Capítulo 9.

- ¡¿Cómo que Akashicchi te ha pedido una cita?! -Exclamó Kise al otro lado del teléfono comenzando a enfadarse-. ¿Cuando pensabas decírmelo?

- Lo siento... Es que no creía que fuera bueno andar diciéndolo por ahí. Si te consuela, ni siquiera sé si era una cita. Y de todos modos ya no importa, al final se ha cancelado.

Eso era verdad a medias. Los dos últimos días había vuelto a hablar un poco con Akashi cuando se lo cruzaba de casualidad en el pasillo, pero ahí terminaba todo. Así que no habían hablado sobre eso de salir el domingo, de modo que dio por hecho que ya no había nada que planear. Era mejor así. Cuanto menos viera a Akashi, antes terminaría todo entre ellos. No sabía lo que sentía en realidad por él, pero no quería arriesgarse. Así que lo mejor era que dejara de verle, no quería complicar más las cosas.

En gran parte se sentía aliviada. Ya se arrepentía demasiado de habérselo ocultado a Kise, pero si no le había dicho nada había sido porque esos días había estado demasiado conmocionada por lo de la tarde de lluvia. En ese momento lo había pensado y no le parecía una buena idea. Pero ya daba igual, todo el asunto de Akashi había terminado y quería hablarlo bien con Kise.

- ¿No vas a salir con él?

- Yo diría que no, parece... que no vamos a ser tan buenos amigos como pensaba -Mejor dar esa explicación falsa antes que tener que contar lo que había pasado de verdad.

- Lo siento, Ryûcchi -Susurró Kise algo contrariado. No parecía sentirlo mucho, pero bueno-. Lamento no poder ir a verte... ¿A quién se le ocurre programar una sesión de fotos en domingo?

- No pasa nada, supermodelo. Ya nos veremos mañana -Dijo sonriendo tiernamente, justo cuando escuchó que alguien llamaba al timbre de la casa-. Tengo que colgar, acaban de llamar a la puerta.

- Te llamaré más tarde entonces.

- Vale, pásalo bien en la sesión de fotos.

Colgó la llamada para dirigirse a la puerta, y poco antes de guardarlo en el bolsillo le llegó algo. Rió animada al ver que tenía un mensaje de Midorima, aunque no sabía qué le había dado para mandarle algo.

Aries está hoy en el primer lugar, el objeto de la suerte es una hucha de cerdito. Pasa un buen día.

Qué chico más raro. Esos días había estado comentándole acerca del horóscopo, y ella se limitaba a ponerle buena cara y a intentar escucharle. Prefería tenerlo como amigo a que le cogiera manía. En realidad se estaba llevando bastante bien con los chicos del club de baloncesto, eran simpáticos con ella. Sobre todo Murasakibara, claro. Kise le había dicho claramente que mientras le diera golosinas lo tendría comiendo de la palma de su mano sin ningún problema. Ella no quería eso, claro, simplemente le gustaba llevarse bien con él. También ese chico de pelo azul, Kuroko, había sido muy amable con ella. Era muy serio y apenas hablaba, por no hablar de que apenas notaba su presencia, pero le caía bien. E incluso había hablado un par de veces con Aomine, aunque era muy seco con ella, pero se portaba bien. Al menos cuando se habían visto Momoi había estado en el medio, eso suavizaba mucho las cosas, porque el chico no era precisamente un cacho de pan. Pero le resultaba gracioso.

Pero bueno, mejor no pensar más en el equipo de baloncesto ese día. Tenía que ver quien había ido a visitarla. Desde luego no era ninguno de sus padres. Se habían divorciado hacía pocos años, hacía meses que no sabía nada de su padre, y su madre nunca estaba en casa. Era como si viviera sola. Pero en realidad le importaba más bien poco.

Era temprano, ¿quien iría a verla? Aun no había acabado el mediodía. La intriga se volvió temor en cuanto abrió la puerta.

- ¡Akashi-kun...! -Exclamó de lo más asombrada al ver los ojos rojos del chico, que estaba apoyado con las manos en los bolsillos sobre la barandilla de la escalera. La miró de arriba a abajo con seriedad, hasta que ella se dio cuenta.

Por poco le cierra la puerta en las narices al recordar que estaba en pijama, encima con uno corto. Pero Akashi fue más rápido y la agarró para que no pudiera evitarlo. Así que finalmente quedaron el uno frente al otro, observándose fijamente. Claro que de diferentes maneras, Akashi con su característica seriedad, y Ryûna con nerviosismo.

- No estás vestida -Observó el chico sabiamente, volviendo a bajar la vista hasta su pijama.

- ¿Tenía qué estarlo...? -Preguntó ella con voz temblorosa.

- Hoy vas a salir conmigo.

No, por favor, no... La había cogido totalmente desprevenida. Además, ¿cómo sabía su dirección? No creía que Kise se la hubiera dicho, y que ella recordara no había mucha gente en el instituto que supiera donde vivía.

Encima ni siquiera habían hablado de ese domingo, ya había conseguido pensar que todo había terminado. Estaba claro que no sabía lo que podría pasar si salía con él, pero... le daba reparo. Por mucho que hubieran quedado en paz después del incidente de la lluvia no habían vuelto a hablar del tema. No le había pedido perdón por asaltarla de esa manera, y no parecía tener intenciones de hacerlo.

- Akashi-kun, lo siento, pero no me parece... -Comenzó a decir, hasta que volvió a fijarse en su mano.

La herida aun no se había curado del todo. Al menos no tenía mala pinta, parecía estar sanando bien. Pero con solo verla consiguió sentirse fatal. No podía rechazarle.

En realidad no quería rechazarle. Pero no quería aceptarlo.

- ¿Quieres entrar? -Preguntó bajando la cabeza, rindiéndose y sintiéndose culpable-. Si no te importa mucho esperar mientras me cambio.

- Claro, no me molesta -Contestó Akashi, aparentemente complacido.

Abrió de nuevo la puerta, y se apoyó contra ella para que el chico pudiera entrar. Akashi en su casa... Si se lo hubieran dicho hacía dos semanas, jamás lo hubiera creído. Esos últimos días todo había cambiado tanto...

En cuanto vio que Akashi se sentaba en el sofá del salón, se disculpó y subió por las escaleras a toda prisa para llegar a su cuarto. Se duchó tan rápido como pudo, y tras vestirse y secarse un poco el pelo se lo recogió en dos coletas bajas y algo flojas. Al menos no había tardado mucho, aunque estaba increíblemente nerviosa.

Estuvo unos pocos minutos ante la puerta de su habitación, pensando en cómo debería aparecer otra vez en el salón. Sólo de pensar en que Akashi se quedaría mirándola... vaya, le daban escalofríos. Pero no podía quedarse allí para siempre. De modo que finalmente abrió la puerta y bajó despacio. Por una parte se sintió menos nerviosa al comprobar que el chico no la estaba mirando, pero quiso que se la tragase la tierra al ver que estaba pasando con tranquilidad las páginas de un álbum de fotos. Se acercó despacio a él, viendo que se había detenido en una página donde estaban unas fotos de ella y de Kise.

- Teníamos solo siete años cuando nos sacaron esas fotos -Susurró a su espalda con una suave sonrisa, haciendo que se girara para verla. Enrojeció de nuevo al ver sus ojos sobre ella-. Me da un poco de vergüenza que veas eso.

Akashi no dijo nada mientras la observaba, simplemente se limitó a cerrar el álbum y a dejarlo en su sitio en silencio. Pero para sorpresa de Ryûna, se acercó más a ella, y la chica se dio cuenta de que en un momento le estaban deshaciendo las coletas.

- Te queda mejor suelto -Dijo sin más, observando las gomas del pelo.

Se quedó mirándolo a los ojos con nerviosismo, sin saber muy bien si responderle o no. Pero de todos modos el chico no dijo nada más en ese momento. Solo le devolvió uno de los coleteros. No le dio el otro, sino que se lo puso en la muñeca derecha, consiguiendo que Ryûna enrojeciera aun más por ese gesto.

- Ya... ya he terminado -Susurró con voz temblorosa.

- Bien, podemos irnos entonces.

La chica asintió nerviosa, y tras salir de la casa y cerrar la puerta comenzó a seguir a Akashi mientras este caminaba con tranquilidad. Era rápido, pero aun así consiguió posicionarse a su lado para poder andar juntos.

¿Pero qué debía hacer? Tal vez debería hablarle, aunque él parecía estar en su propio mundo, como siempre. Aparentemente no tenía intenciones de consultarle lo que iban a hacer, o hacia dónde se dirigían. Ni siquiera parecía que estaban caminando juntos, ninguno de los dos hablaba. No había tensión, entre ellos nunca la había. Pero aun así Ryûna estaba demasiado nerviosa y avergonzada. Y necesitaba saber lo que estaba pasando, no podría ir a ninguna parte con él sin dirigirle la palabra.

Lo miró de reojo, y viendo que Akashi no le devolvió la mirada ni aparentaba tener la intención de iniciar una conversación, supo que tendría que hacerlo ella.

- ¿Puedo saber... adónde vamos? -Preguntó algo cortada.

- ¿Para qué quieres saberlo? -Contestó el chico distraídamente.

- Simplemente... me gustaría saber.

Akashi suspiró, acercándose un poco más a ella para finalmente agarrar su mano, entrelazando sus dedos. Obviamente sabía el efecto que tendría en ella, pues sonrió complacido al ver cómo enrojecía.

- Por el momento no vamos a ningún sitio -Dijo con tranquilidad, bajando un poco la cabeza para mirarla directamente a los ojos-. Demos un paseo tranquilo.

- Vale... -Murmuró Ryûna de lo más sonrojada.

De acuerdo, era muy bueno manipulándola. Sabía perfectamente qué era lo que debía hacer para dejar su mente en blanco y conseguir que no le negara nada. Rayos, no podía mostrarse tan vulnerable ante él, o todo acabaría mal. Pero es que no podía hacer nada, le imponía demasiado. Desde el lunes sentía como se fuera a abalanzarse sobre ella en otro ataque de furia. Ya se había herido suficiente. ¿Pero y si por culpa de eso ya nunca podría rechazarle?

Un momento... ¿Quería rechazarle?

Hasta ese maldito día sabía que le encantaba estar con él, siempre con esa tranquilidad que le proporcionaba, mirando sus increíbles ojos rojos, escuchando su voz en suaves tonos... Qué demonios, le gustaba.

Pero ese día lluvioso lo había fastidiado todo. O al menos eso pensaba. ¿Pero cómo iba a volver a sentirse a gusto con él con el miedo metido en el cuerpo? Cuando había estado hablando con Midorima se había sentido mejor y pensaba que ya no había que tenerle miedo. Pero decirlo es fácil, hacerlo es otro cantar. Quería pasarlo bien con Akashi, pero no dejaba de contradecirse. Maldito lunes.

Decidió dejar de pensar en eso de una vez. Intentaría sentirse bien con él. Estaba dando un paseo agarrada a la mano de Akashi Seijûrô. Y por lo que veía él no tenía intención de soltarla, a pesar de las miradas que les dirigían al verlos juntos. Por muy nerviosa que estuviera, reconocía que le gustaba sentir el calor de su mano. Era agradable.

- ¿Te apetece ir a algún sitio en especial? -Preguntó el chico al cabo de un rato. No parecía estar nervioso ni nada, pero Ryûna se daba cuenta de que a veces parecía dudar en si decir algo o no.

- Pues... no, creía que tú tendrías algo pensado -Susurró algo cortada.

Realmente le parecía extraño que no hubiera planeado algo. Akashi era el tipo de persona a la que le gustaba tener la situación siempre controlada, que siempre saliera todo como él quisiera.

Ella desde luego no iba a proponer nada, no sabía adónde podrían ir. Nunca había tenido una cita, ¿qué hacían las parejas normales? Mal, no podía pensar en eso. No eran pareja, y tampoco eran normales. Así que pensó que lo mejor era callarse por el momento. De modo que siguieron caminando un poco por la ciudad. Al menos fue así hasta que la chica vio una tienda que le llamó la atención.

Vale, le gustaban los animales, pero realmente era una cursilada quedarse plantada frente al escaparate de una tienda de animales donde había un montón de gatitos en un pequeño recinto, donde la gente podía entrar para verlos mejor en el caso de querer comprar uno. Pero no pudo evitar pararse, y soltar la mano de Akashi para poder acercarse a ver un momento. El chico se sorprendió, obviamente, pero se quedó mirándola fijamente para ver lo que hacía.

Ryûna observó tiernamente a los gatitos a través del cristal, sonriendo al ver como uno de color gris claro se limpiaba por la parte donde estaba su mano. Una niña pequeña que estaba dentro del recinto se acercó para poder acariciar al animal, y sonrió alegre a la chica de pelo blanco al verla al otro lado. Tal vez esos pequeños detalles despertaron interés en Akashi, porque en un instante se había posicionado junto a ella mientras le ponía la mano en el hombro.

- Entremos. Puedes estar un rato con ellos -Dijo sin más, comenzando a sonreír, aunque con su seriedad habitual.

- ¿De verdad? -Preguntó la chica comenzando a asombrarse-. ¿Quieres que vayamos a jugar con unos gatitos?

- Eres tú la que va a jugar con los gatos, no yo. Venga, entra de una vez antes de que cambie de opinión.

Aunque le avergonzaba un poco admitirlo, lo único que pudo hacer Ryûna fue sonreírle emocionada. No por los gatos, que también, sino porque le propusiera algo así. No creía que un chico como él fuera a querer perder el tiempo en una tienda de animales para contentarla. Pero desde luego no se lo iba a pensar dos veces.

Akashi abrió la puerta, y la dejó pasar antes. Había dos dependientas, que los recibieron con una sonrisa. El chico de pelo rojo preguntó si ella podría entrar en el recinto de los gatos, y por suerte no tuvieron ningún inconveniente.

Por supuesto, las únicas personas que estaban allí viendo a los animales y jugando con los gatos eran niños, mientras sus padres se quedaban mirándolos riendo y haciéndoles fotos. Akashi se quedó por el fondo de la tienda, mirando todo lo que había, pero Ryûna entró en el pequeño recinto, donde los niños no tardaron en acercarse a ella con los gatos. Estuvo un buen rato riendo y jugando con ellos, sintiendo de vez en cuando las miradas del chico. Pasados unos minutos se dio cuenta de que probablemente él no se estuviera divirtiendo tanto como ella. Además no le gustaba sentirse observada todo el tiempo, así que decidió tratar de estar un poco más de tiempo con él. Después de todo, se suponía que lo que quería ese día era estar con ella.

- Akashi-kun, deja de marginarte ahí y ven a ver los gatos conmigo -Dijo alzando un poco la cabeza para poder verlo bien.

- Estoy bien aquí -Comentó el chico sin más.

- Venga... -Susurró sonriendo con suavidad, consiguiendo que el chico suspirara y finalmente se acercara.

No entró, simplemente se apoyó con los brazos en la valla, justo encina de donde Ryûna estaba arrodillada. La verdad es que fue un buen rato, la chica cogía a algunos gatos con los niños y hacía que los acariciara, o los cogiera un poco.

- Es tan pequeño que te cabe en la mano -Rió la chica, algo enternecida al verlo coger un gato blanco.

- Hay que ver lo fácil que es hacerte feliz -Suspiró, sonriendo un poco y cerrando los ojos.

Le sonrió alegre, se lo estaba pasando muy bien. La verdad era que ya no estaba tan nerviosa, casi podría decir que estaban como antes. Pero cuando se giró un poco vio que estaban llamando un poco la atención dependientas de la tienda los miraban embobadas, susurrando cosas como son una monada. Parecen muy enamorados, ¿cuanto tiempo llevarán juntos siendo tan jóvenes?

Se daba cuenta de lo tontorrones que podrían estar pareciendo en esa situación, los dos juntos hablando con tranquilidad y haciendo cosas así. Enrojeció al instante. No eran pareja, eran solo amigos. Ni siquiera sabía si estaban teniendo una cita de verdad o no.

- Akashi-kun, podemos irnos si quieres -Susurró, levantándose mientras dejaba el gato que tenía en brazos en el suelo con los demás.

- ¿Ya te has cansado de esto?

- No es eso, pero no es que tengamos que estar aquí toda la tarde. No tienes que molestarte por mí -Comentó sonriendo suavemente.

- Como quieras. De todas formas quería llevarte a un lugar.

La chica se preguntó adónde querría llevarla, pero de todos modos le sonrió mientras se despedía de los niños, y un minuto más tarde ya estaban saliendo de la tienda.

- ¿Te gustan mucho los gatos? -Preguntó Akashi de repente en cuanto hubo cerrado la puerta, cosa que le extrañó un poco.

- Pues sí, siempre he querido tener uno. Pero cuando preguntaba en casa nunca me dejaban tener animales.

El chico asintió pensativo, para luego volver a mirarla a los ojos por un momento.

- Vuelvo enseguida. He olvidado algo ahí dentro -Dijo sin más, dando media vuelta para entrar en la tienda otra vez.

- Ah, está bien... -Comentó de lo más extrañada. Estaba actuando de una forma muy rara.

Estuvo unos cuantos minutos esperando fuera, apoyada en la pared sin dejar de preguntarse lo que estaría planeando. ¿La llevaría a un sitio especial para él?

Sabía que estaba comenzando a ilusionarse, y no quería hacerlo. Aun no podía olvidar lo que había pasado. Y ni siquiera sabía el motivo, por eso le daba miedo volver a hacer algo que le molestara sin ni siquiera enterarse. Pero bueno, prefería dejar de pensar en eso de una maldita vez y divertirse un poco. El día estaba saliendo bastante bien.

Y desde luego dejó de pensar en el asunto en cuando vio a Akashi salir de la tienda con algo pequeño sobre uno de sus brazos.

- ¿Qué haces con ese gatito...? -Preguntó de lo más confundida al ver al pequeño animal blanco y negro.

- Para ti -Comentó con indiferencia, extendiendo la mano para darle al gato.

- Espera... ¿Me has comprado un gato? -Volvió a preguntar la chica de lo más sorprendida, sin saber qué hacer.

- No los estaban vendiendo, son para que la gente los adopte. Yo sólo he comprado lo que te puede hacer falta -Dijo alzando una pequeña bolsa que llevaba en la otra mano.

No podía ser... La gente normal no iba regalando gatos como si no fuera nada. Desde luego tenía que ser una broma, no podía estar regalándole un gato.

- Pero esto es... Akashi-kun, lo siento, pero no sé si puedo aceptarlo... -Intentó excusarse, pero el chico no le hizo ningún caso.

Al final no le quedó más remedio que aceptarlo y cogerlo en brazos. Era realmente bonito, su pelaje blanco,con algunas manchas negras, y tenía los ojos amarillos. Precioso. Era tan pequeño y suave que no pudo resistirse a él. No iba a decirlo, pero estaba entusiasmada. Siempre había querido tener un gato, era increíble que fuera Akashi quien se lo regalara. No se lo podía creer.

Se lo agradeció al chico de todo corazón, sonriéndole con cariño. Supuso que Akashi comenzaba a sentirse incómodo, porque la apremió para comenzar a caminar hacia ese sitio al que quería llevarla.

En principio se sintió un poco decepcionada al llegar al centro comercial, pero se dio cuenta de que el chico aun seguía andando hacia los alrededores del edificio. Sentía ganas de preguntar, pero se limitó a seguirle. No tenía ni idea de lo que estaba planeando, pero se estaba portando muy bien con ella. No iba a estropearlo.

Terminó de sorprenderse cuando llegaron a unas escaleras, donde colgaba un pequeño letrero que decía Prohibido pasar en letras rojas.

- Akashi-kun... ¿qué es esto? -Preguntó comenzando a inquietarse.

- No te asustes, solo es una azotea a la que vengo a veces -Dijo sonriendo divertido, haciendo que se avergonzara por pensar cosas raras-. Te traigo aquí porque tiene unas buenas vistas de la ciudad.

- ¿No nos meteremos en un lío por subir aquí? -Volvió a preguntar acariciando al gato, mientras subían las escaleras despacio.

- Qué más da. No creo que suba nadie, por estar un rato aquí no nos pasará nada.

Le sonrió algo nerviosa, pero en cuanto subieron a la azotea tuvo que darle la razón. Realmente tenía unas vistas increíbles. Se acercó un poco a la barandilla sujetando bien al animal en sus brazos, y le gustó muchísimo ver lo alto que estaban. Su reacción pareció complacer al chico, que se acercó hasta quedar a su lado.

Al final se quedaron allí un buen rato. Se sentaron en el suelo y hablaron sobre todo lo que estuvieron haciendo esa semana, también de sus gustos y demás. Así se estaban conociendo. Ryûna se atrevió por fin a hacerle preguntas sobre su vida y su familia sin necesidad de jugar al shôgi, Akashi hablaba mientras ella acariciaba al pequeño gatito con cariño. Así se les pasó la tarde volando.

- Ya está anocheciendo... -Susurró suavemente mirando hacia el cielo.

Akashi observó con curiosidad su actitud soñadora, y luego miró él también hacia donde el Sol comenzaba a ponerse.

- Cierto. Pediré disculpas a tus padres por salir un día entero y dejarte tan tarde en casa. Más aun cuando mañana hay clase.

- No te preocupes, mi madre está de viaje y mi padre no vive con nosotras. Es como si viviera sola, nadie me reñirá por llegar un poco tarde.

- ¿Están divorciados?

Ryuna asintió, sonriendo incómoda. No debería hablar de su familia, eran cosas privadas. A la gente solía incomodarle saber que sus padres estaban separados. Pero Akashi no la miró extrañado, ni nada por el estilo. Todo lo contrario, quiso saber más.

- ¿A qué se dedican tus padres?

- Mi padre es escritor, creo que te caería bien. Aunque ahora vive en otra ciudad. Pero mi madre trabaja en una agencia publicitaria.

- Debo suponer que no suele estar en casa si se va de viaje incluso en domingo.

- Sí, tiene que viajar por toda Asia porque su agencia tiene varias sedes. Tendrás suerte si algún día llegas a conocerla. Bueno, por el momento tal vez sea mejor así. Puede que te prohíba volver a verme cuando te conozca.

¿Por qué le hablaba como si fuera su novia? hablándole sobre sus padres, sobre conocerlos... No era su novia, no eran pareja, no tenían por qué conocer a sus padres.

Creyó que el comentario sobre su madre ya habría extrañado del todo a Akashi, pero vio que el chico se tumbaba de espaldas, apoyando la cabeza sobre sus brazos para mirar al cielo.

- Supongo que le haría caso por complacerla -Comentó cerrando los ojos.

- ¿De verdad le harías caso? -Preguntó la chica sorprendida.

- Por supuesto. No volvería a verte -Dijo sin más, girando un poco la cabeza para mirarla fijamente a los ojos mientras comenzaba a sonreír-. Cerraría los ojos mientras estuviera contigo.

La chica se sorprendió por el comentario, y enrojeció al instante. Pero intentó reír un poco para que no fuera para tanto.

- Tienes una lógica de lo más perversa.

Akashi sonrió, y volvió a incorporarse para sentarse más cerca de ella. Ya era hora de poner las cartas sobre la mesa.

- ¿Me vas a decir ya qué es lo que te incomoda? Te he notado distante en varias ocasiones.

Ya se imaginaba que no le había pasado desapercibido que ese día había actuado de manera extraña. Realmente no quería hablar del tema... pero sabía que tendría que hacerlo tarde o temprano. Las cosas no podían quedar así si quería aclarar lo que sentía por él.

- No... no te has disculpado por lo que pasó el lunes -Susurró, comenzando a sentirse incómoda.

- Y no tengo intención de hacerlo -Admitió el chico mirándola fijamente a los ojos.

Akashi era ese tipo de persona. Nunca se arrepentía de lo que hacía. No se iba a arrepentir de haberla aterrorizado.

- ¿Por qué...? -Por supuesto no preguntaba por qué no iba a disculparse. Preguntaba por qué lo había hecho. Y desde luego Akashi sabía a qué se refería.

- Reconozco que perdí los papeles, pero no voy a pedir perdón por eso. Te vi con Kise esa mañana en el pasillo, y no me gustó.

Así que era por eso... Claro, había visto cómo le besaba en la mejilla, los había visto en una actitud muy cariñosa. Precisamente por eso siempre evitaba hacer esas cosas en el instituto. En realidad no sabía por qué tenía la necesidad de explicárselo. Pero no quería ningún malentendido.

- Él es mi mejor amigo, es... es normal para nosotros hacer cosas como abrazarnos, o besarnos en la mejilla de vez en cuando.

- Pues no me gustó. Pero no deberías darle tantas vueltas. Piensa que solo era una forma de castigarte.

- ¿Castigarme? ¿Haciéndote daño a ti mismo...?

El chico suspiró cerrando los ojos, para luego volver a mirarla con sus ojos dispares.

- Nunca te haría nada malo a ti. Pero sabía que te dolería verme hacer algo así. Y conseguí lo que quería, estabas aterrada -Dijo Akashi con firmeza-. Puedo ser la persona más amable del mundo contigo. Pero también puedo provocarte tanto miedo como para paralizarte. Y lo admito, eso me reconforta.

Era exactamente lo que le había dicho Midorima. Por mucho que le gustes siempre le va a encantar tener esa carta bajo la manga.

observó al gatito corretear con torpeza por la azotea, comenzando a entristecerse al recordar como se había sentido el lunes. Ojalá no hubiera pasado todo eso. Tal vez su cita con Akashi sería muy distinta si no hubiera besado a Kise en medio del pasillo. Pero el chico de pelo rojo debía saber todo lo que había sentido cuando le vio golpear esa pared. Sino, nunca podrían avanzar.

- El otro día, cuando llovía... Realmente sentí muchísimo miedo -Comenzó a decir, atreviéndose a mirarlo a los ojos a pesar de lo avergonzada que estaba al hablar de esas cosas-. Me asusté tanto al ver cómo te herías a ti mismo que estuve llorando durante horas. Pero por mucho miedo que sintiera... era más la preocupación que sentía por ti. ¿Tú mano ya está bien?

- Se está curando. No debes preocuparte.

- Bien... -Susurró la chica, bajando tristemente la mirada. Sabía lo que iba a pasar, y aunque quería evitarlo no pudo.

Pero en cuanto la primera lágrima le resbaló por la mejilla notó como Akashi alargaba un poco la mano y se la limpiaba con el pulgar. Levantó un poco su mirada vidriosa, para encontrarse de frente con sus ojos rojos. Le tranquilizó tanto su sonrisa que tuvo que corresponderle.

- No puedes pretender que me contenga si me miras de esa forma... -Susurró en voz baja de repente, acercándose más a ella.

Ese fue su primer beso con Akashi. El chico juntó sus labios suavemente, pero aun así pudo notar su agresividad. Ni siquiera tuvo tiempo para pensar en que lo mejor sería no responder a ese beso. Pero no fue capaz de rechazarle en ese momento, a pesar de lo insegura que se sentía. Solo pudo cerrar los ojos y dejarse llevar por él durante unos breves instantes.

- Akashi-kun... -Susurró con voz entrecortada, enrojeciendo al ver sus ojos aun tan cerca de ella.

- Debes saberlo. Aunque huyas de mí, siempre te perseguiré. Vayas donde vayas, tanto al cielo como al infierno, siempre te encontraré. Haré que seas mía. Yo controlaré cada uno de tus latidos, yo te daré aire para que puedas vivir, y yo seré la única persona que ocupe tu mente. Serás mía. Para siempre.

Continuará


Bueno, un capi mucho más larguito de lo normal xDDD y mira que intenté hacerlo corto, pero Akashi sa para mucho xDDD

Muchas gracias a Katze02Anime, Byakuku y Zyeena por comenzar a leer mi fic y darle una oportunidad, y también gracias a quienes lo siguen leyendo. Espero que siga siendo de vuestro gusto, aunque creo que ya se acabará en el siguiente capítulo xD

Bueno, hasta la próxima, gracias por leer ^^