¿De verdad esa vulgar e interesante mujer iba a ser la maestra de su hijo?, ¿qué conocimiento podría transmitirle?, ¿señas obscenas?, porque parece ser que tiene una maestría en eso.
Siendo un psicólogo de última, observó discretamente a los padres de familia, y cabe resaltar únicamente a los del sexo masculino, percatándose de reacciones esperadas: transpiración nerviosa, sonrisa chueca, dilatación de pupilas y tartamudeo en la dicción. Sí, en definitiva todos los hombres estaban experimentado un orgasmo visual, y por si fuera poco, podía jurar que en la noche tendrían sueños húmedos con esa profesora.
-Disculpe… - carraspeó una mujer en un tono de descontento - ¿desde cuándo la escuela permite que sean jóvenes los maestros? –
-Le asegura señora Hayiko que nuestro colegio ha obtenido prestigio no sólo por el reconocimiento, sino también por su personal capacitado – respondió serenamente la directora, sin perder un toque de seriedad
Los niños no podían evitar quedársele viendo a la nueva docente con cara de intriga, como si esperaran que ella se defendiera o dijera algo al respecto y era todo lo contrario, sólo guardaba silencio.
-Insisto directora, ¿no cree que es muy joven la profesora? –
No se hicieron del rogar los malos comentarios y las pésimas expresiones de desaprobación. Inuyasha giró sus orbes hacia la víctima, quien únicamente encorvaba los hombros y apretaba sus manos, un claro síntoma de inseguridad la absolvía en esos momentos.
-¿Kagome, verdad?, ¿puedo tutearte? – interpeló otra voz femenina gastada por los años – ¿no has pensado en cambiar de profesión? –
-Yo creo que es perfecta – dijo un ente recargando su codo en el pupitre para apoyar su mentón en la palma de su mano
Todos voltearon estupefactos hacia la voz masculina que había dicho eso, y tanto las casadas como las solteras se llevaron una inesperada sorpresa al darse cuenta de quién había defendido a esa individuo.
-La sociedad siempre se queja de que el gobierno y las instituciones no dan oportunidades laborales a los jóvenes por falta de experiencia, ¿no creen que esta situación resulta contradictoria? –
Un silencio incómodo se apoderó del salón y una que otra garganta se ahogó con su propia saliva.
-Si bien es una persona preparada – señaló el padre de familia viendo fijamente a la nueva maestra – considero que ésta es una experiencia que merece la pena tener, ¿no es así, profesora Higurashi? –
Antes de que pudiera contestarle, se le adelantó la coordinadora Murasaki.
-Veo que está de acuerdo con mi pensar señor Taisho – expresó triunfal y con una mirada de complicidad
-Sólo apoyo una moción social, es todo –
-Entonces, tal parece que no hay problema – dijo una fémina al entrar al salón – espero que el interrogatorio no la haya hecho cambiar de opinión –
Y así fue que volvió a hablar ese ángel caído del cielo.
-En lo absoluto directora Josei –
-Excelente – agradeció – padres de familia, les aseguro que sus hijos están en buenas manos, no se arrepentirán – manifestó elegantemente
Algunas mujeres no pudieron hacer otra cosa más que vacilar sus gestos de conformidad y gran parte de los señores tuvieron que disimular el gusto de que no corrieran a la novata. Y seguro vendrían ellos mismos a recoger a sus hijos sabiendo que se podrían topar con ella en algún momento.
-Como podrán ver, la maestra Higurashi al ser nueva en la escuela "Natsuki", es nuestra obligación enseñarle las instalaciones y la forma de trabajo, por ello, sus hijos no tendrán clases hoy, sino hasta el día de mañana – informó la señora con una sonrisa dedicada a los infantes
Los pequeños gritaron ávidamente para así ir tras los brazos de sus progenitores.
-Gracias por su atención, que tengan buen día – expresó la coordinadora
-Niños, pórtense bien y nos vemos mañana –
-¡Hasta mañana directora Josei! – exclamaron al unísono unas voces agudas y tiernas
Las familias poco a poco comenzaron a abandonar el salón, y entre las últimas iban los Taisho, sin embargo, una voz los detiene.
-Escuché lo que dijo señor Taisho y le agradezco su apoyo – inclinó su dorso en señal de respeto
-¿Hasta cuándo seguirás tratándome como un extraño? Me halagas con esos ademanes Midoriko – bromeó el ojidorado, levantando su ceja
-Dentro de la escuela, soy la directora del colegio "Natsuki" –
-Como tú digas – se mofó de su seriedad
-Papá, ¿tú y la directora Josei ya se conocían? – preguntó curioso su pequeño e inteligente retoño
-Así es hijo – respondió – fuimos compañeros de preparatoria – comentó jocoso
Unas simpáticas risas eran audibles en el pasillo, era como regresar en el tiempo y recordar aquellos tiempos.
-Tienes al mejor papá del mundo Tsuhiko –
Inuyasha giró su perfil hacia el motivo de su existencia y notó que éste le sonrió convencido.
-Lo sé – aseguró mientras apretaba más la mano de su padre
Su corazón saltó de golpe al tiempo que su expresión cambió a una de sorpresa y sobretodo, de alegría, devolviéndole la misma sonrisa curveada a su razón de ser.
-Despídete hijo –
-Sí – dijo y así, se posó en frente de las representantes de la escuela, haciendo una reverencia – hasta luego coordinadora Murasaki, directora Josei –
-Cuídate Tsuhiko – le desearon las dos señoras
El niño asintió y antes de ir con su papá, ladeó su cabeza hacia el salón de clases donde estaba su nueva profesora. Y como si fuera un impulso, entró al salón, ignorando a su padre.
-¿Profesora Higurashi? –
-¿Sí?, dime –
-Gracias por quedarse con nosotros – expresó con un leve sonrojo en las mejillas
La chica sonrió de soslayo por las dulces palabras de su nuevo alumno y se puso de cuclillas para estar a la altura de él.
-Es un placer para mí ser tu profesora, Tsuhiko –
-¿Se acuerda de cómo me llamo? – preguntó con un toque de asombro
-Por supuesto, es un nombre muy bonito – dijo suavemente
¿Ahora dónde se había metido aquél niño? La directora y la coordinadora ya se habían ido, ¿acaso estaba en…
-Fue mi pa –
-¡Tsuhiko, dónde es –
Al asomarse al aula para buscar a su hijo, notó que interrumpía lo que era al parecer una amena conversación entre el pequeño y la docente.
-¡Discúlpame papá! Sólo estaba despidiéndome de la profesora – mencionó desesperado creyendo que su padre se enojaría con él por no irse en seguida
-¿Usted es el padre de Tsuhiko? – interpela curiosa la joven
-¿No se nota? –
Mal. Mal. Mal. O antes de despertarse se inyectó whiskey con vodka como suplemento alimenticio o intenta mostrarse egocéntrico con una aire seductivo. Reacciona Inuyasha Taisho. Reacciona. Toma tu papel de padre de familia.
-Quiero decir, sí – se corrigió raudo
-Antes que nada – se detuvo e inclinó su dorso – quisiera agradecerle por lo que dijo con respecto a los jóvenes –
¿Sólo por repetir algo que ellos mismos defienden? Si es así, para la otra defenderá el derecho a la libertad de expresión o la lucha por la equidad de género.
-No me dé las gracias – señaló – sólo actúe como un buen ciudadano –
Al decir aquello, no supo el error que había cometido… Ella le sonreía, una sonrisa tan deslumbrante y sincera que le sacudió todo el cuerpo. No. No. Regresa a la normalidad.
-Con su permiso profesora – manifestó rápidamente – es hora de irnos Tsuhiko – dijo al tomar la mano del pequeño y salir del salón de clases
-Sí papá, ¡hasta luego maestra! –
Y así, desaparecieron de su vista los dos hombres. Se dirigió hacia la ventana, fijando sus pupilas cafés en una silueta masculina de cabello negro que caminaba hacia el estacionamiento, y después de que su hijo entrara al coche, él le siguió, poniéndose sus gafas de aviador.
-Prometo que cuando lo vuelva a ver, me disculparé con usted por haberle faltado al respeto en el tráfico – murmuró sin controlar una risilla traviesa
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-¡Tía Sango! – vociferó emocionado el niño - ¡Tío Miroku! –
-Hola mi niño consentido, ¿cómo has estado? – preguntó sonriente la mujer de cabello castaño
-Muy bien tía, gracias –
Apenas y vio al psicólogo por el rabillo y le lanzó una mirada fulminante. Y eso que ya es fin de semana.
-Inuyasha –
-Sango – saludó obligadamente – Miroku –
Pudo sentir el filo de una espada con el tono en que le habló la esposa de su amigo, pero no era el momento para sacar a relucir hostilidades, Tsuhiko quería verlos así que no tuvo otra opción más que mandarle un mensaje a Hisho diciendo lo siguiente: "Si vienes a la casa, te regalo esa botella de vino tinto que tanto querías la navidad pasada." Y en menos de media hora, ya estaban él y Sango afuera de su hogar.
Numajiri se quedó en la sala con el pequeño jugando, mientras el ojidorado y el lapislázuli dialogaban al preparar la mesa en lo que Kaede cocinaba.
-¿Dónde está mi premio? – cuestionó Miroku emocionado
-¿Le dijiste que te convencí con tu vicio? –
-Podré tener la cara de tonto, pero no lo soy – espetó sabiamente – sólo bastó con decirle que tu hijo quería verla y casi me deja en el departamento –
-Por qué no me sorprende – mencionó burlón
-Tío Miroku, ¿ya te recuperaste de tu resfriado? –
-¿Resfriado? – preguntó intrigada la voz femenina, quedándosele viendo a su amigo
-Sí, mi papá me dijo que como estaba enfermo, no pudieron venir a comer ayer como de costumbre – dijo Tsuhiko inocentemente
Inuyasha mantuvo la mirada fija en Miroku con cara de "si dices lo contrario, olvídate de tu premio", a lo que él lo captó de inmediato.
-Así es campeón, ¿crees que puedas disculpar al debilucho de tu tío? – declaró apenado
-Mi amor –
Ahora estaban en problemas, ambos hombres sabían que cuando Sango decía aquello, significaba que habría sangre en cualquier momento.
-¿Eh?, dime mi cielo querido – respondió con un severo miedo
-¿Cuándo fue exactamente que te res –
-La cena está lista, ¿alguien me puede ayudar a llevar la comida? – preguntó la oportuna señora Kaede
-¡Yo voy! – exclamaron los dos al unísono, entrando a la cocina
Y así desaparecieron de la vista de la temible Sango, cogieron los platos con los alimentos y los llevaron a la mesa. Podían sentir la mirada penetrante de Numajiri, pero no había opción más que fingir demencia, y en eso eran unos expertos.
La cena fue sorprendentemente placentera y deliciosa, platillos típicos de la gastronomía japonesa: udon, tonkatsu, oyakodon, yakitori y sashimi. A pesar del aura negra que llovía sobre Miroku e Inuyasha por parte de la mujer de cabello castaño, el ambiente estaba de maravilla: bromas, anécdotas y sobretodo historias.
-Y cuéntame Tsuhiko, ¿qué tal la escuela? –
-Muy bien – dijo con entusiasmo – el jueves entró una nueva profesora y ella me dará clases este año –
Inuyasha casi se atora con el pedazo de carne que masticaba, afortunadamente tomó agua para descartar un accidente, pero para su suerte, Sango se había dado cuenta de su reacción al escuchar lo que su hijo le contaba.
-¿En serio? –
-Sí, aunque al principio muchas mamás no querían que se quedara –
-¿De verdad?, ¿y por qué no querían que les diera clases? – interpeló interesada la fémina de ojos color caoba
-Porque –
-¿Alguien quiere más yakitori? – cuestionó Inuyasha en un tono muy servicial
-No, gracias – expresó la esposa de Hisho extrañada por el repentino comportamiento del ojidorado, pero no hizo caso – sígueme contando Tsuhiko –
-La maestra es –
-Tsuhiko, recuerda que tienes que dormirte temprano –
Eso ya era a propósito, ¿por qué interrumpía a su hijo?, ¿qué le ocurría?
-Inuyasha, son las 7:30, creo que las 8:30 es buena hora para dormir –
manifestó retadora – ahora, ¿podrías dejar que Tsuhiko termine de hablar? –
Había perdido. Había fallado como psicólogo. Y ahora iba a pagar caro. Aguarden, ¿por qué le mortificaba que su retoño hablara de su nueva educadora? No es como si le interesara ese trapo de segunda. Por Dios.
Miroku comenzaba a sospechar de la repentina actitud esquiva de su amigo, ¿qué era lo que no quería que dijera Tsuhiko?
-Mi profesora es muy joven, y los papás no estaban de acuerdo porque decían que no tenía experiencia – contó con propiedad
-Ya veo –
-Pero mi papá la defendió – reveló con notable satisfacción, viéndolo como si fuera un héroe – ¿verdad? –
Los ojos de sus amigos se posaron en él sorprendidos y a la vez ansiosos por escuchar lo que tenía qué decir. Vamos, cualquiera puede abogar por nuevos docentes, es lo más normal del mundo.
-¿Eso hiciste Inuyasha? – cuestionó Numajiri carcomida por el morbo
-No fue la gran cosa – dijo intentando sonar modesto, sin darle la menor importancia
-Pues para mí fue todo lo contrario papá – aseguró Tsuhiko – incluso dijiste que era perfecta –
En ese instante, deseo que su hijo hubiera tenido tanta cerilla en sus oídos que ni siquiera pudiera escuchar cuando dijera palabras anti sonantes, pero no fue así. Ahora sabía que no se quitaría de encima a sus amigos hasta que les contara todo.
-Si me disculpan – se levantó de su asiento para llevar sus platos a la cocina
Una vez dentro, colocó los trastos en el lavabo y se apoyó sobre la barra al tiempo que sus ojos ambarinos chocaron con las orbes grises de la señora que lo ayudaba a cuidar la casa.
-¿Se encuentra bien señor Taisho? –
-No me pasa nada – contestó con desgano
Ya estaba a punto de regresar a la mesa y enfrentar las miradas inquisitivas de Sango y Miroku, pero uno de ellos se le adelantó en la cocina.
-Tienes mucho que explicar Inuyasha – indicó el hombre de coleta corta señalándolo
-No molestes Hisho –
-Así que es perfecta la maestra de tu hijo – murmuró – lo que hubiera dado por escucharte decir aquello – expresó bromista, cruzándose de brazos
-¿Y Numajiri? –
-Fue a llevar a Tsuhiko a la cama –
-Entiendo –
-No cambies de tema – inquirió Miroku divertido – anda, ¿quién es ella? –
-Es sólo una profesora, ¿qué no oíste la historia? – replicó indiferente
-Inuyasha… –
Como detestaba que usaran ese tono de compasión al decir su nombre. Estaba harto de que sintieran lástima por él. Enfermo. Más que enfermo.
-¿Quieres escuchar mi versión? Bien – tomó una bocanada de aire y comenzó a hablar – los padres estaban masturbándose mentalmente con ella, las señoras se percataron de eso y se encelaron porque esa maestra no tiene más de tres verrugas en la cara, entonces comenzaron a quejarse y yo lo único que hice fue decir que la falta de empleados escasea en el país porque somos nosotros quienes impedimos que hayan oportunidades en el sector laboral. Y por mi argumento banal nadie volvió a abrir la boca, ¿ya estás contento? –
-Vaya – dijo sorprendido – realmente ha de ser un bombón esa profesora –
-Te felicito, ahora, si me disculpas, mañana tengo muchos pacientes con problemas de identidad que atender – recalcó hostilmente y así, abandonó la cocina – nos vemos mañana –
Se encaminó hacia las escaleras y en el principio de éstas se encontró con Numajiri apoyada en la pared. No tenía deseos de hablar con nadie ya.
-¿Estás molesto? – preguntó al vacío
-¿Qué?, ¿también tú quieres oír mi versión? –
-¿Y contármela te hará sentir mejor? –
Guardó su repertorio de frases de impetuoso humor negro, lo usaría para otra ocasión. Suspiró y subió las escaleras, sus pasos eran pesados y agobiantes, y en el último escalón, la voz de su amiga lo acechó.
-Tsuhiko no tiene la culpa de esto –
-Nadie ha dicho lo contrario – contestó con una indiferencia tan grande que su voz se volvió desconocida
-Inuyasha, ¿qué no te viste? – le evidenció – estabas actuando como un completo imbécil frente a tu propio hijo –
-Tengo mis momentos –
Sango no pudo sentirse más indignada. Soltó un bufido por la mediocre respuesta de su amigo.
-Eres increíble –
-No todos los días me dicen eso – replicó con un sarcasmo inconfundible
-¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? –
-La gran parte del tiempo, no –
-Tsuhiko antes de irse a dormir me preguntó si estabas molesto con él – le atacó – él piensa que no eres feliz por su culpa – resaltó controlando su notorio enojo
Inuyasha se quedó helado ante lo último que dijo Numajiri, ¿por qué?, ¿por qué ella sabe más de Tsuhiko que él? Él es su padre, el que se esfuerza por estar con él día y noche, el que le da todo el amor que necesita un niño, el que procura que no se enferme, el que vela sus sueños cuando tiene pesadillas, el que se ríe intensamente por sus comentarios nobles, el que se desfallece por su bienestar, y… ¿su hijo piensa que vive en la desgracia?
-No es cierto, ¡estás mintiendo! –
Miroku afortunadamente se apareció antes de que el ojidorado hiciera una gran estupidez. El hombre lapislázuli abrazó por la cintura a su esposa, tratando de controlarla, pero ella buscaba zafarse del agarre, sentía unos inmensos deseos de golpear a su amigo hasta que le dejara moretones por doquier.
Se lo merecía, se merecía eso y más.
-¡Tsuhiko estaba llorando Inuyasha! – gritó encolerizada – ¿alguna vez lo has visto llorar? – le preguntó secamente
-¡Cállate maldita sea!, ¡no sabes lo que estás diciendo! –
-¡Él tiene derecho a ser feliz! – exclamó – ¡y tú también Inuyasha!, ¡por qué no lo entiendes! –
-Sango, cálmate por favor – insistió Hisho suplicante
-¿Quieres saber por qué? ¡Porque jamás me perdonaré! – confesó al fin – ¡han pasado diez años y no puedo perdonarme, ni hoy ni mañana, nunca podré hacerlo! – vociferó sujetándose del borde de la escalera, al borde del llanto
-¿¡Y estás consciente que al no hacerlo, también estás arrastrando a tu hijo al mismo infierno?! –
Trató de respirar, estaba olvidando cómo hacerlo, su pulso se aceleró y el aire comenzaba a faltarle. Trataba de tranquilizarle, y cada que lo intentaba sentía como su cuerpo convulsionaba, como si pequeños hormigueos le rasguñaran la piel. Era una sensación horrible, sofocante y dolorosa.
-Sango, yo lo que menos deseo es que Tsuhiko pase malos momentos a mi lado –
-Inuyasha – dijo Miroku sorprendido; jamás había oído hablar a su amigo con una voz tan triste y lúgubre
-Mientras pueda estar con él, quiero que me diga "papá" todos los días, que me abrace y me sonría… –
Ninguno de sus amigos decía nada, sólo se le quedaban viendo, Sango no tardó en derramar lágrimas y Hisho a duras penas podía aguantar los sollozos.
-Sólo les pido más tiempo, por favor – imploró – sé que suena egoísta, pero no puedo dejar a Tsuhiko, no aún. Por eso… cuando llegue el día, quiero que ustedes cuiden de él –
-No… Inuyasha no nos pidas eso – le condenó Numajiri casi sin voz
-Estoy seguro que serán excelentes padres, es lo que siempre han deseado, ¿no es verdad? – declaró mientras cristalinos ríos resbalan por sus mejillas
Pero tardó en reaccionar y mucho más en darse cuenta, hasta que sus amigos voltearon hacia la esquina y escondieron sus rostros bañados en lágrimas. Y fue ahí cuando giró su perfil y ahí estaba él, en pijama sujetando un avión de juguete, con ojos de incertidumbre.
-Papá, ¿me vas a dejar? –
En ese momento corrió hacia su hijo, se dejó caer de rodillas y lo abrazó fuertemente, entonces el llanto salió por fin junto con los gritos ahogados y los suspiros entrecortados. Podía escuchar los latidos agitados de su corazón y la impotencia de su garganta al no articular nada.
-Papá – musitó el pequeño – ¿papá? –
-Tsuhiko… yo… –
-Perdóname, no debí de haber dicho eso –
-No, no Tsuhiko, soy yo quien debería pedirte perdón – susurró – no merezco ser tu padre, te he fallado –
Seguía con la cara hundida en el cabello revoltoso de su hijo, pero éste se aleja de él y suelta su avión para posar sus manos en las mejillas húmedas de su padre.
-Papá, tú eres el mejor para mí – afirmó queriendo animarlo – eres mi héroe favorito, ¿lo sabías? – le preguntó con una sonrisa de hoyuelos
¿Cómo contestar eso?, ¿con qué clase de oración haces que se retracte de sus palabras un niño de diez años? Con nada, no existe nada que se le pueda comparar.
Aún con el rostro empapado, pega su frente con la de su hijo, consiguiendo sonreír al igual que él. Sí, porque por él es capaz de hacer cualquier cosa, si es necesario llegar hasta el fin del mundo, lo haría, y sólo por él.
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¡Konnichiwa chicas! No se los voy a negar, no sé cómo, pero este capítulo me hizo llorar, rayos… no sé siquiera decirles cómo me siento…
Espero que les haya gustado la continuación.
Cuídense mucho.
Un día de estos habrá actualización. Se los aseguro.
XOXO.
Luna-es2012
