La ciudad de las memorias olvidadas
by
Aline S.V
Disclaimer: Los personajes de La Leyenda de Korra son de propiedad de Bryke y los Estudios Nickelodeon, yo sólo los he tomado prestado para entretenernos un poco.
I
El llanto de los inocentes
Finalmente, el enorme pedazo de concreto se levantó, dejando espacio suficiente para que pasara. Sus hombros se mantenían caídos y sin la ceremonia de antaño, trataba de aliviar su dolor de cuello, sobándose con la mano. El tiempo no había carcomido su belleza ni elegancia, pero sí su pomposidad; Asami era ahora una mujer con un par de cicatrices en el cuerpo y demasiado conocimiento para su propio bien si es que se lograba descubrir su papel en este juego mortal, pero no había caso en pensar en esa clase de cosas.
―Bienvenida, Asami―la mujer le devolvió el saludo con un gesto mientras sentía que el concreto tras ella volvía a moverse― ¿cómo estuvo el entrenamiento?
―Pesado, como siempre―respondió con su melodiosa voz― ¿Sabes dónde se encuentran Mako y Bolin, Li?
El muchacho de ojos saltones dio un brinco en su puesto y asintió. Aún era joven, pero había tenido que aprender, como todos en ese lugar, a dejar de lado su niñez para asegurar a la masa.
―Relevé a Bolin hace poco, dijo que iba a ir a comer, Mako debe estar con él.
―Gracias, Li.
Con un movimiento de mano, Asami se despidió del muchacho y avanzó a paso rápido hacia su pequeña mediagua. Bajando las telas que hacían de puerta y cortinas, el pequeño lugar que parecía que se vendría abajo en cualquier momento quedó escasamente iluminado, pero ya acostumbrada a la penumbra de su casucha, avanzó hasta la pequeña caja que hacía de velador donde una fuente y una jarra llena de agua la esperaban.
―Toma, necesitas comer más―Mako dejó de lado su oloroso estofado cuando Asami se sentó junto a él, con un gesto, deslizó el plato sobre la improvisada mesa hacia la chica.
―Este es el tercer día que me dejas la mitad de tu plato, Mako, tú también necesitas comer―reclamó ella, mientras deslizaba el plato de vuelta a su dueño y luego se concentraba en su propia comida.
―Necesitas alimentarte, hermano―concluyó Bolin.
Mako dejo escapar un suspiro cansado, pero finalmente desistió de intentar darle su comida a la joven. Como Asami, ambos chicos estrellas del Pro-Control habían cambiado, como muchos de los maestros que habían sido obligados a adaptarse a estas circunstancias tan desafortunadas, los hermanos tenían cicatrices en los brazos y la cara producto de los innumerables encuentros entre ellos y los Igualitarios… junto a sus máquinas del mal.
―En las celdas escuché algo interesante―comentó la mujer de pronto.
Mako dejó de comer para mirarla y Bolin retuvo el aliento.
― ¿Qué clase de información? ―inquirió el mayor.
―Anoche llegaron prisioneros de la Nación del Fuego.
―Necesitamos al resto reunido, terminemos de comer y hagamos la reunión―ordenó Mako. Los dos muchachos asintieron quedamente y siguieron comiendo a una velocidad mayor.
Era costumbre que en ocasiones como ésta los refugiados se sentaran en círculo en torno a los tres jóvenes, siempre se realizaban ese tipo de reuniones cuando había un golpe mayor que hacer.
No eran muchos, porque en realidad no eran muchos los que vivían allí abajo, ocultos como ratas, la comida era escaza y era mucho menor cuando traían a los rescatados por una temporada a vivir con ellos, pero no había otra forma que no fuera esa. Si ellos no se ayudaban entre sí, nadie podría hacerlos.
―Asami―señaló Bolin a la mujer.
La mujer meneó un poco la cabeza, moviendo su corta cabellera y dio un paso al frente. Aclarándose la garganta de paso.
―Un nuevo cargamento ha llegado a Ciudad República anoche, ésta mañana han sido relocalizados en el campo de concentración para la separación―señaló con la voz fría―esta noche, Amon tomará el control de los más fuertes y los más débiles harán la fila para el trabajo obligado, como de costumbre―un murmullo se instaló entre un poco más de cincuenta personas que vivían allí―son aproximadamente unas veinte personas traídas desde los campos de concentración de la Nación del Fuego y...
― ¡No tenemos comida suficiente para tantas personas! ―exclamó una mujer entre el gentío.
―Sabemos, pero tampoco podemos dejar a esas personas desamparadas―recitó Asami―tenemos que sacarlos de allí, luego de que sean separados, será más difícil llegar a ellos.
―Necesitamos a un grupo que se encargue de llegar hasta la tienda del Señor Chong, necesitamos que mueva La Cadena antes de mañana para conseguir alimentos―declaró Mako―otro grupo se encargará de ir al campo de concentración a liberar a la mayor parte de la gente que podamos.
―Necesitamos ser rápidos en esto, no tenemos mucho tiempo―apresuró a decir Bolin.
Los refugiados se miraron entre sí una vez más, hubo un par de preguntas, un par de discusiones como de costumbre cuando se trataba de irse a meter a territorio enemigo.
Ya lo había hecho antes. Seis años de ir y venir rescatando gente y sacándola de Ciudad República, padeciendo hambre y frío… no había nada a lo que no estuvieran acostumbrados.
―El señor Fang, Meiko y yo tomaremos la responsabilidad de traer las provisiones―habló un muchacho un poco menor que ellos y de aspecto escuálido―cualquier cosa que suceda, el Señor Fang enviará la señal por la tierra.
Mako asintió, mirando a los tres. El trío se componía de un hombre mayor, veterano de las fuerzas policiales de Ciudad República, los otros dos chicos eran jóvenes aún, como de la edad de ellos. Los ojos verdes de los tres eran determinantes.
―Entonces necesitaremos unas siete personas más que nos acompañen a la montaña―comentó, sus ojos ámbar escanearon al resto de sus camaradas y con alivio vio que ya algunas manos se alzaban.
Mako se miró las manos unas vez más, estaban cubiertas por finas cicatrices hechas durante el primer año de la caída de la ciudad, no había quedado mucho en pie cuando las bombas empezaron a caer durante la primera semana en que Amon tomó el poder. Recordaba muchos cuerpos en las calles, mutilados por las explosiones, así como recordaba a muchos niños llorar y pedir auxilio entre los escombros.
Todavía lo atormentaba.
La primera semana fue la más cruenta de todas, los Igualitarios no habían hecho diferencias entre los maestros y la gente común, las bombas caían donde les diera la gana. Nadie estaba preparado para semejante arrebato, no después de tantos discursos de supuesta redención, de paz y de igualdad. Fue horrible.
―Mako, se acerca la hora―escuchó decir a Bolin desde afuera de su propia casucha―Asami ya se ha ido para cubrir el flanco interior.
―Voy enseguida―dijo con la voz fuerte y clara.
El hombre tomó los largos guantes que se había acostumbrado a usar durante esos años. Apretó las cintillas y luego se ajustó su deteriorada bufanda al cuello.
―Skoochy, hablo enserio―Bolin le dio un golpe en el hombro al muchacho frente a él.
―Lo sé, lo sé―se encogió de hombros el chico, como si nada importara―ya me haz enseñado qué hacer en caso de emergencia, no tienes por qué recordármelo.
―Y te lo recordaré todas las veces que sean necesarias―respondió con severidad―entonces, si sientes la señal, llevarás a los refugiados a los túneles de emergencia hacia las áreas de seguridad y esperarán allí hasta que alguno de nosotros vaya a buscarlos―recitó como todas las veces que salían en una redada―y no se te ocurra volver aquí, mantenlos a salvo y mantente tú a salvo.
―Lo haré Bolin, lo prometo.
Mako escuchó su hermano darle su típico discurso al adolescente, internamente sonrió al ver a su hermanito actuar como el mayor con Skoochy, era como verse reflejado de alguna u otra forma. Y lo reconfortaba el saber que no había hecho mal al criarlo.
Naga acarició su mejilla con la punta de su húmeda nariz, causándole un cosquilleo.
―No, Naga―dijo, haciéndole el quite al animal―ésta vez no puedes acompañarnos, a cambio tienes otra tarea―le dijo mientras la acariciaba detrás de su peluda oreja. Naga lo miró con esos ojos negros que parecían entenderlo todo―Skoochy y los maestros tierra liderarán el escape si algo sale mal, mantenlos a salvo―ordenó.
Naga entonces emitió un aullido antes de proceder a lengüetearle la cara. Mako sólo atinó a darle un último abrazo a la criatura, para sentir un poco del calor de Korra, como él decía, y luego se alejó hacia la salida.
La regla número uno de las redadas era huir. Tan pronto el golpe se había llevado acabo, sacaban a todos los prisioneros que podían y se repartían en grupos hacía los accesos ocultos a los túneles. La segunda regla constaba del equipo, intentaban que no fueran quipos grandes, de tres personas máximo que manejaran cada uno un elemento distinto. Agua en caso de que alguien saliera herido y necesitara ser curado de emergencia, Tierra para abrir y cerrar las entradas y enviar las señales en caso de que algo saliera mal y, finalmente, fuego como poder de combate. La regla número tres era mantener a un informante dentro de las filas enemigas que lograra pasarles información y alertarlos.
Y la regla número cuatro… si alguien era capturado, mantener la boca cerrada para que los refugiados lograran escapar.
Afuera la nieve caía copiosamente y el frío los había dejado helados. Mako miró a su hermano que con un asentimiento dio media vuelta y partió en dirección contraria con otros dos hombres a su cargo.
―Sayuri, mantén la nieve lisa, no queremos huellas que nos delaten―ordenó.
―No me hables en ese tono, niño, yo sé qué hacer―dijo la mujer―movámonos ya, o será muy tarde.
Asami contó con cuidado a los nuevos, se movió entre las filas con la agilidad de un gato, moviendo a los niños y los ancianos hacia los costados de la alambrada a empujones para mantener las apariencias. Las madres gritaban que no las alejaran de sus hijos, pero aunque los gritos eran desgarradores por el terror, Asami tenía que armarse de valor para seguir empujando.
―Misato―escuchó una voz que la llamaba mientras soltaba a uno de sus prisioneros. Retuvo el aire un minuto y luego se giró.
― ¿Qué sucede? ―preguntó y con brusquedad empujó al niño que había traído a tirones entre los prisioneros hacia la alambra.
―Nos necesitan apostados en la entrada―dijo el hombre tras la máscara.
Asami asintió quedamente y lo siguió entre el gentío.
― ¿Qué sucede? ―reiteró la chica curiosamente, mientras se alejaban de las filas―normalmente siempre nos quiere al lado de los prisioneros…
―No será necesario estar encima de ellos de ahora en adelante.
El corazón de la chica se detuvo y agradeció tener la máscara puesta para que el hombre no fuera capaz de leer sus emociones.
― ¿A qué te refieres? ―no titubeó al preguntar, necesitaba sacar toda la información posible, para enviar una advertencia antes de que fuera tarde.
― ¿Por qué tanto interés?
― ¿Acaso es un pecado tener curiosidad? ―inquirió ofendida.
―Simplemente, los maestros se llevarán una sorpresa si se acercan aquí.
Una capa de sudor se instaló sobre su cuerpo y; como si fuera el preludio de una catástrofe, Asami creyó que todo quedaba en silencio, sus oídos se negaron a escuchar nada a excepción de un sonido estruendoso y sordo que le hizo perder el alma.
―Parece que tenemos compañía―rio el enmascarado junto a ella.
―Es tiempo para iniciar la separación…―escuchó la voz gruesa y dura de Amon por los parlantes del campo.
Asami se dio vuelta sobre sí misma, escuchando el sonido de las explosiones que rodeaban los alrededores de la instalación y al hombre que, impávido, esperaba que sus prisioneros fueran llevados ante él.
Mako, Bolin…
NA: Bueno, primero este capítulo lo había subido a Tumbrl ayer, pero por cuestiones de fuerza mayor (a.k.a: trabajos para la universidad y un viaje de seis horas) no pude subirlo aquí, así que ahora me pongo al día.
Segundo, quería agradecer los reviews que me han animado con la historia, para aquellos que sólo la leen por estos lares, se les agradece un montón, espero no decepcionar.
Y, finalmente, el título del Próximo Capítulo: El peso de la culpa.
