Solo un poco…

La piel de Akira estaba caliente y era suave al tacto, tan extremadamente hermosa como siempre se había imaginado que sería. Disfrutando plenamente del hecho de que su shin no podía detenerlo por lo que él estaba haciendo, Shirogane deslizó la mano por la superficie de su pecho y acarició cada una de las líneas que lo conformaban.

¿Cuánto tiempo había deseado hacer esto?

Sabía la respuesta a esa pregunta: desde el primer momento en que se habían encontrado cara a cara. Desde ese primer encuentro con su shin, todo lo que había cruzado la mente de Shirogane habían sido pensamientos lujuriosos e imágenes decadentes. Dulces imágenes de su querido Akira recostado desnudo sobre una cama, con los ojos cerrados y la boca abierta en un rictus de placer. Dios, se moría por verlo exactamente así.

Sin poder resistirse, bajó la cabeza y apoyó los labios fríos por la lluvia en la sobrecalentada piel de su shin. Bajo él, Akira tembló y gimió por lo bajo, pero no hizo ningún intento de despertarse aún.

Una parte de la mente de Shirogane sabía que esto estaba mal. Estaba violando la poca confianza que su compañero le había otorgado. Había trabajado mucho por ganársela y estaba a punto de perderla por un momento de calentura. No podía ser tan estúpido.

Sin embargo… no se veía a sí mismo capaz de parar.

Antes de darse cuenta siquiera, ya estaba haciendo bailar su lengua, besando cada recodo y secreto que escondía el cuerpo del menor. Descendió sus labios hasta su abdomen y dejó que su lengua diera vueltas alrededor del ombligo, antes de morder la delicada piel de abajo, tirando suavemente con los dientes.

- Shirogane – gimió Akira, de forma clara y audible.

El aludido levantó inmediatamente la cabeza al darse cuenta de que el chico estaba despierto.

Mierda, era hombre muerto. Akira odiaba que lo tocaran, en especial si el que lo tocaba era Shirogane.

El hombre se preparó mentalmente para ser apaleado a muerte, pero su cruel destino nunca llegó. Al ver al chico debajo de él, Shirogane no vio una expresión enojada, sino una de… placer.

¿Era eso posible? ¿Podría Akira disfrutar de sus caricias?

No, se dijo a si mismo negando con la cabeza. No era posible que Akira se sintiera atraído por él, se lo había dejado lo suficientemente claro la cantidad de veces que Shirogane había intentado algún avance con el chico. Akira simplemente se ponía a gritar y golpeaba todo lo que veía por delante hasta que Shirogane era forzado a retirarse y pedir disculpas de rodillas. Casi se había rendido en la misión de seducir a su shin…hasta que vio esa expresión de su rostro.

Hasta esa noche, Shirogane no sabía que el duro rostro de Akira podía hacer una expresión como esa, tan arrebolada, con las mejillas encendidas de un tierno rosa y los labios entreabiertos, como esperando un beso. Esa no era la cara de quien odia que lo toquen, era la cara de quien se siente tan bien que no quiere… parar.

Shirogane negó con la cabeza enérgicamente, intentando aclararse los pensamientos sucios que se le pasaban por la mente a mil por hora.

Akira no podía sentirse atraído por él, a Shirogane le había quedado más que claro. Entre ellos dos no habría nada más que camaradería y quizás una duradera amistad, no pasarían de eso, ya que era claramente imposible mantener una relación amorosa cuando una de las partes era reticente a aceptar a la otra. Viera por donde lo viera no había vuelta, Akira nunca se conformaría.

- Lamento haberte despertado, Akira-kun – dijo con una falsa sonrisa – termina de quitarte la ropa mojada y duérmete antes de que termines agarrándote una pulmonía.

Akira lo observó con expresión medio somnolienta y medio deseosa, su mente claramente siendo inundada por la cantidad de alcohol que se había infligido en su cuerpo.

Es solo eso, solo el efecto del alcohol, se dijo Shirogane algo triste, comenzando a alejarse de la cama y de Akira, que tanto lo tentaba en ese momento.

Sin embargo, una mano le detuvo el movimiento antes de que pudiera poner la suficiente distancia entre los dos. Shirogane observó sorprendido a su shin, y habló con voz rasposa por el deseo:

- ¿Qué haces, Akira-kun?

- Hace frío – respondió esté, atrayendo el cuerpo del mayor hacia él – caliéntame.

El hombre no podía creer lo que sus oídos escuchaban. Casi creyó haberse equivocado de persona en la calle y haberse llevado a un desconocido en vez de a su Akira. No era posible que él, tan despreocupado y serio, hubiera dicho algo tan sexi como aquello.

Pero no había oído mal, ni tampoco se había equivocado de chico. Aquel era su Akira, el único que hacía su sangre correr más rápido por sus venas, y desbarataba todos y cada uno de sus pensamientos. Solo él.

- Shirogane – volvió a llamar su shin con voz baja y suave, no más fuerte que un susurro.

Y en ese momento, Shirogane no pudo soportarlo más. Sentir su cuerpo debajo de él, ver su mirada obnubilada por el deseo y oír ese susurro sensual, él llegó por fin a su límite y se permitió rendir a lo que su cuerpo pedía a gritos. Sin un pensamiento arrepentido, arremetió contra el chico y aplastó sus labios contra los suyos.