06 Sublevación

Día 3 del improvisado descanso.

-…y ahora, supongo que ya estarás contento de que amonestaran al escuadrón con otro día de atraso…

-Cállate. Además tú tienes la culpa por decirles a Fangus y Kale que yo fuera capitán.

-Te propuse porque tus unidades de poder ya son mayores que las mías. Aunque yo era el segundo al mando, me sobrepasaste. Y con esa "sabia" demostración de tu parte casi matando a Dukumber, no hiciste otra cosa que reafirmar esa teoría y levantar sospechas de otra…

-¿Otra? ¿Qué otra?

-Que tú tienes poder oculto.

-¡Que estupidez! ¡Yo no tengo poder oculto!

-Entonces, ¿quieres explicarme qué tipo de energía fue la que usaste para matar a Storm?

-Sólo fue suerte…

-Pues hay quienes no lo creen así, Bardock.

-Como si me importara lo que piensen los otros.

-Bueno, conforme los días pasen, este tema se olvidará. Y por ahora, procura no llamar la atención con más idioteces. Por cierto, ¿ya conociste a los nuevos soldados de tu escuadrón?

-No. Sólo me dijeron sus nombres. Según supe están en otras Bases. Los conoceré hasta el día de la primera misión.

-¿Ves? Por ese tipo de torpezas es que los otros te consideran un niñato aun. Yo ya los conocí.

-¿Y? ¿Qué tal?

-Toteppo y Panpukin son unos soldados fuertes y muy leales, a la par que obstinados. Y sí, son de clase baja como nosotros, pero pese a que son mayores, les entusiasma saber que por fin estarán en un escuadrón activo. Dicen que Panpukin es muy impulsivo y a veces hasta un tanto descuidado, pero ya sabes lo que dicen: quien no sabe su lugar en el campo de batalla, sólo será un cadáver.

-Y Seripa, ¿cómo es?

-Es una chica muy joven, pero sabe expulsar su fuerza al máximo en los momentos más oportunos, eso la convierte en un elemento valioso ante los enemigos que no esperan eso de una mujer y se confían. También desea poder incrementar su poder en cuanto las misiones comiencen.

-Bien. Ya veremos que tal se portan cuando estemos en una misión.

-Ojalá no nos decepcionen.- sentenció Tooma.

El día en general pasó tranquilo. Ambos guerreros se habían reunido en el comedor de la Base, poniéndose al tanto el uno al otro de noticias y rumores que circulaban entre los demás soldados.

Mientras tanto, en el Área de Entrenamiento, una guerrera repetía por segunda ocasión una pesada rutina. Si iba a tener libre un par de días más, quería fortalecerse. Para superarse a sí misma y darle una memorable lección a cierto guerrero.

Día 4

El dolor es la única prueba de que se existe en este Universo ¿Qué es de un saiyajin que no siente dolor? Para un soldado, el dolor superficial es satisfactorio, mientras que el dolor interno, el de las emociones, muere sepultado en el orgullo del guerrero.

Luego de haber recibido noticias de su compañero Dukumber -que ya había despertado y de momento era solicitado por el General y comandantes- Rihdak continuó su entrenamiento. Esta vez, era el turno de enfrentar a cuatro saibaiman al mismo tiempo. Casi siempre, los soldados que también entrenaban de ese modo usaban dos o tres de esas criaturas y no de manera simultánea, y hasta entonces, ella misma había hecho ese tipo de entrenamiento, pero creyó que ya era hora de destruir enemigos no sólo con su energía aniquilante, también con sus golpes y velocidad, un método de pelea muy poco común para ella.

Una vez que las criaturas salieron y se prepararon a atacarla, la joven, más que medir sus propias habilidades, optó por la imitación. En base a lo que había visto de sus compañeros e incluso otros soldados, creyó que una buena manera de aprender sería haciendo "lo que ellos hubieran hecho". Al principio funcionó bien; pudo controlar sus ataques al recordar cada movimiento visto por ella, pero luego la estrategia falló, pues los saibaiman ya se habían adaptado a esa forma de pelea poco convencional y predecible y comenzaron a atacarla hasta ir debilitándola poco a poco.

-¡Malditas criaturas!

Y alejándose del todo sobre su propósito del nuevo adiestramiento, usó su energía letal para acabar con los cuatro seres de golpe, reduciéndolos a carbón.

Se quedó de pie, mirando a un punto perdido de una de las paredes de la cámara.

-¡Esto no me ayuda! ¡Sólo retacé más el entrenamiento! ¡Maldita sea!

Furiosa consigo misma, la joven se giró, encaminándose a la salida, pero una sombra detuvo su marcha.

-¿Qué tanto me miras, idiota? -espetó Rihdak al desconocido.

Su interlocutor giró la cabeza y avanzó un par de pasos a la luz.

-Veo lo estúpida que eres. ¿Cómo pretendes entrenar de esa manera tan ineficaz? Si tuvieras un poco de cerebro, sabrías cómo bloquear los ataques sin gastar tanta energía.

Era Bardock quien le hablaba. El guerrero se disponía a pasar el día en alguna de las cámaras para entrenar por horas. Sabía que estaban solicitadas, pero no le importó saber quienes eran los ocupantes.

-Hablas demasiado, engreído. Tu cicatriz es la prueba de que eres un imbécil y que seguramente merecías morir.

A la mente del guerrero llegaron los recuerdos del monstruo que la originó y su terrible ataque.

-¿Por qué no te acercas para cerrar tu estúpida boca? -continuó la joven sus amenazas hacia él.

-Hmm. Eres una mujer estúpida y ridícula. Me largo. No me incumbe lo que hagas. En el campo de batalla pagaras tus descuidos…-y al decir esto, se dio la vuelta. Quería salir de la cámara y del Área y buscar otra manera de pasar el tiempo restante.

-Jajaja, lo sabía, los habladores como tú no son más que unos cretinos cobardes…-dijo ella, sin haberse movido todavía de donde estaba. El guerrero por su parte, no iba a permitir que ella continuara insultándolo delante de otros soldados que ocupaban las demás salas y que habían hecho una pausa para saber el motivo del griterío de Rihdak.

El guerrero se giró y Rihdak no esperó lo que pasó después; el soldado se fue sobre ella y recibió una fuerte patada en el estómago. Cayó al suelo sofocada. Bardock la tomó de su larga cabellera negra y levantó su cabeza.

-¿Qué te ocurre niñita? ¿No vas a contestar ese ataque tan simple?

Su rostro estaba pálido. Lo miraba con odio. Aquel le sonrió con desprecio.

-Eres… un… maldito… No te lo… perdonaré…

-¿Qué es exactamente lo que no me perdonarás? ¿Que te acabo de humillar o que ayer le dí una lección a tu "amiguito"?

En cuanto Bardock la soltó, ella contratacó. Lanzó un ataque de energía directo a él. El guerrero lo esquivó sin problemas pero cuando se disponía a atacar a su oponente, ella apareció justo detrás de él. Lo tomó del cuello con un brazo y con una fuerza que al guerrero le pareció muy igual a la suya, comenzó a golpearlo en la espalda con lass rodillas. Cada golpe era una enorme punzada que comenzaba a debilitarlo. Sintió cómo se rompía la armadura... ¿Cómo era posible que ella obtuviera esos poderes y creara algo así?

En un descuido de Rihdak, el guerrero reaccionó y logró zafarse. Alejándose un par de metros quedó frente a ella. No le importaba lo que pudiera pasar después. Estaba decidido a matarla.

-Te liquidaré… -dijo ella, como si hubiera leído la mente de su oponente y ella también se empapara de la misma rabia.

-Veremos quien cae primero –respondió Bardock mientras comenzaba a cargar un fuerte ataque en su mano derecha, similar al del Planeta Nem.

-¡Soldado Bardock! ¡Soldado Rihdak! ¡Deténganse inmediatamente! -dijo una voz desde el suelo. Ambos guerreros miraron a dirección de ésta y se toparon con Ginabi (1), otro de los tenientes de la Base.

El guerrero bajó la guardia mientras ella permanecía en posición de ataque.

-Cálmate, ¿quieres? Luego arreglaremos esto. Y no tendrás tanta suerte...

-Hmm. Sigo pensando que eres un hablador cobarde...

Cuando ambos tocaron tierra, el teniente prosiguió.

-¡No me interesa saber cómo fue que terminaron enfrentándose, pero les diré: si cualquiera de los dos se atreve a matar al otro, será ejecutado! ¡Y eso va para ti, Bardock! ¡Fangus te tiene en la mira y no dudará en matarte si continúas causando problemas! Por ahora, ambos tienen prohibido usar el Área de Entrenamiento hasta cuando el General lo decida. Ahora, largo de aquí.

Aparentando una calma que ninguno de los dos sentía -y para evitar que el escándalo fuera mayor-, Rihdak y Bardock se retiraron y una vez que estuvieron fuera, su furia estalló.

-¡Maldita bruja! ¡No creas que te saldrás con la tuya por esta humillación! ¡Te mataré en cuanto tenga la oportunidad!

-¡No podrás matarme porque eres una bestia que no sabe ni siquiera cómo debe ser una verdadera batalla!

-¡Pelearemos para demostrarte lo inepta que eres!

-¿Y dónde, genio? ¿Recuerdas que ya no podemos ir al Área de Entrenamiento? ¡Tampoco podemos abandonar el Planeta Vejita!

-¡Será fuera de la Base! ¡Al norte de la región 45! ¡Ahí será tu tumba!

-¡Estás loco! ¡Tampoco podemos abandonar la Base, estúpido!

-Jajaja, ¿temes que te atrapen y te ejecuten? Por mi parte estará bien, porque ya serás un cadáver, pero no me sentiré satisfecho por haber sido yo quien fuera el ejecutor.

-¡Bien, imbécil, será en ese lugar! ¡Pero te advierto que sólo irás a tu inevitable derrota!

-¡Mañana, antes del amanecer te estaré esperando!

-¡Mañana, cuando el sol salga, estarás muerto!

Día 5

El Planeta Vejita era, en su mayoría, nada más que desierto, terreno árido y algunos tristes y pequeños bosques que amenazaban con desaparecer, todo ello a causa de los violentos enfrentamientos durante la guerra contra los tsufurujin. Había mares y ríos salados, incluso bástos mantos acuíferos, pero el agua del lugar se había vuelto tan inestable por la radiación de las bombas que usaron los tsufurujin que la única agua confiable para servicio y uso era la de las Bases. No es que a los saiyajin les resultara un problema, pero el Gran Freezer no corría riesgos para que sus soldados ocuparan también el planeta.

Ya eran muy escasas las especies de animales que habitaban el planeta en general, pero los que llegó a haber, eran mamíferos de tres metros de altura, como especie más significativa. Debido a la gravedad tan fuerte del Planeta Vejita, los animales también habían sido de gran altura y fortaleza. Aunque los tsufurujin carecieran de fuerza, su cuerpo era resistente y por tal no les presentaba un problema habitar su antes adorado Planeta Plant.

En el día, la temperatura podía llegar a ser de 40°C y de noche bajaba hasta -25°C sin variar en todo el año, es decir, no llovía ni no nevaba, sólo las tormentas de arena era lo más parecido a un cambio en el clima.

En el Planeta había zonas monitoreadas con radares. Dichas zonas eran usadas como Bases de entrenamiento temporales para los candidatos a convertirse en soldado y gracias a ese análisis, podían saber el poder de cada soldado y parte de sus habilidades. Cuando la zona estaba desocupada, no dejaba de ser monitoreada y todos los soldados -excepto los Generales- tenían prohibido acercarse.

Las zonas no monitoreadas eran las que aun conservaban parte de la flora y fauna. En tales lugares aun podía haber rios o lagos, pero de agua ten tóxica que nada había en ellos.

La región 45 Norte era una zona así: un pequeño y lastimero bosque seco cubierto de maleza amarillenta, rodeado por un riachuelo agonizante. Escaso de vigilancia y alejado de cualquiera de las Bases.

En el horizonte, el sol comenzaba a mostrar sus primeros rayos, ocultando poco a poco las luminosas estrellas.

-¡Ya se retrasó la bruja! ¡A estas horas, ya tendría que estar muerta!

Fue una verdadera proeza de parte del guerrero haber salido de la Base sin ser detectado. Aunque a la par de vigilancia a los alrededores de la misma, quien supiera el manejo del sistema sabría que caminando y saliendo a cierta hora cuando la temperatura estaba baja y no usando el rastreador, se evadían todos los obstáculos. Por ignorancia y comodidad, el resto de los saiyajin prefería quedarse en la Base para descansar.

Algunos minutos más pasaron, hasta que vio una figura lejana que se acercaba por tierra, corriendo a una gran velocidad.

-¡Por fin!

El guerrero se aproximó al encuentro de Rihdak, y cuando estuvieron delante el uno del otro, hicieron un alto y se quedaron en silencio, observándose.

Algunos instantes más pasaron, hasta que la joven habló primero:

-¿Y bien? ¿Aun sigue en pie nuestra pelea?

-Por supuesto… Creí que no vendrías, aunque es natural que el miedo te invada –respondió aquel con burla.

-Bien, pero antes, quiero saber un par de cosas, para saber que todo esto valdrá la pena…

-¿Qué? ¿Qué demonios quieres decir con eso?

-Como soldado que también soy, siempre he querido morir en una pelea con enemigos invencibles, entregando todas mis habilidades y poniéndolas a prueba en un combate donde los oponentes me demuestren todo aquello donde fallé en mi vida… En otras palabras, ¿vale la pena morir en medio de la nada por algo tan estúpido como el orgullo de un guerrero?

-¿Qué dijiste?

-Dame una buena razón para enfrentarme ahora contigo.

-¡Quiero pelear para demostrarte que no vales nada como soldado! ¡Que no mereces ser una saiyajin y que toda aquella sabandija que se atreva a retarme tendrá la misma suerte: la muerte!

-¿Eso es todo? ¿Por qué? ¿Por qué de pronto haces todo esto? A mí jamás me habría pasado por la mente tener que pelear contra ti. Y más allá de lo que ambos seamos en las filas del ejército, somos soldados; esclavos del Gran Freezer y que nuestra vida ante él no vale más que la del mismo Rey o la que fue de Niptur. Quiero decir, ¿te esfuerzas para ser más fuerte cuando todos sabemos que nadie puede superar al Gran Freezer? ¿O cuál es tu objetivo? ¿Qué quieres demostrar si me matas o eliminas a cualquiera de los Generales o demás soldados? ¿Te quieres sentir satisfecho por ser uno de los más fuertes de los saiyajin de clase baja?

-¡Qué te importa, entrometida!

-Hmm. ¿Sabes?, no es la primera vez que me llaman así, pero quienes lo hicieron, saben que acerté en mis palabras. Así que escúchame; pelearemos ahora mismo, pero te lo advierto: no te mataré.

-Cobarde…

-No soy cobarde, sólo soy sensata. Quiero pensar que estás confundido por lo rápido que fue tu nombramiento y la pelea contra Storm; piensas que no hiciste gran cosa, pero como dicen, todo en este universo tiene un objetivo. Las mujeres nos damos cuenta cuando un hombre quiere engrandecer su orgullo con un cambio y aires de "superioridad", y más cuando los cuestionan o los retan. Tú siempre has sido muy orgulloso y explosivo para no demostrar debilidad ante nadie y créeme, hasta hace un par de días había caído también en esa trampa. Admito que yo también soy demasiado impulsiva por haber querido pelear contra ti y haberte retado, pero si algo he aprendido es a tomar determinaciones, como ahora. Llámalo intuición o como sea, pero de algo estoy segura: ni tú quieres pelear.

-¡Quiero pelear y matarte! ¡No me distraigas con tus aburridos sermoneos! ¡Mataré a todos los que me estorben!

-Bueno, así está la situación entonces: si tú ganas, podrás matarme, pero con eso me habrás dado la razón de todo lo que te dije, en especial sobre tu temor. Si yo gano, te dejaré con vida y tendrás que aceptar que no eres nada especial; sólo un soldado más de clase baja que debe obedecer órdenes sin cuestionar nada y que, aunque ahora seas capitán, aprenderás a no pelear sólo por ti, sino para los demás.

-¡Eso es estúpido! ¡No haré nada de eso!

-No te lo estoy pidiendo, es lo que ocurrirá.

-¡Ya cállate de una vez y ataca! ¡No voy a tener ninguna consideración porque seas mujer!

-Ni yo te la pido. Somos iguales: unos soldados de clase baja.

Ambos adoptaron una posición de ataque. El silencio sólo era interrumpido por el viento que silbaba de vez en cuando y que hacía levantar nubes de polvo.

Un movimiento del guerrero lo hizo avanzar rápidamente hasta Rihdak. Ella, por su parte, esquivó el ataque que Bardock había preparado al estar cerca de ella. La joven se giró y tomó al guerrero de uno de sus brazos y acto seguido, lo lanzó varios metros, hasta que le dio alcance y golpeó a Bardock con sus puños. Aquel cayó al suelo abriendo una brecha con su espalda. Se puso de pie y lanzó varios ataques de energía a Rihdak, alcanzándola sólo el primero en uno de sus brazos pero esquivó el resto.

Ella también usó ataques de energía, pero a diferencia del soldado, se las arregló para combinar su velocidad y lanzarlos en diferentes e inesperadas direcciones. El guerrero no sabía por dónde atacaría la joven, pero por alguna extraña razón, y sin verla ni fijarse en la dirección de la energía, sabía los lugares donde ella estuvo, ya fueran lejos o cerca de él. Y aun antes de girarse, sabía que Rihdak estaba detrás de él, a punto de atacarlo. Hazaña que sólo con el rastreador era detectada, aunque a veces, ni ese aparato era tan rápido.

Atrapó el puño de la guerrera y contraatacó con una patada que ella bloqueó con sus piernas.

-¿Cómo demonios supiste que...? -dijo ella, desconcertada, pues estaba absolutamente segura de que él no iba a poder detener su golpe.

-No tengo la menor idea. Sólo sé que tengo de nuevo la ventaja -respondió él, conservando una fría calma.

-¡Eso no!

Rihdak se soltó de su oponente y de nuevo probó otro ataque similar: el hecho de que él supiera su localización la alarmó. Tan absorta estaba en la pelea y en la situación de querer pelear nuevamente, que recordó algo clave del guerrero y que ella misma había descubierto; el misterioso poder oculto.

-¿Y si ahora sabe detectar la energía? -pensó.

Tratando de desmentir esta teoría y haciendo uso de más de sus habilidades, incrementó su velocidad, atacando de nuevo al guerrero con su energía y cuando creyó que él estaba lo suficientemente distraído, de nuevo se lanzó a atacarlo a golpes, pero ahora desde arriba. Y aun antes de que llegara a él, el guerrero ya la había visto primero, contraatacando antes.

Una ráfaga de golpes departe de ambos se prolongó por varios minutos y cuando el agotamiento los obligó a hacer una pausa, Rihdak pudo ver algo que la desconcertó: Bardock estaba frente a ella, en un estado de calma, con los ojos cerrados.

-¿Qué es lo que te pasa? ¿Estas cansado?

El guerrero abrió los ojos lentamente.

-Continuemos -dijo de manera tranquila. Algo en su mirada había cambiado, pues aunque seguía furioso, sus ojos ya no tenían a la muerte como un objetivo. Además, su manera de pelear era más lenta.

-¿Todavía quieres matarme?

-No me alegraré si eso sucede...

Otra vez ese cambio. Ahora Rihdak estaba furiosa. ¿Qué era lo que quería su oponente entonces? Ahora era ella quien dudaba en matarlo.

-¡No te burles de mi, maldito! ¡Si vas a pelear hazlo en serio! ¡Haz que la pelea sea honorable, por lo menos!

Y al terminar de decir esto, se lanzó a atacarlo. Ya no como antes, sino desde su propia especialidad; cargó parte de su energía y la concentró alrededor de su cuerpo con sus manos. Volaría la zona, con o sin su oponente.

El guerrero se percató de la intención de Rihdak.

-¡Espera! -le gritó-, ¡si haces eso nos descubrirán por los radares!

-¡No me interesa!

-¡Continuaremos en tierra!

-¡No! ¡Tu dijiste que no me ibas a tener consideración!

-¡No es por ti! ¿o acaso quieres que vengan más soldados a interrumpir la pelea?

Rihdak aun tardó un par de segundos en calmarse. Por supuesto que quería seguir peleando, pero algo comenzaba a fastidiarla. Estando a poca distancia del guerrero, la joven, molesta todavía, cruzó algunas palabras.

-¡Esto ya se está alargando demasiado! ¡Si vas a sacar tu maldito poder oculto, hazlo de una vez y deja de presumir!

-Yo no tengo poder oculto... -respondió el guerrero.

-¡Claro que lo tienes! ¡Tu pelea con Dukumber lo demostró!

-Esa pelea no fue nada. No es de extrañarse que mi velocidad y fuerza aumentaron un poco desde que desperté. Eso fue todo.

-¿Y por qué estás ahora tan tranquilo? Me querías matar y ahora dices que no te alegrarías si lo haces... y sorpresivamente sabes dónde estaré para atacarte...

-No sé si eso es una habilidad, pero es la primera vez que me sucede...

-¿Qué? ¿Cómo es eso? ¿Desde que despertaste puedes hacer eso?

-No. Sólo ahora.

-Entonces sólo estas fanfarroneando. Aunque te diré: ya me estoy aburriendo. Llevamos horas aquí y ninguno de los dos ha recibido un daño verdadero. Y cuando quiero hacer un verdadero ataque, tu me interrumpes o lo gasto por esa estúpida "habilidad" tuya.

El guerrero había bajado la guardia. Ella, por su parte, aunque un tanto desconcertada por este hecho, también hizo lo mismo.

-Aun faltan horas para que podamos volver a la Base, ya que si lo hacemos ahora, podrán detectarnos -dijo el guerrero.Y con tales palabras, la pelea se deba por terminada.

-Si. Por lo menos debemos esperar el crepúsculo... ¡Demonios! ¡Y con el hambre que tengo!

Rihdak tomó asiento en una de las enormes rocas de la zona, mientras el soldado permanecía en silencio, mirándola de cuando en cuando.

-Aun así –continuó ella-, rcuerda que sigues siendo de clase baja y que yo tengo un alto poder destructivo que tu no tienes. No sé lo que te hayan dicho los demás, pero a mi no me impresionaste –es puso de pie-, así que no me pidas una revancha hasta que hayas sobrepasado más mis poderes.

Él permaneció en silencio todavía. Rihdak se giró. El extraño mutismo del guerrero la desconcertó.

El viento ondeó el cabello de la guerrera. Y una vez más, como momentos antes, el sentido del olfato del soldado fue posesionado por ese aroma que ella despedía. Un aroma tan delicado que muchas de las veces casi ningún saiyajin percibía de la mujer de su especie y que sin que ellas se percataran, ellos percibían. Bardock cerró los ojos de nuevo.

-Oye –dijo la guerrera- ¿qué demonios te pasa? Creo que ya te volviste loco por el calo ¿verdad? Como sea, me voy. Aventajaré algo del camino del mismo modo que llegué. Quédate si quieres.

Avanzó un par de pasos, yendo en dirección a la Base, pero fue detenida bruscamente.

-¿Cuál es la prisa? –dijo Bardock, deteniendo con fuerza una mano de ella, pero sin quitar de su rostro esa expresión seria de antes.

-¡Qué te importa! ¡Suéltame! –contestó ella entre sorprendida y furiosa debido a la fuerza que él había aplicado y de inmediato trató de liberar su mano.

Él comenzó a sonreír, pero aun sin soltarla.

-Quédate –le ordenó.

-¿Qué? ¿Estás loco? Más vale que me sueltes o si no lo haces, te haré pedazos…

Ella, quien en todo ese tiempo no había dejado de forcejear, algo dentro de su ser cayó presa del pánico. Ni la voz ni la mirada del guerrero era la misma que cuando comenzaron a pelear horas antes, ni aun cuando pasó ese momento en el que él cerro sus ojos. No podía entenderlo. Estaba muy segura de haberle hecho daño durante la pelea, de que la energía de ambos era menor, pero él, ni aun con todos esos golpes había logrado hacerle un daño verdadero. ¿O se estaba conteniendo? Aunque, ¿así era la manera de actuar de los guerreros con poder oculto? Como sea que fuere, la estaba asustando.

-¡Ya suéltame, maldito!

Y con rápidos movimientos, comenzó a golpearlo con su otra mano libre. El guerrero la tomó ahora de ambas manos, y seguidamente, con una fuerza que sorprendió a Rihdak, la lanzó al suelo. Por fin estaba libre, pero aquel ataque sorpresivo la había aturdido un poco. Levantó la vista y se encontró con el guerrero frente a ella. Nada en él había cambiado.

-¡Oye, maldita bestia! ¡Eres un cobarde! ¡Por qué no hiciste todo esto durante nuestra pelea!

-¡Cállate! –le gritó él, dándole un puñetazo en el rostro.

Ahora sí que debía escapar de él. Alejarse lo antes posible.

Ella se puso de pie rápidamente y comenzó a volar con toda la energía que da la desesperación. Pero apenas había dejado de tocar tierra, cuando de golpe fue detenida. El guerrero la había tomado ahora de una pierna y sin ningún miramiento, la lanzó de nuevo al suelo, levantando ondas de tierra a su alrededor.

Esta vez el daño había sido mayor. Se giró y trató de ponerse de pie. De nuevo, el guerrero estaba ante ella. Ahora, la sonrisa maliciosa de antes se había acentuado más en su rostro. Inmovilizó a la guerrera, dejándola sentada sobre la tierra y se puso de cuclillas. La miró fijamente.

Ella, por su parte, no podía ocultar ya su terror. Pero aun así, no iba a dejar de defenderse.

Una vez más, Rihdak vio como él cerraba sus ojos acercándose más a ella. Luego, del pecho, nariz y boca del guerrero salió un suspiro. Eso parecía calmarlo, pero si ella trataba de huir, hablar o moverse levemente, el se enfurecía.

En un estado de trance, muy cercano al éxtasis, acercó su boca al oído de Rihdak.

-Hueles tan bien… -le susurró.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de ella. No se atrevió a decir nada, pero contestó el golpe que él le había dado momentos antes. Aquel recibió el puñetazo haciéndolo retroceder, oportunidad que ella aprovechó para golpearlo sin piedad. Y sin perder más tiempo, se dio la vuelta y voló. En dirección opuesta.

Un ruido detrás de ella le hizo saber que la estaba siguiendo. Aumentó la velocidad, pero en pocos segundos, él ya estaba a su lado.

-¡Lárgate! –le gritó ella.

-Baja. Tenemos que hablar.

-¿Hablar? ¡No me hagas reír! ¡Eres un maldito cobarde! ¡Yo no hablo con cobardes como tu!

Por toda respuesta, él se acercó a ella. La tomó de uno de sus brazos y consecuentemente, ambos pararon.

-Bajemos.

Si bien la expresión del guerrero ya no era la misma que antes, aun se veía en su rostro un rictus serio, como si algo grave estuviera pasando. Y pese a ese estado, Rihdak se sintió más segura. Bardock la soltó.

-Está bien –accedió-. Pero si intentas algo como lo de antes, no me detendré en la golpiza y te mataré.

Tocaron tierra.

-¿Me quieres explicar qué demonios fue todo eso de antes? ¿Qué fue eso de "hueles tan bien"?–preguntó ella primero.

Él permaneció en silencio, pero no retiraba la vista de los ojos de ella.

-¿No me vas a responder? –la temperamental guerrera sintió de nuevo molestia ante al silencio de aquel- ¡Contesta!

Él aun duró otro momento con ese mutismo, hasta que por fin habló.

-Eres tú… -dijo él en voz baja-. Cuando estás cerca o cuando te vas te percibo sin verte… Tu sangre, tu sudor, me llaman…

-¿Qué? ¿Pero c-cómo…? –dijo ella desconcertada por la extraña confesión.

Él caminó un par de pasos a ella. Otra vez ya no era el mismo. Otra vez, si ella trataba de huir, él podría esta vez hasta matarla.

-Aunque estuviera ciego, te encontraría… Ese rastro es sólo para mí…

Ella, aunque de nuevo tenía miedo, recordó cuando era niña y una manada de bestias salvajes la rodearon en medio del desierto, dispuestos a devorarla. Rihdak tomó valor y sin demostrar ningún temor alzó su mano al que parecía ser el líder. La bestia inexplicablemente se calmó y ella pudo matarla para que inmediatamente las demás se alejaran. Algo parecido estaba ocurriendo ahora. Y tal y como en aquella ocasión, la idea de convertirse de nuevo en domadora le agradó.

Admitía que desde el tiempo de cuando ambos entrenaban para ser soldados, el guerrero le resultaba agradable a su vista. Luego, creyó que Dukumber sería no solo su compañero de equipo sino algo más que ella estaba dispuesta a compartir. Pero por extraños giros y vueltas del tiempo, Bardock y ella se habían vuelto a encontrar. Se había resignado a verlo a la distancia, a cruzar con él palabras frías y vacías sin ninguna otra intención más que la de platicar brevemente, competir y burlarse el uno del otro, como siempre había sido.

Pero ahora estaba él ante ella, diciendo que no la iba a dejar ir, que aunque se alejara la encontraría, que su rastro era sólo de él… Debía hacer una espléndida jugada sino quería terminar muerta en manos del guerrero. Debía ser astuta para manejar a esa bestia. Sonrió.

Sin hablarle, acercó lentamente una mano al rostro de Bardock, y para que él siguiera en ese trance, pasó su mano libre por su cabello, aprovechando también la brisa que a esas horas solía recorrer la zona donde se encontraban.

Había funcionado. El guerrero se quedó inmóvil. Si bien ya había perdido el habla, no despegaba su vista de ella, como si quisiera adivinar y descubrir cada línea y curva del cuerpo de la joven. Ahora sólo esperaba.

Rihdak, que no había retirado su mano, la recorrió lentamente hasta la nuca del guerrero y acto seguido, lo besó. Aquel beso fue como si ambos quisieran liberar una tención oculta desde hace años y él sobre todo, que de inmediato puso sus manos sobre las caderas de ella, apartó su mente de todo, sin darse cuenta que ella había puesto su mano sobre la única debilidad de un soldado de clase baja.

Un calambre que lo debilitó por completo y una inmensa sensación de desfallecimiento se apoderó de él. Cayó de rodillas mientras ella sostenía con fuerza su cola.

-Escúchame–dijo ella, agachándose a la altura del rostro de él y susurrando sus palabras, como momentos antes había hecho Bardock-, si vamos a jugar, va a ser a mi modo, ¿entendido?

El guerrero seguía mudo, pero la fiereza de su mirada revelaba a Rihdak que no había cambiado su parecer y que en cuanto lo soltara se lanzaría sobre ella.

-Sé lo que piensas y lo que quieres de mí… pero ya te lo dije, querido, si alguien tiene que perder algo en esto, no seré yo… ¿Creíste que sería así de sencillo? ¿Asustarme y dejarte hacer lo que quieras? Te conozco desde siempre, pero tú no me conoces… -y poniéndose de pie, exclamó- ¡Levántate!

El guerrero trató de ponerse en pie, pero la debilidad de sus piernas era tal, que perdía el equilibrio sin poder avanzar. Ella comenzó a reír.

-Está bien, te soltaré.

Y en cuanto lo hizo, la joven se elevó por el cielo. El guerrero, aunque todavía débil, también comenzó a volar y seguirla.

La persecución duró poco, pues apenas llegaron a una zona más boscosa, ella hizo un alto y tocando tierra nuevamente, se adentró entre la maleza. Él, sin perderla de vista, también anduvo por donde ella se había escabullido sin errar la dirección donde ella se encontraba.

El juego continuó por varios minutos, pues ella comprobó que, en efecto, no importaba a dónde fuera, él la encontraba.

Y así como ella usaba su velocidad para escapar y reaparecer, el guerrero desapareció ante los ojos de la joven, reapareciendo a su lado. La tomó de las muñecas y de nuevo la arrojó al suelo, con menor fuerza esta vez.

-Ya estás entendiendo…

Luego de esas breves palabras, y dejando ir a los impulsos, se besaron nuevamente. Sus bocas se juntaron de una manera tan apasionada, que ella puso sus dos manos en nuca del guerrero y él posó las suyas en sus caderas. Sus pechos se juntaron y ambas respiraciones comenzaron a hacerse más fuertes y sonoras. Era ese aroma quien tenía preso al guerrero. Sus manos temblaban, deseaban explorar el cuerpo de ella.

Si bien Rihdak nunca se había entregado, lo que estaba sucediendo le parecía un sueño. No estaba segura de que sucedería alguna vez –y mucho menos con él-, pero ahora, realidad o quimera, estaba pasando y nada detendría el momento. Ahora ambos eran fieras que gritaban de placer y gemían por la lujuria.


(1) Proviene del ingles Aubergine que significa Berenjena.

Ahora si que me tardé jeje, pero trataré de aventajar al máximo :D

¡Hasta la próxima! :)