{Séptimo día de la pesadilla semanal; El último día }

Hoy era el día definitivo. Después de las seis de la tarde ya no sería más Elizabeth Héderváry, sino que Elizabeth Edelstein. Lo que había hecho anoche era oficial. Mi ropa estaba tirada por toda la pieza y supongo que ya era bastante tarde porque entraba bastante luz por mi ventana.

Me levanté, tomé un polerón rojo que era de Gilbert, tomé mis bragas rojas tiradas en el piso y fui al comedor, ya que un olor bastante apetecible me llamaba y al irme acercando vi algo blanco al lado de una bandeja con un increíble banquete. Era raro, había una nota en el papel. La tomé para poder leerla:

"Preciosa, te dejo el desayuno servido. Piensa bien lo que harás, pero sin importar tu decisión, no me volveré a ir de tu lado aunque me duela sí te casas con ese aristócrata. Ich Liebe Dich, tu Gilbo"

¿Cómo me puede decir algo como esto? Bueno, escribir. Supongo que ya no era momento para arrepentirme, sólo quedan unas horas para mi matrimonio. Llevo tal vez cerca de 9 años de noviazgo con Roderich y no dejaré que esta aventura romántica de unos días arruine lo que construí con una persona que estuvo dispuesta a dar mucho por alguien que tal vez ni lo merece tanto. Ya ni modo, mejor dejo de pensar tanto. Todavía quedan cerca de unas 6 horas para el momento definitivo.

Las horas pasaban simplemente rápido. Sólo quedaba una hora para el matrimonio. Mi suegro y mi suegra habían venido a buscar el pastel de bodas el cual, Gilbert el otro día me ayudó a terminar cuando me desmayé. Mi madre y Lili hacían los últimos detalles del maquillaje, el cual se suponía ser natural, pero bajo mucha cantidad de cosméticos de diferentes tipos. Mis pestañas estaban demasiado largas y mis ojos decorados con una suave sombra color verde sobre el parpado para que hiciera combinación con mis ojos. Aún no me colocaba el blanco vestido diseñado por una de las mejores diseñadoras de moda de toda Hungría (Claramente tenía que usar algo de mi original país), aunque Roderich insistió mucho en que usara un vestido que diseñara una de las más reconocidas modistas de Austria, pero, tuve que reusarme ya que quería por sobre todo algo hecho por mi país ya que me iría a vivir a Austria junto a mi esposo en unas horas más, claro que sin contar que nos iríamos de luna de miel a Punta Cana y luego a Río de Janeiro. Tenía toda mi historia formada con él, no era momento de retractarme.

Me miraba al espejo y a Lili acomodando delicadamente mi cabello recogiéndolo en un tomate, del cual dejó caer y salir unos cuantos mechones rebeldes caer para darle un toque más liviano. Sinceramente no creí que ni en un millón de años me vería como lo estoy haciendo ahora, quizás por eso mi madre está disfrutando tanto este momento. La veía terminando los últimos arreglos al vestido.

Al terminar mi peinado, le pedí a mi madre y a mi amiga que salieran de mi habitación para poderme cambiar de ropa. Abrí mi armario sacando un conjunto de ropa interior blanco con un negro encaje muy elegante, me quité mi bata dejando mi cuerpo desnudo ser bañado por los rayos de sol que entraban ya a las 5 y algo por mi ventana. Me coloqué mis bragas y luego con suma delicadeza abroché mi sostén strapless y acomodé mis pechos dentro de él, pude percatarme que tenía en ciertas zonas una pequeña marca casi invisible de los chupones que hizo Gilbo anoche ahora que lo pienso, volví a decirle Gilbo por inconsciencia, ¡Aish! No sonrías por tonteras así, Elizabeth. Bajé el cierre del vestido y me lo acomodé, había bajado algo de peso, mas estaba perfecto a mi figura. Me faltaba algo azul dentro de mi conjunto. Tenía lo viejo que era un broche de color esmeralda de mi abuela que yacía sobre mi cabellera, lo nuevo era el vestido y los zapatos, lo prestado un collar de jade azul con verde en mi cuello, ahora sólo faltaba lo azul. Tomé aire profundo.

- Ya es hora…

Al final Liechstein me pasó una piocha de una rosa azul con tonos verdes al sol que era realmente hermoso, hecho por ella. Ahora sólo tenía que esperar en un salón aparte dentro del recinto donde nos casaríamos. A pesar de que nos casamos por la iglesia, decidimos hacer la ceremonia en una iglesia que tiene sistema de recinto por así decirlo. Tenía que esperar cerca de unos diez minutos para poder salir afuera de este pequeño cuarto y entregarme al altar. No paraba de dar vueltas de un lado a otro, es más, siento que he estado dándome vuelta de un lado a otro por más de una hora, cosa demasiado imposible siendo que había llegado sólo hace veinte minutos atrás. ¡Ah! No soporto los lugares cerrados y menos si ando pensando en Gilbo todo el tiempo y en lo que sucedió y en que no sería capaz de confesárselo a Rode. No quiero arruinar este perfecto día, además de no querer herir a mi querido ángel de la guarda. Ay, Roderich… Perdóname por todas las estupideces que hice. ¿Estupidez? Sé mejor que nadie que para mí no fue una tontera, pero, no puedo realmente creer que hicimos el amor, la expresión de Gilbert fue increíblemente una cara que jamás he visto en mi vida, una expresión de amor única. Sería lo mejor y también lo más gratificante si pueda asimilar y aceptar el hecho de que pasó eso, de que tal vez haya habido o no amor, lo disfruté mucho, y que fue una de las mejores experiencias de mi vida aunque siento que todo fue sólo una falacia. Adrenalina, pasión, lujuria, cariño, ternura, etcétera. Había pasado tanto tiempo y estaba más que feliz con eso, pero siento que no me conformo, como si de cierta manera si le dijera a Roderich lo que pasó me fuera a tranquilizar aunque en el fondo yo sé que empeoraría todo, incluso cancelando la boda y quizás sin siquiera poder volver a mi amigo. ¡No, no, no, no, no! No me arriesgaría ahora ni en un millón de años a que sucediera algo así. No encuentro a hombres como él cerca de cien años luz. La vara estaba muy alta para alguien como el albino prusiano, mi novio era cariñoso, amable, un caballero total, de la clase más alta, un hombre empresarial, entre muchas cosas. Gilbert era o es un flojo que a pesar de tener en sus manos una de las empresas más importantes de toda Europa, nunca trabajaba ni se preocupaba de sus trabajadores. Durante toda esta semana no lo vi ni un solo día en ir al trabajo. Era cierto, me enamoré en algún momento y pensé en casarme con un vago y flojo idiota. Realmente el amor puede ser ciego. Dejé de dar vueltas y decidí detenerme frente al espejo.

- ¿Realmente merezco todo esto?...

Me miraba en el espejo y no me convencía de lo que estaba haciendo, ¿Era esto realmente lo correcto?... Esas palabras pasaban por mi mente atormentándome de una manera inimaginable. Ese sentimiento de inseguridad mezclada con los nervios de no saber que te depara en el futuro con la elección que hiciste… Aunque en mi caso, además de este asqueroso sentimiento, tenía uno de remordimiento por la última semana que viví ¿Realmente todo fue verdad?... Sentía que se me partía la cabeza de tanto pensar.

Decidí sentarme en la silla que se encontraba hermosamente adornada detrás de mío. ¡Se suponía que hoy sería el día más feliz de mi vida! Pero… ¡Arg! Siempre tú, imbécil, siempre tú apareces cuando todo está en completo orden. Levanté mi mirada hacia el espejo y ahí me veía, una joven de unos 26 años, ojos verdes, cabello castaño claro recogido en un tomate dejando uno que otro rebelde mechón fuera de éste, y una flor de color rosa pálido que hacia una perfecta combinación con mi vestido blanco. Después de tantos años de ser conocida por toda la primaria, secundaria como una marimacho y después de la prepa volverse toda una señorita. Además, ¿estudiar gastronomía para ser una buena ama de casa? Creo que nadie ni yo misma se podía, en esos tiempos, imaginar que mi vida estaría como está ahora. No hay duda que estoy feliz de querer compartir el resto de mi vida junto a uno de los amigos que he tenido desde el pre-escolar y hasta mis días de preparatoria, que nos separáramos de cierta manera en la universidad al escoger la carrera de leyes y yo irme por el área de la gastronomía, aunque, por cierto, nos lleváramos por 2 años de diferencia, siempre fuimos muy cercanos al ser vecinos.

Suspiré al recordar todo lo ocurrido en estos últimos días, esta última semana que me mantuve alejada de mi prometido. Él tenía que entregar su tesis y yo me fui a mi departamento de soltera por unos días para terminar los últimos detalles del matrimonio… Pero, ¿¡por qué tenía que aparecer él justo esa semana!. Se suponía que las cosas no debían de terminar así. Simplemente se me olvidó y a Rode también que Gilbert von Weillschmidt era mi vecino, claramente a veces las cosas no se piensan ni se planean como se podría. No sé que me pasó, no sé si realmente siempre seguí amándolo o era porque algo en él me llamaba a serle infiel a mi querido novio. Quizás, hasta todo lo que pasó fue una malévola idea de Gilbert. Si, seguramente él sería capaz de crear un plan así de sucio y extrañamente elaborado para hacerme volver con él, enamorarme nuevamente y cuando menos lo esperara el me dejaría por una niñita de por ahí como lo hizo dos veces. Pero, sería demasiado para él crear un plan tan elaborado como ese.

Ya faltaba poco para salir a escena. Me levanté y coloqué la tiara que tenía el velo. Lo acomodé cuidadosamente y tomé el velo de atrás para tirarlo hacia adelante. Realmente iba a contraer matrimonio y no había alguien que pudiera detenerme ahora. Si hubiera decidido irme con Gilbert, ahora no era el momento, tampoco funcionaría pensar en qué sería de mi vida si fuera corriendo a sus brazos, no soy capaz de contar con él. Seguramente, si volvía con él a los días me dejaría por otra y me contaría todos sus problemas amorosos sin importarle mis verdaderos sentimientos, lo que me pone más triste y me hace sentir nuevamente tonta por tener algo de esperanzas en él, pero ahora no es así. Mi confianza está totalmente plantada en Roderich y lo que he vivido a lo largo de mi vida luego de que Gilbert me dejara por su ex, por la chica que era de un país más lejano siendo que yo podía estar a su lado, después de todo, he vivido en Austria casi toda mi vida y Gilbert a pesar de vivir en Alemania, se encuentran muy cerca. Después de todo estudiamos los tres en una escuela y una preparatoria que se encuentra en la frontera y que reúne a muchos alumnos de diferentes continentes y que además tiene un campus, y la primera vez que vi ese cabello atípicamente blanco y esos penetrantes ojos rojizos, me cautivaron y decidí hacerme amiga de él hasta que al tiempo después nuestra amistad por un juego se convirtió en un noviazgo. ¡Pensar que comenzamos a salir sólo porque mi ex no me prestaba suficiente atención y la de él era una idiota! Al final me enamoré y él, volvió con esa imbécil… Aish, no vale la pena seguir pensand-, ¿quién toca la puerta? Puede ser mi padre que me viene a buscar para entrar a la iglesia.

- Ya voy. –Abrí la puerta y… n-no… Pensé que mi pesadilla había terminado.-

- Elizabeth, vine a buscarte. Sólo podemos huir ahora, por favor, huye conmigo. Ich liebe dich, meine liebe.

- No… Es que tú no… No deberías estar acá. Yo me casaré con Roderich, no me lo vas a impedir Gilbert. ¡Dijiste que hiciera lo que quisiera!

- Pero, lo pensé y tú… Sólo tú eres la que puede acompañarme el resto de mi vida. Elizabeth Héderváry. –No te pongas de rodillas, idiota.- Te amo, por favor, escápate conmigo y formemos una familia.

- Gilbert… No entiendes nada…

- Por favor, Eli. ¡Huye junto a mí! No volveré a dejarte por otra.

- Eso… ¿Tienes claro eso? Siempre pensé que no tenías claro que jugaste conmigo casi todo el tiempo. Tú. Tú grandísimo idiota jugaste con mis sentimientos todo el tiempo y yo como idiota estuve detrás de ti, pero, no quiero volver a correr el riesgo de que me dejes atrás.

- Eli… Yo no creí que… O sea, yo jamás quise dejarte atrás o algo así… Yo te amo y te amé pero no sabía qué hacer.

- Ya es tarde, Gilbert. –Caminé a través del umbral y lo dejé atrás, sujetando con fuerza mi vestido para evitar llorar.- Te amé demasiado, pero lo que pasó… ya pasó. No quiero volver a confiar en ti, incluso si tal vez aún te amo más que a Roderich, él siempre dio todo por mí. No quiero volver a ser desechada. Gilbo, tú… tú siempre tenías a alguien más en tu lista de espera. No importa que hiciera, tu sólo avanzabas. Siempre, siempre te has conformado con las palabras, yo te decía "Aléjate" y te alejabas, te decía "Adiós" y tú te conformabas con ese adiós, te decía "Estoy bien" nunca pasaba por tu cabeza el hecho de que estuviera mintiendo, ¿Por qué siempre fuiste así? –Sin necesidad de voltear sentía su corazón palpitar y sin entender bien todo lo que bombardeaba con mis palabras.- Tuviste novia tras novia, una tras la otra y nunca miraste atrás. Yo siempre estuve detrás de ti, esperando de alguna manera una señal de que lucharas por mí, aún si era por mi amistad… ¡Lucharas y no te conformaras por las estúpidas palabras! ¡Si te dije adiós era para que me buscaras! Estaba demasiado desesperada y te puse a prueba, pero nunca entendiste que quería que intentaras buscarme… Sólo te conformaste con que me alejara y tu ahí te quedaste 8 años sin hacer nada por mí, ¿Por qué debería irme ahora contigo?... –Sentí un sollozo detrás de mí y mi voz entrecortada.- Yo te amaba demasiado, Gilbert. Más de lo que amé a alguien en esta vida, mas, nunca recibí el mismo amor de tu parte. Di que me amaste, puedes gritárselo a todo el mundo pero… el sólo hecho de que nunca fuiste capaz de pasar por sobre mis palabras, hacer caso omiso de ellas y venir por mí, me demuestra que no era tan importante en tu vida, me quisiste… Pero, no como te quería yo, tú no estabas dispuesto a dar tu vida por mí. No fue antes y no lo será ahora. Hoy es la prueba de que te dejaré atrás y armaré mi vida lejos de ti, que ya no tengo miedo de vivir sin ti y que ya podré dormir en las noches sin tener que escribir tu nombre una y otra vez en mi pared. Te amé como nadie te va a amar en la vida, Gilbo… pero, tu oportunidad ya pasó, ya te di un ultimátum y nunca hiciste nada para luchar contra eso. Lo siento, pero, ya no soy esa niña de 15, ahora soy la prometida del aristócrata que odias. Seré tu amiga si me lo pides, pero, ya no hay una tercera oportunidad.

Me alejé de él, con las palabras "Te amo y te amaré" dentro de mi garganta y caminé hacia la entrada de la iglesia donde esperaba mi padre para poder entregarme a ese hombre que me acompañó durante todos estos años, mientras en las paredes veía todos los momentos vividos con el albino quebrarse y romperse al caer contra el suelo. Esto era el adiós definitivo a esa etapa de tormento que alguna vez viví en mi adolescencia. Era mi momento de vivir la vida sin tener que pensar en su amor, sin tener que pensar en el albino. Quizás lo amaría por siempre y tal vez ahora permanecería a mi lado como un amigo, pero, no me arrepentiré de esto. No era momento de arrepentimientos y menos si se trataba de mi más grande amigo. Ahora seré la señora Edelstein y me decidí por fin a serlo; quizás yo no ame a Roderich como puedo amar a Gilbert, pero intentaré cada día amarlo más y más. Lo único que podría decirte ahora es perdóname, mi amor, mas… nuestra historia terminó. Te había dejado atrás, por fin lo que más me ha costado en la vida pude hacerlo. Gracias por todo, mi amado prusiano.

Gracias a ti, conocí lo que es el amor y el arte de amar.


Espero les haya gustado. Creo que ha sido uno de los fanfic que más sudor y lágrimas he gastado. Es el primer mature que escribo y con esta pareja que tanto amo. Por favor, no crean que no me costó escribir esto, me moría de vergüenza pero, valió la pena.

Dejen sus reviews y seguiré escribiendo más fanfics GilxEli.

Y una aclaración, no crean que este final me hace feliz, pero me daba más tristeza dejar a Roderich solo, ya que siempre Gilbert se queda con la chica. MAS~ Hay una sorpresita, quizás una especie de "epílogo imaginario" hecho para todos que no les agradó en su totalidad este final por razones obvias (El que Gilbert no se quedase con Elizabeth), pero este final explica bien el sufrimiento.

Ya dejo de escribir y espero les gustara esta historia que hice con esfuerzo y suma dedicación para todos los amantes del GilxEli, el hentai, el lemon y claro, a mi estúpido muso (para no decirle musa.)

¡Gracias por leer!