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Capítulo 2


En cuanto el sol se ocultó, los niños de todo el pueblo salieron de sus hogares portando variados disfraces: algunos iban de brujas, otros de fantasmas, unos más apenas llevaban una máscara, ¡pero ninguno había olvidado llevar una canasta para depositar los dulces recibidos! Iban con entusiasmo tocando cada puerta de las adornadas y coloridas calles emitiendo exigencias de caramelos, no sin antes intentar que aquel que los recibiera se llevara un buen susto

Ya estaban en los jardines las típicas calabazas iluminadas desde el interior por una vela, y sumando algunos adornos como espantapájaros y murciélagos de papel, le daba un ambiente de misterio al sitio

Ya veía a lo lejos a Roderich vestido de negro y tocando alguna pieza de violín al pie de la ventana, mientras que su esposa Elizabeta les daba dulces a los chicos

Feliks caminaba disfrazado de pony acompañado por un avergonzado Toris

Los más temerarios ya se armaban de valor para tocar la puerta de la residencia Braginski y rogar que Iván o Natalia no fueran quienes los recibieran, sino la dulce Yekaterina

Ludwig inútilmente trataba de que Gilbert no se metiera en problemas por echar una araña de plástico a la canasta de Emil, ya que Lukas se notaba muy al pendiente

Mikkel daba un montón de brincos con esa amenazadora hacha de hoja sin filo

Feliciano y Lovino iban de la mano de su abuelo, vestidos de tomates…

Podría vivir en un pueblo que seguramente no figuraba en los mapas todavía, ni tenía los adelantos de la Londres de 1758, pero Arthur no podía imaginar que hubiese algo más divertido que aquel espectáculo mientras caminaba de la mano con su hermano en busca de golosinas, ¡y no sólo eso! Sino luciendo un disfraz que había robado miradas desde el momento en que puso un pie en el sendero

Alzó la cabeza con bastante narcisismo cuando los tres idiotas de siempre pasaron a su lado y se detuvieron en seco, admirándolo

-¡Hola! –movió las manos tontamente Antonio en señal de saludo -¿Eres tú, Arthur?

-Claro que es él –respondió Francis, intentando parecer indiferente – Incluso debajo de esa máscara se le notan las cejas de oruga, ¡pero qué triste! – dijo con fingido drama -¡Eso arruina el traje por completo!

-Se vería mucho mejor en mí –afirmó Gilbert - En verdad que las cosas awesomes no quedan en personas nada awesomes

-Jah, pues es una lástima, porque seguramente en toda su vida nunca tendrán algo tan increíble como esto – contestó con cinismo

-Vaya, Iggy, ¡hacerte el especial no te queda!~

-¡Sobre todo cuando sabes que podría arruinarse con cualquier cosa!

-No se sabe, los accidentes siempre suceden, y más en una noche como esta~

Y antes de que pudiese amenazarlos, se fueron corriendo entre risas malévolas que le arrancaron una mueca de preocupación

-Cuanta energía – escuchó al más grande, inquietándolo puesto que también fue testigo de la advertencia hacia su arduo trabajo manual

-¡N-No hay nada qué temer! –exclamó mientras colocaba las manos sobre su cintura en un gesto de "seguridad" - ¡Sólo son unos idiotas! Seguramente están fanfarroneando

-De todos modos no importa

-¿Por qué?

-Eres capaz de defenderte –respondió como lo más obvio – Y aunque no signifique mucho, también estoy aquí

Por supuesto que significaba mucho, más de lo que Glen sabía y de lo que él podía entender; sumada la confianza que le transmitió en cuanto que podía enfrentar a esos tres, no encontraba manera de responderle sin parecer un mocoso tonto que enrojecía y que había perdido la facultad para hablar

Odiaba ser un niño: si fuera grande, probablemente podría responder sin trabas y de una manera que lo hiciera lucir genial, ¡quizá así sería capaz de ponerlo nervioso al menos una vez! Tanto como él lo ponía innumerables ocasiones

-Arthur – apretó un poco el agarre en su mano, llamando su atención - ¿Esta vez sí iremos con los Braginski?

La sola idea hizo que todo lo demás se le olvidara y un miedo indescriptible le recorriera por el cuerpo. Qué bueno que traía máscara, porque así evitaba que viera la cara de susto que tenía en esos momentos, ¡cosa que nunca admitiría! J-Jajajajaja

-¡N-No sé! E-Es que apenas empezó la noche, ¿por qué apresurarnos? La casa de Iván no irá a ningún sitio–se excusó, tensándose cuando percibió la ligera risa del mayor- ¡No te rías! ¡¿Qué te parece tan gracioso?!

-Tú – respondió sin trabas, logrando que bufara con molestia – Pero si crees que estará bien para el final…

-¡Claro que sí! – lo jaló con fuerza, volviendo a caminar -Pasaremos justo antes de ir a la Iglesia, ¡puedes estar seguro! – su ceño se frunció más al escuchar ese relajado "Ajá" - ¡Arthur Kirkland no es ningún cobarde!

-Espero que ese valor se conserve cuando te muestre mi sorpresa

-¡No dudes de ello! Me subestimas si piensas que me asusta salir cuando todos están dormidos

-En realidad, me preguntaba si te asustaría salir cuando todos estén dormidos hacia el bosque

-¿Qué?

Una mirada parsimoniosa, falta de burla le hizo saber que era en serio

-¿E-El… bosque? ¡P-Pero…!

-¡Arthur! –se acercó el grupo de niños con los que normalmente jugaba - ¡Vamos a la casa de Tino! Está regalando galletas de mantequilla con forma de calabazas, ¡y murciélagos de chocolate!

Lo jalaron sin demora, a pesar de sus intentos por resistirse; volteó a ver a Glen en busca de ayuda, pero más para que le explicara qué demonios era eso de ir al bosque, ¡¿estaba loco?! ¡Esa era la noche en que no sólo los espíritus buenos los visitaban, sino los malvados! ¡Y VAGABAN SIN RESTRICCIONES POR EL BOSQUE! ¡A ese terrorífico lugar del que se oían cosas horrendas y del que ni siquiera el reverendo Govert se atrevía a cuestionar! ¡MUCHO MENOS POR ESA NOCHE!

D-Debía ser una broma… ¡no podía ser…!

La forma en que colocó el dedo índice sobre sus labios, a esa manera de indicar "secreto", sin duda despejó sus cavilaciones

… A-Ahora visitar la casa de Iván parecía un juego de niños

-¡Camina más rápido! – lo empujó João con cuestionable inocencia - ¡Antonio se comerá todo si no llegamos! ¡Apúrate!

Y no tuvo más remedio que apresurar el paso, siendo seguidos de cerca por el de ojos verde oliva

Fuera de las dudas superficiales, ¿qué es lo que irían a ver al bosque? ¿Qué era eso que Glen quería mostrarle y que hasta tendría que dirigirse allí? Debía ser algo realmente especial si enfrentarían demonios, fantasmas y brujas, sin garantía de regresar con vida…

Tal vez estaba fuera de lugar, ¡pero ya comenzaba a emocionarse! Casi no podía con la curiosidad… ¡pero esperaría! ¡Valdría la pena, lo sabía!

¡Jajajaja! ¡Se sentía tan lleno de energía, que sin duda iría a la casa de los Braginski y enfrentaría a la terrorífica Natalia en su traje de hechicera!

-¿Pasamos después a la casa de Yekaterina?

-¡Sí! ¡No podía faltar una prueba de valor!

-¡Que Arthur sea el primero!

-¡¿Qué?!

B-Bueno, quizá no tanto…


Tal vez se debía a que todavía era un niño; a que no aprendía totalmente las lecciones de Emma en el catecismo; las distracciones de una comprensiva infancia… ¡pero francamente no entendía por qué los sermones de Govert eran tan aburridos! Sobre todo porque no ayudaba mucho su gesto antipático, serio, y esa aura que prácticamente gritaba "sufrirás una maldición si me ves a los ojos por más de 10 segundos"

Tampoco servía de nada estar sentado en una de las bancas en la parte media del lugar –cerca de sus amigos y de los que no lo eran tanto-, con la esperanza de una fiesta justo después y carcomiendo la ansiedad de una sorpresa interesantísima proporcionada por su hermano mayor, que se ubicaba a su lado y ponía atención a las palabras del rubio con peinado extraño

Nunca había hablado con él sobre cuestiones de fe; no obstante, a pesar de que sabía que respetaba los preceptos y cumplía con sus obligaciones de buen creyente, no le daba la impresión de que verdaderamente aquellas palabras lo llenaran…

Eso le hizo recordar lo que alguna vez Emma le platicó sobre la muerte de sus padres: fue precisamente durante un 31 de Octubre, cuando su casa se incendió debido a que habían apagado mal la chimenea; al parecer había sido un golpe muy duro para el de ojos oliva, ya que no tuvo la oportunidad de salvarlos porque los adultos de aquellos años lograron sacarlos a tiempo e impidieron que regresara. El cura de ese tiempo, el padre de Emma y Govert, tuvo un gran empeño en darle consuelo a su hermano por medio de la palabra de Dios y en la creencia de los "planes divinos" que no estaban en control de los humanos

Podía ser cierto, pero la conclusión del pueblo era que "habían sido atacados por los demonios", y las miradas que les lanzaban los más viejos indicaba una gran desconfianza… sin embargo, no los trataban mal, y menos los evitaban, así que por experiencia personal podía asegurar que la partida de sus progenitores no le causaba la menor tristeza ni problemas para convivir con el resto amigablemente

Y en el caso de Glen… bueno, no desdeñaba a nadie, pero siempre prefería estar trabajando o en su hogar que hacer cosas comunes para un chico de su edad, como ir al pub del viejo Armin a emborracharse, salir con los jóvenes en busca de aventuras cercanas, o charlar con Jülchen, Kylie o Kirsten, que no desaprovechaban tiempo para coquetearle a su particular manera

No lo veía apegado a nadie; no tenía amigos, ni novia, o intenciones de conseguir ambos; no pasaba tiempo fuera de sus actividades si no era absolutamente necesario; no parecía estar atado al pueblo en ningún aspecto…

No sabía si interpretar eso como una especie de miedo surgido de aquel accidente…

-¿Estás poniendo atención? – le susurró de repente

-¡S-Sí! –afirmó enseguida – ¡Por supuesto!

Empero, con todo lo egoísta que podía ser a su edad, le gustaba la sobria y elegante soledad que trasmitía, porque eso significaba que sólo él era la persona más cercana a ese chico de 15 años tan misterioso, reservado y amable, con una sonrisa encantadora y unos ojos verde oliva que no transmitían nada

Uhn, tal vez debería empezar a preguntarse si todos esos pensamientos cursis en torno a su hermano deberían preocuparle…

-En cuanto acabe, nos acercaremos a Iván y le pedirás un dulce– ladeó apenas una sonrisa – Siempre lleva unos cuantos encima, ya sabes, por si acaso "a alguien le dio temor ir a su casa"

-¡Y-Ya lo sé! ¡No tienes que decírmelo!

Pero… dentro de propio su ego, y de esos temores que no compartía con nadie, podía asegurar que las enseñanzas confusas de la Biblia no fueron la clave para que el mayor continuara con su vida… en realidad dudaba de que creyera sinceramente en Dios

No lo culpaba

-Glen…

-¿Sí?

Después de todo lo que vivió solo, sin su apoyo dado que era un bebé, era natural que cuestionara muchas cosas y se aferrara únicamente a lo que podía ver… o al menos, a algo que no fuera tan imaginario como Dios

Sólo deseaba que, llegado el momento, tuviera la confianza para decirle todas sus angustias, ¡era su hermano y por eso sería capaz de entenderlo y apoyarlo! No era un niño inútil que no podía comprender a la persona más querida para él

-Siempre me dirás la verdad sin importar de lo que se trate, ¿cierto? –sus facciones se tornaron un poco serias, sabiendo que había entendido de lo que hablaba– Confiarás en mí totalmente algún día, ¿verdad?

No sabía por qué, pero a pesar de que no traía la máscara puesta ni la capucha, sentía que el calor en su cuerpo aumentaba

Sólo esperaba no estar rojo: no era momento para algo tan infantil

La suave palmada en su cabeza le dio la respuesta… aunque no estuvo de sobra que la escuchara también

-Puedes estar seguro

-¡Hey, ustedes, allá atrás! –los señaló Govert en tono furioso y acosador; las miradas indiscretas y de burla se posaron en ellos – Cállense, ¿o es que quieren que haga los arreglos necesarios para que se vayan al infierno de una vez y dejen escuchar al resto?

Probablemente se hubieran disculpado con mucha solemnidad, pero fue imposible dado que las carcajadas de Antonio estallaron en el lugar –debió estar muy bueno el chiste que Francis le contó- y eso arrancó la "mejor" parte del rubio: le lanzó la voluminosa Biblia justo en la cabeza, tumbándolo como si hubiese derribado al más patético árbol de todos

Fue inevitable que la audiencia riera, más cuando Emma hizo lo mismo con él por tal grosería

Si eso sucediera todos los días, en verdad sería un placer asistir al catecismo


La mayoría de las veces no tenía problema en admitir que Glen tenía razón, ya fuera en que "no debería comer tantos dulces antes de dormir porque tendría pesadillas" o "Si se cruza por tu camino una mariposa dorada, no la sigas, pero pide un deseo y se realizará"

Aquella vez también no representó un dilema, puesto que acertó al pronosticar que ganaría el juego de desenredarse en los listones de colores, y también en que encontró antes que nadie la famosa calabaza cubierta de caramelo que preparaba Tino como premio, escondida en los amplios jardines de la alcaldía

Estaban todos sus amigos, incluso con los que no se llevaba tan bien… claro, menos Gilbert, Francis y Antonio que probablemente, gracias a que todo el mundo estaba en ese baile, andaban sueltos por el pueblo y ya ejecutaban sus legendarias bromas… ¡n-no los apoyaba! Pero debía admitir que, el año pasado, fue sorprendente que lograran subir una carreta con todo y caballo al techo del viejo Armin, ¡ni idea de cómo lo hicieron! Tal vez deberían esperar algo catastrófico esa vez…

Pero fuera de eso, y conforme transcurrió la velada, las cosas fueron muy tranquilas y alegres: pudo gozar de juegos, diversión, comida deliciosa, buena música, y de los relatos de magia, maleficios, demonios y espíritus que recordaban con fervor los más ancianos

Lo único molesto fue cuando Jülchen, Kirsten y Kylie rodearon a su hermano e insistían en que bailara con ellas… para su mala suerte –y para su goce la mayoría del tiempo-, Glen tenía bastante clase, así que fue natural que accediera y de paso se uniera a la bola de chicos de su edad que ya daban indicios alegres de su juventud

Estaba bien que eso pasara: estaba bien que se portara un poco sociable por lo menos una noche al año, ¡estaba bien que recordara que era joven y no todo el tiempo tenía que preocuparse por él! Sin embargo, eso no lo hizo sentir mejor por mucho rato; de hecho, casi se le fastidió la noche, pero pudo volver a su calma cuando él le sonrió de aquella única y cómplice manera, justo en el momento en que llevaba a Kirsten a la pista de baile

No sólo recuperó su ánimo, sino que recordó que le tenía preparada una sorpresa cuando todo aquello terminara

Ya no faltaba mucho, ¡solamente una hora más! Y dado que Glen no era alguien quien soliera informar de sus planes, quería decir que debía prepararse para ello

Todos volverían a sus hogares a las 10, ¡entonces…!

Sólo un poco más~