Junjou Romantica es creación de Shungiku Nakamura, yo solo tomé prestados sus personajes.
Este fic es ya el tercer capítulo de esta serie llamada "El amor es enigmático", ahora es sobre la pareja protagonista… o algo similar…
Desde su perspectiva
En ese instante se sintió fuertemente estrujado, no es que le molestara o que no estuviera acostumbrado, es solo que su cuerpo se aplasta y luego se siente un poco deforme, "pero son gajes del oficio" se dijo a si mismo. Contempló a su amo que dormía a su lado profundamente, el que incrementara su abrazo se debía quizás a una pesadilla. Lo conoce desde hace muchos años ya y cuando lo abraza tan fuerte mientras duerme podían ser dos cosas: tenía sueños terroríficos en donde él, como un valiente caballero de la Sagrada Orden de los Osos, lo salvaba, o bien, eran sueños que no sabía en que categoría meter, solo sentía que esos abrazos eran más cálidos, incluso apasionados, si es que un oso como él era capaz de definir la pasión.
Lo escuchó llamar en ese momento, entre suspiros, el nombre de Misaki, debía ser entonces uno de "aquellos sueños", no le daban celos, como si los tuvo brevemente al principio, pero ahora ya conocía a Misaki, era el amable joven que le cambiaba los listones y le trataba con sumo cuidado, bueno, más que todo luego del penoso incidente que era uno de los peores traumas de su existencia: dos semanas en una fría tintorería, donde terribles químicos le quemaban la piel sin quitarle las manchas, hasta que luego de muchas lavadas -que lo dejaban con nauseas por el mareo- pensó que su dueño lo había abandonado, pero el día menos pensado, Misaki lo sacó del infierno y lo llevó de nuevo a los brazos anhelantes de quien lo estrujaba en ese momento. Ese regreso fue el día más feliz de su osa vida.
Su maestro despertó con el rostro deformado en una extraña mueca que para él era conocida, no sabía como describirla, pues él no tenía esas sensaciones, pero la experiencia le decía que esa extraña cara era previa a lo que hacía a Misaki, tampoco sabía como interpretar ese acto, al principio lo asustaban los gritos, forcejeos y lágrimas, llegó a tenerle algo de miedo a su dueño por hacerle eso a un joven tan indefenso, pero con el tiempo se fue dando cuenta de que era algo que ambos parecían disfrutar, y lo que parecía una sádica tortura, no era tal, incluso una vez juraría que el chico de ojos verdes fue quien buscó que su amo le hiciera esas cosas.
Tras unos minutos en que su dueño se fue, regresó con el muchacho que como de costumbre era muy ruidoso, entre sollozos e improperios fue lanzado a la cama y tras forcejeos y patadas de por medio, él terminó cayendo al piso de cabeza, el golpe fue amortiguado por una almohada, así que no le dolió -solo un poco en el orgullo-. En esos momentos se sentía como un objeto dispensable, que solo era abrazado como reemplazo del verdadero merecedor de los afectos de su amo, pero era fiel al fin y al cabo, entonces mientras no se olvidara de él, seguiría siendo feliz.
Los escandalosos gritos del principio se fueron convirtiendo en suspiros, gemidos y cómplices susurros, esa parte le gustaba, le hacía sentir que esas dos personas eran su familia, y como cariñosos padres juntaban sus almas a través de sus cuerpos, ahora estando de cabeza en el piso no podía ver nada, pero en otras ocasiones lo habían hecho frente a él, era un raro acto en donde se quitaban la ropa y se unían en una danza misteriosa. De todas maneras la ropa siempre le pareció un innecesario lujo que se daban los humanos, aunque había que comprenderlos también, pobrecillos, no tenían una peluda piel que los protegiera del frío, a él solo le bastaba con el vistoso listón para sentirse satisfecho.
Después de un rato, la habitación quedó en silencio absoluto, ahora se sintió algo triste de que lo dejaran olvidado mientras ellos se recostaban en la cama caliente y acogedora, sin embargo, su dueño no lo defraudó, tras buscarlo unos instantes lo recogió y lo abrazó tan protectoramente como había hecho con Misaki minutos antes. Una vez más se consideró feliz, había entendido que últimamente su mayor bienestar era dormir los tres juntos en la cama, a veces –cuando estaban algo molestos- lo ponían en el medio como una barrera, y a veces alguno de los dos lo abrazaba. Él se sentía como el oso más afortunado del mundo, cuando lo llamaban por su nombre… "Buenas noches Suzuki-san" le dijo el muchacho acariciando una de sus orejas… definitivamente, ese chico ahora era casi tan querido para él como su amo.
Fin
Espero que al menos les haya provocado una pequeña sonrisa como a mi, gracias por leer, agradeceré sus comentarios.
