{ Quinto día de la pesadilla semanal }
No recuerdo con claridad cuándo o en qué momento me quedé dormida anoche, pero, lo que si estaba claro, era que ese albino aún seguiría acostado en el sillón de mi living. Abrí los ojos lentamente, cubriéndome la boca al bostezar, me puse de pie, tomé una camisa que se encontraba por ahí y salí de la pieza para encaminarme al sillón y no lo vi ahí… Espera, ¿Dónde se metió Gilbert? Miré desesperada a todos lados, temía que se haya enojado después de lo que pasó anoche (Aunque sinceramente yo debería ser la enojada), y no lo encontraba por ningún lado. De repente me percaté de un olor que salía en la cocina, olía bastante bien ¿Había preparado algo anoche? Realmente no recuerdo mucho.
Al acercarme, vi sobre la mesa unas tostadas, mermelada, mantequilla, dulce de leche, dos tazas y todo perfectamente puesto en la mesa. Tragué saliva bruscamente, ¿qué tal si Roderich vino y me preparó este desayuno, se peleó con Gilbert y lo echó? Me empecé a poner nerviosa, sólo alguien como mi novio podría dejar tan simétricamente puesta la mesa. Me acerqué para mirarla mejor y me fijé que había una cuchara colocada un tanto desordenada y cuando la acomodé, pegué un salto y un grito en el cielo al sentir unas manos sobre mis caderas.
- ¿Dejé algo mal puesto en la mesa, querida? –Se comenzó a reír a carcajadas de mí. Seguramente tenía una cara bastante sorprendida y estúpida para que se riera de esa manera.- Esto era para pedirte perdón por lo de anoche, creo que me sobrepasé. –Desde el fondo de mi corazón, con toda sinceridad, no esperaba que ÉL hiciera algo así.- Pero, no creas que hago esto por cualquiera, porque a mí es al que deberían obsequiar desayunos de esta categoría. –Y… Había vuelto a como es siempre.-
- Gracias… -dije sentándome en la silla para comenzar a servirme un poco de té y echarle azúcar, hasta que cierta mirada comenzó a incomodarme.- ¿Qué tengo?
- Nada… Es sólo que, tu "ropa" esta mañana es realmente seductora para desayunar. –Escupí el té que tenía en la boca mirándolo molesta.- vaya, si que sigues siendo una marimacha.
- No te imaginas como me encantaría sacarte los ojos…
En cierto modo, sabía que tenía razón, pero, la confianza que existía entre nosotros dos provocaba en mí una sensación casi de comodidad en el hecho de andar por mi departamento en ropa interior. Mi sostén y mis bragas negras con encaje negro, debo admitir que era uno de mis favoritos (Y que a mi novio le fascinaba), pero, que me daba igual que este imbécil que desayunaba casi más con su mirada que con su boca estuviera mirándome.
Tomé todas las cosas de la mesa metiéndolas al lavaloza y me coloqué unos guantes, me quite la camisa y me puse un delantal, luego agarré dos escobas lanzándole una a Gilbert.
- Hoy es día de limpieza y me ayudarás, ¿Claro?
- Si haces aseo así, no tengas dudas de que te ayudaré… Pero, tengo una condición. –Lo miré esperando su respuesta.- Déjame colocar mi MP3 mientras hacemos el aseo.
Asentí y apunté hacia mi radio. Esperé a que conectara el MP3 en mi radio, no sé porque pero mi corazón latía muy fuerte como si estuviera esperando algo, y, sin darme cuenta la música que colocó me traía nostalgia como una fuerte punzada en mi corazón. Mi vista se comenzó a nublar y lo veía tan borroso mientras con la escoba comenzaba a barrer el piso. Ya había comenzado a temer sobre las cosas que podría hacer, por su culpa no me sentía en mis casillas. La música que sonaba eran canciones que sin duda me recordaban a nuestro romance, alguna vez recuerdo haberle dicho cuando me agradaba esa canción, y suponía que la música la había dejado aún después de terminar. Era mi grupo favorito el que sonaba ahora mismo, un grupo que me había mostrado Antonio y que me había gustado mucho al punto de llegar a ser uno de mis favoritos.
- Yo solía pensar que sabía quién eras tú. No sabía que dentro de ti, yo iba encontrar la luz. No sabía que existía un mundo así, no sabía que podía ser tan feliz.–Me sonrojé un poco al escucharlo cantar y sonreírme de paso con esa sonrisa que… a pesar del tiempo, por un segundo, me sentí en esa época en que era una niña de sólo 15 años.-
- Y llegaste tú y me sorprendió el poder que había en este amor –Le sonreía y barríamos junto cantando la canción al unísono.- …y llegaste tú, una bendición aún recuerdo cuando llegaste tú…–Lo miré y su semblante era serio, pero con un toque dulce mirándome fijamente. Desvié rápidamente mi mirada. Sabía que podía caer en cualquier momento nuevamente por su hechizo. El que cantara con tanta emoción esa parte de la canción, me apretó de cierta forma el corazón.-
Las canciones continuaron pasando y casi gritábamos en vez de cantar. Casi todas las canciones eran de nuestra época de noviazgo y de amistad. Me traía muchos recuerdos. Comenzamos a limpiar los vidrios, la terraza, mi habitación y terminamos por la cocina. Fuimos al living y nos acostamos en el piso reluciente de mi depa, respirando agitados luego de tanto aseo. Lo vi con una sonrisa de satisfacción y me alegré de verlo así, creo que valió la pena que despejáramos nuestros problemas y no nos acordáramos de las peleas.
- ¿Puedo poner una canción?
- Claro –Me arrastré prácticamente hacia la radio y tomé el mp3 buscando una canción que sabía que estaba ahí.- ¿Cuál pondrás? –Me giré y limité a sonreir, mientras el permanecía en el suelo y vi como se cubría la nariz.- Eli, de verdad que necesito que te pongas algo de ropa. Provocas a que quiera comerte. –Me sonrojé muchísimo, coloqué la canción que buscaba y me levanté a mi habitación para colocarme algo de ropa. Me puse una simple camisa con algunos botones desabrochados y una falda corta de jeans. El albino al mirarme se quedó con la boca abierta, le iba a decir que le podrían entrar moscas pero, preferí callarme. Me senté a su lado y le cerré la boca tomándolo del mentón.- Tu tratas de provocarme.
- ¿Qué? ¿Estás loco? Sólo tomé lo primero que encontré.
- Bueno, ahora explícame… ¿Por qué colocaste esta canción?
- Cuando me dejaste me sentía como en esta canción… Un cumpleaños más sin ti, un regalo sin abrir, y esta carta para ti.
- Vamos, Eliza. Sabes que nuestra relación no terminó tan terrible para que hayas pensado en estas canci-
- Es que sí lo fue para mí. Terminaste para volver con la estúpida de Natalia, y luego vuelves conmigo como si nada, pero, era sólo mi imaginación porque a las semanas andabas con otra. ¿Y me dices que no terminó mal? Mi gran apoyo durante esos meses fue Roderich. Mis padres siempre lo han adorado, todas las noches entraba por mi ventana para hacerme cariño y durmiera tranquila. –Estaba fuera de mis casillas, sentía un fuego dentro mío y como mi corazón se entumecía, esa sensación al punto que no sabes si tu corazón se trisará o romperá. Miré su cara y estaba un poco sorprendido. Suspiré y comencé a respirar más calmada. Me acerqué al MP3 y coloqué otra canción.- Así me sentí luego de un tiempo. –Apreté el botón de play y lo vi con el semblante más serio, ignoré un poco su expresión y me puse a cantar.- Sueños que van en bolsas de hielo al mar,colores sin mezclar, nada que contar...Silencio que estás atento para atacar,nos enfrentas y te vas. No te he oído entrar. Somos dos noviosque no tienen mes de abril,que no se miran porque sí,que no se hacen reír.–Lo miré y acaricié su mejilla.- Ahora el cariño envenena la habitación,llena todo de falso amor, esconde el mal humor. –Bajé a su mentón, sonriéndole.- Mírame y dime que es lo que ves,mírate y dime en que se parecen A y B…
- Elizabeth… -Me abrazó con fuerza por lo cual me sorprendí.- Quisiera yo, poner una canción, que siento que me ha hecho daño o me ha marcado un poco este tiempo. –Lo vi caminar en cuatro hacia su MP3, estuvo un rato buscando hasta que escuché una melodía que no esperé, creo que nunca en mis 26 años y en los 22 desde que conozco a este idiota, que tuviera una canción como esta sino era una de las que yo coloqué hace años atrás. Sentí una mano sobre mi mejilla y otra sobre mi mano tomándola con delicadeza y lo miré fijamente a los ojos y vi ¿Tristeza? ¿Se podía reflejar tristeza en estos ojos rojos? Miré sus labios y noté como temblaban al recitar cada palabra de la canción- Por que se me ocurrió quererte?, ¿por qué tuve que conocerte? Quisiera ser como la luz y desaparecerme. ¿Por qué el amor es incurable?, ¿por qué el dolor es indomable? Es imposible olvidarte… No sé por qué. –Sentí como las lágrimas corrían sobre mis mejillas. Su voz, sus labios, su mirada, su tacto… Todo, absolutamente todo me daba vueltas. ¿Por qué ahora tiene que venir a decirme esta clase de cosas? Me dolía mucho el pecho, sentía que se me estaba estremeciendo mi corazón y estrujándolo de a poco. Por un breve instante pude ver en sus ojos, el reflejo de ese niño y joven rebelde del cual me enamoré. Me acerqué a su rostro sujetando con fuerza su mano y entrelazando nuestros dedos apoyando mi frente contra la suya.
- ¿Por qué me haces esto?... ¿Por qué ahora, Gilbert?
- Eli, yo siempre a pesar de todo, me mantendré a tu lado. Sé que han pasado más de 10 años desde que dejamos de estar juntos, pero, creo que nunc-… -Me levanté bruscamente. Me negaba a escuchar sus palabras.-
- Será mejor que me ponga a hacer la torta para el matrimonio.
Corrí a la cocina y me agaché a donde estaba la harina manteniéndome sentada en el suelo con los ojos llenos de lágrimas. Tenía miedo de asumir que lo que viví si era cierto y no que era una ilusión de mi cabeza. Escuché como la canción había cambiado y, por Dios, que agradecí eternamente el hecho que se haya cambiado.
Comencé a sacar todos los ingredientes para la increíble torta que tenía que hacer, y el molde para las 3 pisos que tendría ésta. Fui en busca de los huevos y veo al albino con ellos y me los pasó.
- No creas que te escaparás de mí con tanta facilidad. –Intenté no mirarlo y me quedé haciendo la mezcla de la torta.- ¿En qué te ayudo, Eli? –Un escalofrío corría por mi espalda al escucharlo decirme así.-
- P-Puedes ir sacando la crema chantilly que tengo en el refrigerador.
- Y, ¿Dónde la echo?
- Aún en ninguna parte. Sólo déjala en el mueble.
Me mantuve al 99% de dedicación por el pastel. Creo que ya habían pasado alrededor de 4 horas o más, pero, Gilbert se había ido. Quizás a comer algo, pero, la tranquilidad de mi casa me daba mucha calma. Sabía que volvería en cualquier momento, ya que había dejado aún conectado su MP3 a mi radio, por lo tanto, la música seguía sonando… Aún no llego a comprender bien el por qué aún mantenía en ese aparato canciones de hace tantos años. Reí un poco mientras terminaba de colocar el merengue fuera de cada torre del pastel. Me tiré hacia atrás para mirarlo mejor y sí, era una de mis más grandes obras maestras. Tomé un piso que tenía por ahí, me subí sobre él para poder colocar los últimos toques con la crema chantilly, me puse en puntillas para colocar un toque de crema en el centro de la torta, sentí un poco inestable el piso pero, no me molesté en prestarle mucha atenci-
- ¡AH! –Sentí un dolor en el trasero al caer sobre algo blando abajo mío.- ¡Gilbert! –Justo apareció en el momento oportuno, lo zamarreé con delicadeza gritando su nombre. Creo que lo maté. Vi como comenzó a hacer muecas con la cara.- Gilbert, ¿Estás bien?
- Sino salieras morsa, creo que sí. –Me levanté y le enterré mi tacón en su estómago, logrando que tosiera.- Vaya manera de agradecerme que te salvara de esa caída. –Y lamentablemente tenía razón.-
- G…Gracias, Weillschmidt
- No hay de qué, Héderváry.
Sonrió de lado, se levantó y comenzó a acorralarme contra la pared. Se movía peligrosamente lento hasta que logró chocar contra mi cuerpo. La presión del suyo sobre el mío, provocaba que mis piernas perdieran fuerza y mi corazón casi explotara de tanto palpitar, ya sentía que me iba a dar una taquicardia. Cerré mis ojos y sentí como su rostro estaba cerca del mío al poder notar su respiración chocando con mi piel. Su perfume embriagaba haciéndome delirar hasta que sobre mi pecho sentí algo húmedo y suave que pasaba sobre él de un lado hacia otro, bajé la mirada y la lengua del albino se encontraba recorriendo la parte alta de mis pechos removiendo de esta zona un poco de crema. Estaba tan sumida y embobada que no era capaz de pronunciar palabra alguna. Gilbert, de forma ágil, me quitó de la mano la crema chantilly y con un movimiento brusco abrió mi camisa sacando todos los botones y bajó mi sostén lo suficiente para dejar salir mis pechos. Me sonrojé, pero, no podía o mejor dicho, no era capaz de pronunciar palabra o sonido alguno, sólo pude ver como apretaba la parte de arriba de la lata y colocaba un poco de la sustancia blanca y dulce sobre cada uno de mis pezones provocando un sonrojo más notorio en mis mejillas al sentir la fría crema encima de éstos y percatarme que esto estaba provocando que mis pezones se pusieran erectos y duros. Mi respiración sentía como comenzaba a acelerarse y Gilbert tomaba total control sobre él. Tomó con sus manos uno de mis pechos y con su lengua recorría todo el contorno de éste dejándolo bastante húmedo, al punto de causarme escalofríos al sentir la brisa que entraba por la ventana, lentamente fue haciendo más chico el círculo con su lengua hasta poder empezar a lamer un poco de la crema y dejando un poco justo en el centro donde se encontraba la punta de mi pezón. Se alejó un poco de él y levantó la mirada para verme, no sé exactamente qué expresión tengo en estos instantes, pero, debe ser una que realmente lo satisficiera al punto de lograr que sonriera de lado como si estuviera orgulloso del trabajo que estaba haciendo. Sentí como introducía gran parte de mi pecho dentro de su boca, en estos momentos me pregunto ¿Qué tan grande podrá abrir la boca este hombre? Mis pechos eran voluptuosos, pero, él se lo estaba devorando como si fuera un simple y pequeño caramelo. Su lengua recorría de manera calmada pero a la vez con presión la punta de mi pecho removiendo lo que quedaría de crema sobre éste. Sus dientes mordían, como si estuviera hambriento, mi pezón provocando que gimiera ruidosamente.
- Hermoso gemido, mi querida esmeralda –Recordaba ese apodo. Nadie me decía así desde la secundaria.- Desde la última vez que te besé, que no veía ese hermoso brillo en tus ojos, Eli.
Rápidamente tomó posesión de mi otro pecho, lamiéndolo y chupándolo como si su vida dependiera de ello. Mi respiración comenzó a acelerarse de manera descontrolada, en cualquier momento me dará una taquicardia. Con su mano libre, tomó mi pecho derecho acariciando la punta de éste con su dedo índice mientras que con su boca se deleitaba del izquierdo, donde todavía no quitaba por completo la crema.
Odio admitirlo, pero Gilbert lograba ponerme a mil. Mi entrepierna estaba completamente húmeda desde que comenzó a lamer mi pecho antes de quitarme la crema de mis manos, ya a este punto, palpitaba deseándolo con todas sus fuerzas. Sé que está mal, pero, creo que nunca con Roderich he llegado a sentir cosas como las que me hace sentir Gilbert, como en este momento que con un sólo roce logra que mis piernas se debiliten y que mi vagina se humedezca como lo está. Sus manos tomaron firmemente mi cintura colocándome sobre la mesa. Me recosté sobre ella mirándolo con los ojos entrecerrados, estaba demasiado excitada ya. Bajó sus manos hasta mis muslos levantando levemente mi falda agarrando cada extremo de mis bragas para comenzar a juguetear con el elástico de ellas.
- G-Gilbert… detente… -logré decir por fin entre gemidos y la respiración agitada.- No quiero… No quiero esto de verdad. En dos días más seré una mujer casada… No le quiero hacer esto a Roderich. –Las lágrimas comenzaron a asomarse y con una de sus manos comenzó a acariciar mi mejilla limpiando las lágrimas.-
- Eli, no te haré daño… Tranquila… -Subió por mi cuerpo acercándose a mi oído.- Te juro que te siento pequeña y delicada,y es un dulce narcótico maravilloso saber que me amas… -Su voz y sus palabras penetraban de manera clara en mi oído. Esta canción me la dedicó en nuestra primera vez, su voz sonaba tal cual como hace 10 años atrás, pero, un poco más ronca y tal vez a mi parecer, sensual.-… Tu cuerpo en mi cuerpo, así entrelazados, en un boca a bocano queda un espacio, mientras me cuelgo a tu cinturay voy juntando justo a la locura...
Sus manos fueron bajando a mis muslos nuevamente, acariciándolos detenidamente de arriba abajo. Sus manos subían peligrosamente a mi intimidad, metiendo debajo de mi falda sus fornidas zurda y diestra agarrando cada una un extremo del elástico de mi ropa interior. Acercó sus labios a mi boca introduciendo sin dificultad alguna su lengua que acariciaba la mía de forma salvaje. El roce de nuestras lenguas y como nuestras salivas se iba mezclando cayéndose por la comisura de mis labios para luego ir bajando por mi mentón hasta mi cuello. El fogoso beso se tornaba cada vez más apasionado, mi lengua acariciaba la suya con una agilidad que creía jamás haber tenido y mis dedos subían por su nuca hasta enredarse por su blanca cabellera. Se separó de mis labios, pasando la punta de su lengua sobre la mía dándole un último roce a ésta que fue bajando lentamente recorriendo cada extremo de mi piel e iba quemando cada rincón de mi cuerpo. Su tacto provocaba que mi cuerpo ardiera en las llamas de la pasión (Como diría, Francis) lo que me atraía más para encontrarme a su merced, su lengua pasó por sobre mis pechos dibujando con un rastro de saliva el contorno de éstos y succionando con fuerza mis pezones, lo que provocó que mi intimidad se humedeciera más de lo que ya estaba y mis gemidos retumbaran en las paredes de mi cocina americana. Su lengua iba bajando por mi ombligo hasta dar con mi entrepierna, noté como le molestaban mis bragas al mirar por sobre mis pechos su cara de molestia; colocó su dedo índice sobre mis bragas picando con éste mi intimidad y sonriendo satisfecho seguramente al ver lo mojada que me tenía, sujetó con firmeza los elásticos de mis bragas deslizándolas lentamente por mis muslos, como si estuviera grabando en su memoria todo lo que sucedía en este instante, hasta lograr desprenderla y arrojarla lejos de donde nos encontrábamos, con sus manos separó mis piernas para dejar completamente a la vista lo que sería, seguramente ahora, mi mojada vagina.
- N-No… No mires… -Bajé mis manos para tapar de forma inútil mi entrepierna, ya que fácilmente él tomó con una de sus manos la mía que se encontraba cubriendo mi intimidad.-
- Elizabeth, conozco perfectamente tu cuerpo como para que comiences a sentir vergüenza en un momento como este. –Acarició con su dedo índice mi clítoris provocando un gemido por parte mía.- No pensé que luego de 10 años aún pudiera lograr que me dejaras hacerte mía.
Quise oponerme a lo que había dicho, no quería que me hiciera suya… No si iba a serle infiel a Roderich, pero, su lengua ágilmente se encontró lengüeteando mis fluidos y provocando que mi respiración se agitara más. ¡Dios! Cómo me ponía este hombre, me parecía increíble que supiera exactamente donde tocar para que me pusiera a mil. Mis manos acariciaban su cabeza, no me encontraba totalmente en mis cinco sentidos, tal vez mis sentimientos por él aún no se encontraban del todo reprimidos, lo que explicaba que él aún pudiera lograr colocarme bajo su control, quizás en mi interior aún yo… ¿Seguía enamorada de Gilbe-
- ¡Ah! -Su lengua se introdujo dentro mío y podía sentirla cómodamente entrando y saliendo como si fuera su miembro el que me penetraba.- ¡Gilbert~… No… No te detengas… -No lograba comprender del todo las palabras que salían de mi boca. Ya no sólo me encontraba gimiendo su nombre, sino que ya me encontraba jadeando, no sentía tanta excitación hace muchos años.-
- Tranquila preciosa… No pienso detenerme.
Su lengua era como un pintor podía dibujar cualquier cosa y hacer las más increíbles obras de arte o un músico tocar cualquier instrumento y hacer las mejores melodías, quizás, hacía el trabajo de ambos oficios en mí. Con su dedo medio acariciaba el contorno de mi entrada, mientras su lengua daba una que otra lamida a mi clítoris, me mordí el dedo, realmente no podía más de la excitación, sin darme cuenta introdujo sin alguna preparación tres dentro de mi vagina, sacándolos e introduciéndolos rápidamente, me mordía el dedo más fuerte pero, no evitaba el hecho de que estaba fuera ya de mi total control los gemidos que emitía.
Me sentía ya llegando al punto del clímax, sus dedos entraban con tanta fuerza dentro de mí y podía sentir el palpitar de mis paredes y como mis fluidos comenzaban a bajar hasta llegar al suelo. "Mein Gott, Gilbert, por favor hazlo rápido". Mis pensamientos comenzaba a decirlos en gemidos, era demasiada la lujuria que recorría mis venas y la llenaba de adrenalina hasta llevarme al cielo. Me sentía nuevamente como una simple chica de 15 años, como si volviera a ser virgen y sus dedos recorriendo mi interior retornaran el tiempo atrás haciéndome nuevamente esa chica que haría todo, como dar la vida o hasta matar por el albino que ahora tenía total control de mis sentidos. Me sentía en el paraíso, sus dedos comenzaron a introducirse un poco más agresivo, mi vista ya estaba nublándose y mis caderas temblaban…
- ¡Gilbert~! Mhmm… -Me dio una última embestida con sus dedos que me llevó al séptimo cielo. No sé en qué momento me separé de él… Podía sentir como sacaba de mi interior sus mojados y pegajosos dedos llenos de mis fluidos. Sentí como una lágrima salió de mis jades orbes, no sé por qué pero, estaba llorando y la cabeza me ardía.-
- ¿Eli?... ¡Eli! –sentía su voz lejana, lo veía borroso, sólo su silueta abrazándome con fuerza y sujetando con fuerza mi mano.-… ¿Me escuchas… Eli…?
Miré todo a mi alrededor desorientada, estaba todo oscuro y me miré y tenía encima de mis hombros una chaqueta azul muy conocida.
- ¡Gilbert! –Me levanté asustada y lo miré a un lado de mi cama, con los brazos cruzados y la cara entre sus brazos. Se encontraba durmiendo tranquilamente y noté que sostenía mi mano con fuerza. Sonreí levemente y me volví a acostar, acaricié su cabello con delicadeza para no despertarlo, se veía tan sereno y tan hermoso. Me quedé un momento mirándolo, ¿habrá sido verdad lo que pasó o simplemente volví a soñarlo?... Odio admitirlo, pero, aún si fue un sueño, creo que aún en mi interior algo sigue siendo de él.- Te quiero… -Acerqué mi rostro con cuidado al suyo, estoy dudando de lo que haré pero, sí, quiero hacerlo. Coloqué mis labios sobre su mejilla, creo que hasta sentí un poco el roce de sus labios, abrí los ojos y sí, estaba besando una parte de sus labios, sentí mis mejillas arder para luego sonreír levemente. Levanté un poco las sábanas y ví que tenía puestos las bragas que me había quitado Gilbert y la chaqueta de él, realmente si había pasado algo esta vez… Me quedé mirando el techo, para suspirar.- Hoy si que fue un día… extraño… -Miré a Gilbert, sonriendo.- A veces, es bueno tener un torbellino en tu vida aún si no es lo correcto.
