07 Progresos y Desafíos

Huir. Era el único recurso. En medio de la oscuridad de la selva, los nativos se movían con gran facilidad, dispersándose por distintas direcciones para tratar de refugiarse. Los menos hacían frente al peligro, pero su lucha no duraba más que el valor de girarse y pelear. Faltaba mucho para el amanecer. En el cielo había Luna Nueva.

Las explosiones estremecían a la tierra, regada ya de sangre de los nativos, muertos de mil maneras distintas: multitud de golpes que molieron sus entrañas, energía que atravesó su pecho, algún miembro mutilado… toda una exhibición macabra a la aniquilación.

Restaban pocas comunidades para exterminar. Y para terminar con los nativos que se habían refugiado –en su mayoría mujeres, niños y heridos-, un ataque destructivo acabaría con todos.

Pero como la misión a su parecer, les había parecido sencilla –pese al esfuerzo de no dañar la superficie del planeta para incrementar su valor-, los "aliados de la muerte" todavía pudieron permitirse más diversión antes de que el Sol saliera.

-¡Casi termina la cacería! –gritaban en medio de estruendosas carcajadas mientras sus rastreadores localizaban a los últimos supervivientes. En la tierra y en el mar uno a uno de los nativos fue alcanzado por la destrucción.

Y cuando el silencio lo consumió todo, los cazadores se detuvieron. Acordaron reunirse en donde alguna vez estuviera la ciudad más poblada del invadido planeta para luego, juntos esperar el amanecer e irse.

-Jajaja, creí que sin la transformación a Oozaru esto iba a ser muy aburrido, pero resultó de lo más divertido…

-Por supuesto que si, Seripa. Estos planetas tienen habitantes fuertes, pero al parecer no saben pelear en conjunto y eso los vuelve débiles. Y aunque así lo hubieran hecho, nosotros los superamos…

-Esa no era mi preocupación Tooma. Aun sabiendo pelear o no, eran muchos. No creí que acabáramos antes del amanecer, pero todo resultó sencillo.

-Bueno, en eso te doy la razón. Por cierto, ¿todavía no llega Panppukin? ¿Qué estará haciendo?

Antes de que su compañera pudiera responder, una voz a su espalda se adelantó.

-Viene en camino. Me lo acaba de decir.

-Bardock. Toteppo.

-¿Y bien? ¿Ya podemos irnos?

-En cuanto llegue Panppukin, Seripa. Pero si tienes prisa, lárgate de una vez.

-Un patán, como siempre… -dijo para sí aquella, lanzando un suspiro.

-Me alegra saber que estas de buen humor, Bardock – retomó Tooma, riéndose.

-En lugar de estar riéndote, llama a las naves. Ya está aquí Panppukin.

El mencionado soldado se había apartado más del grupo para atacar aldeas dispersas por el Sur. Era el mayor del escuadrón, pero como es sabida la prolongada juventud de los saiyajin, la edad no le representaba un problema, sino el sistema y tácticas de su joven capitán. Tal pensamiento también era compartido por Toteppo, pero a diferencia de su compañero, el silencioso soldado reservaba sus molestias para sí, limitándose a escuchar al primero con enérgicos discursos que iniciaban con "Nosotros los saiyajin…" y que terminaban en "…ese infeliz no sabe lo que hace".

Había pasado casi tres meses desde que el escuadrón estaba activo. Tiempo en el cual habían concluido satisfactoriamente cerca de quince misiones. Sólo en una ocasión pasó un retraso que les hizo recibir menos de la mitad de la paga acordada, ya que el ataque en general e incluso la retirada, había sido lento por una variante en el tiempo por culpa de un mal cálculo. Incidente que en muy raras ocasiones ocurría, pero jamás se descartaba la posibilidad de que sucediera. Incidente que Toteppo y Panppukin les permitió crear sus "justas" razones para llamar a Bardock como el culpable directo. Como ya es sabido, ya sea en esta o en diferente galaxia, no importa lo constantemente bien que se lleve una labor, la memoria de una mente cerrada siempre recuerda lo negativo de una sola ocasión que se ha fallado.

Ese no era el caso de Seripa. A la única mujer del grupo le parecía agradable poder salir por fin de la Base y pelar. Había sido calificada para combates cuerpo a cuerpo, siendo que en realidad –y como a la mayoría de los saiyajin- prefería transformarse en Oozaru y terminar con todos los oponentes de una vez. Pero como nadie del escuadrón podía crear una Luna Artificial, debía simplemente adaptarse a la situación que se presentara en cada planeta. Podría decirse que se llevaba bien con sus compañeros, pero aun así, no se libraba de las burlas e incluso desdén departe de ellos al cuestionar sus habilidades. No obstante, la joven era astuta y su carácter y pericia en el campo de batalla les cerró la boca en más de una vez.

Con la última misión concluida, se decidieron en volver a su planeta natal.

En pocos minutos, las naves llegaron hasta donde se encontraban. Ya en el espacio, recibieron una alerta desde una de las estaciones del Gran Freezer y que les obligó a parar.

-Capitán, responda –dijo una voz por el rastreador de Bardock.

-¿Si? ¿Qué ocurre?

- Hay un reporte de movimiento cerca de las coordenadas k-546. -¿Quiénes son?

-Un grupo armado espacial de alrededor de quinientos individuos. Que tu escuadrón se haga cargo de ellos. Tienen autorización de aterrizar en el Planeta Dust si es necesario.

-Entendido.

-En cuanto terminen con ellos, vuelvan a la Base.

La comunicación se cortó aquí. Un sonido agudo en el tablero de la pequeña nave puso en sobreaviso al guerrero de que las nuevas coordenadas habían sido interpretadas y obedecidas. Lo mismo había pasado con las demás naves de su escuadrón.

-¿A dónde nos dirigimos, capitán?

Bardock escuchó la voz de Panppukin ahora por el rastreador, sin pasar por alto cierta burla en la palabra "capitán".

-Atacaremos a un montón de naves que quieren llegar a la Base 318 del Gran Freezer.

-¿Y cómo se supone que haremos eso?

El silencio del guerrero fue la única respuesta que recibió Panppukin. El resto del escuadrón también había oído la conversación, pero permanecieron callados hasta que la voz de Bardock sonó de nuevo por los rastreadores, ahora dirigiéndose a todos.

-¡Ustedes! Diríjanse al Planeta Dust cuanto antes. Yo llevaré luego la diversión…

-¿No tendrás dificultades? –preguntó Tooma sin inmutarse.

-No. Esas basuras no son fuertes. Sólo son molestas. Ahora váyanse.

-Si –respondieron sin titubeos los soldados.

Las naves cambiaron de curso cada cual a su sitio indicado. Bardock, sin pensarlo demasiado, hizo frente a las naves que lentamente se iban acercando hasta el y luego, interceptó una de ellas. Estaba absolutamente consciente de que moriría en cuestión de segundos si permanecía en el Espacio; disponía de poco tiempo pues para salir de su nave y escabullirse en la del enemigo. Riesgo mortal, pero divertido.

o-o

Las naves enemigas no sabían qué esperar de una esfera pequeña y metálica que hizo alto frente a ellos y de la que vieron bajar a un hombre que saltó sobre una de sus naves y la perforaba con su puño. Con hábiles movimientos se introducía en ella y en pocos segundos vieron con asombro cómo, después de haber asesinado a toda la tripulación, la nave ardía en llamas seguida de una poderosa explosión.

-Es… es imposible… ¿quién demonios es ese sujeto? –Se decía con asombro el capitán de la nave madre y el encargado del ataque.

-Es un hombre de Freezer, señor –le dijo uno de sus soldados.

-¡De todas maneras, seguro ya murió en la explosión. ¡Qué todos sigan avanzando!

El hecho de que perdieron de vista al atacante les dio más confianza permitiéndose incluso sonreír nerviosamente, pero todos guardaron en seguida un silencio sepulcral en cuanto uno de los operarios de la cámara de control gritó:

-¡Emergencia en la Sección 6-B! ¡Un objeto ha interceptado la nave! ¡Está dentro!

-¡¿Qué?!

-¡Avanza rápidamente, señor! ¡Se mueve por los pasillos!

Un leve temblor se sintió en la cámara, seguida de una sorda detonación.

-¡Está avanzando! ¡Se dirige hacia aquí!

Las explosiones eran cada vez más cercanas. Los soldados dentro de la cámara, incluido al capitán, tomaron sus armas, apuntando directo a la compuerta de acceso.

-¡Está aquí!

Nadie despegaba la vista. La tención y el silencio esperaban cualquier movimiento para abrir fuego en cuanto la compuerta se abriera. Pasaron varios segundos hasta que un leve ruido de pasos los sacó del trance, pero no bajaron las armas.

La compuerta se abrió.

Nadie abrió fuego, pues la oscuridad del exterior era lo único que se podía ver. El largo pasillo que comunicaba a la cámara de control con la sala principal permanecía en un silencio sepulcral, como el acceso a una tumba.

De pronto algo los hizo retroceder un paso, pues de entre las tinieblas, un objeto fue lanzado en medio de los soldados. Al inspeccionarlo, vieron que era un cadáver. Era el cuerpo de uno de los soldados de la nave, deshecho por múltiples golpes y quemaduras. En su rostro, semiconsumido por el fuego, aun se podía apreciar un rictus de terror.

-¡Bastardo! –gritó uno de los soldados a la oscuridad y abrió fuego.

Las detonaciones cruzaron el espacio sin nada que detuviera su trayectoria. Y cuando el silencio lo consumió todo de nuevo, una risa con tintes macabros congeló a los soldados en su sitio.

-¿Qui… quién eres? –preguntó el capitán de la nave.

-Una mejor pregunta sería… ¿cuántos más quieren morir?

De entre la oscuridad se dibujó la figura de un hombre. Avanzó hasta ellos y la luz lo iluminó por completo.

-Este es el trato –les dijo el hombre con una sonrisa malévola en su rosto y que su cicatriz, que surcaba la mejilla izquierda, acentuaba más la maldad de su mirada-, pelearán contra mí y mis hombres y si logran vencernos… les diré dónde está Freezer…

-¡No negociaremos contigo! –dijo el capitán lleno de ira.

-¡Silencio! ¡Si saben lo que les conviene, tendrán que escucharme!

El hombre ahora estaba furioso. Lanzaba su mirada asesina al capitán, como si en cualquier momento fuese a saltar sobre él. Nadie había bajado las armas todavía.

Los gritos fueron callados y un tenso silencio siguió después. Pasados unos cuantos segundos más, el hombre sonrió nuevamente.

-Ordena a tus hombres que bajen al Planeta Dust –continuó con ese tono tranquilo y amenazador del principio-, ahí estaremos esperándolos.

El capitán, todavía desconcertado, no alcanzaba a articular palabras.

-No te preocupes, que no bajen todos si quieres, sólo envía a los mejores de tus soldados… Tienes cinco minutos…

El hombre se dio la vuelta y se perdió en la oscuridad.

-¿Qué… qué va a hacer, señor? –preguntó uno de los soldados.

El capitán pensaba en silencio.

o-o

-¡Ahí vienen! –gritó Seripa, mirando al cielo del planeta Dust.

-¡Si, son casi veinte naves! –le secundó Tottepo.

-Pero… ¿y Bardock? –preguntó Tooma, mirando a todas direcciones del cielo grisáceo del planeta.

Los cuatro soldados permanecieron en silencio mientras veían cómo las naves enemigas comenzaban a aterrizar. El cielo estaba oscureciendo cuando pudieron ver una luz muy familiar que lanzaba sus rayos a ellos y que apenas comenzaba a dibujarse su forma.

-¡Panppukin! –llamó Bardock por el rastreador- ¡Deja a los demás y ven conmigo!

Panppukin escuchó la orden, pero titubeó en obedecer.

-¡¿Qué estás haciendo?! ¡Tóma tu nave y muévete! –insistió la voz por el rastreador.

-Maldición…- murmuró el soldado.

Muy a su pesar –y porque se perdería de toda la diversión-, el guerrero llamó a su nave. Mientras esperaba, evitaba ver el cielo a toda costa mientras sus compañeros comenzaban su monstruosa metamorfosis.

Fue fácil localizar a Bardock y su nave en medio del invadido espacio. Cuando estuvieron lo bastante cerca, la comunicación se reanudó.

-¿Y bien? ¿Qué demonios hacemos aquí? –preguntó Panppukin impaciente.

- En cuanto vean que están teniendo alarmantes bajas, irán a ayudar más. Nosotros atacaremos el resto de las naves, que para entonces serán pocas. No querrán arriesgarse todos los hombres y naves. Es posible que quieran escapar y nosotros se los impediremos.

Luego de un silencio hecho por su impaciente interlocutor, Bardock ya no esperaba una respuesta de su parte, pero Panppukin, hizo retumbar al bocina del rastreador con un grito.

-¡Todo eso me parece estúpido!

Bardock, que no esperaba ese "reclamo" de su compañero, no tardó en replicar.

-¡No debes cuestionar las órdenes! ¡Obedece!

-¿Por qué habría de obedecer a un imbécil que a penas y sabe lo que significa pelear o una guerra?

-¡Ja! ¿Y me lo dices tú, un soldado inútil que ni siquiera fue requerido para pelear contra los débiles tsufurujin y que se quedó a esperar como un cobarde?

-¡Cállate, maldito! ¡Para tu información, Toteppo y yo peleamos! ¡Junto a otros, destruimos ciudades enteras!

-¡Mientes!

-¡Nosotros jamás mentimos! ¡Los saiyajin nunca mentimos!

-¡Eso no fue lo que me dijeron Fangus y Kale sobre ustedes!

-¡Ellos son los mentirosos! ¡Incluso Fangus, antes de estar en la Corte, dirigió a nuestro grupo con consentimiento del Rey! ¡Él sabe perfectamente que peleamos!

-¿Sabes? Si tienes pruebas de lo que me estas diciendo, creeré en tu palabra, de otro modo, no eres más que un hablador; un perdedor que se inventa fantasías de batallas que jamás ocurrieron…

-Te aseguro que así como Toteppo y yo peleamos, hay más soldados que nos acompañaron en cada uno de los combates. Pero si dices que eso fue lo que te dijeron, no dudo que ya no existan testigos… ¡Fangus es un maldito! ¡Manipula todo a su antojo para hacerse importante! ¡Ya veo por qué el Rey lo echó del palacio y el muy infeliz divulgó que fue él quien se fue por su propia voluntad!

-Hmm. No culpes a los demás por tus fracasos. ¡Acéptalo, eres un inútil!

-¡Yo no miento! ¡Un saiyajin jamás miente, así esté muriéndose! ¡Jamás! ¡Jamás miente!

-Está bien. Dime, ¿qué ganaría Fangus al haber inventado todo eso? ¿Le hiciste algo a él o al Rey?

-¡No! ¡No sé que ganó esa sabandija estúpida, pero juro por mi honor de guerrero que en mis manos murieron miles de tsufurus!

-¿Miles?

-¡Millones! ¡Esos miserables eran muchísimos! ¡Nosotros nos encargamos de ciudades muy pobladas, pero los ejércitos más fuertes se fueron sobre las capitales!

-Tenía entendido que no eran muchos tsufurus y que sólo vivían en sus capitales y comunidades poco pobladas…

-Pues si Fangus fue el que te dijo todo eso…

O-O

El ataque terminó siendo un éxito. Tal y como lo había planeado Bardock, los habitantes del planeta Shad –que viajaron desde su casi destruido planeta al encuentro de Freezer-, no pudieron resistir que sus compañeros fueran masacrados por tres bestias gigantes y de inmediato mandaron ayuda. Predecible estrategia, propia de sujetos débiles.

Cuando aterrizaron en la Base 318 del Gran Freezer, donde les permitieron descansar, comer y recuperarse. Esa hazaña no era de las más sorprendentes que podía hacer un escuadrón –pues era más obligatoria que por gusto-, por lo que no se vería muy reflejado en su paga. Al día siguiente se pusieron en marcha vuelta al Planeta Vejita.

Al aterrizar en su Base y luego de comer, volvió a su dormitorio, encontrándolo vacío. No le extrañó.

Rihdak debía estar en alguna parte del universo, peleando y conquistando planetas al igual que él.

Al día siguiente, y con una nueva misión para su escuadrón, partió.

O-O

El tiempo también había transcurrido deprisa en el Planeta Vejita y aunque no siempre pudiera disponer de él libremente, el General Fangus trataba de estar al tanto de toda la situación de su Base.

La mayor parte de su trabajo consistía en recibir malas nuevas y tratar de buscar soluciones. Reportaba a los soldados de élite todos los movimientos pero había veces en las que discretamente manejaba algunos asuntos y si bien algunos temas no merecían siquiera la pena de llegar a oídos del Rey y su Corte, había otros pocos que directamente le competían y trataba con suma delicadeza o simplemente trataba de obviarlos para restar importancia si el asunto se llegaba a saber.

El caso era que cierta soldado de clase baja estaba encinta, cuando el mismo General le había dado oportunidad de salir de la Base y dialogar con su rival en turno para evitar ese y futuros enfrentamientos con palabras que él mismo le había aconsejado decir a la guerrera. El diálogo se fue al demonio y el General, haciendo un esfuerzo por no castigar a la preñada saiyajin –quien en ningún momento mostró arrepentimiento- y concluyendo que, por imbéciles como ellos la raza entera era considerada como monos ignorantes ante los ojos del Gran Freezer, le ordenó a la guerrera guardar silencio. Ni al futuro padre ni al resto de los soldados mencionaría el embarazo. Solo cuando fuera notorio podría hablar del tema, excepto sobre la paternidad del neonato. Sobre este punto, como iba a ser imposible negarla ante los doctores del Gran Freezer, ordenaría que sólo a él le dieran informes, alegándoles que él se encargaría personalmente de decírselo al Gran Freezer y a la Corte para querer llevar un control exacto sobre los nacimientos, incorporaciones y bajas en su Base. Tarea que era exclusiva de los soldados del Gran Freezer, pero confiaba en ganarse su confianza. Además, evitaría sospechas al tratar del mismo modo al resto de las mujeres saiyajin en la misma situación, salvo que de ellas si existirían observaciones que evidenciar a los superiores.

Reteniendo los datos de la guerrera y su embarazo, los pondría en orden y al corriente hasta cuando la criatura naciera, siempre y cuando, dicho saiyajin no viniera al mundo con ciertos niveles legendarios, de otro modo, infante y registros serían destruidos.

Justo en la situación de Bardock, lo que menos necesitaba ahora era un hijo. La vigilancia del guerrero era constante por ser sospechoso en poseer el misterioso poder oculto. Todos estos guerreros de tal situación –cinco en la Base- eran candidatos a que de su sangre naciera el Legendario Súper Saiyajin. Fangus lo sabía –como tantas otras cosas-, y con tal de no alterar el orden ni su posición, estaba dispuesto a manejar la situación solo. Al final, pensaba, no estaba haciendo otra cosa que colaborar con el Rey y sus órdenes, salvo que de una manera personal.

Mientras tanto, en el Palacio Real, el candidato perfecto ya había aparecido durante todo ese tiempo. Nacido con un excepcional nivel de pelea, el Príncipe confirmaba a todos que la Familia Real sería la única de gozar del Legendario privilegio. Advertencia que no pasó de largo el Gran Freezer.


Mucho trabajo por aquí, pero con ganas de continuar.

¡Gracias por esperar! ¡Hasta la próxima!