Notas de la autora: ¡Hola de nuevo! Sé que ha pasado mucho tiempo, bueno, dos semanas para ser exactos, desde que publiqué el anterior capítulo. Sin embargo como recompensa por la espera, he hecho este capítulo más largo, y además, el final del capi da mucho que desear. Espero que os guste.


El camino hacia su habitación no duró tanto como Harry esperaba. Ignorando las miradas curiosas de los rostros provenientes de las personas de la primera clase que frecuentaban aquel pasillo, aún se preguntaba cómo una mujer así podía pertenecer a una familia de apellido prestigioso. Durante ese paseo tan corto y apresurado, pudo ver muchas diferencias entre Nymphadora y Malfoy. Primero, que no tenían nada que ver físicamente, y segundo, ella transmitía un aura amable y honesta, mientras que Malfoy era todo orgullo, antipatía y soberbia. No añadió más adjetivos a su mente porque en el fondo, Harry no podía pensar muy mal de una persona por muy odiosa que esta fuera, esa era una de las desventajas de su personalidad. Nada más entrar a la habitación de aquella desconocida, se sintió un poco cohibido. En cambio, ella parecía muy feliz, como si se tratase de una adolescente que estuviera a punto de cometer alguna travesura. Y en efecto, era así, en parte. Sin más dilaciones, dejó a Harry en lo que sería una especie de salón, un salón del que por supuesto el moreno no disfrutaba en su respectivo camarote, puesto que no disponía de esos lujos.

-Espera aquí, te traeré la ropa que debes de llevar para la cena.

-Pero...

-¡Confía en mí!

Sin rechistar, Harry esperó pacientemente, en silencio. No se atrevió a sentarse en aquellos sofás rojos de tela aterciopelada, por lo que se dedicó a esperar de pie. No fueron muchos los minutos los que tardó la mujer en volver con una montaña de ropa sobre sus delgados brazos. Abrió los ojos a causa de la sorpresa, empezando a negar con la cabeza al comprobar que se acercaba a él con todo eso, ya que ella tenía intenciones de que se probase ropa que ni siquiera era suya.

-Disculpe señorita...- intentó acordarse de su nombre.

-Por favor, no seas tan cordial- pidió ella haciendo pucheros con la boca.-¿Qué te parece si me llamas Tonks? Eso de llamarse por los apellidos me resulta absurdo, y más viniendo de un chico tan humilde como tú. Te probarás todo esto, para ver cual te queda mejor. No te preocupes, es la ropa de mi marido, él también tuvo problemas en su momento para presentarse bien a toda la familia. Es un poco reacio a vestir este tipo de cosas.

Harry no preguntó por la apariencia de su marido, si estaba en el barco, estaba seguro de que no lo había visto. Y si lo hubiese hecho, no le habría reconocido en absoluto. No quedándole más remedio, Harry tomó las ropas, dejándolas sobre el sofá y disponiéndose a desvestirse, no sin antes de dirigirle una mirada avergonzada a Tonks, que estaba sentada en un sillón individual llena de emoción.

-Esto...Tonks...

Al principio la mujer no entendió su timidez, pero después se dio cuenta de lo evidente. Parpadeó para luego soltar un ''Oh'' asintiendo y levantándose.

-Estaré en mi cuarto, avísame cuando tengas puesto algo.

Este asintió, suspirando de alivio cuando se vio solo y con algo más de intimidad. Harry no creyó que tardaría tanto en ponerse cada ropa. Las primeras fueron bastante penosas, puesto que le quedaban demasiado grandes o el color no iba para nada con su apariencia. Tonks fruncía el ceño, pensando en las posibilidades que podría tener para que una le quedase como anillo al dedo. Hasta que, finalmente, encontraron la indicada. Pantalones negros ajustados, camisa blanca de cuello alto, chaqueta negra que se cortaba por delante hasta la cintura y detrás continuaba hasta por las rodillas, y por último zapatos perfectos e impolutos. Harry se asombró de su propio aspecto, nunca había tenido la oportunidad de vestir así. Tonks, sonriendo ampliamente, le observó desde el espejo.

-¡Estás fantástico!- halagó.-Vas a darle su merecido a esas víboras. Aunque, te aconsejo que hagas algo con tu pelo, parece indomable a simple vista.

-¿Por qué me ayuda?- preguntó Harry de repente, esperando que no se sintiese ofendida por la pregunta realizada, además, realmente quería saberlo.

-Hablaban tanto de ti que decidí por mí misma comprobar de qué pasta estabas hecho- respondió con sinceridad.-Además, mi esposo también pasó por la misma situación, y a simple vista me agradas muchísimo. Me recuerdas mucho a él, por eso te ayudo.

Tonks rió al ver el rostro de duda de Harry.

-Intuyo que quieres preguntarme si él era de tercera clase- Harry bajó la mirada.-Puedes hacerme cualquier tipo de pregunta, conmigo puedes sentirte como en casa. Pues sí, él también lo era, como tú, y tuvo muchas dificultades para entrar en la familia. Y es más, las sigue teniendo. Como habrás podido deducir, yo también soy distinta de los Malfoy, y mi tía no es que le caiga demasiado bien. Sin embargo, sigo siendo hija de su hermana, por mucho que le pese.

Entendió entonces la razón de por qué no se parecía nada a Malfoy. Harry no hizo más preguntas, pero le agradeció de corazón a Tonks por su ayuda. Él estaba dispuesto a quitarse la ropa y marcharse hasta esperar la hora de la cena, pero, al echar un vistazo al reloj de la estancia, ya era demasiado tarde. Habían pasado tanto tiempo eligiendo una ropa adecuada y hablando que poco le quedaba ya para esperar, la cena sería pronto. Tonks también se percató de ello, por lo que enseguida obligó a sentarse al muchacho. Harry vio de reojo cómo sacaba un peine de la cómoda.

-Vamos a mantener una pelea con tu cabello. Estate quieto ¿de acuerdo?

Harry no hizo más que tragar saliva.


Caída la noche, donde había más movimiento era en la zona de los más ricos del barco. Las luces encendidas ofrecían vida al transporte desde la lejanía, e incluso el capitán se había permitido descansar un poco, aunque siempre dejando a segundos al mando del timón. Draco estaba arreglando los últimos detalles de su apariencia, y salió de su camarote encontrándose a su madre, su esposa y futuras cuñada y suegra. Enarcó una ceja al no ver a su padre.

-¿Dónde está papá?- preguntó Draco a Narcissa, depositando un beso en su mejilla.

-Tu padre no asistirá a la cena cariño- respondió ella, escueta.- Va a tener una reunión con unas personas muy importantes de las que dependemos.

No dijo más, y él tampoco insistió para saber más. Odiaba que su familia siempre estuviera separada en los momentos que podía estar juntos, pero desde pequeño se había criado de aquella manera: su madre en su casa, rodeado de criados y criadas, y su padre en negocios. Entornó los ojos con cierto cansancio, y sintió que Astoria vigilaba cualquier expresión que este demostrara, por lo que se apresuró a sonreír y en ofrecerle su brazo para que la acompañase. Ella, encantada y con una dulce sonrisa, aceptó ir en compañía de su prometido. Narcissa dio el visto bueno a ese gesto, y toda la familia caminó en dirección al encuentro de todos los presentes que asistirían a la cena. Draco no evitó sentirse ansioso por ver a Potter. Lo más seguro -y así debía de ser- que se presentaría con las únicas ropas que poseía, las cuales Draco debía de admitir que eran bastantes penosas, dignas de alguien de su clase. Una vez llegaron, se detuvo en las escaleras de madera cuyos ángeles de mármol los observaban en las alturas, buscando con la mirada al susodicho que ocupaba sus pensamientos. Pero entonces, sus ojos se centraron en una figura que parecía ir sin una acompañante, y en cuanto se giró, no supo por qué, pero el aliento comenzó a faltarle. Ahí estaba, Potter, con una apariencia que no debía de estar ahí. Ropa elegante, cabello incluso peina perfectamente hacia atrás, rostro pulcro y sonrisa triunfante que a Draco le hizo arder en rabia por dentro. ¿Cómo lo había conseguido? Tenía la suficiente información como para saber que Potter no tenía ni conocía a nadie cercano dentro de la primera clase. ¿Quién le había proporcionado la ayuda suficiente? Astoria, que no daba crédito a lo que veía, echó un vistazo a su prometido. Este recobró la compostura, y bajó las escaleras sin apartar sus ojos de Potter. Gris y verde mantuvieron un contacto visual demasiado intenso y fuerte, al menos para el gusto de Draco. ¿Qué le estaba ocurriendo con aquel insolente? Daphne, la hermana mayor de Astoria, se aproximó a Harry con sorpresa.

-¡Así que usted debe de ser el señor Potter?- Harry asintió con un leve gesto de cabeza, sosteniendo la mano enguantada de la joven para depositar un casto beso sobre él. Ella ante esto, se sonrojó.- Han hablado mucho sobre su hazaña en el transcurso del día. Es una grata sorpresa que haya podido asistir a esta cena.

-El gusto es mío, señorita Greengrass- la sonrisa del muchacho la cautivó.

Por suerte, Tonks le había dado a Harry la suficiente información para saber los nombres de cada una de las personas que allí se encontraban. Ofreció su brazo a Daphne, quien aceptó enseguida. Astoria no tenía palabras ante la repentina educación y elegancia de este, pero lo único que pudo hacer fue dedicarle una simple sonrisa. En cambio Draco se debatía con él en silencio, dirigiéndole miradas de desafío y amenaza que indicaban que no tendría tanta suerte en lo que quedase de la noche. Harry se separó de la que sería la futura cuñada de Malfoy, y sonrió de puro alivio al ver a Tonks sentarse en la gran mesa. Con ella, iba un hombre de apariencia humilde que también le saludó desde la distancia. Aquel debía de ser el marido de la mujer, del que ahora mismo vestía sus ropas. Todos sentados, los camareros empezaron a servirles. La conversación primero tuvo lugar sobre los territorios que poseía cada familia, que habían hecho todo aquel tiempo que no se habían visto y futuros planes que estaban llevando a cabo. No supo por qué, pero a Draco le incomodó cuando su madre intervino:

-El matrimonio de Astoria y Draco tendrá su celebración muy pronto- anunció, recibiendo felicitaciones murmuradas y suspiros de algunas jóvenes que querrían estar en la situación de Astoria.- Solo quedan cuatro días.

-Madre, no te adelantes a los acontecimientos- susurró Draco, pero lo suficiente alto para que ella le escuchase.

-Es algo que todo el mundo debe saber- entonces su atención la dirigió a Potter.- Y díganos, señor Potter ¿es tan cierto eso que dicen que usted salvó a mi hijo?

-En efecto, señora Malfoy- respondió con cortesía y cautela.- Nada más escuchar sus gritos fui de inmediato a ayudarle, aunque sinceramente, no me esperaba que se tratase de él.

-Ha sido muy valiente para alguien tan joven- añadió Tonks en alto, recibiendo muchas afirmaciones del resto.

-Por supuesto, los de tercera clase siempre son tan impulsivos ¿verdad?- inquirió Narcissa con una sonrisa fría y arrogante.

Ante ese comentario, todos comenzaron a hacer murmullos sin creerse aquella espantosa verdad. Tonks miró mal a su tía, mientras que su marido negaba con la cabeza manteniendo el ceño fruncido, por supuesto sin estar de acuerdo con la frase. Sin embargo, Harry supo salir airoso de la siguiente manera:

-Sí, es verdad. Somos impulsivos. Pero míreme, gracias a esta impulsividad que tengo, la vida me sonríe. Hace dos días, estaba apostando en un juego de cartas en un bar de mala muerte. Después, subí en este barco. Y ahora, visto con las mejores galas que nunca he tenido, compartiendo la mejor compañía en estancia de primera clase. ¿No es fantástico?

Pequeños aplausos y sonrisas fueron dedicadas a Harry, quien se limitó a mirar a Narcissa, la cual no tuvo nada más que decir, llevándose a los labios su copa. El marido de Tonks le guiñó un ojo, pero no duró demasiado al intervenir otra vez, una voz masculina:

-¿Y es usted feliz de esa manera?

No supo si no contestó de inmediato por la pregunta en sí o por el dueño que la formulaba. El silencio de Harry ante la pregunta de Malfoy duró unos diez segundos que a él le resultó una eternidad. Draco le escrutaba con la mirada, como si estuviera intentado hondar en el interior de aquel joven que le traía tanto de quicio. Iba a analizar bien su respuesta.

-Soy feliz porque supe qué camino elegir. Vivo sin ataduras y hago lo que quiero. No tengo un rumbo fijo, quizás tenga poco dinero en el bolsillo, pero tengo mi corazón latiendo a cada segundo, mis sentidos intactos, pulmones en el cuerpo… soy libre.

Esa respuesta no era la que esperaba conseguir por el hecho de que era más certera de lo que Malfoy creía. Potter le estaba dando lecciones frente a los de su condición, y por una parte podría considerarlo una nueva humillación por segunda vez consecutiva, pero esta vez lo vio de forma distinta. ¿Y si él tenía razón? ¿Y si tenerlo todo no era ser feliz? Él lo había tenido todo, sí, pero no había tenido lo que realmente deseaba: el amor verdadero de una madre y un padre, amigos, el estar prometido con alguien que él de verdad quisiera….

Se asustó por sus propios pensamientos, quedándose contrariado y sacudir la cabeza para pensar en otra cosa. ¿Qué le estaba sucediendo? Ahora sentía curiosidad por el estilo de vida de Potter. Después de eso, la cena continuó normal y sin intervenciones o preguntas incómodas, hasta que los hombres se levantaron. Harry se levantó sin entender, pero por suerte el marido de Tonks se aproximó a él para susurrarle:

-Ahora los hombres nos ausentamos para fumar y hablar de temas de negocios, política o economía- le explicó brevemente.-Yo que usted no acudiría, es bastante aburrido.

-¿Usted suele asistir?

-Nunca, suelo esperar a Tonks fuera hasta que salga. Las mujeres se quedan aquí hasta que ellos regresen.

-De acuerdo. Muchas gracias señor….

-Lupin, pero puedes llamarme Remus si quieres- ambos hombres sonrieron, Harry sentía que se llevarían bien.-Hasta otra Harry, espero verte pronto por estos alrededores. Si no, siempre podemos hablar en la cubierta.

-Me encantaría.

Se despidió de todos para abandonar el lugar y así por fin retirarse a los camarotes de la zona más inferior del barco, donde allí todos sus amigos, entre ellos Ron y Hermione, estaban celebrando una fiesta. Lo que Harry desconocía era que otro joven lo perseguía con sigilo y en las sombras. Draco se las había apañado para despistar tanto a su madre como a su esposa. Como su obligación era asistir con los demás hombres a fumar, ellas no se darían cuenta que sus planes eran otro distintos. Vio que bajaba las escaleras que guiaban más al interior de la nave, escaleras de hierro muy mal acolchadas, nada que ver con las escaleras de madera antes de ir a la cena. Harry parecía ir despreocupado y en su propio mundo, por lo que en ningún momento se detuvo para girarse, ni siquiera escuchaba los otros pasos. Entonces, Malfoy distinguió voces gritando y música desconocida para él. Provenía de las siguientes –y esperaba que últimas- escaleras en las que Potter bajó, engulléndole una neblina que Draco desde lejos identificó como humo, humo de cigarrillo barato. Estuvo un par de minutos, debatiéndose si bajar o no, pero quería saber qué era lo que iba a hacer Potter, y además, tenía pendiente una conversación con él en la que descargaría toda su furia por no haber obtenido los resultados que él mismo esperaba tener. Finalmente optó por la decisión de bajar, frunciendo la nariz y el ceño cuando todo ese humo invadió sus fosas nasales. Pudo comprobar cómo el suelo temblaba debido a las personas que bailaban, que eran muchas. Las mujeres bailaban con los hombres, agarrados a sus cinturas y pegados, riendo a carcajadas y bebiendo mientras gritaban. Aquella escena era diferente a la suya, o más bien, eran dos mundos completamente diferentes. Pero ellos se lo pasaban bien. No les importaba nada, no tenía que seguir una serie de normas, nadie los vigilaba o les dirigían miradas reprobatorias. Sentía la libertad de la que le hablaba Potter. Pero le resultaba absurdo….algo tan irreal. Draco no podía comportarse así. No podía.

Por otra parte, Harry se deshizo de la chaqueta prestada por Lupin, dejándole en un buen sitio para no perderla de vista. Se desabotonó un par de botones del cuello de la camisa que le incomodaba. Divisó a su amiga Hermione que reía animadamente con una joven de cabellos rubios y ojos azules soñadores, Luna. La castaña sonrió ampliamente al ver a Harry, abrazándole.

-¡Harry has venido! ¿Cómo ha ido todo?

-Ya te contaré, ha sido como entrar a la boca de una serpiente, pero he salido airoso- contestó, riendo.-¿Dónde está Ron?

Justo cuando hizo la pregunta, escuchó a alguien gritar su nombre con voz estrangulada. Efectivamente, era su amigo pelirrojo, que estaba algo ebrio, pero no en exceso, así que por eso se tambaleaba un poco. Le dio un leve golpe amistoso en la espalda a Harry, mientras que Hermione simplemente entornó los ojos, aunque con una sonrisa.

-¡Ron, deja de beber, vas a ponerte peor!- avisó su amiga.

-¡Colega, pero mírate cómo estás! Parrrreces….un remilgado….¡y ese pelo, ni que te hubiese lamido mi vaca!- el pelirrojo, como si estuviera enfadado, hipó y le revolvió el pelo a Harry, sin tenerlo ya hacia atrás.- Hermione….vamos a bailar conmigo.

-Lo haré para que no te choques con otra persona y te metas en problemas- dijo medio regañándole, pero rió al ver que Ron le sujetaba la mano e imitaba a un rico, echándose el pelo hacia atrás como el moreno había tenido unos momentos.-¡Luna, volveré enseguida!

-Descuida- sonrió esta con dulzura. Harry se sentó a su lado.- ¿Y tú no vas Harry?

-No tengo a nadie con quien bailar. De todas maneras, estoy algo cansado.

-¿No viniste con tu amigo?

-¿A quién te refieres?

Luna señaló con la cabeza, y Harry siguió en su dirección. Al ver bajar las escaleras a nada más y nada menos que a Draco Malfoy con cara de pocos amigos y un poco de inseguridad en su rostro, no pudo más que suspirar y preguntarse qué había hecho él para merecer aquello. Pero, por algún motivo, Harry pensó que quizás no era tan malo. Si él estaba aquí, eso quería decir que sentía curiosidad….

Divertido por la situación, Harry se ausentó, disculpándose con Luna para ir a su encuentro. Al llegar a sus espaldas, notó que Malfoy se estremeció, no supo si por miedo, sorpresa o cualquier otra cosa.

-Como pez fuera del agua ¿no, Malfoy?- recibió una mirada de odio del rubio.- ¿Qué le ha traído, un rico como usted, a juntarse con gente con más valor humano?

-¡Potter!- la seguridad de Draco volvió enseguida por las palabras de Potter.-Si estoy aquí ha sido para destrozarte la cara. ¿Quién te dio esas ropas? Un desgraciado como tú no dispondría de ellas. ¡Has jugado sucio!

-¿Creía que no era consciente de que me había invitado a esa cena sólo para humillarme?- Harry rió sin preocupación y con bastante calma.- Pero lo siento, no puedo decir quién me las proporcionó. Y, ya que está aquí ¿no le apetece disfrutar de una verdadera fiesta?

-¿Y para qué querría yo quedarme en este putrefacto lugar?

-Porque ya está en él, y si hubiese querido partirme la cara, lo habría hecho en la cubierta, no se habría arriesgado a venir hasta aquí, ni a juntarse con los desgraciados de la sociedad- entornó sus ojos verdes, pero sabía que tenía la victoria asegurada porque Malfoy lo rebatió con una pésima respuesta.

-Puedes creer lo que quieras.

-Yo solo le estoy ofreciendo una oportunidad- esta vez la voz de Harry sonó más seria, y Draco no pudo evitar mirarle directamente a los ojos.- Aquí no tiene a su madre ni a su prometida. Nadie lo está mirando. Nadie lo va a juzgar. Yo no voy a juzgarle. Esta puede ser la única noche en la que podrá sentirse libre. Usted decide.

Harry dio media vuelta para unirse a sus compañeros que ya estaban a punto de iniciar el baile. Cuando creyó que Malfoy se iría, lo vio posicionándose a su lado, echando su chaqueta cerca del resto de la gente que les observaba y animaba, alzando la barbilla con orgullo. Reprimió una sonrisa ladeada, y la música comenzó a sonar. Los que tenían pareja empezaron a marcar paso con su respectiva chica. Hermione reía, ya que era ella la que guiaba a Ron porque tenía poco sentido de la orientación en el estado en el que se encontraba. Luna se unió al baile con Neville quien gustosamente la invitó. Viendo que Malfoy no sabía cómo desenvolverse, Harry llamó su atención.

-¡Eh, Malfoy!- este le miró con una ceja alzada.-¡Verás que yo sé bailar mejor que tú!

-¡En tus sueños Potter!- Draco sonrió con prepotencia.-¡Recibí las mejores clases de baile de toda Inglaterra! ¡Vas a arrepentirte!

En una distancia prudente, ambos hombres absorbieron toda la atención de los demás. En el centro del bullicio, el primero que inició el baile fue Harry. Dando algunos toques en el suelo con los talones y la punta de sus pies, moviendo todo su cuerpo, girándolo de vez en cuando, hizo unos movimientos perfectos. Sin embargo, luego llegó el turno de Draco, los suyos fueron más cortos y seguros, elegantes y dignos de alguien de su condición. Las mujeres aplaudieron encantadas, los hombres reían por la actuación de aquellos dos. Draco, sacudiéndose la camisa y volver a reponer su compostura, se acercó a la mesa más cercana, que estaba ocupada por muchos estúpidos que bebían y hacían apuestas para ver quién aguantaba más. Harry se acercó allí, cogiendo sin permiso una jarra que rebosaba de cerveza. Draco lo observó fingiendo aburrimiento, hasta que se le ocurrió una cosa.

-Potter, ya que me has retado antes a demostrarte mis habilidades bailando y al ver que las tuyas han sido bastante penosas...- inquirió.- Veamos si puedes aguantar bebiendo.

-No creo que sea buena idea.

-¿Temes perder?

Vio cómo Potter parecía pensárselo, y su respuesta fue recibida al ofrecerle una jarra que Malfoy aceptó sin rechistar. Y así, comenzó otro desafío.


No tenía en claro cuántas horas habían pasado exactamente, pero lo que sí estaba seguro era que debería de volver a su camarote, no quería levantar sospechas en su madre y Astoria. Había bebido demasiado para su mala suerte, y se maldijo por haberle hecho caso a Potter, aunque lo de beber se lo había propuesto él, no el moreno. Realmente no podía arrepentirse de aquella fiesta, había sido una de sus mejores experiencias, pero Draco nunca lo admitiría en voz alta. Harry, como si le hubiese leído el pensamiento, habló un momento con Hermione y se fue a ayudar a Malfoy. Al ver lo borracho que estaba, se colocó su brazo izquierdo por encima de los hombres y se lo llevó de allí. Subir las escaleras les costó un poco, la suerte de que Harry estaba sobrio ayudaba, pero Malfoy no. El rubio se apoyaba más en el cuerpo del otro menos de lo que le gustaría, aunque por ahora no se estaba quejando en absoluto.

-Potter, déjame ya.

-Más quisiera Malfoy, pero tengo que dejarte en tu camarote. Mira, ya estamos a punto de llegar, solo tenemos que caminar recto.-suspiró.- Agradece que a estas altas horas de la noche no haya nadie fuera de sus habitaciones. No querría experimentar el escándalo que daría tu madre o el resto de los pasajeros.

-No soy un crío joder…-lo decía con una voz tan susurrante y poco entendible, que Harry decidió ignorarle hasta que llegaran.- Todo es tu culpa…

Pero eso no podía dejarlo pasar. Abrió los ojos por la impresión.

-¿Mi culpa? ¿Qué te he hecho yo?

-¡No hagas como que no sabes Potter!- no previó que Malfoy se deshiciera de su apoyo, puesto que lo apartó…acorralándolo después contra la pared. Harry se pegó a ella, sin entender lo que sucedía.- ¡Desde que apareciste…todo es distinto!

-¿Quién fue el que me insultó por ser un maldito arrogante y desagradecido?- estaba empezando a cabrearse.-¡Yo no tengo la culpa de nada!

-¡Cállate!- por un momento Harry temió que por sus gritos la gente saliera a ver qué sucedía.- ¡Si no hubieras venido a este barco, no habría tenido dudas sobre mi vida! ¡Me casaría con Astoria sin problemas, y no estaría cuestionándome si tengo libertad o no! Ojalá…ojalá te pudrieses en la mierda.

Aquello ya había sobrepasado los límites de lo establecido. El de ojos verdes no dudó en propinarle un buen puñetazo que tumbó a Malfoy contra el suelo. Lo que le pareció increíble a Harry era que este pudiera levantarse de nuevo, y por un momento pensó que le devolvería el golpe….pero fue todo lo contrario. Apretándolo aún más contra la pared, pegando su cuerpo completamente al suyo, la mano de Draco le sostuvo el mentón, pegando sus labios duramente contra los suyos. Los ojos de Harry se abrieron al máximo, queriendo apartarle enseguida de él, asqueándole el sabor a alcohol de su boca, sintiendo pánico al descubrir que Malfoy le abría los labios con rudeza para adentrarla en su cavidad, apretando los ojos fuertemente al no poder deshacerse de él. Esas fueron sus primeras sensaciones. Pero la desesperación con la que Draco le besaba abrumó a Harry, envolviéndole en lo desconocido, impregnándose de él. Notó otra mano fría que buscaba piel bajo su camisa y que encendía la suya propia, pero todo eso desapareció hasta que Draco se separó de sus labios lentamente, sus respiraciones entrecortadas y mezclándose, los labios abiertos. Pero lo que más se fijo Harry fue en sus ojos. Unos ojos grises que le miraban con súplica, como si le estuviese pidiendo a gritos que le sacase de aquella vida que él no quería, que le liberasen. Que Harry le liberase. No pudo descubrirlo a tiempo, porque Malfoy se desmayó, cayendo sobre su cuerpo, sujetándole a tiempo para que no impactase contra el suelo. El corazón de Harry latía deprisa, desbocado. Tenía que llevarlo cuanto antes a su camarote. Cuando creyó distinguir la puerta correspondiente, buscó la llave de Malfoy entre su ropa, procurando no tocarle demasiado, para finalmente abrir la puerta, y con prisas colocarle en el interior, en el suelo. Todo estaba a oscuras, y Astoria y Narcissa parecían dormir, Harry pudo escuchar respiraciones pausadas dentro del camarote. Dejó la llave a su lado, y sin más, se fue de allí, cerrando la puerta tras él e intentando aclarar sus ideas. Simplemente esperaba que en el nuevo amanecer del día siguiente, pudiera olvidarse de todo.

Pero Harry sabía que, en algún rincón de su corazón, no podría olvidarse de aquellos ojos y de lo que le transmitieron.


Notas de la autora: En respuesta a los comentarios donde no poseen una cuenta en fanfiction...

-Muchas gracias a todos. Espero que os haya gustado este capítulo, y además me han halagado vuestros comentarios. Procuro escribir bien y ser lo más aplicada posible, y sobre todo representar a los personajes cómo son tal cual. Respecto al final de este fic, he de decir que es una total sorpresa. ;D No voy a decir si tendrá el final o no como en la peli, solo os diré que pensaréis al principio cosas que no son. ¡Un beso a todos y cuidaos!