Advierto que en este penúltimo capítulo, las cosas se ponen más mature que en las anteriores.

{Sexto día de la "pesadilla" semanal}

Sentí el sol sobre mi cara, lo que me incomodaba mucho, ¿Qué hora será?. Ya, da igual. Abrí los ojos y vi frente a mí a un dormido albino, que no soltaba mi mano.

- Gilbo… -Dije susurrándole al oído.-

- … Mhm… -comenzó a moverse de a poco y de a poco abrió sus ojos, para mirarme y comenzar a decir un montón de incoherencias, creo que notó el desconcierto y el hecho de que no entendía nada de lo que me decía, hizo una pausa y comenzó a hablar más lento.- Eli… -Sujetó mi mano y la besó delicadamente.- ¿Te sientes mejor?

- Gilbert, ¿Qué me sucedió?...

- ¿Cómo te lo explico? A ver, te corriste con mis dedos aún dentro tuyo, luego comenzaste a llorar no sé por qué razón y de la nada perdiste el conocimiento, te revisé tu frente y la tenías hirviendo. Creo que el estrés de "esa cosa" te está comenzando a afectar, preciosa. –Debí haberle corregido por el hecho de llamar "esa cosa" a lo que sería el mejor día de mi vida mañana, mi matrimonio con Roderich, pero me encontraba un tanto aturdida por lo que sólo asentí y sonreí a lo que me decía.-

- Ya me tengo que levantar. Tengo que terminar el pastel y en la noche saldré con mis amigas.

- ¿Amigas? ¿A qué saldrán un grupo de chicas?

- Y a ti, ¿Qué te incumbe? Celoso… -Sonreí de lado al ver un poco de rencor en su mirada, lo había descubierto.- En fin, es nuestro último día juntos. Puedes hacer lo que quieras, en realidad, en esta semana nadie te ha atado a estar en mi depa.

- Lo sé… -¿Lo sabe? Entonces por qué sigue acá.- Pero, estás acá, no puedo mantenerme encerrado sabiendo lo excitante que sería pasar junto a ti, además… Después de oír esos hermosos gemidos la tarde anterior, ni creas que escaparás este último día –¿¡Hermosos gemidos!.- Haré lo que sea para recuperarte aunque sea mi última oportunidad.

Noté cierta seriedad en su rostro, cosa muy rara en él. Decidí no prestarle mayor atención y me levanté para ir a cambiarme de ropa. Me encerré en el baño apoyándome contra la pared. ¿Qué me está sucediendo? ¿Por qué… Por qué mi corazón está latiendo así de rápido por lo que dijo? Elizabeth, no debes confundir tu presente con tu pasado, no ahora. Tu amor por él desapareció hace 9 años. Luego de eso estuviste todos estos años con Roderich y unos días al estar con él no pueden hacerte cambiar. Yo no lo amo, no lo amo, no lo amo. ¡Simplemente no puedo! Perdóname, Rode, por confundirme en este momento, pero no sé qué pasa conmigo. No quiero seguir detrás de este idiota que me rompió el corazón, yo estoy de novia contigo y no puedo tener sentimientos por él… Antes, pero, ya no… Aunque de cierta forma, no sé porqué al pensar esto, mi corazón se está apretando mucho y me duele…

El almuerzo había estado bastante callado para tratarse de Gilbert. Se pasó todo el tiempo mirándome y comiendo, sin siquiera detenerse, debo admitir que me perturbaba un poco ser observada. Pero, ya era tarde y aún no había mucho ruido en mi casa.

Me encontraba sentada en el sillón cambiando la radio con el control. No sé exactamente qué hacer, me siento muy nerviosa, mañana seré la señora Edelstein y eso me ponía feliz y un poco incómoda. No sé como miraría a la cara de Rode después de haber estado toda esta semana con el albino que se encontraba limpiando los vidrios de mi habitación. Me confundía el tenerlo tan cerca y aunque odie admitirlo, me han dado muchas ganas de repetir lo de anoche… ¡Ah! Elizabeth, no te sonrojes por cosas así, eres una mujer comprometida… Suspiré y cerré mis ojos para poder tranquilizarme. Ando pensando demasiadas estupideces y esto es malo. Creo que sería mejor que pudiera practicar el vals una vez por lo menos antes del matrimonio y antes de que mis amigas vinieran a recogerme para mi despedida de soltera. Fui a mi alcoba y lo vi sentado sobre mi cama mirando al vacío, me acerqué sigilosamente hacia él y me puse cara a cara frente a él.

- Bu!

- ¡Ah! –Lo vi caerse hacia atrás apoyado sobre el colchón y mi risa retumbaba por la habitación.- ¡Casi me matas del susto, loca! –Creo que las lágrimas están a punto de salir. Me tranquilicé un poco y me puse más seria.- ¿Qué te pasa?

- Bueno… Yo sé que tu familia son expertos en muchas cosas, y tu madre desde pequeños a ti y a Ludwig les ha enseñado danza, específicamente, bailes de salón. –Presentí el rubor sobre mis mejillas.- ¡S-Sabes que soy una mala bailarina y quería que me pudieras ayudar a practicar el vals!

- Tranquila, bombón, respira y no grites… -Comencé a calmarme, había hablado demasiado rápido y casi gritando. Me pone nerviosa preguntar cosas así.- Claro que te ayudaré, a parte… Es mi especialidad entre otras cosas –Su tono picarón logró que se me erizara la piel.-

Fuimos al living y comenzamos a correr todos los muebles de la sala dejándolos pegados a la pared. Se veía tan serio y me agradaba verlo así, ¿Qué? ¿Estoy sonriendo? No puede ser, no puede ser. Moví mi cabeza de un lado a otro, no era posible que él me hiciera sonreír, sólo me estoy dejando llevar por mis sentimientos de adolescente, no es que sienta algo por él.

Conectó su MP3 a la radio y buscó seguramente una canción de vals, y cuando le pone play se levanta y se coloca al centro de la habitación, me mira seriamente y se acerca lentamente hacia mí tomándome de la cintura con fuerza pegándome a su cuerpo. La música sonaba y sentía uno de sus brazos alrededor de mi cintura tomándola con firmeza y su otra sobre mi mano, el me guiaba y como si fuera mentira, podía seguirle perfectamente cada paso (Sabiendo que soy una horrible y torpe bailarina). En este compás no había nada de 1, 2, 3. 1, 2, 3 como en las películas o esas obras de teatro que me llevaba a ver Roderich. Simplemente parecía una falacia todos esos cuentos de que el hombre cuando ayudaba a una dama a bailar un vals era necesario contar, sólo debía existir un poco de química y dejarse llevar, sentir la música como si fuera tu cerebro controlando cada movimiento de tus pies. De cierto modo, recordé aquella época donde tenía 15 años y Gilbert con un solo beso era capaz de hacerme volar, tal como lo está haciendo al bailar. Durante mis 22 años desde que conozco a Gilbert, que nunca vi una seriedad en su rostro, incluso aunque se tratara de algo serio, el siempre sonreía, ahora mismo podía ver una faceta nueva del albino. Sonreí levemente y me acurruqué en su pecho deseando que este momento no se acabara… Vi unas gotas caer al suelo ¿Estoy llorando?

- ¿Eli?

- N-No… No pasa nada, Gilbert. Gracias por el vals. –Me separé bruscamente de él, girándome para que no viera mi rostro.- Me tengo que ir a arreglar, en 15 minutos más vendrán mis amigas a buscarme.

Corrí a mi habitación, encerrándome. Las lágrimas no se detenían. Al otro lado de la puerta un prusiano desesperado por saber qué me sucedía. El atardecer era de un color rojizo y quería que pronto se ocultara el sol para terminar esta noche y ser completamente de Roderich. El hecho de saber que Gilbert había estado tomando el control de mi cuerpo con tanta facilidad revolvía mi cabeza, ¿Qué me está sucediendo? Yo sé que no soy así. Mis manos tapaban mi rostro y yacía sentada en el suelo contra la pared, mi llanto se ahoga detrás de mis palmas y no entendía el dolor que ataca a mi pecho. Roderich… Por favor, sálvame y dime como en aquellos tiempos que todo estará bien, que estarás a mi lado a pesar de todo…

- ¡Elizabeth! –Levanté la mirada y ahí estaba hincado frente a mí la causa de mi gran dolor.- ¿Qué te sucede, Eli?

- Déjame sola…

- No pienso hacerlo. –Acariciaba mi mejilla delicadamente.- No quiero volverme a alejar de ti. Nunca más, preciosa. –Sentí sus labios presionando sobre los míos mientras con sus manos acariciaba mis mejillas limpiándola de las lágrimas.-

Sus labios rozaban los míos con tanta delicadeza que no podía resistirme ahora, me encantaba su sabor, era como un chocolate que se derretía en tu boca y despertaba todos tus sentidos. Podría decirse que su saliva y su lengua recorriendo cada rincón y centímetro de mi boca, era igual a un afrodisiaco (De los más potentes). Tengo claro que no debo estar haciendo esto, abrí levemente mis orbes y lo vi tan concentrado besándome y con tanta ternura que provocó encender algo dentro de mí porque sentía una fuerte presión en mi pecho, mis brazos sin darme cuenta estaban enrollados en su cuello y con mi mano acariciaba su blanca cabellera. Mi lengua acariciaba la suya con cierta lujuria y sus fuertes manos se posicionaron en mis caderas atrayéndome hacia él.

Las lágrimas casi como obra de arte dejaron de caer por mis mejillas, sólo importaba en ese momento el roce de nuestros labios como si fuera el último día de nuestras vidas, aunque de algún modo, si fuera como la última vez que podríamos estar juntos como ahora.

Nos alejamos para poder tomar aire, nuestra respiración está agitadísima. Lo miré y noté como el sol había bajado bastante durante ese lapsus. Lo miré y esquivé rápidamente su mirada al notar que sonreía. Mi corazón… ¿Latía así por él? Me empezó a acorralar contra la pared poniéndose en cuatro sobre mí. Sus manos rozaban mi piel y su tacto quemaba cada lugar donde sus dedos pasaban, no era yo misma… Era la Elizabeth de hace 10 años, la joven enamorada de Gilbert von Weillschmidt. Me daba besos cortos y fue bajando por mi cuello, hasta agarrar mi lóbulo y hacerme gemir de manera estruendosa, provocando una sonrisa de oreja a oreja en la cara del albino. Escuché el comienzo de la canción "Untouched", seguramente eran las chicas que me esperaban para salir.

- G-Gilbo… Me tengo que ir. –Dije mientras alcanzaba mi celular y vi el nombre de Lily en él.-

- Eli… Prometí no volverte a perder y hoy es mi noche para demostrarte que eres la única para mí. –Tomó mi celular, no espera… ¡Gilbert!.- Disculpe, pero, Liz está ocupada ahora mismo terminando el pastel de matrimonio, así que no podrá salir.

- ¿Qué haces, idiota?

- Impidiendo que salgas a ver a unos estúpidos desnudándose con tus amigas.

- Sólo nos íbamos a juntar a conversar, seguramente Lily notará que eras tú. ¿Qué hago? –Me comenzaba a dar vueltas todo, ¿qué podría hacer?.-

- Eli…

- ¿¡Qué quie- Sus labios atraparon nuevamente los míos, dejando de lado mi histeria. Era demasiado débil frente a él.-

- Meine liebe…

Me estrujó fuerte con sus brazos, era reconfortante de cierto modo. Tengo que admitir que él, me calma y me encanta… Quizás, quizás yo… Sigo amándolo…

Caminé lentamente hacia mi alcoba y ahí lo vi, acostado sobre mi cama, tengo que admitir que me siento una niña de 15 años nuevamente, como si fuera nuevamente virgen; tenía muy claro el hecho de que me casaría en unas horas más, pero… Si esta es la última noche, quiero ser una niña mala (aunque en mi interior me sienta la peor persona del mundo) y ser por última vez de él. Cuando me asomé completamente por el umbral de mi cuarto, su cara era de asombro, satisfacción y un poco de vergüenza, me causó gracia. Su torso era perfectamente fornido y de una blanca tez. Me acerqué lentamente a él y él se incorporaba sobre la cama, sus manos atraparon rápidamente mi cintura y me sentó sobre sus piernas.

- No creí que te verías tan hermosa a los 26 años con un baby doll… transparente. –Tragó saliva de forma estruendosa y noté como sus ojos se desviaban a ver mis pechos desnudos bajo este vestido de lencería que me regaló hace tiempo atrás MeiMei.-

- Y yo nunca creí que me pondría uno de estos… -Me sonrojé muchísimo y me reí.- Me siento como si hubiéramos retrocedido 10 años…

Sus ojos mostraron un brillo y me besó con pasión. Nuestras lenguas eran una verdadera melodía que se rozaban como si hubieran estado echas la una para la otra. Nos separamos para tomar aire y de improviso bajó el babydoll dejando al descubierto mis pechos.

- Siguen igual de firmes desde la última vez que te hice mía hace tantos años cuando éramos simples estudiantes… Tal vez, incluso mejor ahora que estás más madura.

Quise golpearlo pero, me fue imposible al sentir como con sus manos sujetaba mis pechos y los levantaba. Me tiró contra la cama, colocándose en cuatro sobre mi cuerpo, dejándome totalmente a su merced.

Se mostraba tan seguro en cada caricia que me proporcionaba. Si me pregunto claramente, ¿Qué mierda estoy haciendo? No me entiendo… Él… Él fue quien más daño que ha hecho en mi vida, hasta el día de hoy tengo pesadillas sobre lo sucedido, es un hecho tan traumático que fue por eso que me alejé de él por completo y le di un "adiós" de cierta forma definitivo hace 8 años. Lo vi un par de veces pero, no le hablaba, intentaba no hablarle… Su número lo borré, sus fotos las eliminé, las entradas al cine las rompí, los regalos los boté, pero, sus recuerdos seguían permanentes en mi cabeza. Me dediqué a mirar mi presente y ver como con sus dientes mordía mis pezones y me hacía gemir como solo él sabía hacerlo; era cierto que por dentro mis recuerdos estaban destrozando toda mi coraza, todo el arduo trabajo mío y de Roderich tratando de eliminarlo de mi cabeza.

En un santiamén tiró al otro extremo de mi habitación el babydoll. Sus manos bajaban peligrosamente por mi cuerpo seguida de su lengua y sus labios que iban dejando un camino de saliva que hacía estremecer mi cuerpo con el viento que entraba por el ventanal de mi alcoba. Con mi cuerpo completamente desnudo reflejándose en sus rubíes ojos me hacían sonrojar y que mis latidos se aceleraran. Mi celular sonó por una tercera vez, Gilbert lo miró enfurecido (o eso logro ver desde mi posición al tenerlo entre las piernas) y cortó la llamada, apagando el móvil de paso. Ahora abría mis piernas y sí, la vergüenza se estaba apoderando totalmente de mí, estaba tan mojada que me llegaba a apenar de eso.

- ¡Dios!

Este tipo… sí que sabe hacer sentir muy bien a una mujer, su lengua acariciando tan rápidamente mi clítoris… Es todo un maestro. Enredé mis dedos entre su cabello hundiéndolo más en mi entrepierna. Introdujo su lengua dentro de mi vagina y sentí una corriente eléctrica por toda mi espina dorsal, arcándola levemente; mis gemidos eran tantos que ya creía que alguien tocaría el timbre de mi casa pidiendo que me callara, pero ¿Cómo no gritar cuando el chico que me hizo mujer me masturba de esta manera? Mi vagina palpitaba y llenaba de mis fluidos la lengua de Gilbert, introducía y sacaba su lengua tal como su miembro lo hacía cuando éramos adolescentes. Su lengua dejó de entrar en mi intimidad y me comencé a sentir más tranquila, estaba al borde del climax y me muero si me llegaba a correr con él dentro mío, pero, ¿Qué hacía aún ahí abaj- Mi espalda se arcó, creo que le estaba casi arrancando cabello, mas, al sentir sus labios succionando mi clítoris de manera tan sorpresiva, mis jadeos eran intensos y mis gemidos hasta me excitaban; si sigues así, Gilbo, creo que voy a…

- ¡Ahh~! –Sentía mi vagina más húmeda que nunca y como mis fluidos iban cayendo topando las sábanas. Solté la cabeza de Gilbert para que respirara ya que lo tenía bastante presionado contra mi intimidad, pero, no se movía.- ¿G-Gilbo?... –Lo vi concentrado y con una sonrisa de satisfacción que era digno de una fotografía.- Mmn… -Su lengua pasó por última vez por sobre mi vagina, relamiéndose los labios que estaban bañados en mis fluidos y ya no me quedaba bastante fuerza para continuar.-

- Es tu turno, Eli… -Me dijo parándose y bajando el cierre de su pantalón.-

Cansada, me puse sobre cuatro en la cama, me acerqué a él intentando bajar su pantalón rozando su miembro notando lo grande y duro que lo tenía ya. Siempre he preferido ser más rápida así que tomé las orillas de su pantalón y bóxer juntos, y los bajé.

No sé qué cara puse pero, Gilbert no paraba de reírse. N-No recordaba que fuera tan grande su… bueno… "eso". Ahora sí que me moría de vergüenza, ¿Algo tan grande cabía dentro de mí en mi "frágil" cuerpo de niña? Cada día me sorprendo más de mi misma.

Se sentó sobre la cama y ahora yo me senté sobre el piso. Abrí mi boca y con mi lengua acaricié la punta de su miembro, escuchando un ronroneo de su parte. No debería sentirme nerviosa… Y-ya había hecho esto muchas veces con Gilbert; sí, con Roderich jamás lo he hecho porque dice que es asqueroso, aunque debo admitir que… siempre me gustó o quizás es sólo con Gilbert. Introduje dentro de mi cavidad bucal el pene del albino y empecé a moverme de adelante hacia atrás para masturbarle, recibiendo de su parte que me sujetara el cabello y gimiera de forma ronca, me estaba volviendo loca ese sonido. Mis dientes rozaron sin querer su miembro, notando que se colocaba más duro dentro de mi boca al hacer eso, por lo que comencé a darle pequeñas mordidas mientras lo sacaba y metía dentro de mi boca. Luego con mis pechos aprisioné al gran pajarito que tenía frente a mis ojos y comencé a hacerle una rusa que seguramente le está encantando al escuchar sus roncos ronroneos y gemidos. Con mi lengua rozaba la punta de su miembro mientras con mis pechos lo iba masturbando, por lo que empecé a acelerar mi velocidad y su pene al recibir estas caricias con mis grandes, y ahora, pegajosos pechos (A causa de la saliva que había dejado en toda su extensión) palpitaba y se hacía más grande hasta que sentí sus manos sobre mi cabeza enredándose entre mis cabellos con fuerza y me empujó introduciendo hasta lo más profundo de mi boca su miembro, provocando que tosiera un poco pero acariciándolo con mi lengua de manera dificultosa al tenerlo tan dentro de mi boca (Casi en mi garganta) hasta que sentí ese líquido caliente y amargo en mi boca junto con un ronco y delirante gemido de su parte; su sabor era el mismo que recordaba, era auténtico… Amargo y dulce, pegajoso y caliente. Me quedé ahí recibiendo todo ese exquisito sabor dentro de mi boca hasta que sacó su pene de mis labios y comencé a tragar de a poco lo que había dejado en mi cavidad. Era demasiado espeso, mas me daba lo mismo en este preciso instante.

Al tragar todo, Gilbert se acercó a mi rostro tomándolo delicadamente para besarme de forma tierna. Una forma de describir este momento, era mágico… Yo lo amé y mi memoria lo sigue amando… No era exactamente lo que deseaba hacer, pero, tal vez haya una parte de mí que no sea mi memoria y que continúa amando a este estúpido que tengo frente a mí. Me subí a la cama colocándome en cuatro tirando hacia atrás a Gilbert para no quedar a la orilla de ésta. Comencé a caminar con Gilbert entre mis piernas y me recosté en su regazo sintiendo en mi entrepierna el erecto miembro de él.

- ¿Estás segura, Eli? –Su mirada era pura y sus caricias en mi mejilla y cadera me hacían sentir segura.- No te obligaré a nada a pesar de que quiera con todas mis ganas volverte a hacer mía.

- Estoy segura… -tragué saliva y con mis manos masturbé nuevamente el pene de Gilbo. No estaba segura de que algo de ese tamaño entrara dentro de mí, a pesar de que lo hicimos muchas veces no recuerdo que haya tenido un genital tan grande.- aquí vamos. -Coloqué la punta debajo de la entrada de mi conducto y tomé aire, posicioné mis manos en su fornido torso para apoyarme e introduje de a poco su miembro. Era demasiado grande, tengo miedo de que esto no entre, ya estaba comenzando a retractarme…- ¿G-Gilbo?... –Sus manos tomaron las mías con fuerza, no me lo esperaba.-

- Tranquila, Eli… No te haré daño. Como te lo dije la primera vez que lo hicimos, estamos juntos en esto, mi amor…

Entrelacé mis dedos con los de él, sujetándome de sus palmas con fuerza introduciendo de un golpe toda la extensión dentro de mi vagina y creo que el hecho de que estuviera tan mojada permitió que entrara con más facilidad. Pegué un grito en el cielo junto con mi albino, pero mi grito le causó risa aunque se moría de la excitación. Me movía de arriba abajo sosteniéndome de sus manos para estar en más confianza. Miraba al techo, porque sentía mis mejillas arder y sé que si me veía completamente roja se burlaría de mí. Sentí que soltó una de mis manos y con ésta acarició mi mejilla haciendo que lo mirara y estaba igual que yo… completamente sudado, sonrojado y con la boca entreabierta, gimiendo ronco y respirando agitado. Su rostro y su torso sudado brillaba con la luz de la luna que bañaba nuestros cuerpos fogosos y deseosos de más amor y placer que nos entregaba las penetraciones y la forma en que lo montaba, como si estuviera en pleno campo traviesa galopando. Mis gemidos aumentaban con el sentimiento de comenzar a tener mi segundo orgasmo, me agarré con fuerza de la mano que tenía entrelazada con Gilbo y sentí como mis fluidos empapaban su extensión, arcando mi espalda sintiendo un escalofrío recorrerla junto con un gemido que resonó por todos los rincones de mi pieza.

Me miró de forma seductora y satisfactoria, para de la nada tenerme bajo suyo. Con gran rapidez con sus manos bruscamente logró darme vuelta, ganándose sobre mi cuerpo comenzando un vaivén en el cual me penetraba con mucha fuerza y me hacía sentir en el séptimo cielo. Le decía que no podía más, no era tan simple tener dos orgasmos tan rápido sin tener descanso alguno. Pero, él sólo se movía sin detenerse sobre mi cuerpo. Mis piernas lo abrazaron sintiendo aún más dentro de mí su pene entrando a mi vagina, sus vaivenes eran tan rápidos y profundos que sentía que me rompería en cualquier momento. De a poco comenzó a lubricarse nuevamente mi entrepierna (por lo menos, más de lo que ya estaba mojada) y la boca de Gilbert se acercó a mi pezón izquierdo mordisqueándolo haciéndome gemir desesperada, lo que me hacía sonrojarme más… ¡Mein Gott! ¡Gilbert von Weillschmidt! La manera en que succiona mi pecho y su lengua pasa delicadamente y lentamente sobre mi pezón me está poniendo a mil. Puedo sentir que en cualquier momento me haría venirme por tercera vez.

Tal vez ya habían pasado años, o tal vez realmente no había llegado a tener orgasmos de este nivel desde que tenía relaciones con él. La velocidad de sus embestidas se volvía más agresivas y por el palpitar de su miembro podía presentir que el clímax se acercaba. Sus labios succionaban cada parte de mi cuerpo dejando un camino de chupones que deseaba que pudieran borrarse por lo menos mañana, por esta noche… quería ser de él.

Si pudiera describir este momento, sería la mejor despedida de soltera que podría haber pedido. Me sentía cerrando una etapa que jamás cerré por su adiós tan pronto y abrupto cuando me dejó por su ex, Natalia y su constante cambio de novias. Aún recuerdo esa vez en Julio cuando intentamos volver y yo como una idiota pensaba que habíamos vuelto pero, a las semanas lo vi con otra chica de su barrio y luego con una chica de la escuela atrás de los vestidores de mujeres. Sabía que su instinto mujeriego no había cambiado, pero, en lo que estamos haciendo no veía la lujuria, ni ese deseo de querer poseer un cuerpo cualquiera, sus embestidas se habían vuelto más despacio, sensuales y profundas, de cierta forma podía sentir… ¿Amor? ¿Era amor lo que quería transmitirme Gilbert? No sentía como si estuviera teniendo relaciones sexuales como un simple animal que tiene deseos de algo más carnal, sino que más bien era algo como… ¿Hacer el amor? Abrí mis ojos para mirar su rostro y no pude hacer nada más que abrir la boca y notar que mi mirada se nublaba, él… ¿Aún me ama? ¿Me amó? No podía seguir pensando más, su pene se volvía más grande y lo escuché gemir alto y ronco sintiendo el caliente líquido espeso recorriendo y bañando mi interior. No pude hacer nada más que gemir y llegar a mi tercer orgasmo con ese fluido que me llenaba. Su semen se mesclaba con mis fluidos vaginales y los sentía bajar y salir por mi vagina. Se comenzó a mover lentamente mientras me besaba y no paraba de salir semen de su miembro. Me abracé por fuerza acariciando su blanca cabellera y sintiéndome completamente suya. No había necesidad de palabras, nuestras lenguas, nuestros vaivenes y nuestros gemidos camuflados por un beso fogoso hablaban por si solos; yo lo amé, el me amó, pero, ¿Aún hay amor dentro mío para él?... Mañana o mejor dicho, en unas horas más estaría en los brazos de otro hombre…

- Eli… -Escuché musitar a un cansado pero satisfecho prussiano.- Te amo… -Sus palabras atravesaron como una navaja suiza mi corazón, eran las palabras que no quería oír.- lo he hecho desde que te conozco y siempre lo haré. –Mis lágrimas recorrían mis mejillas y su rostro cambió a uno de preocupación. Por favor, no me hagas esto…- ¿T-Te duele algo? –Sacó su miembro de mi interior y se sentó en la cama mirándome fijamente a los ojos.-

- ¿Por qué… Por qué tienes que hacer esto tan complicado?... –Me abalancé a sus brazos, llorando como una magdalena.-

No sabía que decir seguramente. Me abrazó con fuerza y acariciaba mi cabellera. Seguramente lo amaba, pero, yo estaba comprometida y no había vuelta atrás… Perdóname Gilbert, Roderich, pero, estoy confundida y no sé qué hacer. Sentí como me besaba y me aferraba a su cuerpo desnudo. Creo que yo al final nunca te olvidé…

Te amo, szerelmem.