Capítulo 6.

- Me muero de sueño... -Susurró Ryûna, bostezando.

- Eras tú la que quería ir pronto al parque de atracciones -Comentó Kise sonriendo divertido.

Era bastante temprano, apenas estaba terminando de amanecer. Los dos iban en el tren, intentando acomodarse en los asientos. Por suerte apenas había gente, podían hablar con naturalidad. Claro que a ver quien se levantaba un domingo tan pronto para ir al parque de atracciones.

- No te atrevas a culparme, fuiste tú quien me despertó diciendo que ya habías comprado los billetes.

- Porque tú querías ir pronto.

- Tengo demasiado sueño como para ponerme a discutir contigo -Suspiró, cerrando los ojos y apoyándose en su hombro para descansar un rato.

Kise sonrió con tranquilidad, rodeándole la cintura para acercarla más a su cuerpo y así apoyar su cabeza sobre la de la chica. Menos mal que apenas había gente en el vagón, no llamaban mucho la atención.

- Apenas hemos hablado últimamente. Siento no haber ido estos días, el lunes iré de nuevo a buscarte a casa por la mañana -Comentó el chico para iniciar una conversación y evitar que se durmiera-. ¿Ha pasado algo interesante?

- La verdad es que no. Bueno, sabes que estuve en la clase con Akashi-kun aprendiendo a jugar al shôgi... Desde entonces hablamos bastante.

- Debes de caerle muy bien.

- Supongo... Me siento cómoda con él.

- ¿Te gusta...? -Preguntó Kise finalmente, aunque ya sabía de sobra la respuesta.

La cuestión era si Ryûna lo sabía. No se acordaba de que había dicho que se estaba enamorando de él. Pero aun así estaba a la vista lo que sentía, aunque ella misma no se diera cuenta. Pero si la gente hablaba tanto de ellos era porque últimamente siempre los veían juntos por los pasillos hablando en voz baja.

- No lo sé. Tal vez -Admitió enrojeciendo un poco.

Realmente le gustaba estar con Akashi. Casi le daba pena no tener clase. Las últimas semanas se habían estado reuniendo en el hueco del pasillo, donde él siempre descansaba entre clase y clase. Se apoyaban en la pared o contra la ventana, y hablaban en voz baja durante unos pocos minutos. Claro que hablaban de cosas superficiales, de las clases o del día, pero ya le bastaba con eso. Esos pequeños momentos se estaban convirtiendo en sus mayores alegrías del día, además de poder ir con Kise caminando al instituto a diario. Era increíble cómo estaban cambiando las cosas. Esperaba que las siguientes semanas fueran así de perfectas.

- ¿Sabes? Creo que... podríamos ser buenos amigos. Sé que somos muy diferentes, pero nos llevamos bien.

- Podría ser. La verdad, creo que Akashicchi no habla con demasiadas chicas. Bueno, dejando aparte a Momocchi... Pero con ella habla solo cuando tiene algo que hacer con el equipo. No solo yo, todos en el club de baloncesto estamos de acuerdo. Es sorprendente.

- ¿Es sorprendente que hable conmigo? -Preguntó la chica sonriendo algo extrañada.

- No tanto como que les haya cortado el pelo a unas chicas, o que te haya llevado en brazos a la enfermería amenazando a unos chicos que no hicieron nada por ayudarte... -Se dio cuenta de lo que estaba diciendo, y de repente se sintió realmente incómodo-. ¿Por qué estamos hablando de Akashicchi en nuestro día libre?

- No lo sé, tú has sacado el tema -Respondió la chica riendo divertida.

Kise sonrió con cariño, aun abrazándola. Al menos fue así hasta que escucharon la voz grabada que indicaba que llegarían a su parada en pocos segundos. Decidieron coger sus cosas, y poco después ya estaban bajando del tren entre risas.

No era la primera vez que iban al parque de atracciones. Antes iban a menudo, pero siempre con sus padres o con más amigos. Y desde luego no habían pasado el día entero allí. Por fin Kise tenía un día libre, después de mucho tiempo, y quería dedicarlo todo a estar con ella.

Al entrar en el parque estuvieron paseando durante un rato, mirando todas las cosas que había. Después de comprar algo para desayunar comenzaron a caminar, intentando decidir qué hacer.

- Tal vez deberíamos coger un mapa del parque -Propuso Ryûna-. Así podríamos organizarnos mejor para subir a todas las atracciones y tener más tiempo para todo.

- Tienes razón. Espera aquí, voy a pedir uno a los guías.

La chica asintió, mientras se sentaba en un banco y veía al chico alejarse. Suspiró con tranquilidad, peinándose un poco el pelo con los dedos. Estaba cansada y tenía sueño, pero se alegraba mucho de estar ahí ese día. Hacía sol, iba a hacer buen tiempo. Iba a pasar un día maravilloso con Kise, se divertirían después de haber estado tanto tiempo separados. Lo último que quería era distanciarse de él.

Aunque desde que Kise lo había mencionado, había comenzado a pensar en Akashi. ¿Qué haría los domingos? Era un chico muy tranquilo, a lo mejor estaba descansando y no se levantaría hasta mediodía. O tal vez se levantaría temprano para entrenar, o saldría a pasear... Algún día le gustaría pasar un domingo con él, no solo unos minutos en el pasillo.

- ¿Hakuren...?

Se sorprendió por la voz increíblemente formal que la llamaba, y al girar un poco la cabeza se encontró con el pelo verde de un chico que conocía. No llevaba sus gafas normales, iba con unas de sol.

- ¡Midorima-kun...! -Dijo de lo más asombrada.

- Qué sorpresa verte aquí -Comentó al principio, casi tan sorprendido como ella-. Ah, es cierto, hoy ibas a venir con Kise.

Creyó no escuchar sus palabras, se estaba extrañando demasiado al ver que llevaba un farolillo de color rojo con el grabado de un dragón colgando de la mano. Supuso que era el objeto de la suerte del día. En la otra mano llevaba un bolso, eso la desconcertó aun más.

- Sí... Prácticamente me ha arrastrado -Ya se imaginó que el chico de pelo rubio había contado sus planes a los chicos del equipo, como siempre. Pero aun así se sorprendió al ver ahí a Midorima-. ¿Y qué haces tú aquí?

- A mí también me han arrastrado -Comentó señalando disimuladamente hacia un puesto de artesanías.

Ryûna miró un segundo hacia donde señalaba, y vio a una chica de espaldas. Pero aun sin verle la cara ya pudo saber que era muy guapa. Ya de por sí tenía un pelo muy bonito, de color azul oscuro y corto. Iba con vaqueros y una sudadera de manga corta con capucha, le hacían una figura muy bonita. ¿Midorima había ido al parque de atracciones con una chica? ¿Sería su novia?

Bueno, tampoco era asunto suyo.

- ¿Lo estáis pasando bien? -Preguntó la chica volviendo a mirarlo a los ojos. Si no tuviera puestas las gafas de sol, probablemente le costaría bastante hacerlo.

- Sí, dentro de lo que cabe. Acabamos de llegar, apenas hemos hecho nada -Comentó en tono serio, quitándose las gafas.

- Ah, entiendo. Kise y yo llegamos hace menos de una hora -No sabía por qué, pero no se sentía cómoda llamándolo Ryôta mientras hablaba con el chico de pelo verde. Con Akashi era natural, pero con Midorima le resultaba raro-. Por cierto, ¿quieres que le avise de que estás aquí? Seguro que le gustaría saludarte.

- No, no te molestes. Sabiendo cómo es querrá hacer una 'cita doble' o algo por el estilo. Aprovecha para estar con él, tengo entendido que ya apenas os veis -Dijo de repente con una media sonrisa, guiñándole un ojo.

Ryûna se asombró por sus palabras. Pero de repente sintió ganas de sonreírle, enrojeciendo un poco. Era una situación un poco extraña, pero estaban tratándose... como si fueran buenos amigos.

- ¡Shin, ven a ver esto! -Exclamó la chica de pelo azul por el fondo, sorprendiendo al chico de pelo verde.

- Me voy -Decidió mientras movía el bolso de la chica en su mano-. No sé si coincidiremos más a lo largo del día, nos iremos pronto.

- Ah, no hay problema. Yo también debería ir a buscar a Kise, está tardando mucho.

- Hasta mañana, Hakuren. Pasadlo bien.

- Igualmente -Susurró con una suave sonrisa, levantándose del banco.

Vio cómo el chico se alejaba hasta el puesto para reunirse con la chica de pelo azul, y ella le mostraba algo que había comprado. Entonces pudo verla bien, y comprobó lo que ya pensaba.

Vaya... No creía que Midorima estuviera con una chica tan guapa. Bueno, con una chica en general. Con lo maniático y repelente que era normalmente no esperaba que alguien lo aguantara en una relación. Esa chica de pelo azul era digna de admiración. Pero la verdad era que habían tenido una conversación tranquila, como si fueran amigos. Le había parecido agradable. Aunque no entendía a qué venía ese cambio de actitud, normalmente nunca se dirigían la palabra.

- Como me hagas otra vez lo del Quién soy te pego -Comentó, al escuchar a alguien acercarse.

- A veces creo que tienes ojos en la nuca, Ryûcchi -Dijo Kise rindiéndose con nerviosismo, pero sonriendo mientras alzaba un papel grueso algo doblado-. Ya tengo el mapa.

- Genial, ¿dónde quieres montar primero? -Preguntó con una suave sonrisa.

Estuvieron unas cuantas horas montando en todas las atracciones que veían, jugando en todos los puestos para ganar algún premio, y comiendo gominolas y muchas cosas más. Ryûna se acordó de Murasakibara, y le compró algunas cosas para dárselas al día siguiente si lo veía. Aunque no sabía por qué, de repente le hacía ilusión llevarse bien con los chicos del club de baloncesto. Después de que Kise hubiera hablado tanto de ella con el grupo, tal vez no les importaría que se juntara con ellos alguna vez.

Pero en esos momentos se estaba divirtiendo demasiado con Kise como para pensar en ellos. Estaban tan bien que ni siquiera se acordaba de todos los días que habían estado separados por las clases y el baloncesto. Todo era como siempre entre ellos. En algún momento, Kise le regaló un colgante de un pequeño dragón plateado rodeando una esfera de color verde oscuro, que había comprado sin que se diera cuenta. Ryûna se enfadó un poco porque le hiciera ese regalo a traición, pero tuvo que reconocer que le encantaba el colgante. Estuvo jugueteando con él moviéndolo por su cuello mientras el chico pensaba qué hacer. Pronto caería la tarde, así que no estarían mucho más en el parque.

- ¿Subimos a la noria? -Preguntó Kise señalando la atracción, aunque aun estaba mirando el mapa para asegurarse de que ya habían estado en todas partes.

- Espero que no estés intentando seducirme, Ryô-chan -Comentó la chica sonriendo divertida. En todas las historias las parejas que iban a la noria lo hacían para estar a solas.

- No seas tan mal pensada, lo he propuesto porque sé que te gustan las alturas. Y no me llames Ryô-chan, tengo una reputación que mantener.

- Vale, vale -Rió la chica animada, agarrándose un poco a su brazo-. Venga, vamos.

La noria aun tardó unos minutos en ponerse a girar por completo mientras la gente se subía. La chica de pelo blanco estaba en lo cierto, no hacían más que montar parejas. En cierto momento esperó encontrarse con Midorima y la chica de pelo azul, pero luego se dio cuenta de que sería demasiado extraño. No sería propio de su compañero de clase tener esos detalles tan romanticones.

En cuanto estuvieron en lo más alto comenzó a relajarse. Era cierto que le gustaban las alturas. Se sentía como si pudiera acariciar el cielo con sus manos. Kise solía bromear con eso, diciendo que sería horrible si a los dragones no les gustara la altura. Era en esos momentos cuando adoraba su nombre, por extraño que fuera.

Sin saber por qué comenzó a sentir la necesidad de estar cerca de su amigo. Se levantó despacio del asiento para que no hubiera movimientos bruscos en la cabina, y finalmente se sentó junto a Kise para abrazarlo.

- Te he echado mucho de menos -Susurró en voz baja, apoyándose en su hombro.

- No vemos todos los días, Ryûcchi -Comentó Kise algo extrañado.

- No hace falta dejar de ver a una persona para echarla de menos -Dijo con algo de tristeza-. Extraño cómo estábamos antes de ir al instituto, cuando estábamos juntos en todo momento. Antes a nadie le llamaba la atención que nos pasáramos el día entero agarrados de la mano, o abrazándonos. Lo echo de menos.

El chico suspiró con tranquilidad, y se acercó un poco más a ella para apoyar la cabeza sobre la suya y mirarla a los ojos. Sabía que eso la calmaría. Comenzó a acariciando su mejilla, luego siguiendo lentamente todas las facciones de su rostro. Ryûna se limitó a observarlo con calma, sintiendo su tacto sobre su piel. Ambos se sonrieron con cariño, y estuvieron unos cuantos minutos en silencio. Tal vez con Akashi no fuera necesario alzar la voz, pero con Kise ni siquiera necesitaba hablar. Se entendían con una simple mirada, o una insignificante caricia. Con Akashi se sentía muy cómoda, pero hasta el momento siempre había habido distancia entre ellos. Bueno, quitando esas ocasiones en las que la había ayudado. Pero no deberían contar.

Ryûna se dio cuenta de lo que estaba pensando mientras compartía un momento tan cariñoso con Kise. ¿Estaba comparando a Akashi con él...? ¿Por qué hacía una cosa semejante? No tenía sentido.

Kise era su mejor amigo, y Akashi... En realidad no sabía lo que era Akashi para ella. Pero se dijo a sí misma que dejara de pensar en él. Prefería aprovechar su día con el chico de pelo rubio, sin duda alguna. Volvió a acomodarse sobre su hombro, pensando para sus adentros.

- Debería haberme enamorado de ti, y tú de mí -Concluyó mirando un poco el exterior, mientras seguían dando vueltas-. Todo sería increíblemente fácil, ¿no crees?

- Sería fácil, pero a la larga sería malo -Dijo Kise sin dudarlo. Ya había pensado mucho sobre ese tema, aunque nunca lo hubiera comentado-. Siempre estaremos mejor como amigos, Ryûcchi.

- Cierto -Susurró Ryûna sonriendo con suavidad. Por un instante, no pudo evitar hacer un pequeño gesto de tristeza. Pero se repuso enseguida-. Aun así, dudo que pueda encontrar a alguien que me haga sentir tan bien como cuando estoy contigo. Tú siempre sacas lo mejor de mí.

- Soy tu mejor amigo por algo. Siempre voy a ser mejor que todos los chicos del mundo para ti. Por eso soy yo quien debe juzgar y apartar a todos los idiotas que intenten acercarse a ti.

La chica rió con suavidad, acomodándose un poco sobre su pecho.

- Siento estar tan sentimental de repente.

- No pasa nada. Me gusta que te pongas sentimental.

La noria bajó, pero volvió a subir en pocos segundos. Ya se estaría acabando el tiempo, así que en una o dos vueltas más bajarían para poder volver a casa. De nuevo empezarían una semana donde estarían separados en todo momento, menos en el camino hacia el instituto por las mañanas. Ya comenzaban a preguntarse qué ocurriría en esa semana, y también en las siguientes.

- Ryûcchi -Susurró el chico de repente, sorprendiéndola.

- ¿Qué?

- Quiero que me prometas una cosa -Dijo con sequedad, sin mirarla-. Enamórate de alguien que te trate bien, y que pueda hacerte feliz. No dejes que ningún chico te mire por encima del hombro ni te haga sentir mal. Busca a alguien que sea bueno de verdad para ti. Prométemelo.

Ryûna se sorprendió. No llegaba a entender a qué venía eso de repente. Pero aun así, sonrió con tranquilidad, volviendo a acercarse a él en la última vuelta que estaba dando la noria.

- Te lo prometo -Susurró débilmente, apoyándose en el hueco de su hombro mientras bajaban del cielo.

Continuará