Bueno acá va el capítulo 4, tardé mucho en escribirlo porque estuve un poco ocupada y no me daba tiempo de sentarme a escribir, pero intentare subir más rápido los próximos. Muchas gracias por los comentarios, me dejaron muy contenta y con más ganas de seguir la historia. Espero que les guste!

Akira despertó a la mañana siguiente con un rayo de sol pegándole de lleno en la cara, y cegándolo en el minuto que intentó abrir los ojos.

Maldiciendo, cerró los párpados con fuerza y estiró su brazo izquierdo hacia delante para correr las cortinas en un movimiento fluido de su muñeca. Cuando la habitación estuvo agradablemente oscura, Akira se permitió abrir lentamente los ojos y levantarse de la cama.

Él no era de por sí una persona madrugadora, así que nunca le había gustado levantarse con demasiada luminosidad a su alrededor, pero esa mañana se había dado cuenta que, con resaca, la situación era mucho peor. Sentía el cerebro frito y probablemente licuado dentro del cráneo, mientras la sensación de un millón de agujas clavándose con fuerza detrás de sus párpados, le daba el dolor de cabeza más monumental que hubiera sentido nunca. Para peor, ahora que se había puesto en posición vertical, su estómago había decidido intervenir, revolviéndose casi hasta llegar a su garganta.

Nunca más, se dijo a sí mismo mientras caminaba a paso tortuga hasta el baño, y se tomaba de las paredes para estabilizarse, juro que nunca más.

Con cuidado se inclinó sobre la canilla, y tras juntar ambas manos bajo el agua que corría, se mojó la cara varias veces en un intento de espabilarse. El agua fría fue un regalo del cielo para su piel demasiado caliente y sus nauseas, que le hacían ver el cuarto de baño en un ángulo demasiado extraño, con el piso en el techo y las paredes inclinadas.

De nuevo cerró los ojos y se los frotó con fuerza, pero al abrirlos la habitación seguía tan extraña como antes, así que desistió en su intento y simplemente se tiró sobre el suelo hasta que se le pasara el mareo. Podría haber llegado hasta la cama si se lo hubiera propuesto, pero los azulejos fríos sobre su mejilla y el resto de su cuerpo desnudo se sentía demasiado bien como para querer levantarse.

Un momento, pensó por fin tomando un poco de conciencia, ¿Por qué estoy desnudo?

Inclinándose ligeramente sobre un codo se miró a si mismo, como para cerciorarse de que no se estaba imaginando cosas.

Poniendo su cerebro a trabajar, intentó recordar los sucesos de la noche anterior. Sabía que había salido con Kengo y que se habían pasado la noche vaciando botellas, pero después de eso su mente era una gran laguna negra. Ni siquiera recordaba el momento en que había decidido dar por terminada la velada y volver a casa.

Mierda, ¿Cómo había vuelto a casa? En ese estado podría haber terminado muerto debajo de un basurero o boca abajo en un río. Por lo que parecía, había vuelto en una pieza, la gran pregunta era como se las había ingeniado para hacerlo.

Estaba en esas, dándole vueltas a un mismo tema sin llegar a ninguna parte, cuando una alta figura le tapó la línea de visión, y al subir la cabeza vio a Shirogane mirándolo inquisitivamente.

- ¿Estás bien, Akira? – preguntó el otro hombre mientras se agachaba a su lado.

Recordando repentinamente de que estaba desnudo, Akira pegó un salto y se apresuró a tomar una toalla para cubrirse torpemente con ella.

- ¿Qué diablos estás haciendo? – gritó el chico, mientras intentaba ponerse de pie rápidamente, pero sin demasiado éxito.

Al ver su inestabilidad, Shirogane se apresuró a su lado para ayudarlo a enderezarse, pero el chico simplemente lo apartó con brusquedad, como si su simple contacto le asqueara.

Sintiéndose decepcionado y algo dolido, Shirogane retrocedió sobre sus pies y se dio la vuelta para darle al chico una mínima sensación de privacidad. ¿Ya se había terminado la magia del alcohol? ¿Había vuelto Akira a ser el mismo gruñón de siempre? Suponía que sí.

- ¿Y bien? – gritó Akira a su espalda mientras se colocaba a toda velocidad la toalla sobre las caderas - ¿Qué no sabes tocar la puerta?

- Lo siento – dijo Shirogane forzando una sonrisa a pesar de que el otro no podía verlo– supuse que podrías sentirte un poco mal ahora y quería asegurarme de que estuvieras bien.

Inmediatamente a Akira le atravesó la culpa como una flecha directo a su pecho, y se maldijo a si mismo por hablar demasiado rápido.

Shirogane podía ser un pervertido, que siempre buscaba la mínima excusa para tocarlo o ponerse muy cerca de él, y sí, le molestaba a horrores porque su presencia lo ponía demasiado nervioso. Pero eso no cambiaba el hecho de que era su compañero, que siempre estaba ahí cuando lo necesitaba, y que la mayoría de las veces en que se metía en un problema, era Shirogane quien lo rescataba.

Probablemente haya sido él también el que me trajo anoche a casa, pensó Akira, enojado consigo mismo por hablarle tan mal, mierda, tengo que disculparme.

El disculparse no era algo que Akira le saliera del todo bien, principalmente porque era un cabeza dura, obstinado y testarudo, pero sabía reconocer su error cuando lo veía. La cosa era que a veces no podía expresarlo en palabras.

Tomando aliento, bajó la cabeza y dijo en voz baja:

- Lo…siento.

Shirogane escuchó la disculpa de Akira y sintió su pecho removerse con emoción. Sabía lo mucho que le costaba al chico admitir que se había equivocado, el hecho de que lo hubiera hecho con él, significaba que algo le importaba, ¿no?

- Akira… -comenzó a decir Shirogane tras darse vuelta hacia él.

- ¡No voy a volver a decirlo! – gritó el chico, con la cabeza aún baja y las manos fuertemente aferradas a la toalla en su cintura – si no lo escuchaste, es tu problema.

Shirogane sonrió sin poder evitarlo. Amaba que Akira fuera tan tímido a su lado, lo hacía parecer mucho más adorable.

- No te preocupes, lo escuché… y estas perdonado.

Akira respiró hondo y subió la cabeza, dejando que el otro hombre viera el deje de rubor en sus mejillas.

Shirogane abrió mucho los ojos y tragó saliva audiblemente, recordando como Akira también había estado desnudo y ruborizado la noche anterior, pero en un contexto muy diferente al que estaban ambos en ese momento.

Ahora no, se dijo a sí mismo mientras intentaba no comerse con la mirada el moldeado y fuerte cuerpo de su shin. Tenía que concentrarse, Akira estaba hablando pero apenas podía oír una sola de sus palabras. No con tanta tentación frente a él.

- Bien…ehm – empezó el chico a hablar – supongo que tengo que agradecerte por traerme a casa anoche, fuiste tú, ¿no?

Shirogane salió de su línea de pensamientos sucios por un momento para prestar atención a lo que el otro decía.

- ¿No recuerdas nada sobre ayer? – preguntó, aunque en realidad no podía verse demasiado sorprendido. Si Akira hubiera recordado aunque sea una parte de la noche cuando estuvo con él, Shirogane probablemente ya hubiera sido molido a golpes hacía rato.

- La verdad es que no – respondió Akira algo avergonzado – tengo algunas lagunas. ¿Por qué? ¿Debería recordar algo importante?

Shirogane abrió la boca para responder aún no sabía que, cuando desde abajo se oyó un grito enojado, seguido de unas pisadas por la escalera, dirigiéndose arriba.

- Ya está bien de dormir, Akira – gritó Aya por el pasillo – levantantate en este instante antes de que yo entre ahí por ti.

Akira puso una cara de terror total, recordando como la noche anterior, él y Kengo habían hecho enojar a Aya hasta límites insospechables, y sin perder más tiempo corrió hasta su cuarto y trancó la puerta. Eso no evitaría que ella entrara por supuesto, pero le daría un poco más de tiempo.

- Mierda, va a matarme – se dijo mientras se apresuraba a vestirse.

Desde afuera, Aya intentó abrir la puerta, y al no poder, pasó al plan B, que consistía en tirarla abajo. Akira sabía que no le tomaría demasiado tiempo, así que se apuró todo lo que pudo.

- Veo que estas ocupado ahora – dijo Shirogane mientras se recostaba contra la pared y observaba a su chico hecho un mar de nervios – te contaré más tarde todo lo que pasó anoche.

Akira frenó un segundo y se dio vuelta para observar al otro hombre. Algo en su tono de voz o en lo que había dicho, le sonaba extraño. Como si hubiera algo fuera de lo normal en sus recuerdos de la noche pasada, pero no podía saber exactamente que era.

Por el momento, Shirogane lo observaba como si se lo fuera a devorar, lo que no era raro, porque así lo observaba siempre. Pero esta vez había algo distinto, parecía que esta vez no bromeaba.

En el minuto en que los dos pares de ojos se encontraron, Akira apartó la mirada de inmediato, sintiéndose demasiado avergonzado como para mirarlo a la cara de nuevo.

- ¡Akiraaaaaaaaa! - gritó Aya desde afuera, golpeando fuertemente la puerta y haciéndola temblar.

El chico salió de sus pensamientos y dedicándole un simple saludo con la mano al otro hombre, abrió la puerta y se enfrentó a la ira de su amiga.

Pero no importaba cuan fuerte lo intentara, no pudo quitarse de la cabeza en todo el día, la mirada de deseo en los ojos de Shirogane.