Capítulo 5.
- ¿Seguro que ya estás bien para ir a clase? -Preguntó Kise preocupado mientras comenzaban a subir las escaleras-. Tal vez deberías haberte quedado en casa, y venir mañana.
Ryûna sonrió conmovida por el comportamiento de su amigo. El día anterior había estado en su casa todo el tiempo cuidándola, y esa misma mañana había vuelto antes y después de las clases para asegurarse de que estaba bien. Pero al mediodía se había encontrado con que la chica ya estaba en pie y con el uniforme del instituto puesto. Había insistido en que debería quedarse descansando, pero la verdad ya ni siquiera se encontraba mal.
- No pasa nada, estoy de maravilla. Además sabes que no soporto estar todo el día en la cama sin hacer nada. Ya he faltado toda la mañana, quería venir al menos para las clases de la tarde.
- Entiendo...
Miró al chico rubio sonriendo, pero al ver su actitud se dio cuenta de que había algo extraño. Y de pronto comenzó a inquietarse.
Oh, no... ¿Había dicho algo raro el día anterior cuando tenía fiebre? Kise había comenzado a comportarse de manera extraña después de llevarla a casa. ¿Pero qué era, qué le había dicho? No recordaba nada. No parecía estar triste ni enfadado, simplemente se comportaba de un modo un tanto nervioso. Lo peor de todo era que no recordaba casi nada de lo que había pasado, solo algunas escenas algo borrosas. Estúpida fiebre...
- Ryôta... ¿Ayer hice o dije algo extraño que deba saber...? -Preguntó finalmente con voz temblorosa.
- ¿A qué te refieres? -Dijo Kise sonriendo extrañado.
- Es que... qué vergüenza, apenas me acuerdo de nada. Solo sé que Akashi-kun me llevó a la enfermería, y luego apareciste tú... No sé, ¿pasó algo?
El chico rubio se quedó mirándola por un instante, sintiendo un nudo en la garganta.
Creo que me estoy enamorando de Akashi-kun.
Le había sorprendido mucho oírla decir esas palabras, aun seguía de lo más impactado. No le molestaba, pero le resultaba tan extraño que ella pudiera estar sintiendo esas cosas por alguien... Encima por Akashi. ¿De verdad no recordaba haberlo dicho? ¿Habría sido por la fiebre? Si era eso... lo mejor era que no se comiera la cabeza por haber dicho algo como eso. Definitivamente, no debía saberlo.
- No, tenías fiebre y te dormías por momentos -Dijo finalmente-. Eso es todo.
- ¿Estás seguro de que no dije nada extraño?
- No pasó nada, puedes estar tranquila.
Ryûna suspiró aliviada, para luego mirar a Kise sonriendo con cariño aunque él estaba mirando el exterior a través de las ventanas en ese momento. Se acercó un poco más a él, y le agarró de la manga del jersey blanco.
- ¿Cuando tendrás un día libre? -Preguntó en cuanto él se giró para mirarla-. Me apetece mucho salir contigo y pasarlo bien juntos. Dejaré que me lleves a donde tú quieras.
- Claro, seguro que pronto podremos tendremos tiempo para salir -Sonrió el chico, sintiéndose mal por no poder estar demasiado con ella, hasta que se le ocurrió algo y bajó un poco la mirada hasta Ryûna-. ¿Qué te parece el parque de atracciones?
- Me encantaría -Respondió comenzando a sonreír feliz-. Podríamos pasar el día allí.
- ¿Es mi impresión o te estás emocionando, Ryûcchi?
- Por supuesto que estoy emocionada. Hace mucho que no paso un día entero contigo.
Kise sonrió alegre, y ambos se detuvieron en el pasillo donde había varias clases. Estuvieron hablando un poco de lo que harían cuando por fin estuvieran en el parque de atracciones. Conversaron un poco más, y al ver a la chica tan animada y contenta, no pudo evitar sentirse culpable al ocultarle lo que había dicho el día anterior.
- ¿Sabes? Akashicchi suele estar algunas tardes en esa clase con Midorimacchi -Comentó señalando una puerta al final del pasillo hasta que Ryûna se decidió a mirar en esa dirección-, juegan al shôgi a menudo en sus ratos libres.
- ¿En serio? -Preguntó sorprendida, aunque sonrió al darse cuenta-. Un momento, ¿por qué me dices esto?
- Es muy fácil para mí saber lo que piensas, Ryûcchi. Imagino que quieres darle las gracias por ayudarte ayer.
- A veces odio que me conozcas tanto -Dijo la chica intentando mostrarse molesta, claro que sin conseguir nada-. ¿Crees que le parecerá bien que vaya a verle allí?
- No sabría decirte. Llévate un arma por si acaso -Bromeó haciéndola reír, para luego separarse de la ventana agarrando su libro-. Tengo que irme a clase. Tendré el móvil en silencio, así que si te encuentras mal no dudes en mandarme un mensaje e iré corriendo a rescatarte.
- Está bien... -Susurró sonriendo con cariño.
- ¿No me vas a dar mi premio? -Preguntó Kise de repente mirando hacia arriba, dejándolo caer.
- Olvídalo, no voy a besarte en medio del instituto -Rió la chica suspirando, sin poder evitar ponerse un poco roja.
- Tenía que intentarlo. Bueno, me marcho. Bye bye.
Se despidió de él alzando un poco la mano hasta que lo vio entrar en la clase, y decidió irse también. Pero en las dos horas de clase no todo fue tan bonito. Notaba que la gente la miraba con atención, murmurando entre ellos. Si ya antes comentaban que estaba con Akashi por lo de las chicas de las tijeras... Ahora había personas que realmente habían visto lo ocurrido, era inevitable que hubiera rumores. Tuvo que aguantarse y soportar las miradas hasta que las clases terminaron y consiguió salir rápido. Además, también se encontró con las chicas que la otra vez la habían empujado a hablar con él en el pasillo. La felicitaron porque finalmente era oficial que estaba con el capitán del equipo de baloncesto, le dijeron que ellas habían visto como Akashi la llevaba a la enfermería en brazos, y encima se pusieron a comentar lo romántico que había sido. Al ver que no conseguía terminar una frase con ellas para negarlo, se limitó a sonreír de lo más nerviosa. Finalmente pudo decirles que debía irse, y se alejó de ellas mientras se despedían de lo más animadas.
Esperó a que las chicas se fueran de su campo de visión, mientras llegaba a la puerta de la clase que le había indicado Kise. Al quedar frente a ella no supo qué hacer. ¿Estaría ya allí? Iba por las tardes, pero no sabía a qué hora lo hacía. Y si estaba con Midorima... Bueno, no le resultaba precisamente agradable tener que hablar con Akashi de su desvanecimiento delante de él. Tal vez podría pedirle que saliera un momento de la clase, o algo.
Vio por el rabillo del ojo que las dos chicas comenzaban a caminar por el pasillo seguidas de otro grupito, y ahí ya no le quedó otra opción, le gustara o no el resultado. Abrió la puerta, y entró en la clase con paso vacilante, esperando que no la vieran. Pudo ver claramente los ojos rojos de Akashi al girarse para mirarla. No estaba con Midorima, se encontraba sentado frente a una mesa con un tablero de shôgi. Fue extraño, no se sintió nerviosa al verle, sino que suspiró, comenzando a arrimar la puerta lentamente.
- ¿Te has perdido? -Preguntó el chico sin moverse, comenzando a sonreír.
- No -Susurró, sonriendo a su vez con tranquilidad, mientras se apoyaba suavemente en la puerta al cerrarla-. En realidad, venía a verte. Ryôta me dijo que algunas veces estabas aquí... ¿No está Midorima-kun contigo?
- Vendrá más tarde -Dijo con tranquilidad-. Veo que ya estás bien. Lo que ocurrió ayer cuando te llevé a la enfermería no ha pasado desapercibido -Comentó riendo un poco-. He oído que estamos juntos.
- He oído lo mismo -Dijo Ryûna respondiendo a sus risas, aunque en voz baja.
Pasaron unos breves instantes así, mirándose fijamente a los ojos. Estaba todo en silencio, pero no había tensión alguna. A Ryûna le encantó darse cuenta de que cada vez le costaba menos sostenerle la mirada, algo que le pasaba con muy poca gente.
- ¿Quieres sentarte? -Preguntó finalmente Akashi.
- Claro -Susurró débilmente, esbozando una media sonrisa y comenzando a caminar hacia él.
Vaya... Le asombraba la naturalidad con la que se estaban tratando. Era increíble. Pero la verdad era que se sentía de maravilla hablando de esa manera con él. No necesitaban alzar la voz, era muy agradable.
- Muchas gracias por llevarme a la enfermería -Dijo mientras dejaba el bolso colgado en la silla y se sentaba frente a él-. La verdad es que no recuerdo muy bien lo que pasó... así que discúlpame si fui una molestia.
- No importa. La verdad es que eres muy divertida cuando tienes fiebre.
Ryûna se sorprendió, y lo miró extrañada, intentando que le dijera algo más. Pero parecía que él también estaba esperando a que ella se sobresaltara, o algo por el estilo. Bien pronto se dio cuenta de que Kise no había estado todo el tiempo en la enfermería, así que no era imposible que hubiera dicho algo raro. Qué horror.
- ¿Por qué lo dices...? -Preguntó intentando no sonar muy nerviosa.
- Tú sabrás. Fue algo increíble, me dejaste bastante sorprendido.
- ¡Estás jugando conmigo porque sabes que no lo recuerdo...! -Exclamó la chica comenzando a exasperarse, y más aun al ver la sonrisa divertida de Akashi.
- ¿Eso te molesta?
- Un poco... -Reconoció algo avergonzada-. Pero supongo es que es mejor así, si hice el ridículo prefiero no recordarlo.
- No hiciste el ridículo. Pero te pusiste muy mandona -Comentó el chico mirando por la ventana, aun riendo por lo bajo.
Eso la sorprendió aun más, e incluso hizo que se le subieran los colores. Tenía que estar tomándole el pelo. Claro que estaba con fiebre... a lo mejor le había dicho algo.
- ¿Te obligué a algo...? ¿Qué fue?
- No, creo que no te lo diré. Me gusta verte intrigada
- Qué repelente -Comentó riendo un poco, hasta que se fijó otra vez en el tablero que estaba sobre la mesa-. Es cierto que te gusta el shôgi... ¿Eres bueno?
- Nunca pierdo.
- ¿De verdad no pierdes nunca? ¿Ni siquiera contra Midorima-kun? Parece que estas cosas se le dan muy bien.
- No ha conseguido que me rinda ni una sola vez. No conozco la derrota.
Se había puesto serio de repente al mirar las fichas desordenadas. Ryûna lo notó, pero no le dio importancia. Cuando le habían hablado de Akashi en clase le habían contado que siempre decía cosas así, que nunca perdía ni conocía la derrota. Para él la victoria era algo tan natural como respirar, por eso lo tachaban de arrogante. Y tal vez fuera así, pero ella lo veía de manera diferente. Si era cierto que siempre ganaba, no era que fuera arrogante reconocerlo. Si ganar era tan natural para él, era normal que pudiera decir esas cosas sin importarle. Era tan diferente a ella... Tenían personalidades completamente distintas. Y aun así, se sentía realmente bien cuando hablaba con él.
De repente sintió ganas de sonreír, mientras tocaba una de las fichas del juego. Tenía escrito el kanji plata. Sintió que Akashi la estaba observando, y alzó la mirada para sonreírle con tranquilidad.
- ¿Me enseñas? -Preguntó con un susurro.
Aparentemente Akashi se sorprendió, pero al instante sonrió como si se sintiera complacido. Le explicó despacio y con suavidad como funcionaba el shôgi, contándole las funciones de las fichas y sus movimientos. Realmente era complicado... Pero bueno, en esos juegos lo que hacía mejorar era la práctica.
- El general de oro no se desplaza hacia atrás, y no puede promocionar.
- Así que es como el rey, pero con una limitación, ¿no? -Preguntó la chica intentando no hacerse un lío.
- Eso es. El caballero solo tiene dos movimientos cuando avanza dos casillas, hacia la izquierda o hacia la derecha. Cuando promociona se mueve igual que el general de oro. ¿Me sigues?
- Creo que sí.
Al cabo de unos minutos comenzaron a jugar una partida, aunque bastante despacio. Ryûna sentía que de un momento a otro le iba a doler la cabeza.
- Ah... Esta se movía en diagonal, ¿verdad?
- Sí -Contestó el chico, riendo un poco al observarla concentrarse tanto.
- Es difícil...
- Es la primera vez que juegas, es normal. Piensa tus movimientos con calma.
Le sonrió agradecida, aunque tenía claro que aunque fuera una partida de broma para aprender no iba a dejarla ganar. Pero tampoco le importaba mucho. Ya estaba contenta con poder hacer algo así con él. Estaba tan feliz que quiso más.
- Akashi-kun... ¿puedes hablarme un poco sobre ti?
- ¿Por qué? -Preguntó el chico mientras movía una de sus fichas, comiendo una de las de Ryûna y pasándola a su bando.
- Bueno, yo... Me gustaría saber más cosas de ti, y conocerte mejor -Susurró algo avergonzada-. Después de que me hayas ayudado tanto, y de que todo el mundo piense que estamos juntos, creo que es hasta cierto punto normal.
- No sé qué podría decirte sobre mí -Contestó con seriedad, frunciendo un poco los labios.
- Entonces... podríamos hacer lo siguiente -Dijo mientras se le ocurría una idea algo disparatada-. Cada vez que uno coma una de las fichas del otro, tendrá derecho a hacer una pregunta. ¿Te parece bien?
- Si hacemos eso al final tú no sabrás nada de mí y yo lo sabré todo sobre ti -Admitió él, sonriendo con suficiencia.
- Haré lo que pueda.
Para su pequeño juego volvieron a comenzar la partida, y por suerte, aunque sorprendentemente, Ryûna fue la primera en comer uno de los peones de Akashi. El chico la miró fijamente, esperando la pregunta aunque algo extrañado. Pero la chica se dio cuenta de que no se le ocurría gran cosa que preguntar.
- A ver... ¿Cuando es tu cumpleaños? -Dijo al final, con la primera pregunta que le vino a la cabeza.
- El veinte de diciembre. ¿Piensas hacerme un regalo?
- No sabría qué regalarte -Rió, aunque algo avergonzada.
Siguieron con la partida, y realmente Akashi fue quien hizo la mayoría de las preguntas. Era demasiado bueno en ese juego, la verdad. Tenía razón cuando dijo que al final lo sabría todo sobre ella... Al menos no preguntaba cosas raras. Extrañamente, no se sentía incómoda a hablar sobre sí misma con él. Hasta que hubo un momento en que al comer otra de sus fichas se tomo su tiempo para hacer la pregunta. Pero la miró a los ojos con seriedad en el mismo momento que comenzaba a hablar.
- ¿Alguna vez me has tenido miedo?
La pregunta la sorprendió de una manera increíble. No quería decir algo que pudiera sentarle mal... Pero tampoco estaba por la labor de mentir.
- He de ser sincera... Cuando te conocí, me diste un poco de miedo. En fin, les cortaste el pelo a unas chicas para defenderme. Reconoce que fue un poco raro.
- Sí que lo fue -Contestó Akashi riendo un poco. Ryûna también le sonrió, al menos hasta que volvió a comer otra de sus fichas-. ¿Me tienes miedo ahora?
- No -Contestó con una suave sonrisa.
Y era cierto, Akashi lo sabía. No le tenía miedo. De hecho, estaba descubriendo que, a pesar de estar empezando a conocerse, le gustaba estar con él mucho más que con el resto de la gente. A pesar de ser tan distintos parecían llevarse bien.
Por fin Ryûna consiguió comer una de las fichas de Akashi, apenas había logrado preguntarle unas pocas cosas.
- Por fin...
- Pregunta -Dijo cerrando los ojos sonriendo con tranquilidad.
- ¿Preferirías que te tuviera miedo? -Susurró Ryûna de repente.
Akashi levantó la mirada, y se encontró con sus ojos de color gris pálido mirándolo de frente. Casi parecían blancos. La chica estaba tranquila, pero pudo ver que le sorprendía que hubiera preguntado eso. En realidad ella también estaba sorprendida, no sabía por qué había decidido preguntar algo así. Pero las palabras habían salido solas.
El chico no contestó a la pregunta. Se limitó a mirarla a los ojos fijamente, como si estuviera intentando saber lo que le estaba pasando por la cabeza al preguntar eso. Debía haberlo sorprendido de una manera increíble. Finalmente, Akashi abrió un poco los labios como si fuera a contestar, pero se detuvo cuando ambos escucharon que la puerta se abría, dejando paso a Midorima.
- Perdona por llegar tan tarde, Aka...
Las palabras se le cortaron al ver a la chica de pelo blanco en la silla donde él solía sentarse mientras toqueteaba una de las fichas del juego, aunque se detuvo al verle.
- Midorima-kun, buenas tardes -Dijo sonriendo con nerviosismo.
- Hakuren -Le saludó el chico con formalidad solo diciendo su apellido, mirándolos fijamente a los dos. Se notaba que estaba algo sorprendido por verla allí.
La tensión se podía cortar. Ryûna supo que era el momento de dejar la partida, la situación no estaba siendo precisamente bonita. Midorima siempre le había parecido un chico demasiado estirado, no le había visto sonreír ni una sola vez. Vale que ella tampoco era la persona más alegre y dicharachera del mundo, pero bueno. Ese chico la ponía nerviosa.
- Creo que debería irme ya, no os molestaré -Dijo levantándose y cogiendo su bolso, para después dirigirse a la puerta girándose por última vez para mirar al chico pelirrojo-. Muchas gracias por este rato tan agradable, Akashi-kun.
- Hasta mañana -Dijo él, alzando un poco la mano.
La chica sonrió a los dos, y cerró la puerta aun siendo observada por Midorima. Comenzó a caminar por el pasillo para salir del instituto, la verdad es que estaba cansada y quería llegar a casa. No acostumbraba a quedarse después de las clases.
Pero realmente había merecido la pena. Había pasado un rato realmente tranquilo con Akashi... Le había encantado. Se arrepentía de haberle hecho semejante pregunta, e incluso se alegró de la intromisión de Midorima.
¿Me tienes miedo ahora?
Por supuesto que no... Jamás podría tenerle miedo.
Continuará
