La ciudad de las memorias olvidadas

By

Aline S.V

Disclaimer: Los personajes de La Leyenda de Korra pertenecen a Bryke y los Estudios Nickelodeon, yo sólo los he tomado prestados para divertirnos un poco.


II

El peso de la culpa

Los músculos le dolían un infierno y le costaba hasta respirar, escuchaba voces; gritos, movimiento en todas partes… agua, calor. Sus sentidos no trabajaban como era debido, no entendía nada, no lograba ubicarse en el mapa… ¡no podía enfocar los ojos!

― ¡Está despierto! ―escuchó de pronto.

― ¡Mako, aguanta!

¿Skoochy?

― ¡Mantente despierto, hijo!―esa había sido la voz del Señor Fang o eso creía.

― ¡No te muevas!

― ¡Mako!

Y después ya no sintió nada.

Al abrir sus ojos de nuevo, lo primero que vio fue el derruido techo de la guarida de los refugiados. El ambiente olía a madera chamuscada, a fuego.

Al intentar moverse un dolor agudo atravesó su columna y sin poder detenerse, gritó.

― ¡Mako! ―de pronto el rostro de Asami estaba en su punto de visión, sus ojos verdes desbordaban lágrimas y las ojeras se marcaban bajo estos― ¡oh, gracias al cielo! ―ella pasó su mano por sus mejillas con delicadeza, delineando su rostro con cuidado y una sonrisa temblorosa se dibujó en el rostro de ella.

― ¿Asami, qué pasó? ―musitó suavemente, giró el cuello suavemente para verse, su cuerpo; especialmente sus piernas, estaban inmovilizadas y su brazo izquierdo y pecho estaban llenos de vendas.

―Ellos minaron toda la zona… ―hipó.

Retuvo al aire un segundo.

La redada, el bosque… de pronto todo explotó.

― ¿Bolin?... ¡¿dónde está mi hermano?!

― ¡Calma, calma!―Asami presionó suavemente sobre los hombros de él. Mako se resistió a mantenerse acostado, pero finalmente se rindió por el dolor que le causaba moverse―él está bien, un par de rasguños, pero Bolin está sano y salvo, sólo está durmiendo… no se despegó de tu lado en todos estos días.

― ¿Y los otros?, ¿días? ―preguntó desesperado. La expresión de Asami se desfiguró ante sus preguntas y desvió la mirada―Asami…

―Cuatro de seis―respondió suavemente la mujer.

Mako quedó helado, en todos esos años, nunca habían perdido a nadie en acción. Nunca habían tenido que sufrir la baja de alguno de su extensa familia.

― ¿Quién?

―Haku dijo que Sayuri había pisado la primera mina cuando borraba sus huellas en la nieve… no quedó nada… reconocible―musitó con la voz entrecortada. Mako la miró horrorizado.

La veterana maestra con la que había hablado sólo unos minutos antes, según lo que recordaba… ya no estaba.

―Las minas estaban conectadas entre sí―continuó ella―la segunda explotó casi inmediatamente y a ti te llegó la peor parte. Haku logró ponerlos a salvó usando tierra control o hubieran muerto.

― ¿Y el grupo de Bolin? ―musitó con la voz ahogada.

―La cadena de explosiones los alcanzó cuando intentaban llegar a ustedes… a Shohei lo alcanzaron los escombros, no tuvo tanta suerte como tú, murió en el trayecto de regreso―y desvió la mirada hacia algún punto en la lejanía.

El silencio se instaló entre ellos después de eso, Asami se negó a verlo y finalmente balbuceó algo inentendible antes de retirarse.

Lo siguiente que supo era que estaba rodeado de Maestros Agua que comenzaban a sacarle las vendas y ponían agua sobre sus heridas.

Descongelaron el cuerpo maltrecho de Shohei al salir a la superficie, la nieve caía copiosamente esa mañana y una bruma espesa se instalaba en todo el bosque, dándole un aspecto deprimente y sombrío. Cuando Asami le había dicho que Shohei no había tenido tanta suerte como él, se negó a imaginar que tan terrible habían sido sus heridas, como también quiso no imaginar en lo que había pensado Sayuri antes de que la explosión la redujera a pedazos.

Apoyado en su hermano, observó en silenció cómo los Maestros Tierra cavaban dos zanjas de enorme profundidad y depositaban en una el cuerpo del hombre y en otra algunas pertenencias de la mujer para luego rellenar ambos agujeros.

Un sabor amargo se instaló en su boca cuando el hijo de la mujer se tiró sobre la tumba a llorar. Mako sabía lo que era esa sensación, la de perder a alguien tan cercano, a un padre, de una forma tan repentina, lo peor era cuando no se tenía el cuerpo de esa persona para despedirla como correspondía. La razón no funciona en esos momentos cuando sabes que nunca recuperarás el cuerpo de tu ser querido para ser sepultado con dignidad, por lo que sólo quedaba llorarle a una tumba vacía.

Lentamente y entre sollozos, los refugiados volvieron a entrar en el túnel que los había llevado a un sector más profundo de la montaña y alejado del campo de concentración.

―Asami, tenemos que irnos―musitó Bolin suavemente, pero la chica no contestó. Su mirada estaba perdida sobre ambas tumbas―Asami… puede que haya tormenta, por favor, debemos cubrirnos―insistió él.

Mako se mantuvo en silencio mientras la chica reaccionaba con lentitud y se giraba a ellos.

―Lo siento tanto…―musitó.

―No fue tu culpa―dijo el Maestro Fuego, pero la mujer ya tenía el rostro empapado en lágrimas.

―No digas eso Mako, porque sabes que no es cierto―dijo mientras pasaba las manos por su corto cabello― ¡yo tenía que saber lo que habían hecho, para eso me infiltro, no para mirar y enviarlos a ustedes a una misión suicida!

―Lo que pasó no es algo que tú pudieras controlar―rebatió―no podemos cambiar lo que pasó, Asami, pero aún podemos hacer la diferencia para el futuro. Hay que seguir adelante.

Bolin extendió su brazo libre en silencio y Asami inmediatamente buscó abrigo en los brazos de su amigo. Mako levantó su brazo aún vendado y, no sin problemas, logró abrazarla también mientras su hermano hacía más férreo su agarre.

Y los tres quedaron allí en silencio, tratando de reconfortarse en los brazos del otro.

Su mano se cerró sobre su pecho bruscamente por segunda vez en menos de una semana, de pronto le había faltado el aire y una incontrolables ganas de llorar la había asaltado intempestivamente.

―Korra―Tenzin abrió sus ojos para ver a la joven mujer que de pronto había dado un respingo, destruyendo el ambiente de meditación que habían creado― ¿sucede algo?

Ella quiso responder, pero de su boca no salió ni una sílaba. No había respuesta que dar a ese malestar… quizás sólo se trataba del preludio a un resfrío o la falta de sueño.

Finalmente negó con la cabeza.

― ¿Estás segura? ―insistió.

―Estoy segura, no pasa nada―respondió entonces y volvió a respirar profundamente―continuemos―y finalmente cerró sus ojos.