Capítulo 7.

Ryûna cerró la puerta de la taquilla, suspirando con sueño. El día anterior llegó agotada a casa, pero no consiguió dormirse hasta las primeras horas de la madrugada. Se lo había pasado genial.

Pero bueno, ya era lunes. Le costaba reconocerlo, pero tenía muchísimas ganas de que llegaran los descansos de las clases. Solo por el simple hecho de poder reunirse con él en el hueco del pasillo. No estaba muy segura, pero también le gustaría darle los buenos días en ese momento. Sabía que se estaba emocionando demasiado, pero no podía evitarlo De modo que se apresuró a caminar colgándose el bolso en el hombro.

Tal vez Akashi la estuviera esperando también, ya que apenas pisó el pasillo giró la cabeza y se quedó mirándola mientras avanzaba despacio. Pero no estaba solo, y Ryûna comenzó a pensar en pasar de largo. ¿Haría bien acercándose mientras estuviera con Midorima? Por mucho que hubiera hablado con él el día anterior no significaba que fueran amigos, y siempre que lo veía con Akashi intentaba pasar desapercibida para ellos.

Anda... Si con ellos también estaba Murasakibara. Bueno, entonces no pasaría nada por acercarse, hablaría primero con él. De todas maneras tenía pensado ir a buscarlo. Así que se limitó a suspirar, y finalmente llegó junto a los chicos. Parecía una niña pequeña en medio de un grupo de gigantes.

- Buenos días -Susurró la chica sonriendo débilmente.

- Hola -Realmente, el saludo de Akashi fue el único que escuchó en ese momento.

¿Era cosa suya, o estaba más frío que de costumbre? Vale que aun no se conocían tanto, pero esas últimas semanas no había actuado de esa manera... Lo mejor era no pensar mucho en eso. De modo que se giró un poco y alzó la cabeza para ver al chico de pelo violeta.

- Murasakibara-kun, qué bien que estés aquí. Quería verte -Comentó con voz suave, mientras abría su bolso para buscar algo en él.

Los tres chicos se sorprendieron un poco por las palabras de la chica de ojos grises, al menos hasta que vieron lo que sacaba del bolso. A Murasakibara casi se le iluminaron los ojos al ver la bolsa llena de surtidos de gominolas.

- Ayer en el parque de atracciones había un montón de chuches por todas partes, y me acordé de ti -Explicó Ryûna sonriendo con amabilidad. Esperaba que eso fuera suficiente para crear un pequeño vínculo de amistad entre los dos-. No podía traerte algodón de azúcar recién hecho, por eso también compré un paquete en el que viene un poco.

- Vas a conseguir que me enamore, Ryû-chin -Comentó el chico de pelo violeta con algo de cansancio, pero aceptando la bolsa sin dudarlo, aunque posando la otra mano sobre la cabeza de Ryûna, tal vez intentando mostrar agradecimiento. La chica estuvo a punto de preguntar¿Enamorarte de quien, de mí o de la bolsa de chucherías?

- Ya vale, Murasakibara -Le cortó Akashi, aun con esa amable sonrisa que mostraba siempre.

Pasaron unos pocos minutos hablando entre los cuatro, aunque Ryûna no tenía gran cosa que decir. Comentó un poco con Midorima cómo lo habían pasado el día anterior, pero al final tanto Murasakibara como el chico de pelo verde se fueron, dejando solos a Akashi y a la chica, que de pronto comenzaba a sentirse algo nerviosa.

- ¿Has pasado un buen fin de semana? -Consiguió preguntar finalmente en voz baja.

- Sí, fue muy tranquilo. Tú saliste con Kise, ¿no?

- Bueno, sí... Fuimos al parque de atracciones a pasar el día. Y además me encontré con Midorima-kun, fue muy agradable.

- Ya veo.

Qué serio estaba... Qué raro, estaba siendo amable, como siempre, así que tal vez sólo eran imaginaciones suyas. Pero de todos modos no tenía mucho tiempo para intentar averiguarlo. Miró su reloj sin darse cuenta de que Akashi estaba a punto de decir algo.

- Lo siento, tengo que entrar ya en clase -Comentó disculpándose, colocándose el bolso sobre el hombro-. Te veo luego.

El chico pareció algo fastidiado por un momento, pero asintió con una sonrisa tranquila. No dijo nada más, simplemente se dio la vuelta y se fue. Ryûna sonrió algo apenada por tener que dejar de hablar en ese momento, pero sabía que volvería a verlo más veces a lo largo del día. Así que dejó de pensar en ello y entró en su clase, sin fijarse que Akashi se quedaba quieto al fondo del pasillo.

- Hoy va a llover -Comentó una de las amigas de Ryûna con fastidio mirando hacia la ventana-. Espero llegar a casa pronto, no he traído paraguas.

- Yo tampoco... -Dijo la chica de pelo blanco sentándose al recordar que también había mirado el tiempo del día-. Pero bueno, el cielo aun está despejado. No creo que llueva hasta la noche.

- Ojalá tengas razón -Susurró su amiga suspirando.

- Chicas, mirad quien viene por ahí... -Dijo en voz baja otra de las chicas, agachándose un poco para que solo ellas la escucharan. Ryûna pensó que estaba a punto de darle un ataque.

No solo ella, se dio cuenta de que todos en la clase estaban de lo más tensos de repente. Y supo que era por él.

- ¿Akashi-kun...? -Preguntó de lo más sorprendida. Era la primera vez que entraba en su clase, y no tenía ni la menor idea de lo que querría hacer allí. No pudo evitar mirar de reojo a Midorima y Aomine, que estaban en sus sitios. Parecía que sólo el chico de pelo verde se había dado cuenta de la presencia del capitán de su equipo. Aomine estaba durmiendo sobre su pupitre.

El pelirrojo la vio al escuchar su nombre, y sin pensarlo dos veces caminó hasta quedar frente a su mesa, donde observó que sus amigas no se iban de su lado. Era como si se hubieran quedado paralizadas.

- ¿Puedo hacer algo por ti? -Susurró Ryûna algo extrañada. Era extraño verlo en otro lugar que no fuera el hueco del pasillo.

En realidad, parecía estar en su propio mundo. Pero la pregunta pareció despertarlo. La miró fijamente a los ojos, como si estuvieran solos en ese lugar.

- Quería decirte algo -Dijo sin más, sin prestar atención a toda la gente que había en la clase y que podía escuchar-. No hagas planes para el domingo.

- ¿Por qué...?

- Porque vas a salir conmigo -Dijo con un tono tan seco que nadie se movió.

Ryûna se quedó mirándole a los ojos de lo más impactada. No conseguía creerse lo que estaba pasando. ¿Qué acababa de decirle?

El chico miró a sus amigas, para luego volver a dirigir su atención hacia ella sin cambiar ni un ápice su expresión seria. No parecía que fuera a responderle. Pero seguramente no necesitaba que le diera una respuesta.

- Ya hablaremos más tarde para decidir la hora y el lugar. Hasta luego.

Y sin añadir nada más, dio media vuelta y se fue, dejando a Ryûna con la palabra en la boca. ¿Qué acababa de ocurrir?

¿Le acababa de proponer una cita? Por su tono más bien parecía una orden, pero aun así... Si era una cita, jamás se hubiera imaginado que Akashi le pidiera algo así. Por el contrario, tanto sus amigas como todas sus compañeras de clase empezaron a apiñarse sobre ella preguntándole un montón de cosas acerca de lo que acababa de ocurrir.

¿Tienes una cita con Akashi? ¿Entonces es verdad que estáis juntos? ¿Cuanto tiempo lleváis saliendo? Fueron preguntas que no respondió. Por supuesto que no estaba con él. Pero... acababa de decirle que iba a salir con él. Sentía que el corazón se le iba a parar de un momento a otro.

Sabía que lo que iba a hacer no estaba bien, pero no podía quedarse allí en ese momento. Solo cogió sus cosas, ignoró a las chicas y se levantó para salir corriendo de clase antes de que llegara el profesor. No le gustaba saltarse las clases, pero sabía perfectamente que no iba a poder concentrarse y la acabarían regañando. Corrió hasta las escaleras de emergencia, y se quedó allí sentada sin hacer nada durante toda una hora. Tenía la mente completamente en blanco. Pero finalmente supo que no hacía nada bueno quedándose allí sola. Y solo se le ocurría una persona con la que hablar. Mandó un mensaje a Kise para que tan pronto saliera de clase fuera junto a ella. Pero no le contó nada de lo que había pasado. Simplemente le dijo que había comenzado a encontrarse mal, y había decidido saltarse la clase para relajarse y encontrarse mejor. A primera vista el chico no parecía creérselo, pero aceptó su explicación. Así que estuvieron juntos unos cuantos minutos, y Ryûna finalmente se calmó. Decidió no pensar en Akashi hasta el final de las clases. Hasta entonces lo mejor sería evitarlo. Ese día estaba completamente segura de no tener fiebre, así que no se desmayaría como la otra vez.

- Creo que será mejor que volvamos a clase, Ryûcchi -Comentó Kise al mirar la hora en su móvil-. Vamos a llegar tarde.

- Tienes razón.

- ¿Estás segura de que no te ha pasado nada?

- Estoy completamente segura. No tienes que preocuparte.

Se levantaron de las escaleras de emergencia, y comenzaron a caminar por el pasillo entre risas. Al menos Kise tenía ese efecto sobre ella, conseguía que dejara de preocuparse por cualquier cosa. Iban tan distraídos que ni siquiera se dieron cuenta de que Akashi estaba apoyado contra la pared en el hueco de la escalera. Justo en ese momento tenía una hora libre, así que se había ido allí a pasar el rato. No se movió al ver a Ryûna pasar, pero se quedó observando fijamente cómo Kise le agarraba un poco la chaqueta del uniforme, como si intentara frenarla unos instantes.

- Tienes que hacerlo, te he salvado.

- Sabes que no me gusta hacerlo en el instituto... -Susurró la chica poniendo los ojos en blanco con molestia-. Ya corren suficientes rumores sobre mí.

- Venga, Ryûcchi, no hay nadie -Dijo Kise haciendo un mohín de impaciencia-. Dame mi premio.

- Pesado...

Akashi no sabía en un principio a qué se refería con eso de dame mi premio, pero supo que tenía que ser algo privado entre ellos. De modo que endureció la mirada en cuanto los labios de Ryûna se posaron sobre la mejilla de Kise. No le gustó. Pero aun así no hizo nada. Se limitó a cerrar los ojos con tranquilidad, apoyándose otra vez en la pared cruzando los brazos.

Pero las cosas no iban a quedar así.

El resto del día transcurrió en paz. Ryûna volvió a clase y explicó a sus amigas que no se encontraba bien, pero que ya estaba mucho mejor. Por suerte nadie se atrevió a tocar el tema de Akashi. Pero eso la alivió mucho, prefería no pensar en ello. Así que hizo todo lo que pudo para concentrarse en las clases, y así todo el día pasó con una rapidez increíble. Evitó salir de clase en los descansos para no encontrarse con él. Cuando hubiera ordenado sus asuntos en su cabeza podría ir a verle y así hablar de lo que le había dicho.

Lo único malo que sucedió ese día fue que tuvo que quedarse a limpiar y ordenar la clase con dos de sus compañeros. Era un aburrimiento, pero no le quedaba otra. Al menos ese día no hubo mucho que hacer. Además, sus compañeros apenas la dejaron trabajar. Supo de inmediato que era porque no querrían que la 'novia' de Akashi se cansara haciendo esas cosas. Bueno, si era así era un positivo. A veces había que cargar muchas cosas y no tenía tanta fuerza. Eso que se ahorraba.

Se dio cuenta de que el cielo se había nublado mientras limpiaban. Al cerrar la clase y caminar hacia la salida ya estaba lloviendo de una manera increíble. Sus compañeros tenían paraguas y ya se habían ido mientras ella cogía las cosas de su taquilla. De modo que se quedó sola en la entrada del instituto, viendo que no iba a poder salir. Estaba lloviendo a cántaros, y ya se había ido todo el mundo. Vaya... genial.

Lo mejor era esperar a que dejase de llover un poco, entonces podría irse a casa. El problema era que podría pasar un buen rato. Pero no tenía otra opción. Se apoyó en la pared suspirando con fastidio, y se dejó caer hasta sentarse. Evitó mirar demasiado al pasillo, estando el instituto vacío y con las luces apagadas... Bueno, no era demasiado agradable. En lugar de eso, comenzó a pensar en el día que había pasado.

Desde la escenita que se le había venido encima por la visita de Akashi esa mañana no había vuelto a verle en todo el día. ¿De verdad le había pedido salir? ¿En una cita? No podía creerlo. Ni siquiera había podido contestarle... Aunque no sabía qué decir en ese momento, la había impactado demasiado. Nunca había llegado a plantearse que pudiera verse alguna vez en esa situación, y mucho menos con Akashi.

Bueno, a lo mejor no le estaba pidiendo una cita. Claro, seguro que era eso, sólo quería que fueran a dar un paseo como amigos. Tenía que ser eso. A fin de cuentas, ella y Kise salían juntos a veces.

No dejaba de llover... A ese paso llegaría a casa por la noche. Tal vez podría avisar a Kise para que la acompañara, seguro que aun estaba en el entrenamiento. ¿O ya habían salido? De todas maneras si lo llamaba seguro que iría otra vez al instituto para que no estuviera sola.

Se asustó un poco al escuchar un trueno. Y fue entonces cuando se dio cuenta de que no estaba sola en el pasillo. Se levantó de inmediato, algo asustada, pero luego se dio cuenta de quien era. Sólo con mirarlo se notaba que su ropa estaba mojada, había estado bajo la lluvia, y no poco tiempo. El agua resbalaba por su pelo rojizo, cayendo por su rostro. No la estaba mirando, solo estaba de pie junto al otro muro.

- Akashi-kun, estás empapado... -Susurró en voz baja dejando el bolso en el suelo-. Deberías secarte, o te pondrás...

Sintió que nunca más podría pronunciar una sola palabra en cuando le vio golpear la pared. Fue un golpe tan fuerte que creyó que se había roto el brazo. Pero Akashi ni siquiera se movió. No dijo nada. La chica se asustó al ver la marca de la sangre que había dejado en el muro. Se había abierto los nudillos. Estuvo a punto de acercarse a él para ayudarle, pero no le dio tiempo. Antes de poder darse cuenta el chico de pelo rojo había comenzado a caminar hacia ella y en un simple instante la había acorralado contra la otra pared.

Era la primera vez que realmente le estaba dando miedo. Ahora se daba cuenta. Cuando se habían conocido creía que había sido aterrador. Qué equivocada estaba. En ese instante supo lo que era el verdadero miedo. Su respiración se entrecortaba, tenía un nudo en la garganta... y en sus labios notaba que todo su cuerpo estaba temblando.

No tenía escapatoria. Pero debía mantener la calma. Sobretodo se obligó a mantenerse tranquila cuando Akashi acarició su mejilla, dejando un pequeño rastro de sangre sobre ella.

- Deja de intentar torturarme -Dijo con firmeza, pero sin mirarla como hacía siempre-. Esto no es bueno para ninguno de los dos.

- ¿Torturarte...? -Susurró Ryûna con voz temblorosa. No comprendía lo que quería decir, y en realidad estaba demasiado asustada como para intentar pensar en ello.

- Has conseguido que me obsesione. Hemos llegado a un límite en el que solo tienes una opción hacia mí -Dijo de lo más impasible, como si no estuviera hablando de algo siniestro e inusual-. Tienes que ser mía.

¿Por qué? ¿Por qué esa crueldad de repente? Le dolía verlo así. Había sucedido algo grave para que estuviera enfadado hasta tal punto, había perdido demasiado los papeles. Y se suponía que ella era la razón. No quería que se sintiera mal por su culpa.

- ¿A qué se debe esto...? ¿He hecho algo que te haya sentado mal?

No le respondió. Ryûna comenzó a sentirse realmente angustiada. Sobre todo cuando bajó la mirada y vio su mano ensangrentada. No se movía ni decía nada al respecto, pero debía estar sufriendo un dolor increíble.

Y así, de pronto, la chica comenzó a llorar, sorprendiendo a Akashi. Pero el chico pelirrojo se sorprendió aun más al ver como le cogía la mano entre las suyas, alzándola hasta su rostro. Ya apenas sangraba, era un alivio. Pero había sido un golpe terrible. Qué tonta, no podía dejar de llorar mientras seguía acariciando su mano. No era capaz de decirle nada, se sentía tan mal, tan culpable de que se hiciera daño a sí mismo...

- Lo siento... -Susurró la chica en una voz apenas audible.

Akashi la miró de lo más impasible, no dijo nada mientras la observaba llorar. Finalmente levantó la mano que le quedaba libre, y le acarició suavemente la mejilla, limpiándole una lágrima y el pequeño rastro de sangre que hacía un momento le había dejado. Se inclinó hacia ella abriendo un poco los labios, pero cuando estaba a escasos centímetros de su rostro, se detuvo. A cambio, sonrió con suficiencia.

- Eres demasiado buena como para intentar jugar conmigo -Dijo de repente, endureciendo la mirada-. Pero detesto que alguien sea capaz de confundirme de esta manera. Lo odio.

Ryûna levantó la mirada de lo más confundida, aun llorando. De verdad le costaba entender lo que estaba pasando, por qué de repente le decía todas esas cosas. El chico le sostuvo la mirada durante unos instantes, pero cerró los ojos haciendo que le soltara la mano herida. Y se dio media vuelta para no mirarla.

- Tranquila. No voy a hacerte nada. Pero debes tener esto muy presente, Ryûna -Dijo con firmeza cerrando el puño, pero sin girarse-. No voy a consentir que estés junto a otra persona que no sea yo. Nunca.

Y se fue, dejándola sola.

Ryûna no supo que hacer. Se quedó quieta llorando, aun con la espalda apoyada en la pared. No pudo hacer nada. Se dejó caer de rodillas, tapándose los labios con la mano sin darse cuenta de que estaba manchada de la sangre de Akashi. Ni siquiera notaba que estaba temblando con fuerza, sólo podía pensar en una cosa.

Jamás había tenido tanto miedo.

Continuará