Disclaimer: Junjou Romantica es creación de Shungiku Nakamura, yo solo tomé prestados sus personajes.

El deseo de sentir

El frío de las primeras horas de la mañana lo hizo despertarse, o quizás fue el vacío de la soledad en su cama la que cruelmente lo sacó de sus sueños; al incorporarse, el joven sintió una punzada de dolor en sus partes íntimas que se tradujo en un leve carmín en sus mejillas y un ligero quejido que escapó de sus labios, creía firmemente que era culpa de su amante, aunque éste probablemente no estaría de acuerdo, achacaría sus dolencias a un supuesto masoquismo suyo que para él era más bien una necesidad de ser poseído cada vez de forma más intensa y desconsiderada, rayando muchas veces en la rudeza. Quizás su amante tenía razón, el deseo de verdaderamente sentir le llevaba a incitarlo a que le hiciera tales cosas, el dolor se volvía placer y el placer se incrementaba si dolía más, un círculo vicioso del que ya no podía ni quería escapar, se había vuelto adicto a la brusquedad y pasión de esa persona a quien amaba.

Shinobu suspiró profundamente, tenía que ir a clases, pero las ganas, evidentemente tras una noche como la anterior, le faltaban, ir a escuchar a aburridos profesores que ni le parecían tan brillantes como él mismo se creía, le hacía sentir que perdía su tiempo, era su último semestre antes de graduarse y se sentía lo suficientemente listo para la vida profesional, así que si nada más tenían esos profesores que enseñarle, no sería malo faltar a lecciones. Se acostó entonces de nuevo tras su razonamiento, cubriéndose con la sábana por completo abrazó la almohada de su pareja como una forma de contrarrestar el frío y de imaginar que era él quien estaba a su lado. Sin darse cuenta aspiró el penetrante aroma que había dejado ahí, lo cual comenzó a producir reacciones inesperadas en su cuerpo que al parecer no había tenido suficiente con los recientes (y dolorosos) acontecimientos.

De repente flotaba entre las blancas sábanas, sentía su cuerpo muy ligero, como una pluma que se tambalea en el aire al antojo de la brisa primaveral, con los ojos cerrados se dejó llevar por esas sensaciones de bienestar, fue en ese momento en que lo vio, apareció frente a él, como una imagen de otro mundo pues parecía no pertenecer a éste, tan joven, tan hermoso, se veía tan frágil e incorrupto… Ese joven de ojos color gris azulado y cabellos castaños que estaba simplemente de pie frente a él devolviéndole la mirada le era muy familiar, pero no podía identificar donde lo había visto, Shinobu se hacía una pregunta errónea, no era donde, era cuando… Perdiéndose en sus ojos sintió ardientes y repentinos deseos por esa persona, quería poseerlo como nunca había poseído a nadie, y lo deseaba como nunca deseó a otro que no fuera su amante, el único capaz hasta el momento de despertarle instintos bajos y pervertidos.

Este joven que tenía frente a él era distinto a todos los que conoció antes y por eso un pensamiento se apoderó de manera obsesiva de su mente: no lo dejaría escapar. Con una confianza en sí mismo que no le era propia, se le acercó y tomándolo de la cintura lo pegó a su cuerpo hasta que sus labios se juntaron, lo besó de manera apasionada, furiosa, queriendo desatar el torrente de emociones que le hacía sentir, sin necesidad de palabras lo haría suyo y sin pedir permiso ya estaba recorriendo con sus manos ese apetecible cuerpo. Estaba decidido, pero el joven no parecía estar de acuerdo, se separó empujándolo a como pudo y con una mirada dulce y apacible que hacía su corazón derretirse rompió ese pacto implícito de silencio "Sé amable senpai…" pidió suplicante con un halo de voz y Shinobu sintió un escalofrío que le recorrió por completo, sus deseos no cambiaron, pero sí su proceder.

Volvió a cerrar los ojos y a buscar a tientas sus labios, jugueteó con ellos de manera suave, superficial, ahora con miedo a lastimarlo. El joven de la mirada inocente comenzó a corresponderle, con la inseguridad de la primera vez reflejada en cada roce, Shinobu estaba loco por él, de nuevo el ardiente deseo lo trastornaba, quería acorralarlo contra la cama, ponerlo de rodillas y… "No me lastimes… " Susurró de nuevo el chico sin separarse del todo de sus labios, haciéndolo volver a la realidad, o a esa realidad cuando menos, Shinobu suspiró… era tan lindo, tan puro ¿Cómo podía satisfacer sus enfermizos deseos en una persona así? Decidió entonces comenzar por enseñarle lo que era el placer, como su amante una vez le enseñó a él; con sumo cuidado, como si fuera a romperse lo desnudó, contempló su cuerpo de una forma distinta a la manera en que contemplaba el de su amante, este chico era diferente en todo sentido, besó cada centímetro de su piel, dejando estudiadas marcas en lugares que consideraba estratégicos, pues ahora que lo había conocido se aseguraría que siempre le perteneciera… no permitiría que alguien más se atreviera a tocarlo.

En este punto se detuvo para mirarlo de nuevo, estaba tan sonrojado y temeroso, tan sensual a la vez que parecía ignorar su propia sensualidad, siguió el camino que trazaba con sus labios y saliva hasta su miembro, y sin siquiera pensarlo comenzó a estimularlo con su boca de la mejor manera que sabía, sus dedos ansiosos querían abrirse paso rápido para poder penetrarlo, así que intentó meter de una vez dos de ellos, que en la intacta entrada hicieron sobresaltar al invadido "¡No! ¡Me duele!" gritó casi el niño en claro rechazo con lágrimas en los ojos, Shinobu se detuvo, comenzó a tener dudas, no podía lastimar a ese joven que le inspiraba tantos sentimientos acogedores que hacía mucho no tenía… Lo miró con tristeza y preocupación "Solo sé amable, sé que puedes" insistió su contraparte como si le animara y le regaló una sonrisa casi imperceptible… Con una confianza renovada, Shinobu le correspondió la sonrisa y comenzó a darle lo que ambos deseaban…

"Es el colmo de la vanidad Shinobu" le dijo su amante al verlo abrir sus ojos finalmente, estaba recargado en el marco de la puerta, observando atento todo su viaje de autodescubrimiento como si de una película erótica se tratara, incluso había logrado tomar en secreto un par de fotografías, cuando el estudiante de derecho al parecer sin darse cuenta se había masturbado entre expresiones nada discretas "Gritaste tu propio nombre entre gemidos al correrte" acusó ante la interrogante mirada del otro sin poder contener una risa al lado de la explicación… "¡Era él… No, él era yo! ¿Pero yo más joven?" levantó la voz el aludido aunque entre balbuceos al darse cuenta de la identidad del chico de sus sueños de quien se enamoró perdidamente, ese que lo acaloró de manera tal que le hizo dejar las sábanas empapadas era… Quizás en verdad había sido vanidad solamente o quizás un mensaje del subconsciente.

"Vine temprano solo para darte lo que mereces, me quedé con ganas de castigarte más" Ignorando su estado de conmoción, su amante descarado comenzó a desnudarse hasta hacerlo por completo, se metió luego a la cama y lo atacó de manera repentina con la desbordante pasión que siempre guardaba para él… "¿Qué tan rudo quieres que sea?" le preguntó susurrando en su oído y seguidamente mordió con fuerza su cuello con la cruel intensión de dejarle una evidente marca… "Quiero que… seas amable, solo por hoy" respondió Shinobu en un susurro con un tono de dulzura que sorprendió bastante al otro, alzó la mirada para encontrarse con la suya y pudo ver un brillo que hace tiempo no veía en él, el brillo de la inocencia, lo besó entonces sin poder resistirse ante tal faceta que le estremecía, y lo hizo como la primera vez, con suavidad y amabilidad, mientras acariciaba tiernamente su mejilla y recorría el contorno de sus caderas apenas rozándolo con los dedos…

Notas Finales:

Este fanfic es muy importante para mí, al escribirlo quiero demostrar todo mi cariño a alguien a quien quiero mucho: dedicado a mi Dana-chan! (Es mía e_e ...tengo testigos)

Espero les guste, y si no, pues… entiendo, no es una historia tan normal xD

De todas maneras agradeceré mucho sus comentarios :)