Capítulo 8 "La Cámara de los Secretos"
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- Tienes que decírselo – Ian había llegado a la enfermería hace ya una hora y Albus le había contado lo ocurrido, Scorpius guardaba silencio, pero interiormente estaba de acuerdo con el chico americano. El gemelo O'Conner había tenido que esperar hasta la hora del té para poder ir a visitarlo. Scorpius había estado a su lado todo ese tiempo.
- No quiero preocupar a mi papá… puede que solo sea un tontería.
- ¿Una tontería? – le miró mal – pues yo nunca he visto a nadie escuchar voces de gente de la nada, al menos no fuera de un juego de consola, y eso ya es decir mucho.
- ¿Y si simplemente es alguna clase de broma?
- ¿Y si no lo es? Albus, no puedes dejar las cosas así… si no se lo dices tú, lo haremos Scorpius y yo – Malfoy iba a alegar, el no quería meterse en problemas, pero calló al ver la mirada seria de Ian, ese chico cuando se ponía serio era de preocupar, era en esos momentos cuando entendía porque estaba con ellos.
- Pero…
- Estoy de acuerdo con O'Conner…
- Ian – lo corrigió el mencionado, Scorpius rodo los ojos.
- Ian tiene razón… escuchar voces no es bueno Potter… quizás tu padre sepa algo… algún hechizo, maldición, lo que sea… -
- Pero…
- Vamos Al… si te llega a pasar algo ¿Qué haremos nosotros? – Albus les miró largamente, pero al final suspiro derrotado.
- Esta bien… se lo diré a la directora para que se lo diga a mi papá… apenas salga de aquí – Ian sonrió contento, Scorpius cabeceo conforme.
- Bueno… ya que este escalofriante tema queda cerrado de momento… ¡Te contaré la super idea que he tenido cuando te den el Alta! – Scorpius hizo un gesto de dolor por el excesivo volumen empleado.
- Ian, estamos en la enfermería. Si madame Iris te oye, date por muerto.
- Oh vamos, Scorpius. ¿A que no te emociona escuchar mi interesante idea? – Scorpius estaba a punto de decir que no, pero Ian volvió a hablar - ¡Será una nueva forma de volar!
- ¿De volar? – cuestionó Albus intrigado, ya olvidándose del tema tan delicado del cual estaban tratando hace tan solo unos minutos.
- yeah. Se lo comenté a mi hermano ayer, pero me dijo que estaba loco – hizo un puchero – pero sé que ustedes no me dirán lo mismo.
- Para que… eso te lo dice Isaac todo el tiempo.
- Fingiré que no oí eso – volteó el rostro molesto, Albus rió.
- Habla de una vez O'Conner…
- ¡Es Ian! – chillo, Scorpius suspiro cansado.
- Ian… habla de una vez.
- Si bueno… ¿han visto las patinetas de los muggles? – ambos chicos le miraron con duda, pero negaron, no estaba familiarizados con los juguetes muggles, al menos no Scorpius, Albus solo un poco, pero eran casi los más básicos y tradicionales – entonces se los diré en los dormitorios, creo que allá tengo un recorte de cómo son.
- De acuerdo.
- ¿Cuándo te dan el alta Al?
- No lo sé… la enfermera no sabe que sucedió, por lo cual está reticente a dejarme ir.
- Comprendo – Scorpius soltó un suspiro cansado.
- Tenemos que irnos Ian… se ha acabado la hora del té, tenemos clase de Herbología.
- Oh… bueno Albus, nos vemos después… ojala y te den el alta hoy.
- Es lo más seguro – respondió el mencionado.
- Me aseguraré que Scorp e Isaac tomen buenos apuntes de las clases de hoy. Al menos ya aseguré transformaciones con Brian.
- ¿No deberías tomar tú los dichosos apuntes? – lo amonestó Scorpius.
- Para qué… si yo igual los necesitaré – Albus rio divertido, Scorpius negó con una sonrisa.
- Lo que sea… vamos, antes que nos quiten puntos.
- ¡Aguafiestas! – con una sonrisa Ian comenzó a alejarse de Albus - ¡Pórtate bien Albus! ¡No hagas nada que yo no haría!
- Ese es un pésimo consejo – Scorpius cabeceo en su dirección con una semi sonrisa en sus facciones – Nos vemos Potter.
- ¡Se llama Albus! – Scorpius rodó los ojos.
- Nos vemos Ian, Malfoy – Ian iba a abrir la boca para hacer la misma corrección sobre el uso de nombres, pero el rubio le tapo la boca y comenzó a tironearlo a la salida.
- cállate O'Conner y mueve tu trasero.
- Eff IAAMMM – trató de hablar, pero su voz se distorsionó por la mano sobre su boca, Albus sonrió.
Poco después que sus dos compañeros se hubiera ido la enfermera realizo una última revisión sobre él. Pero su cara le dijo claramente que no había encontrada nada de utilidad nuevamente. Suspiro derrotado, él también quería saber que era lo que le había sucedido. Su padre odiaba contarle cosas de la guerra o sobre su fama en el mundo mágico, así que ignoraba si alguna vez le había pasado algo parecido, esperaba que si, para que tuviera la solución a todo esto.
Madame Iris le dejó retirarse una vez terminará el chequeo, dudo si decirle lo ocurrido, pero concluyó que entre menos personas se enterarán sería mejor. No quería ser tratado como un bicho raro, ya tenía suficiente con la condición de "paria".
Una vez fuera de la enfermería recorrió los pasillos con cierto aire de cautela, estaba temeroso de escuchar nuevamente esas extrañas voces. No se atrevía a decir que creía que eran de gente muerta. La muerte nunca era un buen indicador, menos aun en el mundo mágico, donde cosas como están podían sentenciarte a muerte. La simple aparición de un perro más grande de lo normal podía ser denominado Grim y dictar tu prematuro fallecimiento.
Giró en la siguiente esquina, el pasillo estaba solitario ya que la mayoría de los alumnos estaban en clases, por lo que transitó con calma y sin temer pillarse con cualquier cosa desagradable. De seguro el rumor de su desmallo se había extendido ya por el colegio, aun se extrañaba de no haber tenido a James después de algún descanso, lo más probable es que pronto supiera la razón de ello. El último pasillo era precedido por una fila de armaduras, siempre terminaba viéndolas con algo de curiosidad, tenían la mala costumbre de seguir "con la vista" a quienes pasaban por el pasillo. Cuando había varios alumnos caminando a la vez la sensación no era del otro mundo, pero cuando estabas solo en medio de silencio, aquello era escalofriante.
Llegó frente a la estatua que daba paso al despacho de la directora. Se alegró de comprobar que la contraseña era la misma. Esperó a que estuviera fuera totalmente de su camino para subir. Una vez frente a la puerta que daba a la oficina la estatua comenzó a bajar, sellando nuevamente la salida o entrada del lugar.
Golpeo un par de veces esperando en silencio la orden de entrada, no recibió contestación así que volvió a tocar, está vez recibió un ahogado pase desde el otro lado. Entró con algo de cautela. La directora le miró con curiosidad una vez traspasó la puerta, estaba tras algunos papeles, los bajo e invitó a Albus a tomar asiento.
- Joven Potter, me enteré de lo ocurrido.
- ¿Es necesario el formalismo? – preguntó con algo de duda, para él y sus hermanos McGonagall era como su abuela, nunca la había tratado dentro de Hogwarts, pero fuera de él era una mujer encantadora y cariñosa. Cuando entró a la escuela su aura decía claramente que lo mejor era guardar las apariencias, en especial cuando estaba su papá o James, siempre había dicho que ellos debían tenerlos siempre al filo del cañón dentro del lugar, en especial James, quien era un bromista sin remedio y que si le demostraban algo de blandes podía descontrolarse.
- ¿Cómo te sientes Albus? – su tonó cambió radicalmente, ahora era más suave, más maternal, cosa que alivió al chico.
- No muy bien…
- ¿Qué sucedió? ¿No has dormido bien… o es por la casa donde estas?
- No tía… – ocupó el apelativo privado de ellos, muchas veces intentó llamarla nana, pero nunca se atrevió – las cosas ahí van bien… han mejorado un montón… al menos con los cursos menores. Los mayores me ignoran totalmente.
- Supongo que eso es bueno… - la mujer movió su varita y convocó dos tazas de té y sirvió, dejando al lado de cada una un plato de galletas.
- Gracias.
- ¿Entonces? – Albus suspiró.
- No sé porque me desmayé… la enfermera tampoco lo sabe… pero… algo paso antes de eso.
- ¿Algo?... ¿Qué cosa?
- Escuche voces… - McGonagall le miró en silencio, sus ojos expresaban su sorpresa ante lo dicho.
- ¿Voces? – repitió sin creerlo, pero Albus nunca le mentiría sobre algo así y recordó al pequeño Harry Potter, aquel niño de segundo que decía oír voces en los pasillos, diciendo cosas extrañas.
- Si…
- ¿Era una? ¿Qué decía?
- no, eran muchas… diferentes…. – al menos no era Parsel ni ningún basilisco por ahí. ¿Empatía? No lo creía.
- ¿Había gente a tu alrededor? Quizás escuchaste los pensamientos de ellos… aunque no había escuchado de alguna clase de empatía a esta edad…
- No tía… no eran pensamientos – se mordió el labio indeciso – creo que eran del pasado… – McGonagall le miró asombrada. La mayoría de los cuadros miraron ahora con interés al niño, varios se había sumado a la conversación a medida que esta avanzaba.
- ¿Cómo?
- Yo… escuche nombres… como si conversaran con alguien… pero no había nadie… no sé cómo explicártelo – se llevó una mano al pelo y lo desordenó.
- ¿Puedes recordar alguna? – Albus hizo una mueca… entre el mar de voces solo recordaba tres eventos en especial. Se removió de la silla incomodo.
- "Date prisa Prongs… he visto a Snivellus ir por éste corredor" – recitó el dialogo, lo recordaba, porque sabía que el apodo "Prongs" era de su abuelo, papá le tenía mucho cariño. Cuando lo escuchó la primera vez no lo había recordado, pero en su estancia en la enfermería y repasando todo en su mente llegó a él esa verdad. McGonagall se llevó una mano a la boca asombrada. Albus inspiró angustiado – hay otras que me impresionaron… una decía algo como "Soy un gran admirador tuyo Harry Potter… me llamo Colin Creevey" – la mujer ahogó un jadeo, ella había estado ahí cuando aquel niño se había presentado a Harry con una sonrisa alegre, pero ese chico estaba muerto.
- Por Merlín, Albus…
- Estoy asustado tía… no entiendo… yo, yo creo que escuche a tío Fred, pero no le conozco y no sé como es, pero me dio la sensación de que era él… y todo es tan raro… yo honestamente no quería decirles nada a ti y a papá… porque él ya tiene muchos problemas, pero Ian y Malfoy insistieron y yo estoy asustado… no se qué hacer.
- Tranquilo Albus – le abrasó, el chico se refugió en sus brazos. Ella tampoco sabía que era lo que pasaba, pero lamentaba que le sucediera eso a ese chico, un niño que casi consideraba un nieto suyo, ¿Por qué la familia de Harry no podía ser feliz? Hace nada su ex-alumno le había narrado de su separación con su esposa y ahora esto, ¿Qué más iba a pasar?
James estaba feliz, así, feliz como una lombriz - que mal chiste - pensó. Ayer; un día antes de Halloween, habían efectuado las pruebas para entrar al equipo de Quidditch, Fred y él había ido a presentarse, sabía que lo habían hecho bien, pero era hoy cuando entregaban los resultados de la selección. Casi saltaba en un pie cuando le dieron los resultados, había sido seleccionado y dentro de los titulares, su desempeño había sido increíble - rayando en lo perfecto - había comentado con entusiasmo Alexander Wood, cazador y capitán del equipo de Gryffindor. Sabía que su padre Oliver Wood; guardián de los Avispones de Wimbourne y jugador titular de la selección de Inglaterra en el mundial, había sido compañero de equipo y capitán de su papá, las malas lenguas decían que era igual o más estricto de lo que había sido su padre en los tiempos de Hogwarts. Eso no le importaba, estaba feliz. Fred había postulado por el puesto de golpeador, no dudaron en dárselo al ver su increíble puntería y carisma, de seguro su padre estaría orgulloso, porque sabían que él y tío Fred habían sido golpeadores en sus tiempos de colegio. Él por otro lado había postulado para ser cazador, no, no había querido ser buscador, era una posición que; a pesar de agradarle, no le era del todo cómoda, además de que no podía compararse con su padre o Lily, quien parecía ser la más capacitada de ambos, al menos podía decir que tenía más semejanzas con su abuelo además de su nombre y bromas, él también había sido cazador. Albus desde aquel evento en su niñez no había querido volver a subirse a una escoba o a cualquier cosa que elevara mucho sus pies de tierra, lo cual era una pena.
Estuvo cada descanso con Alexander y Fred, el primero quería introducirlos al equipo, les narró sus estrategias, horarios, jerarquía y forma de pensar que había dentro del equipo. Les había entregado los horarios y los cambios en las formaciones que había estado pensando. Les llevó a conocer a cada miembro del equipo, más de uno se había molestado por interrumpirlo en sus deberes, pero a él poco y nada le importó. Incluso les llevó hasta el salón de trofeos donde pudo ver los nombres de su abuelo y padre entre las placas conmemorativas, también estaban la de algunos tíos. Pero sus ojos solo se habían centrado en esas dos, cada día se sentía más conectado con ambos. Aquellos dos hombres a los cuales admiraba con todo su corazón, uno que lastimosamente no alcanzó a conocer y el otro que era una de las personas más importantes de su vida.
Cuando llegó la hora del té y quiso darle la grandiosa noticia a su hermano se percató del pequeño detalle de que no estaba por el lugar. Cuando encontró a Rose, quien retóricamente también le estaba buscando, se enteró de lo ocurrido. No tardo ni dos segundos en salir disparado en dirección a la enfermería, pero resulto que su hermano se había ido hace nada. Molesto consigo mismo, lo busco por los corredores, pero nada, preguntó a sus compañeros, quienes le miraron mal, pero tampoco sabían nada. Fue al final, cuando estaba dispuesto a ir hasta la mesa de las serpientes, que recibió un mensaje de la directora, citándolo a su despacho, ahí fue que se dio la idea donde estaría su hermano. Después de todo, ese día no había tenido tiempo de hacer ninguna maldad, por lo cual la Directora no podía amonestarlo, en especial porque ya le había retado por todos los eventos pasados.
- James… - Albus estaba en una de los asientos del lugar, se le veía cansado y ojeroso. Antes de acercarse a su hermano saludo con debido respeto a la mujer que estaba tras el escritorio.
- Hey… me acabo de enterar de lo que te pasó… ¿estás bien? – McGonagall sonrió ante las palabras preocupadas, lo que más le había gustado de la crianza que tenían esos chicos era ver la constante preocupación que tenían entre ellos. Sabía que Harry era una parte importante de ello, él nunca había tenido hermanos, por lo cual le enseñó a sus hijos a apreciar aquel contacto familiar, Ginny también había sido imprescindible en esta clase de pensamientos, porque ella había sentido en carne propia lo valioso que era tener a sus hermanos y familiares a tu lado, cuidando de de ti.
- Si… un poco mejor.
- ¿Qué tienes? – Albus se encogió de hombros.
- no lo sé… tía Minerva dice que puede que sea estrés.
- ¿estrés? – alzó una ceja confundido – pensé que las cosas en Slytherin habían mejorado.
- es por otra cosa… te lo diré cuando papá llegue.
- Oh… - dirigió su mirada hacia la mujer presente quien asintió. Frunció el seño, pero se sentó en silencio junto a su hermano. No tuvieron que esperar mucho cuando la figura de un preocupado Harry emergió entre las llamas de la chimenea.
Lucia mucho mejor de lo que lo habían visto la ultima vez, se veía más animado, ya no estaban las ojeras que desde hace mucho eran común en él. Su piel había retomado su color natural y sus ojos habían adquirido aquel brillo característico que alguna vez había poseído y que ellos solo habían admirado en antiguas fotografías. Se alegraron por la evidente mejora de su padre, pero al mismo tiempo no pudieron evitar sentir cierta sensación de desazón en sus corazones, después de todo, igual era triste saber que era su madre la causante del estado tan acabado que su padre había tenido.
- Vine apenas me llegó el recado… ¿Cómo estas Al? – el chico sonrió sin ganas.
- Bien papá.
- Harry, cariño, será mejor que tomes asiento – el tono no gusto a Harry, le recordaba a aquellos días cuando sin querer se metía a la boca del lobo.
- Minerva, disculpa mis modales. Buenas tardes – le estrechó la mano cuando la mujer se acercó, luego fue hasta sus hijos y dejó sobre sus cabezas un beso a cada uno en forma de saludo.
- Descuida – sonrió, para luego señalarle la silla junto a la de sus hijos.
- ¿sabes por qué Albus se ha desmayado?
- … creo que Albus debería ser el encargado de contarte lo ocurrido… lo que puedo decirte, es que el desmayo se deba, probablemente, al exceso de estrés… - Harry iba a hablar, pero Minerva se adelantó - lo entenderás cuando lo escuches.
- De acuerdo – se giró a ver a su hijo menor. Albus inspiró profundamente para luego soltar suavemente el aire de sus pulmones, tratando de encontrar algo de calma en su cuerpo, luego comenzó a narrarle lo mismo que le había dicho a la directora momentos antes, su padre y hermano le miraron con asombro a medida que el relato avanzaba. Una vez la historia concluyó el silenció se hizo presente en el lugar.
- Eso no es Parsel… - dijo casi en un susurró el mayor de los Potter - … tampoco es empatía Minerva – la miró directamente a los ojos.
- Lo sé… realmente ignoro que puede estar ocurriéndole – Harry se mordió el labio preocupado.
- Revisaré la Cámara de los Secretos por precaución… aunque es imposible que haya heredado el Parsel, yo dejé de hablarlo cuando derroté a Voldemort… además, eran como conversaciones pasadas las que oíste, ¿verdad hijo?
- Si.
- ¿Por qué no puede ser empatía papá? – preguntó James.
- La empatía es un don extremadamente raro hijo. Además que debe darse en familias que tenga antecedentes previos. Los Potter han tenidos videntes y metamorfagos, pero no empatas. Sé que por la sangre Black podríamos tener, pero la posibilidad es ínfima, casi nula, especialmente porque la empatía es un don característico de las mujeres. Además, esta clase de dones aparece en la mayoría de edad.
- Ya veo…
- ¿Crees que sea alguna clase de hechizo o maldición?
- Lo ignoro Minerva. Nunca había escuchado de algo como esto y si tú no lo sabes; que eres más culta, menos lo sabré yo que me encargo principalmente de maldiciones o hechizos de magia negra – la mujer se sacó sus pequeños lentes y masajeó el puente de su nariz
- Comenzaré a buscar información, puede que encuentre algo entre los libros de la biblioteca…
- Yo también investigaré por mi lado… - se giró a ver a sus hijo – lanzaré algunos hechizos de seguridad sobre ti Al… ¿no te molesta? – el niño negó, sabía que con eso dejaría más tranquilo a su papá – tendrás que estar todo el tiempo con alguien, por cualquier cosa. James, deberás estar pendiente de tu hermano ¿Si?
- Claro papá, no lo dudes – el hombre sonrió.
- Bien, será mejor que ustedes vayan al banquete.
- ¡Yo quiero ir a la Cámara con mi papá!
- Eso es imposible James – sonrió ante el seño fruncido de la mujer.
- ¿Por qué?
- La cámara está sellada y no puedo abrir el pasaje para que puedas venir. Tengo que ir por aparición hasta el lugar y para ello tengo que pedirle ayuda a la directora. Tendrá que bajar por un momento las defensas del castillo, cosa que es muy difícil. No podría llevarte en una aparición conjunta por peligro a incidirnos*. Y hacer un traslador es imposible… en realidad ni sé si podre llegar por aparición.
- Buuu… - frunció el seño, pero aceptó la realidad – entonces tráeme un recuerdo - Harry sonrió divertido.
- ¿Qué? ¿Huesos de alguna rata que el basilisco se zarpó? – Albus rió ante la cara de asco que su hermano había puesto.
- siendo así, mejor que no.
- Lo supuse.
- Oh, Cierto papá… - James sonrió contento – Me han elegido titular del equipo de Quidditch, soy cazador – Minerva alzó las cejas asombrada, pero en sus ojos se podía ver que la noticia le había alegrado. Harry sonrió encantado al igual que Albus.
- Felicidades James – le regaló un fuerte abraso a su hijo – Cada día tienes más semejanzas con tu abuelo – sus ojos brillaron, James sonrió – me haces muy orgulloso.
- Oh, por favor, no le digas eso Harry – McGonagall frunció el ceño – No quiero tener un Potter -Black combinado con los gemelos por estos lugares. Ya son bastante desastrosos como están – los tres hombres rieron divertidos.
Harry se despidió de sus hijos con una sonrisa. James había esperado a Albus hasta que su padre le hubiera colocado los hechizos que creía precisos, ninguno que faltara a su intimidad, solo aquellos que eran capaces de decirle cuando su hijo estuviera en verdadero peligro y algunos que repelían cierta clase de maldiciones o conjuros, además de un hechizo localizador para ambos, éste no duraría mucho, pero si lo necesario para tomar medidas más serias, era lo mejor que podía hacer con el poco tiempo y lo repentino de la situación.
- ¿Estás seguro de poder llegar a la cámara?
- Lo ignoro, pero tengo que intentarlo.
- ¿No has pensado que podría tener alguna clase de protección contra apariciones?, por algo no había podido ser encontrada – Harry negó.
- Es verdad que Salazar la creo de tal manera que su heredero fuera el único que llegara, pero era secreta, nunca pensó que alguien ajeno a su rama pudiera ingresar a ella y que pudiera recordar su sitio exacto, ya que el basilisco podría encargarse del intruso de ser necesario – se encogió de hombros – nunca espero que un niño se cargara a su mascotita y menos aun que saliera vivo de dicho enfrentamiento.
- Entiendo lo que dices… pero bajar las defensas es muy complicado, solo podré hacerlo por un momento, el necesario para que vayas, pero no para que regreses por el mismo método.
- No te preocupes, me llevaré una escoba, recuerdo que Fawkes nos sacó a de ese lugar volando… ocuparé esa ruta.
- De acuerdo… regresa para que me cuentes si encontraste algo.
- Esta bien…
El lugar estaba tal y como lo recordaba, asqueroso. Aquella desagradable humedad permanecía entre las paredes de aquel sitio, los enormes recovecos lucían tan lúgubres como antes, aunque ahora temía menos de ellos. Habían pasado más de 20 desde la última vez que se enfrentó al basilisco en aquel lugar, era desagradable volver. Al menos el cadáver seguía ahí, igual de muerto, aunque ya con dos colmillos menos, quizás más, el solo recordaba aquellos que había arrancado junto a Ron y Hermione. Aun se sorprendía de lo lenta que era la descomposición de esa cosa, aun lucia como si recién le hubiera enterrado la espada.
Ignoró el imponente cadáver y comenzó a caminar por el sector, sacó su varita y conjuro algunos hechizos. No había nada, ninguna forma de vida imponente, al menos no una que midiera más de 15 centímetros de alto. Era algo que se esperaba completamente, pero nunca estaba de más cerciorarse, ¿quién sabía si a la dichosa serpiente se le hubiera ocurrido tener descendencia?
- Tú sigues tan muerto como hace 25 años… - le dio unos golpecitos al cuerpo de la serpiente - … entonces ¿qué rayos está pasando?
El silencio siguió aquella interrogante. Volvió a posar su vista en las estatuas del sector, debía admitir que Salazar había sido el Slytherin con menos clase de su casa, o al menos eso creía, el lugar dejaba mucho que desear.
- Bien… aquí no hay nada… y tú… - hizo una mueca – supongo que Hermione tiene razón y tenerte pudriendo a la velocidad de una tortuga es un desperdicio… - agitó su varita y el cuerpo desapareció – solo espero que Luna no se sorprenda mucho cuando vea un basilisco muerto en el patio de su casa.
Estaba dispuesto a irse cuando algo llamó su atención, el cuerpo de la serpiente había dejado oculto un extraño mural, era como aquel extraño tapiz que había en la casa de Sirius. Se acercó curioso, varias líneas y nombres formaban parte de ese mural, los primeros nombres se veían gastados, pero a medida que descendían estos se hacían cada vez más claros. Era una pintura familiar, se sorprendía de ver que estaba "actualizada", pensaba que esa clase de cosas eran escritas a punta de varita por los magos, pero nunca se imagino que hubiera hechizos de auto actualización. Recorrió con su vista hasta el último nombre, pero su boca se abrió de asombró ante lo que vio. Se esperaba encontrar como ultimo nombre de la generación de Salazar a "Tom Ryddle", pero su sorpresa fue mayúscula al visualizar un nombre bajo de él y otro unido a su lado.
- Jodido cabrón… - salió en un susurro. Junto al nombre de Tom estaba el nombre de Bellatrix y de la línea que les única emergía un nuevo nombre - Orión… Orión Ryddle Black.
Había tenido un hijo, un jodido hijo, junto a la desgraciada de Bella. Se pasó una mano por el pelo nervioso, su mente se había quedado en blanco frente a lo leído. Nunca se había esperado algo como eso, no era como si despertaras un día en medio de la guerra preguntándote con quien rayos folla tu enemigo y menos si de eso ha salido algo. Y si ese niño existía, ¿dónde estaba?... ¿Dónde?
ja-ja-ja No, no hay explicación ni escusa... la vida es triste por ahora, eso lo único que puedo decir
byez
