Capítulo 3.
Pasaron unos cuantos días después del incidente con las chicas de tercero, y desde entonces Ryûna no volvió a ver a Akashi ni a nadie del equipo de baloncesto, ni siquiera veía a Kise más de dos minutos. Midorima y Aomine no contaban, no hablaba con ellos.
El día que había entrado en el gimnasio se había enterado de que al parecer Kise hablaba mucho de ella, así que era como si todos la conocieran ya de toda la vida. Le dejaron quedarse un rato, y estuvo sentada con Momoi, asustándose cada vez que la chica de pelo rosa comenzaba a contarle mil cosas de lo más emocionada y con toda la confianza del mundo. Supuso que podrían llevarse bastante bien, aun teniendo personalidades tan distintas. Le resultaba confuso que la chica le cogiera del brazo con cariño y le acariciara el pelo con suavidad, aun cuando era la primera vez que hablaban. Pero no se sentía mal con ella. También había hablado un poco con Murasakibara, el chico de dos metros con pelo morado. Claro que no había sido una charla muy extensa, él apenas escuchaba lo que le decía, y casi no hablaba porque estaba muy ocupado comiendo chucherías de la enorme bolsa que llevaba en brazos. Así que en realidad estuvieron juntos un rato comiendo golosinas y comentando su sabor.
Sin embargo, se había entristecido un poco, justo cuando Akashi le había dicho que podía mirarlo a los ojos al hablar, se había girado y sin más había vuelto al entrenamiento. Desde entonces no había vuelto a hablar con él.
Tampoco esperaba tanto, nunca antes habían hablado, y no tenía razones para acercarse a él. La había ayudado una vez, se lo había agradecido, y ahí terminaba todo. Ya se conformaba con haber hablado con él en aquel momento.
Era mejor así. Ni siquiera sabía qué le había dado con Akashi de repente, pero era una estupidez pensar en eso. Además, creía que a Kise no le había sentado del todo bien que fuera a hablar con él, aunque no entendía por qué iba a molestarle.
La chica suspiró pesadamente mientras terminaba de cepillarse el pelo, dirigiendo una mirada distraída hacia su escritorio. Las tijeras de la chica que había estado a punto de cortarle el pelo estaban ahí, las había dejado en el mismo sitio desde hacía unos cuantos días. No se las habían reclamado, darían por hecho que Akashi se las habría quedado.
Había vuelto a cruzarse con esas chicas un par de veces, pero ya no se acercaban a ella. Se limitaban a mirarla mal, ni siquiera intentaban disimular, pero no hacían más. Una de ellas ahora llevaba el pelo bastante corto, no podía haber ocultado el tremendo corte que el chico de pelo rojo le había hecho. Y la otra chica simplemente se peinaba de otra manera para que el mechón que había perdido no se notara. Bueno, se lo tenían bien merecido. A ver si así no volvían a molestar a nadie.
Terminó de arreglarse y se puso la chaqueta del uniforme, y tras coger su bolso salió de casa para dirigirse al instituto. Se sorprendió nada más cerrar la puerta al ver quien le esperaba en la entrada del jardín.
- ¡Ryôta! -Exclamó sonriendo mientras se acercaba corriendo hacia él-. ¿Qué haces aquí?
- Bueno... Me sabía mal no estar contigo durante estos días, así que pensé en venir a buscarte para ir juntos al instituto.
- Pero si tu casa queda bastante lejos de aquí... No tenías que haberte molestado, nos podríamos haber reunido ya en el instituto.
- ¿Vas a reñirme o me darás ya mi premio? -Preguntó el chico rubio de lo más sonriente.
La chica de pelo blanco se sorprendió al escuchar esas palabras, y más cuando vio que Kise se inclinaba hacia ella girando un poco la cabeza. Enrojeció un poco, porque estaban en la calle, pero al instante comenzó a reír.
- Tonto -Susurró sonriendo justo antes de adelantarse y besarle suavemente en la mejilla. Era una pequeña costumbre que tenían desde que eran pequeños.
Normalmente nunca le daría el premio estando en la calle, pero le había encantado que la sorprendiera de esa manera. Por esos pequeños detalles era por lo que lo adoraba. Siempre había pensado que así deberían ser las relaciones de pareja, aun cuando ellos eran solo amigos. Pero siempre estaban bien juntos, era todo tan fácil... Con Kise sí que podía ser ella misma.
A menudo se preguntaba si algún día podría estar tan cómoda con un chico como cuando estaba con él. O si... tal vez la gente tuviera razón y acabarían juntos. Cuando le pensaba era muy raro, pero a veces pensaba que en realidad no estaría nada mal. Pero bueno, eso no pasaría.
- Me siento como si hiciera un siglo que no nos vemos -Comentó el chico mientras caminaban hacia el instituto-. ¿Te gustó ir el otro día al gimnasio?
- Sí, me lo pasé muy bien. Momoi-san es muy divertida, y Murasakibara-kun me invitó a comer golosinas con él. Reconozco que me asustaba un poco al principio, pero es muy amable.
- Claro, todos son buenos -De pronto parecía que comenzaba a ponerse nervioso, quería sacar un tema en especial y no sabía muy bien cómo hacerlo-. Esto... ¿y qué tal hablando con nuestro capitán?
Ryûna sonrió con algo de tristeza. Ya se esperaba que le preguntara eso, debía de haberle extrañado mucho que fuera a verle, era normal que quisiera hablar del tema.
- Es un poco difícil hablar con Akashi-kun. No sabía si se iba a tomar bien que fuera expresamente a darle las gracias al gimnasio, me daba un poco de miedo. Pero fue muy amable conmigo, y pude agradecérselo. Eso ha sido todo, dudo que vuelva a hablar con él.
Kise se sorprendió por las palabras de su amiga, y sonrió con calma mientras posaba una mano sobre su hombro. Estaba tensa, debía hacer algo para tranquilizarla.
- ¿Así que Murasakibaracchi te daba miedo? -Preguntó de repente, comenzando a reír divertido.
- ¡No te rías de mí, es enorme y me asusté al chocar contra él! -Exclamó Ryûna enfadada, pegándole en el brazo.
Mientras caminaban hacia el instituto Kise le contaba cosas de los chicos del club de baloncesto. En ese equipo pasaba de todo, era increíble. Intentó convencerla de que podría ser gerente con Momoi, pero Ryûna se negó. Además de que no entendía demasiado bien las reglas del juego, era incapaz de estar tan tranquila con esos chicos. Bueno, vale, con uno de los chicos en especial... Lo mejor era alejarse un poco.
También hablaron de salir a dar una vuelta otro día, hacía mucho tiempo que no hacían nada juntos fuera del instituto. Por desgracia se tuvieron que despedir en cuanto llegaron a las taquillas y Kise tuvo que irse a su clase. Le prometió que la llamaría más tarde, así hablarían de lo que podrían hacer. Ryûna suspiró cansada, mientras sacaba las cosas del bolso. Antes se pasaban todo el tiempo juntos y nadie podía separarlos, y ahora tenía suerte si lo veía quince minutos al día. En fin. Tendría que esperar para poder salir con él.
Mientras pensaba se dio cuenta de que tenía a alguien al lado, y al girarse vio a dos chicas sonriéndole de lo más alegres. Qué raro... ¿Irían ellas también con la intención de cortarle el pelo? Supuso que no, simplemente estaban allí mirándola. Las reconoció, iban a la clase de al lado. Pero aun así le sonreían tanto que comenzaban a darle grima.
- Hakuren-san, ¿es cierto que estás con el capitán del equipo de baloncesto?
- Dicen que les cortó el pelo a unas chicas que se estaban metiendo contigo. ¿Cuanto lleváis saliendo juntos?
- ¿Perdón...? -Susurró con la voz entrecortada, comenzando a enrojecer.
¿A qué venía eso? Pero si nadie le había visto nunca con Akashi, ¿cómo podían saber esas cosas y pensar que estaban juntos? ¿Quién podría haber extendido ese rumor? Se estaban acercando a ella porque pensaban que estaban saliendo, ¿pero a ellas qué podría interesarle eso?
- Ah, ahí está Akashi-kun. ¿No vas a ir a saludarle?
Aun algo confundida ladeó la cabeza, y efectivamente, Akashi estaba caminando hacia el pasillo posando distraídamente un libro sobre su hombro. Ni siquiera pareció darse cuenta de que las dos chicas lo miraban fijamente, y por supuesto tampoco se fijó en ella. Ryûna se limitó a enrojecer y girarse para taparse la cara con la puerta de su taquilla. Pero las dos chicas la cogieron de los brazos.
- Bueno, será mejor que os dejemos solos, no queremos meternos en lo que tengáis que hablar.
- Os estáis equivocando, yo no...
- ¡Venga, no seas tímida y ve junto a él! -Dijo la chica de lo más emocionada, cogiéndola del brazo para que empezara a caminar.
Entre las dos la hicieron andar hasta el pasillo, y no le hicieron ningún caso por mucho que se negaba. Dioses, no soportaba que unas chicas con las que nunca había hablado se dirigieran a ella como si fueran amigas de toda la vida e intentaran aprovecharse de su 'noviazgo'. Pero de poco le sirvió maldecirlas por dentro, porque al final no se libró de que la empujaran al hueco del pasillo, donde casi tropezó con Akashi.
El chico estaba apoyado de espaldas a la ventana, debía estar descansando hasta que le tocara entrar en clase. En cuanto la vio aparecer se quedó mirándola, como si esperase que le dijera algo. Claro que era natural, había sido ella la que se le había acercado.
- Buenos días -Dijo finalmente, sonriendo un poco extrañado.
- Ho... hola -Susurró Ryûna, bajando la cabeza.
Por mucho que le hubiera dicho que podía mirarlo a los ojos, en ese momento era incapaz de hacerlo. Qué vergüenza... Aun sentía las miradas de las dos chicas tras el otro pasillo. Parecía que en ese instituto lo más entretenido era meterse en las vidas de los demás y malinterpretar las cosas. ¿Cómo iba a mirarlo ahora a la cara sabiendo lo que todos pensaban? ¿Lo sabía él? Esperaba que no fuera así.
- Ryûna -La llamó Akashi con voz impasible.
- ¿Sí? -Preguntó instintivamente, dándose cuenta al momento de que Akashi acababa de llamarla directamente por su nombre, como acostumbraban a hacer los demás chicos del club de baloncesto.
- ¿Vas a quedarte ahí sin hacer ni decir nada?
- No, yo... -Tenía que pensar rápido, o quedaría peor. Qué situación tan incómoda-. Tengo clase dentro de unos minutos. Me iré enseguida, no te molestaré.
- Está bien -Dijo sin más, volviendo a mirar por la ventana.
La chica suspiró aliviada, aunque de pronto comenzó a pensar con rapidez en lo que estaba pasando. La había llamado Ryûna... Vaya, qué extraño sonaba en sus labios. No era como los demás la llamaban, no lo acortaba ni nada de eso. Su voz era tranquila, conseguía que su inusual nombre sonara elegante y suave. Seguía pensando que era extraño que tuvieran tanta confianza con ella, pero esa vez realmente le gustó. Le gustó tanto que sin pretenderlo comenzó a sonreír débilmente.
- ¿Por qué sonríes de esa forma? -Preguntó Akashi de repente, sorprendiéndola. Por supuesto se había dado cuenta.
- Es que... al parecer todos en el club de baloncesto me llamáis por mi nombre, aun sin habernos visto nunca. Momoi-san me llama Ryû-chan, para Murasakibara-kun soy Ryû-chin...
- ¿Te molesta que te llame por tu nombre?
- No... Al menos tú me llamas simplemente Ryûna. Es agradable -Reconoció, comenzando a enrojecer.
Akashi le devolvió la sonrisa con amabilidad. Levantó un poco la mano para observar su libro, pero finalmente la miró con sus ojos rojos.
- ¿Has venido a hablar conmigo porque has vuelto a ver a esas chicas de tercero?
- No, ¿por qué? -Dijo la chica de ojos grises, algo confusa.
- Estaba pensando que a lo mejor te acercabas a mí para pedirme que te defendiera otra vez -Admitió él sin más.
Eso sí que la sorprendió. La sorprendió de tal manera que incluso comenzó a molestarse. ¿Cómo podía pensar eso de ella? Pedirle que la defendiera. De acuerdo que no era una chica a la que le gustara la pelea ni las discusiones, además detestaba sufrir daño, pero sí que tenía cierto grado de orgullo, por poco que fuera. Y desde luego su orgullo nunca la dejaría pedirle que la protegiera de tres chicas.
- Yo no haría eso. Nunca se me pasaría por la cabeza pedirte algo así -Dijo con claridad, incluso mirándole a los ojos-. No deberías pensar de esa forma cuando en realidad apenas hemos hablado, no tienes ni la más de remota idea... de cómo soy -Consiguió terminar la frase justo cuando se daba cuenta de lo que estaba haciendo. Se tapó la boca con la mano, dándose la vuelta de lo más avergonzada. ¿De verdad le había soltado esa tremenda parrafada? Se arrepintió al momento. No debería haberle dicho eso. Por mucho que fuera verdad le iba a sentar fatal que le hablara así.
Akashi la observó, casi parecía que lo hubiera sorprendido. Estaba claro que no se esperaba esa respuesta. Pero la que se sorprendió fue Ryûna cuando el chico comenzó a sonreír.
- No, está claro que no. De todos modos no hará falta que me lo pidas. No volverán a molestarte.
- ¿Cómo lo sabes?
- Creen que yo te protegeré si te hacen algo. No solo de ellas, sino de todo el mundo. Dicen que estamos enamorados.
Ya lo sabía. Genial, de nuevo una situación incómoda. Estúpido instituto. Pero lo más importante... era lo que pensaba Akashi de eso. ¿No se enfadaría porque dijeran eso de los dos? A nadie le gustaría que le emparejasen con un bicho raro.
- ¿No te molesta que piensen eso...? -Se atrevió a preguntar, aun sabiendo que le iba a temblar la voz.
- Me importa más bien poco lo que digan de mí. Aprovecha, ahora nadie se atreverá a tocarte.
- No quiero aprovecharme de ti. Nunca lo haría. Y mucho menos después de saber lo que piensas de mí.
Se dio cuenta de que el chico volvía a reír por lo bajo, mientras se separaba de la ventana y comenzar a caminar. Pensó que en cualquier momento se le iba a parar el corazón en cuanto notó que Akashi le acariciaba un poco un mechón de su pelo blanco, sonriendo divertido.
- Eres una preciosa chica extraña -Comentó inclinándose un poco hacia ella, y después desapareciendo.
Ryûna se quedó sin respiración al momento, dejándose caer de rodillas apoyando la espalda en la pared. Posó una mano sobre su pecho, sintiendo que su corazón nunca había latido tan rápido antes.
Continuará
