Especial navideño: Cartas a Santa Claus
Alguna vez se han preguntado ¿Qué regalos pedirían los chicos de Yugioh en navidad?, pues aquí lo verán… no importa la edad que tengan, un niño nunca deja de creer.
Yugioh! No me pertenece… Aunque, tal vez sea buena idea pedírselo a Santa este año.
Carta de Yugi A. Motou, 10 años:
De: Yugi Motou.
Para: Santa
Querido Santa; este año me estuve portando superbién, espero no estés muy ocupado cuando leas esto porque lo que te voy a pedir es muy importante!, fíjate que hace unos días en un viaje escolar a los muelles, Weevil Underwood, un chico que va en el grupo de mi hermano, tiró unas tarjetas valiosísimas del abuelo, ahora él se va a enojar mucho si se entera que me llevé sin permiso su baraja… las cartas que me quitó son las de Exodia, son muy importantes, le dije a mi hermano que tú podrías recuperarlas porque eres mágico y aunque no sepas bucear creo que podrías hacerles una copia para que no se dé cuenta, el abuelito ya está muy viejo y si se enoja se podría enfermar, no quiero que eso le pase, creo que no logré convencer a mi hermano sobre tu existencia, pero aun así no importa porque yo creo en ti, bueno si no puedes sacarles copia entonces has que el abuelito no se enoje mucho; ahora al grano, además de mi pequeño error de tomar cosas sin permiso… jeje, por lo demás me he portado bien, así que quiero que me traigas un perrito, un trenecito, un ajedrez, un avioncito, un rompecabezas, una bicicleta, un juego de detective, un Monopoly, un maratón, un juego de atrapa ratones, un scrabble, dos discos de duelo, uno para mi hermano y el otro para mí, ah y un juego de Millenium*, por cierto quiero que le mandes saludos a la señora Claus y muchos besos para abuelita, porque ya no está con nosotros, pero mamá y el abuelo dicen que te está ayudando en tu taller en el cielo del norte, una cosa más, mi hermano insiste en dejarte zanahorias en el arbolito de navidad, pero no te preocupes te dejé unos chocolates escondidos en algunos adornos para que te los comas y si ves a papá que está trabajando en el polo norte también, dile que quiero que me traiga nieve como recuerdo y muchas fotos de tus renos si es que se dejan ver por ahí, muchas gracias.
Con cariño tu fan numero 1, Yugi.
El más pequeño de la familia Motou ya había terminado con su carta y ahora estaba dando saltos de cama a cama ya que compartía habitación con su hermano mayor, abajo se alcanzaban a escuchar villancicos y a su madre y hermano platicar junto con varios ruidos de movimiento en la cocina.
─ Yugi es hora de cenar… baja ya que tengo hambre ─ el abuelo gritó asustándolo y haciéndolo caer.
─ Duele… auch, mi espalda… ¡ya voy! ─ El pequeñín se dirigió a la cocina, en el lugar el abuelo se estaba sentando y su hermano se lavaba las manos.
─ Yugi, ¿tu carta? ─ Su madre se le acercó sonriente, Yugi le extendió el papel y ella lo puso en un sobre ─ muy bien lava tus manos y toma asiento.
─ Claro… ¿Qué hay de cenar?, ya me dio hambre ─ el niño miró el plato ─ ¿otra vez ravioles?, mamá trajiste muchas cosas ¿por qué no hiciste algo más?
─ Yugi, esas cosas son para la cena de noche buena ─ explicó Yami, aunque a él también le hubiera gustado cenar algo mas ─ tendrás que esperar a pasado mañana, créeme hermanito no eres el único que está cansado de ravioles jejeje…
─ Bueno niños, como sigan molestando se quedan sin cenar… ─ la mujer miró al anciano quien solamente miraba el plato, al sentir la mirada de su nuera este se asustó y se puso a comer ─ ¿ven, porque no pueden ser como su abuelo? A él le gustan los ravioles.
─ Pero mamá, si fuéramos como el abuelo esto parecería geriátrico…
─ Que cosas dices muchachito insolente, no estoy tan viejo ─ Yugi reía por el comentario de su hermano ─ como me ven se verán, así que pónganse a comer o le diré a Santa que se salte esta casa este año…
─ ¡NOOO! ─ Los niños gritaron a dúo, Yugi se quedó mirando a su hermano con una sonrisilla picara (¿no, que no?), Yami se puso un poco rojo por la mirada acusadora de su hermanito.
─ A-abuelo, si haces eso mi hermanito se pondrá muy triste… Piensa en el niño… El todavía tiene ilusiones, no se lo arruines! ─ Yami se puso de pie señalando a su abuelo con el tenedor, pero se le veía todavía bastante rojo y nervioso.
─ Si, como no… ni el abuelito te creería eso ─ Yugi le dio un par de codazos a su hermano y este tomó asiento ─ tu si crees en Santa… ¡Mi hermano cree en Santa Claus! ─ el niño festejaba en su asiento mientras Yami se ponía cada vez más rojo.
─ NO ES ESO… digo, NO ES CIERTO!, Yugi cállate por favor… Mamá míralo.
─ Niños basta ya… Yugi deja en paz a tu hermano y tu Yami, si crees en santa, acéptalo de una vez ─ la mujer no paraba de reír por las ocurrencias de sus niños y el abuelo también ─ muy bien, creo que es suficiente, respiren y a cenar ─ Los chicos obedecieron, no querían que su madre se enfadara, la hora de juego podría continuar después (no por nada eran vacaciones de invierno).
La cena pasó sin más sobresalto, hasta que llegó la hora de ver televisión en familia, en realidad era una escusa por parte de la señora Motou para poder sentarse a esperar junto al teléfono por la llamada de su esposo, quien de por si parecía se lo había tragado la tierra, pues desde hacía más de dos meses no llamaba, ni escribía, ni siquiera un mísero telegrama, la mujer no dejaba de refunfuñar en el asiento en voz baja para que nadie la escuchara; al ver que la llamada no llegaba y ser ya bastante tarde para sus hijos la señora optó por enviarlos a dormir… algo difícil porque Yugi estaba en el país de los sueños al parecer desde hacía horas, recargando la cabeza en el hombro de su hermano con las piernas colgando fuera del sofá, Yami ya estaba cabeceando con el control remoto en la mano a punto de soltarlo y el abuelo roncaba en su sillón.
La señora Motou los veía dormir, estaban tan tranquilos que hasta se veían adorables, a veces le resultaba difícil ser la única mujer en casa pero lo disfrutaba mucho, le era divertido ser la reina de su hogar; Tomó a Yugi en brazos era tan pequeño que resultaba ligero, despertó a Yami para que la siguiera a la habitación y acomodarlos como se debía, luego bajó a despertar al abuelo y ayudarlo a subir, varios minutos después las luces se apagaron en la casa-tienda Motou.
─ Buenas noches a todos…
Fin del capitulo dos, pero aún hay mas cartas espérenlas…
