Capítulo I.
"No hay mayor impedimento, que aquellas barreras que forjamos nosotros mismos" Aixa-Gabii Serrada.
Hospital General de Seattle, 2:05 AM, Octubre 2012.
"Dioses, sacerdotes y reyes, voltean sus rostros, incluso ellos siente el frio"
-Hace algo de frio ¿no?- la voz de Alice me regreso en mi cuerpo.
-¿Hace cuento estamos aquí?- dije distraídamente, mientras perdía mi vista en la pared blanca frente a mí.
-No lo sé, creo que unas tres o cuatro horas.
-¿Por qué tardan tanto?- continúe.
-No lo sé Edward, ni siquiera sabemos en qué estado la encontraron, hay que tener paciencia.
-Me es casi imposible tener paciencia. Siento que fue hace años que me llamaron, y a la vez que fue hace minutos.- su mano se coló por mi hombro.
-Debes mantenerte fuerte Edward, ella te necesitara en tus mejores condiciones para cuando se despierte.
-Quiero saber de ella.- trate de levantarme, pero mi hermana me lo impidió.
-Todo a su tiempo Edward, vamos por un café mejor.
-No quiero nada.- me negué.
-Estaré en la cafetería entonces.- la vi levantarse y distraídamente seguí el sonido de sus pasos.
Me recosté sobre mis rodillas, con las manos cubriendo mi rostro de la luz del lugar, mientras suaves voces comentaban por los alrededores. La sala de espera se encontraba vacía dada la hora, y solo podías ver una que otra enfermera de vez en cuanto. Sus voces se perdían entre los amplios y estériles pasillos del hospital, mientras los teléfonos sonaban cada cierto tiempo.
-¿No ha pensado en ir a descansar un poco?- enderece mi rostro en búsqueda de la voz femenina. Frente a mí, una joven de aproximadamente mi edad, con un traje de pantalón y chaqueta blanca, me hablaba. Por el color blanco impecable de su ropa, deduje que era otra enfermera.
-Estoy bien, gracias.- hice mi mejor intento por sonreírle.
-Le puedo asegurar que quien sea su amigo o familiar, está en buenas manos. Debería intentar descansar.
-Siempre dicen lo mismo.- susurre distraído.
-¿Paciente recurrente?- su repentino interés, comenzaba a fastidiarme.
-Más de lo que quisiera.
Mi tono de voz pareció convencer a la enfermera de mi incapacidad para sostener una conversación al respecto, por lo que hábilmente desapareció por alguna de las esquinas del amplio pasillo frente a nosotros.
Frote mis manos entre sí, buscando recuperar algo del calor perdido en ellas, mientras los sonidos propios del hospital, servían de fondo por mis lamentos.
Hasta hace unas horas, ella estaba junto a mí, entre mis brazos, dejándome esparcir por su cuerpo mis besos, con su piel erizada bajo mis dedos. Hasta hace solo unas horas, ella dormida abrazada de mi cuerpo, mientras mi inocente mente, juraba que esta vez, si seria para siempre.
Perpetuamente he querido creer, que cada momento mágico que vivimos juntos, es el decisivo. Ha huido de mi, mas veces de las que he podido contar, pero siempre estoy confiando que en la próxima, se quedara entre mis brazos. Que para la siguiente oportunidad será mía únicamente. Que me dejara cuidarla, que siempre regresara.
Ni siquiera el día que puse mi anillo en su dedo, estuve completamente seguro de que estaría ahí para el día siguiente. Solo dos meses nos había durado el idilio. Solo dos meses despertó junto a mí, hasta que la maldición que nos acompañaba, reclamara toda su atención.
L a nube negra sobre nosotros volvió a aparecer, y fue entonces cuando ella huyo por el tejado, como una gata salvaje, encerrada en una jaula por un tiempo, afilando las uñas para su próxima oportunidad de huir.
Solo pudo soportar dos meses junto a mí, antes que todos sus temores volvieran a atacarla, antes que mis mayores miedos se materializaran, y desapareciera durante cuatro meses más.
-Se que dijiste que no querías nada, pero la noche está demasiado fría como para rechazarlo.- le sonreí a mi hermana, mientras tomaba de entre sus manos, el café que me ofrecía.
-¿Qué piensas hacer?- me presiono.
-¿Con respecto a qué?
-Hay que buscar una solución Edward, esto no es sano en ningún aspecto. No podemos seguir sentados en casa, pegados al teléfono, esperando a que nos llamen de alguna sala de emergencia, porque termino tirada en la calle una vez más.- sacudí la cabeza.
-Se me acaban las opciones Alice. Sabes perfectamente porque huyo esta vez. No puedo simplemente hacerme de la vista gorda y darle el dinero que quiere, para tenerla a mi lado. Me case con una mujer, no con una puta. No mantendré su maldito problema.
-No te estoy diciendo que lo consientas, hablo de algo mucho más radical que llevarla a casa, darle dinero y verla desvanecerse. Desde que me gradué, te estoy persiguiendo con lo mismo. Sabes que tengo los contactos necesarios, entraría de inmediato, pero no podrás verla.- me encogí de hombros.
-De todas maneras, ahora no puedo hacerlo.- observe al final del pasillo, donde un par de puertas blancas, rezaban ser solo para personal autorizado.- Con o sin la rehabilitación, no la veré igual. En lo que pueda estar en pie, se largara.
Jugué con mi anillo de bodas, mientras los minutos pasaban en aparente silencio. No dijimos nada mas en el rato venidero, mientras por la ventana en el lado contrario de la sala de espera, se nos mostraba una tormentosa noche, con lluvias torrenciales, neblina y relámpagos. De vez en cuando, las paredes del hospital se estremecían por los truenos.
En el fondo de la visión, la torre del Sea-Tac trataba de sobresalir por entre las gruesas y abundantes gotas de lluvia, en una típica madrugada en el estado de Washington.
Era claro que habían cosas que no podían cambiar jamás, ni por mucho que pelearas contra ellas. Yo llevaba ocho años peleando contra una eterna tormenta, surcada por relámpagos, truenos y gotas de lluvia del tamaño de casas. De vez en cuando, había granizo en la receta, y a veces, la lluvia mermaba un poco, pero nunca, jamás, salía el sol.
Sin pararrayos y a la deriva, era el cable a tierra perfecto para una descarga eléctrica. Yo era sin duda, la conexión directa de la electricidad con la tierra, y siempre conseguía la manera de hacer de cable conductor, sin miedo y con placer.
Con Bella, yo siempre permitía que su corriente pasara por mi cuerpo, aunque fuera de 1000 V y estuviera quemando mis sistemas. Yo siempre llevaría hasta tierra todos sus rayos, sin importar que ella siempre fuera electricidad viva y yo un simple humano, mojado y descalzo.
Seattle, Washington, Junio 2004
-Así que ¿con quién iras al baile?- insistió Alice.
-¿Qué?- sus palabras parecían incompresibles para mí.
-¡Aló! Edward, tengo media hora hablando, sería bueno que en algún momento me escucharas.- rodé los ojos.
-Sabes perfectamente lo que opino del baile.
-Es un pensamiento retrograda y estúpido, mi querido hermanito. Llevas toda la secundaria tratando de ir con ella, no puedes perderte tu baile de promoción, porque ella para variar se niega a ir.- suspire.
-No quiero discutir el tema.
-Yo sí.
-Pues yo no Alice, estoy cansado del mismo sermón de siempre. ¿Con quién se supone que vaya? ¿Invito a Tanya?- lleve mi vista al fondo de la cafetería, donde algunas de las chicas lindas del instituto, compartían ensaladas y frutas.
-Bueno, no estaría mal esa idea. ¿Cuándo has visto tú que una chica invite a un chico al baile? Mucho menos el baile de graduación, es como un ritual sagrado para las chicas, esperar por el hombre de sus sueños.- sus ojos se desviaron hasta la mesa de algunos de nuestro amigos, donde su novio y pareja del baile, tonteaba.
-Eso funciona para ti Alice, para mí no. No me sentiría cómodo en el baile con alguien que no fuera ella, tu mejor que nadie lo sabes.
-¿Vas a dejar pasar tu última fiesta antes de graduarte, porque la malcriada de Swan se niega a corresponderte?- la mire mal.
-No la llames malcriada Alice, nosotros no sabemos cómo es su vida.- la defendí.
-Oh vamos, sus padre la abandonaron de pequeña, vive en un lugar desconocido por nosotros, se droga, y estudia en esta escuela, gracias a la beneficencia de nuestra padres, no es tan difícil.- golpee la mesa.
-No repitas nada de lo anterior en esta mesa ni en mi presencia. No es problema de nadie y mucho menos tuyo, porque medios Bella estudia en nuestra misma escuela, además que es egoísta dar por sentada su vida. Tú no vives con ella, no conoces su infierno.- Alice rodo los ojos.
-No puedo entender que fue lo que te hizo. Puedo entender que estés enamorado, pero lo tuyo es una obsesión grave.
-No discutiré contigo sobre eso.
-¿Iras o no?- presiono.
-Consíguete una maldita vida y deja la mía en paz.- recogí mi bandeja, con gran parte de mi comida intacta, y me dispuse a dejarla en el cesto de basura más cercano.
Mi hermana nunca aprendería lo importante que era mantener el pico cerrado.
Mientras que deambulaba en la amplia y llena cafetería, no puede evitar desplazar mis ojos por el espacio, en búsqueda de una melena castaña, un abrigo marrón descolorido y algún pantalón cinco tallas pos encima.
Para mi tristeza, nadie dentro de la cafetería cumplía con estas características.
Luego del pequeño altercado con mi hermana en el almuerzo, no volví a verle en el resto del día, no sé si por coincidencia, o porque alguno de los dos evadía la situación.
Tanya, como siempre, insistió en la idea de ser mi pareja para el baile, que sería dentro de dos semanas. Este sería nuestro último baile y nuestra ansiada promoción.
Al fin podríamos salir de debajo de las faldas de nuestros padres, conquistar la universidad y tener un milímetro de libertad.
Una vez que el tormentoso viernes dio por terminado, no pude sino agradecer que Tanya comino en el sentido contrario en el parqueadero, mientras que mi hermana decidió no abusar de mi paciencia, y entre besos, subió al carro con su novio.
El parqueadero estaba atestado de personas, muchas de ellas aprovechando la libertad para fumar algún cigarro, hecho que tenían prohibido dentro de las instalaciones del colegio. No faltaba mucho para que el director nos corriera a todos, por vandalismo en las afueras de la escuela.
Me recosté de mi moto, con la simple intensión de observar a todos los transeúntes, en búsqueda de aquel rostro familiar, que me había torturado día y noche.
-Hey ¿Salimos esta noche?- Emmet se acerco hasta mi y golpeando mi hombro, me sonrió.
-Me parece una estupenda idea.- asentí.
-¿Carreras de nuevo?- ni siquiera lo pensé.
-Nada como unos dólares extra en el bolsillo.- él se rio.
-Vamos viejo, tu triunfo la última vez fue suerte.- alce la ceja.
-¿Y la vez anterior a esa? Tenía una sola noche allí y ya había ganado mi primera carrera. Seamos honestos, estoy hecho para eso.- el negó con la cabeza.
-Aun no entiendo cómo es que vas a desperdiciar tu vida apagando fuego, cuando puedes quedarte aquí y vivir de las carreras.
-Sueño con tener una vida normal algún día Emmet, tal vez un carro en vez de una moto, con alguna esposa en tacones y unos niños chillones, lo de siempre.- antes que Emmet pudiera hacerme alguno de sus comentarios pesados, un borrón castaño interrumpió nuestra conversación.
-¿Un carro en vez de una moto? ¿Quién carajo con una Ducati 749s del año, quiere un carro con unos mocosos chillones y una esposa quejona?- estalle en carcajadas, mientras Bella se trepaba sobre la moto.
-Hola Bella, me alegro que estés bien.- la molesto Emmet, ganándose una seña poco amable con su dedo.
-Solo déjala ser Emmet.- la defendí.
-Tienes que superarlo Edward.- le reproche con la mirada, esperando que se mantuviera callado.
-¿El tema de ser bombero? Obviamente.- Emmet rodo, riendo de esa manera escandalosa y grosera.
-Sí, eso, lo de ser bombero.
Lo mire feo, antes de dirigir mi atención a Bella.
Como siempre, llevaba aquel viejo abrigo marrón claro, algo veteado y estirado del uso y las lavadas. Vestía unos jeans gastados, anchos y para nada femeninos, con unos converses negros manchados de barro seco. Su cabello iba recogido en una cola descuidada, con algunos mechones fuera.
-¿Qué hay Bella?- me acerque a su rostro y deposite un casto beso en su mejilla, gesto que para variar, no le agrado demasiado.
-No soy una de tus novias viejo, no hace falta el besito marica todos los días.- levante una ceja ante el uso de su vocabulario.
-¿Cuántas posibilidades hay de que algún día, hables como una niña Bells?- le gruñí a Emmet.
-No te metas.
-Que tengas ganas de cogerme, porque soy la única que no ha pasado por tu cama, no te da el suficiente derecho a cambiar mi manera de ser.- le regreso Bella.
-Oh vamos, aun y a pasar de esa boquita tuya, podría hacer el sacrificio. Tal vez si te amordazo, no tengo que escuchar tus maldiciones mientras te corres.- estallo en carcajadas.
-Oh, maldición Emmet, oh si, oh si, maldición.- comenzó a gemir ella, mientras se restregaba contra el asiento de mi moto, de una manera, francamente distractora y comprometedora.
-Si van a follar mentalmente, que sea en la intimidad de sus casas.- bufe yo.
-Deja los celos amigo, tal vez te dejamos que te nos unas.- Bella estallo en una risa escandalosa, mientras Emmet continuaba con sus tonterías.
-Bien, necesito irme.
-¿Tu zorrita te espera?- pregunto Bella, acomodándose mejor en mi Ducati amarilla.
-¿Cuál zorrita Isabella?
-No me digas Isabella carajo, sabes que lo odio. Un día de estos, te daré el puñetazo de tu vida, y se te quitaran las ganas.
-Baja de allí fierecilla, tengo que irme. Si pretendo llegar a las carreras esta noche, debo llegar a casa antes.
-¿Te coges a Denali en la casa de Esme? Vamos amigo, la gente de los moteles come.- rodé los ojos.
-No me coge a nadie en mi casa Bella, y te aseguro que un motel tampoco.
-No se coge a nadie, punto.- me fastidio Emmet.
-Largo ambos.- pase mis manos delicadamente por la cintura de Bella, dispuesto a ayudarla a bajar, pero ella cerró mas las piernas sobre el asiento.
-Creo que quiero ir a ver a Esme.- me sonrió.
-O tienes ganas de abrazar a Edward, dulzura.
Bella reacciono de inmediato, regalándole una mirada asesina a Emmet.
-Vete a joder a otra.
-Aun tengo ganas de joderte a ti bebe.- Emmet camino por el parqueadero, hacia su Mercedes.
-En tus sueños.
-Seguro que si linda. Estarás en mi cama Swan, en mis sueños o no.
Rodé los ojos, antes de subir a la moto y sostener entre mis manos el manubrio.
-¿Y bien, a casa de Esme?- Bella subió los hombros y se acomodo detrás de mi, mientras el motor cobraba vida y yo salía del parqueadero.
Una vez fuera de las instalaciones del colegio, no pude evitar acelerar la moto, haciendo a Bella dar un ligero respingo.
-Sujétate, bebe.- la moleste.
-Bebe tu madre Edward.
-Si cielo, yo también te amo.
Y entonces, paso lo que yo esperaba, lo que mas ansiaba y lo que planificaba lograr con el tirón repentino de las revoluciones, Bella paso sus pequeños pero fuerte brazos por mi cintura, sobre la chaqueta que llevaba desde esta mañana.
Una sonrisa estúpida se dibujo en mi rostro, mientras ligeras gotitas de lluvia caían frente a mis ojos, mojando la fría tarde en Seattle.
Detrás de nosotros, comenzaban a quedar manchones que eran arboles, locales, casas y edificios, en los suburbios de la ciudad. En el cielo, un estúpido sol, luchaba con las nubes grises de siempre, mientras un intento de arcoíris se formaban sobre algunos edificios.
-¿Lista para pasar una tarde en la comisaria?- le grite por sobre el ruido de la música.
-No seas nena Edward, no vamos tan por encima del límite de velocidad.- sonríe de oreja a oreja, mientras aceleraba aun mas.
Pronto la brisa se hizo mucho más fuerte y fría contra nosotros. La lluvia arrecio y el intento de sol se escondió por completo. Las calles, comenzaron a empaparse, mientras la gente corría a esconderse de la lluvia.
Me reí a mandíbula batiente, mientras mi cabello se pegaba a mi frente y cabeza, a medida que se mojaba. Comenzaba a sentir la piel de Bella a través de su abrigo, mientras la lluvia lo iba empapando.
-Nos mojaremos bebe.
-Y yo te voy hacer volcarte, como me digas bebe de nuevo.- inclino todo su peso a la derecha, haciéndome derrapar un poco.
-¿Quieres probar?- la rete.
-No mames, odio mi vida, pero no tanto como para morir. Con lo mojada que están las calles, terminaremos en la carnicería, en pequeños pedazos y vueltos mierda.
-Qué bonita descripción Señorita Swan.- me burle de ella.
-Muérete Edward
Me reí escandalosamente, ganándome un picón en las costillas, que me dolería hasta unos minutos después, cuando cruzáramos el umbral de mi casa.
-Estoy en casa.- grite, una vez que dejaba las llaves en el florero de siempre, a la izquierda de la casa.
-Qué bueno que sea así, estaba tan preocupada por ti, con todo lo de la…-mi mama cruzo la sala, hacia el recibidor, parloteando sin parar. En el momento en que su mirada se cruzo con el menudo cuerpo de mi acompañante se detuvo.
-Oh Dios, ¿de verdad eres tú?- se llevo las manos a la boca, tratando de ocultar su boca abierta. Menudo intento madre.
-Vamos mamá, no es un espanto.- rodé los ojos y camine hacia ella, pasando por su lado. Deje un beso sobre su cabeza y tire mi mochila, algo mojada, al pie de las escaleras.
-Hola Sra. Cullen.- me reí de la formalidad de Bella.
-No te dejes convencer, te llame Esme cuando no estás.
Como pocas veces ocurría, Bella se sonrojo.
-Oh, no te lo tomes a pecho cariño, puedes llamarme como quieras.- se acerco a ella y la abrazo brevemente.
Mi mamá y mi padre eran los únicos con la potestad para abrazar a Bella. Solo por ellos dos, ella se dejaba tocar tan íntimamente. Aun yo, luchaba por ganarme ese derecho.
Sonreí como un tonto, al verle contenta con mi mamá. Eran casi perfectas juntas, una sonriéndole a la otra y manteniendo esas largas y secretas conversaciones con su mirada, donde sospechaba que se mentían, pero parecía hacerlas felices.
Era una conexión que superaba con creces cualquiera que mi madre pudiera tener con alguno de nosotros dos. A pesar de la cercanía entre Alice y ella, por ser su niñita, no tenían momentos ni la mitad de íntimos que los que tenían Bella y mi mamá.
Ella era la hija que había volado del nido, aunque nunca había estado en él. La nena de mamá, que de vez en cuando regresaba a los brazos de quien la vio nacer.
De quien la ama por sobre todas las cosas.
La que nunca pudo ser su mamá, pero lo deseo con ansias.
Lastimosamente, los hijos de puta que le habían tocado a Bella como padres, se habían encargado que su vida fuera miserable porque si. La trajeron al mundo, en medio de olor a cigarrillo barato, con un hombre distinto saltando de la cama de su madre, cada noche y un padre que convertía su rabia, en moretones en el mallugado cuerpo de su esposa. Un par de adictos a la piedra, la marihuana y quién sabe qué coño mas, habían sido los padres de una hermosa niña, a quien dejaron botada en un orfanato a los cinco años, cuando uno mato a la otra de una golpiza y decidió suicidarse.
Pero, la mierda perduraría para siempre. Ellos siempre tuvieron claro que querían que su hija sufriera. Fue encontrada medio muerta, con un avanzado estado de desnutrición, sucia y con ropa vieja y desgastada, mientras la fría noche de Seattle se la comía viva. Las goteras en la casa dejaban caer lluvia en cada rincón de la misma, proporcionándole un ambiente frio y húmedo.
Entre sus documentos de identificación, una carta firmada por sus padres, dejando claro que no permitirían que su hija fuera adoptada por nadie. Que solo tendría vida fuera del orfanato, una vez que cumpliera la mayoría de edad. A pesar de lo insólito del documento, era legal, y por extraño que pareciera, tenía el aval de un maldito abogado, que seguro les compraba drogas a los papas de Bella.
Fue así como mi mamá, en medio de su labor como trabajadora social, conoció a la niña que le robaría el aliento, porque que jamás seria suya. La vio crecer en un maldito orfanato, lejos de sus manos y merced de toda la basura del sistema.
Compartiendo cuarto y ropa con otro montón de niños y niñas. Desarrollándose sin una familia fija, con cenas escasas y la incertidumbre de un mañana.
Lo único que se le permitió a mi madre, fue ayudarla económicamente para proporcionarle educación. Todo lo demás que quisiera darle, no podía ser limitadamente para ella. No podía apadrinarla, así que cualquier cosa que quisiera darle, sería un donativo para el orfanato. No para Bella, sino para todos.
De toda la ropa que dejábamos cada navidad, solo una o dos prendas se las veíamos a Bella en algún momento del año. Una vez que comenzó la secundaria, sus estudios comenzaron a salir del bolsillo de nosotros, mientras que la ropa y demás, continuaba bajo el mismo sistema.
Con el tiempo, Bella, comenzó a salir aun mas, siempre escapándose del orfanato y con la excusa de ir a clases. Con el tiempo, se cansaron de perseguirla, y dejo de importar si llegaba para dormir o comer. Más de una vez se quedo con nosotros y en otras oportunidades, en lugares que nunca conoceremos, mientras las autoridades del orfanato y nosotros, esperábamos por ella.
El día que cumplió 18, fue imposible controlarla. Se negó a abandonar el orfanato para venir a vivir con nosotros, y entonces se lanzo a las calles, haciendo uso de lo único bueno del puto deseo que dejaron sus padres en vida.
Desde aquel septiembre del 2003, duerme y vive en lugares que no conocemos. Sale del la escuela y con un poco de suerte, va conmigo a algún lugar o viene a visitar a Esme. La mayoría del tiempo, simplemente se pierde. Nunca da explicaciones, y es imposible de detener.
Ella es experta en huir, de todos y de todo.
-¿Y bien nena? ¿Qué tal la escuela?- mi mamá acaricio su mojada cabellera, mientras juntas se encaminaban a la cocina.
La otra hija de Esme, a quien la vida le negó tener. La mujer de mis sueños, a quien ella misma me niega la oportunidad de tener.
Hospital General de Seattle, 2:30 AM, Octubre 2012.
"Cantan para el león y la oveja"
-¿Dónde está?- la voz de Esme interrumpió mi línea de pensamientos, mientras ella se sonaba la nariz.
Sus ojos estaban visiblemente hinchados y enrojecidos, mientras mi padre acariciaba con dulzura su espalda. Unas lágrimas escaparon de sus ojos, mientras me ponía de pie para acercarme a ella.
-Por allá dentro, con los médicos.- señale la puerta al fondo.
-Mi pobre niña.- se lamento.- ¿Dónde está Mía?
-Fue a su casa por algo de ropa abrigada. Ella estaba de fiesta cuando la llamaron.
-¿Por qué no te llamaron a ti?- indago.
-Encontraron el numero de Mía en un papel, entre sus cosas.- levante entre nosotros la bolsa de plástico que había recibió minutos antes, de manos de la enfermera. En ella descansaba, un bolso de mano pequeño con los documentos de Bella, un brillo labial, una peineta y nuestra anillo de bodas.
-Oh por Dios.- mi madre se dejo caer en la silla de la sala de espera.- Solo nos queda orar por ella.
-Saldrá de esta mamá, siempre lo hace.- la reconforte.
-¿De verdad lo crees, o me lo dices por mi salud mental?- mi miro con atención y yo busque la mirada de mi padre, tratando de obtener ayuda. No podía mentir tan fácilmente, cuando mi madre vigilaba mis ojos con expresión llorosa.
-Vamos a sobreponernos a esto Esme, nuestra niña es fuerte.- intervino mi padre.
-Dios te oiga, Carlisle, Dios te oiga.
Cerré los ojos e hice lo posible por establecer comunicación con Dios, pero él no siempre esta disponible para atender tus pedidos.
Seattle, Washington, Junio 2004
-¿Y bien? ¿Irán al baile?- mi mamá picaba algunas verduras sobre la lacena, cuando rompió el cómodo silencio.
Bella y yo nos miramos las caras a la vez, mientras sus palabras flotaban sobre la estancia.
-Realmente no.- dije yo, adelantándome a lo obvio.
-¿Y tu linda?
-No.
-Oh, vamos, es el último baile antes de graduarse, deberían ir.
-No tengo con quien ir.- me excuse.
-No me gustan los bailes.- siguió Bella, mientras pelaba unas papas que le había dado mi madre minutos antes
-Bueno, creo que a nadie le gustan los bailes escolares, no es como si fuera una fiesta muy divertida que digamos. Pero es una buena oportunidad para compartir con sus amigos y en su escuela por última vez.- se dio la vuelta y nos miro.- Además, no creo que no puedas conseguir compañía para el baile todavía, siempre habrá alguna chica dispuesta a subir a tu moto.- mi madre me guiño un ojo, causándome escalofríos.
-El punto es que no iré mamá, eso es todo.- me defendí.
-¿Por qué no van juntos?- levante mi rostro de inmediato, tratando de no perder ni un minuto de la expresión de Bella.
-No tengo que usar.- continuo excusándose Bella.
-Lo hubieses dicho antes linda, es solo salir y buscar un hermoso vestido para ti.- le sonrió Esme.
-No soy muy dada a la ropa Esme, y tú lo sabes. No iré, me da igual el fin de año.
-Háganlo por mí, chicos.- nos hizo ojitos de cachorro.
-¿Vamos?- insistí, mirando a Bella.
Ella rodo los ojos, y suspirando, termino por asentir con la cabeza.
-Te odio Edward, por ponerme en estas.- le regale mi mejor sonrisa, mientras que mi mama chillaba como Alice en sus mejores momentos.
Seattle, Washington, abril 2011.
-Bella.
-¿Mmm?- observe su expresión de aparente calma, bajo el escaso sol de verano en Seattle.
-¿Recuerdas cuando fuimos juntos al baile?- suspire, mientras observe a lo lejos los edificios del centro de la ciudad, escuchando el bullicio de las calles y las sirenas perdidas.
-¿Cómo olvidar la vez que hice el ridículo de la mejor manera posible?- subió las gafas de sol de su rostro, para dejarlas reposar sobre su cabello castaño. En el ínterin, el sol hizo contacto con su alianza de matrimonio, y no pude contener la sonrisa.
-Oh vamos, no fue tan grave. Estabas hermosa.- ella me sonrió.
-Estas enamorado de mi Edward, tu opinión no cuenta.
-Fue un día maravilloso para mi Bella, fue la primera vez que me dijiste si a algo.
Ella rodo los ojos con fuerza, antes de recostarse una vez más en la tumbona, cómodamente colocada en la terraza de nuestro apartamento.
-Nunca te decía que no cuando me invitabas a correr.
-Eso no cuenta Bella, estabas más interesada en mi moto que en mí.
Una bonita, escandalosa y natural carcajada broto de sus labios, tomándome por sorpresa.-Aun no te perdono el hecho de que hallas vendido a Milly.
-¿A poco no te gusta más mi moto nueva?- ella asintió con la cabeza frenéticamente.
-Siempre sentiré un fetiche especial por las Ducati.
-Por cualquier moto Bella.
Se movió incomoda sobre el sofá.- Yo no me meto contigo, por sentir placer al agarrar una manguera.
-Si lo dices así, desprestigias mi gremio.- fingí enojo.
-Oh vamos amor, ¿no deberías estar trabajando?- suspire dramáticamente, antes de pasar la uña de mi dedo pulgar por la planta de su pie izquierdo. De inmediato alejo su pierna de mi.- No me toques los pies.
-Este dedito.- lo menee frente a ella.- Ha estado en lugares más personales de tu cuerpo bebe, no hay de qué preocuparse.
-¿No tiene vidas que salvar?- y antes que tuviera tiempo de responder, mi celular sonó.
Rebusque en mis bolsillos, hasta dar con el.- Cullen.
-Tengo algo para ti bebe.- del otro lado de la línea, la animosa voz de Tanya me recibió.
Intercambiamos algunos detalles de la emergencia, mientras me movía descoordinadamente por la terraza, recuperando mi ropa.
Gracias a Dios que éramos los únicos con derecho a la terraza, pobres de los que tuvieran que vernos follar aquí.
-Bebe, se cumplió tu deseo.- me acerque a mi esposa, dejando un beso sobre su cabeza.- Tendré que usar mi manguera en otro lado.- ella levanto una ceja en mi dirección.
-No me digas bebe, cielo. Suerte, y regresa a casa.- sonreí, calzando mi chaqueta.
-Siempre regreso amor, ¿estarás tu aquí cuando yo vuelva?
-No prometo nada.- suspire, negando con la cabeza.
-Te amo.- me acerque a sus labios, rozándolos suavemente.
Ella suspiro, respondiéndome el roce, brevemente. Para cuando capte el hecho, ella abrochaba su sostén, a unos centímetros de mí.
Como era de esperarse, ella nunca me prometía nada. Al menos, tenía la suficiente decencia como para no jurar, lo que le era imposible cumplir.
Mi pequeña Houdini. Cada día que pasaba, me costaba más dejarla atrás. Cada hora lejos de ella, era la agonía de no saber si la encontraría al regresar. La certeza de que, una parte de ella tenía demasiadas ganas de huir de mi, y la incertidumbre de no saber qué tan grande era esa porción.
El 50 y 50 que angustiaba mis días. Que no podía sacar de mi cabeza, ni siquiera cuando calzaba mi chaqueta, mi casco y entraba a un edificio en llamas. El miedo inequívoco de estar salvando la vida de alguien más, pero estar dejando a la deriva la vida de la mujer que amo, de la mujer que siempre huía de mi.
"Lo que se da, no puedo ser olvidado y nunca abandonado."
Fragmentos de: Cold- Aqualung and Lucy Schwartz
Este es el primer capítulo oficial de nuestro nuevo viaje en los fanfics. Luego de Para Después de Crecer (una de mis historias mas amadas) he decidió dar un tiempo para terminar mi primer trimestre en la escuela, luego se me atravesó una mudanza, por lo que no pude sentarme a escribir nada, pero estoy aquí ya, lista para darle inicio a este nuevo capítulo en Fanfiction.
Bella tiene un historial fuerte, y Edward es bastante resignado. Sera un lucha dura, pero ya veremos con lo llevan.
Los capítulos siempre tendrán retazos de momentos en tiempos distintos, asi que no desesperen, que iremos de fecha en fecha muchas veces. Hay mucha historia que contar, o por lo menos, asi lo veo en mi cabeza.
Gracias por estar aquí y feliz navidad pequeñas. Ustedes hacen magia.
Comentarios? Gracias!
