Capítulo 2.
Ryûna comenzó a morderse las uñas nada más escuchar el timbre que anunciaba el fin de las clases.
Se había pasado toda la hora pensando en lo mismo, no podía sacárselo de la cabeza. Las chicas de tercero, su pelo, Akashi cogiendo unas tijeras para aterrorizarlas... Demasiadas cosas. Ante la mirada extrañada del profesor y de sus compañeros al verla tan nerviosa, bajó la cabeza y recogió sus cosas en su bolso para salir pitando de la clase.
Sacó una bolsita de gominolas de su bolso, y fue comiendo alguna con nerviosismo. Aun se preguntaba por qué iba a hacerlo. Pero había sido maleducada, y quería enmendarlo. Bajó las escaleras despacio y salió del edificio para caminar hacia la parte de atrás, sintiendo que el corazón comenzaba a latirle a mil por hora al ver la puerta del gimnasio.
Se quedó parada nada más llegar. Estaba ahí, escuchando perfectamente los golpes de los balones al otro lado. Los chicos del club de baloncesto estaban allí.
Kise había empezado a jugar ese año, hacía pocos meses, pero nunca había ido a verle . A lo mejor le parecía mal que no fuera por él... ¿Pero qué estaba pensando? Él nunca se enfadaría por una tontería como esa. Y ya estaba allí, no podía dar marcha atrás. Se decidió por fin, y justo cuando iba a tocar la puerta, se dio cuenta de que se abría de repente, dando paso a una chica que nada más verla comenzó a sonreír de lo más alegre.
- ¡Pero si eres tú, Ryû-chan! ¡Por fin has venido a vernos! -Exclamó emocionada.
Ryûna se asustó por el recibimiento, y dio unos pasos hacia atrás. Pero aun así no pudo evitar fijarse en la chica sonriente que no dejaba de mirarla y que sin conocerse de nada la trataba como a una amiga de toda la vida. Era increíblemente guapa, tenía el pelo rosa, un poco más largo que el suyo. Pero esa no era la cuestión, no sabía quien era.
- Perdona, pero...
- ¡Oh, claro, es la primera vez que nos vemos, qué tonta! Soy Momoi Satsuki, la mánager del equipo de baloncesto. Llámame Satsuki si te parece bien -Mejor que no. Prefería conocerla mejor antes, la última vez que la habían llamado Ryûna-chan habían estado a punto de cortarle el pelo, lo mejor era andar con pies de plomo. Así que no contestó a Momoi, simplemente sonrió algo desconcertada-. Lo siento mucho, tengo cosas que hacer. ¡Ya nos veremos!
La mánager se alejó de ella corriendo, y entonces aprovechó para entrar y observar el lugar, aunque aun seguía algo aturdida.
Vaya... Era la primera vez que iba al gimnasio cuando estaban los del club de baloncesto. No pudo contener su asombro, eran increíbles. Se movían tan rápido, y parecían tener tanta fuerza... Anda, conocía a dos de los chicos, iban a su misma clase. Uno era Midorima Shintarô. Nunca se había interesado en él, no se llevaban demasiado bien. Le daba escalofríos, siempre hablaba de cosas raras, se vendaba los dedos de las manos y llevaba objetos de la suerte por el horóscopo. El otro chico, moreno y de pelo azul oscuro, era Aomine Daiki. Kise lo admiraba mucho.
¿Entrenaba con esos chicos? ¿De verdad jugaba con ellos? Tenía que verlo para creérselo.
Hacía poco que era titular en el equipo. Antes estaba un chico bastante grande que por lo visto era un matón. Al parecer Kise nunca le había caído bien, y la cosa se había puesto peor al ver que le superaba. Ryûna se había enterado más tarde de que ese chico incluso le había robado la novia. Pero la verdad era que esa chica le caía fatal, no comprendía por qué su amigo había decidido salir con ella. Era una engreída, siempre la miraba por encima del hombro y cada vez que la veía con Kise corría para separarlos. Pero nunca le dijo nada sobre eso, él apenas le había hablado de esa chica. A veces Kise hacía cosas de lo más incomprensibles.
Sin darse cuenta chocó contra alguien de repente, y cuando estaba a punto de disculparse se quedó boquiabierta.
Ay cielos... Había chocado con un gigante. Ese chico debía medir como dos metros. Le imponía muchísimo, a duras penas le llegaba a la altura del pecho. Tenía el pelo morado algo largo, y la mirada baja.
- ¿Me das una? -Susurró con voz cansada, señalando algo con el dedo.
Ryûna seguía de lo más impresionada y no se dio cuenta de lo que decía, al menos hasta que recordó la bolsita de gominolas que llevaba en la mano. El chico gigante le había pedido una gominola a pesar de llevar una bolsa bastante grande llena de chucherías y patatas fritas.
- Claro... -Consiguió decir algo extrañada, alzando un poco la mano para que cogiera algo de la bolsita de plástico.
- Gracias, no me acordé de comprar de estas, con lo ricas que están...
Por su tono de voz parecía aburrido. Pero vaya, realmente debía ser buenísimo jugando al baloncesto. No solo porque fuera tan alto, que también, simplemente daba la impresión de tener mucha fuerza.
- Kise-chin, Ryû-chin ha venido a verte -Dijo el chico de repente con toda la tranquilidad del mundo, sin dejar de coger dulces de su bolsa para luego alejarse de ella sin decir nada más.
De nuevo, la chica se quedó boquiabierta.
¿Ryû-chin? ¿Acababa de llamarla Ryû-chin? ¡Pero si no se conocían de nada, ni siquiera se habían presentado! ¿Por qué todo el mundo en ese lugar la trataba con tantas confianzas?
Se le pasó la indignación al ver como Kise se apresuraba a llegar hasta donde estaba ella, no parecía estar muy tranquilo.
- ¡Ryûcchi, Akashicchi me dijo que te habían atacado unas chicas de tercero, ¿estás bien?!
- Sí, estoy bien... -Contestó algo extrañada.
Se lo había contado, lo sabía todo. ¿También le había hablado del arrebato que le había dado de ir cortando el pelo a las chicas por el pasillo, o sólo lo que le convenía para que Kise se preocupara por ella? Hubiera preferido olvidar todo ese asunto. No le gustaba ver a Kise preocupado.
- No ha pasado nada, Ryôta. Tus fans siempre me han atacado, estoy acostumbrada.
- ¿Mis fans...? Oh, vaya... -Susurró suspirando con culpabilidad, sintiéndose realmente mal-. Siempre te pasan estas cosas por mi culpa. Lo siento mucho.
- No te preocupes. Afortunadamente Akashi-kun estaba ahí y no me hicieron nada. Me defendió.
- ¿Akashicchi te defendió...? -Preguntó Kise cortándola, de lo más sorprendido.
Ryûna miró a su amigo extrañada por la pregunta. No creía que fuera tan increíble que ayudara a una chica a la que molestaban en medio del pasillo. Pero a pesar de todo, al ver al chico pelirrojo pasar por delante con el balón, sintió ganas de sonreír.
- Sí... Akashi-kun me salvó.
Kise se sorprendió al darse cuenta de su expresión Y de pronto comenzó a alarmarse. ¿Qué significaba esa mirada? ¿Y por qué sonreía de esa manera solo con decir su nombre?
Podría ser... No, era imposible. Hizo lo que pudo para sacarse la idea de la cabeza. La chica de pelo blanco ni siquiera se dio cuenta de la angustia que había comenzado a sentir, porque siguió hablando.
- Bueno, de hecho venía para poder darle las gracias. Antes se fue sin darme tiempo a decirle nada. Ya que se ha tomado la molestia de ayudarme, me gustaría hablar con él.
- Ah, comprendo. Yo vuelvo al entrenamiento. Buena suerte.
- ¿Buena suerte? No me morderá, ¿verdad? -Preguntó con voz divertida.
- No sé qué decirte, tú ve con cuidado por si acaso.
La chica se rió, pero estuvo de acuerdo. Después de todo, iba a hablar con la persona que acababa de cortar el pelo a tres chicas. Pero no debía tenerle miedo. Se negaba. Era un chico y tenían la misma edad. No había nada de qué tener miedo.
Le entraron los nervios al girarse y darse cuenta de que el chico pelirrojo la estaba mirando impasible, con un balón en las manos. Ahora que se fijaba, parecía que Akashi era el más bajito del equipo. Y aun así era más alto que ella, le sacaba unos cuantos centímetros. Se sentía muy pequeña entre todos esos chicos tan enormes. Vio que él no apartaba la mirada, y se obligó a bajar la cabeza. No quería hacer nada para ofenderle. Tal vez sería mejor irse de allí...
- ¿Tú otra vez? -Escuchó de repente su voz, y vio que Akashi estaba pasando por su lado, caminando hasta uno de los bancos-. ¿Vas a empezar a seguirme a todas partes?
Genial, empezaba bien la cosa. Si ya comenzaba a pensar que era una acosadora o algo así... El chico de pelo rojo dejó el balón en el carro donde había un montón más, y volvió a girarse para mirarla de frente.
- No, no es eso, puedes estar tranquilo. Es que quería... -De pronto no sabía qué decir. Esos extraños ojos la atravesaban como si la estuviera diseccionando. Pero aun así se acercó un poco más a él para no tener la necesidad de alzar la voz, no le gustaba nada-. Le has contado a Ryôta lo que ha pasado.
- Lo único que hice fue comentarle que unas chicas de tercero te estaban molestando en el pasillo. No le he contado los detalles.
- Está bien -Susurró lentamente, intentando no estar tan nerviosa.
Era difícil hablar con él. Apenas pestañeaba, la miraba fijamente y no cambiaba ni su expresión ni su tono de voz. Era increíble lo tranquilo que estaba. Le resultaba cada vez mas fascinante, ¿cómo un chico tan joven podía ser así? Era increíble.
Se daba cuenta de la cara que debía estar poniendo, y que tenía que decir algo antes de que la situación se volviese aun más tensa. Después de todo, había ido a verle por una razón.
- Akashi-kun, muchas gracias por lo que hiciste -Dijo finalmente, cruzando las manos por delante de su falda negra, y sin atreverse a levantar la mirada-. No era necesario que llegaras tan lejos... pero te agradezco mucho tu ayuda.
- No hay por qué. No me sentiría bien conmigo mismo de no haberte ayudado. Además, esas chicas merecían un escarmiento.
A pesar de el tono amable de su voz, era un poco brusco. Pero en realidad no se sentía mal hablando con el, aun con toda la tensión que estaba sufriendo. No se le daba muy bien mantener una conversación con alguien a quien no conocía.
- Gracias -Insistió la chica, sonriendo débilmente, aunque aun estaba con la cabeza baja. No se atrevía a mirarlo a esos ojos tan increíblemente intensos.
Realmente era un chico un poco extraño. Podía imaginarse perfectamente como alguien así podía dirigir un equipo de baloncesto, que todo el mundo le respetara. Una persona capaz de hacer cualquier cosa. Una persona con gran autoestima, consciente de sus habilidades, y de lo que podía y no podía hacer. Completamente diferente a ella. Normalmente, nunca se acercaba a gente así. Esas personas hacían que se sintiera mal consigo misma. Precisamente por eso se extrañó al darse cuenta. ¿Por qué quería hablar con Akashi Seijûrô? Más que eso, ¿por qué había ido a verle?
Se giró un poco, sintiéndose avergonzada de repente, y vio a Kise mirándola a lo lejos con una expresión que no supo interpretar. Parecía que el rubio estaba a punto de acercarse a ella, como si se diera cuenta de lo que estaba pensando y quisiera ir a salvarla en ese mismo momento. Y por un segundo Ryûna pensó que lo haría. Pero vio que Kise de pronto bajaba un poco la mirada, y se volvía para entrenar con Aomine. ¿Qué era lo que acababa de pasar?
Se sobresaltó de una manera increíble al notar a alguien rozándole el hombro, y al ladear la cabeza se encontró con los ojos rojos de Akashi, que se había inclinado un poco para mirarla aun más fijamente.
- Puedes mirarme a los ojos mientras me hablas, no tienes por qué estar tan nerviosa -Dijo sin más, con una amable sonrisa.
Ryûna sintió que enrojecía de repente, aunque no supo el motivo. Qué ojos tan bonitos tenía... Sin entender muy bien por qué, sintió que podría mirarlos para siempre
Continuará
