/Hace 7 días atrás/
{ Primer día de la pesadilla semanal }
- ¡Roderich! ¿Sabes dónde está mi vestido verde? El que es strapless. –Esperé un momento para ver si mi novio escuchaba lo que le decía, y al no obtener respuestas, caminé hacia su salón de estudios, toqué primero antes de entrar.- ¿Se puede? –esbozando una amplia sonrisa.-
- Claro, Liz. Pasa.
Al entrar lo vi sentado en su silla de madera con su escritorio lleno de cuadernos, libros y hojas esparcidas por todo el mueble. Estaba contento, pero a la vez un poco estresado. Me fui acercando lentamente a él, para depositar un beso en sus labios correspondiéndolo de manera cariñosa. Me tomó de la cintura y me sentó en sus piernas para tomar un mechón de mi cabello para besarlo y luego subir a besar mi mejilla de manera juguetona, pero, sin intensiones de sobrepasarse, mas provocó un sonrojo en mis mejillas o eso creo yo al sentir mis mejillas arder.
- Ahora dime, ¿Qué sucede, mi amor? –Su mirada penetraba tan fuerte y profunda en la mía.-
- Es sólo… Que buscaba mi vestido verde strapless.
El me levantó de sus piernas y caminó hacia nuestra habitación entrando a mi gran y profundo armario (Que más bien parecía una habitación) y de un dos por tres, encontró sin ningún esfuerzo el vestido que estuve buscando durante horas. Me lo pasó y me sonrió, besando mi mejilla y se fue a la sala de estudios.
Era cierto que Roderich siempre fue un caballero, pero cuando me pidió casarse conmigo hace como 6 meses, luego de estar juntos por más de 6 años, nos vinimos a vivir a esta gran casa y además, fue cambiando de a poco, porque ya al vivir juntos, las cosas no eran iguales a cuando estábamos en su departamento o en el mío y sí, me impresiona saber que no perdí mi virginidad con él, lo cual a veces me arrepiento tanto ya que él siempre me amó… Pero, eso ya es historia vieja y él jamás tuvo problemas con eso, ya que por lo menos ahora soy sólo de él.
Yo aún tenía mi departamento de soltera, pero, más que a nada porque a veces Roderich tenía que quedarse en plena calma para terminar sus trabajos, por lo que me iba a practicar nuevos platos a mi antiguo departamento y le iba a dejar la comida y volvía, a veces en un mes me podía ir un día o incluso 3 días, pero, somos una pareja comprensible… Y creo que ahora a una semana de casarnos y Rode metido tanto en redactar su tesis y preparar los juicios, que creo que tendría que irme de la casa, además de que mis amigas deseaban celebrar mi despedida de soltera y los detalles del vestido y yo quería hacer nuestro pastel… Me quité la camisa de mi prometido que me había colocado para dormir y busqué mi sostén, me lo coloqué delicadamente y subí decidí cambiarme de calzones a unos de color verde con encaje que hacía juego perfectamente con mi sostén y me coloqué el vestido. "No está nada mal" Pensé mirándome al espejo. Y me fui a cocinar algo para el almuerzo.
Ya era de noche y Roderich sólo había salido para almorzar y el resto del día se la pasó encerrado en el cuarto de estudios. Yo me encontraba preparando la cena ya, un delicioso Goulash. Revisé como por milésima vez el comedor y como todo simétricamente estaba ubicado a la perfección en la mesa. Las velas, el mantel rojo con blanco, los individuales de color rojo carmesí, las dos copas, el vino en el balde con hielo, los cubiertos, las servilletas; sí, todo estaba en perfecto orden.
Comencé a servir el Goulash en los platos y los coloqué en la mesa. Roderich, era un poco maniático con el orden, pero, con el tiempo me he acostumbrado a ese orden, dejé el delantal colgado en la cocina y me fui a sentar prendiendo las cuatro velas sobre el candelabro de cuatro brazos que teníamos en nuestra mesa.
- Cariño, la cena está servida.
No faltó mucho para que abriera la puerta del dormitorio y saliera un perfecto y ordenado austriaco por el umbral de esa habitación y acercarse al comedor. Me besó en la cabeza y se sentó frente a mí. Nos colocamos las servilletas sobre nuestro regazo y tomamos tenedor y cuchillo para comenzar a comer.
- Estuvo todo de maravilla como siempre, Liz.
- Muchas gracias, Rode. –Esbozando una amplia sonrisa al ver feliz terminando de comer a mi futuro esposo.- ¿Cómo va la tesis? –Al preguntarle sobre esto, suspiró y dejó a un lado el servicio para mirarme de manera seria. Sinceramente, sé que me diría, pero, aún no me deja de preocupar el que se ponga serio.- ¿Q-Qué sucede?
- Necesito que nos dejemos de ver esta semana antes del matrimonio, querida. Tranquila, es sólo por lo de la tesis y como tienes que ver los últimos detalles del matrimonio necesito tranquilidad para poderme concentrar, nada más que eso. –Creo que notó el nerviosismo en mi cara para que respondiera con tanta facilidad a mi preocupación.-
- Está bien, entonces, me iré esta noche a mi antiguo departamento. ¿Realmente no necesitas ayuda mi amor? –Dije en un tono de preocupación.-
- No. Realmente, estaré bien solo. Y yo me preocuparé de la comida, me alimentaré… Así que puedes irte tranquila a tu departamento, el viernes tengo que presentar la tesis, así que nos veremos el sábado en el matrimonio, ¿Estás de acuerdo?
- No hay ningún problema. –Me levanté levemente de la mesa para acercarme a su cara y besarlo en los labios.- Pero, prométeme que dormirás y comerás bien.
- Lo prometo. –sonriéndome de manera caballerosa.-
- Bien, entonces levantaré la mesa y tu regresa a trabajar. Haré mi mochila con mis maquillajes y pasaré a la sala a despedirme luego, ¿Si?.
- Por eso, no me arrepiento en ningún momento de poderme casar contigo, Elizabeth Héderváry.
Luego de lavar la losa y guardarla, hacer mi mochila con un poco de ropa y maquillaje, me fui a despedir de mi novio. Y aquí me encuentro en un taxi camino a mi antiguo departamento. Le pagué lo que debía al taxista, colgué el bolso en mi hombro y decidí entrar en el gran edificio. Saludé al conserje del lugar que era bastante viejo, pero muy encantador, y se alegró bastante de verme. Me aproximé al ascensor y presioné el botón para subir, entré y apreté el botón del piso 16 donde se encontraba mi departamento.
Salí del ascensor y… sí, creo que mi noche se arruinó bastante.
- ¡Hey, húngara! –dijo un borracho albino, que se encontraba con dos voluptuosas jóvenes, una morena y la otra rubia. Decidí ignorarlo y sacar mis llaves para abrir la puerta de mi depa.- Oye, responde cuando te hablan. –seguí ignorándolo.- Mejor vámonos mis pollitas.
Me dio un poco de repugnancia verlo en ese estado. Pensar que estuve con ese imbécil alguna vez, desde mi noviazgo con Roderich que comenzamos a llevar una muy mala relación, pero, que a la vez era bastante "agradable" o simplemente me había acostumbrado a ello. Discusiones, peleas, golpes, etc. habíamos formado una relación bastante atípica, mas, nos agradaba tener ese tipo especial de relación. Aunque, luego de que en la junta de Ludwig, Roderich me haya propuesto matrimonio frente a todos nuestros amigos, su comportamiento cambió bastante.
Opté por irme a dormir y esperar al siguiente día donde esperaba que todo pudiera mejorar. Poder cocinar bastante, escribir un poco que era mi pasatiempo favorito cuando me encontraba en mi departamento. Si había algo que me encantaba de mi departamento, era mi gran cama King, que compré con mucho trabajo. Tenía un depa bastante amplio y muy bien decorado. Me recosté sobre la cama aún con la ropa puesta, inspiré hondo para relajarme un poco… El silencio era tan reconforta-
- ¡Ah! ¡Gilbert!... ¡N-No tan fuerte!
- Dame más, dame más, Gilbert…~ ah…
Tenía que ser una broma. Como tan descaradamente…. Este albino… ¡Arg! Prendí la radio a un volumen bastante alto para no escuchar como ese imbécil disfrutaba con sus "amiguitas", recostándome sobre la cama, "Todo mejorará mañana, una semana pasará bastante rápido"…
