Intermisión
Por Makita
Capítulo III : Reminiscencia
—Near, tenemos que hablar.
El aludido no se inmutó. Observó como las dos figuras que lo acompañaban en aquella oscura oficina volvían a concentrarse en sus trabajos al notar su semblante despreocupado, asumiendo que estaba todo bajo control. El jefe del SPK se encogió de hombros, su expresión fue iluminada únicamente por la luz que proyectaba la pantalla del notebook a sus pies.
—No tenemos que hablar. Estás exigiendo que escuche lo que tienes que decir, aunque no me apetezca.—acusó con un dejo de rebeldía, apretando los labios.
—Tómalo como quieras…— desafió el rubio mascullando al otro lado de la línea.— …Ahora pretendo que me digas la maldita verdad.
—¿Sobre qué?—preguntó con desinterés, mientras miraba una lista gigantesca de los programas de televisión japoneses que habían mencionado alguna vez a Kira.— Mello, no tengo tiempo para esto.
—Sobre lo que me dijiste en la reunión, enano estúpido...
El albino se preguntó de cual de todas las cosas que dijo en la reunión estaría hablando Mello. Lo analizó un segundo mientras retorcía un mechón de su cabello entre sus dedos; francamente esa conversación resultó totalmente carente de sentido. Al parecer su auto-declarado rival se refería específicamente a la frase pronunciada por él, cuando confesó que sentía una emoción de un nivel más profundo por el rubio. Se rascó la mejilla en un acto reflejo…¿había actuado en contra de las reglas sociales al expresarse? ¿quizás no fue el tiempo o el lugar? La sociedad tenía un infinito número de reglas sobrentendidas para esta clase de circunstancias. ¿fue un error y ahora tendría que tolerar que Mello le exigiera explicaciones?
—¿Te refieres a cuando dije que me gustabas?.—dudó, sonriendo astutamente.—Porque salvo eso, creo que no hablamos nada substancial.
Mello seguía al teléfono, aunque al escuchar nuevamente esa repugnante afirmación no pudo evitar lanzar un bufido exasperado y alejar el móvil lo más humanamente posible de su cara. Apretó los dientes.
—Exactamente a eso me refería.— contestó intentando mantener la cordura, dándose importancia.
—Ya…¿y?.—presionó con voz impasible.
—¿y qué?.— respondió de mala gana.
—Tu llamaste y dijiste que teníamos que hablar. Dí lo que tienes que decir, porque tengo mucho trabajo.
—¡¿Ahhh?
—Estoy esperando.
El segundo discípulo de L inhaló profundamente y aguantó la respiración. ¡Se suponía que el que estaba arrastrado por él era Near! ¡¿porqué le hacía sentir como si fuese al revés? Hasta se había olvidado de la razón de esa llamada. Exhaló tomando conciencia de su irritación, que comenzaba a desbordarse y se centró nuevamente. Sólo la voz del enano lo sacaba de quicio.
—¡Claramente quiero saber el propósito de esa mentira!
—No era mentira.—aseguró, inclinándose sobre el computador.
—Ahora me estás subestimando… ¿crees que soy estúpido?
—No y… -lo pensó brevemente.-…No.
—Tú eres incapaz de sentir una emoción así… ¡Ni siquiera acariciaste una vez al gato de la Wammy's house y ahora pretendes que crea que puedes querer a alguien más!
—Mello, tu y yo sabemos que los gatos son portadores de un sin número de enfermedades, además de alergias y bacterias que trasladan en sus patas. Asumo que mi actuar se justifica en un cien porciento.— explicó con tranquilidad, pensando en porqué debía argumentar eso.— Y por otra parte soy humano, lo normal es que alguna vez sienta atracción hacia otro humano. Es lo que se denomina "la ley de la vida".
El rubio, que aún se encontraba sumido en la oscuridad de su habitación, mantuvo el teléfono en su mano, escondiendo el rostro entre los mechones de pelo que caían sobre su frente. Sencillamente no atinaba como decirle que no deseaba creerle, puesto que si era verdad, la incertidumbre que siempre rodeó su relación de rivalidad se podía llegar a convertir en algo más. Toda su vida había luchado para cortar esa conexión invisible que lo unía a él, por ser los únicos sucesores de L; y ahora aparecía nuevamente en su vida, reforzando ese lazo con un sentimiento que a nadie en su sano juicio le gustaría sentir por otro. Porque se trataba de un cambio disímil, una intensa felicidad efímera seguida de un sufrimiento eterno y profundo. Era un riesgo etéreo que al fallar significaba un dolor interno, imposible de sanar. Levantó la vista, decidido. Prefería quebrarse todos los huesos del cuerpo antes de entregar su espíritu para que otra persona tuviese el poder de hacer y deshacer con él.
—No puedo creerte. Simplemente no va contigo.
Near esperó. Notaba como Mello comenzaba a sentirse atormentado por este escenario, su voz delataba una lucha por no demostrar ansiedad. Tampoco le extrañaba de sobremanera, ya que comúnmente el rubio se obsesionaba con los temas. Observó con cierta nostalgia la letra "M" en el teclado de su notebook. Suspiró.
—Entonces está bien. Mentí.
—¡¿Qué?
—Eso, mentí. Me has atrapado, lo hice como una broma…pero no resultó como yo pretendía.
El rubio quedó inmerso en un estado de alerta, sin saber que pensar. ¿Entonces había sido una mentira? ¿y porqué se lo decía ahora cuando hace menos de un minuto insistía en que era verdad?
No, espera un poco. Se encogió más, su frente casi tocaba sus rodillas.
Pocas veces lo vio mentir para manipular a los otros niños del orfanato; disfrutaba hacer trampa con pequeñas cosas. Y era tan evidente que ahora también lo estaba haciendo.
—Near…¿me dijiste eso porque quieres que piense que todo fue una farsa?—cuestionó entre dientes, sintiéndose peor que al inicio.
—Sí.— confesó tranquilamente.— Te estoy dando libertad para que pienses lo que quieras, que fue tanto verdad como mentira.
—Pero solo existe una realidad...—replicó, hastiado de que ese pequeño engendro jugara como se le antojara con él, recurriendo implícitamente a ese enigmático concepto "solo existen tres verdades, la tuya, la mía y la real"
—Sí, y te la dije.
Gevanni, que se mantenía frente al computador encargándose de otros asuntos, se sacó repentinamente los audífonos que portaba para contestar una llamada en la segunda línea. Lo vislumbró con un semblante preocupado.
—Near, es Aizawa.
Asintió con la mirada. Con la mano acercó el micrófono a sus labios, se agachó parcialmente, escondiendo su expresión.
—Me tengo que ir. Adiós Mello.
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—…Y para variar un poco, quedé yo como el estúpido.—se quejó Mello, rompiendo el brillante papel metálico que rodeaba una barra de chocolate. La mordió violentamente.
A su lado se encontraba Matt, apilando y organizando los videocassettes que contenían un indefinido número de horas grabadas. Puso uno en el reproductor de video y lo retrocedió. Le concedió unos minutos de atención a su compañero, aunque sinceramente, lo tenía harto con el tema de Near.
—¿Recuerdas que estamos investigando a la NPA ahora que esta en Manhattan?.—le inquirió para que aterrizara.—En cualquier momento se vuelven a Japón.
—¿Y tu recuerdas que están aquí por mi?—le devolvió molesto.—¿Hay algo nuevo?
—Nada. El japonés llamado Mogi y Aizawa se lo pasan murmurando. Creo que sospechan de alguien o quizás están tramando un nuevo plan.
—Por eso, sigue vigilándolos.
—Dejé las cámaras grabando los alrededores del edificio que ahora les sirve de oficina…—masculló Matt, de mala gana.—¿Porqué no solucionas pronto tus problemas emocionales para que puedas enfocarte en esto?
Mello chasqueó la lengua. Matt le quitaba todo el mérito; era cierto que existían lapsus en los que se desconcentraba pero eran los menos. Constantemente su mejor amigo de los tiempos de Wammy's House se los sacaba en cara. ¡¿qué más quería? Desde los quince años que estaba metido en este caso y ya iba hacia los…¿veinte?
Como fuese.
Tenía razón. Si quería centrarse en esto, tenía que eliminar lo que le fastidiaba. ¡Y había realizado un intento! ¡Que posteriormente acabó en algo peor! En algo insólito…
—Al final es verdad.—confesó, como si intentara autoconvencerse, alzando una ceja y pendiente de la reacción de su acompañante.—Lo que dijo Near.
—¿Cómo sabes? Quizás sólo esta jugando. A él le gusta jugar.—Matt se acordó del cigarro a medio consumir que reposaba sobre el cenicero, se lo llevó a los labios y lo aspiró, pensando.
—Debe serlo. Es Near. Inventaría algo mejor.—reflexionó, con la mirada perdida.
—Bueno, si lo es, no es tan extraño. También le gustabas a Linda. No sé que te ven, eres más bien antipático. Yo soy mucho mas simpático y divertido.
—Si no hubieses estado con la nariz metida en los videojuegos toda tu infancia quizás alguien te hubiese notado, Matt…—Mello lanzó un resoplo, hastiado. El humo del cigarrillo provocaba extrañas sombras al ser tocado por la vaga luminiscencia brindada por la televisión.—Y apaga ese vicio de una vez…
—Lo termino enseguida...—lo vio inclinarse sobre una roída mesa de centro, para alcanzar las carátulas plásticas donde guardaban las pequeñas cintas.
Ahora que lo observaba se preguntaba en que momento habían terminado siendo amigos. Él era dueño de una aplastante personalidad, que nunca le hubiese dado cabida a una más tímida como la de Matt. Pero seguían siendo los mas cercanos desde Wammy's House.
Era extraño lo que sucedía en ese lugar; era como tierra de nadie. Por un lado, era su hogar y por otro, ninguna de las personas que vivían allí tenía un lazo importante con el otro. No era un tema de rivalidad puramente, la sangre era y es el elemento más consistente que une a las familias. Porque, aunque los hacían sentir como si los demás fuesen sus hermanos, en el fondo, Mello sabía que no lo eran. Les concedían educación y a cambio ellos debían arraigarse a la promesa de lo que serían en el futuro; los sucesores de L. Les entregaban cuidados, protección y cuando crecieran se comprometían en entregar sus mejores frutos; a dedicar toda su energía y talento a un solo objetivo.
De no ser por su gran apego a la justicia y a su profunda admiración por L, Mello no se habría encontrado a si mismo en ese lugar. Por un tiempo fue así; sombrío, sin rumbo, sin objetivos, sin motivación. Cada día era respirar y mantener ese ritmo, nada más. Se apegaba a la ventana en algunos atardeceres, mirando el paisaje que se expandía detrás de las rejas que rodeaban el orfanato, con el olor de los libros viejos acompañándolo en ese gigantesco salón, cubierto de madera. Se preguntaba muchas cosas, continuamente; sobre todo se cuestionaba si todas las cosas que le enseñaban le servirían algún día, cuando descubriera la vida. Tenía ansias y expectación, nunca miedo. Sabía que existían cosas muy malas afuera, los casos de L eran el mejor respaldo de aquello; pero él anhelaba experimentarlo por si mismo.
¿Cómo había cambiado eso?
Sin previo aviso, un día, ese sentimiento de desidia que dominó los pasos de sus cortos nueve años desapareció. Mas concretamente, lo olvidó. Fue durante una clase de idioma, en la que recordaba estar jugando con el lápiz pasándolo frenéticamente entre los dedos de su mano izquierda mientras observaba sin mucho interés los caracteres que estaban impresos en su libro; se trataba íntegramente de un texto en japonés que la profesora había copiado en la pizarra y que analizaba paso a paso. Era de su conocimiento que los lenguajes orientales eran los más complejos para las personas de occidente y que no dominarlos significaba estar a años luz de L, que manejaba todos los idiomas que se hablaban en el mundo. Sin embargo, su mente estaba lejos de allí, al igual que muchos de los niños presentes en el salón. Se justificaba pensando que su joven cerebro no estaba preparado para entender el concepto de ese nuevo lenguaje; hasta que alguien calló su mente.
Más bien todo el salón entró en un inconcebible mutismo; un niño que no había visto antes se encontraba hablando, o traduciendo un poema del inglés al japonés, tranquilamente y pronunciando las palabras gradualmente. La profesora atisbaba, tensa, mientras los demás alumnos buscaban con desesperación el poema en sus libros para comprobar si coincidía la traducción. Sobresalía esa voz, un poco débil en volumen pero absolutamente segura, dominaba ese lenguaje, lograba que cada palabra tosca sonara flexible y armoniosa, perfecta. Por un leve segundo notó que su corazón se contraía aprehensivamente. ¿cuántos años tenía ese niño? Lucía como de cinco, o quizás menos. Lo vislumbraba y pensaba que no sería capaz de olvidar ese poema, que inclusive en su propia lengua no sonaba con ese misticismo extravagante, con el que había sido pronunciado. Volvió la vista al libro, arriba titulaba "la suerte esta echada, y para siempre"*.
—Tu japonés fue excelente, felicitaciones, Near.
Tampoco iba a olvidar ese nombre, porque apenas terminó la traducción, tomó asiento extrañamente sobre la silla de madera y le devolvió su asombrada mirada con otra apática pero profunda y llamativa, atrayente y oscura, hasta curiosa. Esas pupilas negras que reflejaban sobre todo, misterio, se quedaron grabadas en su retina y esa impresión de incertidumbre, como estar próximo a un abismo, también la adquirió su cuerpo y hasta la actualidad, la relaciona con él.
Esa sensación.
Sonrió hacia sus adentros; olvidó todo lo demás. Superaría a ese niño y quizás podría tener algo de lo que él poseía; aunque en ese entonces desconocía certeramente que era.
—Hey Mello ¿estás bien? Te quedaste pensando.—la voz de Matt lo devolvió a la realidad. Espabiló al verlo apagar el cigarro sobre el cenicero de vidrio.
—Estaba recordando algo repulsivo, de cuando vivíamos en el orfanato...—musitó. Interiormente le agradecía la interrupción.
—Déjame adivinar…¿estabas añorando los tiempos en los que efectivamente conseguías vengarte de Near?
—No seas ridículo, Matt.—Mello le dirigió una mirada hostil, de reojo.—
—Aww, que tierno…—se burló el de cabello oscuro, echándose hacia atrás con los brazos cruzados.—¿Recordaste cuando tirabas sus laberintos de dominó que le tomaba horas armar? ¿o cuando escondías sus juguetes? ¿o cuando le apagabas el agua caliente mientras se estaba bañando?
—No me acordaba de lo último…—musitó trazando una sonrisa maquiavélica que cruzó su semblante.— ¡Aunque dije repulsivo! Esos recuerdos sólo me traen felicidad…
—Oh, vaya milagro…—murmuró Matt sin interés, alzando el control remoto para detener la cinta que se retrocedía hace algunos minutos. Le dio play y una imagen monocromática apareció en la pantalla, avanzando a un ritmo normal.
Mello notó el sarcasmo de su compañero y exhaló, apoyándose completamente en el respaldo del sofá que yacía en medio de la habitación. Enfocó ambos ojos en la pared, un sentimiento de absoluta determinación lo embargó.
Near, crees que fuiste inteligente al decirme que te gusto para desestabilizar mis emociones, pero te equivocaste. Nunca debiste enseñarme una debilidad, fuera verdad o mentira. Y si realmente te gusto..eso lo veremos pronto.
Mascó un trozo de chocolate, el último que iba quedando de esa barra, y tomó el teléfono celular.
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Halle cerró los ojos por breves segundos, frente al computador. Recordó porqué se encontraba allí, en esa oficina viciada y fría. El intenso azul de las paredes le daba esa impresión, como si se encontrase dentro de un congelador. Terminó de mandar unos archivos con indicaciones para su compañero de trabajo y se levantó perezosamente. Cogió el abrigo que colgaba desde el respaldo de su silla y se encaminó hacia el centro del lúgubre y silencioso lugar.
—Near, voy a casa. Necesito darme un baño.
—¿Quieres que llame un taxi por ti?.—preguntó apáticamente sin desenfocar su vista del robot de plástico con el que jugaba.
—No es necesario, quiero caminar.
—Está bien.
Avanzó lánguidamente, el cansancio se hacía sentir en cada uno de sus músculos y las botas de taco alto no la ayudaban en lo más mínimo. Ya saliendo del edificio, su único deseo era llegar a casa, lanzarse en el sillón y relajarse, aunque fuese unas pocas horas. Eran un cuarto para las cuatro de la mañana y un oscuro Manhattan le dio la bienvenida; los impetuosos edificios yacían elegantemente iluminados, absolutamente vacíos del ajetreo característico del día, mientras los faroles irradiaban una ambigua luz en la vereda por la que transitaba. A pesar de su evidente cansancio, esa caminata le resultaba extrañamente reconfortante; era capaz de respirar el aire puro de la noche, el sonido de los zapatos chocando contra el asfalto en medio de la soledad la acompañaban. Intentaba no pensar, olvidar. Sólo deseaba llenarse de un blanco vacío y liberarse de la angustia y el estrés que implicaba estar involucrado en el caso Kira.
Se detuvo frente a una vitrina de ropa exclusiva a observar la delicadeza de las prendas que se exhibían, cuando sonó su móvil. Por unos instantes consideró no contestar; pero ¿y si se trataba de algo urgente? Vio el numero desconocido en la pequeña pantalla iluminada verde y apretó aceptar.
—¿Sí?.—A pesar del agotamiento, su voz mantuvo su original firmeza. Esperó.
—Halle…
Abrió los ojos con sorpresa. No era costumbre de Mello llamarla tan seguido.
—Mello… ¿qué quieres?
—¿Estás sola?
—Sí, me encuentro fuera de la oficina.
Se extendió un silencio entre los dos. ¿Qué estaría planeando el rubio?
—Halle, necesito que me ayudes a atrapar a tu jefe.
Oh no. Definitivamente no se esperaba algo como esto. Era en esos instantes en el que le daba la aprobación al albino, cuando decía que Mello era "obsesivo" en forma "negativa". La obsesión, a diferencia de la perseverancia, no permitía vislumbrar un panorama desde todos sus ángulos.
—¿Otra vez con eso?.—se rió un poco.—Near ya lo superó.
—¿Qué quieres decir?
—Que a Near no le afecta lo que trames en su contra. Lo que te dijo fue solo para que lo supieras, no para que actuaras para transformar eso en algo más. —lanzó poco después, disimulando cierto rencor.
Hubo otra pausa.
—No voy a hacer eso. Lo único que me interesa es verlo derrotado algún día.
—¿Me vas a decir que no mantienes otra clase de sentimiento por él?.—su pálida mano tembló con el teléfono entre sus dedos y no supo porqué de pronto se sentía desesperada. Comprendía la rivalidad que mantenían desde que eran niños, era testigo de cómo sus personalidades chocaban intensamente hasta el borde del desastre. ¡Mello había amenazado a Near con un arma! Sin embargo, necesitaba oírlo de los labios del rubio.
—Halle, deja de hablar estupideces. Si me gustara Near no estaría tratando de vengarme de él.
Se detuvo un momento. Halle percibió su enfado a través de la llamada; guardó silencio, aunque un sin fin de preguntas se acumulaban en su garganta. Atisbó su reflejo en la vitrina, y se fijó en como sus ojos manifestaban una triste esperanza, una esperanza que anhelaba aferrarse a cualquier indicio que le brindara el hombre con el que dialogaba.
De repente imaginaba que esa exasperada necesidad de atención era dirigida a ella, que lograba causarle lo que Near le causaba… ¡y no le importaba si la detestaba o si quería venganza! Ambicionaba la intensidad con la que Mello expresaba sus emociones y soñaba con ser el centro de su mundo; de tener esos ojos verdes, vivaces e imprevisibles sobre los propios, inclusive cuando estos se apagaban y se volvían desagradables por la frustración. Lo amaba con sus desperfectos y bondades, compartía su devoción por la justicia, sus métodos extremos, como apostaba su vida por lo que creía. Halle deseaba en lo mas profundo de su corazón seguir sus pasos, alcanzarlo y caminar junto a él, aunque su lado mas mental no se lo permitiera. Continuaría hasta que el recorrido se hiciera intransitable.
O hasta que la esperanza se acabara.
—Ya veo…—susurró apegándose al teléfono.—De todas formas no puedo ayudarte, trabajo con Near ¿o se te olvidó?
—Trabajas con él, pero estás de mi lado.
—Te equivocas. No estoy de parte de ninguno.
—Siempre dices lo mismo, pero sigues cooperando conmigo ¿porqué, Halle?.— alcanzó a oír una risa hipócrita.—¿Acaso el jefecito del SPK no es digno de tu lealtad?
—Mello, no me pongas en esta situación, sabes que no traicionaré a Near.
Esperó, atenta a la reacción de su receptor. Su semblante en la vitrina había pasado de ser algo triste a estar en el extremo de la presión. Llegó hasta ella un jadeo cansado..¿se había rendido? No.
—Está bien. Te llamaré en dos días para ver si cambias de opinión.
Cortó la comunicación, dejando a la agente en medio de la soledad de esa agitada cuidad. Tácitamente le estaba otorgando dos días para que evaluara las condiciones. Otra vez regresaba a ver los faroles, las luces en los edificios, el largo camino que le aguardaba para llegar a su departamento. Frunció su delgada figura para protegerse del frío, apretando simultáneamente el cinturón de su abrigo.
Mello, ojalá no hagas nada estúpido.
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Habían transcurrido cuatro días desde su conversación con Mello y nada acontecía. Near esperaba otra confrontación, pero viendo la dirección de la investigación, probablemente se había movido a Japón con el propósito de averiguar sobre Takada Kiyomi, la nueva vocera de Kira. Acostado completamente de lado sobre la cerámica, miraba los títeres de lego que había construido. Tomó un lápiz permanente y comenzó a dibujar sobre ellos; estaba en eso cuando Gevanni—el único que lo acompañaba en esos instantes ya que Halle se encontraba en terreno y Rester en Kantō—se incorporó.
—Near, voy a la oficina contigua, Lidner me pidió que le enviara unos informes.—explicó naturalmente.
—Ok.
Lo vio pasar esquivando la enorme cantidad de juguetes regados por el suelo y concentró nuevamente la atención en el muñeco plástico. Repentinamente escuchó unos pasos que regresaban y volteó completamente. Su primera deducción fue que Gevanni había olvidado algo, pero la figura que descubrió de pie en el umbral de la oficina lo dejó sin respiración y sin reacción.
Mello, vestido con una gran chaqueta roja abierta, un gorro enorme que ensombrecía una expresión temeraria, pantalones de cuero y unos bototos negros llenos de correas, se encontraba allí, estático; medio segundo después había avanzado peligrosamente, tan rápido que ni creía que era realmente él, cuando tenía un arma enfrente de su rostro.
—Así es como, en menos de treinta segundos, desaparece el jefe del SPK.— se burló, con una mueca fiera, apoyando el gélido metal del arma contra la frente de Near, que seguía sin reacción.—¡Levántate!.—le exigió, alzándolo al tiempo de un brazo.
El menor guardó silencio, aunque desconocía si lo hacía consciente o porque aún no se recuperaba del impacto.
—Cinco años y no has crecido ni un jodido centímetro.—agregó, ahora que lo veía de pie.
—Mell…—no le dio tiempo de nada, pasó el brazo por detrás de su espalda y le cubrió la boca con la mano, revestida con un grueso guante de cuero. Con la otra mano, que sostenía el arma, lo apuntó justo en la sien.
Exactamente veinte segundos después, la oficina del SPK se encontró totalmente vacía, con papeles abandonados en el piso, entre el pasillo principal y la sala en donde funcionaban los computadores; Gevanni había corrido en dirección al cuarto de cámaras de vigilancia al notar que Near se había esfumado, pero durante treinta segundos éstas no habían registrado imagen alguna, como si alguien hubiera bloqueado su funcionamiento por ese efímero lapso de tiempo.
El más joven de los agentes apoyó ambas manos sobre un mesón próximo y se inclinó sin saber que hacer. Estaba tan tenso que cuando en el bolsillo derecho de su chaqueta sonó el teléfono móvil, saltó de la impresión; el número era desconocido pero contestó sin titubear.
—Tomé prestado a tu jefe por un rato...—alcanzó a oír—…y si no cooperas, te lo devolveré en pedacitos.
Y cortó.
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Continuará…
Mis queridos lectores, tanto tiempo! Sé que no tengo perdón de Dios por la demora en esta historia, pero si tengo muchas justificaciones! aunque creo que ninguna de las justificaciones puede justificarlo xD
Creo que la excusa mas importante es la desconexión que tuve con la serie, y en general con el animé. Tengo que agradecerle a una pequeña prima mía que esta recién incursionando en el mundo del animé y me dijo: makita tienes una serie buena que me puedas recomendar?
Apenas empezó la segunda parte de esta espectacular serie, el amor por este pairing volvió a mi como la luz divina! Jajaja y con mucha inspiración para escribir el 3º capitulo de esta historia.
En fin, que les pareció este capítulo?
Mello por fin decidió actuar, dejando a Near en shock. ¿quién no lo estaría? También se supo un poco más sobre los sentimientos de Halle y algo de recuerdos de la época en Wammy's house. Espero que hayan disfrutado este tercer episodio!
PROMETO QUE EL 4º Y QUIZÁS FINAL ESTARÁ EN EL AÑO 2012! xD
Y si no cumplo, que me caiga un piano encima.
(una aclaración: los eventos que suceden en la historia están basados en el manga, ya que el animé se salta algunas partes, sobre todo de la saga de Mello y Near)
Les dejo el poema que recitó y tradujo Near en la clase de idioma, y con el que "conquistó" a nuestro rebelde Mello.
*"La suerte está echada y para siempre" de Robert Louis Stevenson poeta inglés.
"La suerte está echada y para siempre maestro y discípulo, amigo, amante, padre e hijos, caminarán separados, aunque cercanos parezcan, cada uno ve a los que ama tan lejos como estrellas. Así nosotros, amada mía, por siempre separados nos acercará el llanto, con llantos contemplaremos la bahía, las Grandes Puertas, como dos grandes águilas que volaran sobre las montañas, sólo unidas por sus lamentos, hasta perderse entre los cedros. Los años nos acercaron, día tras día irán atrayéndonos, semana tras semana, hasta que la muerte disuelva esta separación. Porque amamos lo que soñamos, y en nuestro suelo, aunque muy lejos el uno del otro, vivimos juntos, corazón a corazón. Olvidamos lo que somos, nuestras almas están protegidas por un vano sueño. Como el soldado que de una atroz guerra vuelve sin temor, o el marino desde los abismos, como el caminante regresa de la helada noche y de los bosques a su refugio, aún con los ojos llenos de rocío y de oscuridad. "
espero les haya gustado,
se despide,
Makita.
