Decisiones y Promesas
Ya era de noche, el manto de estrellas cubría la alegre isla en el Grand Line. Sin embargo en cubierta ambos tripulantes parecía ausentes de tan afable noche.
-¿Todos se fueron? -preguntó con la vista hacia el mar.
-Sí -respondí harto de esa actitud, durante dos semanas quise darle espacio pero ya esta situación era intolerable -y ¿tú no bajas?
-Demasiado escándalo para mi ánimo -dijo aún sin mirarme.
-Deberías salir, hemos navegado por mucho tiempo, seguro tienes cientos de cosas por comprar.
-No tantas, puedo esperar. Pero se ve que tú te mueres por salir.
-¿Debemos hablar, no?
-¿Porqué tan serio?
-¡Por que has estado evitándome y no soy tan estúpido como para no darme cuenta! -la tomé de los hombros y la obligué a mirarme.
-¡Suéltame, no tienes derecho! Creí que habíamos acordado ser libres.
-Pero no eres feliz.
-¡Y eso a ti qué te importa! No sabes nada de lo que estoy sintiendo.
-Deberías darme más crédito en lo que a ti se refiere -dije decepcionado -por que sí, seré un idiota, pero siempre he valorado tus sentimientos.
-Estás molesto, en serio ¿por qué no bajas? -dio media vuelta con intención de irse
-¡Maldita sea! Deja de tratar de alejarme -ella se detuvo en el momento de que mi puño deshizo un barril cercano, respiré lo más hondo que pude para controlarme y explicar -Por favor Nami deja de hacerlo. Tal vez piensas que me estorbarás pero no lo harás… y menos si tú…
-¿¡Lo sabes!? -en sus ojos se reflejó la sorpresa
-Me molesta haberme enterado por Chopper.
-No tenía por qué meter su nariz azul en esto.
-¿Lo tendrás?
-¿Y qué si no?
-Soy quien se convertirá en Rey de los Piratas.
-¿Y crees que con eso basta?
-¡Por eso te estoy preguntando si eso es suficiente para ti! Yo no soy un niño, soy tan hombre como para no juzgarte si decides no tenerlo y tan fuerte como para protegerlo de cualquier cosa.
Tus ojos se llenaron de lágrimas mientras decía eso, yo sólo coloqué mi sombrero en tu cabeza y te abracé tan fuerte como pude.
-Me haré más fuerte Nami, te lo prometo, jamás sufrirá lo que Ace.
Ella se aferró más a mí entendiendo que los mismos temores de ella eran también los míos. Y que esa promesa no sólo se la había hecho a ella sino a mí mismo.
