Bueno, por fin aca les traigo el siguiente capítulo :) Tardé un poco porque no estaba muy segura de como escribirlo y a veces me trancaba, pero lo terminé hace poquito y ya puedo continuar con los próximos. Espero que les guste!
Capitulo 8
Akira se congeló sobre su sitio y sintió un repentino calor subiéndole por la columna al sentir aquel aliento tan cerca de su rostro. Para su sorpresa, no fue una mala sensación, hasta se podía decir que lo…disfrutaba.
Mierda, concéntrate, se dijo a si mismo negando con la cabeza para aclararse esos pensamientos raros. No podía dejar que la situación se le fuera de las manos y terminar en un desastre como la noche anterior.
- ¿Qué…que estás haciendo? – preguntó el chico, intentando ocultar su voz temblorosa.
- Demostrándote lo bien que te puedes sentir cuando te dejas – respondió el otro hombre, antes de acariciarle el contorno de la oreja con la lengua.
Akira inmediatamente saltó sobre su sitio e intentó alejarse, pero el otro cuerpo presionado contra el suyo era más grande, más fuerte, y evitó que se pudiera escapar de su poderosa sujeción.
- Ya basta – dijo el chico, pero no recibió respuesta de la otra parte, que estaba muy ocupado mordisqueándole aquella área sensible de su cuerpo – ¡dije que pares!
Pero Shirogane estaba muy lejos de escuchar cualquier palabra que saliera de la boca de su shin. Estaba demasiado ensimismado en su tarea, una de las muchas que había estado deseando hacer desde hacía mucho tiempo, y ahora se encontraba incapaz de parar, incluso si Akira se lo rogaba. Ya no quería pelear con él, o meterle sentido común en su cabezota obstinada, solo quería tocarlo, besarlo, quererlo… ¿Era realmente demasiado pedir?
Ya no quería tener que oír aquellas palabras venenosas y comentarios sarcásticos, solo quería, aunque fuera por un corto rato, deleitarse con la persona que más amaba en el mundo.
Aunque esa persona esté ahora resistiéndose y odiándome cada vez más…, pensó Shirogane sintiéndose culpable. ¿Qué mierda estaba haciendo? Se había prometido hacía solo unas horas que no forzaría al chico y que le dejaría descargarse a su antojo, hasta que reconociera sus sentimientos. Se había dicho que le dejaría gritar y maldecir, que incluso le dejaría golpearlo, y estaba bien con eso.
Pero, apenas podía soportar que se alejara corriendo asustado, solo porque no sabía lidiar con la situación. Lo amaba demasiado y le daba terror de que Akira nunca fuera a perdonarlo solo porque no estaba en su naturaleza hacerlo. ¿Qué pasaba si ese orgullo de hierro no le permitía acercarse a él nunca más? No, no podía perderlo.
Sabía que aquella no era la manera de encargarse del asunto, pero Shirogane estaba desesperado, y en su mente, no había ninguna otra alternativa.
Sin perder tiempo, se quitó el cinturón de su gabardina y con eficacia le ató las manos a la espalda, inmovilizando su cuerpo y dejándolo incapaz de resistirse.
- Shirogane… ¿Qué estas haciendo? ¡Para!
- No – respondió, tomándolo de la cintura y arrojándolo en la cama de un fluido movimiento – no voy a parar.
Akira rebotó sobre el colchón al caer, pero antes de que pudiera considerar moverse para escapar, el cuerpo del otro hombre cayó sobre él y destruyó todo plan de escape que pudiera habérsele ocurrido.
Intentó resistirse, claro está, pataleó, chilló e intentó por todos los medios escaparse de debajo de su cuerpo, pero fue inútil. A menos que Shirogane, por un acto de generosidad, decidiera liberarlo, Akira no iba a poder moverse de su sitio.
Comprendiendo que la situación se le había ido completamente de las manos, detuvo su resistencia y observó los ojos turbios del que hasta ahora había sido su amigo.
Mierda, ¿ahora qué?, se preguntó, completamente aterrado de lo que el otro hombre pudiera hacerle.
- ¿Qué vas a hacer? – se atrevió a preguntar, su voz fina y asustada incluso en sus oídos.
El aludido sonrió lentamente, de forma felina, y con deliberada lentitud se quitó la gabardina negra, arrojándola al suelo echa un rollo y olvidándose completamente de ella.
- Voy a enseñarte todos los placeres que te perdiste hasta ahora – respondió Shirogane, quitándose la camisa blanca por la cabeza y arrojándola también al suelo.
Akira se sonrojó ante la vista de aquel pecho desnudo, fuerte, pálido como la cal y perfectamente delineado en los lugares correctos. Se encontró a si mismo deseando acercarse más para tocarlo, comprobar que cada una de aquellas líneas no eran parte de su imaginación alocada. Quería hacerlo más que nada en el mundo, y sin embargo, se detuvo a si mismo, dando vuelta la cara y evitando encontrarse con su mirada azul.
¿Qué se le estaba pasando por la cabeza? ¿Desde cuándo lo deseaba así, con tanta pasión?
Shirogane debe estar haciéndome algo extraño a mi cabeza, se convenció el chico de cabello negro.
- Voy a demostrarte lo bien que se siente, Akira… todo lo que te haga.
El chico volvió la cara, e inmediatamente lo fulminó con la mirada, amenazándolo aún cuando claramente él estaba en desventaja.
- ¿Y cómo sabes que me voy a sentir tan bien? ¿Por qué estas tan confiado que va a gustarme que me toques?
Shirogane volvió a sonreír, pero esta vez su boca no se curvó con malicia, sino que con dulzura. Akira se vio confundido ante ese repentino cambio de actitud, pero antes de que pudiera adivinar su siguiente movimiento, el otro hombre ya había cortado la distancia entre los dos y apoyado sus labios sobre los suyos.
Akira se quedó todo lo quieto que su cuerpo le permitió, guardando la respiración en sus pulmones y tensando sus músculos al máximo, sin saber cómo reaccionar ante ese avance.
Sin contar los eventos de la noche anterior (que aún el chico no recordaba del todo bien todavía), la pareja no se había besado desde hacía mucho tiempo. Desde aquel primer encuentro, sus labios no habían vuelto a tocarse, y para Akira fue una sorpresa darse cuenta que los labios de Shirogane eran más suaves de lo que recordaba.
El beso pareció durar para siempre, haciendo callar todo sonido y detener cada acción que transcurriera en el mundo. El universo parecía haberse detenido, solo para darles ese espacio a ellos, el único en el que realmente estaban solos, sin nadie más que los perturbara.
De mala gana, Shirogane rompió el beso, y observando las mejillas sonrosadas de su shin, respondió con voz suave:
- Porque puedo verlo en tu mirada, puedo sentirlo en ese beso…deseas esto, Akira, tanto como yo.
El chico abrió la boca para protestar, pero se encontró con que ningún sonido emergía de su garanta. Estaba mudo, sin saber que decirle al hombre que le hacía la cabeza un lío.
- Descuida – dijo el hombre de electrizante cabello blanco – no haré nada que se sienta mal.
Y con eso, Shirogane retomó el control de su boca.
Akira estaba en las nubes. No tenía la menor idea de cómo mover su cuerpo, y francamente, una parte de sí estaba considerando de que quizás no fuera tan necesaria la resistencia. Estuviera enojado con él o no, no podía evitar admitir que su compañero sabía usar los labios. Y la lengua.
Akira comenzó a jadear en el momento en que su lengua entró en contacto con la del otro hombre, apenas dándose cuenta como ambas se enredaban en un complicado baile y se buscaban una a la otra después de hacer pausas para respirar. Intentó hacerlo parar en algún momento, pero ni sus esfuerzos dieron frutos, ni fueron demasiado buenos para empezar. En algún rincón de su mente, sabía que eso significaba que no quería detenerse, pero obvió aquel detalle mientras acercaba la cabeza, intentando estar más cerca todavía.
Mientras se besaban, Shirogane empezó a recorrer lentamente con las manos, el cuerpo caliente de su shin, sintiendo todos esos músculos duros y trabajados, al igual que la noche anterior, y disfrutando nuevamente de ellos. Trasladó su boca hasta el cuello del chico, y comenzó a mordisquear y besar todo rastro de piel que encontrara a su paso, mientras sus manos reptaban por su cuerpo en busca de puntos sensibles.
Akira contuvo rápidamente la respiración cuando las manos del hombre mayor llegaron hasta su miembro, y este comenzó a frotarlo en lentos movimientos circulares.
- N-no… - intentó decir el chico, sin demasiada autoridad – para…
- ¿Por qué parar cuando se siente tan bien? – respondió Shirogane, mientras descendía sobre el cuerpo del menor y besaba todas aquellas marcas rojas en su cuerpo.
Para Akira debían ser bochornosas y horribles, pero para él eran lo más hermoso que había visto en su vida. Para él era signos de cómo ambos habían mantenido una noche de pasión más allá de cualquier de sus expectativas, no una mera ilusión, sino que la innegable realidad. Cada una de aquellas marcas imponía su derecho sobre el chico, y evitaba que cualquier otra persona se dignara a acercarse. Akira era suyo y se aseguraría que se mantuviera así por un largo tiempo.
Shirogane volvió a tomar en la calidez de su boca su pezón tentador, y lo acarició con la lengua, en una acción que estaba seguro enloquecería por completo a su shin.
No estaba equivocado. Akira comenzó a gemir de puro gozo, olvidándose completamente de donde estaba o cual era su nombre.
Cuando Shirogane consideró que el chico estaba listo para continuar avanzando, rápidamente le quitó los pantalones junto con la ropa interior, y dedicándole una última mirada seductora, descendió la cabeza y lo tomó en su boca.
Akira gritó ligeramente por la sorpresa e intentó alejarse de aquella fuente de placer, sin lograr moverse un solo centímetro fuera de aquella cama.
Se siente tan…bien, dijo una voz sincera en su cabeza, ¿Por qué se siente tan bien?
- No…Shirogane…detente… - rogó entre gemidos entrecortados – por favor…para…
Pero de nuevo, Shirogane se rehusaba a escucharlo. ¿Cómo concederle lo que pedía cuando claramente su cuerpo estaba exigiendo a gritos por más, moviendo las caderas y gimiendo de placer? No iba a permitir que continuara negando el hecho de que le gustaba ser tocado, no ahora que lo tenía a su merced.
Shirogane revolvió la lengua de arriba abajo, saboreándolo y deleitándose como siempre había querido hacerlo, sin guardarse nada, sin evitar controlarse. Lo llevó más hondo en su garganta, deliberadamente haciéndole sentir en la gloria, hasta que tuvo al chico gritando y suplicando por más.
Pero antes de llevarlo hasta el éxtasis, Shirogane quería enseñarle más cosas, muchas más.
Levantó la cabeza, y observó la cara de su shin, toda arrebolada con las mejillas encendidas y la mirada obnubilada por el deseo. Dios, quería concederle todo lo que deseaba y más, ya no podía esperar para mostrarle lo que se había perdido con tanta resistencia.
Antes de darle a Akira la oportunidad de siquiera recuperar la respiración, Shirogane le abrió las piernas, y con cuidado movió su mano hacia abajo, buscando la entrada a su cuerpo.
Akira al darse cuenta lo que su compañero se proponía, sintió que el corazón se le detenía dentro del pecho, y después de un segundo de haberse quedado en blanco, retomó con aún más fuerza sus intentos por escapar. Pero con los brazos a la espalda y la sujeción de Shirogane, nuevamente no llegó a ningún sitio.
Sintió un dedo acariciarle aquel sitio que nunca nadie había tocado nunca, y comenzó a desesperarse sin apenas darse cuenta, sintiendo el corazón a mil por hora y la respiración acelerada.
- ¡Para! – gritó con voz asustada y moviendo las caderas en un frenesí– ya basta, no quiero esto…solo para…
- Shh, Akira, está bien – dijo suavemente Shirogane, intentando calmarlo – no voy a lastimarte.
- ¡No me importa! ¡Suéltame ahora mismo!
Akira continuó moviéndose y resistiéndose sin descanso, demasiado aterrado como para imaginarse lo que pasaría si dejaba luchar. Si bien aún había un rincón de su mente que deseaba experimentar aquel placer nuevamente, la mayor parte de su cerebro quería largarse de ahí lo más rápido posible. Y eso era exactamente lo que se había propuesto hacer.
Sin querer que al chico se lastimara a sí mismo con tanto movimiento, ascendió de nuevo sobre su cuerpo y lo besó, logrando que instantáneamente se calmara lo suficiente como para quedarse quieto.
Akira sintió que la mente se le quedaba en blanco nuevamente, con el efecto de la maestría de los labios de Shirogane. Rápidamente olvidó lo que sucedía a su alrededor y se rindió ante ese beso tan enloquecedor como perfecto.
Cuando Shirogane volvió a apartar la boca, Akira estaba visiblemente más calmado, pero aún temblaba, así que para evitar cualquier signo de pánico, le acarició la mejilla con un dedo y le susurró al oído:
- Relájate…lo prometo, esto va a gustarte. No tienes que tener miedo, Akira, no de mí.
- ¿Y si no…me gusta? ¿Vas a obligarme? – preguntó el aludido con el terror enredándose en sus entrañas.
Intentó parecer enojado, como debería estarlo, pero la voz temblorosa lo delató.
Shirogane volvió a besarlo, más suavemente esta vez, y le rozó las costillas con la punta de los dedos, en una caricia destinada a relajarle aquellos músculos tensos.
- Si no te gusta, pararé – respondió el hombre mayor con una sonrisa – no quiero forzarte, solo quiero que confíes lo suficiente en mí como para intentarlo. Déjame tocarte, demostrarte cuanto te quiero y lo bien que te puedo hacer sentir.
El cerebro de Akira estaba en alguna especie de shock, incapaz de procesar del todo bien aquellas dulces palabras.
"Te quiero…", repitió su mente como en un sueño, "te quiero…".
Así que él no hacía esto por el simple placer de hacerlo, sino porque lo quería. ¿Realmente podía confiar en aquella confesión?
"Confía en mí…", dijo su mente ahora, la única cosa que Shirogane le había pedido. Confianza. ¿Podía dársela? ¿Se la merecía?
Antes de que pudiera responder cualquiera de aquellas preguntas, su compañero había vuelto a la acción, acariciando su estrecha entrada hasta lograr colar un dedo dentro con relativa facilidad.
Akira abrió la boca para gritar, pero apenas tuvo tiempo de hacerlo antes de que Shirogane lo hiciera callar con un nuevo beso, distrayéndolo con sensaciones ahora familiares.
Sin que el chico pudiera hacer nada para defenderse, el otro hombre comenzó a mover su dedo, acariciando las paredes interiores y estirando de a poco la pequeña zona.
- ¿Cómo se siente? – preguntó el hombre de cabello blanco, mientras hacía entrar un segundo dedo en su interior.
Akira contuvo gemido y escondió como pudo la cara sobre la almohada.
Nunca había tenido sentimientos tan contrarios en toda su vida. ¿Cómo era posible sentirse avergonzado, excitado y dolorido al mismo tiempo? ¿Qué es lo que rogaba su cuerpo, que se detuviera o que continuara? Era demasiado complicado como para entenderlo.
- Akira, mírame – dijo Shirogane, mientras que con su mano libre le hacía dar vuelta la cara hacia él y lo obligaba a mirarlo a los ojos – no te contengas.
Akira se mordió el labio con fuerza, casi hasta lograr sacarse sangre, pero no le importaba, haría cualquier cosa con tal de no demostrarle a Shirogane que le encantaba lo que le estaba haciendo. Primero muerto.
Shirogane, al ver que su compañero estaba intentando contener esos gemidos que tanto debía desear salir, coló un tercer dedo en su interior y cambió el ángulo de su mano, logrando llegar a aquel dulce punto que se escondía profundo en su cuerpo.
Nada más encontrarlo, comenzó a frotarlo de manera descarada hasta, logrando que el chico abriera los ojos como platos y soltara el gemido más erótico que hubiera escuchado en su vida.
Akira no podía respirar del placer, sintiendo una ola de electricidad recorrer su cuerpo de forma rápida pero brutal. Sin poder contenerse ahora se encontró moviendo las caderas a un ritmo enloquecido, gritando por más, rogando por todo lo que Shirogane le había prometido.
¿Qué es esto?, se preguntó una voz fragmentada en su cabeza, ¿Por qué me siento así?
- ¿Qué…me…estas… haciendo? – logró decir Akira entre dientes.
- ¿Nunca te habías sentido así, verdad? ¿No es una sensación deliciosa? – respondió Shirogane mientras trazaba un camino de besos por su cuerpo.
Mierda, tengo que concentrarme…, se dijo a si mismo, pero encontró que era mucho más difícil decirlo que hacerlo. Con lo bien que se sentía aquello, ya ni recordaba porque quería detenerse, porque lo habría querido en algún momento.
Estaba entrando a las puertas del cielo, cuando de repente una nueva sensación se adhirió a las demás, y no pudo evitar gritar.
Shirogane había vuelto a usar su traviesa boca en su miembro, que desesperadamente había rogado por atención. Pero ahora ya no era como antes, siendo atacado desde ambos frentes, Akira sentía que bien podía morirse por tanto placer. Su respiración era demasiado irregular, cada inspiración era un jadeo violento y cada expiración era un gemido entrecortado. Ya no le llegaba suficiente aire a sus pulmones, pero no le importaba, no quería parar.
- ¡Shirogane…por favor! – gritó de repente, desesperado por tocar el éxtasis que ya estaba tan cerca.
Todo lo que quieras…, pensó Shirogane, mientras aumentaba el ritmo tanto de sus dedos como de su boca, logrando que su querido shin culminara con un grito demasiado sensual.
Akira sentía que el orgasmo duraría para siempre, manteniéndolo en ese vilo en que ya no le importaba que era real y que no, solo estaba el placer que Shirogane le otorgaba. Nunca en su vida había experimentado una sensación igual, y dudaba de que pudiera existir algo mejor.
Más tarde, bien podrían haber sido dos minutos o dos horas, la sensación decayó, y Akira cayó pesadamente sobre el colchón, dándose cuenta de que había arqueado la espalda en reacción a las sensaciones.
Aún respiraba trabajosamente, y su cuerpo seguía con temblores del orgasmo, pero estas iban disminuyendo de a poco, llevando su cuerpo a la normalidad.
Shirogane le sonrió y besó una última vez en los labios, antes de abrazarlo y apartarle cariñosamente el cabello de la frente.
Akira abrió la boca para hablar, pero el otro hombre lo detuvo, poniéndole un dedo en los labios.
- Ahora descansa, puedes decirme todo lo que quieras más tarde.
Y sin necesitar más aliento, Akira se durmió profundamente en los brazos de su compañero.
