De nuevo, perdon por la tardanza, escribo muy lento y soy de tener bloqueos y etapas en las que no puedo escribir una palabra. Creo que ya estoy cerca del final igual, espero que les guste :)
Capitulo 9
A la mañana siguiente Akira despertó en su cama, desnudo, adolorido en lugares que prefería no pensar, y más importante…solo. No había ni rastro de Shirogane en el colchón, o en el resto de su habitación, y una ojeada más en el baño del pasillo le hizo saber que seguramente ya no estaba en la casa. Probablemente para darle tiempo para pensar en todo lo que había sucedido en solo dos noches.
Akira se tiró de nuevo sobre la cama y se tapó con la sábana de pies a cabeza, sintiéndose demasiado agotado tanto física como mentalmente como para siquiera considerar lo que iba a pasar de ahora en adelante.
Lo único bueno era que al menos Shirogane no estaba ahí para distraerlo. Estaba bastante seguro que si se hubiera despertado con la presencia del otro hombre, habría terminado de enloquecer. Al menos le había dado un poco de paz.
Intentó cerrar los ojos y continuar durmiendo, pretender que nada había pasado en aquella habitación, pero se le hizo más difícil de lo que esperaba. Cada vez que sus parpados se cerraban para darle paso a un sueño pacífico, su mente no hacía más que pasar una y otra vez los eventos de la noche anterior, como una película, burlándose de él e impidiéndole olvidarse aunque fuera por unos minutos de aquella complicada situación en la que se había metido.
Bueno, a su entender, él no se había metido voluntariamente en nada. Aquella primera noche no podía jugarle en su contra porque había estado tan ebrio que no sabía ni lo que estaba haciendo. Es más, hasta el día siguiente, no había conseguido recordar nada.
En defensa de Shirogane, Akira podía admitir que había soltado la lengua y dicho un montón de cosas que habían incitado al otro hombre a mal interpretar la situación, pero eso no justificaba que ahora le forzara sus sentimientos, demandando una respuesta que el chico no estaba dispuesto a dar.
Mierda, sueno como una mujer, pensó para sí mismo mientras se ponía de pie y comenzaba a vestirse. Estar desnudo contra las sábanas le hacía estar demasiado conciente de lo que había pasado dentro de esa cama la noche anterior, y no estaba de ánimos para recordar.
Mientras se pasaba la camiseta por la cabeza, llegó a ver un atisbo en el espejo, de su cuerpo lleno de marcas de labios y dientes. Al acercarse para ver más de cerca, se dio cuenta que ahora habían muchas más que el día anterior, y no pudo evitar querer destrozar aquella imagen.
¿Era esta su forma de marcarlo? ¿De ejercer una autoridad sobre su cuerpo? No le costaba mucho imaginarlo, ya que todo lo sucedido la noche anterior había sido por decisión unilateral.
"¿Cómo se siente?", susurró la voz de Shirogane en su memoria. Al recordar esa frase en particular, el cuerpo de Akira se sobrecalentó, y por el reflejo del cristal pudo ver sus mejillas teñidas de rojo escarlata.
Inmediatamente se alejó del espejo, pegando la mirada en el suelo, o en cualquier otra cosa, pero ya era tarde, no se podía sacar de la mente la imagen de su propio rostro excitado.
"Avergonzado", se corrigió a sí mismo, pero ni él se lo creía. Solo hacía unas horas desde que Shirogane lo había tocado, de una manera que no se la hubiera esperado nunca. Y por supuesto, al principio se había negado con todas sus fuerzas…pero estaría mintiendo si dijera que al final no lo había disfrutado. No se lo admitiría nunca al otro hombre, pero la había pasado condenamente bien bajo sus manos, y su boca, o cualquier otra parte de su cuerpo que pudiera haber usado. Todo lo que le hacía Shirogane se sentía como el cielo en la tierra…y esa era la parte que más le aterraba. Si no le gustara lo que le hacía podría negarse con más fuerza, pero a este ritmo, terminaría sucumbiendo a las demandas del otro hombre, fueran las que fueran.
- Veo que estás despierto – dijo una voz conocida a sus espaldas.
Con el corazón de repente latiendo a mil por hora, y una ola de calor subiéndole por la columna vertebral, Akira se dio la vuelta y confrontó a la persona que menos esperaba ver.
Apoyado en el marco de la puerta, Shirogane estaba como siempre, con su gabardina negra, larga hasta el suelo, su cabello blanco atado en una perfecta trenza y su sonrisa seductora inamovible. Su imagen era exactamente igual a la que había tenido desde que lo conoció, pero ahora mismo, la reacción en su cuerpo era distinta a la que había sido siempre. Nunca al verlo había sentido ese revoltijo en el estómago, esa sensación de que el corazón que se le iba a salir del pecho, nunca…hasta ahora.
Ahora todo había cambiado, y Shirogane seguía sonriendo como si nada hubiera cambiado, como si su relación todavía fuera la misma. Y no lo era, ya no lo sería nunca.
- ¿Tienes hambre? – preguntó el hombre de cabello blanco – no se me da muy bien cocinar, pero si es algo básico me las puedo arreglar…
- ¿Esto es lo que vamos a hacer ahora? – preguntó el chico, mientras cerraba los puños de pura furia - ¿Vamos a desayunar y pretender que no pasó nada? ¿Esa es tu idea?
Shirogane perdió la sonrisa, y respiró hondo antes de entrar en la habitación. Abrió la boca para responder pero no tuvo oportunidad para hacerlo.
- Aléjate – dijo Akira enseguida, mientras daba un par de pasos hacia atrás. Intentó no pensar en el hecho de que no se estaba alejando por miedo a que Shirogane lo lastimara, sino porque temía que el otro hombre viera que no estaba disgustado con su presencia.
El aludido se paró sobre su sitio y lo miró casi con tristeza, ningún asomo de enojo aún en su mirada celeste.
- ¿Es eso lo que quieres, Akira? ¿Realmente lo que quieres?
El chico se quedó callado un minuto, y bajó la mirada, porque por más que quisiera no podía evitar recordar el cuerpo de Shirogane sobre el suyo y lo bien que lo había hecho sentir.
Contrólate, o él se dará cuenta.
- Lo que quiero es que te largues, te lo dije anoche, pero no te quedó muy claro.
Shirogane volvió a suspirar. ¿Por qué era esto tan difícil? ¿Por qué Akira no conseguía entender?
- Mira, lo siento. Anoche me…sobrepasé, tu estabas confundido y no debí haber actuado de un modo tan rudo. Estoy aquí para disculparme.
Akira se quedó quieto, mirando con desconfianza al hombre frente a él y preguntándose si sus palabras serían ciertas. Pocas veces lo había oído disculparse, y no creyó que lo haría en esta situación tampoco. sin embargo, la disculpa no fue todo lo que estaba dispuesto a decir.
- No quiero asustarte Akira, pero tampoco pienso dejar que te escondas en las sombras de nuevo y no admitas tus propios deseos.
- ¿Deseos? – habló el chico con sorna – anoche me ataste las manos y prácticamente me violaste mientras yo te pedía que me soltaras. ¿Qué deseo estaba expresando en ese momento, aparte de querer que me liberaras?
Shirogane frunció el entrecejo y se acercó unos pasos a él, hasta lograr acortar la distancia lo suficiente como para que Akira se sintiera incómodo.
- ¿Vas a decirme que no lo deseabas? ¿Qué no me rogaste por más?
Akira se alejó de nuevo hacia atrás, solo para encontrarse con la pared a su espalda, y el cuerpo de Shirogane ahora mucho más cerca.
- Estas delirando – contestó el chico, intentando alejarlo de un empujón pero sin poder mover esa montaña de músculos – nunca te pedí nada.
- Entonces estamos en desacuerdo – dijo Shirogane, acercando su boca al oído de su shin – porque recuerdo tu dulce voz gritando mi nombre, pidiéndome más y más.
Akira sintió sus mejillas encendidas a un máximo, mientras que la garganta se le quedaba seca por la sorpresa. También recordaba haber dicho su nombre, y no exactamente en un contexto desagradable.
Mierda, ¿Cómo podía seguir negando que se sentía bien ser tocado y acariciado por su compañero, cuando su propio cuerpo lo traicionaba?
- Ya no mientas, Akira, no hay necesidad de ello. Te conozco y sé lo terco que eres. Crees que tendrás alguna especie de debilidad si admites que te gusta mi toque.
Mierda, ¿Cómo podía conocerlo tan a fondo? Todos esos pensamientos que se le habían cruzado por la cabeza, Shirogane los había adivinado. Él lo entendía mejor que nadie, siempre lo había hecho. Por eso ahora debía cambiar de táctica, a una que no pudiera adivinar.
- Bien, tú ganas. ¿Quieres que lo admita? Me siento bien cuando me tocas – contestó Akira, con los ojos cerrados por la vergüenza.
Shirogane se quedó sin respuesta por la sorpresa, e intentó mirarlo a la cara para ver su expresión, pero sin conseguirlo, ya que el chico hacía todo para esconderse.
- ¿Qué? – preguntó, sin creerlo – Akira…
- ¡Pero no es como piensas! – gritó en respuesta, subiendo la cabeza y mostrando sus mejillas aún al rojo vivo – ya sabes que siento placer cuando estoy contigo, no necesitas que te admita nada, lo que intento decir es que…te deseo ahora, porque lograste forzar una respuesta.
De nuevo, el otro hombre se quedó en silencio, procesando aquellas palabras y tratando de entenderlas. Abrió la boca para hablar, pero Akira lo detuvo y comenzó a hablar con rapidez:
- Cada vez que me tocas, lo haces de tal forma en que sabes que voy a sentirme bien. Me atacas los sentidos y doblegas la situación a tu antojo. Me haces creer que soy yo el que quiere más, cuando en realidad, solo eres tú.
- Espera, espera – lo cortó el otro hombre, sin entender del todo bien hacia donde iba su razonamiento – yo no doblego ni forzo nada, lo que hicimos fue consensual…
- Puede ser que me haya gustado al final, te puedo dar la razón en eso, pero nunca acepté nada, ni me lo preguntaste ya que estamos.
Akira consiguió empujar de su camino a Shirogane y poner más distancia entre los dos. De esa forma podía hablar más claro y eficientemente, sin distraerse con el cuerpo que tenía delante de él.
Shirogane lo miró a los ojos, medio desesperado, medio enojado.
- Si puedes admitir que me deseas, ¿Cuál es el verdadero problema? Te dije anoche que no pensaba obligarte, y no lo hice, tú también lo quisiste.
- Lo sé, ese no es la cuestión. El problema es que tú confundes tus sentimientos con los míos.
- ¿Y que es lo que se supone que confundo?
- El afecto. Piensas que yo también te amo y no es así.
Shirogane abrió la boca para responder, pero no consiguió hacer salir ningún sónido de su garganta. ¿Qué le podía decir a eso?
- Esto va a terminar mas mal para ti que para mí, Shirogane. No siento nada por ti cuando no estas forzando una respuesta de mi parte. El amor nunca fue parte de esta ecuación.
El silencio llenó la habitación, mientras Shirogane procesaba las palabras del chico, repitiéndolas una y otra vez en su cabeza, tratando de pensar en una respuesta.
Akira había dicho el único argumento al que Shirogane no sabía como responder. Deseo, placer... todos aspectos que Shirogane estaba seguro que a Akira le gustaban. Pero deseo y amor no son lo mismo.
Akira podía desearlo con pasión enloquecida, pero podría pasar una vida entera sin tener la necesidad de corresponderle sus sentimientos. Y ahora estaba usando ese ataque en su contra.
- ¿Es eso lo único que sientes por mí? – preguntó Shirogane en voz baja - ¿no hay nada más que estes dispuesto a darme?
Akira se tragó un nudo en la garganta y contestó con la voz mas firme que pudo conseguir:
- Sí.
Shirogane asintió y bajó la mirada antes de darse la vuelta y salir por la puerta. Hizo una pausa para decir con voz desolada:
- Siento todo esto, no quise forzarte a aceptar una situación que no querías realmente.
Y con eso se alejó sin mirar una vez más hacia atrás, a pesar de que no quería nada más que correr de vuelta hacia ese cuarto y hacia Akira, estrecharlo fuerte entre sus brazos y olvidar todo lo que se había dicho en los últimos 10 minutos. Pero eso no era posible.
Mientras tanto, Akira se deslizó al suelo, con las brazos y piernas temblando por una razón que no podía comprender. Lo único que tenía claro, era que en su vida había dicho tantas mentiras juntas.
"¿Que acabo de hacer?"
