Último capítulo.

- Bueno, por lo que parece ya estas completamente recuperado – confirmó Master, mientras quitaba las vendas que coronaban la cabeza de su paciente – ya estas listo para volver a tu hogar.

Shirogane suspiró audiblemente y comenzó a trensarse el pelo para mantener ocupadas sus manos.

- Si por "hogar" te refieres a la casa de Akira, la respuesta es no. No puedo volver allí – sentenció con voz apagada, sin emoción alguna.

Master se quedó allí de pie a su lado, buscando alguna forma de poder reconfortarlo, pero sin encontrar ninguna. Él realmente no era muy bueno animando a la gente, pero cuando se trataba de Shirogane, nadie lo era. El único que era capaz de levantarle el ánimo, de sacarle una sonrisa en su momento más oscuro, era Akira. El chico tenía alguna especie de poder sobre el otro hombre, cada cosa que decía, tan estúpida como pudiera ser, tenía un efecto poderoso y sin igual. Nadie más que él podía manejar al guerrero, teniéndolo enredado en su dedo a su antojo.

Sin embargo, ahora el chico no era la persona idónea para pedirle ayuda, debido a que el conflicto era con él específicamente.

- Sabes que te podes quedar aquí tanto como lo necesites… pero creo que deberías hablar con Akira.

Shirogane fulminó con la mirada al dueño del bar en el que se había estado quedando hacía ya cosa de tres semanas, dos de las cuales había estado inconsciente.

- Voy a fingir que no oí eso – sentenció con voz grave, un filo de amenaza bajo la superficie.

Master se echó hacia atrás con las manos en el aire, en señal de rendición. Conocía al guerrero desde hacía ya mucho tiempo y sabía que no lo lastimaría nunca, pero de todos modos, nunca estaba mal tomar precauciones cuando Shirogane estaba cerca de perder los estribos.

- Bien, haz como quieras – dijo él, antes de darse vuelta y dejar al otro hombre solo en la habitación, para que reflexionara. De todos modos, no estaba ayudando mucho porque la herida ya no era física, si no que emocional, y de esas él no sabía mucho.

Shirogane suspiró de nuevo, sintiendose cansado de estar escuchando todo el día a la gente decir que tendría que reconciliarse con Akira. Las cosas estaban así por una razón, y así permanecerían hasta que se le ocurriera como sacarse al chico de la cabeza, no antes. Pero no quitaba que no le gustara la situación actual.

Con una sensación mortificante de culpa recordó como le había hablado al chico en su último encuentro, gritándole que ya no deseaba verlo, y echándolo rápidamente de su vista. Aya le había dado una buena bronca después de esa, chillándole hasta el cansancio sobre lo mal que había estado y como si no iba a disculparse, ella se iba a encargar de que entrara en un coma permanente.

La verdad es que no había necesitado que la chica le dijera todas esas cosas. Después de que las palabras habían salido de su boca, y llegado a los oídos de Akira, se había sentido miserable, como el ser mas repugnante de la faz de la tierra, y que ya no se merecía vivir. Lo cierto es que podría haberle hablado así a cualquiera, sin sentir una pizca de remordimiento, pero no a Akira. Solo el recordar como su rostro había cambiado de la sorpresa a la más pura tristeza, le hacía querer tirar todo a la mierda y buscar al chico, estrecharlo fuertemente entre sus brazos y perderse entre su piel.

Odiaba haberle gritado, hacerlo sentirse tan mal, pero en su mente, no había existido otra solución. Akira no lo quería, al menos no de la misma forma en que Shirogane lo hacía, con una desesperación tan grande, que a veces sentía que si no lo expresaba, podría explotar en mil pedazos. Lo amaba más que nada, con locura, con pasión irrefrenable… y lo suficiente como para no forzarlo a una relación que el otro no deseaba.

Había creído que con el tiempo lo convencería, lo iría seduciendo de a poco, acostumbrándole a la idea, pero todo había salido mal. Desde esa noche en que había descubierto los verdaderos sentimientos del chico, todo había cambiado entre los dos.

No había podido resistirse a quererlo, tenerlo, y mantenerlo para sí, como egoístamente alguien posee un juguete. Estúpidamente había creído que podía tenerlo todo, pero se había equivocado. El chico no lo amaba, y no importaba que tanto pudiera forzar el deseo, no podía exigir amor si allí no lo había.

De todos modos, ahora ya no tenía que volver a preocuparse por eso. En la última semana que se había estado recuperando, el chico no había vuelto a pisar el bar, ni preguntado por él, y así lo prefería Shirogane. Cuanto más lejos estuviera Akira, más fácil sería olvidarse de él, para que en algún futuro lejano, si su amistad aún sobrevivía, ambos podrían respetarse como compañeros, y olvidar todo este lío.

Pero por el momento, Shirogane no podía ver al chico sin resquebrajarse en mil pedazos como vidrio roto, por ahora necesitaba fingir que todavía estaba furioso y distante. Era lo mejor para los dos.

Un golpe afuera lo sacó de sus cavilaciones, y puso los ojos en blanco, mientras se ponía de pie a abrir la puerta.

- Ahora no, Aya, no estoy de… - comenzó a hablar el hombre de cabello blanco, pero frenó en seco cuando al otro lado del umbral, vio a la última persona que había esperado encontrarse.

- Um… - comenzó a hablar el chico, estrujándose las manos en un gesto nervioso y mirando al suelo con intensidad – no soy Aya pero… ¿puedo pasar?

Shirogane observó a Akira, quien ahora parecía estar en un estado algo decaído. Estaba definitivamente más delgado, y tenía profundas bolsas negras bajo los ojos, como si no hubiera dormido en un mes. A Shirogane le dio pena, y por instinto quiso protegerlo de lo que fuera que lo estaba preocupando, pero un segundo antes de hacerlo se echó hacia atrás, entrecerrando la puerta entre los dos, como una barrera.

- No creo que sea buena idea – dijo con voz indiferente, y odiándose por ello.

- Por favor – susurró Akira, de forma tan baja, que casi no lo oyó – solo un minuto.

Shirogane se quedó allí de pie, demasiado sorprendido como para fingir que no deseaba ver al chico. ¿Por qué estaba Akira tan indefenso, tan confundido? ¿No era distancia entre los dos lo que él quería? ¿Dónde estaba su frente levantado y listo para defenderse?

A pesar de que sabía que a ninguno de los dos les convenía estar solos en aquella habitación, Shirogane no encontró la fuerza de voluntad suficiente como para echarlo.

Abrió más la puerta y se apartó hacia atrás, haciéndole un gesto con la cabeza para que entrara.

Akira murmuró un "gracias" y se apresuró a entrar, cerrando la puerta a su espalda y apoyándose en ella, no queriendo que nadie entrara o saliera. Durante un par de minutos, ninguno de los dos hombres habló, manteniéndose en un silencio un sofocante y completamente insoportable.

- ¿Y bien? – preguntó Shirogane en tono impaciente - ¿Qué has venido a decir?

Akira levantó la cabeza y por fin Shirogane vio lo que pensó que nunca vería en el rostro de su shin. Debilidad. Verdadera y honesta debilidad.

- Yo… vine a aclarar algunas cosas – comenzó a decir Akira, mirando hacia cualquier parte que no fueran los intensos ojos azules de su compañero.

Shirogane no podía creer lo que veía. El chico que siempre había dado una fortaleza de 10 hombres, ahora estaba frente a él, con la cara roja de la vergüenza, y los ojos vidriosos, como esforzándose por mantener las lagrimas a raya.

Desde que se habían conocido, el hombre siempre había pensado que Akira era incapaz de llorar, que sus conductos lagrimales estaban secos o algo así. Pero ahora frente a él, estaba comenzando a creer que quizás el chico no fuera de piedra.

- Quiero disculparme, porque te mentí – habló él, sus palabras empezando a tomar velocidad – bueno, no es tan así, pero de alguna forma sí. En ese momento estaba tan confundido y…asustado, que ni yo sabía lo que estaba diciendo. Pero después de pensarlo, y pensarlo, y créeme que lo pensé mucho, me di cuenta que dije un montón de mierdas que no sentía realmente…

- Akira, espera. ¿De qué mentiras estás hablando?

El aludido respiró hondo, y volvió a comenzar, esta vez sin divagar.

- Cuando te dije que me estabas forzando, te mentí. A mi realmente me gustaba lo que me hacías,… y cuando dije que no te quería como más que un amigo…también estaba mintiendo.

Shirogane lo miró con los ojos abiertos como platos, sabía que tenía que dar una respuesta pero estaba demasiado sorprendido como para hacerlo.

¿Era realmente correcto lo que escuchaba? ¿Estaba su shin confesándose?

No podía ser cierto, tenía que ser alguna especie de broma de mal gusto, o sus oídos que habían oído mal.

- Di algo – rogó Akira, acercándose unos pasos hacia adelante.

- ¿Qué quieres que diga? – preguntó Shirogane, alejándose hacia atrás – No estoy seguro porque cambiaste tu historia ahora, Akira. Habías dejado muy claro el hecho de que no te interesaba nada que pudiera ocurrir entre nosotros dos. Ahroa ya es tarde.

- ¡Estaba mintiendo! ¡Estaba confundido por cómo estaban cambiando las cosas tan rápido y reaccioné de la peor forma posible!

Shirogane mas que nunca en la vida quiso acortar la distancia que los separaba y hacer realidad todas aquellas fantasías que su mente había creado en ese último mes que habían estado separados. Lo quería tan desesperadamente, que se encontró a sí mismo extendiendo el brazo hacia adelante, intentando alcanzarlo, pero de nuevo volvió a echarse hacia atrás.

Esto está mal…

- Akira, no tienes que fingir estar de acuerdo con una situación que claramente no quieres aceptar. Entendí el mensaje que me hiciste la última vez, y estoy actuando de acuerdo a tus deseos, como lo hago siempre. Sabes que te quiero, y el día que estes listo para aceptarme, te estaré esperando,…hasta entonces será mejor que nos mantengamos los dos al margen.

Dicho esto, Shirogane comenzó a acercarse hacia la puerta, planeando pasar por al lado del chico sin mirarlo siquiera, sabiendo que sería demasiado doloroso para él verlo tan desolado de nuevo. Sin embargo, nunca llegó a la salida.

Con una velocidad casi inhumana, Akira le tomó de la nuca y lo obligó a bajar la cabeza hasta su altura, para inmediatamente juntar sus labios en un beso ardiente, y con una pasión que hasta el momento había estado reprimida.

Shirogane no se paró a considerar lo mal que estaba esto, o como todo podría arruinarse incluso más entre los dos, ya no le importaba. Sentir los suaves labios de Akira sobre los suyos, su boca abriéndose invitadora y su lengua enredándose con la suya, era demasiado para lo que su mente estaba lista para soportar.

Sin perder ni un segundo, rodeó a su compañero con los brazos, estrechándolo tan fuertemente que tuvo miedo de lastimarlo, pero al ver que no había quejas, no lo soltó.

Ambos se alejaron por un momento para respirar, sintiendo los labios ligeramente adoloridos por la fuerza de ese beso, pero sin importarles.

- Estoy listo – dijo Akira con seguridad – no tengo más dudas. Desde el día en que recibiste aquel ataque, entendí que perderte sería lo más doloroso que tendría que enfrentar nunca, y no lo quiero sentir de nuevo. Así que no le des más vueltas, estoy eligiendo esta opción…voluntariamente.

Shirogane contempló el rostro del chico, y sonriéndose, se preguntó a sí mismo si podría amarlo más de lo que ya lo hacía. Parecía improbable…pero no imposible. Su corazón dio un salto dentro de su pecho al comprender que tenía frente a él lo que siempre había deseado, y sin refrenarse más, volvió a besarlo, sin querer despegarse nunca de aquella boca.

Akira correspondió su acción, entrelazando sus brazos por detrás de su cuello para atraer aún más cerca al otro hombre, como si quisiera fundirse en su piel.

¿Cómo podía ser posible, haber estado tanto tiempo y gastado tanta energía en alejar al hombre, y ahora simplemente no conseguía tenerlo lo suficientemente cerca? Necesitaba más, mucho más de lo que solo un beso le podía dar.

Al comprender este hecho, Shirogane arrastró ambos cuerpos hacia el otro lado de la habitación, aterrizando pesadamente juntos sobre la cama. Sin despegar las bocas, ambos hombres comenzaron a desvestirse, queriendo sentir el contacto más íntimo.

Las manos de Shirogane se movían con maestría, como si él ya hubiera esto hecho miles de veces y no le preocupara en lo más mínimo lo que fuera a suceder.

Pero Akira era otro caso. Sus manos se movían dificultosamente, abriendo los botones de la camisa del otro hombre con demasiada lentitud, intentando controlar los temblores que sacudían su cuerpo, y sin conseguirlo.

Mierda, esto no puede ser tan difícil, se maldijo a si mismo.

De repente, una fuerte mano se interpuso entre las suyas, quitándolas del camino con suavidad.

- Dejame – susurró Shirogane, mientras se quitaba la camisa rápidamente – yo lo hago.

Akira asintió, algo frustrado porque sus nervios probablemente lo estaban haciendo quedar como un cobarde, pero sin poder hacer nada al respecto. Solo esperaba que a mitad de camino no terminara echándose para atrás.

- Akira… ¿estás seguro de que quieres esto?

El aludido levantó la cabeza de golpe y contempló atónito a su compañero, no pudiendo creer lo que escuchaba.

- ¿Me estas jodiendo? Estoy dejando que me saques la ropa sin atacarte, y tengo una idea bastante acertada sobre lo que va a ocurrir…sí, Shirogane, estoy seguro.

El hombre de cabello blanco terminó de quitarse la camisa y la arrojó al suelo, antes de acercarse todo lo que era posible a su shin, y acariciarle la mejilla ruborizada.

- Lo siento – rió ligeramente – sé que si no quisieras hacer esto, ya me habrías asesinado, pero de todos modos necesito preguntar. No quiero que te sientas presionado, Akira.

Akira enrojeció más y escondió la cara como pudo, antes de responder:

- No estoy presionado, Shirogane. Yo en verdad quiero… todo lo que me estés dispuesto a dar.

Shirogane contempló silenciosamente aquel rostro rojo como un tomate y se sintió increíblemente feliz. Que el chico estuviera dispuesto a entregar su cuerpo y su corazón con tanta confianza, solo para él, lo hacía preguntarse que estupidez se le había pasado por la cabeza al pensar que podría olvidarse de él con tanta facilidad. Nunca habría nadie más para él, nadie más que Akira.

- ¡¿Planeas hacer algo en algún momento?! – gritó el chico, sintiendose expuesto allí semidesnudo y tan cerca del otro hombre.

Sin perder un segundo más, Shirogane volvió a besar aquella boca que rogaba atención, y forzó aquel cuerpo caliente a recostarse sobre la cama, cubriéndolo con el suyo propio. Sus manos se apresuraron a acariciar toda superficie de la piel del chico, recordando los puntos sensibles y prestándoles más atención, hasta que muy pronto tuvo a Akira jadeando deliciosamente bajo él.

Comenzó a besar su cuello, mordisqueando juguetonamente, mientras que su mano vagaba por su cuerpo, hurgando dentro de sus pantalones hasta encontrar el premio.

Akira gimió fuertemente y cerró los ojos, tirando la cabeza hacia atrás al sentir aquel inmenso placer. ¿Cómo es que podía sentirse tan bien que lo tocara otra persona? ¿Qué hacía Shirogane que lo enloquecía tanto?

No es lo que hace, decidió en su mente, es porque es él.

Nunca nadie podría tocarlo de la misma forma y provocarle una reacción tan violenta, solo Shirogane era capaz de llevarlo a la locura, y así le gustaba.

El guerrero continuó besando cada recoveco de la piel de su shin, y acariciándole de arriba abajo su miembro caliente. Cuando creyó que ya lo tenía bastante perdido en el reino del placer, retiró la mano y le quitó los pantalones y ropa interior de un tirón, llevándolos fuera del camino.

Sin pararse a ver cual sería la reacción de Akira, su mano exploró más abajo, hasta encontrar la pequeña entrada que ya había acariciado una vez.

Al sentir la ligera presión de un dedo, Akira tembló y contrajo los músculos por puro instinto.

- Relájate – susurró Shirogane en su oído – ya hemos hecho esto antes, ¿recuerdas?

El chico por poco perdió la respiración al recordar aquella vez, como sus manos habían estado atadas a su espalda, y su cuerpo arqueado hacia adelante, en busca de más sensaciones. Los dedos de Shirogane acariciando su cuerpo de la forma más intíma que se le hubiera ocurrido nunca, y adorándolo. No lo había admitido pero había sido una de las experiencias mas intensas, y no esperaba más por repetirla. Así que sin más, asintió con la cabeza y cerró los ojos, respirando varias veces hasta calmarse a si mismo lo suficiente como para relajarse.

Shirogane beso su pecho, probando la sal en su piel, mientras que su mano trazaba círculos en aquel pequeño agujero, cada vez aplicando un poco más de presión hasta lograr colar dos dedos dentro con relativa facilidad. Akira soltó todo el aire de golpe en un gemido, apenas dándose cuenta que había estado conteniendo el aliento desde quien sabía cuándo.

La molestia inicial, por tener algo en "ese" lugar, se esfumó inmediatamente cuando los dedos comenzaron a moverse a un ritmo lento, buscando el punto especial dentro de su cuerpo, que llevaría a Akira a su perdición.

- Shiro…gane – gimió Akira, sin poderlo evitar.

- ¿Te gusta? – preguntó el otro hombre, mirándolo a los ojos con lujuria – queda mucho más por venir.

Akira no tuvo ni tiempo de ponerse a considerar lo que aquella frase significaba, porque pronto, un tercer dedo se unió a los otros dos, estirándolo aún más y haciéndole gemir más fuerte.

Su cuerpo comenzó a calentarse, sus caderas moviéndose con voluntad propia, y su respiración volviéndose violenta en sus pulmones.

Tan cerca…, se dijo a si mismo, solo un poco más.

Shirogane aumentó la velocidad de sus dedos, hasta que la fricción se volvió insoportable, y Akira terminó con un grito, echando la cabeza hacia atrás y elevando las caderas todo lo que era posible.

La sensación era tan maravillosa, tan nueva y única para él, que le habría gustado permanecer en el climax para siempre, elevarse y elevarse hasta perderse en la altura. Pero a los pocos minutos, la sensación comenzó a decaer y por fin aterrizó en la tierra.

Al llegar, Shirogane no le dio un segundo para descansar, volviendo a besarlo, metiéndole la lengua hasta la garganta para mantener al chico despierto y consiente. No quería que se durmiera antes de que pudieran llegar a la parte buena de la noche.

- Lo siento, Akira – habló con pesadez – pero ya no puedo aguantar mas.

El chico tragó saliva, los nervios volviendo a él con aún más fuerza que antes. Sin embargo, logró mantenerlos a raya, alejarlos de su mente mientras sonreía a su compañero y asentía con la cabeza, dándole luz verde para que siguiera.

Shirogane asintió y acto seguido, le levantó las piernas para enrollarlas en su cintura, mientras que alineaba su miembro con la entrada del cuerpo bajo él.

- Avisame si duele – habló Shirogane, antes de comenzar a presionar, adentrándose en el apretado canal.

Akira apretó los dientes ante la presión que sintió en la parte baja de su cuerpo, sintiéndose extraño, pero sin que fuera doloroso todavía. Por el momento solo podía sentir calor, mucho calor, como fuego quemándolo de fuera, lentamente hacia dentro.

Aferró las sábanas bajo él cuando notó la presencia hacerse más invasiva, más caliente, hasta el punto en que se sintió tan lleno, que creyó se partiría al medio.

Intentó alejar sus caderas, hundiéndolas en el colchón, pero no servía de nada mientras el otro hombre continuara yendo hacia adelante, abriéndolo lentamente y estirándolo hasta lo imposible.

- ¡Shirogane! – gritó Akira con un hilo de voz, mientras se elevaba y se aferraba con fuerza a la espalda de su compañero, sus uñas hundiéndose en la espalda como reflejo ante el dolor.

Shirogane hizo acopio de toda la fuerza de voluntad del mundo para detenerse y darle a Akira el tiempo que necesitaba para recuperarse. Se sentía tan bien en su interior, tan caliente y apretado, como si su cuerpo lo abrazara, recibiéndolo e invitándole a entrar aún más profundo.

Pero, no importaba lo bien que se sintiera, el chico estaba temblando contra él ahora, y no quería lastimarlo más de lo que probablemente ya lo había hecho, así que frenó cualquier avance, y se procuró en calmarlo.

- Tranquilo – susurró en su oído, mientras acariciaba sus piernas en un gesto tranquilizador – respira.

El chico respiró hondo un par de veces, notando como su cuerpo se iba relajando y aflojando la tensión, hasta que el dolor remitió considerablemente.

- ¿Mejor? – preguntó suavemente su compañero mientras le besaba el lóbulo de la oreja.

- Aún no, dame un minuto – pidió, escondiendo la cabeza en el hombro de Shirogane, y concentrándose solamente en su respiración.

Temía que el dolor fuera a volver con más fuerza que antes, y algo en él terminara por romperse. Pero más que eso, se sentía terriblemente avergonzado. ¿Qué era, una estúpida virgen en su noche de bodas? ¿Por qué no podía soportar un poco de dolor sin chillar?

Estuvo a punto de dar por terminado con aquel rollo del sexo, creyendo que no lo disfrutaría nunca, cuando de repente, algo en su cuerpo comenzó a sentirse diferente. Mientras más tiempo permanecía él allí, empalado y abrazado por el hombre mayor, más se empezó a dar cuenta que no era solo dolor lo que estaba sintiendo. Una sensación inexplicable se enredó en sus entrañas, provocando que su corazón latiera más rápido dentro de su pecho y su respiración se agitara.

Sin darse cuenta, se encontró a si mismo moviendo las caderas hacia adelante, intentando tomar más de Shirogane dentro de sí mismo, necesitando sentirse más lleno en su interior.

- ¿Akira? – preguntó Shirogane, al límite se resistencia - ¿Estas bien?

- Sí – respondió el chico en voz baja – sigue.

Shirogane no necesitó más aliento. Respirando hondo una vez para calmarse, comenzó de nuevo a avanzar dentro del cuerpo de Akira, hasta por fin llegar al límite, lo más profundo que podía llegar.

Se detuvo de nuevo, para cerciorarse de que Akira estuviera bien, y observó embelesado como el chico arqueaba la espalda y abría la boca en un gesto silencioso. Respiró aliviado al darse cuenta que el chico gemía de placer y no de dolor.

- Voy a moverme – anunció, antes de comenzar a mover las caderas, a un ritmo suave y lento, para no lastimar el cuerpo que se retorcía bajo el suyo.

Akira gimió fuerte y claro, volviendo a aferrarle la espalda ante la ola de satisfacción que le inundó el cuerpo. Aún había un poco de dolor, pero ya no era tan fuerte como para querer parar. Todo lo contrario, lo último que quería hacer era parar.

- Shiro…gane – gimió con la voz entrecortada – por favor…más.

El guerrero sonrió ampliamente y besó al chico de nuevo, mientras sus caderas se movían cada vez más rápido, hundiéndose profundo y con fuerza.

Los gemidos inundaron la habitación, volviéndose su propia música, hermosa solo en sus oídos. Ya ninguno de los dos se puso a pensar en si lo que hacían era correcto o no, si les convenía o les asustaba, ya nada importaba más que esa sensación arrolladora de placer, que los llevaba más y más alto.

Akira sintió que se elevaba de nuevo, llegando hasta el punto en que sabía que explotaría en mil pedazos, pero estaba tan fuera de sí que tampoco tuvo miedo, solo quería llegar y explotar junto a su pareja.

Shirogane dio tres poderosas estocadas más, y cuando sintió el cuerpo de Akira llegar a su cénit y estallar, él se dejó arrastrar, gimiendo ante la increíble sensación que recorrió su cuerpo como un rayo y lo hundió en el placer más intenso que había sentido nunca.

Ambos permanecieron ahí, en la cima, manteniéndose lo más cerca que sus cuerpos les permitían, intentando hacer durar la sensación aún más, y luego lentamente volvieron a descender al mundo real.

Shirogane se dejó caer pesadamente sobre su costado, arrastrando a Akira a su lado para estrecharlo entre sus brazos, rodeándolo con su calor.

- ¿Estuvo bien? – preguntó el hombre mayor en voz baja, mientras le quitaba al chico unos mechones rebeldes de la frente.

Akira enrojeció e intentó alejarse, solo para encontrar que los brazos de Shirogane eran como candados a su alrededor. Al ver que no iba a ninguna parte, escondió la cara en el hombro de su compañero, demasiado avergonzado como para verlo a los ojos.

- Idiota – masculló por lo bajo – sabes que si.

- Sí, pero nunca viene mal oírlo decir – río Shirogane, mientras le acariciaba suavemente la espalda al chico, sintiendo algunos temblores que lo recorrían todavía.

¿Cómo puede ser su piel tan suave?, se preguntó a si mismo.

- Akira…

- ¿Sí?

- Dime que me quieres.

El chico levantó la cabeza de golpe y fulminó la mirada a su compañero, de repente queriendo largarse lo más rápido posible de allí dentro.

- No, olvidalo – sentenció, tajante.

- Anda, una sola vez – pidió Shirogane, mientras arrastraba su cuerpo bajo el suyo de nuevo – por mí.

Akira se mordió el labio cuando sintió los dientes de Shirogane cerrarse sobre su cuello, mordisqueando y tanteando la zona, posiblemente para dejar otra de aquellas bochornosas marcas. El tema era que ahora aquellas marcas de pasión, no le molestaban tanto como antes, ahora casi que le gustaban. Aún le sorprendía como habían cambiado tan rápido las cosas.

- ¿Por qué necesitas que lo diga si ya lo sabes? – preguntó, temblando ligeramente ante un mordisco un poco demasiado fuerte.

- Me gustaría oírlo, nada más – respondió Shirogane, besando la zona para calmar el dolor con la lengua.

Akira tragó saliva e hizo que su compañero levantara la cabeza para mirarlo a los ojos.

- Mas vale que lo escuches, porque no lo voy a volver a repetir – sentenció, respirando hondo una vez – te… quiero.

Apenas había terminado de decir las palabras, y el otro hombre ya había juntado las bocas, sorprendiéndolo con un beso feroz y apasionado, pero repleto de amor. A diferencia de Shirogane, Akira no necesitaba palabras. Para él las acciones hablaban más fuerte, y ahora mismo el cuerpo de Shirogane repetía una y otra vez cuanto lo amaba.

Fin.


Con esto le dejo punto final a esta historia (que ya hace bastante quería terminar, pero seguía alargandose) espero que las veces en que tardé bastante en subir nuevos capitulos hayan valido la pena.

No creo que este sea el ultimo fic que escriba sobre monochrome, o algun otro yaoi, así que espero que los proximos que haga tambien les gusten. Muchas gracias por todos los comentarios que me dejaron, realmente me dejaron muy contenta y me inspiraron mucho cuando quería dejar la historia a mitad de camino. Bueno, espero que les haya gustado como quedó el último capítulo, nos vemos!