Capítulo VI.- Herida

Aquello no podía ser peor para el joven pelirrojo; el destino debía estar en su contra. Toparse con una de las personas que peor le simpatizaba, y justamente cuando estaba en uno de los momentos más íntimos con su mejor amigo. Estaba seguro de que eso no podía ser más ruin.

— Youji, subámonos a uno de los botes para pasear por el lago —comentó un entusiasta castaño, aunque con voz tímida.

— ¡Ah, gran idea! ¡Tú si sabes divertirte Kioku!

«Ahora intentas hacer la cita perfecta, ¿eh? No puedes ser más falso» Los nervios de Natsuo amenazaban con traicionarlo, por lo que decidió apretar los puños dentro de los bolsillos de su pantalón; temía abalanzarse contra aquel estúpido castaño y ahogarlo en lo más profundo del lago.

El chico felino de cabello azulado, al darse cuenta de que su compañero parecía estar siendo excluido de aquella agradable salida, decide jalarlo discretamente del brazo.

— ¡Natsuo, anímate! ¿Estás molesto?

« ¿¡Y lo preguntas, imbécil! —Presiona sus dientes, mostrando rápidamente su expresión más tranquila y falsa —.» Claro que no estoy molesto… tan sólo estoy un poco aburrido.

— ¡Anda, no seas aguafiestas!

En pocos segundos, el trío se encuentra frente a uno de los botes de madera, que ya estaban listos para emprender un sosegado viaje por las quietas aguas del parque central. Suben al transporte, dando la orden al remero para que comenzara el recorrido. Observan las bancadas de pequeños peces blanquecinos que abundaban por las cristalinas aguas, mostrando parsimonia ante las barcas.

— ¡Mira! ¿A que son bonitos? —Yamamoto se asoma por el bote, queriendo contemplar a los animales con más detalle. Pero un descuido le provoca un leve resbalón, causando que estuviera a punto de caer del bote hacia la laguna. Sin embargo no ocurrió nada, ya que el ex sacrificio lo sujetó apenas a tiempo, quedando en una pose que incomodó aún más al amargado pelirrojo.

— ¡Woah, justo a tiempo! Tuviste suerte —El joven del lunar le muestra una sonrisa de satisfacción, causando el mayor sonrojo que Kioku hubiera tenido en su vida.

Las palabras estaban bloqueadas en la boca de Natsuo. Quería gritar mil maldiciones a los cuatro vientos, todos dirigidos hacia aquel "intruso", pero la poca cordura que le quedaba las aprisionaba en lo más profundo de su garganta. El recorrido le pareció eterno, pero finalmente volvieron al muelle. Más ágil que un venado, brincó del bote dispuesto a marcharse sin avisar, pero fue detenido apenas a tiempo por su amigo.

—Natsuo —era su compañero—. No me digas que piensas irte.

— Parece que están mejor sin mi compañía.

—Ya estás con eso… ¿Crees que si no quisiera que estuvieras aquí no te jalaría a cada momento?

— ¡No me trates como un juguete al cual puedes arrastrar a cualquier lado! —se zafó con brusquedad de aquel agarre, mostrando una faceta de ira y resentimiento.

—Natsuo…

—En verdad, no me obligues a quedarme. Hablo en serio —ahora su voz era rígida y su expresión extremadamente reservada; al menos había recuperado la compostura—. Si quieres quedarte con Kioku, hazlo. Pero no me obligues a mezclarme con él.

Un momento de silencio se formó entre ellos, ajenos a cualquier sonido o ambiente de la maravillosa estancia. Kioku, quién se había dado cuenta hace pocos segundos de la tensa escena entre ellos, decidió aguardar por el desenlace de la conversación a una retirada distancia.

El ex sacrificio inhaló profundamente antes de pronunciar palabra.

—Parece… que estás hablando en serio.

—Muy en serio, Youji —le dedicó una última mirada antes de añadir—. Y esto no lo digo con mala intención: Diviértete. Te esperaré en casa de Soubi.

Tras aquellas palabras dio media vuelta y se retiró a paso lento, como quien no quisiera irse, pero es obligado por una fuerza de mayor magnitud. El otro no pudo hacer otra cosa sino observarlo, sabiendo perfectamente que nada ganaría reteniéndolo por la fuerza.

Unos segundos después, Kioku se acercó hasta el luchador de cabello azulado, convencido de que ya no era inoportuna su presencia. Decidió usar su tono de voz más cortés y tímido, esperando que lo que iba a comunicar no fuera la gota que derramara el vaso en el estado de ánimo de su amigo.

—Youji, podemos posponer esta salida… Si tú quieres…

—No; sigamos tú y yo.

Aunque no lo había dicho con doble intención, pudo notar cómo el rostro de su amigo cambiaba del siempre pálido a uno completamente teñido de carmesí. El otro pronto se dio cuenta de lo dicho, sonrojándose inevitablemente también, aunque más por vergüenza. Decidió cambiar la conversación, halándolo hacia alguna diversión que estuviera cerca. Cualquier cosa estaba bien con tal de suprimir aquella leve punzada que sentía en su pecho desde que observó el rostro decepcionado de su mejor amigo. Cualquier cosa estaba bien con tal de no sentirse un traidor.

Sus pasos parecían contradecirse. Había dicho que se iba a alejar, y sin embargo se encontraba allí, observándolos desde lo lejos y lo suficientemente desapercibido. Como alguien obsesionado; como alguien celoso.

«No tengo por qué cuidarlo… No tengo por qué ocultarme… — sus piernas se movían al tiempo que lo hacían ellos, a su debida distancia—. ¿¡Entonces porqué sigo haciendo esto! ¡Maldición Youji! ¿Por qué no te das cuenta…?»

Pero era imposible que alguien ajeno se diera cuenta de sus sentimientos si él mismo no podía admitirlos abiertamente. Estaba ahogándose en amargura; quería atar a su ex –sacrificio y obligarlo a que no viera a nadie más, que fueran sólo ellos dos, como antes.

« ¡Estúpido; te quiero, te quiero!… »

La imagen de su mejor amigo junto al otro chico bajo un árbol, semejante a la situación en la que ambos se encontraban poco antes terminó de devastarlo.

—Te quiero… —susurró con el ánimo desquebrajado, dejándose caer con lentitud contra el tronco del árbol en el que se ocultaba.

—Youji…

— ¿Eh?

Los temas de conversación comenzaban a acabarse para los dos amigos, por lo que el castaño decidió no malgastar el tiempo. Ambos se hallaban sentados bajo sombra.

— ¿Has besado a alguien?

Ciertamente aquella pregunta lo tomó desprevenido. No pudo evitar mirar de forma asombrada a su amigo.

—Ehh˜ ¿ya estás interesado en esas cosas, Kioku? —comenzó a fastidiarlo, entretenido.

— ¡N-No! Bueno, no realmente… Sólo es curiosidad… Como pareces ser tan extrovertido…

—Bueno… Nunca lo he hecho, y tampoco lo he pensado —hizo ademán de pensarlo colocando el dedo índice en sus labios, mirando hacia el cielo de forma distraída.

— ¿Y no hay nadie que te guste? ¿Alguien a quien realmente quieras dar tu primer beso?

Un rostro cruzó fugazmente por la mente del joven de cabello largo, como un reflejo. Empero en lugar de que una sonrisa se formara en sus labios, una curva hacia abajo fue adornada en su lugar.

—No sabría decir eso con exactitud… —su mirada se había ensombrecido un poco—. Sería lindo poder decir que sí, si la persona que uno quiere realmente te correspondiera.

—Esa persona es Natsuo, ¿Verdad? —lo último fue dicho en un tono más bajo, como quien no quiere asumir una realidad irrefutable.

Youji no respondió de inmediato. En vez de eso, divisó el frente con una expresión vacía e indescifrable. El otro comenzó a arrepentirse por el anterior comentario, pensando que tal vez ellos se habían dicho algo hiriente hace un momento.

—Lo siento, si dije algo…

—Te has dado cuenta, ¿verdad?

—Bueno, yo… —no le gustaba mucho el rumbo de la conversación—. Sí…

— ¿Soy muy obvio?

—Sinceramente, sí… No es muy difícil notarlo.

—Entonces… ¿Cómo es que todos pueden, menos él?

Aquello ya no le gustaba; ¿acaso pronto se encontraría a sí mismo dándole consejos a Youji sobre cómo confesarse al pelirrojo?

—Tal vez no es que no se dé cuenta…

— ¿Eh?

«Está bien mentir, ¿No es así? Hay que luchar para conseguir lo que uno quiere, ¿no?»

— ¿De qué estás hablando, Kioku?

—Q-quiero decir que, probablemente ya lo sabe. Pero si no te ha demostrado que también siente lo mismo es porque tal vez… tal vez no le importas.

Del mismo modo que alguien hubiera tenido una revelación asombrosa, así fue la expresión del de cabello azulado al escuchar la frase de su amigo. Las palabras atravesaron lo más profundo de su cerebro, provocándole una reacción de súbita comprensión, como si alguien hubiera quitado una venda de sus ojos, proporcionándole un juicio que desgraciadamente, era erróneo.

— ¿Tú… crees eso?

«Perdóname. Pero no quiero compartirte.»

—Sí; así lo creo —el tono en sus palabras fue firme; no daría marcha atrás.

Mientras el silencio los envolvía, Natsuo observaba la escena de forma recelosa y confundida.

« ¿Por qué Youji puso esa cara? ¿De qué demonios están hablando? —las ganas de ir y saber las cosas a su manera era tentadora, pero sabía que aquello tenía sus consecuencias, y no quería mover más a su frágil relación con su compañero.

—No; no creo que sea así.

— ¡Youji; ¿por qué es tan importante para ti?

Aquello sí había sorprendido al ex sacrificio; nunca había escuchado ese tono de voz en su tímido amigo.

— ¿Kioku?...

—Sólo te preguntas por qué Natsuo no ve tus sentimientos, ¿y qué hay de mí? ¿Por qué tú no puedes darte cuenta de los míos? ¡¿Acaso no ves que estoy totalmente enamorado de ti?

Antes de que el otro pudiera dar una respuesta ante la súbita confesión, ya se hallaba siendo besado por su tímido pero al parecer, impulsivo "amigo". El shock fue tan grande para su cuerpo como lo fue para la vista del joven pelirrojo, quien destrozado no hallaba fuerza en sus piernas para irse cuanto antes de allí.

Ciertamente no pensaba que su primer beso fuera con un chico al que acababa de conocer recientemente, sin embargo eso no quitaba las miles de sensaciones e impulsos eléctricos que aquel contacto le estaba causando a sus sentidos. Era algo nuevo después de todo, una sensación irresistible. La suavidad de los labios ajenos era inimaginable, el calor comenzaba a apoderarse de él y a agolparse en sus mejillas con la forma de un sonrojo. Sus manos pronto se encontraron tomando de forma dubitativa las mejillas de Kioku; olvidó en qué momento había cerrado los ojos para disfrutar mejor el ósculo.

Como pudo, Natsuo se levantó de aquel patético escondite, dispuesto a marcharse. El pecho le dolía, aunque sabía que no tenía ninguna herida externa. Se apoyó en el tronco de árbol, como si estuviera narcotizado por alguna droga mortífera. Sus pasos no tenían rumbo como hace un rato, pero si sabía que se dirigiría a cualquier lugar donde Youji no estuviera.

«Ya lo sabía… Lo sabía desde el momento en que lo vi tan contento por sus citas con ese tipo… Supongo que ya no había remedio con nosotros ¿No?... El que él haya aparecido para conquistarlo así, sólo demuestra que nosotros ya no teníamos futuro… No importa, no importa; ¿quién diablos te necesita?»

Sus labios eran forzados a sonreír cínicamente, pero sus ojos lo traicionaron al derramar finas lágrimas, que lograron filtrarse por su parche. Atónito por esto, decide correr y alejarse tan pronto como le fuera posible, mientras la velocidad de sus piernas incrementaba también la de su llanto silencioso.

Aquello estaba llegado más lejos. Kioku ya se había aferrado vehementemente a su camiseta, poniendo toda su pasión reprimida en aquel momento. Youji, consciente de que no debía lastimar sus sentimientos, se zafó finalmente de su compañero, algo agitado por el tiempo que había estado besándolo.

—Espera; esto… esto no está bien… Para nadie.

Las facciones de Yamamoto mostraron el horror de la entrante pérdida; se sujetó de la camisa del joven del lunar en forma casi desesperada. Sus ojos verdosos buscaban los dorados de Sagan.

— ¿Por qué? ¡Tú también lo has disfrutado! ¿O es que no te gustó?

—No estoy diciendo eso, pero sólo… me dejé llevar. Eres mi amigo, pero nada más.

— ¡Youji! —Se sentía caer en un barranco con aquellas palabras, a sabiendas de que aquella conversación podía ser el fin de su relación con el chico de cabello extravagante— ¡Me gustas de un modo que Natsuo no hará nunca! ¿Por qué no quieres aceptarme?

—No quiero que estés conmigo cuando yo no correspondo a tus sentimientos. Creí estar confundido sobre lo que sentía hacia ti, pero ahora lo tengo claro. No quiero que me odies…

El castaño se levantó de aquel sitio, con la vergüenza y su dignidad sintiéndose pisoteadas.

—No te odio… Pero sí me siento decepcionado. Creí que tendría alguna oportunidad contigo.

—Kioku… Por favor, olvidemos esto… ¡Aún podemos ser amigos!

Era el colmo, en lo que respectaba a Yamamoto. Y lo mostró con una corta risa, apagando las esperanzas de reconciliación en el otro chico.

—Dime Youji… ¿Por qué Natsuo significa tanto para ti? ¿O es que te gusta la forma cínica y grosera en que te trata? ¿Es que eres masoquista?

Aquella pregunta lo hizo indagar realmente el porqué. Kioku podía tener razón, pero simplemente no encontraba una razón fundamental. Los momentos de los últimos días que estuvieron discutiendo jamás llegaron a su mente; en su lugar, todas aquellas veces en que se divertían como Zero, las divertidas risas de su compañero pelirrojo, la forma traviesa y maliciosa en que ambos se insinuaban sin llegar a decir realmente lo que sentían eran las únicas memorias que flotaban por su mente como hermosas plumas. Nada más importaba para él que cuando se encontraba con su mejor amigo, con su único amor.

—Probablemente lo sea —una sonrisa adornó sus labios; la sonrisa de alguien verdaderamente enamorado—. Pero sólo puedo decirte que Natsuo… Natsuo es la persona que más quiero en este mundo. Perdona, Kioku.

No hubo respuesta para eso. Kioku no sabía cómo competir con alguien que significaba la vida misma para quien pretendía. Cabizbajo, decidió acabar con aquello de una vez por todas.

—No tienes por qué disculparte… Simplemente, yo llegué después, y no pude robarte. Pero… espero que encuentres lo que buscas con él —se inclinó rápidamente, robándole el segundo y último beso al joven gatuno. Uno fugaz y resignado, pero significativo—. Nos veremos, Youji. Y dile a Natsuo que no vuelva a preocuparse, no tiene por qué tenerme más celos.

Dicho lo último, se alejó del parque sabiendo que no sería perseguido. Youji también sabía que ir por él no era lo adecuado, o las cosas empeorarían. Se levantó también del pasto, reflexionando lo ocurrido. Todo había sucedido demasiado rápido. Una confesión, un beso, un rechazo, y una clara visión de sus verdaderos sentimientos. Se preguntó si debería sentirse halagado por saber que alguien más lo quería de esa forma tan intensa, o sentirse culpable por no poder corresponder.

«Natsuo…»

La culpa comenzó a invadirlo. Su primer beso no había sido con quien realmente amaba. Debió haber detenido aquello.

« ¿Cómo no pude darme cuenta de lo que sentía Kioku? ¡Soy tan idiota!»

Recordó que Yamamoto dijo algo sobre que Natsuo tenía celos de él. ¿Estaría tan lastimado como él lo estuvo en su momento con respecto a Ritsuka?

«Debo ir con Natsuo… Esto se salió de control. Nuestros estúpidos juegos infantiles… »

Natsuo continuó caminando sin dirección, con la respiración acompasada. Ya no lloraba, pero el malestar continuaba allí. Sus ojos desenfocados simplemente se hallaban divisando el frente, sin captar nada alrededor. El juego de celos fue convirtiéndose en un arma para ambos. Él lo había comenzado, y al final este se tornó con la punta del cuchillo hacia él. Youji encontró un compañero, y él se quedó sin nada. Ritsuka se hallaba inexistente en aquellos momentos; él ya tenía a Soubi. Quería arrojar todos sus sentimientos, ser abrazado y consolado. Comenzó a recriminarse el haber empezado toda esa estupidez.

«Simplemente recibo lo que merezco… —una sonrisa arrepentida y fugaz surcó por la comisura de sus labios—. Creo que ahora entiendo a Youji cuando lo molestaba con Ritsuka…»

Pero él no lo hacía en serio. Sólo amaba ver cuán importante era para Youji. Jamás pensó en lastimarlo tanto, y mucho menos el alejarlo de esa forma. Quería regresar el tiempo, empero era imposible. La invisible promesa de estar siempre juntos ahora parecía tan lejana y banal. No podía olvidar aquella mirada cargada de celos y molestia aquella tarde que su ex sacrificio decidió dejarlos a él y a Ritsuka. Maldijo ese día; maldijo su estupidez al haber seguido con el juego de amor por Aoyagi en lugar de haber detenido a quien realmente quería. No pretendía que nada cambiara, y sin embargo lo había logrado.

«Quiero estar contigo… —pensó desolado, esperando que el viento mandara su plegaria hacia su compañero—. Quiero que te gires y te des cuenta de que te necesito… de que estoy aquí…»

La tarde comenzaba a desvanecerse, cediendo lentamente el paso al cielo nocturno. El frio comenzaba a colarse por su ropa, haciéndolo tiritar un poco. Recordó la tibieza de su cuerpo junto al de Youji mientras se abrazaban en la mañana. El sólo fragmento de reminiscencia lo hizo sonreír débilmente. Comenzaba a oscurecer más; no tenía dinero para pagar un taxi que lo llevara a casa. Ni siquiera sabía dónde se encontraba, pero aun así no tenía ganas de regresar a casa. Decidió deambular un poco más hasta que sus propios pies lo condujeran hasta el apartamento de Soubi. Las personas que se encontraban en la calle ya no tenían la misma pinta que las del día. Había algunas mujeres en las esquinas de calles, y otras saliendo de algún bar, con ropa en extremo llamativa, incitante. Pasaban grupos de adultos con ropas que mostraban su inclinación por el vandalismo. Recordó entonces que ya no era un Zero, sólo un adolescente más.

—Oye, amigo, ¿Te gustaría divertirte un poco? Luces deprimido˜.

Elevó la vista; eran dos mujeres que olían a alcohol. Sus atuendos provocativos confirmaban que eran prostitutas. Decidió ignorarlas y seguir de largo.

«Creo que es por aquí… —logró encontrar un camino reconocible, pero era de los menos transitados, volviéndolo algo inseguro—. No me queda de otra…»

Alguien lo esperaba en casa impaciente, pero él no lo sabía.

—Ah, ya estás aquí Youji. Bienvenido

— ¡Soubi! ¿No vino Natsuo contigo?

Sagan había estado aguardando por su amigo desde hacía un buen rato en casa de Agatsuma, confiando que quizás llegaría a la misma hora que el mayor.

—Pensé que estabas con él. Debe estar por allí, no debe tardar.

Aquello no tranquilizó a Youji. Si aún tuvieran sus habilidades especiales no importaría, pero ahora corrían los mismos riesgos que los humanos. Mordió su pulgar, reprimiendo un quejido cuando sintió el dolor por la fuerza que había usado.

—Por cierto, Kio vendrá más tarde.

El menor ni siquiera lo escuchó; sus pensamientos consumían toda su atención.

«Vamos Natsuo… No hagas que me preocupe más, tengo que verte ahora…»

«Creo que me falta poco para llegar.»

El ex luchador caminaba rápidamente. Su cuerpo comenzaba a resentir el clima, y había muy pocas luces en el camino. De vez en cuando volteaba hacia atrás, pues la incertidumbre de que alguien lo seguía rondaba como espasmos de alarma en su cuerpo. Trató de restarle importancia a sus pensamientos y aceleró el paso. Sólo le faltaban unos cuantos callejones para llegar.

« ¿Youji ya estará en casa? —No podía evitar preocuparse por él de forma inconsciente—. Debe de, es tarde…»

El resto de sus pensamientos fueron truncados al sentirse rudamente halado por alguien en dirección contraria a la que iba. Su cuerpo se hallaba inmovilizado por un hombre mayor, y difícilmente podía ver su rostro a causa del parche. Su boca se hallaba cubierta por la mano del sujeto.

—Dame todo lo que tengas y te dejaré ir.

Debió haber imaginado que era un asalto. Trató de localizar rápidamente a alguien que estuviera cerca de allí, pero no había nadie más. Después de todo, los callejones no eran muy frecuentados. Su corazón estaba acelerado, pero no como cuando sentía la cercanía de Youji, sino el súbito temor que por primera vez invadía su cuerpo. Hizo unos cuantos sonidos para que el tipo entendiera que quería decirle algo.

—Voy a soltar tu boca; pero si gritas vas a lamentarlo, ¿escuchaste?

Natsuo cabeceó suavemente en forma afirmativa, mientras sus labios fueron liberados un poco. Inhaló profundo, murmurando suavemente:

—No tengo dinero… idiota.

Y aprovechando cada segundo, mordió con fuerza mano del hombre, escuchando un rugido por su parte. Creyó que estaba completamente libre, tratando de correr lo más rápido posible. Sin embargo, su muñeca izquierda fue capturada. Estuvo a punto de golpear con todo lo que tenía, pero no pudo hacer mucho más. Soltó un gemido ahogado. Cayó de rodillas, encorvándose de forma instintiva.

« ¿Qué es esto?...»

Llevó sus manos temblorosas a su abdomen, incapaz de poder hablar. Su camiseta estaba manchada y algo húmeda.

« ¿Sangre?...»

El líquido carmesí se filtró, ensuciando un poco sus manos. Su respiración se volvió irregular. No podía siquiera reaccionar de forma adecuada. Deseaba gritar, pero se sentía congelado. Había sido apuñalado con un cuchillo. Fue revisado por el ladrón en la camiseta y los bolsillos. En cuando comprobó que realmente no tenía capital, se dio a la fuga tan rápido como pudo, dejando al pelirrojo en aquel lugar.

—Ah… —estaba aterrado, con el dolor incrementando en la zona herida. Por primera vez experimentaba el daño. Era increíble para él como una simple apuñalada podía alterar todos sus sentidos. La punzada comenzó a hacerse insoportable para su precoz e inexperto cuerpo, haciéndolo estremecerse de dolor, robándole más quejidos.

«Maldición, esto es una tortura…—trató de incorporarse, pero el dolor lo hizo soltar un nuevo grito. Ignoraba la magnitud de la herida, pero sólo sabía que si quería curarse debía ir con Soubi cuanto antes—. Debo llegar… Debo llegar pronto…»

Haciendo acopio de todas sus fuerzas, logró ponerse de pie; colocó su brazo en la herida, caminando inestablemente hacia su destino. Tras de sí dejaba un pequeño rastro de sangre, el cual apenas se notaba entre las sombras de la callejuela.

Sólo en aquel momento, se arrepintió de haber adquirido la sensibilidad.

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¡Al fin regreso! *O* Espero perdonen la horrenda demora, pero aquí comprueban que cuando digo que no voy a abandonar un fic, no lo hago n.n´ Discúlpenme, en verdad, pero estaba totalmente carente de ideas para los fics. Pero pues aquí les hice un capi de 10 hojitas, que espero haya sido lo suficientemente larguito (no lo fue, ¿verdad? ._.) Espero no hayan odiado a Kioku, aunque supongo que en este punto ya era inevitable xD pero pues Youji ya está completamente seguro de a quien ama en verdad :3

¿Fui muy cruel con Natsuo? Para todas las que al principio creían que merecía un castigo, creo aquí se los cumplo, y hasta con sangre D: Pero en fin, como comenté en un fic de Monochrome Factor, la otra será mi última actualización para ustedes :´) así ya no seguirán esperando más y podremos ver el futuro de estos dos amores ¿Youji quedará viudo? ¿Kio violará esta noche a Soubi? (qué con estas preguntas random… ¬¬)

Como necesitaba inspiración para este capi tan dramático, me puse a escuchar canciones bien tristonas, y fue como hallé a un cantante japonés que ahora adoro *-* Las canciones con las que me inspiré fueron "Last Song" de Gackt y "Unchainned melody" de Air Supply, creo que si las escuchan podrán encontrar varias frases que usé en el fic ^^ Son hermosas, créanme; se las recomiendo mucho =3

En fin, espero que les haya gustado y aunque probablemente hayan olvidado este fic desde hace mucho, agradecería sus reviews para ver qué tal quedó este capítulo; si es que la inspiración que me brotó dio asco, si las dejé picadas, o yo que sé…

Espero hayan tenido una feliz navidad, diviértanse mucho en estas vacaciones y que tengan un feliz y próspero año nuevo =) ¡Se cuidan muchísimo, besos!˜ o¬o