ojos sin ver su tristeza aún en carne viva mirándome de vuelta y por sobretodo no puedo entender cómo es que ellas no se sienten de la misma forma que yo.

No puedo dejar de pensar que ellas me culpan por vivir y que mamá no lo haya hecho, nunca han dado señales de ello pero si yo me culpo ¿Qué evita que ellas lo hagan? Revivo día tras día, hora tras hora y segundo tras segundo cada momento del accidente y me recrimino a cada instante por no haber sido capaz de sacar a mamá del auto. Si yo salí ilesa se que ella estaría ahora aquí con nosotras, de no ser porque no fui capaz de sacarla a tiempo…

Todo es mi culpa y la culpa es lo único que me mantiene andando, lo único que me da una meta.

He estado caminando como por una hora de forma automática, rogando con todo mi ser que algo pase y yo caiga al suelo como una hoja marchita. Pero lo único que ocurre es que de la nada me encuentro de espaldas en el suelo contemplando el cielo nublado de la ciudad. Oigo unas voces que no reconozco y de pronto unas manos firmes me recogen del suelo y me colocan sobre mis pies otra vez, me encuentro mirando hacia arriba al rostro de un joven rubio de ojos azules quien me sonríe culpablemente.

-Perdona, no te vi venir ¿Te encuentras bien? – él me mira con curiosidad y sé que está evaluando mi aspecto, soy consciente de cómo debo lucir, pero la verdad es que no me he mirado en un espejo en días y no he tenido la energía para darme un baño. Así que sí, luzco como una vagabunda, mi pelo está grasoso y enredado, solo llevo una gran polera bajo mi sucio abrigo y un pantalón que no ha sido lavado en un buen tiempo. Pero realmente no me importa lo que piensen, porque no me importo a mí misma, no hay necesidad de bañarse ni de arreglarse para la muerte, tan solo quiero reunirme con mi mamá nada más.

El chico repite su pregunta, pero yo solo le devuelvo una mirada en blanco, sin intento de fingir que le daré una respuesta o que realmente me importa su presencia, les echo un vistazo a sus amigos y noto que todos me miran extrañados. Sé lo que ven tras la máscara de suciedad, una chica sin expresión, una chica muerta en vida. Una zombie.

Sin quererlo fijo mis ojos en los ojos marrones de uno de los chicos él me devuelve la mirada fieramente y eso me hace recorrer su rostro, veo que está apretando los dientes y las líneas de expresión marcadas alrededor de su cara: su rostro está completamente crispado, como si estuviera enojado…

Les doy una última mirada vacía, cuadro mis hombros y cruzo la calle sin mirar, unos autos se detienen y me tocan la bocina, pero yo sigo caminando y rogando que un auto no se detenga. En ningún momento me volteo pero siento que alguien me mira, siento su mirada quemar en la parte posterior de mi cabeza.

He caminado sin rumbo toda la mañana, pero de pronto me encuentro en una calle que conozco. Estoy en la calle de mi amiga Hallie, bueno la única amiga que tengo ya que nadie más se intereso por mí desde el accidente. Al principio todos estuvieron ahí, pero cuando se dieron cuenta de que perdí el interés por vivir Hallie fue la única que se quedó y la única que yo desearía se hubiera ido.

Ella y yo somos amigas desde que teníamos ocho años, nos conocimos en el colegio y hemos sido inseparables desde entonces, pasamos juntas todos los conflictos de la adolescencia (que en realidad no fueron muchos) y nos protegimos la una a la otra. Todos los demás eran personas que nos rodeaban y con las que nos juntábamos, pero siempre hemos sido nosotras dos. Supongo que eso explica porque ella sigue a mi lado cuando todos los demás se han marchado.

Últimamente he tratado de alejarme de ella, sé que mi muerte podría dejarla en el mismo estado en el que me encuentro ahora, sé que ella se culparía de no ser capaz de ayudarme, pero también sé que ella es más fuerte que yo y que podrá salir adelante y quizás algún día entenderlo.

Poco a poco me he acercado a su casa y ahora estoy parada en la calle del frente, sé que debo irme antes de que me vea, pero de alguna manera estar aquí y ver que ella sigue con su vida me hace sentir bien, no feliz, no sé cómo expresarlo en palabras… De pronto veo un súbito movimiento de su cortina y sé que es mi señal para irme, no puedo permitir que me vea aquí. Pero incluso antes de que alcance a girarme ella asoma su cabeza por la ventana de su habitación y grita:

- ¡Quédate ahí! ¿¡Me escuchaste! – veo su cabello negro moverse con el viento y las manchas de pintura en su polera y me pregunto si estaría pintando. Hallie ha estado interesada en el arte desde que fuimos de paseo al Museo Británico cuando teníamos 13 y a lo largo de los años ha tomado diferentes cursos para perfeccionarse. Lo que es yo quise ser actriz de musicales por mucho tiempo hasta que descubrí que la fotografía me llenaba más, seguí actuando porque disfrutaba de la reacción del público y participé por muchos años en un teatro comunitario. Pero la fotografía pasó a ser todo para mí, mi mamá me regaló una cámara profesional y solía llevarla conmigo a todas partes, pero desde su muerte se ha ido llenando de polvo en mi habitación. No he tenido la fuerza suficiente ni para tomar más fotografías ni para ver las que aun están guardadas en mi cámara.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de Hallie y por el fuerte abrazo que me dio.

- ¡Cariño! ¿Cómo has estado? – Miró fijamente mi ropa pero no me dijo nada – Estás muy delgada ¿Has estado comiendo bien?

Yo la miré atentamente y noté que estaba usando una polera sin pintura en ella y había amarrado su largo pelo en una cola, se había puesto un chaleco sobre su ropa y llevaba una cartera en su mano.

- Joana ¿Estás bien?

- Estoy bien – Evite responder la pregunta sobre la comida, porque la verdad era que no había probado bocado en varios días - ¿Vas a alguna parte?

- Sí – Me respondió sonriente – Iremos al mall ¿ya? Paseemos por la ciudad, siento que no te he visto en días.

Lo cual era cierto pero no lo mencioné, comenzamos a caminar erráticamente, pero siempre con dirección al centro de la ciudad, mientras Hallie me contaba sobre este chico que había conocido en una clase de arte y de cómo él estaba interesado en ella, pero a ella no lo atraía. Traté de escucharla atentamente pero empecé a sentirme extraña, como lejana, me costaba escucharla y mi visión comenzó a hacerse cada vez más borrosa. Me detuve y vagamente escuché la voz de Hallie hablándome pero no entendía lo que me decía, traté de respirar pero me costaba, lo último que sentí antes de ver todo negro fue una sensación de que el mundo giraba a mi alrededor y de que yo no tenía un eje del cual afirmarme.