{ Cuarto día de la "pesadilla" semanal }
Me aferré a mi almohada, acurrucándome sobre ésta. Estaba un poco dura y caliente, pero no me inmuté mucho por eso. Tal vez todo lo que pasó anoche fue un sueño. Claro, era todo un sueño. ¿Cómo podía ser tan mala mi suerte de que Gilbert me viniera a molestar dos días seguidos? Además, que cuando había llegado el ya no estaba. Si, seguramente la canción de Chayanne que había oído me trajo recuerdos del pasado, me quedé dormida y perdí la noción del tiempo. Si… Eso había sucedido.
- Buenos días, dormilona. –Abrí los ojos de golpe al oír su voz y sentir un brazo detrás de mi espalda ¡Desnuda!. Lo empujé de la cama tapándome con las sábanas.- ¡Oye! ¿Así le agradeces a alguien que te estuvo cuidando toda la noche mientras llorabas como una niñita?
- ¿Q-Qué me hiciste? –Le dije mirándolo con un poco de temor y tomando una sartén que se encontraba detrás de mi cama.-
- ¡Ey! Tranquila, preciosa. Baja la sartén. Ayer te vine a ver, te canté una canción que tu también cantabas, esa que te dediqué en el viaje a la playa. De la nada comenzaste a llorar y te desmayaste. –Lo miré incrédula, ¿Entonces, soñé todo lo demás? Pero… No había explicación para que estuviera desnuda.- Te llevé a tu cama y te quité la ropa, fíjate que te dejé los calzones puestos. No saques conclusiones tan rápido. No me acuesto con chicas que lloran toda la noche diciendo tu nombre con insultos.
- Y, ¿por qué no me colocaste una pijama o algo?
- Pues, no sabía dónde podía estar, y era tan tarde que me daba pereza buscar entre todo tu armario. ¿Feliz?
- Si… creo que sí… -Suspiré y me levanté de la cama tomando una blusa de color carmesí que estaba en el suelo, me la coloqué encima para cubrirme.- G-Gracias…
- ¿Qué dijiste? –diciendo en tono burlón.-
- Gracias… -casi en susurros.-
- No te oí~
- ¡GRACIAS!
Sonrió como satisfecho de que le haya dado las gracias. Realmente, es un grandísimo idiota. Se acercó a mí y tomó uno de mis pechos con sus manos y le pegué con mi sartén, dejándolo noqueado en el suelo de mi habitación. Tomé un peto y unos short y caminé hacia el baño.
Abrí la llave del agua y llené por completo la tina. Me quité la blusa roja y mis calzones y me introduje dentro de la tina. Tal vez, estoy comenzando a alucinar. Ahora que lo pienso, sólo me había dedicado a tomar un poco de vino en las noches, de los suaves… Y tal vez mi resistencia a una lata de cerveza es nula ahora y soñé algo extraño. Seguramente fue eso, pero, de cierto modo… me hace feliz que Gilbert haya venido a cuidarme. No es algo que soliera hacer él, pero, fue tierno de su parte…
¿Qué? ¿Dije tierno? No, no, no. Ahora no sólo la cerveza me afecta, sino que también el agua. Hundí mi cabeza debajo del agua, salí de la tina, me coloqué un sostén simple, un peto y los shorts. Escuché la televisión y me fui a mi habitación para sacar una blusa escocesa amarrándola dejando al descubierto mi ombligo y unas botas vaqueras. Me miré al espejo arreglando un poco mi mojado cabello y me fui al living sentándome al lado del albino.
- ¿Salimos a almorzar o día de películas? Tranquila, que yo invito. –Me sorprendió un poco la actitud que estaba tomando. Sonreí de lado y me apoyé en su hombro como solíamos hacerlo en los viejos tiempos.-
- Opto por el día de películas y pedir algo para comer.
- Trato hecho. –Sacó su celular y marcó a una pizzería.- ¿Lo de siempre? –Dijo mirándome con cierta duda en la cara por lo que asentí un poco extrañada, ¿Aún se acordaría de la típica pizza con extra queso, pepperoni y un poco de tomate.?.- Una pizza familiar con extra queso, peperoni y tomate. Si, muchas gracias. –Cortó la llamada y guardó su celular. Me volvió a mirar y se comenzó a reir a carcajadas.- ¿A caso crees que me olvidaría de tu pizza favorita?. Ya cambia esa cara, que te entrarán moscas en la boca.
Habían pasado bastante tiempo desde que comíamos pizza. Pero, el simple hecho de que un hombre que sólo se preocupe por él se acuerde de un detalle tan pequeño e insignificante, y debo admitir que logró alegrarme un poco el día.
Me acerqué a una cómoda donde tenía un montón de discos y saqué una pila de ellos poniéndolas sobre la mesa. Nos colocamos en el suelo y comenzamos a buscar una película y entre toda la pila que había entre los dos tomamos el mismo CD gritando al unísoro "Veamos este". Nos miramos y nos reímos un poco de la situación. En eso, decidí tomar otro DVD y le dije que viéramos primero ese, ya que, era mejor para comenzar ese día de películas y sonrió en forma de aprobación. Fui a colocar el CD en el DVD y me fui a sentar a su lado. "No Strings Attached", a ambos nos gustaban las películas de comedia con un poco de picardía y era un tanto larga por lo que sería perfecta para verla a esa hora del día.
Cuando estaban en la parte donde están en el living de Emma y sale Adam un poco desorientado sin saber con quién se pudo haber acostado en la noche pasada, suena el timbre por lo que pusimos en pausa la película y Gilbert se levantó del sillón a abrir la puerta.
- Muchas gracias, que tenga un buen día. –caminó hacia el sillón y colocó la caja sobre la mesa abriéndola y sacando un pedazo de la pizza y echándosela a la boca.- Está deliciosa.
- Y hablas clarito aún con la boca llena. –Sonreí sacando un pedazo de pizza y poniendo play nuevamente a la película.-
Estaba tan metida en la película que se me había olvidado el hecho de que estaba con Gilbert. En ese momento, me di la vuelta y me encontré con esos… grandes… y brillantes ojos rojos… Ambos nos habíamos dado vuelta para mirarnos al mismo tiempo y sentí su mano sobre la mía. Sentí que mis mejillas ardían y giré nuevamente mi vista a la película, a pesar que mi concentración no estuviera pendiente realmente en el DVD.
Seguimos mirando la película sin inmutarnos mucho, hacía como si estuviera pendiente de ésta pero, mi atención estaba en esa mano que tomaba la mía con fuerza y seguridad. No sabía qué hacer. Hace ya mucho tiempo que no tenía un contacto tan cercano con Gilbert. O sea, me había manoseado en estos días, pero, esas cosas para él son todo un juego. Tal vez, seguramente ahora dentro suyo debe estar muerto de la risa porque no me he zafado de su agarre, pero, había olvidado cuan cálida era su mano.
Por muchos años, el albino que está sentado a mi lado fue un hermano, uno de mis amigos más cercanos, realmente llegué a amarlo. Cada cierto tiempo, miro fotos de nuestros años de colegio. Era un cretino, un idiota, un imbécil, un sonso, un cabeza hueca, un tonto, mas, estuve enamorada de ese imbécil. Cerré con fuerza mis ojos intentando pensar en otra cosa. Tenía su risa y su voz metida dentro de mi cabeza y me sofocaba el sólo hecho de andar pensando en él.
- …abeth… ¡Elizabeth! –Lo miré un poco asustada.- Ya acabó la película. ¿Qué te sucede? –Su semblante era de preocupación y solté con rapidez su mano.-
- No. No es nada. –Me levanté y cambié el CD para poner ahora la otra película que íbamos a ver… Eran aproximadamente las 17:15.- Ya vengo. –Luego de colocarla me fui al baño a echarme un poco de agua en la cara.- ¿qué te sucede, Liz? –Me sequé la cara, tiré la cadena para disimular.- Tranquila, que todo estará bien. –En mi interior, sabía que de verdad era peligroso seguir conviviendo estos días con él. Caminé hacia el living y lo vi sentado tan tranquilo, esperándome.- Gilbo, ¿Quieres pop corn?
- No estaría mal.
Noté un poco de sorpresa en su cara y preferí ignorar un poco el por qué de su expresión. Partí a la cocina a buscar dentro de uno de mis tantos muebles de la cocina donde había dejado un paquete de pop corn. Al encontrarlo lo metí en el microondas para esperar a que estuvieran listas, las coloqué en un recipiente y me devolví al living sentándome a su lado sosteniendo el bol sobre mis piernas. Tomé el control y le puse play a la película, ahora era hora de "Sherlock Holmes".
Tenía la mirada hacia la televisión, y en eso siento como el albino se coloca muy cerca de mi cara, sintiendo como mi respiración chocaba con su mejilla y saca un poco de pop corn. Sentía como mi corazón palpitaba a mil por hora, pero, intentaba ignorarlo a toda cosa. ¿Qué hacía este idiota para ponerme así?
Nuevamente volvió a hacer lo mismo, y así estuvo una, dos, tres, cuatro y como unas ocho veces más. Decidí colocar el bol a mi lado izquierdo, para que dejara de hacer eso, pero, al final terminé empeorándolo ya que pasaba sobre mí para poder sacar más pop corn. Sentía que me comenzaba a marear y faltar el aire. Debí haberlo colocado al medio de nosotros, pero no, la tonta tenía que poner las cabritas más lejos de él y terminara sobre mí. Lo miré un poco molesta y comenzó a hacerlo aún más seguido. Seguro lo hacía para molestarme y si, estaba surtiendo efecto su plan.
- ¿Puedes detenerte? –Dije un poco irritada.-
- ¿En serio quieres que me detenga, Elizabeth? –Volvió a hacer lo mismo con las cabritas y lo empujé con nula fuerza por lo que fácilmente logró tomar una de mis manos.- Sé que dentro de ti, hay todavía un poco cariño. -¿De qué hablaba este idiota? Sólo quería que se callara, giré mi cabeza y cerré con fuerza mis ojos.- No lo niegues, Eli. Tu sonrojo te delata. Tus labios tiemblan… -Abrí mis ojos mirando por la ventana tratando inútilmente de encontrar una salida, pero ya todo estaba oscuro, al igual que una sala de cine.-
- Por favor, detente… Gilbo. En serio, para. –Sentí más fuerte su agarre y tomó mi otra mano entrelazando ahora su zurda con mi diestra, tirándome contra el sillón, sintiendo como el bol lleno de cabritas se cayó al suelo.- Tengo que recogerlo –Evitando su mirada, intenté moverme pero mi esfuerzo era nulo. Miré de reojo al que ahora se encontraba sobre mí y noté en su mirada un brillo cristalino… Tenía ganas de llorar. Sólo quería que dejara de ser tan cargante.-
- Eli… -Dijo acercando su cara a la mía, comenzando a besar mi mejilla delicadamente y con bastante sutileza.- No te imaginas cuantos años extrañé que me llamaras Gilbo...
Lo miré incrédula de lo que había dicho, y claro, tenía razón. No le decía de esa manera desde que fuimos pareja. Sentí algo sobre mis labios, abrí mis ojos y ahí estaba él, besándome de manera cariñosa cambiando un poco el agarre a uno más natural, sin tanta fuerza. El roce de sus labios sobre los míos provocaba tanto en mí, me llegaba a quemar por dentro, entreabrí levemente mis labios y sentí como introducía lentamente su lengua dentro de mi cavidad bucal. Sentía que ya no era yo misma, dejé que recorriera a su gusto toda mi boca hasta que un simple roce de su lengua contra la mía hiciera que la mía comenzara de manera fogosa a entrelazar y acariciar la de él. No podía entender, ¿Por qué con Roderich jamás he sentido que un beso sea de ésta manera? Me encendía completamente, provocaba demasiadas sensaciones en mí que ni lograba explicar, la sensación de sus labios contra los míos era la percepción de que encajaban a la perfección cada movimiento y cada roce que había de labio contra labio. Nos devorábamos las bocas por bastante tiempo, se me hacía eterno. Comenzó a tomar total posesión de mi lengua succionándola con sus labios. Soltó mis manos y me sujeté de su cuello, por lo que bajó por mi cintura dibujándola con sus manos llegando a mi cadera para tomarla con fuerza y colocarme en su cintura sintiendo lo duro y grande que se estaba colocando su "Gilbird" (Apodo que le habíamos dado a su miembro hace bastante años). Sabía que estaba muy mal lo que estaba haciendo, pero, mi cuerpo estaba actuando por inercia. Sentía el palpitar de mi intimidad deseando de cierta forma que me penetrara lo más rápido posible, que me hiciera sentir mujer como sólo él sabía hacerlo…
- Roderich… -Musité en un gemido sin darme cuenta. Me separé levemente de él al sentir como sus manos perdían firmeza.- Perdón… No fue mi intención. – No había razón para pedir disculpas, pero… Me sentí mal al sentir como su semblante cambió.-
- Hmp. –Dijo sentándome en el sillón y sacándome de encima suyo, mirando la película. Era inútil preguntarle si estaba molesto, su expresión era evidente.-
El transcurso de la noche se mantuvo callada. Durante la película no me volvió a mirar, sólo se cruzó de brazos y estuvo con el ceño fruncido en lo que quedaba del filme. Al término de la película se recostó en el sillón sin dirigirme la palabra. Sabía que había arruinado un poco el entusiasmo, pero estaba a días de casarme con un hombre que SI me ama realmente, tal vez, el único que me amó y me quiso de verdad…
Eran las diez de la noche y fui en busca de una manta para Gilbert que yacía dormido sobre el sillón. Y preferí irme a dormir. Creo que le rompí el ego de algún modo, pero, era claro que Roderich era mejor que él en todo sentido, no sé en qué momento de mi vida pude haber llegado a dudar de ello, era simplemente increíble que haya caído rendida a los pies de este tipo amante de los pollos. ¿Qué había visto en él?... Aún, a pesar de haber pasado muchos años, no logro entender qué vi en él.
