Bueno, aca va la tercera parte. No escribí más que esto pero si les gusta la pienso seguir un poco más, ya tengo algunas ideas y cuando pueda empiezo. Ademas después se va a poner más interesante ;) comenten!
Mierda, que bien se sentía.
Desde aquella primera y única vez en que habían compartido un beso, (para transformar al humano en un shin) Akira había ignorado el suceso como si nunca hubiera sucedido, pero el cuerpo de Shirogane, secretamente había rugido por más, mucho más. Quería besarlo por todas partes, acariciarlo hasta que no dejara un centímetro de su cuerpo sin descubrir. Quería arrojarlo sobre la cama y hacerlo suyo de la manera más brutal, y a la vez quería hacerle el amor con suavidad, conduciéndolos a ambos en una espiral de placer tan poderosa, que ambos olvidarían que existía un mundo a su alrededor.
Quería eso y tantas cosas más, que a veces le costaba respirar con normalidad a su lado.
Sabía que Akira estaba en algún grado consciente de su atracción por él, pero dudaba de que supiera cuan fuerte era aquel sentimiento.
Cada vez que veía a Akira con cualquier otra persona que pudiera considerarse un posible potencial amoroso, el cuerpo de Shirogane inmediatamente se tensaba, su mandíbula se apretaba y antes de estar consciente de ello, ya estaba preparado para luchar.
El chico no se fijaba en otras personas, hombres o mujeres. Las relaciones no eran algo que le importase. Sin embargo, los demás si se fijaban en él, y era bastante molesto.
Akira era suyo. Muchas veces había querido dejarlo en claro, pero siempre se echaba para atrás porque en realidad no tenía el derecho a ser posesivo, no cuando su shin no admitía que tenían una verdadera conexión. Él no tenía derecho a exigir nada porque se suponía que Akira no deseaba a su compañero de la misma forma en que el otro lo hacía. Pero ahora, parecía que había cambiado la situación completamente.
Debajo de su cuerpo, Akira no se retorcía y quejaba por sus besos, sino que respondía a sus avances, pidiendo con desesperación más.
El lado racional del cerebro de Shirogane estaba a punto de tomarse unas largas vacaciones y dejar que pasara lo que tuviera que pasar. Parecía tan fácil en aquel instante, solo dejarse llevar por el momento y disfrutar que al fin uno de sus sueños se había hecho realidad. Estaba devorando la boca de Akira, saboreando sus labios suaves y jugueteando de forma descarada con su lengua. Si existía un paraíso, Shirogane estaba seguro que se debía parecer mucho a esto.
Tan concentrado había estado el hombre en su tarea, que apenas se dio cuenta de que su compañero había empezado a tomar el mando.
Su gabardina negra, larga hasta el suelo, había desaparecido de sus hombros, y ahora yacía a un lado de la cama, enrollada como un trapo viejo junto con su sombrero. A la vez, su camiseta blanca se había abierto al medio, revelando su pecho blanco como la cal y duro como el granito.
Shirogane ni siquiera recordaba el momento exacto en que Akira había decidido ponerse manos a la obra, pero la verdad es que no se quejaba. Saber que su shin había estado tan desesperado de sentirlo más de cerca, le agradaba y ponía a mil por hora.
Con todo, cuando el chico llevó las manos hacia abajo y tomó con sus dedos el cierre del pantalón del otro hombre, Shirogane dio un salto y lo detuvo al instante, sosteniéndolo quieto por la muñeca.
Akira volvió a mirarlo con esa expresión deseosa de antes, causando que Shirogane estuviera al borde de derretirse. ¿Cómo se las arreglaría para detenerlo?
- Akira, tenemos que parar esto – dijo Shirogane con voz temblorosa, dejando clara su mentira. No podía pensar otra cosa en el mundo que quisiera hacer en estos momentos que no incluyera pasarse la noche follando a su pareja.
Sin embargo, lo quisiera admitir o no, no podía permitirse dejarse llevar por la oportunidad, no cuando Akira era apenas consciente de lo que hacía.
Por supuesto ahora ese acto era consensual, pero el chico estaba claramente bajo los efectos del alcohol, y probablemente no tuviera idea de lo que estaba haciendo. Al día siguiente solo terminaría arrepintiéndose.
- ¿Por qué? – preguntó el chico confundido – no quiero parar.
Shirogane tragó saliva e intentó mirar hacia otro lado. La pared, el techo, el escritorio, cualquier cosa que lo distrajera de los ojos suplicantes del adolescente. Pero no importaba cuanto lo intentara, su mirada siempre volvía al chico que respiraba entrecortadamente debajo de él. Sus labios estaban rojos por los besos, y entreabiertos, invitándolo a entrar.
Dios, realmente lo único que deseaba Shirogane en la vida era hundirse profundo en el cuerpo de su chico, hasta desaparecer de esta realidad en la que solo había dudas.
Pero no era tan sencillo, nunca lo era. Si Shirogane se dejaba caer en la tentación, Akira probablemente terminaría matándolo al día siguiente cuando se enterara, y le prohibiría acercarse a más de 400 metros de su cuerpo, por lo menos. A Shirogane no le cabía duda que acabaría haciendo estallar la furia incontrolable del shin, y eso nunca era bueno.
No obstante, la otra alternativa significaba alejarse de la cálida piel del chico y olvidarse de que esa noche alguna vez había ocurrido. Akira estaría conforme por supuesto, pero él se estaría preguntando toda la vida que habría pasado si hubiera tenido solo un poco menos de control sobre sí mismo. Si Akira hubiera estado tan reticente como siempre, se habría alejado sin dudarlo, pero ahora mismo estaba más que dispuesto y Shirogane no tenía la fuerza ni las ganas de obligarlo a parar.
De nuevo, Shirogane no pudo resistir el impulso, y de súbito volvió a juntar ambas bocas juntas, causando que los dos temblaran por las sensaciones que les daba aquel mero contacto.
¿Por qué se sentía un beso tan poderoso?
Es por él, pensó mientras deslizaba sus dedos por cada centímetro de piel caliente que pudiese encontrar. Sabía que de haber sido cualquier otra persona, aquel junte de labios no sería nada del otro mundo. Pero al ser Akira quien recibía y respondía a sus besos, Shirogane sentía su cuerpo sumido en un fuego demasiado intenso, demasiado bueno como para hacerlo apagar. Mierda, no podía parar.
Akira intentó de nuevo desvestir a su acompañante, pero este último, por miedo a perder por completo el control, tomó las muñecas de su compañero y las junto por encima de la cabeza de este, sosteniéndolo así en su lugar.
- Shirogane, por favor – gimió Akira, al intentar zafarse de sus grandes manos pero darse cuenta de que no podía.
El aludido decidió que tendría que distraer al chico y tomar el control de la situación si no quería que se le fuera de las manos.
Ya se fue de las manos, pensó un tanto enojado consigo mismo por tener tan poco autocontrol. Sin embargo, el sentimiento no fue tan fuerte como para que le importara realmente, no cuando Akira estaba semidesnudo e imploraba que lo tocasen.
Solo un poco más…, se dijo. Una situación tan rara e increíble merecía ser disfrutada.
Para satisfacer al chico, Shirogane lo besó una última vez en los labios, antes de comenzar a trazar un camino de besos desde su boca hasta su cuello. Allí, en esa zona sensible, el hombre movió los labios con suavidad de un lado a otro, causando estremecimientos en el cuerpo del shin. Con delicadeza mordió la piel salada, de manera deliberada dejándole una marca de su pasión, para que al día siguiente Akira no pudiera fingir que nada había sucedido. En silencio, decidió que si iba a hacer esto, a pesar de que estuviera mal, lo haría bien. Marcaría a Akira como suyo, muchas y muchas veces.
Después de morder a Akira lo suficiente como para estar seguro de que le quedarían marcas, Shirogane abandonó la suave zona de su cuello y continuó su camino hacia abajo por su cuerpo.
Cuando llegó a su destino y frente a él vio un tierno pezón rosado, clamando que lo tocaran, hizo asomar su lengua y lamió el pequeño botón, causando que el chico debajo de él arqueara la espalda en señal de placer. Sin querer detenerse, (y muy seguro de que Akira no quería que se detuviera tampoco) Shirogane continuó lamiendo y mordiendo con suavidad, cerrando los labios calientes en esa área tan sensible de su anatomía. Con su mano izquierda, comenzó a retorcer el otro pezón entre sus dedos, y a pellizcarlo muy delicadamente con las uñas.
Debajo de él, Akira se retorcía con más energía que nunca, intentando zafarse del agarre del mayor, pero fallando al no ser tan fuerte.
- Shiro…gane – gimió este con la voz entrecortada.
El hombre paró lo que estaba haciendo y subió la cabeza, solo para quedarse deslumbrado con lo que vio.
Aquel era el Akira de todas y cada una de sus fantasías. Semi-desnudo, con la boca abierta y el aliento entrecortado, la expresión casi decaída por el deseo y el rubor tiñendo de rojo sangre sus mejillas. Con cada extremidad de su cuerpo, Akira rogaba por su compañero, y Shirogane no quería más que concederle ese deseo.
Rindiéndose, Shirogane soltó su sujeción sobre su shin, y continuó con la tarea que había estado cumpliendo anteriormente.
Inmediatamente los brazos del chico se cerraron como candado sobre el cuello del mayor, empujando su cabeza más y más hacia su propio cuerpo, intentando que las sensaciones aumentaran.
Shirogane estaba fuera de sí de felicidad, embebiéndose de los gemidos de Akira y tocándolo de la forma en la que siempre había querido hacerlo. Era imposible para él detenerse ahora.
Con su mano libre, serpenteó por el cuerpo de su shin hasta llegar al borde de donde comenzaba su pantalón, y sin hacer pausa comenzó a bajárselo por las piernas junto con la ropa interior. En cuanto las prendas innecesarias estuvieron fuera, Shirogane se detuvo de nuevo para echarle un buen vistazo a la anatomía del chico. De inmediato le quedo la boca seca.
Akira era hermoso, delgado y fuerte por todo el tiempo que pasaba peleando, y con la piel de un suave dorado, en contraste con la palidez casi cadavérica de Shirogane. Cada rincón de él, era simplemente perfecto.
Un gemido lastimero lo distrajo de la vista con la que se había quedado tan embobado, y al dirigir la mirada de nuevo a su shin, vio lo desesperado que estaba por recibir contacto de algún tipo. En especial si iba dirigido a aquella zona sur que se elevaba larga y orgullosa.
El hombre mayor sonrió con picardía.
- Te daré lo que quieres, Akira – susurró Shirogane, saboreando el nombre en sus labios – pero con esto probaré que en verdad me deseas, y nunca más te dejaré volver a huir de mí, ¿Esta claro?
Debajo de él Akira parecía perdido como si no hubiera escuchado ninguna de sus palabras o no las comprendiera, pero al parecer no le importó demasiado, porque como respuesta se elevó sobre sus codos y le plantó un beso en la boca al mayor.
Perdiéndose en la sensación de los labios de Akira sobre los suyos, Shirogane descendió su cuerpo hasta cubrir el del chico y obligarlo a recostarse. No soltó su boca mientras su mano bajaba por su pecho y abdomen, hasta detenerse en su área más sensible. Sin perder tiempo, Shirogane cerró sus dedos sobre el miembro caliente de Akira, causando que el chico gritara ligeramente y perdiera la respiración.
Cuando comenzó a mover la mano suavemente, acariciando toda su longitud, Akira se sacudió de nuevo y clavó sus uñas en los hombros del mayor para sostenerse.
- No tienes idea de lo hermoso que te ves ahora, Akira – susurró Shirogane en su oído.
- Shiro…ga…ne – habló el chico de forma entrecortada - más.
- Todo lo que desees, Akira.
Y con eso, su agarre se apretó sobre él y comenzó a mover la mano más rápido, a un ritmo que enloqueció al chico por completo y lo tuvo gritando en un par de minutos.
Shirogane acercó de nuevo la boca al pezón ya mojado y comenzó a acariciarlo, disfrutando de cómo su chico arqueaba la espalda, dándole más acceso.
De repente Akira levantó las caderas todo lo que pudo del colchón y su grito reverberó en la noche, quebrando el silencio de la habitación.
El cuerpo de Akira estaba en llamas y sentía la mente en blanco. Se había sentido tan tremendamente bien, que había dejado de respirar por unos instantes, pero cuando por fin las sensaciones decayeron, toda su energía se vio completamente agotada. Aún respirando trabajosamente, cerró los ojos, y en poco segundos estuvo dormido.
Shirogane se sintió ligeramente decepcionado, porque había querido que la noche continuara, mostrándole a Akira todos los placeres que se había perdido al rechazarlo en el pasado. Pero ahora el chico dormía plácidamente y no podía hacer nada porque sino sería demasiado raro.
Al menos lo comprobé, pensó con malicia, ya no te escaparas más de mí, Akira.
