Capítulo 10.

Ryûna suspiró con aburrimiento, apoyando la cabeza en el reposabrazos del sofá mientras su pequeño gatito jugueteaba con su pelo sobre su pecho. Lo acarició con cariño, para después dejarlo en el suelo para que jugara cuanto quisiera. Aun no le había puesto nombre, no se le ocurría ninguno que le quedara bien.

Intentó leer un poco el libro sin encuadernar que tenía en su regazo, pero no le apetecía nada. Solo podía pensar en él. Durante días no había logrado sacarlo de su mente.

Su pelo. Su sonrisa. Sus ojos. Su voz. Sus palabras. Su risa. Sus piel. Sus gestos. Su cuerpo. Sus abrazos. Sus labios... Su beso.

Ya no podía pensar en nada más. En ella solo había sitio para Akashi, no podía haber nadie más que él. Había tardado mucho en comprenderlo, había estado debatiendo demasiado con sus sentimientos desde que le conoció.

Pero ya podía admitirlo. No solo le gustaba. Estaba irremediablemente enamorada de Akashi Seijûrô. Había necesitado más de un mes, una cita a traición y un beso para aceptarlo. Estaba enamorada.

Serás mía. Para siempre.

No pudo evitar sonreír, enrojeciendo y encogiéndose un poco al recordar cómo la había besado. Jamás había pensado que un beso podría ser tan increíble, tan fascinante, tan... adictivo. Si su padre no la hubiera llamado en ese momento, justo después de que Akashi se separara de ella, habría buscado sus labios de nuevo en caso de que él no intentara volver a besarla.

Aunque en cierta manera le daba miedo pensar esas cosas, ella no era así. Jamás había conseguido imaginarse besando a un chico sin enrojecer, y mucho menos tomar ella la iniciativa. No era normal que pensara de esa forma. Pero bueno, con Akashi nada era normal.

Sin embargo su padre lo había fastidiado todo al llamarla. Así que allí estaba, a casi setenta y cinco kilómetros de Tokio. ¿Por qué su padre se había mudado tan lejos? Estúpida ciudad de Atami. Encima de no conocer a nadie, se pasaba sola la mayor parte del tiempo y estaba perdiendo clase. Estaba aburridísima. Llevaba desde el domingo en casa de su padre, cuando la había llamado se había tenido que ir a toda prisa dejando a Akashi. Al menos él había sido comprensivo, y había aceptado que se fuera tan rápido. Ya habían pasado cinco días.

De modo que no solo estaba aburrida, sino tremendamente avergonzada. Una cita que estaba saliendo tan bien, y de repente todo se iba al traste por una maldita llamada. Sí, su padre tenía un don de la oportunidad de lo más alucinante.

No había sabido mucho de él esos días. Hablaba con Kise a diario, claro, y él le había dicho que Akashi le mandaba saludos y que esperaba que lo pasara bien con su padre. No había preguntado cuando volvería, ni le había pedido su teléfono. Esperaba que no estuviera enfadado por haberse ido de esa manera.

Le había contado a Kise todo lo que había pasado el domingo, sin dudarlo ni un momento, y sin omitir ni un solo detalle. Pero aun así, sintió que a él no le gustaba hablar del tema. De modo que en cuanto se lo hubo contado no volvió a tocar el asunto. Empezaba a preocuparse por él, estaba un poco raro. Supuso que estaría algo molesto por no haberse despedido de él al irse con su padre. Pero no le gustaba hablar de esas cosas por teléfono, mejor le pediría perdón cuando llegara el domingo a casa otra vez. Quería volver a ver a Kise. Sentía que había algo que estaba haciendo mal, y por nada del mundo quería que algo estuviera mal con él. Tenía que esforzarse más para poder estar juntos más tiempo, y estar mejor.

Suspiró distraídamente mientras cerraba el libro que tenía en las manos, y se acomodó un poco mejor en el sofá al ver a su padre entrar por la puerta del salón. Ni se había dado cuenta de que había llegado.

Se parecía mucho más a su madre, pero mucha gente solía decir que tenía los mismos ojos de su padre, incluso la misma mirada. También sus nombres eran parecidos, el hombre se llamaba Ryûtaro. Sí, había muchos dragones en el lado de su padre. Pero aun así, no tenían nada que ver en el carácter. En realidad a Ryûna le costaba un poco aguantar a su padre.

- ¿Estás bien, Ryû-chan?

- Sí, papá. Solo me pregunto por qué me has hecho venir a pasar la semana contigo y hacerme perder tantos días de clase para estar sola la mayor parte del tiempo. Si mis notas bajan será por tu culpa.

- No seas tan melodramática -Dijo el hombre moviendo un poco la mano, quitándole importancia al asunto-. Ya conoces nuestra tradición, antes de que la editorial publique mis libros tienes que leerlos y decirme qué te parecen.

- No hagas como que te crees que una niña de ocho años entiende un libro sobre política... Solo te seguía la corriente, si te decía que no quería leer te ponías mucho más pesado -Dijo la chica suspirando y cerrando los ojos, mientras estiraba las piernas sobre el reposabrazos y posaba el libro sin encuadernar para poder leerlo con tranquilidad. Por fortuna ya llevaba más de la mitad.

- Te noto muy taciturna -Comentó el hombre con una sonrisa-. Bueno, al menos lo estás leyendo. Cuando termines dile a papá lo mucho que te gusta, y que encantará a todos sus lectores.

- Es increíble que aprecies más la opinión de tu hija adolescente que la de los críticos que sí entienden de lo que hablas -Murmuró Ryûna en respuesta, poniendo gesto cansado. Con eso se acordó de Murasakibara, siempre ponía una cara parecida.

- No todos los adolescentes pueden decir lo mismo de sus padres, deberías apreciarlo.

Si, bueno, solo escuchaba lo que le convenía. A Ryûna le encantaba leer, pero no soportaba a los escritores. Todos los que había conocido le habían parecido unos hombres insoportablemente excéntricos. Y aun así, ninguno superaba a su padre, era tan extravagante que daba dolor de cabeza. Desde siempre había jurado no casarse nunca con un escritor, acabaría volviéndose loca. Pero aun así admitía que su padre era un hombre muy inteligente y comprensivo, aun escribiendo sobre política, ciencias sociales y todas esas cosas.

Por eso pensó que tal vez podría hablarle de Akashi, de todo lo que le había pasado, y lo obsesiva que se estaba volviendo con ese tema. Si había algo que los escritores comprendían mejor que nadie era la obsesión. A lo mejor él podría consejarle qué hacer. Pero luego se lo pensó mejor. Por favor, ¿qué sabía su padre de las relaciones? Él no había mantenido una relación de verdad con nadie en toda su vida, ni siquiera con su madre.

No, mejor que no hablara de Akashi con él. En realidad, comenzaba a asfixiarse ahí dentro, sola con su padre.

- Me aburro -Dijo la chica de pelo blanco cerrando el libro, para después levantarse del sofá y coger al gato, que correteaba jugando por el salón, y posarlo sobre su pecho al comenzar a caminar-. Voy a hacer la cena.

- Está bien, Ryû-chan. Por cierto, si quieres te llevaré a Tokio mañana. No me gusta que te aburras por estar aquí, además no conoces a nadie en la ciudad. No voy a hacer que pases todo el tiempo sola.

- ¿En serio me llevarás a casa? -Preguntó sorprendida, comenzando a emocionarse. Aunque era un poco estúpido, volvería solo con un día de antelación-. ¿Puedo dejar el libro entonces?

- De eso nada, te llevaré solo si acabas de leerlo.

- Ya decía yo que era demasiado bonito... -Dijo apagando un poco su entusiasmo. Pero en cuanto se acordó cogió su móvil y se dirigió a su habitación sin atender a la mirada de su padre.

Cerró la puerta y dejó al gato en la cama, mientras se tumbaba ella también marcando el número de teléfono. Tardó un rato en contestar.

- Ryûcchi, estaba durmiendo... Hoy el entrenamiento ha sido muy fuerte, estoy agotado -Se quejó el chico rubio nada más contestar la llamada, de lo más amodorrado.

- Siento haberte despertado. Solo te llamaba para decirte que ha habido un cambio de planes. No vuelvo el domingo, papá me lleva mañana a casa.

- ¿En serio? Qué raro que tu padre te haya salido con eso.

- Lo sé, a mí también me ha parecido muy extraño. Supongo que ha visto que no me apetecía estar aquí. En realidad me sabe un poco mal por él... Pero bueno, tengo muchas ganas de volver a casa, es como si hubiera estado un mes fuera. Te llamaba para decírtelo. Si por la tarde sales pronto del entrenamiento podríamos dar una vuelta o algo. Aunque bueno, tengo que hablar con Akashi-kun también.

Comenzó a preocuparse al no escuchar ninguna respuesta al otro lado. Aunque cabía la posibilidad de que Kise hubiera vuelto a dormirse mientras ella hablaba, lo veía capaz con lo cansado que debía estar.

- Ryûcchi -Dijo el chico finalmente, con tono serio.

- Dime.

- Cuando vuelvas quiero hablar contigo de algo. Es importante.

- ¿Ha pasado algo malo? -Preguntó Ryûna comenzando a inquietarse al escuchar su manera de hablar.

- No, no te preocupes. Simplemente creo que ya va siendo hora de que hablemos... en serio. No es algo que se deba hablar por teléfono, es mejor en privado.

- Está bien... Llegaré por la tarde, no sé si me dará tiempo a ir a clase. ¿Pero te parece bien que nos veamos en el instituto, al terminar las clases?

- Claro, nos veremos allí. ¿Tienes algo más que contarme?

- No, puedes volver a dormir. Hasta mañana, supermodelo.

- Que duermas bien -Concluyó el chico antes de colgar la llamada.

Ryûna dejó el móvil en la mesilla de noche, sentándose en la cama mientras el gato se subía en sus rodillas. Genial, ya tenía una nueva preocupación, aunque él le dijera que no era nada malo. ¿Qué iba a decirle Kise?

Intentó dejar de pensarlo por esa noche. Cenó con su padre, y procuró irse pronto a la cama. Sabía que iba a tardar mucho en dormirse por la conversación que había tenido con su mejor amigo.

Pero la noche pasó muy deprisa. Su padre estuvo fuera toda la mañana, así que aprovechó para recoger bien sus cosas y las del gato. Había usado las cosas que le había comprado Akashi cuando se lo regaló. Al menos su padre no se tomó muy mal que llevara un animal a su casa, y después de hablar con su madre a ella tampoco le importó que lo tuviera. Total, ella casi ni se pasaba por casa.

Terminó de leer el libro de su padre con impaciencia, tanto por terminarlo de una vez con lo aburrido que le resultaba como por saber que pronto estaría en el instituto para enfrentarse a dos chicos. Y aunque le resultó un tiempo muy largo, su padre llegó pronto y por fin subieron en el coche para volver a Tokio. El viaje duró casi una hora. Pero en cuanto se despidió del hombre, entró en casa para dejar las cosas y poder ponerse el uniforme del instituto. No le parecía bien ir con ropa de calle después de faltar toda una semana, aunque fuera un momento. También cogió una mochila para poder llevarse los libros de los que tendría deberes, se los pediría a alguna de sus amigas, y también que le prestaran los apuntes que habían tomado esa semana. Dejó comida y agua al gato, y salió de casa para caminar hasta el instituto.

Sus amigas la recibieron con alegría, preguntándole un montón de cosas. Por increíble que fuera apenas se centraron en la semana que había estado ausente, sino que le acosaban a preguntas sobre el domingo que había pasado con Akashi. Una de las chicas incluso dijo que temía que hubiera desaparecido por su culpa, haciendo que las demás se rieran. Aunque a ella no le hizo mucha gracia, y no contestó a nada. Hablaría de eso en otro momento, tenía cosas más importantes que hacer. De modo que en cuanto terminó de reunir los apuntes y los deberes se excusó y dejó a las chicas, que se iban a casa o a sus respectivas actividades.

- ¡Ryôta! -Exclamó emocionada en cuanto vio al chico rubio en el pasillo, haciendo que se girara hacia ella, sonriendo y acercándose rápido.

- Por fin has vuelto, ha sido una semana muy aburrida -Dijo él al reunirse frente a uno de los ventanales del pasillo. No se abrazaron ni nada, por fin acordaron que era mejor no hacer esas cosas en el instituto. Aunque Ryûna se moría de ganas por sentirlo junto a ella de nuevo, después de tantos días-. ¿Vamos a hablar a un sitio tranquilo?

- Claro -Sonrió Ryûna, intentando ocultar su nerviosismo. Sí que lo notaba raro, aunque estuviera actuando con normalidad. Ojalá no fuera a decirle algo malo.

Decidieron ir a las escaleras de emergencia. Se aseguraron de que no pasara nadie por allí, y cerraron la puerta aunque fuera transparente. La chica se apoyó en la pared con las manos en la espalda, pero Kise comenzó a caminar dando vueltas en el reducido hueco de la escalera. Se acercó a ella varias veces, dejando ver que estaba nervioso.

Ryûna no lo sabía, pero a él estaba a punto de estallarle la cabeza. Estaba seguro de que quería hacerlo, pero un así había algo que le frenaba.

- Ryûcchi, yo... -Comenzó a decir agarrándola de la mano, volviendo a mirarla a los ojos.

Pero se detuvo cuando observó su mirada. En sus ojos pálidos había un afecto incalculable por él, y también preocupación por lo que fuera a decirle. El hermoso gris pálido se acentuaba con la luz del atardecer. Era como si reflejaran el Sol con toda la ternura que le brindaba solo con una mirada. Supo de inmediato que no podía ser. No como él quería que fuera, por mucho que ella lo hubiera comentado alguna vez.

Debería haberme enamorado de ti, y tú de mí.

Ojalá pudiera ser así de fácil. Pero él ya lo sabía, y siempre lo había dicho. Al final sería malo para los dos. La amistad y el amor no siempre pueden caminar de la mano. Así de simple. No podía retenerla siempre a su lado, no sería justo.

Aun agarraba su mano. Se acercó un poco más a ella, retirándole con suavidad un mechón de su brillante pelo blanco detrás de la oreja, mientras Ryûna lo observaba intentando estar en calma. Pero Kise la tranquilizó sonriendo alegre.

- Yo... sentía que debía contarte una cosa -Susurró soltando su mano, para caminar un poco-. El día que te desmayaste por la fiebre te despertabas por momentos, pero te volvías a dormir enseguida. Y en esos momentos a veces hablabas. Decías cosas que tal vez yo no debía escuchar. Entre esas cosas dijiste algo que creí que era mejor esconderte. Si recordabas que habías dicho eso empezarías a pensar demasiado en el asunto y te sentirías muy mal.

- ¿Qué te dije ese día? -Preguntó la chica en un susurro, con la respiración entrecortada.

- Que estabas enamorada de Akashicchi.

La sorpresa de Ryûna precedió al rubor de sus mejillas mientras desviaba la mirada avergonzada. Sabía que no iba a enfadarse con él por no habérselo dicho, pero aun así quería aclarar las cosas entre ellos.

Podía hacerlo. Podía decirle en ese momento cuanto la quería. Podrían estar juntos y ser felices. Incluso se lo había dicho, sacaba lo mejor de ella. Pero no iba a hacerlo.

- Ryûcchi, una parte de mí me pide que te detenga. Que haga que tus sentimientos por él desaparezcan. Pero no puedo hacerte algo así -Susurró con una débil sonrisa, cerrando los ojos por un instante para luego volver a mirarla fijamente. Sabía que así podría reconfortarla-. Ya me he hecho a la idea, y a lo mejor no es la decisión adecuada... Pero yo solo quiero que seas feliz. Y si para eso tienes que estar junto a un chico, junto a Akashicchi... yo me alegraré por ti.

La chica sonrió con tristeza, sintiéndose mal de repente. No entendía muy bien a qué venía eso, pero lo que le importaba era que Kise no estuviera mal con ella. Se acercó a él y lo abrazó con fuerza, apoyándos en el hueco de su hombro. En ese momento no era Akashi quien importaba. Era él. Su mejor amigo.

- Me has montado un buena... Estaba muy preocupada.

- Sí, sé que he exagerado un poco... Seguro que te has comido la cabeza pensando que estaba enfadado contigo, o algo por el estilo -Comentó con una pequeña risa, correspondiendo a su abrazo.

- Pues sí... Pero es que me hablaste tan serio anoche que sentí miedo. ¿Está todo bien entre nosotros?

- No tienes que dudarlo.

- Gracias -Susurró sonriendo, alzando la cabeza con la mirada vidriosa al separarse un poco de él.

- Nada de gracias, Ryûcchi. Eres mi mejor amiga -Dijo sonriéndole con calidez, acariciando su mejilla suavemente-. Bueno... estás tardando mucho.

- ¿En qué?

- En querer ir a ver a Akashicchi.

- Ya... -Susurró con la voz entrecortada, bajando la mirada enrojeciendo un poco.

Kise supo interpretar de inmediato su gesto. Claro que quería ir a ver a Akashi, se moria de ganas. Pero no estaba segura de querer dejarle para ir junto a él.

Se sintió un poco mal al reconocer que le gustaba saber que le importaba tanto. Aun si quería a Akashi, en ese momento él estaba primero. Con eso ya le bastaba. Si inclinó un poco, y la besó en la frente con cariño.

- No pasa nada si quieres ir con él, ya te lo he dicho. Mientras no me dejes de lado para siempre aceptaré que vayas.

- Sabes que yo nunca haría eso -Dijo ella mirándolo a los ojos con tristeza porque dijera esas cosas-. Siempre has sido lo más importante para mí, no voy a dejar que cambie nada.

- Con eso es suficiente -Sonrió Kise más animado, apartándose de ella-. Vamos, ve.

Ryûna se lo pensó por un momento, pero finalmente le sonrió agradecida. Le acarició un poco el hombro al comenzar a caminar, y luego abrió la puerta para ir al pasillo.

- Te veré luego -Dijo con una suave sonrisa.

- Para que me lo cuentes todo. Sin omitir detalle.

La chica asintió empezando a alegrarse, y por fin salió de las escaleras. Ya sabía donde estaría Akashi en ese momento. Al ver la puerta de la clase donde siempre jugaba al shôgi se sintió algo nerviosa, pero se decidió a entrar. Había visto a Midorima en el patio hablando con unos chicos, así que aun tardaría un rato en ir. Pero en cuanto entró, cerró la puerta por dentro. Solo faltaba que la interrumpiera hablando de algo tan delicado con Akashi.

Pensó que al girarse vería sus increíbles ojos rojos, como siempre que había ido allí. Pero no fue así. El chico de pelo rojo estaba sentado en una de las sillas frente al tablero, pero de brazos cruzados y con la cabeza algo baja. Estaba durmiendo... Nunca lo había visto así. Aunque fuera algo tan simple le pareció increíble.

Se sonrojó al fijarse en que aun llevaba el coletero que le había quitado el domingo al deshacerle las coletas puesto en la muñeca. Era un detalle sin importancia, pero incluso con eso no hacía más que aumentar su atractivo. No pudo explicar por qué quiso hacerlo. Pero sin más se acercó a él, y se agachó un poco para juntar lentamente sus rostros. Jamás se hubiera atrevido a hacer eso con nadie. Pero era él. Necesitaba besarle después de haber sido interrumpidos esa tarde.

- A eso se le llama hacer trampas -Dijo una suave voz justo antes de que sus labios se rozaran.

Ryûna se echó hacia atrás rápidamente, enrojeciendo de inmediato al ser descubierta. Vio la sonrisa divertida de Akashi cuando este alzaba la mirada, consiguiendo avergonzarla aun más.

- No estabas dormido... -Susurró en voz baja, intentando no mirarlo a los ojos.

- Me apetecía saber qué harías si vieras que yo no podría saberlo. No te diste cuenta de que te vi al abrir la puerta.

- ya... -Dijo sin más intentando olvidar ese embarazoso momento, apoyándose en la mesa como si fuera a sentarse. Así no le miraba a los ojos, pero tampoco se atrevía.

Akashi la observó durante unos instantes, hasta que finalmente se levantó y comenzó a caminar por la clase, jugueteando distraídamente con una pieza del shôgien su mano.

- Me alegra que hayas vuelto. Me preocupaste cuando recibiste esa llamada de tu padre y te fuiste tan deprisa. ¿Le había pasado algo?

- No, él está bien. Solo quería que estuviera con él unos días -Le parecía contraproducente hablar de su padre cuando iba a verle por otra cosa-. Akashi-kun, yo... quería hablar contigo.

- Lo imaginaba.

Ya no había vuelta atrás. Estaba ahí para decirle que le quería. Porque era la verdad. A él le gustaba ella, ya se lo había demostrado. Y quería estar con él.

Pero ante todo quería oírlo de sus labios, quería que se lo dijera claramente. Así que no iba a dudar.

- El domingo, cuando me besaste... Con todo eso que me dijiste después... ¿era tu forma de declararte? Quiero decir, ¿intentabas pedirme que estuviéramos juntos?

- ¿Tantas vueltas tienes que darle? Dije que te haría mía. Normalmente eres muy inteligente, Ryûna. Pero me estoy dando cuenta de que en estos temas piensas de una forma muy extraña -Dijo el chico con una suave sonrisa.

- Tú siempre logras confundirme con tus palabras. Cuando hablo contigo luego no puedo pensar con claridad, no soy capaz de sacarte de mi cabeza, y siempre consigues que vaya por donde tú quieres.

Eso pareció llamar aun más la atención de Akashi. Se cruzó de brazos, y se acercó un poco a ella.

- ¿Tanto poder tengo sobre ti?

- Más del que te imaginas. Por eso... necesito saberlo. Quiero saber que esto no es un juego para ti, que no me he hecho ilusiones para nada -Dijo bajando la cabeza, pero luego decidiéndose a alzar la mirada hasta sus ojos dispares-. Akashi-kun, tú... ¿me quieres?

El chico de pelo rojo no pareció sorprenderse por la pregunta. Ya sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, estaba preparado. Se acercó a ella lentamente arrinconándola aun más contra la mesa, posando una mano en su cintura.

- Sí -Contestó en un suave susurro, apoyando su prente sobre la se la chica para mirarla aun más fijamente-. Ya te lo he dicho. Quiero que seas mía. Tengo que ser el único para ti.

Ryûna enrojeció un poco, pero sonrió suavemente, realmente aliviada. La quería. Akashi también la quería, quería estar con ella.

Olvidó su vergüenza, y se apoyó en su pecho posando las manos en sus brazos. Quería estar así con él. Quería sentir su calor en ella, sentirlo bajo su piel. Quería ser solo suya.

- Yo también. Quiero... quiero estar contigo.

Akashi sonrió con tranquilidad, separándose un poco para hacer que alzara la cabeza para mirarla a los ojos.

- No tienes que pedírmelo -Dijo en voz baja, acariciando su mejilla-. Si me quieres, ya me tienes. Tendrás de mí todo lo que quieras.

La chica sonrió con suavidad, siendo correspondida. Aun con su seriedad habitual, las cosas que decía Akashi eran fascinantes. Sentía que le prometería la Luna en cualquier momento. Y tal vez la conseguiría. Pero en ese momento solo quería una cosa de él, mucho más valiosa que mil lunas. Y no tenía que pedirlo. Era suyo.

Se puso de puntillas, y agarró el cuello de su camisa con algo de fuerza para mostrarle lo que deseaba. Aunque él ya pensaba hacerlo de todos modos. Se inclinó hacia ella para besarla al instante. Sus labios volvieron a unirse después de una semana. Había sido una eternidad. Pero ya nada más importaba. Estaban juntos, y todo estaba bien.

No sabían que alguien más había escuchado su conversación al otro lado de la puerta, fuera de la clase.

Kise se apoyó junto a la puerta con una sonrisa triste, bajando la cabeza mientras se limpiaba una pequeña lágrima. Era lo mejor para los dos, pero aun así dolía. Dolía muchísimo saber que tarde o temprano la iba a perder.

Ya comenzaba a ver como se alejaba de su lado. Pero todo fuera por su felicidad. Aun así, quería decirlo en voz alta. Aunque fuera solo una vez, aunque nadie lo escuchara. Ya llevaba demasiado tiempo escondiéndolo.

- ...Te quiero, Ryûcchi.

Siempre la iba a querer.

FIN


Bueno... se acabó lo que se daba.

Pero antes de nada, debéis saber que este no es el final, las cosas no van a quedar así xD Como dije en el resumen de la historia, esta es la presentación. Ahora vendrá la otra historia, que ya es en la actualidad de Kuroko No basket. Espero que la leáis cuando la escriba, y que os guste. O que no os disguste demasiado xDD

Quiero dar las gracias a Lovelygirl84, Laura Excla, Byakuku, Katze02anime, Zyeena, Anieh07, Yuyies, Chesirebear, y a todas esas personas que han leído mis historia y han compartido su opinión conmigo. Me ha encantado compartir esto con vosotras, y espero que Ryûna os siga gustando en su segunda historia ^^

Bueno, sin más os dejo.

¡Gracias por leer!


La segunda historia se llama Salvando el Milagro, y el primer capítulo ya está en Fanfiction.