Capítulo 4.
- Ayer no me cogiste el teléfono, me tenías preocupado -Comentó Kise mientras Ryûna cerraba la puerta de su casa y le saludaba. De nuevo había ido a buscarla para ir juntos al instituto.
- Lo siento, no me encontraba bien -Susurró la chica de pelo blanco, sonriendo débilmente-. Gracias por venir a buscarme otra vez hoy.
La verdad era que en ese momento tampoco se encontraba demasiado bien. Le dolía bastante la cabeza, y se sentía algo cansada. Pero bueno, era solo porque había dormido poco. Se le pasaría pronto.
Eres una preciosa chica extraña.
Las palabras de Akashi no se le iban de la cabeza. Se le aceleraba el corazón solo con recordarlo. Y eso que ya habían pasado unos cuantos días -en los que había hecho lo imposible para poder esconderse de él-. Lo había dicho de broma, eso seguro. Pero aun así le había sorprendido demasiado. No solo lo que había dicho, también su actitud. Y también estaba sorprendida de su propia actitud. Había tardado unos cuantos minutos en calmarse y poder levantarse del pasillo para ir a clase, pero en todo el día no pudo olvidarse de esa escena. Una preciosa chica extraña... ¿Así la definía? Lo había dicho tan sonriente, acariciando su pelo, inclinándose tan cerca de ella...
No. No podía ser. No se estaba enamorando de Akashi Seijûrô. Era imposible. Apenas lo conocía, no sabía nada de él.
Ya había comenzado a caminar con Kise en dirección al instituto, pero era como si la conversación del rubio se escuchara muy lejana.
- Oye, Ryû... -Comenzó a decir, llevándose la mano a la nuca-. He estado pensando en que cuando tengamos un día libre podríamos ir al cine, o...
- Ryôta... -Susurró Ryûna interrumpiéndole, sin levantar la cabeza.
- ¿Sí? -Respondió el chico algo confuso, ladeando la cabeza para mirarla.
- Cuanto... ¿cuánto tiempo es necesario para enamorarse de alguien?
Kise se sorprendió tanto por la pregunta que tuvo que dejar de caminar un momento, mirándola de lo más confundido. ¿De verdad le acababa de preguntar por el amor? ¿Cómo había surgido? No entendía lo que le podía estar pasando por la mente para preguntar esas cosas, era realmente extraño. Pero hizo lo que pudo para sonreír, aunque se notaba demasiado su nerviosismo.
- Pues... en realidad yo no creo que haya que ponerle un tiempo concreto a algo así. Supongo que eso surge de uno mismo. Por eso hay quienes se enamoran a primera vista, mientras que otras personas se enamoran de alguien lentamente con el paso del tiempo.
- ¿Entonces es posible enamorarse de una persona con la que solo has hablado en unas pocas ocasiones? -Preguntó la chica mirándole, comenzando a sorprenderse.
- Nada es imposible en esta vida, Ryûcchi. El amor no es igual para todo el mundo, sino sería demasiado aburrido.
Realmente siempre conseguía sorprenderla. Decía cosas raras, pero ciertas. Aunque no se tranquilizó por sus palabras.
- Tienes razón -Susurró, mordiéndose el labio.
- Claro que la tengo -Rió Kise animado. Pero la sonrisa se le fue en cuanto Ryûna volvió a mirar hacia delante mientras caminaba.
Suspiró algo angustiado mientras se tocaba la nuca, tirándose un poco del pelo. Sabía que algún día ella encontraría a alguien, siempre lo había sabido. Había intentado aceptarlo y no pensar en ello, pero realmente le preocupaba. No quería que ningún idiota hiciera daño a Ryûna, ni que se aprovecharan de ella.
Pero a pesar de todo había sido sincero respondiéndole. Quería protegerla, sí, pero tampoco se creía con derecho a entrometerse en sus cosas. Ella nunca lo había hecho con él y las chicas que le rondaban todo el tiempo por ser modelo, así que debía mantenerse al margen de ella y el chico que le estuviera pasando por la cabeza. Pero... ¿quién podría ser? Le daba miedo preguntar, en el fondo creía saber la respuesta. Y no le gustaba demasiado.
De nuevo tuvieron que despedirse al llegar al instituto, y por suerte a Ryûna las primeras clases se le pasaron deprisa. Aun era por la mañana, pero ya estaba deseando que el día se terminara. Estuvo evitando cruzarse con Akashi por todos los medios. No quería verle, y mucho menos hablar con él. No en ese momento. Si Kise tenía razón y las personas podían enamorarse tan fácilmente, ella no quería hacerlo.
Mientras pensaba en eso estaba a punto de salir al pasillo, y justo entonces vislumbró su pelo rojo a lo lejos. Caminaba de lo más tranquilo... y encima iba con Midorima. No, definitivamente no quería que la vieran. Afortunadamente pudo esconderse detrás de uno de los pasillos antes de que Akashi se diera cuenta de que estaba allí. No se sentía preparada para verle en ese momento, no sabía cómo debía actuar ante el. Vale que había sido un simple comentario, pero no sabía qué podría decirle. Demonios... esperaba no tener que esconderse de él durante mucho tiempo, era agotador. Al final acabaría teniendo una crisis nerviosa, ya incluso comenzaba a dolerle la cabeza.
- Esto no es divertido... -Masculló alguien a su espalda mientras movía la mano dentro de una bolsa de patatas fritas.
Ryûna se sobresaltó, dándose un pequeño golpe en el hombro con la pared. Intentando recuperarse miró hacia atrás, y vio al gigante de Teikô.
- Murasakibara-kun... me has asustado -Susurró la chica, llevándose la mano al corazón.
- ¿Por qué te escondes?
- Por nada... No tiene importancia. Simplemente a veces hay que esconderse para evitar situaciones incómodas, y yo...
- Hmm... Qué rico está esto...
Sí, esa era su línea. Pero la verdad es que lo agradecía, era mejor que no supiera de quien se estaba escondiendo, Kise le había dicho que se llevaba muy bien con Akashi. Se fijó en la marca de patatas fritas de la bolsa, y le recordó algo.
- ¿Sabes que han sacado un nuevo sabor de esas patatas? Creo que era de marisco con algo más, y...
- ¿Ah, sí? Tendré que ir a comprar unas bolsas hoy -Comentó aburrido mientras comenzaba a caminar y abriendo una barrita de gominola-. No sé qué te habrá pasado con Aka-chin, pero no te dará resultado esconderte de él.
¿Aka-chin? Oh, perfecto... Esperaba que se compadeciera de ella por decirle lo de las patatas y no la descubriera. Solo faltaba que Akashi se enterase de que intentaba ocultarse de él. Decidió que era mejor ir hacia su clase, pero en cuanto se movió comenzó a dolerle un poco el hombro por el golpe. Pero eso era lo de menos, desde hacía un buen rato empezaba a sentirse mareada... Era la sensación que había tenido toda la mañana, sintiéndose cansada y con dolor de cabeza.
Y de pronto, sintió que se le nublaba la vista.
Unos minutos después Akashi y Midorima salieron de la clase del pelirrojo, volviendo al pasillo. Y se encontraron un inusual grupo de personas agrupadas y murmurando.
- ¿Habrá pasado algo...? -Preguntó el chico de ojos verdes extrañado.
Akashi no dijo nada, y se limitó a caminar entre la gente durante un instante, pero luego se detuvo, haciendo que Midorima se adelantase junto a él preguntándose qué podría ser lo que pasaba, sorprendiéndose al momento.
Una chica de pelo blanco estaba tumbada boca abajo, debía estar inconsciente. Akashi la observó en silencio, suspirando y negando con la cabeza. Al menos fue así hasta que escuchó una pequeña risa que provenía de un chico. Inmediatamente alargó el brazo y lo agarró con fuerza por el cuello de la camisa, acercándolo a su cara para mirarlo a los ojos.
- ¿Te hace gracia que una chica se haya desmayado? -Preguntó con voz seria, enfriando su mirada.
- No... Perdona...
Soltó al chico, empujándolo contra la pared. No lo miró, ni siquiera pestañeó. Se limitó a caminar ante las miradas atónitas de todos los presentes, y hasta Midorima se asombró al ver lo que iba a hacer. Se agachó, y con un simple movimiento levantó a la chica en brazos, haciendo que su pelo blanco ondeara cuando comenzó a caminar.
- ¡Akashi, ¿qué vas a hacer...?! -Preguntó Midorima exaltado, pero aun así sin moverse mientras el pelirrojo se alejaba con la chica inconsciente en brazos.
- ¿No es obvio, Midorima? Se ha desmayado y nadie ha hecho nada para ayudarla, así que tendré que llevarla yo a la enfermería.
El chico de pelo verde lo miró a los ojos algo extrañado, pero finalmente asintió y no dijo nada más. A veces el capitán de la Generación de los Milagros hacía cosas que nadie conseguía entender. Los demás, al ver a Akashi caminar, se permitieron suspirar aliviados. Pero luego se dieron cuenta de que el chico había parado un momento para girarse.
- Me he quedado con vuestras caras, que lo sepáis -Comentó sin más con una sonrisa arrogante, dándose la vuelta para caminar con la chica en brazos mientras dejaba que los chicos comenzaran a ponerse nerviosos.
Lo primero que sintió Ryûna fue que volaba, que algo la levantaba sin ningún esfuerzo. Supuso que estaría soñando. Y realmente estaba siendo un sueño precioso, tanto que hubiera deseado no despertarse. Más que nada porque al hacerlo comenzó a encontrarse fatal, pero aun así abrió los ojos.
¿Dónde estaba? Debía seguir en el instituto, antes estaba en el pasillo... Al mirar hacia delante, vio una cortina blanca, y se dio cuenta de que estaba sobre una camilla. Debía estar en la enfermería del instituto, o en el peor de los casos en un hospital. Tenía un paño frío sobre la frente. Le daba la impresión de que se había caído, se sentía desorientada.
- Ayudarte empieza a convertirse en una costumbre, te pasa de todo justo cuando estoy cerca -Dijo alguien con calma-. Será mejor que no te muevas demasiado, tienes fiebre.
Ryûna miró hacia su alrededor, no estaba segura de quien estaba hablando. Pero se sorprendió de una manera increíble al ver a Akashi sentado en una silla cerca de la camilla, de brazos cruzados y mirándola fijamente.
- ¿Tú... me has ayudado? -Preguntó intentando levantarse un poco, sintiendo de repente un poco de dolor de cabeza. Se sentía fatal, muy cansada.
El chico de pelo rojo asintió a modo de respuesta, haciendo que se avergonzara al momento. Supuso que ya estaría roja por la fiebre, aunque seguía sintiendo que se le iban a subir los colores. Hubiera preferido tener una situación incómoda mil veces antes de que la viera desmayarse por un golpe de fiebre.
- Lo siento... -Susurró bajando un poco la mirada.
- Tienes que agradecérmelo, no disculparte. De no ser por mí seguirías tirada en el suelo con esos idiotas riéndose de ti.
- ¿Se reían de mí...?
- Pues sí. Desgraciados, debería hacer algo para escarmentarlos -Comenzó a decir. Obviamente, hablaba en broma, o al menos eso pretendía. Pero eso Ryûna no lo sabía, así que solo pudo asustarse por sus palabras.
- ¡No, no puedes hacerlo...! -Exclamó intentando levantarse, aunque por suerte su voz no conseguía sonar demasiado alta. Tenía que ser la fiebre lo que le hacía poder comportarse de esa manera, porque sabía que nunca sería capaz de alzarle la voz de esa manera. No solo a él, nunca le alzaba la voz a nadie.
- ¿Que no puedo? -Preguntó Akashi, mirándola extrañado.
- No quiero que hagas nada... No por mí.
- No se trata solo de ti, simplemente no me ha gustado su actitud. Que vean a una chica encontrándose mal y desmayándose, y que además de no ayudarla se rían me pone enfermo.
Seguramente, el chico se lo estaba pasando en grande. Era más que evidente que no se le daban muy bien las bromas, pero también era cierto que Ryûna era bastante ingenua, y para colmo, no estaba demasiado espabilada por la fiebre.
- A mí tampoco me sienta bien que se hayan reído de mí, pero no quiero que te metas en líos por mi culpa. Por favor, no hagas nada.
Al volver la cabeza se dio cuenta de que Akashi la miraba fijamente, pero de una manera muy rara. Era como si le extrañara su actitud, como si no comprendiera por qué decía esas cosas. Claro que también parecía que estaba a punto de echarse a reír de un momento a otro.
- Eres muy extraña -Susurró, con una asombrosa sonrisa-. Lo sabes, ¿verdad?
La chica se sorprendió por sus palabras, pero justo cuando estaba a punto de responder algo ambos notaron que alguien abría las cortinas, dejando ver el pelo rubio de Kise y sus ojos preocupados.
- Ryôta...
- ¿Te encuentras bien? -Preguntó el chico acercándose a ella para tocarle un poco la mejilla y comprobar que de verdad tenía fiebre.
- Bueno, dentro de lo que cabe -Susurró Ryûna, sonriendo algo avergonzada-. ¿Cómo has sabido que estaba aquí?
- Midorimacchi me avisó, tuve que salir de clase. Imagino que tu madre no puede venir a buscarte, ¿no?
- Creo que no, debe de estar trabajando.
- Vaya...
Akashi observó la escena sin decir nada, pero finalmente tuvo que intervenir.
- Kise, tú sabes donde vive, ¿no es así?
- Sí, claro. Yo la llevaré a casa.
- Bien -Susurró cerrando los ojos y levantándose de la silla, para luego dirigir una útima mirada a la chica-. Espero que te mejores pronto.
- Gracias... -Susurró la chica, aun bastante confundida con todo lo que estaba pasando.
Akashi salió de la enfermería, dejando a los dos solos. Kise se sentó un momento sobre la camilla, quitándole el paño de la frente ya que se había calentado demasiado. A la chica le pesaban los ojos, pero aun así no dejaba de escuchar la voz del chico de ojos rojos.
- Pediré la salida en la secretaría, y llamaré un taxi. No te preocupes, te llevaré a casa enseguida.
- Ryôta...
- ¿Estás bien, necesitas algo? -Preguntó, intentando sonar tranquilo para que se sintiera mejor.
- Ryô, creo... que me estoy enamorando de Akashi-kun -Susurró, antes de quedarse completamente dormida.
Continuará
