Notas de la autora: Bueno ¡aquí estamos de nuevo, con un capítulo más! Agradecer nuevamente a todos, vuestros comentarios me animan a continuar este fic. :) Gracias a las personas que nuevamente no puedo contestar al no tener cuenta en fanfiction, en específico a Kasandra Potter y a Guest. A todos os lo agradezco, espero que os siga gustando y que algunos más también se animen a leerlo. Recordarles que pueden comentar y dejar su opinión o alguna crítica. Un beso para todos.
La voz de su prometida y futura esposa trajo a Malfoy a la realidad. Lo primero que hizo, fue reaccionar ante la postura en la que estaba y sobre todo con quién estaba. Con repulsión, se apartó de inmediato de Potter, sacudiéndose sus ropas con su característica elegancia, arreglando también sus cabellos que se habían desordenado a causa de la brisa que ofrecía la noche a aquellas horas. Harry por otra parte, parpadeó sin discurrir mucho de la situación en la que se encontraba, hasta que pareció entender varios detalles y tomó la decisión de levantarse, disculpándose en voz baja, aunque no comprendía por qué tenía que hacerlo. Quien había estado a punto de tirarlo al mar había sido aquel malnacido que sólo le había chantajeado y aprovechado de su propia amabilidad. Pero claro ¿quién le creería si dijera eso? Nadie, por supuesto. Por ahora, Astoria lo único que hizo fue mostrar preocupación por su prometido, alejando a Harry de él –aunque ya lo habían hecho ellos dos por sí mismos- y sostuvo las mejillas de Draco en sus manos, inspeccionándole con la mirada.
-¡Draco! ¿Qué es lo que ha sucedido?- luego, dirigió una mirada acusadora y viperina hacia Harry. Era la primera vez que una mujer le miraba con tanto desprecio.-¿Ha vuelto a pelearse contigo este indeseable?
-Astoria…- Draco se aclaró primero la garganta.-No hagas una malinterpretación de los acontecimientos.
El joven de ojos verdes contuvo la respiración mientras prestaba atención a lo que Malfoy estaría a punto de decir, con los puños apretados y la mandíbula tensa. Probablemente daría su versión de los hechos, que iba a ser él quien lo tiraría al mar y no el rubio, pero se sorprendió al escuchar las siguientes palabras:
-El señor Potter me ha salvado la vida, Astoria- explicó, aunque sin mucho entusiasmo.-He estado a punto de caer al mar, pero por suerte él estaba por los alrededores y oyó mis llamadas de auxilio.
Astoria, no pareciendo estar convencida, miró a Potter en busca de una afirmación.
-¿Es eso cierto?
Tardó segundos en asentir con torpeza, dándole una visión más lamentable de la que ya Astoria veía de él. Draco por otra parte, aprovechando que su prometida ahora mismo no le estaba mirando, le dedicó una sonrisa burlona a Harry, otro gesto que él no entendió. Cuando Astoria giró hacia Draco, este presentaba de nuevo su expresión seria y correcta.
-Supongo que se lo tengo que agradecer Potter, por ahora espero que el resto de la noche le sea tranquila y confortable. Yo y mi marido nos retiramos.
Pero cuando Astoria estuvo a punto de agarrarse del brazo de Draco y tirar suavemente de él para marcharse de allí, él dijo antes:
-Mañana tendrá lugar una cena entre todas las familias más prestigiosas de éste barco- anunció.-Como recompensa y puro entretenimiento, le permito asistir. Así, contará su hazaña y sabremos más de usted.
Harry iba a dar una negativa, pero la mirada tan dura y fría que le dirigió Malfoy le hizo tragar sus palabras. No dijo nada, permaneció en silencio puesto que no entendía nada de lo que estaba pasando allí. Astoria por su parte, estaba algo contrariada, pero no tenía el suficiente valor para contradecir a su prometido.
-Interpretaré su silencio como un sí.
Y ahí se quedó, solo y con el sonido del mar como su único acompañante. Quiso analizar todo lo que acababa de ocurrir, pero enseguida Harry se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, aunque algo tarde, puesto que Malfoy ya se había marchado. Aquello lo había hecho para devolverle la jugada: había mentido a su esposa y encima invitado a esa cena para ser ridiculizado delante de todos esos presentes. Le había invitado a su propio nido de víboras. Si se negaba a ir, quedaría como un cobarde, y la sorna del arrogante ante la victoria sería definitiva. Pero, aunque representase una locura, Harry tenía la perfecta opción de ir y enfrentarse a todos ellos, dejarlo nueva mente en total humillación por segunda vez. No sabía cómo se las arreglaría exactamente, pero lo primero que hizo fue dirigirse a su habitación. Agradeció que Ron y sus otros dos compañeros estuviesen durmiendo.
Nada más llegar a su respectivo camarote, Malfoy se ausentó al dormitorio donde cada noche compartía alcoba con Astoria. Por supuesto, ninguno de los dos había llegado más allá de compartir misma cama, y además, Malfoy no lo permitiría, aunque tarde o temprano, o al menos después de la boda, tendría que hacerlo. No era que le importase acostarse con alguien a quien no amaba, ya había tenido aventuras con diversas mujeres antes de conocer a su prometida. Se deshizo de la chaqueta, y mientras sus manos se entretenían con el cuello, la presencia de su mujer irrumpió. Tapando su cuerpo con un bello pero simple camisón añadido con una bata que al tacto podría ser más suave que el terciopelo, bordado con las mejores manos que pudiesen existir en Inglaterra, Astoria se aproximó a Draco.
-Deja que te ayude.
Draco se dejó hacer, indiferente. Era irónico que tuviera a una mujer tan atractiva frente a él y no fuera capaz de sentir nada por ella: ni deseo, ni atracción sexual, nada. No le había preocupado nunca seriamente el tema, pero eso no dejaba de ser incomprensible para él. Además, aquellas sensaciones de las cuales no padecía, eran un secreto hacia sus padres. Si Narcissa o Lucius acabasen enterándose de ese detalle, podría tener serios problemas de los que no quería experimentar. Ahora en su mente, lo que no podía dejar de pensar era en el día de mañana, en lo que se divertiría frustrando a Potter y dejándolo en ridículo ante todos de su misma clase. Y después de eso, se olvidaría de él. ¿O no? Recordó en el momento en el que le salvó. Le provocaba rabia y confusión a partes iguales. Sus cavilaciones se vieron interrumpidas al escuchar nuevamente la voz de Astoria:
-Cariño, quiero dejarte una cosa clara- Draco alzó una ceja. Astoria no solía hablarle así.-Tú…supongo que serás consciente de que yo sé en la situación en la que estás.
-No te andes con medias tintas, Astoria- guio sus ojos grises a los botones que estaban siendo desabrochados por las manos de ella.-Una mujer como tú debe de ser directa. Pero soy capaz de intuir que te estás refiriendo a la situación actual de mi familia.
-Así es, pero no quería ofenderte- ante la negación de Draco con un leve gesto de cabeza, Astoria se vio animada a continuar.-Sólo quería que supieras que yo puedo darte todo Draco. Tu futuro está asegurado conmigo.
-Nadie lo ha negado.
-Pero quiero recordártelo- se atrevió a posar las manos en las pálidas mejillas de su futuro esposo, clavando su mirada en él.- No hay nada que yo no pueda darte. Dinero, riquezas…todo está a mi alcance. Y puedo ofrecerte todo lo que quieras, si permaneces conmigo.
No supo qué contestar a eso, y por toda respuesta, lo único que hizo fue abrazarla. Astoria, creyendo que eso era una afirmación, se apegó a su cuerpo sin poder reprimir una sonrisa que por supuesto Draco no vio. Sin embargo, los pensamientos de ambos eran completamente diferentes. En otro tiempo, a Draco le hubiese alegrado la idea de lo que Astoria le ofrecía. Pero ahora, una sola frase se repetía constantemente en su mente:
''Un hombre querría la felicidad, y tú no la tienes''
Maldijo a Potter para sus adentros.
Al día siguiente, mezclándose junto al resto de los pasajeros y tomando un delicioso té en compañía del señor Nott y el señor Zabini, el capitán Oliver Wood veía que todo transcurría según sus planes. Sin embargo, aquella extraña reunión o encuentro fueron confirmados por sus temores por el tema de conversación que estaban tratando. Parecía ser que el señor Nott había establecido una conversación con uno de los pasajeros que cuestionaba la velocidad del barco, así que le había dañado en el orgullo.
-Capitán Wood, creo que usted y yo coincidimos en el mismo punto de que este barco puede ir mucho más rápido- aventuró, dejando el té sobre la mesa.-Exijo que aumenten la velocidad de las máquinas.
-Señor Nott, el funcionamiento del barco está transcurriendo estupendamente- rebatió Oliver ante tanta insistencia, mostrando en todo momento su tranquilidad.-No creo necesario aumentar la velocidad, llegaremos a América en cuestión de seis días.
-No es suficiente, capitán Wood, tiene capacidad de ir más rápido. No en vano ayudé en su construcción.
-Considero más importante la seguridad de los pasajeros, señor.
Entonces, Blaise Zabini intervino:
-Es una pena que en el primer titular del primer viaje emprendido por este magnífico barco sea de un resultado que podría haberse mejorado. ¿No sería ideal que en su primicia, sorprenda a los periodistas de haber llegado un día antes a su destino? Hasta su prestigio como capitán se vería beneficiado.
Un silencio abrumador se apoderó en el ambiente, y ambos hombres, tanto Theodore como Blaise sonrieron en ese silencio donde se podía respirar la duda en el semblante del capitán. Nott se levantó, despidiéndose cortésmente.
-Señores, ha sido un placer haber desayunado con vosotros. Zabini, Capitán…
Los dos restantes le despidieron con un leve gesto de cabeza. Mientras se marchaba, Theodore sólo sonrió ampliamente.
Harry estaba en la cubierta, sentado en el mismo suelo mientras, con una libreta vieja y un carboncillo, dibujaba a cualquier pasajero al azar. En el papel se veía reflejado a una pareja que estaba viendo el mar, un par de ancianos cogidos de la mano. Cuando dibujaba, el mundo se le detenía y el resto de sonidos, personas o paisajes no existían para él. Se sumergía tanto en los trazos que realizaba con sus manos, que su atención no se centraba en nadie más a no ser que fuera merecedor de ello.
-¡Buenos días Harry!
No saludó hasta que sus ojos verdes no se separaron de su trabajo. Le dedicó una sonrisa a su amiga Hermione, que tomó asiento a su lado. A ninguno de los dos les importaba sentarse en el suelo, a pesar de algunas miradas dirigidas por los de primera clase. Hermione, que se había dado cuenta de esto nada más sentarse, suspiró indignada. Harry no hizo más que reírse, admirando el cabello castaño y ondulado recogido en un rápido recogido que dejaba algunos mechones sueltos. Quitando su condición de por medio, Harry consideraba que Hermione no se merecía tener el estatus social que poseía en esos momentos.
-Buenos días- saludó.-Creía que estabas con Ron.
-Está ocupado con cuestiones más importantes- lo dijo con tanto desdén, que la carcajada de su amigo fue inevitable.-Eso, ríete, pero Ronald no sabe más que hacer apuestas, contar historias que se inventa, y competir con otros hombres.
-Sí, pero a pesar de eso eres la primera que no deja de estar pendiente de él- ante esa frase, las mejillas de Hermione se tornaron algo rojas.-Sin ti, Ron no es nada. ¿Te vienes a dar cuenta ahora?
-No digas tonterías Harry- para cambiar de tema, Hermione se fijó en su dibujo, reprimiendo una exclamación.-Ese dibujo es hermoso. ¿Puedo verlo?
Por norma general, no dejaba mostrar su libreta de dibujos a nadie, excepto a Ron y a Hermione, por lo que no le negó esa petición. La joven sostuvo la libreta como si fuese algo muy delicado, pasando las hojas con suavidad y cariño. Harry agradeció eso, sonriendo y mirando las expresiones que cruzaban el rostro de su amiga mientras observaba sus creaciones. Una mujer sentada en un restaurante carísimo, un niño persiguiendo una paloma, la pareja de ancianos del barco, la mirada profunda de un hombre bajo su sombrero, algún que otro paisaje y algunas mujeres caminando cuyos nombres desconocía.
-Tienes un don Harry- halagó, siendo sincera.- Es una gran capacidad que pocos poseen. Deberías de enseñar tus dibujos a profesionales.
-Eso que has dicho sí que es una tontería- su amiga no se ofendió, pero si le dirigió una de sus típicas miradas de reproche, como una madre regañando a su hijo.- Sólo lo hago para distraerme de la realidad que vivimos. Es como un mundo personal en el que muy pocas personas pueden entrar. Personas a las que quiero mucho.
-¿Cómo yo y Ron?- preguntó, con una sonrisa cargada de cariño.
-Exacto. Como tú y Ron.
Recibió un beso en el rostro además de que le revolviera un poco el pelo. Se levantó, sacudiéndose un poco las ropas.
-Voy a buscar a Luna, tiene que estar preguntándose dónde estoy.
Se despidió de ella, agitando la mano, volviéndose a quedar solo. Estaba dispuesto a retomar sus dibujos, pero se percató de que su soledad volvería a verse alterada por la persona menos deseada. Harry respiró profundamente, preguntándose qué había hecho él para merecer que un arrogante como Malfoy le tocase de pasajero en aquel barco, y aún más haberse metido en problemas con él, aunque realmente Malfoy se merecía algunas cosas malas. Por desgracia, Harry era tan amable que tampoco era capaz de desearle mucho mal.
-Vaya Potter, por fin has encontrado tu sitio en este barco- dijo como frase de bienvenida.- En el suelo, como los desperdicios.
-Malfoy, si ha venido a destruir mi agradable mañana…
-Para ti es un privilegio que lo haga- le miró con una cierta mueca de asco por el hecho de que estuviese sentado en el suelo. Aún así, se situó al lado de él, pero claramente de pie, apoyándose en la baranda.-Verdades aparte, espero que estés preparado para esta noche.
-Oh, por supuesto que lo estaré- a pesar de que había mentido, Harry nunca aceptaría una derrota.-Estoy deseando comprobar cuán grande puede ser una sala de primera clase.
-Claro, para ti tiene que ser uno de los máximos honores pisar un suelo impoluto- sonrió de lado.-¿Probarás a sentarte también en él?
Harry entornó los ojos, cerrando su cuaderno y levantándose para marcharse de allí. Si iba a soportar a Malfoy esta misma noche, no quería soportarlo de más. Pero sus intenciones se vieron fallidas al ser retenido por el brazo bruscamente y siéndosele arrebatada su posesión. Escapándosele el aliento, Harry frunció el ceño ante la mirada superior y altanera de Malfoy, quien le empujó lejos mientras abría el cuaderno.
-Veamos qué estropajos tiene usted aquí.
-¡Devuélvamelo!
-Shhh, Potter, sé que no tiene mucha educación que digamos, pero no es conveniente que se ponga a gritar.
Draco era completamente ajeno a lo que estaba a punto de encontrarse. Creyó que en aquel cuaderno de mala muerte, con las esquinas rotas y las hojas amarillentas, encontraría garabatos o anotaciones de cualquier estupidez digna de alguien perteneciente a la tercera clase. Quizás no tuvo que haber abierto aquello. En vez de eso, dibujos hermosos impregnados de millones de emociones le atacaron de improviso. La expresión perpleja de Malfoy contrarió a Harry, pero seguía tan enfadado por el hecho de que profanase un espacio tan personal para él, que se lo quitó a la fuerza. Draco frunció el ceño ante esto, pero seguía para su desgracia, un poco maravillado por aquellos dibujos.
-Qué…
-Si vuelve a tocar esto, juro que no dudaré en propinarle un puñetazo como aquella vez- afirmó con rotundidad.
-Esos dibujos…-miró a Potter directamente a los ojos.-Es imposible que alguien como tú haya hecho eso.
-Me importa poco si no es creíble para usted o no- soltó Harry, enardecido.-Pero no quiero que vuelva a tocar el cuaderno.
-No estás en situación de amenazarme- su confusión y sorpresa fueron sustituidas por la advertencia.-Te recuerdo Potter la condición a la que perteneces. Tengo mucho más poder que tú. Tendrás que ir sobreviviendo a ello.
-Tú no tienes poder sobre nadie. Ni siquiera lo tienes sobre ti mismo.
Aquella verdad indiscutible le golpeó de lleno, y Harry sabía que había dado en el punto débil a pesar de no haber conocido lo suficiente a Malfoy. Este permaneció en silencio hasta que, sin poder buscar una salida satisfactoria, soltó bajo un murmullo herido en su orgullo:
-Quién sabe. Si me permite, voy a reunirme con mi prometida.
El arrepentimiento fue el primer sabor de boca que le invadió, y para cuando quiso disculparse, ya el otro estaba demasiado lejos como para hacerlo. Exhalando aire, él también decidió retirarse, pero entonces chocó contra una persona. Musitó una breve disculpa, pero una risa le hizo alzar la mirada:
-¡Chico, tienes que tener cuidado por dónde vas!- una risa cantarina y de mujer sorprendió a Harry.-¿Eres tú el famoso joven que salvó a mi primo?
-Perdone, yo…- no supo a quién se refería, hasta que se dio cuenta de que se refería a Malfoy. ¿Aquella chica era su prima?
-No han parado de hablar de ti, aunque más bien te criticaban- su continuo parloteo desconcertaba a Harry, pero aún así, pensó que a primera impresión, a pesar de ser algo extravagante, podría ser alguien muy simpática.-¿Piensas ir así a la cena de esta noche?
-No tengo otra ropa.
-Menos mal que te has encontrado conmigo- le guiñó un ojo, sosteniéndole de la mano y arrastrándole consigo.-¡Sígueme! Por cierto ¿tu nombre querido?
-Potter. Harry Potter.
-Mi nombre es Nymphadora Tonks. No te preocupes, estás en buenas manos ¡te aseguro que yo no soy como los Malfoy!
Y sin más, quedándose preguntas en el aire, Harry se dejó llevar.
