{ Segundo día de la pesadilla semanal }

Un rayo incomodaba mi vista. "¿Qué hora será?" Miré el reloj de mi cómoda, eran las 5 de la tarde, había dormido bastante. Me levanté como pude y me fui a bañar. Me quité lentamente el vestido y mi ropa interior. Abrí la llave del agua caliente y me metí debajo del chorro de agua que comenzó a recorrer mi cuello… las gotas dibujaban perfectamente el contorno de mis pechos y bajando por mi entrepierna para recorrerlas hasta llegar a juntarse con toda el agua al final.

Creo que estuve cerca de 30 minutos bajo el agua y tomé una toalla de color verde bastante corta que dejaba poco a la imaginación y salí afuera del baño.

- Vaya, ese austriaco parece que te ha hecho cambiar bastante, Elizabeth. –Dijo con una sonrisa burlona en sus labios con mi sostén en una de sus manos y en la otra con mis pequeñas bragas con encaje.- Cuando te conocí, solías usar un sostén simple de color blanco y unas pantaletas de color blanco, pero que de todas formas… ese color tan fome te iba a la perfección. Ahora hasta encaje tienes en tu ropa interior. –Estaba tan anonadada de verlo con mi ropa en sus manos que se me olvidó el hecho de que mierda hacía en mi departamento.-

- ¿¡Qué crees que haces en mi departamento! Y… ¿Cómo se te ocurre tomar mi ropa interior? –Corrí a quitársela pero, fue más rápido y me esquivó.- Ya devuélvela y dime como mierda entraste…

- ¿La llave arriba del umbral detrás del número de la habitación? Yo guardo también así la llave de repuesto, preciosa. –dijo mirándome de arriba abajo. Sí, oficialmente me causa repugnancia.-

- Sal de mi casa.

- ¿Te abandonó el señorito antes de una semana a casarse? Hace tiempo que no volvías a tu departamento.

- Ya vete, no es de tu incumbencia lo que haga o no haga, lo que pase o lo que no pase en mi vida privada. –Sólo quería que se fuera, además, estaba con sólo una toalla alrededor de mi cuerpo.- Además, tienes a tus amiguitas. ¿Para qué venir a mi departamento?

- Porque estás tú… -Le miré un poco confundida por sus palabras y la seriedad en su voz, ¿Acaso me estaba tomando el pelo?.- Vamos, Liz, no sé de ti hace… como 6 meses.

- Será porque tú te convertiste en un grandísimo idiota luego de que me comprometiera con Roderich. Y ya, en serio, vete. Tengo que vestirme.

- Como si no conociera cada centímetro de tu cuerpo…– ¡Hacía que me hirviera la sangre! Al ver que no se movía de mi sillón, decidí por un momento sentarme en el sillón de al frente.-

- Volví porque Roderich necesita un poco de tranquilidad para terminar las últimas cosas de la carrera. ¿Bien? Por eso volví, además de terminar los últimos preparativos para el matrimonio.

Su rostro cambió al escuchar la palabra matrimonio. Y volvió a recorrer con sus diamantes rubíes mi cuerpo, como si fuera un delicioso platillo.

- Realmente, estás muy buena, húngara. -¿¡Qué acaso no me estaba escuchando! Tomé un cojín y se lo arrojé con todo a su cara.- ¡Auch! Pero, aún conservas tu agresividad de hombre.

- Gilbert, ¿Por qué mejor no me dejas sola? Quiero vestirme, cocinar algo y escribir, salir o lo que sea. Tengo que terminar de elegir el sabor del pastel, el color y esas cosas. Así que amablemente te pediré que te VAYAS de mi casa.

- No… Mejor me quedo para cenar, además, hoy no llevaré a ninguna AMIGA a mi casa -¿P-Por qué me miraba de esa manera? Si quería sacarme celos, debe estar muy equivocado.- Sabes que adoro mi libertad y el estar sólo, odio atarme a las personas o a las cosas, pero, creo que me quedaré en tu departamento -¿¡Qué! ¿Acaso era una broma?.-

- ¡NO! ¿Qué te crees? Estoy a una semana de casarme y tú ¿te quieres instalar en mi casa? Ah, no. Eso, sí que no.

- Y ¿Por qué no puedo?... Acaso… -Se fue acercando peligrosamente a mí, a pesar de que… han pasado más de 7 años sin estar con él en la intimidad… aún me pone muy nerviosa el tono de su voz.- ¿Temes serle infiel al señorito con este increíble hombre?

- Pero, ¿De qué mierda hablas? Ya, quédate si quieres, pero, no me molestes. Me da igual lo que quieras hacer, pero, no hay razón por la cual debas quedarte en mi casa, siendo que eres mi vecino.

- Sí, pero, tengo la casa tan desordenada después de ayer que me da un poco de pereza volver. –Se sentó en la mesa mirando mis piernas.-

Realmente, era todo un descarado. ¡Cómo lo detestaba! ¿Es que no tenía nada más que hacer que molestarme? Me levanté del sillón y le di la espalda caminando hacia mi habitación.

- Ya, mejor me iré a vestir. Quédate aquí que yo volveré en un mom-

Agarró con fuerza mi brazo y me atrajo hacia él, lanzándome al sillón provocando que mi toalla se soltara dejando al descubierto todo mi cuerpo.

- Vaya… Si que han crecido desde la secundaria, meine liebe.

Me sonrojé a más no poder. Tomando con una de sus grandes manos mi pecho izquierdo apretándolo con fuerza y con su dedo índice moviendo en círculos mi pezón, provocando rápidamente que mi pezón se pusiera dudo. Elizabeth… no debes dejar que juegue así contigo… Estás comprometida, a una semana de casarte… No, no dejes que juegue así contigo, no soy ningún juguete. No claro, que no lo soy…

- ¡GILBERT ~!

No sé en qué momento, pero, ya tenía gran parte de mi pecho derecho dentro de su boca y con su lengua acariciaba lentamente mi pezón, provocando que se pusieran aún más duros y erectos. Mis mejillas me comenzaron a arder y mi mirada se nublaba… Por favor, detente, imbécil… Se acercó a mi oído Sólo tú puedes saciar esa bestia dentro de mí. ¡Dios! Como me ponía este hombre. Sus palabras me queman. El sólo hecho de colocar un dedo sobre mí, quemaba mi piel.

- Jajaja. Ay, húngara loca. Que divertido es verte de esta manera… a mi merced. Me recuerda a nuestra… -susurrando a mi oído.- primera vez. -Mis mejillas ardían, pero, ya no era sonrojo, era por la rabia que me causa este imbécil.

- ¡Eres un grandísimo patán, Gilbert!

- Ahora, tu cuerpo ya no es tan fiel al señorito… si es que te ha tocado como yo puedo hacerlo.

- Fíjate que lo hace aún mejor que tú, ¡mil veces mejor que tú!

Agarré la toalla y la coloqué alrededor de mi cuerpo y me fui como si estuviera pisando huevos a mi habitación mientras escuchaba como ese estúpido prusiano se reía y me gritaba puras estupideces. Cerré mi puerta con fuerza y me apoyé contra ésta… "¿Cómo es que alguna vez estuve enamorada de tan gran idiota?... Yo amo a Roderich y dejé que él me tocara sin ninguna dificultad. No, no es eso. Es sólo que él me agarró desprevenida, si… Si, eso fue, no fue mi culpa, es de él." Me fui a mi armario a buscar una blusa blanca y unos jeans ajustados, y caminé hacia la cocina y ese idiota seguía sentado en el living, muy cómodo viendo la televisión. Decidí ignorarlo nuevamente. ¿Roderich se había olvidado de que vivía al lado de este imbécil? O ¿Simplemente confía en mí y en que éste ser repugnante siguiera su vida? Pero, que inocente novio tenía.

Cociné un pastel pequeño de chocolate con frambuesa, otro de fresas con crema y otro de chocolate con naranja. Corté dos trozos de cada pastel y los coloqué en dos platos. Salí de la cocina y coloqué los platos en mi mesa estilo americana y desde la cocine le apagué la televisión.

- ¡Hey! -Lo miré seria y apunté debajo de mi donde estaban los dos platos y se acercó corriendo como un niño en navidad a abrir sus regalos para probar mis pasteles.- Se ven muy bien para que los hayas hecho tú, Eli. –Hace mucho que alguien me llamaba de esa forma. Solían hacerlo mis padres y… él… Pero, todos me llamaban Liz de forma cariñosa. Mientras, me consumía en mis pensamientos y recuerdos, miré a Gilbert y ya sólo quedaba un pastel en su plato.- Realmente, están deliciosos.

- La cosa no es sólo alimentarte, idiota. Necesito saber cuál sería el perfecto para la fiesta. –Su semblante cambiaba cada vez que nombraba algo relacionado con la boda, miró el pastel y luego comiendo un gran trozo del último que le quedaba en el plato.-

- Él de fresas… Para darle algo de vida a tu aburrido noviecito.

Decidí ignorarlo, dejé de comer y me fui a mi cama. No podía lidiar más con esto. Roderich, madre, padre: perdónenme por este estúpido error de volver a mi departamento, prometo pedirle a Gilbert que se vaya.

Miré el reloj y eran las 3 de la mañana. Aún podía oír la televisión y fui al living para poder decirle que se fuera a dormir y ahí lo vi, tranquilo y pasivo. Un Gilbert que no veía desde mis años de colegiala despreocupada y poco femenina. Me senté en el piso y me quedé a verlo dormir sobre mi sillón… Tomé una manta y se la coloqué encima. Acaricié con delicadeza sus cabellos, apagué la televisión y me levanté cuando siento una mano que sujeta la mía y murmura algo que era para nada entendible. Quité su mano de la mía y lo dejé ahí acurrucado sobre mi sillón y corrí a mi habitación. Me acosté sobre mi cama cubriéndome hasta la cabeza con las sábanas… ¿En qué momento nuestra relación se quebró? ¿Por qué se quebró?... Esas palabras fueron agolpando mi cabeza hasta sentir que de a poco iba a cayendo a los brazos de Morfeo.