* Título: Love, cry and seasons (Amor, llanto y estaciones).

* Pareja: Harry Potter y Draco Malfoy.

* Advertencia: Yaoi. Relación chico-chico.

* Disclaimer: Los personajes y lugares mencionados en esta historia pertenecen a J. K. Rowling.

* Palabras: 900 (Sin contar todo lo escrito anteriormente).

* Nota de autora: Este fic participa en el reto de Febrero "A través de las estaciones" del foro "Del Yaoi & el Slash". / Como dice al principio relación entre hombres, si no te gusta por favor no insultes. / Las palabras en cursiva son flash back.


Una tarde en el parque

Draco sonríe burlonamente cuando Harry, en un acto infantil, comienza a desordenar las hojas secas apiladas en el parque.

El moreno le invita tendiéndole la mano, pero Draco lo rechaza alegando que eso no es digno de un Malfoy. Harry se encoge de hombre y continúa haciendo lo anterior, sin importarle lo que piensen los demás.

En el parque casi no hay nadie, exceptuando un par de niños que hacen lo mismo que Harry y sus padres. El rubio suspira recordando que aquel día se cumple casi un año desde que Harry no ha tenido ningún mal episodio.

Sin pensarlo los recuerdos fluyen solos.

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Draco apoyó su mentón en la silla de la habitación y vigiló el sueño de Harry. Hacía unos cuantos minutos que había tenido su, nada grato, episodio de "mal despertar".

Movió la cabeza imperceptiblemente en señal de negación, sintió, en ese momento, que ya no podía más con la situación, se sintió cansado. En ese entonces, reconoció que era un tipo con muy poca paciencia, pero también reconoció que es un tipo que nunca ha desistido en lo que quiere. Y quiere estar con Harry, porque lo ama a pesar de todo lo que conlleva estar con él.

En un principio, después de que descubriera todo, Granger se lo advirtió una vez o unas mil veces, según recordó.

Sera así Malfoy, como hoy y siempre, pero también recordó lo otro–. Aunque irán disminuyendo o se presentaran en lapsus más cortos.

Se levantó incapaz de seguir mirándolo y desvío la mirada hacia la ventana donde el día prometía ser algo frío y las primeras hojas comenzaban a caer. Anunciando el otoño.

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– ¿En qué piensas? –Harry se sienta a su lado tomándolo de la mano.

–En nada –le responde apretando la mano de Harry–. ¿Te has aburrido ya de desordenar las hojas?

El moreno se remueve incomodo –No hacia tal cosa. Solo…

Draco arquea una ceja –Harry, tienes casi 26 y si hacías tal cosa. Deberías actuar como un adulto.

Harry jadea –Me estas tratando de decir que soy infantil –le dice algo indignado.

–No, te lo estoy diciendo con todas sus letras, cariño.

Harry frunce los labios y se cruza de brazos –Tú también actúas de manera infantil en los inviernos. Recuerdas los ángeles de nieve que hicimos en el patio trasero.

–Draco no puede creer que Harry se acuerde de eso– Eso es distinto, tú me obligaste.

–Oh, pobre Draco –le dice con voz falsamente lastimera e irónica.

Harry se levanta ciñéndose un poco el abrigo no es que hiciera frio, pero como el otoño está comenzando la brisa es un poco más helada. Draco observa el paisaje a su alrededor, las hojas algo amarillentas o amarronadas caen de tanto en tanto cuando el viento aparece.

Tiene reconocer que no debió decir lo anterior o por lo menos debió haber omitido alguno que otro comentario, pero nada de lo anterior hubiese sido propio de su personalidad, si se lo hubiese callado. Por lo que opta dejar a Harry solo, no cree que se halla enojado por esa tontería.

Luego de unos quince minutos se da cuenta de que al parecer su novio se ha ido o al menos se ha enojado lo suficiente como alejarse del, pero los pensamientos anteriores desaparecen cuando le ve acercándose.

Harry se sienta a su lado, algo más alejando.

– ¿Dónde has ido? –pregunta como si nada hubiese pasado.

Harry tarda unos segundos en contestar –Fui a caminar, a seguir desordenando hojas –dice inexpresivo.

–Harry, yo… no debí decir lo anterior.

Él se encoje de hombros –No importa… son comentarios propios de ti. Creo que ya estoy algo acostumbrado.

–No debí decirlo –dice nuevamente–. Además es un gran merito para ti el haberme traído a un lugar así.

Harry lo mira con una mezcla de sentimientos –Es un gran mérito para ti que aun estés conmigo, cuando ambos sabemos que las cosas son difíciles a veces.

–No te acuerdes de eso, por favor –le dice–. Te amo Harry, a pesar de todo.

Él sonríe –Yo también te amo y tienes razón no debemos recordar las cosas malas –en sus ojos verdes aparece una mirada de determinación–. Entonces ¿Me acompañas? Aun debo ir a desordenar hojas al otro lado –señala el lugar contrario por donde venía.

Draco suspira y pone los ojos en blanco internamente.

–Claro –se abstiene de decir algo más.

Harry se levanta y Draco lo imita, pero antes de ir. El rubio lo besa, demostrándole todo el amor que aun siente por él.

Luego de unos minutos y tomados de la mano se dirigen a seguir su tarde en aquel parque muggle.

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La mejor manera de desintoxicarse de las malas vibras, según pensaba Draco, era corriendo. Largos y largos kilómetros a través del parque muggle que visitaba algunas veces.

El sudor corría por su rostro y no tan solo por estar haciendo ejercicio, si no por el sol que estaba, a pesar de ser temprano, muy pesado.

Se detuvo un momento para poder tomar un trago de agua y continuar.

Entonces una mujer caminando rápido paso por su lado, casi golpeándolo, ella al darse cuenta se giro.

Disculpa.

Y él la reconoció, era Hermione Granger.

En ese momento y en ese mismo parque había vuelto a ver a Harry Potter después de dos años. En ese parque había comenzado todo.