Capítulo 3 "Un mal comienzo"
La cena se dio entre murmullos y con miradas poco disimuladas hacia el par sensación. Albus ignoró lo mejor que pudo la situación, Ian simplemente no se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Lo único bueno de la noche había sido que un par de chicos se habían acercado a ellos para conversar.
Una vez todos hubieran terminado de cenar, la directora dio la instrucción de irse a sus salas comunes. En esos momentos Albus e Ian seguían a los perfectos junto a los demás chicos de primero. Después de unos cuentos pasillos llegaron frente a un bonito retrato. Era un bello paisaje que tal parecía cambiaba sus tonos dependiendo de la estación en la estaban, en la pintura, algo escondidos, se podían ver dos elfos, aquellos que se habían perdido tanto para el mundo humano como el mágico.
- "Magnificencia" - los Elfos al interior del cuadro asintieron conformes, luego el retrato se desplazó a un costado – Esa es la contraseña, recuérdenla. Estén atentos porque cada dos semanas se cambia, así que estén pendientes al tablón de anuncios de la sala común – el perfecto ingresó seguido del resto de los chicos.
Caminaron por el oscuro corredor hasta llegar a una elegante estancia, La Sala Común. Los colores ver y plata repartidos por el sector entregaban cierto aire sofisticado al ambiente, la chimenea se encontraba encendida, lo que le otorgaba calidez al lugar, frente a ésta había un conjunto de sillones de cuero negro, no siendo los únicos en la sala, pero si los más llamativos. Algunos chicos se acercaron con verdadera emoción a una sutil ventana que daba justo a las profundidades del lago, pero desilusionados no pudieron ver nada.
- Por éste corredor se encuentran los dormitorios, hay una bifurcación unos metros más allá, el lado derecho es el sector de las chicas, los niños tienen prohibido bajo cualquier excusa ir donde las niñas, el lado izquierdo es el de los varones. Las habitaciones son de cuatro miembros, en la puerta encontraran la placa con los integrantes de cada una. Sus cosas ya fueron dejadas, y ahora; a dormir.
Emocionados, todos fueron en búsqueda de la habitación que les correspondía. Albus miró los nombres algo retirado del grupo, seguía sin sentirse del todo cómodo, era verdad que ninguno de los chicos de primero le había mirado mal o dicho alguna cosa mala, pero seguía sintiéndose fuera de lugar. Ian, por el contario, era uno de los más cercanos, miraba los nombres divertido.
- He Albus, encontré tu nombre – le llamó, estaba dos puertas más allá de donde estaba leyendo. Se acercó con rapidez ignorando la miradas que le lanzaron – mira… - habló cuando llegó junto a él – estamos juntos… con Malfoy y Parkinson… - Albus evitó hacer una mueca.
- Creo que sería mejor que entraran… - la voz de alguien los sobresaltó. Se giraron a ver quien les había hablado, encontrándose con sus compañeros de cuarto.
- ¡Claro! – sin esperar Ian abrió la puerta – wow… linda – fue su comentario, Albus ingresó tras su amigo. El lugar era bastante espacioso, entregaba la comodidad de que cayeran cuatro camas junto a cuatro escritorios de manera perfecta. A los pies de cada cama había ya un baúl colocado. Albus tuvo que admitir que el lugar era bastante agradable. Los tres chicos se acercaron a un baúl diferente, tratando de encontrar el suyo.
- Potter… aquí está el tuyo – se sobresaltó, estaba distraído mirando el cuarto.
- Eh, gracias – se acercó al lugar que el rubio le indicaba, le había tocado la cama apoyada en la pared, la más lejana al baño y la puerta de salida.
- Son muy cómodas – escucharon la exclamación de Ian quien ya se había lanzado contra la cama.
- Con todo el respeto que mereces O'Conner – Parkinson se había ganado a su lado. Albus miró atento todo, temiendo que pudieran atacar al otro niño – No chilles aquí adentro.
- Yo no chillo – habló indignado.
- Gritar, chillar, hacer exclamaciones en voz alta… todo eso puedes hacerlo fuera, aquí dentro debes estar calma, nada de azúcar – razonó el pelinegro, a Albus le dieron ganas de reír ante el tono empleado.
- Te pareces a mi hermano.
- Creo saber entonces porque estas en Slytherin… - comenzó con voz divertida – Tu hermano le rogó al sombrero que te mandara lejos de él.
- ¡Brian no haría algo como eso! – exclamó supuestamente dolido, Albus no aguantando más y rió divertido, los tres chicos le miraron brevemente, pero no dijeron nada.
- Hablando de forma seria… - tomó la palabra Scorpius – no estamos interesados en peleas ni nada por el estilo Potter. Aunque no te guste, somos miembros de una misma casa…
- ¿Por qué dices que a Albus no le gusta estar aquí?
- Por que ha estado a la defensiva todo este tiempo, O'Conner.
- Oh….
- Lo lamento – se expresó algo incomodo Albus, nunca espero que sus movimientos fueran tan analizados.
- Creemos entender el porqué… nadie de primero te hará nada… no podemos decir lo mismo de los demás grados. Pero dudo mucho que sea grave, después de todo, no les conviene perder puntos por agredir a sus propios miembros – Albus asintió ante las palabras del moreno.
- Bien, es hora de dormir.
- ¡Yo quería explorar el lugar! – chilló Ian.
- O'Conner… sin gritar – le regañó Parkinson. Después de eso todos se alistaron y se fueron a dormir sin emitir palabra.
Un molesto ruido venido del exterior le impidió seguir durmiendo, se giró en busca de una nueva posición, pero aquel ruido permanecía en el ambiente, en medio de su inconciencia no evitó pensar que era alguna clase de animal moribundo. Atrajo las mantas aun más para poder cubrirse.
- ¡O'Conner deja de cantar!
Albus se levantó sobresaltado por el grito, parpadeo un par de veces antes de notar que pequeños rayos de luz se filtraban por sus doseles. Bostezo y luego procedió a correr las cortinas. La habitación estaba vagamente iluminada. Las habitaciones del Slytherin al encontrarse en las mazmorras carecían de alguna ventana, era por ello que las antorchas en el techo cumplían la función del ciclo solar, iluminando a medida que el sol avanzaba en el cielo, sumado además que en uno de los extremos había una ventana falsa que daba una imagen al exterior, permitiéndoles ver el clima que había afuera.
- ¡Pero si es un hermoso día! – la voz indignada de Ian le regresó a la realidad, le buscó con la vista hasta que vio la puerta del baño abierta. Tal parecía que era el único que aún estaba en su cama. Vio salir del baño a Parkinson, quien venía con el entrecejo fruncido.
- Potter – le saludo de un cabeceo cuando le vio despierto – te recomiendo levantar.
- Gracias – sin decir más palabras el moreno salió de la habitación.
- ¡Albus! ¡Buenos días! – el alegre saludo de Ian le hizo sobresaltar. El chico podía ser muy rápido cuando lo deseaba y casi en un abrir y cerrar de ojos estaba a su lado, perfectamente vestido.
- Buenos días Ian – con algo de pereza de puso de pie, su cuerpo aún estaba acostumbrado al relajado horario de verano.
- Vamos Albus, tengo hambre y el rubito hace más de una hora que está levantado.
- ¿Rubito? – rió ante el apelativo, removió su baúl en busca de su uniforme, encontrándolo impecablemente doblado y ya con los bordados de Slytherin.
- Sabes, en Salem no hay esto de las casas, o eso creo… nunca vi a mi hermano mayor hablar sobre eso.
- ¿Tienes un hermano mayor?
- ¡Claro! Pero el salió el año pasado de Salem, ahora va a tomar el curso de medimagia aquí en Inglaterra.
- Oh, qué bien – dijo sin saber que otra cosa decir.
- Bueno, me voy a la sala común, te espero allá.
- De acuerdo.
Vio como Ian salía con una sonrisa del lugar. No pudo evitar el sentimiento de envidia que surgió en su pecho al verle tan feliz, de por si no era alguien muy dado al dialogo, pero además tenía que sumarle estar en una casa en la cual sentía que no calzaba. Ian por otro lado no parecía tener problema alguno de el cómo tratar con la gente y parecía importarle poco ser el Slytherin más raro de la historia. Decidió restarle importancia al asunto, había sido su decisión ir a parar a ese lugar, no podía estar quejándose eternamente. Se dirigió al baño dispuesto a tomar una ducha y vestirse.
Malfoy, por otro lado, se había levantado temprano, en su casa siempre habían tenido un horario bien definido y por ello no le había costado tanto el levantar como a sus compañeros de cuarto. Su abuelo podía ser muy estricto en esos temas, pero su padre en cambio, siempre le dejaba dormir un poco más cuando se lo pedía. Sonrió ante el pensamiento, lo más probable es que en su hogar estuvieran muy conformes con la casa en la que había quedado, especialmente su abuelo. Su padre le había indicado que al fin y al cabo ninguna era mejor que la otra y que grandes personas habían salido de las diferentes casas. Su abuelo le había mirado mal durante todo el día después de eso.
Ahora mismo se encontraba en uno de los sillones de la sala común en espera de Parkinson quien se había retrasado porque Ian le había ganado el baño al reaccionar de manera más rápida. A su lado estaba Zabini bostezaba de cuando en vez, tal parecía que no acostumbraba a levantarse temprano. Sus pensamientos se interrumpieron al ver a Isaac aparecer con el entrecejo fruncido.
- Buenos días Isaac – le saludó Edward una vez llegara a su lado.
- Buenos días Ed… ¿nos vamos?
- Vamos – los tres chicos salieron de la sala común.
- ¿Cómo les fue con sus compañeros? – por el momento Zabini era el más alto de los tres jóvenes. Malfoy se encogió de hombros restándole importancia, Isaac decidió contestar.
- Bien… Potter es más silencioso que un Thestrals… todo lo contrario a O'Conner, creo que es hijo de una Bashe – Edward rió ante eso.
- A mi me resulta simpático.
- Simpático lo que quieras… pero no se calla, ¿entiendes? Es como si tuvieras una maldita campana en el oído.
- Debe ser por la emoción. Uno de los chicos de mi cuarto los vio en la estación, me contó que sus padres son de América, así que deben ser los primeros de su familia en venir a Hogwarts.
- Según vi su gemelo es más silencioso y también es la primera vez que viene.
- Oh, cierto… no puedo creer que lo mandaran a Slytherin, su hermano tiene más cara de estar en nuestra casa que él mismo.
- Eso nunca lo sabremos – habló Scorpius – llegamos.
- Bien, quiero saber cual será nuestra primera clase.
Ian y Albus llegaron un poco después al gran comedor. El gemelo O'Conner, feliz y quitado de la pena, se acercó a la mesa de Gryffindor cuando vio a su hermano ya tomando el desayuno. Muchos de la casa de los leones le miraron raro y otros le ignoraron. Albus se quedo a medio camino, ninguno de sus familiares estaba en la mesa a esa hora, por lo que ir allí sería un suicidio. Le dio un simple cabeceo en forma de saludo a Brian para luego dirigirse a su mesa y sentarse en el mismo rincón que había usado la noche anterior. Acomodado sustrajo un par de tostadas, que estaban frente a él, para luego colocarles un poco de mermelada.
- ¿Lo puedes creer? Le pregunte a Brian si acaso era verdad que le había pedido al sombrero dejarme lejos de él – Ian se sentó a su lado con poca o nada de sutileza - ¿y sabes lo que me dijo?
- Eh… ¿qué si?
- No… o sea, si… bueno, me dijo que no lo había pedido, pero que no se quejaba del resultado… ¡Mi hermano! ¡Sangre de mi sangre!, se alegra de tenerme lejos – exclamó de forma dramática. Albus rió ante el exagerado teatro que formaba su compañero.
- Te lo dije O'Conner… tu hiperactividad puede causar eso – la voz de alguien frente a ellos les hizo sobresaltar. Albus iba a protestar por lo dicho, pero luego se percató que las palabras no eran dichas con aversión, sino con aquella burla de camarería, el mismo tono de voz que usaba James para embromarlo.
- Au, Parkinson, creo que tenías razón. ¿Me adoptarías como tu hermano?
- ¿Estás loco?
- Supondré que eso es un no… - se encogió de hombros.
- Tengan, aquí están sus horarios, los dejaron antes que llegaran.
- Gracias – Albus tomó el suyo. Su primera hora era de encantamientos con Gryffindor, tal parecía que podría ver a su prima.
- Oja, veré a mi adorado hermanito a la primera hora – Parkinson se encogió de hombros y sin decir más se regresó con su grupo; que estaba un poco más allá. Unos diez minutos después, donde Ian y Albus conversaron de cualquier cosa, vieron llegar al resto de la casa de Gryffindor, incluyendo a sus primos y hermano, el último le lanzó una mirada evaluadora, Albus le sonrió para calmarlo - ¿estás preocupado?
- Eh… - Albus se giró a ver al chico quien, por extraño que pareciera, le miraba con seriedad.
- Bueno, ahora que lo pienso, no te lo he preguntado pero… ¿eres hijo de Harry Potter? – Albus alzó las cejas con expresión interrogante.
- Si… pensé que lo sabías después de ayer.
- Quería confirmarlo, ya sabes, tu padre es famoso no sólo aquí, sino que para todo el mundo mágico… No es como si eso importara ahora, para nada, pero por lo que veo a algunos sí que les importa - posó su vista en el Gran comedor, varios le lanzaban miradas mal disimuladas al menor de los Potter.
- Papá dijo que muchos tienen imágenes muy idealizadas de nosotros… el que yo terminara en ésta casa rompe muchas de ellas…. Supongo que para muchos soy una clase de traidor.
- ¿Traidor? ¿No crees que estas exagerando?
- Eso quisiera… pero luego lo entenderás.
- ¿Hay algo malo el que terminarás aquí?
- Es difícil hablar de eso ahora… pero muchas familias de chicos de Slytherin se vieron… perjudicados después de la guerra, culpan a mi padre de eso y por ende también a mis hermanos y a mí.
- Oh, creo entender… después me contaras eso a mejor detalle.
- Prefiero no hacerlo – se encogió de hombros – mi Papá dice que no debo hacerme un auto concepto de los demás por las historias de sus familias, si te cuento lo que se, terminarías dejándote llevar por eso… quiero darles el beneficio de la duda a todos y que ellos me lo den a mí.
- Okey, pero ¿puedo hacerte una pregunta Albus? – el chico asintió - ¿de verdad tienes 11? – Potter alzó la ceja y le miró con duda.
- eh… si, ¿por qué la pregunta?
- Porque te oyes como alguien mucho mayor – se encogió de hombros – no es que me moleste, pero es raro… por lo general uno no se preocupa de esas cosas.
- Supongo que soy diferente – ninguno de los dos emitió palabra después de eso.
Una carcajada venida de la mesa de Gryffindor disipó la atmosfera de tensión en el Gran Comedor. James y Fred reían de manera escandalosa. Albus sonrió ante eso, no había pasado ni un solo día y extrañaba a horrores estar con su hermano y Papá, al menos podía decir que su estancia no había sido horrible, y el tener al gemelo O'Conner a su lado le ayudaba a disipar un poco la soledad que le rodeaba. Una exclamación de alegría le indicó que la correspondencia estaba llegando. Entre el mar de lechuzas pudo divisar la de su Padre. Era un hermoso ejemplar blanco con manchas negras, muy similar a una lechuza que había tenido en el colegio, según le dijo su tío Ron. Glen; que era el nombre de la lechuza, se detuvo frente a su hermano depositando sobre su cabeza una carta, para luego alzar el vuelo e ir donde él. Glen siempre había sido un poco quisquillosos con ellos, pero como Albus le trataba mucho mejor que sus hermanos le tenía más cariño, así que a diferencia de James la suya fue depositada frente a él.
- Gracias Glen – le extendió un trozo de galleta la cual fue aceptada con alegría. Sin esperar más la lechuza alzó el vuelo.
- ¡Jojo! Mis padres ya me escribieron… - habló feliz Ian quien despedía con una caricia a una bonita lechuza marrón. Albus sólo le sonrió, miró su propia carta con cierta duda y ansiedad, cuando estaba por abrirla una nueva lechuza se posó frente a él, una que no conocía de nada. La lechuza le dejó, sobre su plato de tostadas, un sobre rojo para luego irse sin pedir o recibir nada. Al ver la carta Albus hizo un gesto de dolor - ¿Un vociferador? – Ian le observó casi aterrado. La carta ni siquiera esperó a que Albus la abriera para entregar el mensaje.
- ALBUS SEVERUS POTTER – el impresionante grito emergido de la carta hizo a más de uno saltar de su asiento, toda la casa de Slytherin miraba al chico de primero con ojos evaluativos. Las demás casas con curiosidad. James le lanzó una mirada de pánico a su pequeño hermano, esa había sido claramente la voz de su madre, nunca había esperado que hiciera semejante cosa. ¡Iba a avergonzar a Albus frente a todo el Gran comedor y quizás a quitarle el poco de respeto que pudiera tenerle la casa verde con eso! – ¿CÓMO SE TE OCURRRE TERMINAR EN SEMEJANTE CASA? ¿ACASO QUIERES ARRUINAR EL NOMBRE DE TU FAMILIA? ERES, SIN DUDA, UNA DESONRA PARA LOS POTTER WEASLEY, TUS ABUELOS Y TÍOS ESTÁN EXTREMADAMENTE DECEPCIONADOS POR ESTO AL IGUAL QUE YO. ESPERO QUE AL MENOS NO TE JUNTES CON AQUELLAS ALIMAÑAS… HABLARÉ CON LA DIRECTORA PARA QUE TE CAMBIE DE CASA, MIENTRAS, NO HAGAS NADA QUE AVERGUENZE MÁS A TU FAMILIA –terminado el mensaje, la carta procedió a autodestruirse. Albus tenía la cara blanca, sabía que su madre no actuaría de la mejor forma cuando se enterara, pero nunca esperó que hiciera algo como aquello. Si quería que algún Slytherin no le juzgara y le aceptara, esa oportunidad acaba de perderse por el reciente acontecimiento.
- Vaya Potter, tal parece que resultaste ser una vergüenza para tu familia – el comentario desdeñoso fue emitido desde su propia casa, bajó la vista avergonzado – después de todo, estás entre alimañas.
- Lamento eso – rojo como un tomate, trató de esconder su cara de entre su cabello, pero el intento era inútil.
- Debe ser vergonzoso que el hijo del Héroe del mundo mágico termine en la casa de donde salió el señor tenebroso – burló otro.
- Tengan cuidado, que quizás Potter sea el próximo mago Oscuro – las risas inundaron la mesa, al menos era un consuelo que fueran pocos los participantes de ellas.
Con absoluto pesar tomó la carta de su padre, ahora no le quedaba dudas que ésta era sólo de él, y a paso rápido salió del gran comedor con cientos de miradas sobre él. James no demoró ni un segundo en seguirle, mandándole una mirada furioso a los chicos que habían molestado a su hermano. Fred y Rose le siguieron poco después.
Ian miró todo evaluadoramente, ahora creía entender un poco más las cosas, suspiró con pesar por su amigo, él no merecía eso, Albus parecía ser alguien muy bueno, demasiado blando para esta clase de ambiente. Recorrió con la vista su mesa, una expresión de disconformidad se formó en su rostro al ver las diferentes expresiones de los mayores, la mayoría molestos por el episodio. Ahora sabía que; de haber quedado solo en ésta casa, Albus hubiera sido completamente aislado. Agradecía haber tomado esa decisión, o mejor dicho, estaba alegre de haber tomado la oferta del sombrero, ahora entendía un poco más sus palabras. Detectó miradas de comprensión de algunos chicos, principalmente de tercero y segundo, al menos ellos no serian un problema. Los de cuarto y quinto no decían mucho, pero los de sexto y séptimo eran otro cantar, la mala leche se notaba a distancia. Por otro lado los de primero tenían una expresión indescifrable, al menos las cosas no estaban completamente pérdidas.
Albus caminó por los solitarios pasillos de manera distraída, las palabras de su madre aun retumbaban en su cabeza, los comentarios desdeñosos hacían eco en su mente. Las cosas serían mucho, mucho más difíciles. Tomó asiento en uno de los marcos de una de las ventanas del pasillo.
James, preocupado, había salido tras su hermano, un sentimiento de rechazo se había formado contra su madre, no tenía ningún derecho a hacerle algo así a su hermano, entendía cuando le mandaba algún vociferador porque había hecho alguna travesura, pero su hermano no había hecho nada, aparte de tratar de velar por la felicidad de Papá. Puede que la casa de Slytherin fuera de su hermano, pero aquellos que habían ofendido a Albus recibirían su merecido por parte suya y de su primo. Encontró a su hermano mirando por la ventana de uno de los pasillos.
- Albus – el mencionado se giró a ver a quien le llamaba.
- James yo… yo no…- pero las palabas se atoraron en su garganta. Sin decir nada el mayor de los Potter envolvió en un abraso a su hermano, ante tal acción de afecto y protección el menor se puso a llorar.
- Tranquilo Al, yo estoy aquí… - con cariño acarició sus cabellos, una acción que no realizaba desde que había pensado que aquellas demostraciones de afecto eran vergonzosas para alguien de su edad, pero ahora su hermano las necesitaba y él no dudaría en dárselas. Fred y Rose se quedaron al margen al ver la escena, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pero cada uno sintiéndose preocupado y al mismo tiempo admirado por su primo, quien por amor a su padre iba a sufrir esas cosas y más. Querían mucho a su tía Ginny, pero lo que había hecho era horrible y ellos, por triste que pareciera, no podían perdonárselo - ¿quieres que vayamos a dar una vuelta? – preguntó cuando lo sintió más tranquilo, Albus negó.
- Tengo que ir a clases…
- Pero…
- Sabíamos que algo así pasaría James… - hizo una mueca – no esperé que llegara a este extremo, pero quizás sea lo mejor.
- Yo se lo contaré a mamá para que se lo diga a tío Harry… dudo mucho que él sepa de esto.
- No creo que papá deba saber lo vociferador… - comenzó con duda.
- No Albus… - negó su hermano – Papá debe saberlo, madre se ha excedido.
- Pero…
- Hey Albus… es tu plan, ¿recuerdas? Habrá sido inútil que fueras a Slytherin si no cumplirás con él.
- Pero papá se preocupará mucho.
- Lo sé, pero… eso es necesario.
- Está bien – suspiró cansado.
- Potter – los cuatro chicos se sobresaltaron ante la voz intrusa, con rapidez se giraron a ver quien estaba cerca de ellos. Para sorpresa de todos, Ian venía acompañado por Malfoy y sus amigos, cada uno con una expresión de duda.
- ¡Albus, es hora de nuestra clase! – Ian habló de manera animada como de costumbre.
- Voy… - se giró a ver a sus familiares – nos vemos después.
- Está bien… - James guardó silencio, evaluando a las cuatro serpientes frente a él ¿habrían escuchado algo? Tal parecía que no. Los primeros en comenzar a caminar fueron Malfoy y sus dos amigos, Ian le esperó hasta que estuvo a su lado para seguirlos.
- ¿Estás bien? – oyó la pregunta del gemelo, Albus solo asintió.
Harry era muy bueno en lo que hacía, contrario a lo que muchos pensaban, su puesto no fue dado por pleitesía del ministerio. La opción había sido dada, pero no aceptada. El anterior Jefe de Aurores; temeroso de perder su puesto, había sido el doble de exigente con el niño que vivió. Pero Harry amaba su trabajo, los acontecimientos de la guerra le habían impedido pensar en otra cosa que no fuera tener la emoción de perseguir a los malos. Fue casi diez años de trabajo como auror de campo que le dieron la opción de ser el jefe de Aurores. Su superior se había retirado y él mismo le había recomendado, el chico había abolido sus pensamientos negativos con respecto a su persona, logrando que se ganara su respeto. Pero Harry no quería ataduras, solo tranquilidad, su negativa ante el puesto no fue aceptada, no quedándole más opción que aceptar. Llevaba cerca de 6 años con el cargo y era respetado por todo su departamento.
Los aurores siempre habían estado acostumbrados a sus tratos amables y las sonrisas de confianza que el hombre tenía para todos. Pero hace mucho tiempo que todos sabían que las cosas para su jefe no iban bien, aunque no sabía que tema era exactamente el que acontecía para tenerle así. Las sonrisas casi habían desaparecido y la expresión de cansancio era común de ver en sus facciones. Pensaron que ya nada peor podía pasarle a su jefe, pero al verle con el ceño totalmente fruncido y una cara de enfado por los corredores supieron que no todo había acabado para él.
Harry azotó la puerta de su oficina para luego entrar con rapidez. Hermione le había mandado a llamar a su oficina, ingenuamente había pensado que se trataba de algún caso que necesitaba de su intervención, pero se había equivocado cuando encontró la mirada entre molesta y triste de su amiga. La chica no le había dicho nada, solo le extendió una carta que tal parecía era de Rose, la había mirado con duda antes de aceptarla y leerla. Sus ojos se habían abierto de espanto a medida que se internaba en la lectura.
Mamá:
Supongo que te extrañarás de tener una respuesta mía tan pronto, pero he tenido que escribirte durante la hora del almuerzo para contarte algo que ha pasado.
Supongo que ya sabrás que Albus fue enviado a Slytherin, se que a muchos no les ha gustado su selección, pero créeme que ya es bastante duro para él aceptar lo que le ha pasado. No te escribí para contarte eso, sino por algo que sucedió en el desayuno.
Hoy en la mañana, junto a las lechuzas que nos dieron sus cartas, le llegó un vociferador a Albus por parte de la tía Ginny. Le ha dicho cosas horribles mamá. Como que toda la familia se avergüenza de la casa en la que ha quedado, que es una deshonra para la familia y que todos ustedes están muy molestos con él. Eso no es verdad ¿cierto?
Albus ha quedado muy triste, James lo ha tenido que consolar cuando le hemos encontrado en uno de los pasillos, hace tiempo que no veía a Al llorar. Se ha derrumbado apenas James le ha abrazado.
Tía Ginny también dijo cosas feas, les dijo "alimañas" a los Slytherin. Antes las cosas para Albus eran difíciles, pero ahora creo que estarán peor.
¿Podrías averiguar si es verdad que todos están enojados con él? No quiero ver a Albus triste, tío Harry no dijo nada malo en su carta según dijo Albus en el Almuerzo, pero teme que su Papá solo no haya querido hacerle sentir mal.
Ya mamá, te dejo, hacedme ese favor ¿sí? Te quiero mucho, mándales saludos a papá y a Hugo. Dile que les quiero.
Rose Weasley.
PD: Dile a Hugo que no toque mis libros.
No podía entender como su mujer había hecho semejante locura. Cierto, los dos habían discutido anoche por ese tema. Ginny casi le había culpado el que Albus terminara en Slytherin. No podía negar que todo el asunto le había sorprendido, pero en ningún momento se había sentido traicionado o enojado por el evento.
Aún molesto había escrito una carta a McGonagall solicitando un permiso para ir a Hogwarts y ver como estaba su hijo, quería asegurarle en persona que no estaba enojado o molesto, que supiera que al menos a él no le interesaba en la casa que había quedado y si tenía la posibilidad demostrarlo también a sus compañeros de casa y así aliviar un poco el ambiente para su hijo.
Le dejó las instrucciones pertinentes a Ron, hoy se iría más temprano, tenía que conversar muy seriamente con su mujer. Su mejor amigo le había mirado con extrañeza, Harry nunca se iba a temprano, incluso la mayor parte del tiempo siempre se quedaba tiempo extra y Ron sabía que lo hacía para estar lo más lejos posible de su hermana y así evitar pelear. Hace mucho tiempo que no vía a su mejor amigo tan furioso y sabía que Ginny había hecho algo realmente malo. Harry ni siquiera había fruncido mucho el seño cuando supo que James había intentado ir al Bosque Prohibido el año anterior. Así que la cosa era muy grave. Con pesar le vio desaparecer por las llamas de la Red Flu.
- ¡Papá! – Lily le recibió con una sonrisa, contenta que su papá llegara temprano un día. Harry miró alrededor en busca de su esposa, frunció el ceño al no verla.
- Hola cariño – le dio un beso en la frente. La niña sonrió, le encantaba que su padre le tratara con tanto afecto - ¿Dónde está tu madre?
- Mamá no está – Harry frunció el seño.
- ¿Con quién estás?
- Mamá dice que soy grande para poder quedarme sola.
- ¿Qué? – casi jadeo el moreno, Lily no tenía más de 9 años, era imposible que pudiera quedarse sola.
- ¿Papá? – la pelirroja le miró con duda, su padre se veía enojado y eso le preocupaba. No le veía así desde que Albus y James casi se caían del techo.
- Cariño, iremos donde la Abuela ¿bien? Yo necesito hablar con tu madre a solas, así que iré a dejarte con ella.
- ¿Van a pelear otra vez? – el tono de desconsuelo hizo que a Harry se le rompiera el corazón. Pero le dolió más saber que sus hijos sabían todo, a cada minuto tenía más rabia contra su mujer.
- Lo siento Lily, pero tu madre ha hecho algo muy malo… y yo no puedo dejar que siga haciéndolo.
- ¿Algo malo?
- Si, pero es algo entre ella y yo, ella sigue siendo tu mamá y no puedo decirte nada.
- Está bien… - Harry sonrió.
Molly le había mirado con duda cuando había ido a dejar a su hija. Pero pareció escandalizada cuando le dijo que Lily había estado sola, la mujer le había preguntado con cierto aire de incredulidad a la niña si era cierto y hace cuanto tiempo pasa. Para sorpresa de ambos eso se repetía desde hace mucho, pero que antes no era tan malo porque Albus estaba con ella. La mujer no se atrevió a mirar, al que consideraba su hijo, por vergüenza, no entendía como su hija podía dejar solo a niños tan pequeños, en especial siendo sus hijos.
Harry regresó a la casa, la cual seguía sin rastros de su mujer. Se sentó en uno de los sillones a esperar. Había salido dos horas antes del trabajo y lo más probable era que ella llegara solo un poco antes de su hora de salida. No pudo evitar sentir que era un mal padre, sus hijos habían sufrido tantas cosas y él no se había dado cuenta. Era más que claro que las cosas entre él y su esposa no estaban bien, pero nunca esperó que ella los descuidara. Ya casi no podía reconocer a la joven de la que se había enamorado. Pero estaba cansado, cada día las cosas eran más pesadas para él y ya había visto que; para sus hijos, el que estuvieran los dos juntos no traía ninguna clase de beneficio, quizás era hora de velar él mismo por la seguridad y felicidad de sus hijos y de paso de su propio bienestar.
El sonido de las llamas llamó su atención, cinco minutos antes de su hora de salida Ginny hacia su aparición, la pelirroja le miró con asombro y trató de formar una sonrisa en sus facciones. Harry solo le miró mal y se puso de pie.
- Tenemos que hablar Ginny.
Continuará...
Me ha alegra que ha tantos les guste el fic, créanme, eso da ganas de escribir. Lo único malo es que veo que la historia se va alargando y alargando… aún lo estoy meditando, mucho, pero al paso que voy, cada año tendrá su buena cantidad de capítulos. No estoy segura si separar el fic por años, o dejar todo arriba en una sola entrada. Lo pensaré a medida que vaya escribiendo, no lo he decidido aún.
Ahora, espero no haber comentado algún error tan des garrafal como el capitulo anterior. Qué Horror, pero he repasado el alfabeto como castigo.
Dudas, sugerencias, opiniones, reclamos?... cualquier cosa, háganmela saber. Y por sobre todo decidme que os parece el fic y si la cosa va gustando o no.
Pasando a otro tema más delicado, al menos para mí. Soy Chilena, para quienes no lo sabían, y como sabrán un triste acontecimiento ha pasado en mi país. No deseo hondar en el tema ni contarles algo que de seguro han visto o leído por ahí. Solo quiero pedirles que recen por aquellas 21 almas y familias que han sufrido esta tragedia. Las personas eran buenas, tanto que no merecían irse, pero uno no puede anteponerse ante los deseos de Dios. Pido un pedacito de sus corazones para que pidan por ellos y gente como ella. Y por sobre todo para que logren encontrarlos a todos.
Gracias de ante mano por este momento, espero que todos estén bien y sanos.
