Capítulo II: La rebelde

"Uno es esclavo de lo que dice, pero es dueño de lo que calla. Por eso elegí, hace mucho tiempo el silencio como eterno compañero de andanzas. Nadie podrá decir que soy esclava de mis palabras, porque nunca escucharán el sonido de mi voz. Hice rebeldía con mi silencio, aunque todo el mundo crea que ser rebelde es todo lo contrario. No hace falta vestir de cuero, llevar el cabello largo y estar tatuado para ser un renegado o un rebelde, o ambos en ciertas circunstancias. Rebeldes somos aquellos quienes no aceptamos la realidad imperante, aquellos soñadores ilustres que queremos cambiar lo que vemos. A todos los rebeldes no une en sí la misma causa: creer que gozamos con la verdad absoluta. Que lo que nosotros creemos ha de ser siempre correcto y que los demás estarán irremediablemente, en cualquier circunstancia errados en su lógica. Un renegado es aquel quien voluntariamente ha decidido abandonar sus creencias. No todo rebelde, puede terminar como un renegado, al no poder cambiar la realidad. Muchos, reniegan sus rebeldías solo en apariencias para mantenerlas ocultas, eligiendo el silencio como eterno compañero, porque en el amparo del mismo, la rebeldía crece, mientras que paulatinamente se reniega de la sociedad en la que estamos inmersos, para soñar que lejos, siempre muy lejos, podremos lograr que nuestros anhelos, nuestras rebeldías sean realidad. Yo elegí el silencio por todas estas razones, y por diez pergaminos escritos más. Pero principalmente elegí el silencio de la rebeldía, porque la verdad que quería gritar resultaba tan dolorosa e imposible de soportar que la rebeldía quedó opacada, y solo cuando callé, fue que todos quisieron escuchar lo que tenía para decir…"

La mañana era fría, no solo la lluvia había hecho que la temperatura disminuyera, sino que en el mundo mágico, un frío abismal, disfrazado de silencio se elevaba con mayor fuerza entre los magos y brujas. Nadie hablaba en voz alta de ciertos temas, ni se quedaban solos en determinadas circunstancias. Aquellos que lo hacían irremediablemente acaban cayendo en algún ataque ingeniado desde la sombras. Eran torturados e irremediablemente terminaban muriendo en manos de otros magos, con otros ideales y otros pensamientos.

En la mansión de los Potter, ni siquiera James podía dormir como solía hacerlo en las vacaciones de verano. Había escuchado las noticias. Estaba enterado de los asesinatos y de cómo en una sola noche, muchos de sus compañeros de colegio habían quedado huérfanos. Por primera vez, se sintió terriblemente agradecido de ser sangre pura, pero tan pronto llegó ese pensamiento a su mente acabó por desecharlo, antes que llegar a verbalizarlo. Sirius, por su parte, caminaba concentrado en sí mismo desde hacía varias horas alrededor de la habitación. No cruzaba palabra con nadie, ni siquiera con el propio James, quién siempre se había complacido de ser el depositario de los secretos más profundos de Sirius, y viceversa. Escucharon la puerta, ambos se miraron, por un instante preciso, el mundo había desaparecido para los dos. Cada uno desde algún punto perdido de sus propias mentes había vuelto a esta realidad. Con una mirada se comprendieron, como siempre sucedía, ninguno dijo palabra, corrieron escaleras abajo saltando de tres en tres los escalones. Hasta llegar al rellano de la gigantesca mansión de los Potter, ubicada en Valle Godric. Los ojos de James ardieron en rabia, los de Sirius, desbordaron ira.

"Creo que las presentaciones están de más…"- la suave voz de Dorea Potter Black, no daba lugar a preguntas.

Las extrañas, que por primera vez tomaban lugar en la escena, se observaron una vez más. Ninguna dijo nada. Ninguna se movió. Demasiado orgullosas, demasiado fuera de sí todavía como para dar créditos al lugar dónde se encontraban.

Los Señores Potter, abandonaron el rellano mientras sus pisadas parecían resonar huecas en el pasillo, con el agite de una de las varitas, una maciza puerta de madera se abrió de par en par y ellos desaparecieron detrás. Ya solamente quedaban los cuatro adolescentes en un espacio reducido. Ninguno dispuesto a decir nada.

"¿Desde cuándo tus padres hacen caridad, eh James?"- áspera, profunda, casi aterciopelada, sonó la voz de muchacha que estaba a la derecha de la puerta principal.

"Creía que entenderías todo esto…"-la mirada de James se congeló al instante

"Soy menor, era esto o irme a un orfanato mágico, y ya sabes lo que dicen de ellos…-contestó la muchacha quitándose la larga capa negra que la cubría- no es lo que uno diría, exquisita la experiencia allí, además, yo no encajaría"

"No encajas en ningún lugar…"-Sirius por primera vez en horas dijo palabras, más allá de monosílabos

"Ya somos dos, Sirius…-la muchacha reparó en Lily, en cómo se tomaba los codos, en una postura que claramente indicaba a gritos ahogados que la habían sacado de su zona de confianza y que se sentía amenazada- ¿Tú que traes, Evans?"

Quedaron a la espera de una respuesta que nunca llegó. La muchacha bufó mientras comenzó a caminar. El cabello renegrido, fue una estela que todos debieron seguir, si no querían perderla de vista. Lily, no decía nada. Se mantenía alejada de todos, no quería intercambiar conversaciones con aquellas personas, James Potter, era principalmente un ente escolar, por el cual ella no quería tener ningún tipo de relación, ni deberle nada. Orgullo femenino, muchas veces había proclamado. Pero ese orgullo que te mantiene alejada de los problemas, porque James y los problemas eran sinónimos en Hogwarts. Puntualmente, toda la historia de su amor imposible, Lily entendía que solo eran ganas de llevarla a la cama. Tan simplemente como ese pensamiento. A los diecisiete años, el amor eterno que James le juraba, ciertamente solo pasaba por su miembro reproductor, no por otro supuesto órgano conocedor de sentimientos, y quizás eso fuese, lo que más le molestase a Lily, qué aún habiéndole planteado aquella situación varias veces, James pretendía insistir con el enamoramiento profundo a primera vista. Cosas que ella, por la propia experiencia no creía. Había aprendido, a pensar como los hombres en muchas ocasiones para no sufrir desengaños amorosos, y a enfocarse en aquellas cosas que realmente eran importantes. El estudio, era la única forma que Lily aplacaba la sed de demostrar no solo que ella era digna de ser bruja, sino que podía aprender para algún día demostrar que los orígenes no son una determinación para las personas en general, sino que sentaban las bases de quiénes éramos pero que de ninguna forma eran el techo para quienes podían ser.

Sirius Black, por otro lado, solo era la sombra de James. Y aún así, decir aquello era mentira. Sirius, era la rebeldía hecha persona. Era el sentimiento de estar en contra del cannon, por excelencia. Había mucho más en Sirius, que lo que Sirius quería reconocer. Pero estaba acostumbrado a tener que superar problemas. Todo para él debía ser provocación y resolución. Así lo indicaba su proyecto personal: él iba a ser una leyenda. El merecía ser leyenda. Leyenda por su historia, leyenda por renegar las raíces de su apellido y aún así, portarlo con orgullo de saber que tu nombre es lo que eres, es quién eres y quién te puedes convertir. Entender que la ley primera es ser portador orgulloso del nombre que a uno le pusieron al nacer, porque eso marcará para siempre ciertas sendas que serán predilectas en nuestro accionar. Sirius Black, sabía de sobra quién era y en quién se podía convertir. Su solo nombre de Pila, Sirio, o Sirius en su denominación latina, es el nombre propio de la estrella Alfa Canis Maioris la más brillante de todo el cielo nocturno vista desde la Tierra, situada en la constelación del hemisferio celeste sur Canis Maior. Esta estrella tan notable, que es en realidad una estrella binaria, es muy conocida desde la antigüedad, así que desde la antigüedad de la civilización, tiene un precedente y una guía. Al ser la estrella más brillante del firmamento, Sirius entendió que él siempre brillaría en cada uno de sus actos, en cada tarea que emprendiera, en cada decisión que tomara. Por eso, se cuidó de demorar su elección y hacerse primero con una opinión propia acerca del mundo, luego fue feliz de actuar, hacer y deshacer como quiso.

Solo al final, Lily entendió que tenía que mostrarse agradecida por lo menos con los señores Potter, no era necesario que con los demás fuera buena, ni siquiera comunicativa. Pero tuvo curiosidad de la muchacha. Le observó fijamente, sin importarle si ella pudiera darse cuenta de aquello o no. Intento recordar si alguna vez la había visto por el castillo, y por qué nadie reparaba en ella. La respuesta llegó pronto, había estado solo en primer año del colegio, y luego no la había visto hasta ese momento. Estaba segura que no iba a Hogwarts, y seguramente la historia que había detrás de ese cambio de planes tenía que ser, cuanto menos interesante. Pero no dijo nada, prefirió guardar su opinión y escuchar lo que hablaban los otros tres.

"Si James, buscaron a mi madre a la salida de su trabajo, los muy cobardes, la abordaron, le torturaron por placer y luego le mataron, con mi padre, fueron más piadosos, solo lo mataron. Pero no te preocupes, antes que el ministerio se la llevara, recogí sus últimos recuerdos, en cuánto pueda utilizar el pensadero de Dumblendore, sabré quién es mi objetivo antes que todo esto termine…"

Había hablado con una frialdad tan característica de Sirius, que hasta le sorprendió un poco a Lily encontrarse sentada observando alternadamente a cada uno. La muchacha de quién todavía no podía acordarse su nombre, estaba sentada a la diestra de James, mientras prendía un cigarrillo, era delgada, pero los huesos de sus hombros se marcaban por encima de la ligera blusa de lanilla que tenía puesta negra. El cabello era negro carbón, exactamente igual al de James, con ciertos destellos en bordo que se escondían, por aquí y por allá. El cabello lo tenía apenas armado en una extensa trenza espiga, lo que dejaba entrever los mechones más rojizos aquí y allá. Observó la piel de sus manos, parecían porcelana de lo blanca que eran, casi grisáceas, los dedos eran finos y largos, coronados en uñas levemente pintadas, pero por alguna razón parecían afiladas como las garras de algún felino. Elevo la vista buscando el perfil de la muchacha. Encontró que tenía la nariz larga, filosa, los pómulos marcados, tanto por las ojeras, tanto por la delgadez de su cuerpo. Le recordaba mucho a otra muchacha, no podía descubrir a cuál. Lily desvió la mirada a Sirius, quién de idéntica manera, había encendido uno de los cigarrillos que la extraña le proporcionaba. Se fijó en los movimientos, eran idénticos, desde la perspectiva de Lily, las semejanzas entre ambos se palpaban para quién sabía mirar cuidadosamente.

"¿Te has cansado de mirarme Evans?"- la voz de la extraña volvió a Lily a la realidad. Se sonrojó mientras bajaba la cabeza

"Lo siento…"-logró musitar en voz baja, mientras jugaba con sus dedos

"Alya, basta…"-James hizo sonar su voz por encima de la muchacha. Lily, recordó Alya, Alya, dónde había escuchado aquel nombre.

"Pero qué desconsiderado de mi parte el no presentarme, seguramente Tía Walburga y tía Druella estarían, teatralmente, ofendidas por mi comportamiento- ante aquel comentario no pudo menos que observar directamente a Sirius- Evans, Alya Black, para lo que necesites…"

Buenas tardes! ¿Cómo están? Quisiera agradecer a las lecturas que va teniendo este fic, espero que les agrade leerlo tanto como a mí me agrada escribirlo. Espero que puedan compartir conmigo, cualquier crítica que tengas con respecto al fic, cómo está escrito, y demás. Si alguien que este leyendo en este momento, quisiera saber su opinión acerca del fic, como está desenvolviendo, si le ve algún potencial, etc, ese tipo de cosas que nos sirve para saber si lo que hacemos está sirviendo. Espero que tengan un excelente fin de semana!

Hasta luego! Saludos! Tash