Fin del mundo 3: Shiryu versus el zombie.
Hyoga era cristiano ortodoxo; creía a pie juntillas en todo lo que le había enseñado su madre. No se hacía problemas con la contradicción que presentaba la idea de"un solo Dios no más" y la existencia de Athena y todos los otros con los que había contemporizado por años.
Por eso, creía en el asunto de "la resurrección de los muertos" y lo relacionaba con la existencia de los zombies.
Era un convencido del Apocalipsis Zombie, y pensaba que la mayoría llegaría a tratar de beber cerebros, pero algunos zombies pacíficos quizás podrían comunicarse con los vivos-vivos y coexistir en armonía, claro que después de haber terminado con todos los zombies violentos.
Y tal vez – sólo tal vez – entre esos zombies pacíficos estuviera su madre.
Así que tenía sentimientos encontrados con eso del Apocalipsis Zombie; por un lado, le daba un poco de nervios y por otra, quería que pasara ahora ya.
Había soñado un par de veces el reencuentro con su madre-zombie. Siempre terminaban compartiendo un plato de morcillas con todo el amor del mundo.
Sin embargo, pese a sus sueños locos, se había documentado cómo sobrevivir al apocalipsis zombie. Lo básico era no ser mordido por los zombies. Una de las técnicas para evitar esto, según había leído en una prestigiosa columna de su revista favorita, era fingir ser uno de ellos. Por esta razón se había disfrazado de zombie hambriento.
Había ido donde Seiya y los demás, para contarles acerca de su idea, pero ese era un grupo de discusión demasiado cerrado, ya que todos querían imponer su punto de vista sobre el fin del mundo y no tenían tiempo para escuchar las humildes ideas de un cristiano ortodoxo.
-Los zombies no existen - le había dicho Ikki -. Mejor anda al búnker y ayuda a Shiryu a ordenar todo.
Arrastrando tristemente los pies, y deseando que todos esos infieles se pudrieran en el infierno, Hyoga-zombie se acercó a la cocina, donde se entretuvo unos minutos asustando a las cocineras y a las demás doncellas que habían acudido para ser asustadas.
Al oír tanto alboroto, Saori se había dirigido como tromba a la cocina, retando a Hyoga por causar semejante alboroto y pidiéndole que se comportara como una persona adulta (de catorce años).
Detrás de Saori estaban Seiya e Ikki, que miraban a Hyoga con reprobación, moviendo la cabeza de un lado a otro.
Hyoga se sintió avergonzado y dejó la cocina, no sin antes sacar una manzana. Le dio una gran mascada mientras pensaba en la incomprensión de los hombres, cuando de repente el trozo de manzana se le deslizó a la garganta y se atragantó.
Comenzó a mover las manos desesperadamente para llamar la atención de alguien, pero nadie andaba por ahí. Tampoco quiso volver a la cocina, pues las chicas no sabrían cómo reaccionar. Y de pronto, recordó que alguien había mencionado que Shiryu estaba en el búnker.
"Shiryu sabe primeros auxilios; él me ayudará", pensó el Cisne, y caminó prestamente al búnker, sintiendo el tremendo pedazo de manzana en la garganta y tratando de no perder la calma.
Shiryu abrió la puerta del búnker casi apenas él tocó, pero no reaccionó como Hyoga esperaba. Se puso pálido, lo miró con algo de asco y trató de darle un golpe en la cabeza.
Por suerte, Hyoga fue más rápido, con asfixia y todo, así que lo esquivó fácilmente. Abrió la boca para reclamarle a Shiryu su mala voluntad, pero lo que le salió fue:
-Argh agrhar arjjjjja jjjjagh aghhh.
-Jamás pensé que Hyoga tuviera razón - dijo Shiryu - su teoría del apocalipsis zombie era la más extraña de todas. ¡Muere de nuevo, zombie!
Hyoga volvió a esquivar el puño de Shiryu y trató de sacarse el antifaz zombie que tenía puesto, mientras le daba la espalda a Shiryu para alejarse rápidamente de ahí. Entonces, Shiryu lo agarró por la espalda y sin querer, le presionó el estómago, causando que el pedazo de manzana saliera disparado de la garganta de Hyoga.
-¡Al fin! - exclamó el Cisne, sacándose el antifaz, y Shiryu lo soltó, asombrado de que el zombie se hubiera transformado en Hyoga.
Riéndose del malentendido, ambos llegaron a la cocina, donde contaron su pequeña aventura a las cocineras y doncellas de la casa, quienes, al ser fanáticas del yaoi, publicaron en redes sociales lindas historias en las cuales Hyoga era Blancanieves y Shiryu el Príncipe que la salva de morir con un beso de amor eterno.
-El mundo debería acabarse – sentenció Shiryu, al leer la historia que las chicas habían inventado.
Shun se asomó por su hombro para leer la historia.
-Sí – dijo Andrómeda – podemos notar que la red es fuente de muchos rumores y mentiras, pero también sirve para propagar ideas de paz y amor. La pregunta es si el ser humano podrá usar sus dones naturales para sobrevivir a los tres días de oscuridad que se avecinan. Así que deberías aprovechar de leer en internet, Shiryu, porque después no podrás hacerlo.
Shiryu lo miró, desconcertado, y se alejó un poco de él; el rostro de Shun tenía la expresión de un fanático.
"Lo perdimos", pensó Shiryu.
-Voy a comprar pilas – anunció de pronto Shun, y salió rápidamente.
-Pero las pilas no van a servir, Shun; sólo las velas... - dijo Ikki, pero Shun lo ignoró.
Su instinto hermanal le advirtió que algo iba mal. Siguió a su hermano y...
No estaba en ninguna parte.
Continuará...
Nota de la autora: Hay una película en la que Hyoga, no me acuerdo por qué, pierde la memoria y pelea con Shiryu. ¡Me encanta esa escena! Los dos se ven tan lindos *.*
Gracias por leer! Nos vemos!
Si publico pronto, es que nos salvamos, chicas. Jajjajaj!
