02 El Heredero al Trono. El Emperador del Universo

Al tiempo le da igual quienes lo midan o quienes creen disponer de él. Depende de cada hombre saberlo manipular y dejar su huella. A ese tipo de hombres, el tiempo los recuerda constantemente. Cuando su marcha ya es milenaria, el tiempo convierte a esos hombres en leyendas.

-La leyenda del Súper Saiyajin… -dijo una voz meditativa, en medio de la oscuridad.

Mil años habían pasado desde la última aparición del temible guerrero legendario. Un saiyajin, proveniente de un desconocido planeta en medio del Universo, lograría de entre todos obtener unos poderes increíbles, ilimitados… y peligrosos. Para toda una especie. Para todo un Imperio.

-Un saiyajin… -se dijo de nuevo la voz, con algo de impaciencia esta vez.

Debía ser cuidadoso. Las mismas palabras que siglos atrás fueron pronunciadas por sus ancestros, retumbaban en su cabeza.

"Mata a los saiyajin. Mientras vivan, esa leyenda correrá por su sangre. No dejes sobrevivientes."

-Son basura… -se dijo confiado-. Si mi padre no intervino personalmente en este asunto es por que ni él cree en esa estupidez. Su supuesto líder tiene alrededor de 10,000 de poder. Cualquiera de mis hombres podría eliminarlo... Sin embargo… sería una lástima desaprovechar a tan numerosos soldados…

De pie, miraba fijamente a través del enorme cristal de su nave espacial las infinitas estrellas del Universo. Una sonrisa reflexiva cruzó su rostro mientras cerraba sus ojos y concluyó que esos monos eran como todos los seres patéticos que se había topado hasta entonces por su Imperio. Al principio, podría ser que se negasen a ser sus sirvientes, pero luego, ya se las ingeniaría para tenerlos a todos bajo su dominio, obteniendo de ellos su obediencia y su lealtad ciega. Sobre este punto, era una ventaja saber que los saiyajin eran unos amantes de las peleas por sobre todas las cosas.

-Así de simple- se dijo nuevamente-, sobrevivir bajo mis órdenes o morir… son todas sus opciones.

Aun con esa sonrisa y en perfecta calma, subió a su silla robótica y llamó enérgicamente:

-¡Soldado Zarbón! ¡Soldado Dodoria!

Las luces se encendieron y las compuertas de la cabina donde se encontraba se abrieron sin demora, dando paso a los dos seres que fueron convocados.

-Ordene, Gran Freezer. –dijo el primero mientras ambos soldados hacían una respetuosa reverencia.

-Fijen coordenadas al planeta donde viven esos saiyajin…

-¿Al… Planeta Vejita, señor?

-Así es. Les haremos una visita...

OO

El Gran Freezer, Emperador del Universo, atraído por las hazañas del pueblo saiyajin, pisó el Planeta Vejita para hacer un pacto con su Rey.

En el lenguaje de los negocios, el Gran Freezer dejaba que aquellos con quienes trataba, se idearan un acuerdo ventajoso para ambas partes, es decir, darles libertad de dejarlos hacer aquello que era de su total gusto –como matar a todos los habitantes de un planeta- a cambio de tecnología, dinero, etc. La ambición y el libertinaje cegaba a cualquier raza de su penosa realidad: no eran más que esclavos que, tarde o temprano, si Su Majestad lo quería, desaparecerían sin rastro alguno.

Y el Rey Vegeta no fue la excepción. En poco tiempo, y estando todavía entusiasmado por la reciente victoria ante los Tsufurujin, compartió al Gran Freezer la tecnología que adquirieron de aquella raza extinguida: los rastreadores, los saibaiman, que habían pertenecido a los saiyajin desde su llegada al Planeta Plant y las cámaras de recuperación, las cuales, contenían un líquido capaz de recuperar a los heridos en días, horas o simples minutos. Los científicos del Gran Freezer se encargarían de perfeccionar los aparatos y máquinas en cuanto estuvieran en sus manos.

Muy complacido por tales "obsequios", el Gran Freezer proveyó a los saiyajin de armaduras, naves espaciales y su promesa de que el dominio de los saiyajin crecería progresivamente.

La conquista de planetas para su posterior venta, el genocidio total de la raza que lo habitara, la recompensa y el incremento de poder eran los elementos suficientes para que el Gran Freezer tuviera a sus pies a los saiyajin. Y no se equivocó respecto a la efectividad del desempeño de los monos. Pues a pesar de que eran débiles por separado, juntos, y gracias a su transformación a Ozaru, podrían arrasar con cualquier forma de vida. Pero aun así, no eran considerados aun peligrosos para el Gran Freezer. Zarbón o Dodoria, sus fieles guardaespaldas, se encargarían e ellos si querían pasarse de listos.

Sin embargo, consciente de que la raza de orgullosos guerreros incrementaría su fuerza y número, el Rey Vegeta creó un nuevo y novedoso sistema para la conquista de planetas: enviar guerreros recién nacidos a planetas con habitantes débiles. Tales guerreros serían los saiyajin de clase baja. Por su poderosa naturaleza –aunque débil desarrollo- le tomaría al saiyajin completar su misión en pocos años. Luego, cuando alcanzara un nivel suficientemente alto, regresaría al Planeta Vejita por su cuenta o un escuadrón iría en su búsqueda para incorporarlo a las nuevas filas saiyajin.

El guerrero recién nacido sería analizado para probar todas sus aptitudes. Si el neonato moría, simplemente sería remplazado por otro que completara la misión.

Con los otros guerreros de clase baja que ya fuesen adultos, formarían escuadrones de asalto, donde quien tuviese más unidades de poder, sería Capitán, aunque muy rara vez encontraban a alguien digno de serlo.

Por otra parte, los soldados de clase alta eran, en su mayoría, capitanes de escuadrones. Sus equipos podían estar conformados con elementos de soldados de clase baja. Era una humillación para ellos tener que guiar a unos "perdedores", sin embargo, obedecían las órdenes superiores, tratando con desprecio los inferiores soldados.

Los de clase alta también tenían los grados de Teniente, Coronel y General. Estos últimos eran quienes llevaban el control de las Bases divididas por regimientos y llevaban los progresos de las conquistas, informándole de inmediato al Rey Vegeta de todos los movimientos de los soldados.

Luego estaba la Guardia Real. Un grupo de cien soldados de clase alta que se encargaban de la seguridad del Palacio y orden del mismo. Podría decirse también que eran como las Fuerzas Especiales del Rey.

Por último, estaban los de Élite. Ellos habitaban el Palacio Real y llevaban las órdenes directas e incuestionables del Rey. Si bien eran aptos para la pelea por ser de clase alta, estos cinco soldados eran en realidad los guardaespaldas del Rey, además de que podían oír y presenciar cosas que sólo al Rey le competieran, ya fuesen mandatos, pactos o secretos. Podían aconsejar al Rey, pero aquel, debido a su fuerte y despótico carácter, muy pocas veces les tomaba en cuenta en las decisiones reales, sin embargo, les escuchaba, ya fuera para probar posibilidades o por simple diversión.

Dos años después del pacto con el Gran Freezer, el Rey Vegeta decidió que ya era tiempo de que hubiese un heredero al trono saiyajin. Un guerrero que sin duda nacería con un elevado nivel de pelea y que quizá, pudiera alcanzar los niveles legendarios. No es que él hubiera perdido esperanzas en serlo, pero estaba claro que la Familia Real lo lograría. Si no era él, lo sería su hijo, sino su nieto, pero sólo sus descendientes lo lograrían. Además, ya había pasado mil años desde la presencia del último guerrero legendario y ya concurrido ese tiempo, nuevamente haría su aparición de entre todos.

Las guerreras saiyajin eran, en su mayoría, mujeres de clase baja. Si bien no sobresalían demasiado en los combates por ser los saiyajin una sociedad estrictamente machista, había algunas pocas guerreras que habían logrado hacerse de una notable reputación por su valentía y destreza.

En una de las principales bases del planeta, había una guerrera de esa naturaleza. Admirada por su habilidad, inteligencia, fuerza, además de ser poseedora de una gran soberbia a la hora de desafiar a sus enemigos y una gran belleza, Rossechina (1) había sido ascendida al grado de Teniente gracias a su esfuerzo y dedicación. Pero no fue esto lo que llamó la atención del Rey en su persona.

Según se decía, habían sido reportados varios casos de guerreros especiales: guerreros jóvenes y en su mayoría de clase baja que, a pesar de haber nacido con un nivel de pelea bajo, con un arduo entrenamiento y durante las pelas –especialmente cuando su vida estaba en peligro- un poder muy elevado –de casi 2.000 a 3.000 unidades más- brotaba de ellos. Un poder oculto del que disponían libremente de manera instintiva y si bien era sabido que los saiyajin incrementaban su fuerza al recuperarse al estar a pocos pasos de la muerte, estos guerreros no tenían necesidad de estar moribundos para obtener esa ventaja. Sin embargo, cuando la pelea terminaba, su poder base era todavía menor, muy por debajo de los guerreros de clase alta. Por tal, seguían siendo considerados soldados de clase baja. Su transformación a Ozaru no era afectada por esa habilidad, por lo que estos guerreros peleaban cuerpo a cuerpo, obteniendo una segura victoria.

Tal era la condición de Rossechina. Y tal fue la razón por la que el Rey dispuso de ella.

El futuro príncipe nacería con un alto nivel de pelea y con esa extraña pero valiosa habilidad. Dos elementos a su favor para convertirse en el legendario Súper Saiyajin.

No hubo ceremonia ni nada parecido cuando Rosicheena fue llamada por el Rey y ella habitara en el Palacio Real. Fue una simple orden de Su Majestad el que ella fuese la madre del heredero. Una madre que viviría en el anonimato por siempre y que, una vez que el príncipe hubiese nacido, volvería a ocupar su puesto y ser una sombra ante los ojos de su hijo.

Entonces Rosicheena, orgullosa como era, al principio se negó a ser usada como una simple incubadora de un niño que "robaría" su habilidad y que la trataría como una sabandija más. Pero por otra parte, era el guerrero más fuerte quien se lo estaba ordenando. Si bien en sus planes no figuraba ser madre, por lo menos lo sería del saiyajin que naciera de ella y el hombre que había conquistado el planeta del que ahora era Rey y que llevaba su nombre.

Estaba consciente de que no ocuparía el lugar de reina ni tendría alguna influencia sobre el Rey ni la Corte Real. En cuanto a su hijo, el príncipe, sería un milagro volver a verlo después de su nacimiento y si lo hacía, era para que él la mirara de manera insignificante. Un duro golpe para ella, sin duda, pero nada le quitaría el orgullo de verlo ser, con el tiempo, un guerrero más fuerte que el Rey Vegeta y alcanzar niveles superiores. Ese guerrero y futuro Rey llevaría su sangre.

Y con los riesgos y casi nulas ventajas que atraería a su condición, Rosicheena aceptó.

Poco después, ocupó una de las habitaciones del Palacio Real. No tenía acceso a todo el edificio y se limitaba a pasear donde se le fuera permitido, además, tenía prohibido abandonar el Palacio. Su presencia era básicamente un secreto. Con los únicos que hablaba era con dos criados médicos que el mismo Gran Freezer había habilitado al Rey.

Por el día, y por distracción, entrenaba en los limitados jardines del Palacio y por la noche, recibía al Rey en sus aposentos. Por casi dos semanas los encuentros se repitieron. Todos y cada una de esas noches, pasaban en silencio y sin mostrar el más mínimo afecto entre ambos.

Y cuando se había concluido el acto, el Rey se retiraba sin el menor miramiento, dejando a una denigrada Rosicheena con el rostro hundido entre las sábanas y con ganas de desaparecer del universo. Hasta entonces, era la primera vez que lloraba. Por rabia. Por desprecio; hacia el Rey y ella misma.

Un mes después, un leve mareo durante sus ya rutinarios entrenamientos se lo hizo saber: estaba encinta. No fue necesario que ella lo anunciara; uno de los médicos fue testigo del incidente y luego de varias pruebas más, inmediatamente se lo hizo saber al Rey y por supuesto al Gran Freezer, a quien nadie guardaba secretos por más grandes que fuesen.

El Rey Vegeta no hablaba con Rosicheena. Recibía noticias de ella por los médicos. No pudo reprimir una sonrisa cuando lo supo. El heredero llegaría pronto.

Por su parte, el Gran Freezer recibió la noticia sin demostrar mayores emociones, simplemente pensó en que nacería un soldado más del que él podría disponer cuando quisiera y sin grandes poderes ni habilidades de peligro; ese "príncipe" podría ser hasta su nuevo guardaespaldas o un simple soldado que efectuara las misiones con mayor rapidez. Pero estaría al tanto de todo: la fuerza de ese niño y hasta dónde podría llegar su límite.

Cuando la guerrera cumplió los tres meses de gestación y su vientre ya era notorio, la noticia se esparció en todo el planeta y parte del universo conocido por los saiyajin: el Príncipe llegaría pronto para alegría de la raza entera.

Y tal y como se lo había imaginado, nadie quería saber siquiera el nombre de la madre.

Su vida como sombra había comenzado.


(1) Me he topado con muchos sitios en la web que especulan que ese podría ser el nombre de la madre de Vegeta. Creación de los fans, por supuesto :D

El siguiente capítulo ahora si será de Bardock.

Saludos.