Notas de la autora: ¡Hola de nuevo! Bueno, decir que muchas gracias a las dos personas que me han comentado, que son Kasandra Potter e Hydra. Quería responderles por otra vía, pero a pesar de todo este tiempo que he estado en fanfiction aún me cuesta un poco, así que aprovecho a decirlo por aquí. Muchas gracias, me alegro mucho que os haya gustado, sobre todo por comentar y el interés de haberlo leído. También agradezco al resto que lo haya leído a pesar de no haber comentado. :) ¡Aquí va el segundo capítulo!


Los rayos del sol recibieron a la travesía del barco anunciando una nueva mañana en señal del inicio del día a todos sus pasajeros. El desayuno transcurrió como Draco se había imaginado, monótono, aburrido y tratando el tema habitual de la celebración de su matrimonio con Astoria en América. Aún quedaban días, podría aventurar hasta semanas, para llegar. En un rincón de sus pensamientos, ansiaba que ese día nunca se diera, que el trayecto de aquel viaje fuera eterno, retrasar todo lo posible la vida vacía que le estaba esperando en otra parte del mundo. La noticia de su pelea con el joven Potter alcanzó a oídos de su padre. Este estaba igual de indignado que Narcissa por el comportamiento utilizado de alguien perteneciente a la tercera clase hacia un miembro de la prestigiosa familia Malfoy, y más haber rechazado su invitación de ayudarle, aunque no tuviesen especial emoción respecto a ello. Lucius no reprochó nada a su hijo, pero sí comentó que no debía de inmiscuirse en peleas banales que no conducían a buen puerto. El joven de ojos grises sólo se limitó a asentir y acatar la voluntad de su padre, pues era lo que siempre había hecho durante muchos años, desde que tenía uso de razón. Si no cumplía, recibiría duras represalias. No quiso recordar los innumerables castigos a los que se había visto sometido, y que incluso su madre había permitido sumida en el silencio. El resto del día transcurrió de manera favorable, quizás algo agobiante para Draco. El tema de la boda le martirizaba por dentro, le asfixiaba a cada palabra que su madre anunciaba con tanto ahínco y emoción. ¿Por qué no era capaz de elegir? Quería ser libre, pero antes estaba el apellido de su familia, el único as que les quedaban para salir adelante. Sin embargo, el precio de su felicidad estaba de por medio. ¿Valía la pena arriesgarse tanto? Pero, en cuanto le rondaban estos pensamientos, Draco los eliminaba de inmediato. No podía pensar en esas tonterías. Se enorgullecía de ser un Malfoy, y un Malfoy nunca debía de rendirse, sería una deshonra. Mientras la hora de la cena llegó, unos invitados se sumaron a la mesa. Entre ellos destacaban Theodore Nott, que había llevado a cabo los planos del Titanic junto a su padre, y Blaise Zabini, que también había contribuido. El joven rubio puso especial atención a la conversación:

-¿Y es verdad que este barco es insumergible, señor Nott?- preguntó Narcissa, siendo servida por un camarero.

-Por supuesto señora Malfoy, este barco es la perfección que cualquier hombre desearía- respondió Nott, siendo reservado pero a su vez arrogante en la frase utilizada.-Es la nave más grande con los mejores lujos para gente como nosotros.

-Así que por lo visto, el tamaño importa, como suelen decir- intervino Astoria, provocando las risas en los presentes.

-La teoría del tamaño tiene sus grandes inconvenientes. Por muy grande que sea, no quiera decir que sea mejor- soltó Draco de repente, atrayendo las miradas de todos. Astoria parpadeó, contrariada.-¿No cree, señor Nott?

-Eso es absurdo, si me permite la expresión.

-Si tan absurdo es ¿cómo es que no vamos más rápido?- contraatacó en tono seco.- Tanto que se presume de lo maravilloso que es, en la práctica no lo parece. No todo es perfecto en este mundo, señor Nott, el ser humano y sus creaciones están hechas de imperfecciones.

Su madre y Astoria no cabían en su propio asombro. Nott simplemente se limitó a reír, entre nervioso y queriendo parecer despreocupado, pero ante los ojos fríos de Draco no le fue desapercibido, no era capaz de engañarle.

-Su prometido es muy difícil de sorprender, señorita Greengrass- murmuró Theodore.

-Señor Nott, seguro que mi prometido no pretendía ofenderle ¿verdad Draco?

-Por supuesto- se levantó.- Sólo quería hacerle sentir un poco inferior, nada más.

Escuchó su nombre susurrado por su madre, como si fuese un toque de atención, y su padre le dirigió una dura mirada, sin embargo por primera vez, a Draco no le importó demasiado.

-Que les aproveche la cena.

Y sin más, salió de allí.


Era muy entrada la noche, por lo que pocas personas estaban en la cubierta. Unos ojos verdes contemplaban el cielo oscuro plagado de hermosas estrellas, acostado en uno de los bancos en los que solían sentarse alguien cuando se sentía mareado o simplemente para observar cómo el barco avanzaba. Despreocupado, Harry permanecía acostado en él, con los brazos detrás de la cabeza a modo de almohada y tapado con su chaqueta vieja de un marrón oscuro. Su amiga Hermione, con la que sorprendentemente habían coincidido su amigo Ron y él en aquel viaje, les había echado una buena regañina por su pelea con el joven llamado Malfoy, como si fuera su segunda madre. Ron se había disculpado porque la chica era su punto débil, pero Harry estaba convencido de que su culpa no había sido. Ella en parte se lo tuvo que reconocer, pero que no convenía nada que le siguiese el juego a alguien tan poderoso como él en cuestiones económicas. Respiró profundamente mientras cerraba los ojos para relajarse, pero entonces los abrió cuando una brisa pasó por su lado, como si una persona pasara rápidamente. Incorporándose, se colocó bien las gafas para descubrir su identidad. Le identificó enseguida por sus ropas caras y cabello rubio. Por un instante pensó en acostarse de nuevo e ignorar lo que el maldito ricachón hiciera. Pero, lo que le alertó fue que se dirigía hacia la proa. ¿Qué tenía pensado hacer? ¿No iría…? Imposible, pensó Harry, aunque la alarma y el nerviosismo que le inundó de repente cuando Draco posó sus manos sobre la baranda, y también sus pies, imaginó lo peor.

-¡Oye, tú, no lo hagas!

Malfoy, que ni siquiera le había visto, dirigió su mirada hacia Harry, por encima del hombro. Alzó una ceja, serio y cortante, sin entender a qué venía esa exclamación y apuro. Aunque, no podía pedir más, al menos ahora llevaría a cabo su venganza por la humillación que el desgraciado le había hecho delante de su familia.

-¿Qué no haga qué, Potter?

Harry parpadeó, confuso por su pregunta. ¿Qué quería que no hiciera? Intentó ordenar sus ideas como pudo.

-Tú…-aclaró su garganta.-¿No estabas a punto de…?

-¿A punto de qué? Tienes menos capacidad del habla que un crío de tres años. Pero no puedo esperar más de una rata hambrienta como tú- respondió, sonriendo con altanería.

-¿Vuelves a las mismas?- el tono de voz de Harry estaba empezando a ser amenazante, aunque intentaba controlarse. Debía de hacer caso a su amiga Hermione. Pero Draco lo que justo quería ahora, era eso: provocarle.-No tuve por qué haberme levantado, está claro que no tenías intenciones de tirarte por el barco. Aunque no lo dudo, tienes una vida tan mala que hasta yo, si estuviera en tu situación, también me tiraría.

-¡Oh! ¿Preocupado?- Draco soltó una risa seca pero que denotaba mucha burla.-¿De verdad creías que iba a tirarme? No tengo razones para ello, poseo todo lo que un hombre querría.

-Tú no sabes lo que un hombre querría- Harry entornó los ojos, dándose la vuelta.- Un hombre querría la felicidad, y tú no la tienes. Sinceramente, me da igual lo que hagas, espero no tener que volverme a cruzar contigo.

Las manos pálidas de Draco apretaron las barandas de proa. Una vez más, ese maldito iba a salirse con la suya. Sólo había salido a proa para recibir el aire fresco de la noche y los sonidos que producía el mar, pero con Potter de por medio, la situación se tornaba en un gran desafío y aportaba el doble de interesante a comparación con sus aburridas conversaciones de matrimonio. En parte, le daba rabia que hubiera leído tan bien lo que sentía en esos momentos sin ni siquiera haber entablado más contacto entre ellos. Entonces, se le ocurrió una fantástica idea.

-¿Te da igual lo que haga?- cada palabra la entonó muy lento.-Entonces no habrá problema si me tiro.

Y la reacción que quería, la obtuvo. Harry se detuvo en seco, quedándose en silencio durante unos segundos, hasta que se giró despacio para mirarle. Ojos verdes y grises se encontraron a distancia.

-Dijiste que no ibas a tirarte- sentenció Harry, mostrando seguridad exteriormente, pero por dentro el temor comenzó a surgir. Harry era demasiado bueno para dejar que una persona, daba igual quien fuese, muriera por su culpa.

-Las mentiras son un arte que no muchos manejan, Potter- Draco sonrió ante la duda que se presentaba en la mirada del otro.

-Me está engañando, no va a tirarse.

-¿Hacemos la prueba?

La tensión mantuvo a Harry quieto cuando Malfoy pasó por encima de la baranda, con cuidado y agarrándose desde fuera. En realidad, Draco también estaba nervioso por la locura que estaba cometiendo, pero debía vengarse sí o sí, los Malfoy podían ser así de cabezotas. Harry comenzó a acercarse poco a poco.

-Malfoy…- hablaba con cautela mientras continuaba avanzando.- No lo haga.

-¿Por qué no?- Draco procuraba no mirar hacia abajo.-Usted dijo que no tenía la felicidad. Si no hay felicidad, no hay ganas de vivir. ¿No sería la salida más fácil?

-Creía que las personas como usted no se rendían tan fácilmente- aquella frase, a pesar de que todo aquello que estaba diciendo Draco era mentira con algunos toques de verdad, comenzó a adentrarse en él.-¿Por qué hace esto?

Una vez ya Harry estaba cerca de Draco, el rubio le agarró con una mano de sus ropas, acercándole a su rostro. Harry, cogido de improviso, quiso soltarse.

-Qué estúpido es- susurró Draco, se reía en voz baja.-¿Sabía que la bondad cuesta cara? Es muy ingenuo por su parte pensar que realmente quería suicidarme. Como ya le dije antes, no tengo por qué hacerlo. Todo lo que quiero lo consigo. Y si quiero humillarle, lo haré, porque es lo único que alguien como usted se merece. Ahora su vida puede depender de mí. Con un sencillo tirón, puedo arrojarle hacia el mar.

-Malnacido….las personas como tú deberían de sentir lo que es vivir de verdad, lo que es no llevarse ningún trozo de pan a la boca a no ser que trabajes bajo horas y horas de agotamiento- la mandíbula de Harry se apretó. Le había enfurecido, y su mirada era desafiante.-¿Vas a tirarme? Venga, hazlo. Te tacharán de asesino.

-Nadie tiene por qué saberlo. Ahora mismo no hay nadie vigilando. Nadie puede interrumpirnos- Draco podía sentir el cálido aliento del otro, y eso le contrarió un poco mientras hablaba. Y no solo eso, también era debido a los ojos verdes de Potter.-Podría darse como un sencillo accidente que te ocasionaste tú solo. Quizás te perdone la vida, Potter, si limpias con tu lengua el suelo que yo piso…el trabajo de mayordomo no te vendría mal.

-Antes prefiero morir.

Draco estuvo a punto de decir algo, pero un movimiento en falso que hizo, ocasionó que se resbalase. Se agarró de la baranda con una mano, puesto que la otra la había tenido agarrada a las ropas de Potter, de las que se soltó al instante al verse caer al vacío. El frío le calaba bajo su vestimenta, y el sudor le hacía una mala pasada, a punto de resbalarse de la proa y caer al mar. Cerró los ojos con fuerza, no iba a morir allí, no podía y simplemente no quería porque, aunque su destino no fuese lo que él realmente quisiera, apreciaba su vida más que cualquier otra cosa. Cuando su mano estuvo a punto de decaer, sintió otra que lo agarró con mucha fuerza del brazo, sosteniéndole. Alzó la mirada para encontrarse con la de Potter, quien hacía el mayor de los esfuerzos para evitar que cayera. Frustrado y a su vez enfadado, Draco le gritó:

-¡Suéltame!

-¡No diga tonterías, no voy a soltarle!- comenzó a tirar de él hacia arriba.-¡Vamos, suba y sujétese bien!

Sin más remedio, Draco hizo lo que pudo. Una vez lo consiguió con dificultad, cayó encima de Harry y ambos acabaron contra el suelo. Sus respiraciones entrecortadas provocaban que sus pechos ascendieran y descendieran constantemente. Draco se maldijo interiormente. ¿Por qué lo había hecho? Estuvo a punto de tirarle por proa, le había amenazado, y aún así, Potter le había salvado. ¿Ahora estaba en deuda con él? Una mirada llena de duda era lo único que reflejaba el rostro de Malfoy, mientras que Harry se concentraba más en recuperar la respiración. Sin embargo, hubo un momento en que, en silencio, los dos hombres se miraron, como si quisieran descubrir lo que el otro llevaba dentro, descubrir sus intenciones o por qué cada uno tenía esa particular forma de ser. Pero el ambiente se rompió al instante en cuanto escucharon una voz de mujer.

-¿Draco?

Era Astoria.