-¡Vamos! ¡Deprisa o llegaremos tarde!
-¡Yo soy rápida, tú eres el lento!
-Calma, chicos, el hotel no irá a ningún lado.-musitó un hombre que cargaba con dos maletas, al tiempo que salía por la puerta de un vagón.
-El hotel no...-dijo una niña, cuyo largo cabello se hallaba recogido en un moño oriental.
-Pero nuestros tíos sí.-secundó un muchachito, de cabello negro atado en una pequeña coleta baja. Los ojos de ambos eran dorados.
-Tenemos mucho tiempo, verán que llegaremos temprano-tranquilizó aquél adulto una vez que logró encontrar un espacio donde colocar el equipaje. Pidió a los niños que se quedaran con éste y volvió hacia el tren que acababa de llegar a la estación. Una vez que estuvo frente a la puerta por la que salió, alargó un brazo e hizo una breve inclinación.- ¿Me permite, hermosa doncella?
-¿Hasta cuándo dejarás de lado el rol del príncipe?-inquirió una voz femenina, divertida. De la oscuridad, una delicada mano tomó el brazo que se le ofrecía.
-¿No te gusta?
-Sí, pero me extraña que de la nada hayas comenzado a tratarme así.
El adulto, cuyos ojos eran dorados, se encogió de hombros y dio un paso hacia atrás para permitirle avanzar.
-Digamos que recordé tu fascinación por la nobleza.
-Oh, eso fue tiempo atrás-replicó la mujer que bajaba del tren. Su largo cabello negro, caía trenzado entre los pliegues de un sencillo vestido oriental de color violeta.- Ya no soy una niña, Alphonse.
-Pero sigues siendo una princesa ¿cierto? Una de las princesas de Xing, mi querida Mei.-repuso el aludido, besando la mano de su esposa. La mujer, ruborizada, le sonrió con ternura.
-¡Oigan! ¿Ya nos vamos?-interrumpieron dos vocecillas, pertenecientes a los niños que se hallaban sentados sobre las maletas.
-¡Tengo hambre!
-¡Y yo sed!
-Tendrás que soportar el hambre hasta que nos reunamos con los tíos, Shang.-explicó Al, tomando la mano de Mei.
-En alguna parte deben vender bebidas, Jun-secundó ésta-Te compraremos algo.
-¡Qué injusto! Papá es malo conmigo-quejóse el llamado Shang, cruzándose de brazos.
-Y mamá es buena conmigo.-presumió Jun, yendo a abrazar a la mujer.
-Si fuera malo, te negaría la comida cada vez que la solicitas-analizó Al, tomando ambas maletas nuevamente.- Sólo por hoy, te pido que resistas: es una ocasión especial.
-Oh sí...muuuuy especial-murmuraron los gemelos, soltando después una risita malvada.- ¡Vamos! ¡Sabemos el camino!-añadieron al unísono. Enseguida, ambos se lanzaron a correr hacia la salida de la estación, para luego volver y confesar que en realidad no sabían qué camino tomar.
-Tus hijos son de lo más extraños.-comentó el rubio, riendo suavemente.
-Eso es porque también son tus hijos.-replicó Mei, poniendo los ojos en blanco.
Tras haber caminado por un rato, la familia dio con el hotel donde los esperaban.
Una vez que se registraron, Alphonse llamó al cuarto donde se alojaba su hermano para notificar su llegada; luego de un breve intercambio de palabras, acordaron que se verían en el vestíbulo principal en una hora.
Cuando aquél lapso transcurrió, ambas familias se encontraron en el lugar establecido, elegantemente vestidos.
Al verse, los hermanos Elric se abrazaron con verdadero regocijo, pues hacía tiempo que no hablaban frente a frente, dada la lejanía entre Reesembol y el país de Xing. Aprovechando la ocasión, las esposas e hijos de ambos también se saludaron con alegría...aunque hubo uno que otro percance, debido a las bromas que los gemelos orientales le hacían a Trisha y a su explosivo carácter.
-Ahhh no sé qué hacer con ellos: a veces son tranquilos y a veces, un verdadero desastre natural.-se lamentó Alphonse, llevándose una mano a la frente. Su hermano mayor soltó una breve carcajada.
-¿Pues qué esperabas, Al? ¿Recuerdas cómo era Mei? Si fusionas esa personalidad, con la calma que siempre te caracterizó, obtendrás justamente estos resultados.
-Sí, supongo que sí...Aunque tú tampoco te quedas atrás-repuso el aludido, señalando con la cabeza a la joven de cabellera rubia.- Trisha heredó muchos aspectos que te distinguían. Lo que me recuerda... ¿dónde está Urey? No lo he visto por aquí.
-Él se adelantó, dijo que nos vería allá-intervino una mujer de ojos azules, que portaba un sencillo vestido rosa y en sus muñecas, pulseras fabricadas con tuercas y tornillos.- Supongo que está arreglando los últimos detalles.
-Bellísima como siempre, Winry.-halagó Ed, abrazándola por la cintura.
-Ya me lo has dicho tres veces en el día-observó la aludida, componiendo un tierno semblante.- Pero no me molesta.
-Y si te molestara, no me importaría.-replicó el otro, dándole un fugaz beso en los labios.
-Mírate, hermano: si me lo hubiesen dicho años antes, no lo hubiera creído.-comentó Al, esbozando una sonrisa traviesa- Sobre todo, después de tu "romántica" proposición.
Ed, ante esto, se ruborizó levemente y apartó a su esposa con suavidad.
-A veces la gente cambia ¿sabes? Como sea... Sí, Urey se fue más temprano.
-¿Estás nervioso?-aventuró Al.
-¿Por qué habría de estarlo? Sólo va a presentarnos a su novia, no a su prometida.
-Bueno, quizás porque le tomó muchos meses conquistarla, considerando la distancia que los separaba.-razonó Winry.
-O quizás porque, según me contaron, tuvo que viajar varias veces en tren para visitarla.-secundó Alphonse.
-¿Quién sabe?-intervino Mei, colocándose al lado del mencionado.- Tal vez algún día sí lleguen a casarse.
-¡Ahh basta!-pidió Ed, negando con la cabeza- Urey sólo va a presentarnos a la chica y ella a su vez nos presentará a sus padres, es todo. No hay nada de qué preocuparse.
-¿Y quién se ha preocupado?-inquirieron las tres voces al unísono.
-¡Nadie! ¡Movámonos, que ya es tarde!-exclamó el de anteojos, dirigiéndose hacia la salida con pasos apresurados. A él, le siguieron su hija y los gemelos.
-Siempre igual...-musitaron Winry y Al, poniendo los ojos en blanco, antes de ir por el mismo camino, acompañados de Mei Chang.
En poco tiempo, ambas familias se encontraban en uno de los restaurantes más lujosos de Central. En éste ya los esperaban cuatro personas más: Elysia, ahora doctora, junto a su madre; también Shezka y su esposo Kein Fuhery. Para pasar el rato, todos se sumergieron en diferentes pláticas, cuyos temas variados iban y venían; no pasó mucho, antes de que la puerta del local se abriese.
-Ah, ahí están.-anunció Winry, provocando que el resto mirara hacia ese punto. Urey los saludó desde lejos, sosteniendo la mano de una jovencita. Alphonse y Mei sonreían al ver tan tierna escena, sus hijos se limitaron a intercambiar miradas traviesas. Trisha y Winry se miraron unos instantes, antes de ver de reojo al hombre de ojos dorados. Éste, mientras la pareja se aproximaba a ellos, no podía evitar que sus ojos se abrieran cada vez más y más.
-Hola a todos, les quiero presentar a Janine-declaró Urey, alegremente, haciendo un ademán.- Ella es la chica de la que tanto les hablé.
-Es un placer conocerlos-dijo la aludida, a la vez que hacía una breve inclinación femenina, tomando los pliegues de su vestido, color verde oscuro-Perdonen la ausencia de mis padres, pronto llegarán, es sólo que nosotros nos adelantamos.
-Descuida, querida. Mientras, el placer es nuestro en conocerte al fin- repuso Winry con dulzura.
-Ella es mi madre, Janine-explicó Urey. Acto seguido, comenzó a presentarle a los miembros de su familia, recibiendo a cambio, calurosos saludos por parte de ellos, hasta llegar al último integrante.- Y él es mi padre, Edward Elric.
-Un honor conocerlo, señor-dijo Janine, educadamente- He escuchado todas las historias que se siguen contando sobre sus hazañas cuando fue un Alquimista Estatal, y permítame decirle que son asombrosas.
-Eh...claro, gracias. Yo e-estoy encantado de conocerte por igual. Urey m-me ha hablado mucho sobre ti.-musitó el ex-alquimista, asombrado ante lo que veía: los ojos eran azules, levemente rasgados; el cabello, largo y negro como el ébano. El porte imponía segura autoridad y respeto, pese a su edad; aún no reconocía ciertas facciones, mas sus expresiones daban a entender lo amable, pero ególatra que podía llegar a ser.
Esa jovencita, le recordaba tanto a...
Una súbita entrada de dos militares interrumpió sus pensamientos. Los recién llegados se colocaron a ambos lados de la entrada.
-¡Atención! El Führer va a ingresar a este local, por lo que les suplicamos muestren respeto ante su presencia.-anunció uno de los oficiales. Pasados unos segundos de silencio, un pequeño grupo entró al restaurante, encabezado por un adulto fornido que vestía el uniforme militar digno de su rango, que sin embargo, tenía ciertos rasgos que el tiempo le había dejado; a su lado, le seguía una hermosa mujer de ojos rojizos, que le sostuvo el gorro y saco que el hombre se retiró. El silencio de profunda admiración se hizo presente.
-¡TÚ!-le espetó una voz al fondo. El resto de los comensales le miraron desconcertados ante tal falta de respeto y dos personajes de la escolta de aquél hombre desenfundaron sus armas, preparados bajo entrenamiento.
-¿¡Por qué se ha dirigido hacia su Excelencia de esa manera!-reprochó uno de ellos, apuntando al sujeto que había roto el silencio. Éste, que ya se había levantado de su asiento, se retiró los anteojos con cierta brusquedad y miró fijamente al líder del país, quien, al reconocerlo, esbozó una pequeña sonrisa.
-Calma, les aseguro que no nos hará daño. Conozco a este hombre-tranquilizó, colocando las manos sobre las armas de sus custodios. Éstos, a regañadientes, las devolvieron a sus fundas.- Edward Elric, ¿quién lo diría? Pensé que no te gustaba venir a este tipo de lugares.
Ante la mención de su nombre, las personas que antes le habían mirado con reproche, comenzaron a cuchichear entre ellas, pues aquél muchacho que ayudó a salvar al país era toda una leyenda. Con tranquilidad, el Führer avanzó hasta esa mesa y extendió los brazos, alegremente.
-Vaya, sí que es una gran sorpresa encontrarte aquí, y justo el día de hoy que...-comenzó a decir, pero se interrumpió de improviso al reparar en las personas alrededor del rubio. De algo sospechó en ese instante, porque empezó a buscar con la mirada a alguien en particular.- Espera un momento...Emh... ¿Janie? ¿Janine?
-¿Sí, papá?-contestó la dulce voz de aquella jovencita que había traído Urey, surgiendo detrás de una columna con una sonrisa inocente. En ese momento, Roy Mustang abrió más los ojos, anonadado. Luego, colocó una mano sobre éstos.
-Oh, qué interesante...
-¿Papá?-llamó su hija, colocándose en frente de él para llamar su atención.- Permíteme presentarte a Urey Elric.
-Es un honor conocerlo en persona, señor. Su leyenda es famosa por los alrededores.-halagó el muchacho, haciendo una reverencia en señal de respeto. Mustang por otro lado, lo contempló de pies a cabeza, antes de estrecharle la mano y sonreír con ironía.
-El gusto es mío. Ah, eres idéntico a tu padre...
-Sí, todos me dicen lo mismo.-admitió el muchacho, llevándose una mano a la nuca.
-Excepto el cabello: preferiste mantenerlo más corto.-observó el otro. Los mechones rubios sólo llegaban hasta los lóbulos de sus orejas.
-Es lo único, físicamente hablando.
-Interesante... Oh vaya, pero qué descortés, no te he presentado a mi esposa: Riza.-dijo el hombre, tomando la mano de la mencionada para acercarla a ambos.
-Ya nos conocíamos, querido.-repuso ella con una sonrisa.
-¿Cómo?
-Al menos por teléfono-aclaró Urey.- Por fin nos vemos frente a frente, señora, mucho gusto.
-Mucho gusto-concedió Riza, antes de dirigir su vista hacia Winry y lanzarle una mirada cómplice.- Hola, Winry, parece ser que todo resultó bien.
-Sí, aún no se recuperan de la sorpresa.-comentó la rubia, tomando la mano de su esposo, quien posaba los ojos en cada uno de los presentes.
-Ustedes lo sabían-sentenció, cuando cayó en la cuenta.- Todo el tiempo lo supieron ¿y no me dijeron nada?
-Queríamos que fuese una sorpresa para ambos.-explicó Riza, colocando una mano sobre el hombro de su marido.
-En efecto, estamos sorprendidos.-admitió Roy, mirando a Edward. Él tampoco parecía tener idea de lo que acababa de suceder.
-Pero bueno, ¿por qué no se sientan?-propuso Elysia, haciendo un ademán- Sólo los esperábamos a ustedes.
-Seguro. Es maravilloso volver a verles después de un tiempo. ¿Cómo vas en tu trabajo, Elysia?
-Es pesado, pero me agrada-repuso ella, acomodándose un mechón rebelde.
-Ayer tuvo su primer parto-comentó Gracia, feliz- Trajo al mundo a dos niños.
-Fue algo maravilloso-recordó la joven Hughes, con un ligero dejo de nostalgia.
-Me alegra saberlo, estoy orgulloso de tu progreso-felicitó Mustang. Luego desvió su mirada hacia otro sitio de la mesa- Por otro lado, también me agrada ver más crecidos a los hijos de Acero-dijo Mustang, retirándose el cinturón que contenía la espada y colgándolo en uno de los brazos de la silla, para después sentarse en ésta.- Mas me apena decir que nunca supe el nombre de esta jovencita.- añadió, señalando a la rubia de ojos azules.
-Trisha Elric Rockbell, señor.
-Es un lindo nombre.
-Gracias, señor.
-Por favor, llámenme Roy. En estos momentos no es necesaria tanta formalidad.
-Y ¿de quiénes son estos adorables gemelos?-intervino Riza, que estaba justo al lado del par.
-Nuestros.-respondieron Al y Mei al unísono.
-¡Hola! Me llamo Jun Elric Chang-presentose la niña, con una sonrisa.
-Y yo soy Shang Elric Chang-secundó su hermano.- Suena repetitivo, pero ese es mi nombre.
Hawkeye dejó escapar una risita, para luego acariciar la cabeza de ambos niños.
-Son muy lindos, Alphonse.
-Gracias.
De esta forma, los presentes en aquella mesa se dispusieron a disfrutar de tan agradable reunión que había acontecido, gracias a dos mentes ingeniosas y enamoradas. Se esperaba cualquier cosa: risas, memorias que se evocaban, peleas sencillas, inclusive tristezas. No importaba, puesto que al final, todo iba a resultar bien.
El tiempo pasa, pero los recuerdos permanecen e incluso algunos llegan a reencarnarse, aunque no siempre de la forma que esperamos. Lo único factible, son las experiencias que vivimos día con día.
FI-
-¡Un momento!-exclamó de improviso Edward, cuyos ojos se hallaban clavados en su plato. Todos le miraron.
-¿Qué sucede, Ed?-inquirió Winry, arqueando una ceja.
-Hay algo que todavía no entiendo...
-¿Y qué es eso que no entiendes? Si se puede saber.-preguntó Roy, con voz melosa.
Ed tomó aire, luego cogió sus anteojos y se los puso. Enseguida alzó la mirada, sonriendo nerviosamente.
-De tantas personas, de tantos pueblos y ciudades que existen en este país, de cualquier medio en que el flujo del mundo continúa... ¿Cómo fue posible que MI hijo, se enamorara de TU hija?
EL FIN, POR FIN
...
...
...
Mentira! w
Todavía tengo algo más que mostrarles, así que síganme y aguarden por la sorpresa!
