El Rey Sin Corona y El Príncipe Exiliado

I

Se había levantado bajo la influencia de los rayos nocturnos que esa noche en especial la Luna había decidido soltar, sudaba cada parte su cuerpo cubriendo su piel con una fina capa de sudor perlado que le revelaba que su piel comenzaba a respirar por cada poro. Con vida, respiraba agitado sintiendo el desbocamiento de su corazón, podía sentir el revoltijo que se agitaba con cada respiración en su estómago. Todo musculo contraído en un doloroso rictus de miedo, pánico e ignorancia por aquello que ahora veía como desconocido.

Respiraba, transpiraba, sudaba y se agitaba. Como ser viviente, su alma se contraía junto a su corazón, había resucitado en los peores tiempos…

Cuando recordó como respirar con normalidad, se apuró a relajar su pulso. La habitación de tonos blancos enfermos y recaídos le indicaba con claridad que estaba internado en San Mungo por quien sabe cuánto tiempo, era de noche y un pequeño monzón caía a las afueras del lugar. Los amplios ventanales de su habitación estaban empañados y apenas podía ver la imponente figura de la luna llena, dándole en el rostro con todo su esplendor. Se miraba más blanco, de un tono un poco más sano y desnudo se cubría hasta la cintura por las sábanas rasposas de hospital, dolía todo el cuerpo como mil demonios pinchándolo con desdén. Y como un tormento más al peso muerto que había dejado caer, por costumbre de pronto se encontró recordando todo lo pasado. ¿Cómo mierdas le pasaban a él esas cosas? De nuevo se agito, su pulso se disparó más que antes causándole una opresión desesperante en la garganta impidiéndole respirar con normalidad. El sabor de la sangre seca se esparcía por su garganta y un dolor desconocido se instalaba en su cuello.

―¡Señor Snape!― Mientras se dejaba caer acostado en la cama, sosteniendo la zona que le dolía en el cuello percibió con su bien trabajado oído el apurado paso de un par de tacones altos. Poco después la femenina voz le dijo que una enfermera le atendía. ―¡Tranquilícese! ―

Le dio a beber una poción tan amarga como el sabor de su boca, abriéndole de nuevo la garganta pero no relajando la agitación que tenía en el pecho. La enfermera, rubia y de ojos amables le acomodo en las almohadas y comenzó con la revisión de un vendaje que no había notado tenía en el cuello.

―¡Que susto! Pensaba que despertaría mañana, es un poco tarde para amanecer a estar horas señor…― Rio la chica quitándole el vendaje sangrado. Le miraba sin prudencia, ni miedo en realidad podía decir que no había rencor asía él.―Es bueno saber que por fin despertó ¿Cómo se siente?―

―Bien…―Respondió desconfiado, sintiendo el raspar de la laringe y lo ronca que había surgido su voz.

―Ya veo, en ese caso debo informarle que el profesor Dumbledore vino esta mañana. Le ha dejado un paquete, permítame limpiarle la herida y se lo entregare.― El moreno sintió de nuevo la opresión en el pecho, eta vez aplastando sus costados y crujiéndole algo en la mente. ¿De que mierdas se trataba? No podía estar hablando del Albus Dumbledore que había matado con una imperdonable…

―¿Dumbledore estuvo aquí en la mañana?― Se atrevió a preguntar apretando en el interior de sus palmas las sábanas blancas.

―Así es, llevaba prisa pero le manda saludos y una recuperación pronta. Yo supongo que por lo que dice el Profeta, el profesor Dumbledore debe estar muy ocupado con sus audiencias y las de usted.―La mujer le sonrió por primera vez mirándole a los ojos, mientras distraídamente le limpiaba la herida con unas gasas. Podía sentir con agudeza el ardor que le provocaba el aire.―Pero doy por seguro que ustedes tienen la de ganar, muchos de los más influyentes magos están abogando por él y usted, después de todo se les esta agradecidos por la salvación del mundo mágico.―

¿De qué estaba hablando? Tenía claros los recuerdos de la mordedura de aquella asquerosa alimaña e igual tenía presente como había caminado hasta el sitio de la batalla final tambaleante y a unos pasos de la muerte segura. Recordaba casi como un video de buena calidad como lanzaba una imperdonable asía otra, creía, más poderosa maldición que se dirigía con seguridad hacía Hermione. ¿Cómo estaría ella? Sacudió sus pensamientos maldiciéndose así mismo debía estar concentrado...

Sintió un nuevo ardor y como con rapidez la chica le cubría el cuello con un vendaje limpio. Poción de alto espectro contra infecciones, reconocía el dolor y sabía muy bien que una vez puesta la poción debía ser cubierta para protegerla. La enfermera recogió el vendaje sucio y con otra de esas sonrisas amables se dirigió a un costado de un par de sillas metálicas dentro de la habitación, del asiento de una tomo un maletín de cuero negro y volviendo a él lo deposito a pie de la cama.

―Ya he llamado a la Señorita Granger, cuando esté listo para verla abra la puerta será como una señal para nosotras.― Sin más la joven mujer abrió la puerta y con suavidad le coloco el pasador de nuevo.

Severus Snape se volvió a sentir mareado, con un penetrante sabor a recuerdos, sangre y lágrimas en la boca. Estaba confundido de nuevo, como en muchos años no lo había estado…


Hermione examinaba cuidadosamente a los doce nuevos Aurores que habían llegado a cambiar turno, se veían presentables algunos eran guapos y por encima de la ropa se notaba lo fornidos que estaba todos. Suponía eran de la élite, después de todo no cuidaban a cualquier persona. Llevaba alrededor de dos horas esperando le cedieran el acceso a la habitación de Severus Snape, al hombre que con recelo resguardaban en un solo piso, custodiado por Aurores y una enfermera especializada en mordeduras y venenos. La cual recién saliendo de la habitación, le había contado que Severus ya estaba bien, podía hablar y moverse con facilidad solo que se exaltaba con facilidad…

Durante todo ese rato había estado pensando si estaba presentable, llevaba unas deportivas junto a unos jeans negros y una blusa rosa que hacía perfecto juego con una chaqueta marrón. Se veía formal pero cómoda y al menos por las miradas de algunos Aurores podía decir se veía atractiva. Era curioso que después de todo lo que había pasado y ahora ocurría el tan solo verlo la alejara del mundo que ahora le tocaba reconstruir. Ni Harry, ni Ronald, ni Sirius o Ginny le estaban ayudando emocional o físicamente, ahora solo podía contar y volver a confiar en Severus. ¿Por qué él estaba para ella verdad? Recordaba todo lo sucedido con él, y pensaba, le gustaba creer que sería fácil decirle que Harry le había mostrado sus memorias y que le disculpara por lo que había pronunciado en nombre de la rabia.

Lo amaba, de verdad lo amaba…

―¡Señorita Granger!― Hermione se sobresaltó saliendo de sus ensoñaciones a causa del grito de la enfermera, que desde atrás de la recepción le miraba divertida.

―D-Disculpe, ¿Qué sucede?― La castaña le sonrió lo más segura que pudo, mirando de vez en cuando a los Aurores.

―El Señor abrirá la puerta de su habitación en cualquier momento y esa será su señal para pasar, no creo que le falte mucho― Granger sonrió abiertamente asintiendo con energía, no tenía ya nada que perder.


Ronald abrió la puerta casi con furia, tratando de hacer puntería a un plato de porcelana lanzó unas llaves al piso y después se quitó los viejos zapatos con rudeza dejándolos botados en el resbaloso piso de madera. Camino por el estrecho pasillo y busco con la mirada a alguien en la cocina sin embargo estaba vacía igual que la sala y el baño, así sin más se dirigió a la habitación del fondo. Abrió la puerta con furia y se lanzó a la cama matrimonial con enojo ante la mirada de Lavander Brown…

―No te escuche entrar, Ron…―La chica lentamente se descobijo, acomodándose el cabello para que no le callera por el rostro mientras el pelirrojo se arrastraba por encima de la colcha ya distendida. Se veía demacrada y dos grandes ojeras surcaban su rostro como un antifaz de mapache.

―Ya lo note― Ron se volvió a dejar caer sobre una almohada observando por el rabillo del ojo el vendaje que cubría parte del cuello y hombro de la chica.― ¿Cómo te sientes?―

―Bien, en San Mungo me han dicho que si resisto dos noches de Luna llena tal vez no me pase nada…―La chica le acarició el cabello cobijándolo a su lado mientras el muchacho cerraba los ojos ante la caricia.―Esta es la primera―

Billius se sentía desfallecer, estaba sentado en el medio de un puente desequilibrado. Por una lado estaba Hermione con un murciélago a punto de empujarla por el precipicio de dolor y perdición y en el otro extremo estaba ella, temerosa y preocupada al igual que él porque tal vez Greyback le había destruido la vida. El pelirrojo jamás había pensado que aquello le pasaría, estaba cometiendo traición para ambas y no sabía cómo remediarlo, se estaba obligando a madurar de la forma ruda…

―Todo estará bien, le pregunte a Remus y me ha dicho que en su primera noche él si…cambio―Ronald titubeó buscando las palabras indicada para no asustarla, se levantó un poco sosteniendo la mano de la castaña.―Ya veras, tú estarás bien―

―Ya, claro.―Lavander le miro por un momento abstraída en el sentimiento de vacío que sentía a pesar de la presencia del muchacho, intentando alejar la tentación de tocarse la herida del cuello se dijo a sí misma que debía creerle-hombro.―¿Por qué viniste?―

―¿Acaso no puedo? Te estoy ayudando a pagar este lugar, creo que tengo un poco de derecho de venir de vez en cuando.―Lavander sonrió recargándose en la cabecera de la cama con calma mientras el muchacho de los Weasley hacía lo mismo.―Todos en Grimmauld place están de pesados, no me entienden y bueno quería ver como estabas.―

Ahora que lo recordaba aquella pelea con Sirius y la ignorancia que Hermione le tendía a su persona no le había caído bien. Se había ido en el instante en que la Gryffindor había abandona el lugar dejando tras de ella el arrepentimiento, tristeza y en su caso furia y desolación. ¿Cómo era posible que le pasara eso? Y todo por culpa de ese imbécil de cabello graso y nariz de buitre…

Sintiendo el enojo subírsele de nuevo intento pensar en algo más.

―Yo tampoco te entiendo Ron…―Aquello sorprendió al muchacho, sentándose sobre la cama se giró con exageración a mirar a la muchacha rubia-castaña.

―¿Qué quieres decir?― Pronunció casi en nombre de la ira, la chica le rehuía la mirada y en cambio se enrollaba un mechón de cabello en un dedo.

―No entiendo porque no puedes aceptar que Snape haya sal…―Comenzó a decir cuando de pronto sintió el caliente aliento del pelirrojo en su mejilla una de sus varoniles manos le apretaba el brazo y ejercía un tirón de modo que la mordida de Fenrir le dolía…

―¡No lo menciones!―Le escupió en la cara, rojo como su cabello le miro con ira.―¡¿Me has entendido?! ¡No lo menciones, no lo nombres!― Gritó de nuevo ante la mirada asustada de la chica.

―L-Lo siento…―Se apresuró a decir atropelladamente Brown sintiendo la mano de él aflojar su brazo, cuando la mano de él le abandono se apuró a cubrirse la zona roja por la presión.

Ronald se levantó de la cama mirando su viejo reloj de muñeca, se acomodó la playera y se arregló un poco el cabello mirándose en el espejo de un tocador. A sus espaldas Lavander le miraba con expresión perdida, ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Ambos estaban mal y en el fondo Ron sabía que ahora solo contaban con el apoyo del otro…

―¿Necesitas algo? ¿Comida o algo?― Dijo después de un rato mirando el suelo de madera pulida.

―No…― Mintió ella si necesitaba algo, pero no sabía si él se la pudiera dar.

―¿Segura? Tal vez vuelva mañana, o en la noche…― Dijo girándose aun sin mirarle, Lavander tenía un nudo en la garganta. El chico rodeo la cama hasta quedar junto a ella y depositar un culpable beso en su mejilla―Cuídate, te quiero Lav…―

―Igual yo, Ronnie…―Repitió devolviéndole el gesto del beso en la mejilla como ellos acostumbraban sin embargo cuando se separaron sintió un escalofrío que la impulso a jalarlo de la manga de la sudadera gris que llevaba puesta―Espera…―

―¿Dime?― El pelirrojo paro su andar mirando el cabello revuelto de la muchacha, se sentía incómodo pero tibio a la vez. Era algo surrealista, se sentía como un matrimonio viejo peleando y reconciliándose cuando la realidad era no sabía si eran algo.

―¿Te puedes quedar conmigo?―Lavander levanto la vista, tragándose el nudo y la duda que le aquejumbraban. Llevaba dos días sin dormir y no creía aguantar más pesadillas con colmillos y sangre, un abismo y las risas de todos. No creía al muchacho malo, para decirle que no…

―No sé es que…― Comenzó a decir él perdiéndose en los ojos azules de ella, eran como un cielo nevado. Frío pero claro, angustia y temor.

―Ron, yo tengo miedo…― Los orbes azules de él, como el mar se encontraban agitados con furia y preocupación. Veía la tormenta venir inevitablemente…

―Está bien, me quedaré pero solo por que me gustan tus ojos... ―


Había podido salir del maletín cuando creyó que el oxígeno ya se había acabado y el aroma a hierbabuena la estaba matando. Escurriéndose con habilidad por las sábanas blancas de los alrededores observo con atención como Severus Snape se levantaba ante ella, con solo ropa interior. Tomo una foto. De nuevo comenzó a caminar con habilidad por las sabanas, llegando a los postes de la cama y bajando al piso, no tenía buen ángulo así que rápidamente hayo un mueble con alcohol y algodones allí se posiciono y observo con atención como el hombre abría una carta para después leerla y poner una mueca de desdén. Miró la maleta de nuevo y saco un atuendo de ropa vieja…

Curiosamente, aquel hombre siempre enlutado ahora llevaba unos jeans que le ajustaban bien al trasero, luego se puso una playera gris vieja y encima una camisa color verde botella con rayas color blancas se le ceñía muy bien al torso pero le quedaba chica sin más en un gesto de fastidió lo vio arremangarse y fajarse la camisa. Después vinieron un zapatos de mal gusto, de esa época antigua muggle, si no mal recordaba eran de Swing y al parecer él pensaba lo mismo pues llevaba el ceño sensualmente fruncido. Snape se volvió a sentar en la cama, sacando esta vez del maletín una carta de sobre amarilla que no abrió, muy al contrario cerro el maletín dejándola afuera y camino con lentitud a la puerta. Allí paro y miro por lo que le pareció un minuto el pomo y después lo giro arrepintiéndose con la mirada.

Si tenía suerte, tendría una visita romántica y pronto podría ver su nombre en los premios de reportaje mágico…


Todos en la recepción escucharon con claridad como el pasador se quitaba y la puerta se abría automáticamente para ella. Los Aurores miraron con desconfianza un momento la puerta y después se relajaron llevando sus miradas a ella, al igual que la enfermera que le sonreía como acusándola de algo gracioso. Hermione muy al contrario de todos, no se auto animaba a levantarse y avanzar hasta aquella habitación, en realidad quería desaparecer y reaparecer en su habitación, llorar un rato y volver ya más calmada y entrada la madrugada para solo verlo dormir.

Por la insistencia visual de todos se levantó con pésame, y avanzo hasta la blanca entrada donde con un suave toque de su mano empujo la puerta y se abrió pasos al lugar…

Un fuerte aroma a lavanda, esterilizador y alcohol invadió su olfato, mareándola por un momento y obligándola a inhalar para retomar la compostura. Con rapidez se giró con el pretexto de cerrar la puerta tras de sí, tomo el pomo ya estando cerrada la puerta. ¿Dónde estaba su valentía Gryffindor cuando la necesitaba? En el infierno suponía o tal vez con Sirius que se la había tragado toda en una agradable discusión. Alejo esos pensamientos sonriendo con amargura mientras escuchaba un suave carraspeo a sus espaldas, grave y familiar.

―Señorita Granger, ha pasado bastante tiempo…―Su voz más ronca de lo usual la estremeció por la extraña familiaridad, se giró sobre sus talones y recargada en la puerta ya con seguro intentó sonreír al hombre de cabellos negros.

Se veía guapo, siempre se lo dijo, si vestía con colores resaltaría más su piel blanca y no se vería tan pálido. ¿Acaso estaba pensando en irse? No llevaba ni tres días en San Mungo, no podía estar recuperado tan pronto…

―Dumbledore quiere que me vaya ya, dice que no es un lugar seguro con eso de los mortífagos aun libres…― Le leyó la mente, y ella temerosa se acercó con lentitud a él. Sentía el corazón en la garganta, no podía dejar de temblar.

―¿Cómo estás?― Snape bajo la vista pasando una mano con delicadeza por el vendaje que cubría su cuello.

―La enfermera dice que bien―Hermione sonrió, acercándose un poco más.―¿Y tú?―

―Supongo que bien, las cosas a fuera no marchan bien…― Severus suspiró sintiendo el peso de la tensión entre ambos, en otras circunstancias Hermione no le hubiera parad de hablar y él no la hubiera dejado respirar por el abrazo que le habría propinado pero como en un principio esas eran otras circunstancias…

Un silencio se instaló entre ambos aumentando la espesura de la tensión en el aire. No había sonido más que las respiraciones de ambos. La última vez que se habían visto Hermione le había llamado traidor, mentiroso y asesino y él, aún con la amargura en la lengua le había llamado sangre sucia. Era normal suponían que estuvieran así, la Guerra los había separado como en un principio siempre marcando y remarcando que cuando estallara ya no habría más entre ellos. Y ese día a las afueras de la cabaña hecha llamas de Hagrid ambos habían estallado, rompiendo las burbujas de paz y amor que tanto trabajo les había costado formar durante dos años. Ahora, eran como extraños que sabían cómo eran las palmas de sus manos. Severus quería disculparse pero no sabía como, y Hermione sabía cómo pedirle perdón pero no como hacer para que él la aceptara de nuevo. Snape había tenido la razón, la guerra fría los cambiaría para mal.

Inconscientemente la castaña se había acercado más, chocando contra las rodillas juntas del moreno, fue allí cuando Severus aprovecho para tomar una de sus manos y entrelazar sus dedos abriéndose de piernas para que la chica decidiera avanzar más.

―Yo de verdad lo lamento Hermione, durante todo este tiempo me odie, me odio, porque me di cuenta que tal vez te herí de muerte sin necesidad de armas. Cometí el mismo error, y yo no quería era para protegerte…―Hermione accedió a avanzar más sintiendo como los muslos varoniles de él le acorralaban y su mano se apretaba más contra la suya. No le miraba, tenía la vista fija en el piso y la Gryffindor miraba el remolino de su cabello.―Me equivoque, y como me lo dijiste. No merezco nada de ti, pero si sirviese, perdón por todo.―

―Oh, Severus…―Sin resistirlo más, Severus sintió la pequeña y delicada mano de ella tocarle la nuca empujándolo asía el vientre tibio de ella donde le guardo el rostro y la mano libre de Granger le acariciaba la espalda.―Harry me enseño tus memorias, durante todo este tiempo hice lo mismo que tú me odie por haber sido tonta y no haber confiado en ti.―

Severus se sorprendió, y sin pensarlo le rodeó la cintura con sus largos brazos.

―No tenías porque termine siendo un traidor, mentiroso y ase….―Antes de terminar aquellas palabras Snape había sentido como la chica se le separaba y casi como dos cachetadas las manos de ella se instalaban con ardor en sus mejillas.

Después de casi un mes la chica le estaba besando como aquellos días en su despacho, sentía sus labios suaves y húmedos darle la bienvenida de nuevo mientras él casi con dolor le correspondía sintiendo la posición quemarle en la herida del cuello…

―Cállese, profesor. Usted solo habla incoherencias desde que lo conocí…―Le dijo cuándo el aire se les había acabado podía sentir el aliento fresco de ella cosquillearle en las comisuras de los labios.

―Ciento cinco puntos menos a Gryffindor por estas faltas de respeto. ¿Acaso jamás entiende, Granger?― Hermione le volvió a besar aun sosteniendo sus mejillas y sonriendo contra sus labios.

Les sabía a amor, pero aún faltaba algo. No tenía la misma consistencia de antes y eso, por más que se llenaran con la compañía del otro les causaba un vació en el estómago…


Tiempo sin verlos, espero como siempre me reciban bien tras mis injustificadas desapariciones cuando les prometo cosas que al final no cumplo lol. Los amo a todos, son bien lindos me dejan comentarios y leen mis historias, no sé me hacen sentir bonito. Pero bueno en compensación este capítulo y su segunda parte son laaaaargos para su deleite o el ardor de sus ojos quien sabe. Ahora les contare las penas con las que me inspire, sucede que con el pasado San Valentín (Feliz día atrasado) me acorde de mis amores, nah mentira, me sentía mal porque alguien que quiero mucho y según ya no me quería y andaba en proceso de volver gay vino a mi con disculpas y explicaciones que no entiendo aún. Tras un año ._. es traumante si me lo pregunta. Tan bien se rompieron mis lentes y soy como un topo a la luz del Sol tan fea y ciega estoy xD

Pero bien, aquí se dicen muchas cosas. Yo no maté a Lavander, que como deben de saber (y aun que no haya terminado de ver las películas de las reliquias porque no quiero ver a Alan Rickman como Snape muriendo en el piso de la casa de los gritos porque puedo morir solo un poquito más) la mordió Greyback y así pues ando pensando que giro darle a su vida, Ronald aquí nos demuestra muchas cosas no lo creo malo, solo estúpido y sin raciocinio XD y Severus y Hermione que ya no serán como antes, y sí su relación la empecé desde quinto grado ._. Skeeter mi favorita es una loquilla XD una vez mi mamá me dijo que a las muejeres interesadas les gustaba alguien sin objeción a nada cuando tenían la cartera llena de dinero y los bolsillos repletos de fama.

Ya claro los aburro, solo aviso que pronto pondré como tipo memorias aquí se les llama Flash Back para que comprendan cosas y no sé, la historia tenga más consistencia. Sin más me despido agradeciéndoles todo, espero me comenten y los vea de vuelta en el próximo capítulo. Si tal vez tenga faltas horríficas perdónenme son las 3 de la madrugada ustedes comprenderán…