Capítulo 7 "Los Malfoy"
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Había una palabra que podía definir a la perfección a la sociedad mágica; era hipócrita. Había cientos de magos que se creían con el absoluto derecho de juzgar a quienes les rodeaban, jactándose de conocer las buenas o malas costumbres, de poder señalar a los buenos y los malos. Para los magos, el mundo estaba pintando de dos colores; de blanco y de negro, no existían los grises, los grises eran raros, eran diferentes, pasaban a ser negros.
Sirius Black fue gris, pero fue tratado como negro, enjuiciado, después olvidado. Severus Snape era gris, y fue tratado como negro, no hubo honor tras sus logros, no hubo recuerdos del héroe que fue. Harry sentía que era gris, él sabía que su vida estaba cubierto de matices, tanto blancos como negros, pero la sociedad insistía en que era blanco, absoluto blanco y no lograba despojarse del color que le habían impuesto. Draco Malfoy fue gris, pero tratado como negro y aún era tratado como negro, quizás el peor de todos. Draco Malfoy era una paria, él y toda su familia no merecían haber vivido, no merecían ninguna clase de misericordia. Por ello, cuando Harry Potter, aquel chico de colores blancos, abogó por uno de colores negros, se sintieron perdidos, extrañados.
La sociedad Mágica estaba compuesta por hipócritas, Harry también pensaba eso, porque todos aquellos que se encargaban de juzgar y negarle el perdón a los demás o aunque sea escuchar las razones por las cuales habían actuado como lo habían hecho, eran magos que no habían salido de sus casas en la guerra. Magos que se habían escondido en los rincones más apartados, esperando a que alguien más peleara y muriera, que los liberara. Pero resultaba que todas aquellas personas grises que fueron consideradas negras eran las que habían conseguido de alguna forma el mundo ahora que tenían.
Draco nunca se mostró avergonzado o temeroso de salir a la calle una vez la guerra hubiera terminado, porque él sabía eso. Sabía que había cometido errores, pero a su corta edad y con el temor de que su familia fuera asesinada por las consecuencias de sus actos, era razonable que hubiera actuado como lo había hecho. Realizó cosas malas, habían algunas de las cuales siempre se arrepentiría y otras las cuales no, porque gracias a ellas sus padres habían podido seguir viviendo. Los magos eran hipócritas, porque estaba seguro que todos hubieran hecho exactamente las mismas cosas que él si hubieran visto peligrar la vida de sus padres, de su familia.
Los Malfoy no eran héroes de guerra, ni ellos se consideraban así. Pero sabían que si no hubiera sido por Draco y su madre, el mundo no estaría como estaba ahora. Pocos o casi ningún mago lo sabía, no les importaba, porque en sus corazones sabían que; a pesar de haber actuado mal, habían aprendido la lección y habían podido redimirse de alguna forma.
Un mundo monocromático no existe, le quita lo interesante a la vida, lo importante. Era por ello que un chico gris pintado de negro había sacado adelante a su familia, habían conseguido levantar todo aquello que los demás se habían encargado de pisotear. Había devuelto miradas de repudio con otras de altanería. Él nunca se sentiría menos que nadie, él no le debería nada a nadie. Sabía a la perfección que existía una excepción, un chico gris pintado de blanco quien había hablado por su familia y quien, al final de todo, le había entregado una simple sonrisa de cansancio, de entendimiento en el fondo de sus ojos, porque aquel chicos pintado de blanco hubiera hecho todo aquello que aquel chico pintado de negro había hecho con tal de tener a sus padres a su lado.
El chico pintado de blanco envidiaba al de negro, porque a pesar de las posiciones en las que habían terminado, uno había sido más feliz que el otro, uno tenía a su familia a su lado, no había sentido que el mundo se le venía encima.
Draco suspiró con cansancio cuando terminó de leer la carta de su hijo mayor, pero al mismo tiempo dejó salir una sonrisa. Scorpius y Regulus, su hijo menor, eran los regalos más hermosos que la vida le había entregado, eran sus orgullos y por quienes daría la vida sin pensarlo dos veces.
Ambos eran chicos listos que sabía conseguir lo que se proponían, inteligentes y despiertos. Lamentablemente tendrían que sufrir por los errores de su juventud, sufrir por los pensamientos torcidos de aquella comunidad hipócrita.
Sus hijos sabían la verdad, sabían todo lo que había pasado en la guerra, sus errores y los de sus abuelos, había visto en los ojos de ambos la incomprensión de los actos de su abuelo, pero si entendimiento por los suyos, pero nunca les juzgaron y nunca se mostraron diferentes.
Todos en su casa se alegraron cuando supieron que Scorpius había entrado en Slytherin, de leer sus palabras de orgullo dándoles la noticia, Scorpius nunca se había avergonzado de ser quien era o de su familia y ese era el más grande tesoro que todos ellos tenían.
Decir que no se habían sorprendido de la presencia de un Potter en Slytherin era mentira, cuando lo supieron cada uno presento sentimientos encontrados, irritación, burla de saber que probablemente sería aislado, comprensión y hasta cierto punto empatía. Pero cuando leyeron las palabras de su hijo, contándole como era el chico, como era tratada, como era aislado, Draco no pudo más que sentirse identificado.
Las palabras de Scorpius habían sido en un principio de indiferencia, simple necesidad de contarle lo que sucedía a su alrededor, pero semana a semana las palabras fueron cambiando al igual que las emociones.
Sabía que sus pensamientos hacia Harry Potter habían estado errados y que se había dejado llevar por aquel rencor infantil que no supo encontrar límites. Hizo lo que pudo para que su hijo no hiciera lo mismo. Cuando un mes de entrado a Hogwarts le hubiera narrado el abuso por el cual el chico había pasado no pudo evitar pensar que, en la honorable casa de Slytherin, también había magos hipócritas. Rió cuando su hijo había dicho que le enseñaría ser un Slytherin a Potter, rió cuando las cartas contaron las travesuras y desorden de aquel otro Slytherin que se había hecho amigo de Potter desde el primer momento.
El no podía manejar el tiempo o el destino, pero sabía que su hijo terminaría siendo amigo de Albus Potter y también sabía que en un futuro sería una de las personas más importantes para Scorpius, así como lo eran Violet, Isaac y Edward. Porque por increíble que pareciera los Potter tenían aquella aura que te forzaba a prestarles atención. Dejó de pensar en eso, porque el hecho de saber lo que podría suceder, no significaba que terminara de gustarle.
Dejó sus reflexiones de lado y se centró en la nueva masiva de su hijo.
Padre:
¿Cómo están todos por casa? Yo me encuentro bien, los chicos y yo no hemos tenido nuevos percances con el resto de las casas, supongo que hemos tenido más suerte que el resto de nuestros compañeros, tal parece que el tener a un Potter en el grupo te hace merecedor de cierta pleitesía o eso piensan James Potter y Fred Weasley, quienes no nos han dirigido ninguna clase de broma por ser cercanos a su hermano.
O'Conner, como siempre, ha sacado de quicio a Isaac, creo que debe tener algún talento especial para ello. Hoy ha logrado pintarle el pelo sin que se diera cuenta, los hemos visto correr por la sala común cerca de una hora. Edward encuentra el hecho sumamente hilarante, Violet no los toma mucho en cuenta. Albus fue el único en intentar detenerlos, pero se ha rendido casi al momento y se ha centrado en su ensayo de transformaciones.
Por otro lado las cosas dentro de la casa han comenzado a calmarse mucho más, ha resultado que Albus es un chico divertido e interesante, sabe muchas cosas y es fácil conseguir su ayuda en algunos temas que necesitas. Se ha ganado a muchos Slytherin de esa forma. Por otro lado siguen habiendo chicos que le miran mal, pero él no se da cuenta, somos nosotros quienes terminamos alejándolos.
¿Recuerdas aquel comentario que escuchamos en el pasillo? Ese donde Potter había elegido estar en Slytherin, creo que ya tengo más claro el porqué, pero me gustaría confirmarlo. Lo que te puedo decir es que tiene que ver con su padre, no una afrenta contra él, sino para querer ayudarle con algo, no sé exactamente, pero Potter deja a lucir que le quiere mucho y lo único que desea es que sea feliz y para ello tenía que venir aquí. No he conseguido averiguar más, pero es bastante comparado con lo poco o nada que nos cuenta.
Bueno papá, me despido, espero que todos en casa se encuentren bien. Diles a los abuelos que los quiero. Saluda a mamá de mi parte y dile a Regulus que cuando lo vea en navidad le daré una sorpresa.
Te quiero papá.
Scorpius Malfoy.
PD: He pensado en tener alguna mascota, pero aun no me decido cual, te lo diré en navidad.
Aún se encontraba intrigado por aquello que su hijo había dicho, el que Albus Potter había pedido ser de Slytherin. Después de aquello había decidió averiguar algunas cosas de Potter padre y supo que no todo estaba bien con él. A sus oídos varios comentarios habían llegado, pero el principal era que se veía acabado, triste y hasta cierto punto sumamente cansado de todo. Su desempeño como jefe de Aurores no había bajado, incluso seguía realizando un trabajo excelente, pero ya no se le veía tan motivado o anímico como antes. Pero su curiosidad aumento aun más cuando le advirtieron que Potter había comenzado a mejorar y que se veía más liviano, como si aquella carga invisible hubiera desaparecido. Draco se había dado cuenta que dicho cambio coincidía con la entrada de su hijo menor a Slytherin.
Dudaba seriamente que Potter se hubiera mostrado deprimido por no tener a uno de sus hijos dentro de la casa verde, esa era una opción inexistente, pero por más que trató de entender el por qué no lo logró.
- ¿En qué piensas papá? – salió de sus pensamientos cuando aquel timbre de voz llegó a él, sonrió hacía el menor de sus hijos. Regulus era un chico guapo, como todos los hombres de la familia Malfoy, su cabello era igual de rubio que el de su padre y hermano, lo que lo diferenciaba de ellos era el color de sus ojos, los cuales eran parecidos a los de su madre, eran de un bonito azul eléctrico.
- Terminaba de leer una carta de tu hermano – Regulus sonrió.
- Habla nuevamente de ese chico… ¿O'Conner era?
- Dijo que había conseguido pintarle el cabello a Isaac.
- Me hubiera gustado ver eso.
- Yo también, reírse de tu tía Pansy hubiera sido entretenido, lástima que no haya otro Creevey en Hogwarts – Regulus sólo escuchó, no sabía a lo que su padre se refería, pero sabía que a él no le gustaba tocar temas del pasado, como suponía era este.
- Tengo ganas de ir ya a Hogwarts.
- Te falta un año… además ¿quieres dejarme solo con tus abuelos? – el menor rió.
- No es como si fuera muy grave.
- Grave no, pero si aburrido… Tu abuelo sigue hablando de temas sin importancia.
- ¿Cómo aquel de los elfos domésticos y su libertad innecesaria?
- Exactamente.
- A veces pienso que el abuelo está algo tocado.
- Regulus – lo reprendió su padre.
- Perdón… pero es verdad – Draco negó divertido.
- En ese caso no debe enterarse.
- ¿Hoy tienes que salir?
- Tengo que ir al ministerio. ¿Quieres acompañarme?
- Oh, eso sería genial, tengo ganas de ver otra cosa aparte de pavos reales.
- No iremos a un Zoo.
- Lo sé, pero el abuelo dice que puedes encontrar muchas alimañas en ese lugar – Draco alzó una ceja, su hijo no había entendido las intenciones del comentario de su padre, pero no le sacaría de su error.
- Está bien, quizás veamos una que otra comadreja… son una plaga difícil de erradicar.
El ir y venir de las personas llamó la atención de Regulus, cientos de personas caminaban como si alguna clase de monstruo los estuviera persiguiendo. No era tonto y se percató como varias personas le lanzaban malas miradas a su papá, pero él parecía ignorarlos completamente, algunas eran bastante insolentes o hasta molestas, así que Regulus comenzó a devolverles la misma clase de mirada que le lanzaban a su padre.
Draco se adentró al ministerio importándole poco o nada el resto de la gente, no había pasado por alto la actitud de su hijo, no pudo evitar embozar una sonrisa de orgullo que para otros lucia más que nada desdeñosa. Dio un leve cabeceo en forma de saludo cuando vio a uno de los tantos magos con los cuales tenía alguna clase de negocio.
- Ven Reg, vamos a ir a la Quinta planta… subiremos al segundo piso y de ahí iremos hasta el quinto.
- De acuerdo papá.
Subieron por una de las escalaras, los ascensores del primer piso siempre estaba repletos a diferencia de los del segundo piso, una camino más largo de tomar, pero más cómodo de transitar. El pequeño tramo fue circulado en completo silencio, fueron escasas las personas con quienes se encontraron, llegaron al final del corredor donde estaban los ascensores. Regulus apretó el mecanismo de llamado de estos y espero junto a su padre, faltaron unos segundos para que uno de estos llegara, al abrir las puertas pudieron ver la figura de una niña pelirroja, quien llevaba en sus manos una bandeja con dos platos de galletas y tres vasos de leche. El menor de los Malfoy la observó con curiosidad, había llamado su atención la sonrisa que tenía, una que llegaba hasta sus ojos, la niña era bonita, pensó interesado. Su padre y él se corrieron a un lado para darle el paso, la chica sonrió como agradecimiento y se encamino por el corredor del lado derecho que daba hacia el cuartel de Aurores.
- ¿Quién es ella Papá? – Draco también la había seguido con la mirada, pero ante la pregunta de su hijo posó sus ojos en él.
- Es la hija del Jefe de Aurores.
- Oh… es linda – Draco hizo una mueca.
- Haré como que no escuche eso.
- Vamos papá.
- Eres muy prematuro para tu edad, ni tu hermano dice eso.
- Que diga que es linda no quiere decir que esté enamorado – le miró mal – y Scorp es algo despistado.
- Vamos, quiero borrar lo que has dicho de mi mente.
- Que no te gusten los pelirrojo no quiere decir que a los demás no… - continuó con una sonrisa una vez entraron.
- Lo haces para fastidiarme, ¿verdad? – sonrió divertido al tiempo que apretaba el botón del piso deseado.
- Siempre me descubres.
- Eres mi hijo.
- Pero hablando en serio papá… era linda.
- Regulus – suspiró.
Lily por otro lado caminaba con una sonrisa y algo de dificultad por el pasillo que daba hacia el cuartel de Aurores. Su padre no había presentado problemas de que fuera a ver a tía Hermione al cuarto piso, obviamente cuando le hubiera colocado un par de hechizos de localización, su papá no era tan relajado como muchos quisieran pensar. Había pedido a los elfos del lugar unas cuantas galletas y un vaso de leche porque le había entrado un poco de hambre, pero después pensó en su papá y tío Ron, así que decidió llevarles a ellos también, hubiera sido más fácil pedir el pedido una vez en la oficina de su papá, pero por cosas de seguridad, las oficinas de Aurores estaba prohibidas las apariciones de cualquier clase, aunque sea de elfos domésticos.
Abrió con dificultad la puertas de roble que daban al cuartel, una vez a dentro comenzó a caminar por entre los cubículos en donde estaban diferentes Aurores de diferentes grados en ellos, algunos haciendo informes, otros leyendo alguna revista, otros con los ojos cerrados, probablemente durmiendo. Rio cuando pasó junto al panel donde estaban las imágenes de los magos más buscados, en ella; en la esquina derecha superior, estaban las fotos de James y Fred, ambos con una sonrisa algo maliciosa. Su padre le había dicho que sus compañeros las habían colocado ahí cuando James y Fred habían hecho su primera gran broma en Hogwarts y que tuvo que hacer que su padre fuera al colegio a hablar con la directora. Algunos de los Aurores decían con una sonrisa que eran el lugar donde ese par pronto terminaría debido a sus bromas.
- Hey, ¿Dónde te habías metido Lily? – sonrió a su tío Ron quien se acercaba a ella.
- Fui donde tía Mione.
- ¿Cómo está? – caminó junto a la chica por entre los cubículos, se había negado cuando intentó tomar la bandeja.
- Bien, aunque se veía un poco cansada.
- Supongo… aquella ley que quiere que aprueben la tiene de cabeza.
- Yo no logró entenderla.
- Yo tampoco, pero hay que apoyarla… - rió.
- ¿Papá? – preguntó cuando llegaron junto al cubículo de su tío Ron el cual estaba frente a la oficina de Harry.
- En su oficina, terminando de revisar unas cosas… gracias pequeña – sonrió cuando la vio dejar un vaso de leche y uno de los platos sobre su mesa.
- De nada… iré con papá – el pelirrojo asintió. Con una sonrisa la chica abrió la puerta y entró, normalmente aquella puerta no dejaba entrar a nadie que no fuera al jefe o Aurores autorizados por él, era básicamente por seguridad, pero desde que Lily estaba en la oficina Harry había hecho una variante dándole autorización a la pequeña cuando él estaba dentro.
- Como los envidio, ojala y alguno de mis hijos fuera tan atento conmigo – se giró a ver a quien había hablado.
- Ya ves, algunos tenemos este privilegio – cogió una de las galletas – además, tú no tienes hijos, Robert.
- Es una forma de decir – rió - es una chica encantadora, se nota que quiere mucho al jefe.
- Si… todos sus hijos le adoran.
- Creo que cualquier persona podría hacerlo – rió, Ron le miró mal – Que no intentó coquetearle hombre.
- Contigo nunca se sabe – cogió otra galleta – vete a tu lugar y ponte a hacer tu informe.
- Hombre, me matas con eso… ¿Por qué debo escribir como me fue en un control de Boggart? Es estúpido.
- Es el protocolo.
- Ya… una mierda.
- Robert.
- Ya, me largo, en todo caso – comenzó a caminar – últimamente el jefe se ve mejor… ¿tiene que ver con que su hija esté viniendo más seguido?
- No es tu problema – frunció el seño.
- Era una pregunta – rió – pareces su esposa.
- Largo.
El día había sido bastante productivo, aunque Regulus se había aburrido un poco, pero el ver como su padre lograba desenvolverse en aquel lugar le distraía, admiraba como lograba manejar las cosas, como lograba llevar la conversación al tema que a él le interesaba y como lograba con ello conseguir sus objetivos. Ahora mismo estaban cenando. Sus abuelos como siempre mostrando sus refinados modales a la hora de comer. Su padre, en la cabecera, se mantenía en silencio y su madre en el lado derecho a él, también en silencio. Desde que Scorpius se había ido las comidas no eran tan divertidas como antes, al menos tenía a alguien con quien conversar.
- ¿Cómo te fue hoy Draco? – Lucius decidió disipar el aire de silencio.
- Bien, tal parece que McCann se ha decidido por nuestras empresas.
- Es bueno saberlo… y ¿sobre esa estúpida ley?
- Deberías dejar eso en paz… - Draco bajo los cubiertos y miró mal a su padre.
- Debes admitir que aquello es denigrante.
- Lo que tú pienses, poco le importa al ministerio padre y yo no abonaré tu capricho.
- Draco – dijo en tono duro el hombre.
- Lucius, cariño, Draco tiene razón, lo que tú pienses poco importa en estos momentos – Narcisa siguió comiendo como si nada, pero su tono de voz evidenciaban que si su abuelo no se callaba estaría en problemas.
- Pero…
- Lo que hagan o dejen de hacer los elfos domésticos, centauros, acromatulas o a quien se le aplique esa ley no te interesa – la mujer le miró mal – no te interesa – recalcó.
- está bien querida – Draco sonrió.
- ¿Has recibido alguna noticia de Scorpius? – tomó la palaba la mujer nuevamente.
- Me ha enviado una carta hoy en la mañana, las cosas han mejorado según cuenta. El chico Potter ha comenzado a adaptarse.
- Sigo pensando que aquella "amistad" es innecesaria – nuevamente Lucius fue fulminado con la mirada.
- A mi me llama la atención lo que Scorpius a dicho… - comenzó Narcisa - ¿Has pensado que su matrimonio esté mal? – Draco alzo una ceja de forma interrogante.
- ¿Eso que tiene que ver madre?
- Los Weasley tiene la ridícula costumbre de realizar un matrimonio Mágico. Creo que muchas familias aún lo hacen… - tomó un sorbo de vino - obviamente aquellos que no entienden las consecuencias de ellos – Draco les miró alarmado.
- Deben estar locos.
- ¿Qué es un matrimonio mágico? – todos posaron sus ojos en el único menor presente.
- Es un ritual que realizan dos magos con el fin de… enlazarse – comenzó a explicar Astoria, la mujer de Draco – crean un vinculo mágico. Algunas familias piensan que aquellos magos que se aman deben hacerlo, ya que el enlace les otorga ayuda a su pareja en momentos de necesidad y saber si se encuentra bien o no… pero…
- ¿Pero?
- Aquel ritual se ocupaba en la antigüedad, donde las cosas en la sociedad mágica no eran estables – continuo su padre – era una forma de velar por la pareja y familia, pero para ello el mago con mayor poder debía sacrificar parte de su mágica, esto solo es útil cuando ambos magos están "enamorados" porque de ese modo la magia utilizada es equitativa… – cogió la copa de vino que estaba delante suyo y dio un pequeño sorbo – esto era sumamente útil cuando pasó el periodo de quema de brujas y otros problemas en el mundo mágico, ya que el enlace también abarcaba a los hijos. En resumen, se podría decir que era un acuerdo mutuo que tomaban ambas partes de darse protección siempre que hubiera algo que los uniera. Esta clase de unión de mutuo sacrificio otorgaba una protección especial y poderosa a la familia.
- Pero en el caso de que uno de ellos dejara de sentir algo por el otro o no sintiera la necesidad de protección hacia los suyos, aquella parte que mantiene el contrato comienza a desmoronarse, ya que debe suplir el compromiso mágico de ambas partes. Es decir, debe darle protección él solo a la familia – continuó Astoria.
- Ya veo… entonces ¿a largo plazo es perjudicial?
- El amor es una de las pocas cosas de las que no puedes estar seguro en esta vida Regulus. Hay muchas familias que tienen la dicha de enamorarse para toda la vida, pero hay otras que no, que su amor comienza a secarse. No puedes apostar todas tus cartas a ello, por eso el ritual comenzó a dejarse, en especial las familias sangre pura, tener un miembro debilitado es inadmisible y peligroso.
- ¿Ninguno de ustedes lo ha hecho?
- Claro que no – habló Lucius – muchos matrimonios era concertados por los padres, amor era lo menos que había en los enlaces, hijo. Cuando yo y Narcisa nos casamos no nos amábamos, todos lo contrario ahora – sonrió hacia su mujer quien le devolvió la sonrisa.
- Yo y tu madre nos casamos enamorados hijo, pero como tu hermano y tú saben, con el tiempo aquel cariño que llegamos a sentir dejo de ser lo suficientemente fuerte como para llamarlo "amor"… si hubiéramos hecho aquel ritual, lo más probable sería que yo apenas y pudiera ponerme de pie.
- Comprendo.
- Ahora que lo pienso – tomó la palabra Astoria – lo más probable es que el problema sea ese ¿verdad?... ya saben que hay un grupo de la alta sociedad que alejan a todos aquellos que son o están relacionados con Slytherin… algunas amigas me han dicho que le han hecho un vacio a Ginny Weasley, quien era parte del grupo, porque uno de sus hijos a quedado en aquella casa.
- Que hipócritas.
- Scorpius dijo que la madre de Potter le mando un vociferador.
- Entonces – habló Lucius – el chico Potter se metió a Slytherin para hacer pelear a sus padres… quizás vio que el contrato estaba desmoronando a Potter padre… - todos guardaron silencio.
- Si en verdad es por ello… es una pena que un niño haya tenido que solucionar un tema como ese – dijo Astoria.
- Estamos hablando de San Potter – comenzó Draco – por más que el contrato lo matase haría cualquier cosa por su familia.
- Si el chico hizo aquello por ese motivo, he de admitir que ha demostrado ser un Slytherin – habló Lucius – ha sido una gran jugada…
- Por otro lado podemos deducir que la culpable del declive es la Weasley… aquella familia nunca terminará de agradarme – negó Narcisa, el sonido de un plop interrumpió la conversación.
- Amo Draco, ha llegado una carta para usted, es del amito Scorpius – el rubio tomó la carta con duda, apenas y esa mañana su hijo le había escrito, no esperaba la siguiente hasta el viernes o el fin de semana.
- Gracias Tipsy, puedes retirarte.
- Como diga Amo – un nuevo plopy el elfo desapareció.
- ¿No te había escrito esta mañana?
- Has mimado mucho a ese chico hijo.
- Guarda silencio querido.
- También me parece extraño Astoria, con su permiso la leeré – los adultos asintieron, así que procedió a abrir la carta.
Padre:
Sé que te parece extraño que te escriba en el mismo día, pero ha pasado algo de lo cual necesito pedirte opinión. No iré con rodeos y te contaré todo de una vez.
Hoy cuando nos dirigíamos a la clase de DCAO junto a O'Conner y Potter, algo raro le pasó al último, se había detenido de la nada y ha quedado blanco, pensamos que no se sentía bien, pero cuando le he lanzado una brama se ha asustado, fue algo como "¿Acaso viste un fantasma?" y me ha dicho que "creo". Lo hubiera tomado como broma si supiera que no estaban ninguno de los fantasmas de Hogwarts por el lugar.
La clase la pasó ausente, pero en la de transformaciones se ha desmayado de la nada. Le llevé a la enfermería junto a su prima, pero la enfermera dijo que no tenía nada. Me quede hasta que despertó y ahí me ha dicho algo que ha llamado mi atención.
Escuchar voces nunca es bueno ¿verdad papá? Pues eso es lo que Albus dijo que le pasó, pero dijo que no era como si le hablaran, sino que eran como trozos de conversaciones.
¿Hay algo que pueda generar eso? ¿Algún hechizo o maleficio?
Scorpius Malfoy
Draco miró con asombro las palabras de su hijo. Era verdad, escuchar voces nunca era bueno, el mismo Potter lo había descubierto en segundo cuando escuchaba al basilisco por los pasillos de Hogwarts. ¿Y si era eso? ¿Y si había heredado el Parsel de su padre y estaba escuchando sabrá Merlín que bicho? Negó en su mente, según tenía entendido aquel don Potter lo había perdido después que el señor tenebroso había muerto. ¿Entonces?
- ¿No dijo que conversaciones? – consultó Narcisa quien terminaba de leer la carta.
- ¿Qué quieres decir?
- Depende de qué tipo de voces se escuchen… - comenzó su padre esta vez – puede que el chico sea un empata… lo cual dudo, porque en su familia nunca ha habido uno.
- También hay maldiciones que te hacen escucharlas para volverte loco o incluso hay una clase de criatura que estando cerca te deja escucharlos.
- Tendrá que preguntarle más cosas para saber… pero el chico debería decirle a su padre y a la directora. Sea como sea no es normal escucharlas… sea de la naturaleza que sea.
- Debo admitir – comenzó Lucius – que los Potter son extraños… no hay generación que no le suceda algo.
Continuará...
